Historia de un Mehicano
Capítulo 26 El Pasado de Sheyla Parte I
Todo comenzó cuando aún vivía en Nueva Jersey, como ya sabrán, me consideraba a mi misma como la mayor zorra de toda la ciudad. No estoy particularmente orgullosa de eso, pero así era mi modo de vivir. Solo tenía dieciséis años cuando conseguí mi primer novio, ¿Estable? Bueno, el primero con el que duré junto a él más de un mes.
Pasábamos las tardes en distintos bares, provocando a otros para tener peleas y de esa manera "darnos a respetar", muchas veces terminábamos mal heridos, pero siempre él tenía la solución mágica a nuestro dolor… Ryan era su nombre, y después de que estuviéramos juntos un par de meses, él comenzó a tener demasiadas deudas debido a que nadie lo quería en un trabajo fijo, demasiado problemático. Así que terminó vendiendo por las calles el polvo dorado, como nos gustaba llamarlo.
Jaja, en ese momento me sentía tan por encima de todo, que claro que vender droga se volvió recurrente, dejé mis estudios finalmente, y fue entonces cuando lo conocí, nunca lo olvidaré.
Su padre, oh mi dulce Gerald, él siempre había sido un chico viviendo en los suburbios de Nueva York, particularmente Queens. Y un día, le tocó pasear por Jersey gracias a una tonta apuesta que tuvo con sus amigos. Dio la casualidad que Ryan y yo estábamos escasos de dinero, y ahí estaba frente a nosotros, un chico con camiseta de cuadros, grandes frenillos y unos lentes de botella grandes, así como una pose tímida al andar, una presa fácil.
—Alto ahí idiota, parece que necesitas una bienvenida a Jersey.—le dijo Ryan mientras yo lo abrazaba y reía—Suelta el dinero.
"—¡¿Cómo pudiste?!—gritó Kyle molesto no había probado ni un bocado."
Era una persona diferente en aquel momento, yo solo quería caer a los pies de Ryan, pensé que estaba segura ahí, y que podría vivir como quisiera, pero ciertamente estaba equivocada. Después de robarle dinero a tu padre, salió corriendo entre llantos y Ryan intentó lanzarle su navaja, yo lo detuve. Me gusta pensar que por compasión, sentir que no se lo merecía, pero creo que principalmente fue por miedo a que lo hiriera… Era nuestra zona, y si alguien aparecía muerto, no iban a tardar en relacionarnos.
Bueno, eso no sirvió de mucho, pasaron un par de semanas cuando la policía llegó a mi casa, tus abuelos… Ellos no estaban contentos conmigo, así que decidieron que lo mejor era que yo me fuera con los policías, así que los dejaron pasar y ni siquiera voltearon a verme cuando grite desde la puerta de la casa por ellos… Mis propios padres me dieron la espalda.
Resulta que al final su padre nos puso la denuncia e ingenuamente creí que no nos reconocerían, pero mi cabello… Suele llamar la atención por destacar tanto. Estuve durante horas en la estación, esperando la cárcel, estaba devastada y no tenía a mi Ryan al lado.
Todo empeoró cuando finalmente su padre entró a la estación, iba acompañado de sus papás, tu viejo abuelo Jacob y su abuela Ruth, que en paz descanse, ya dos años sin ella, si estuviera aquí ella podría confirmarles todo esto, aunque su noble corazón no creo que pudiera aguantar de mayor los recuerdos.
En fin, sus abuelos en ese entonces eran bastante jóvenes y ambos llevaban de los hombros a su padre, el cual hablaba apenas en susurros. Por lo que alcance a oír desde mi celda, me estaba describiendo lo mejor que podía, intentando no decir palabras hirientes como gorda, o vestía como zorra…
Yo recuerdo perfectamente cuando estuvieron frente a mi celda:
—¿Es esta la sospechosa?—preguntó la policía mientras me señalaba sin ningún descaro—Vamos niño, no tengas miedo.
Su padre aun no tenía ni siquiera bigote, usaba un gorro celeste en aquel entonces, junto a sus frenillos y lentes le hacían parecer bastante débil, mientras que yo me encontraba llena de pircings, con un short de cuero que apenas cubría la mitad de mis caderas y un top ligero. Éramos como agua y aceite… Incluso peor, como aliens el uno para el otro.
—Sí, es ella la señorita.—dijo y provocó que me enojara bastante.
—¡Cuando Ryan se enteré de lo que estás haciendo, pequeño mentiroso, te va a matar!—grité sin control mientras intentaba que mis manos salieran de las rejas para ahorcarlo yo misma.
—¿Ryan? ¿Ryan Daymon?—preguntó la oficial de policía sorprendida por ese nombre mientras alejaba al resto de la celda.
—¡Sí!—grité llena de orgullo—¡Él va a sacarme de aquí!
—El señor Daymon perdió la vida hace cinco horas.—me dijo la policía con pena—Parece que cuando fueron a por él, intentó ingerir mucha droga que presuntamente escondía en su departamento y…—intentó seguir, pero yo no quería creerlo.
—¡Ryan está bien! ¡Solo está desmayado!—grité con más fuerza, pero ahora incapaz de moverme de mi sitio.
Pero la policía solo bajo la cabeza y comenzó a guiar a los otros.
—Lamento su perdida.
Para sorpresa de todos, tanto para mí, la policía como sus propios padres, Gerald había volteado a verme, y de alguna manera, a pesar de lo que yo le hice, pudo verme a los ojos, decir esas palabras y luego dar media vuelta con la cara roja.
Yo no podía creerlo, verdaderamente él había sentido pena por mí, algo dentro de mi había cambiado, aunque nunca supe si para bien o para mal… Sé que suena cruel, pero tal vez todo el sufrimiento que les cause se hubiera ahorrado si yo siguiera siendo una cualquiera.
Da igual, lo importante es que esa misma noche me liberaron debido a que todo fue una confusión, y yo no fui la que realmente le robó a su padre, sino que había sido una mujer más vieja y con otro tono de rojo.
Era libre, de nuevo, pero había perdido demasiado en un solo día, mi orgullo, la confianza en mis padres, el único romance que había tenido, solo me quedaba mi cuerpo y lo que tenía encima, nunca volví a ver a mis padres. Supongo que si me hubiera arrepentido me habrían recibido de nuevo, aunque ya es demasiado tarde para saberlo.
Pase aquella noche bajo un puente, con mucho frío, solo tenía una ramera y un mini short, tal vez a diez grados centígrados, es difícil recordar. Conseguí eventualmente un abrigo de hombre apestoso, pero caliente. Lo utilice durante las siguientes dos semanas para cubrirme en las noches, mientras iba por el día pidiendo monedas, o buscando sobras cerca de los restaurantes cercanos.
Estaba comenzando a adelgazar demasiado, pero no de manera sana, sino de una manera increíblemente lenta y dolorosa, había días enteros en los que no podía comer nada y durante las noches mi estómago rugía sin parar. Me pasaba cerca de los hospitales o de los centros comunitarios, esperando que alguien se apiadara, pero no importaba donde fuera, no había lugar para una chica joven sin estudios ni dinero.
Intenté contactar con viejos amigos, pero claro, ahora que me veían en aquel estado, y no con mis ropas provocativas… Su trato era distinto, era el que siempre debí haber visto, pero ¿Qué más da? ¿Puedo culparlos? ¿Yo en su situación hubiera hecho algo distinto?
En mis recorridos terminé huyendo a Nueva York, pensando que tal vez habría más lugares para gente en mi situación, pero me equivoque, la situación era incluso peor, hubo varias veces en las que intentaron robarme, o cosas peores, pero era joven, y la mayoría de ellos no.
Me la pasaba tirada en las calles principales para al menos estar segura entre la muchedumbre durante el día y las noches me tenía que ocultar a veces entre bolsas de basura. No sé cuánto tiempo viví así, juraría que para mí fueron años, pero por lo que me enteré después, fueron un par de meses, aunque nunca le creí a Gerald.
Lo importante es que para cuando el verano llegó, también lo hizo mi única y verdadera luz. Estaba tirada en una de las calles de Queens, cuando repentinamente sentí que alguien me hablaba con miedo en la voz, pensé que solo era otro niño molestando, así que hice lo que mejor sabía.
—¡Wahh!—salte de golpe para asustar al niño, logrando el efecto, pero en lugar de asustar a un niño, asuste a un joven, de mi edad, con gafas y frenillos.
—Dios mío...—dijo el joven a la vez que se llevaba una mano al corazón—Tú…
—¿Eh?—me quede confundida al verlo—Ah eres tú de nuevo, ¿Qué quieres?
—¿No vivía usted en Jersey?—preguntó con miedo—Si no le molesta, ¿Qué hace aquí?
—Estoy aquí un poco de que y otro tanto de te importa.—le dije volviendo a cubrirme con el abrigo apestoso, estaba molesta con él, por su culpa me sentí culpable y me aleje de mi anterior vida—¿Qué más vienes a arrebatarme?
—¿Arrebatarle? ¿A qué se refiere señorita?—preguntaba cosas por el estilo bastante nervioso—Yo nunca…
—¡Por tu estúpida culpa hui de casa!—grite levantándome, tenía mis camisetas rasgadas en ese momento y parte de mi pantalón totalmente caídos, lo recuerdo bien. Fue entonces cuando su padre tomó una decisión, tal vez la mejor, o la peor de su vida. Y esa fue seguir hablándome.
—Usted, usted…—intentaba encontrar palabras—¡Necesita ayuda!
—¡Alejate de mí!—le grite molesta mientras él me daba la mano—¿Qué crees que haces?
—Me llamo Gerald, quiero ayudarla.
—¡A hundirme más en la mierda! ¡Presumido!
—Tenemos comida en casa, y un baño caliente, así como una habitación para huéspedes, realmente es de mi abuela, pero ella está fuera de la ciudad y…—hablaba atropelladamente, nervioso y sonrojado.
—Me convenciste con comida.—le dije a la vez que tiraba el saco a una bolsa de basura cercana—Creo que lo extrañaré un poco…
—Vamos señorita, mis padres no llegaran a mi casa hasta en la noche.—me dijo guiándome con cautela entre las calles.
Finalmente llegamos a su casa, una casa pequeña y humilde, pero más que suficiente para él y sus abuelos, incluso con una habitación extra para un hijo que nunca tuvieron.
Gerald me dijo que iba ir a buscar camisas viejas de su madre que no notaría que le faltaran mientras me dejaba darme una ducha y cerraba el baño desde fuera. Yo estaba impactada, había olvidado completamente como se sentía el jabón sobre tu cuerpo, tu cabello flotando sobre el agua y hablando de ésta, tan caliente y limpia, no como aquella del río, no, no y no.
Él tocó la puerta del baño, yo me cubrí instintivamente, pensando que iba a entrar a la fuerza, pero apenas dije que me esperará… Eso hizo. Sé que parece normal, pero tienen que recordar, yo venía de Jersey, incluso más, de la calle. Lugares donde la privacidad es imposible de obtener por cuenta propia. Cuando terminé de bañarme abrí la puerta y me encontré en el piso un montón de ropa vieja, pero limpia. Al salir finalmente del baño, encontré cierto aroma agradable proveniente de la parte de abajo, cuando llegué descubrí que Gerald estaba usando el horno de microondas… Mal.
Eso me hizo reír bastante, era solamente una sopa instantánea, algo que yo había realizado toda mi vida, pero que para él debía parecerse tan complicado como el alunizaje o encontrar una buena camisa en una tienda de segunda mano. Todo terminó en un desastre en la cocina que yo vi con una ligera sonrisa, mientras mi mente trataba de borrar las horribles calles neoyorquinas.
Claramente durante la noche llegaron sus padres, ósea tus abuelos, y tuvo Gerald que contarles todo, al principio ellos estaban furiosos, prácticamente su abuela intentó echarme a patadas. No la culpo, básicamente le robé a su único hijo y ahora estaba robándole a ellos espacio vital.
Pero dicen que la amabilidad se hereda, creo que eso es cierto, después de todo, sus padres, Gerald y yo tuvimos una larga charla en la cual yo les explique toda mi historia paso a paso, tal vez omitiendo detalles menos gustosos y pude ver sus rostros horrorizados a medida que iba avanzando. Tal vez exageré, no todos los días comí de la basura, no me siento orgullosa de esas mentiras, pero al final, cuando conté todo, me pidieron que me retirara y los esperara en la sala de estar.
Paso casi una hora, escuchaba susurros desde el comedor, mientras el tiempo pasaba, yo estaba nerviosa, obviamente no quería volver a la calle, no había lugar para mí en ese mundo. Finalmente, los tres se pusieron frente a mí, y el señor Broflovski alzó la voz, me permitirían quedarme, pero tenían unas condiciones importantes.
La primera, era claramente que tendría que mejorar mis modales y mi forma de hablar, dejar de lado insultos, insinuaciones coquetas y cosas así, además claro está de que a la primera que me atraparan bebiendo siquiera una gota de alcohol, no les temblaría la mano.
Lo segundo era que tenía que retomar mis estudios básicos, ambos trabajaban y tenían solo un hijo, por lo que podían permitirse ayudarme los primeros meses de la preparatoria, en lo que yo encontraba un trabajo para terminar de pagármelos, si respetaba esa norma no me iban a cobrar alquiler mientras estudiara.
La tercera regla, y última, era clara como el agua. Bajo ninguna circunstancia querían que Gerald y yo nos enamorásemos o lo llevara por el mal camino. Decían que aunque eran buenos samaritanos, no eran tontos, y que esto lo hacían por que dicta en el torah, como ya sabes, que debes siempre abrir tu casa hasta al ladrón, para cambiarlo.
Al principio asentí sin entender del todo las consecuencias de lo que ellos hablaban. Terminé mis estudios dos años después, debido a que no tenía ningún papel mío y mis padres se negaban a que los contactara por los papeles. Básicamente cada que intenté llamarlos para que firmaran la adopción, colgaban, no querían saber nada de mí.
De cierta manera, fue una adopción ilegal, por lo que tuve que conseguirme papeles falsos que terminé pagando cuando conseguí un trabajo, por si las dudas, Sheyla es mi verdadero nombre, pero el apellido judío que me pusieron era el apellido de soltera de su abuela. Una vida nueva empezó para mí.
Sorprendentemente no me pidieron que me volviera judía, aunque con el tiempo era habitual que ellos saliesen los sábados, un año y medio después de que me aceptaran pedí ir. Quiero que entiendan que no fue rápido, al principio después del primer mes estuve tentada a romper las reglas, a escaparme, de volver a ser la vieja gloria, pero el solo recordar la calle, me hizo abstenerme. A los pocos meses mi cuerpo ya estaba libre de todo tipo de drogas que me hubiese podido meter.
Solo quiero que sepan, que sus abuelos eran buenas personas, a pesar de todo lo que hice, ellos me aceptaron y trataron como una más. En lugar de continuar mi camino de malcriada, me enderezaron y gracias a ellos les debo una vida digna. Claro que varios amigos de Gerald que se enteraban de la situación le decían que eran idiotas y que yo trataba de aprovecharme de todo, pero hicieron oídos sordos. Con gusto cuando acabe la escuela comencé a pagar renta, nunca entré a una universidad, pero fui paciente y siempre apoye a Gerald mientras estudiaba para abogado. Al mismo tiempo que yo me intentaba superar siendo gerente de algún puesto de comidas, o cajera de un local famoso, cosas por el estilo.
Perdón si lloro, el pensar que alguien se preocupase de mí, después de todo lo que pase… Es hermoso, casi como cuando crías a tus hijos.
Pasado el tiempo, su padre y yo rompimos la regla tres, ya que muchas veces salíamos a escondidas para ver películas en el cine, cenas sin adultos, paseos por el central park, o ir a la cima de los rascacielos de Nueva York.
Fueron los mejores años de mi vida…
A veces me pregunto ¿Qué habría pasado si todo hubiese seguido igual? Tal vez nunca los hubiéramos tenido a ustedes… Pero, no vale la pena pensar en el pudiera.
Gerald se graduó en la universidad como Abogado y toda la familia, ya podía considerarme parte de ella, lo festejamos. Para ese entonces, el señor Broflovski, orgulloso de su hijo y de mí por haberme reformado con sociedad, además conociendo que nosotros dos salíamos en secreto no tan secreto; decidió llevarnos de vacaciones a México.
La señora Broflovski no pudo ir, tenía una enfermedad crónica que muchos años después fue lo que terminó de matarla cuando ustedes aun eran más niños. Nos despedimos de ella en el aeropuerto y…
Sheyla comenzó a llorar al mismo tiempo que se llevaba las manos a la cabeza, Kyle entendió que cualquier cosa que siguiese era algo que su madre definitivamente quería olvidar, pero que él merecía conocer.
Fuimos a unas playas en Baja California, no recuerdo ya los nombres, es difícil porque fue ahí donde… Todo paso. O al menos, donde todo comenzó. Nos registramos en un hotel bastante cómodo con vistas al mar, provocando que durante tres días seguidos bajásemos Gerald y yo a la playa solos, mientras el señor Broflovski se dedicaba a pasear por ahí. Durante la última puesta de sol que pasamos juntos, Gerald quiso confesarse:
—¿A dónde crees que lleva el agua?—me preguntó.
—Tu estudiaste, señor universitario.—le contesté bromeando y armando una torre de arena.
—Ya, pero estudie derecho, no geología.—dijo recostándose en la playa con sus manos detrás de su cabeza y permitiendo que yo me recargara en su pecho.
—¿Entonces por qué me preguntas a mí si tú ni siquiera sabes?—le pregunté.
—Por que me encanta hablar contigo, escuchar todo lo que quieres me emociona.
Bueno, no seguiré en detalles, pero esa noche fue especial para ambos. Fue la última noche que vi a su padre durante años. Fui la primera en despertar en la habitación y me dirigí a la barra de desayuno del hotel, encontrando que no había nada disponible, pero la empleada me dijo de un local cercano, una Fonda, sí, creo que así se llamaban.
Sorprendentemente, aunque la mujer no sabía nada de inglés y yo no entendía nada de español, logré llegar a ese lugar. Estaba todo lleno y solo había una mesa libre, me estaban dirigiendo a esta, pero entonces él apareció, ese… Animal.
Cuando era joven no tenía una barba tan marcada, su cabello estaba bien acomodado y llevaba sombrero de vaquero y camisa de cuadros medio abierta con botas de cuero café… Esa estúpida imagen de darse importancia entre su "gente", si a esos imbéciles lacayos se les puede llamar personas.
Él iba solo, pero inmediatamente la mesera lo reconoció y lo llamó "señor" y cosas por el estilo, como no había mesas disponibles y la mía era la única que no iba llena, me preguntó con un muy mal asiento si no podía levantarme para ceder mi lugar.
—Flor, Flor, Flor, no tienes por qué ser maleducada, faltaba más, estoy seguro que la gringuita querrá compartir mesa, trae unas chelas bien frías, ¿Quieres bonita?
No entendía más que palabras, solo que él se sentó frente a mí, y me explicó con un inglés lo suficientemente competente, que él era alguien importante para el negocio de la señorita Flor y que lamentaba las molestias. Yo le respondí que no tenía problemas con un almuerzo compartiendo mesa, que ingenua fui.
Aun puedo recordar sus palabras, debí saberlo, debí entender que él iba a querer hacerme daño, que me estaba analizando para ver si yo valía la pena, pero no. No era ingenua, simplemente llevaba años esperando el bien de las demás personas, pero ese día descubrí que es comer o ser comido.
—Vacaciones.—me dijo después de las presentaciones—¿No?
—Sí, vine con mi familia.—le conté pensando que eso lo desmotivaría a seguir, pero solo le mostré que había interés y dinero tras de mí.
—Es una linda ciudad.—admitió él cuando trajeron la comida—Aunque no tan linda como las que hay en mi Sinaloa.
—¿Sina…?—intenté repetir el nombre.
Me ayudó hasta que pude repetir el nombre de aquel espantoso infierno al que fui condenada a vivir los siguientes cinco años de mi vida. Lo peor de todo es que nadie intentó detenerlo, nadie intentó advertirme, nadie hizo nada por mí. Y todos, sin excepción, en ese lugar lleno de gente, sabían perfectamente quién era él. Y lo que hacía.
No dudo que tal vez hayan sido buenas personas, pero todos tenían miedo de él en ese restaurante, menos yo. Y fui lo suficientemente tonta como para no notarlo.
Las bebidas llegaron, yo pedí un café, tal vez debí notar que sabía distinto. Que algo andaba mal, que la camarera dejó la taza de manera que me fuera incomoda tomarla. Tal vez fue en parte mi culpa lo que pasó durante los siguientes cinco años.
Continuamos hablando durante un rato, él me contaba cosas relativamente ciertas, tratando de evitar todo lo negativo, intentando engatusarme. Creo que pudo lograrlo… Yo…
"Sheyla lloraba mientras sus dos hijos vieron como prácticamente se derrumbaba."
No recuerdo nada más de lo que pasó ese día, pero sí recuerdo la pesadilla que se volvió todo después.
Lamento que tengan que oírlo así, y de mí.
Continuara…
Los huevos del desayuno de Kyle se encontraban fríos, tanto o más que su espíritu.
