Tienes que haber leído Luz de luna antes de pasar por aquí. Esta es una recopilación de extras.


Esto ocurre después del último libro.


La receta del matrimonio, según Remus Lupin

Cuando era un niño, Remus Lupin le enseñó a Harry la "receta para la felicidad", esperando que la aplicase en sus amigos.

El día en que se casó, decidió legarle su segundo secreto más grande.

La "receta" del matrimonio.

1

"Discutirán. Tal vez no al principio, tal vez menos que otros, pero lo harán. Por amor a Merlín, aprende a discutir como una persona razonable. Gritar, herir u ofender no es discutir con alguien, es ser un imbécil. Y nadie quiere estar casado con un imbécil"

—Esta parte está mal.

Draco soltó un bufido.

—No, no lo está.

—Draco, la estoy revisando. Está mal.

—Yo la revisé y digo que no está mal.

Era una terrible idea trabajar juntos en un proyecto de investigación, después de día y medio sin dormir. Pero ahí estaban. Una mesa del laboratorio de Nyx y pilas de papeles los separaban, cuando Harry ladeó la cabeza y agitó un pergamino en el aire.

—Está mal —insistió, más suave. Draco estrechó los ojos en su dirección. Tenía ojeras notorias.

—Te estoy diciendo que no.

—¿Por qué no puedes escuchar lo que te digo? Sé del tema.

—Sé que tienes conocimiento de esto, pero es mi rama, no la tuya. No es algo que vean en La Torre.

Harry sacudió el brazo con el pergamino, de nuevo. Su esposo resopló y se lo arrebató. Le echó un vistazo, negó, y lo arrojó hacia un lado.

—Yo lo veo bien.

—Va a explotarnos en la cara.

—Sí sabes mucho de cosas que explotan, ¿no, Potter?

Harry giró la muñeca y la pluma que sostenía levitó por sí sola hacia Draco. Le dejó un punto de tinta en medio de la frente, arrancándole un quejido al otro.

—Inmaduro —masculló su esposo, limpiándose con un hechizo.

—Tú eres un cretino que no escucha, pero yo te amo así —Harry se encogió de hombros y regresó a sus apuntes, frunciendo el ceño a la letra del mago que los escribió.

Ya que hubo silencio por un rato, levantó la cabeza y observó a su esposo de reojo. Draco lucía un poco aturdido, pero no dudó en arrugar el entrecejo.

—No es justo si dices que me amas, cuando estoy enfadándome.

Harry sólo sonrió.

"Truco: en las discusiones tontas, distraerlo siempre ayuda"

2

"Aprende a pedir perdón. Él lo hará cuando le toque. Nada es unilateral, pero si no remas de tu lado de la balsa, no puedes exigir al otro que lo haga"

Harry acababa de colocar el plato con su cena frente a la puerta, cuando esta se abrió. Draco se detuvo, pasando la mirada de la "ofrenda de paz" a él. Tuvieron otra discusión más larga cuando el laboratorio explotó por culpa de sus cálculos erróneos.

Continuó agachado un momento, viéndolo desde abajo, hasta que Draco dejó caer los hombros y extendió los brazos en su dirección. Entonces se levantó, rodeó la "ofrenda" en el suelo, y lo abrazó.

—Estás bien, ¿cierto? —musitó. Se lo había preguntado tres veces después de la explosión y antes de enojarse, pero supuso que necesitaba de otra confirmación.

Harry asintió y emitió un vago sonido afirmativo, mientras trazaba algunas caricias en la espalda de su esposo.

—¿Tú?

—Bien —respondió Draco, en voz muy, muy bajita.

Estuvieron alrededor de un minuto así, en silencio. Luego Draco lo invitó a pasar y cenaron sentados en la cama.

"Bueno, no siempre pedir disculpas implica decir 'lo siento', ¿sabes? Las acciones importan más"

3

"Las personas tienen defectos. No importa qué tanto madure, qué tanto mejore, siempre tendrán defectos"

—Debiste hacer lo que te decía.

—Draco, te dije-

—No —siseó, callándolo—. Si Hellen está haciendo de tus "ojos" en una misión, y te advierte de algo, es para que evites un posible peligro, Harry, no para que la ignores y...y...

Gesticuló hacia él, sentado en la camilla de San Mungo. No era grave y la medimaga le avisó que se sanaría en unas horas, pero una marca negra que le rodeaba el hombro izquierdo, similar a una mordedura gigante, no debía ser una imagen que tranquilizase los nervios de su esposo.

—Realmente no duele —Harry le restó importancia—, y no podía dejar a los otros allí. Era peligroso.

—¡Precisamente porque era peligroso, debiste escucharla! Siempre te estás arriesgando, y tu valor es admirable, pero a veces todavía pareces un niño imprudente y necio...

—Estoy bien, Draco-

—¡Podrías no haberlo estado!

Harry abrió la boca y la cerró al darse cuenta de que no tenía palabras para contestar a eso. Draco hablaba en tono contenido para que la voz no le temblase, porque la puerta de la habitación estaba abierta y los medimagos andaban por el pasillo. Tenía los ojos llenos de lágrimas que se retiró al tallarlos.

—Lo siento —Harry extendió el brazo "bueno" hacia él, ya que le recomendaron no mover el otro mientras la magia sanadora surtía efecto—, te juro que sabía que podía evitar que salieran lastimados, no lo hubiese hecho de pensar que podría pasarme algo serio, de verdad...

Draco lo abrazó con cuidado, sin rozarle la herida que cicatrizaba despacio.

—Ten más cuidado —murmuró, hundiendo el rostro en su hombro "bueno". Harry lo estrechó como podía.

—Lo haré, lo haré. No llores, mi amor...

—No estoy llorando —replicó Draco, enseguida, aunque le temblaba la voz—, estoy enojado contigo. Imprudente. Testarudo.

—Tendré cuidado, lo prometo...

—Y escucha a Hellen.

—Sí, lo prometo —repitió Harry, más bajo.

—Consigue misiones de las que puedas volver.

—Siempre lo hago, Draco...

—No te atrevas a dejarme solo con Orión y Antares, Harry James Potter.

Su hombro "bueno" empezaba a humedecerse por las lágrimas, pero Harry fingió no notarlo y afirmó el agarre en su cadera con el brazo que sí podía mover.

—Nunca haría eso —juró, besándole la cabeza a su esposo. Draco no se apartó, hasta que la medimaga regresó.

"Recuerda que tú también los tienes, y él los acepta, incluso cuando le hacen pasar un mal momento"

4

"Hay días buenos y días malos. No dejas a tu pareja porque esté pasando un mal día, una mala semana. Algunos días, él sólo te podrá dar el 40% de sí mismo, y tú cubrirás el 60%. Otro día, tú podrías dar el 30% y él lo que falta"

Draco se había quedado dormido, después de llorar durante largo rato. Harry tenía la camiseta empapada y su cara seguía enterrada a medias en la prenda; decidió no moverse para no despertarlo. Se merecía el descanso.

La noticia de Lucius no le sentó bien. A pesar de lo que pudiese decir, alguien que hubiese querido a su padre nunca estaba listo para perderlo, sin importar las circunstancias.

Harry lo abrazó un poco más. Estaban tendidos en la cama, las piernas entrelazadas, los brazos de Draco echados alrededor de él. Le acarició la espalda, besó su cabeza, y murmuró algunas palabras contra su cabello rubio; dudaba que pudiese oír o entenderlas en ese estado, pero había escuchado que lo que le dices a una persona dormida, podría quedar en su subconsciente. Si era cierto, Harry quería que le quedará grabado que lo amaba, y estaba ahí, por si necesitaba llorar más y otro abrazo.

Supuso que tardarían un largo rato en salir de la cama. Probablemente Draco estaría sin energía ni ánimo. Siguió susurrando cuánto se le ocurría, mientras pensaba en qué podía prepararle de comer que le gustase, apenas lo liberase.

"El único truco para esto está en apoyarlo del modo en que quisieras que él lo haga, si la situación se invierte"

5

"Si un día tienes hijos, siempre recuerda que él no es sólo su padre. Es tu esposo. Trátalo como tal"

Harry se había dislocado la clavícula por una fea caída de la que Antártida sólo pudo evitarle un par de huesos rotos. A pesar de que lo sanaron con magia, Hellen cerró las barreras del Departamento de Misterios para él por veintiún días exactos, lo que tardaría un reposo muggle. No lo necesitaba porque fue atendido el mismo día, pero dada la reacción de las barreras cuando intentó volver al trabajo, no le quedó más opción que aceptarlo.

A dos semanas de haber empezado el reposo, no tenía idea de cuántos dibujos de Antares había pintado, ni cuántas veces evitó que Orión capturase a los hipocampos bebé en una red para mariposas. Amaba a sus hijos. Amaba jugar con ellos y oír lo que aprendían en la escuela, escucharlos reírse, ver cómo se peleaban y se ponían a jugar minutos más tarde. Pero dos niños tan pequeños podían se agotadores las veinticuatro horas del día.

Una noche, se tiró sobre la cama, después de leer un cuento para ambos. Los niños ya dormían. Draco había parado de leer, en el otro lado del colchón, al oírlo hablar entre risas de cómo Orión exigía que hiciese voces para cada personaje de la historia; sino, no tendría sentido, decía. Su esposo también se reía de sus imitaciones.

Entonces tuvo una idea.

Draco tenía una investigación que lo mantuvo fuera de casa gran parte del día siguiente, así que Harry se organizó con sus dos pequeños para mantenerlos distraídos decorando el patio de Nyx. Pusieron guirnaldas, flores mágicas, una tienda de tela, una mesa, sillas cómodas, velas con un fuego incapaz de quemar algo más. Antares buscó otro ramo de flores y lo sorprendió al colocarlo en el centro de la mesa, alegando que siempre lo hacían en las películas que veía la "abuela Lily". A Orión se le ocurrió que necesitaban un camarero, pero como no era trabajo para él, vistió de blanco y negro a su hermanito, y envió a Antares con una carta de un solo platillo, escrita con una caligrafía grande y torpe, de alguien a quien todavía le hacía falta un poco de práctica.

Cuando Draco llegó, fue recibido por Orión, que lo arrastró hacia el lateral del patio. Antares le tendió la carta, intentó repetir las frases que practicó con su hermano antes para un buen servicio, y luego huyó con Orión. Ambos niños se reían al perderse dentro de la casa.

La carpa en el patio les daba privacidad, y Harry tenía una sonrisa tímida cuando Draco apartó el trozo de tela que hacía de entrada. Arqueó un poco las cejas, mirando alrededor.

—Impresionante —admitió, con una sonrisa que ensanchó la de Harry, quien se levantó y movió la silla para él, arrancándole una carcajada—. ¿Cómo hiciste para que los niños...?

Draco calló cuando lo vio menear la cabeza, parado a su lado tras acomodar la silla por él.

—No se vale hablarme de los niños mientras estemos en nuestra cita —sentenció Harry, muy serio.

—Pero-

—Orión va a leerle cuentos a Antares; es todo lo que diré —Harry negó de nuevo y se sentó frente a él. Tras un instante, Draco dejó escapar un bufido incrédulo, se echó hacia adelante, y sostuvo una mano de su esposo entre las suyas, dándole un beso en los nudillos.

—Está bien, entonces...¿qué hay de comer?

Draco se rio cuando los platos levitaron desde el interior de la casa hacia su tienda. Sacudió la cabeza, besó de nuevo la mano de Harry, y tomó un cubierto, con el que lo señaló.

—Hoy vi algo que te encantaría. Eran unos…

"Es un tema difícil, pero te diré la verdad: los hijos no son lo más importante. Suena duro, suena horrible. No te digo que no les prestes atención, pero tienes a alguien que es tu pareja, no sólo el padre de tus hijos. Un día, tus hijos se irán, y te quedará tu pareja. Muchas parejas, en ese momento, se dan cuenta de que se han convertido en simples compañeros de casa que no tienen nada en común más que los chicos. No vuelvas a tus hijos el centro de tu relación, o al final, simplemente no tendrás una relación"

6

"Algunos días, por la razón que sea, tu pareja podría estar afectuosa cuando no tienes ánimo, energía o tiempo. No lo rechaces. Tómate un momento para él. Podría hacerle falta"

Draco se rio por lo bajo cuando escuchó un par de falsos gruñidos y sintió los besos en su hombro.

—¿Qué estás haciendo? —preguntó, bajando un poco el libro que leía.

—Me como a besitos a mi esposo —contestó Harry, bastante abstraído en su tarea autoimpuesta.

Harry tenía días como esos. Días en los que se arrastraba por el colchón y se subía a horcajadas sobre su regazo, lo abrazaba, lo besaba, restregaba la mejilla en el hombro de Draco, y lucía feliz con todo. Entonces a Draco no le quedaba de otra que ladear la cabeza, recargarla en la suya, y pausar su lectura para acariciarle la espalda.

—¿Hay alguna razón para "comerme"?

Sonaba claramente divertido, y Harry sonrió más al escucharlo.

—Te amo.

—¿Esa es la razón? —Draco se rio cuando él empezó a asentir, solemne, empujando la tela de su camisa para repartir más besos en su clavícula—. Bien, pues yo también te amo, Harry.

—¿Sí? —Harry no podía oírse más contento, como si no fuese algo que escuchaba con frecuencia. Lo estrechó más y se enderezó para verlo a los ojos, justo cuando Draco asentía y respondía con un:

—Claro que sí. Mucho.

Luego Harry soltaba una risita y seguía besándolo e interrumpiendo su lectura nocturna.

"Puede parecer simple, pero es importante; recuerda que el cariño son las gemas en tu medidor, como los de Hogwarts. Ninguna relación funciona con un medidor vacío"

7

"Estar casados los convierte en un equipo. Hay que apoyarse"

—Papá...

Orión tenía un puchero notable cuando se aproximó a Harry, con la escoba infantil entre las manos. Antares se asomaba por uno de sus costados, oculto tras su espalda, y sujetándose de los bordes de su ropa.

Harry pausó su informe para los Inefables y le sonrió, invitándolo a acercarse para que le dijese qué quería. Su hijo mayor vaciló, echó un vistazo al más pequeño, y se irguió un poco más.

Carraspeó.

—¿Podemos ir a jugar con Teddy?

Él lo sopesó un instante. Estaba seguro de que Draco les había dicho que no podían ir a la casa de Sirius y Remus ese día, porque los amigos de Teddy que jugarían eran muy mayores y rudos en el Quidditch, así que saldrían lastimados. Podían ir otro día, cuando sólo estuviese Teddy, o fuese Delphini para cuidarlos.

Claro que Draco no estaba allí a esa hora.

—¿Qué les dijo Draco? —indagó, en caso de que hubiese cambiado de opinión. Pero conociendo a su esposo, eso no ocurriría, y menos sin avisarle.

Orión titubeó, vio a su hermano, conversaron en susurros, y regresó a Harry, volviendo más obvio su puchero.

—Papá Draco dijo que no, pero...

—Entonces es "no" —aclaró, con suavidad. Orión contuvo un quejido.

—Si tú dices que sí...

Harry negó, con una sonrisa en contra de su voluntad.

—Si papá Draco dice "no", es "no". Lo siento, Orión.

—¡Pero, papá...! —Orión se dedicó a protestar por, al menos, cinco minutos más. La respuesta no cambió.

"Sí, incluso en asuntos tontos"

8

"Los detalles son importantes. Puede no parecer demasiado una flor junto a la almohada, una nota en el almuerzo, un beso de despedida, o un "lo compré porque me recordó a ti", pero valen"

Empezaron a llegar a mitad de mañana.

"Estoy casi seguro de que acabo de ver a una mantícora domesticada. A veces me pregunto qué hago entre este montón de locos, Harry.

-Draco L. Malfoy Potter, en una reunión de los Inventores."

"No sé muy bien cómo terminé hablando con Daphne de esmaltes de uñas y pinturas mágicas para el cabello, cuando se suponía que seguíamos discutiendo nuestro proyecto de educación mágica.

-Draco L. Malfoy Potter, preguntándose por qué no consigue una amiga normal."

"Harry, ojalá pudieras venir. Acaba de intentar coquetearme un mago que me lleva al menos veinte años.

Estuve a punto de golpearlo con el anillo de matrimonio, a ver si captaba el punto.

-Draco L. Malfoy Potter, siempre fiel, maravilloso e inalcanzable."

—Papá, ¿de qué te estás riendo?

Orión acababa de encontrarlo en la cocina, mientras leía la última nota y se imaginaba a su indignado esposo, haciendo esa obvia aclaración de "estoy casado". Harry agitó el pergamino en el aire y negó, todavía sonriendo.

—Tu papá ama mandarme notas cuando está ocupado.

¿A quien engañaba? Él adoraba recibirlas. Iban directo a la caja.

"Todas esas son otras formas de decir 'te amo' y 'pienso en ti'"

9

"El tiempo que le dediques cuenta. Si estás ocupado, aún más. Siempre hazle tiempo y valora el que él te da"

Harry tenía diez minutos antes de verse obligado a tomar un traslador que lo llevaría al bosque donde se atisbó a una criatura que debería estar extinta; ni las visitas a los bosques, ni los encuentros con criaturas supuestamente inexistentes, salían bien. De esos diez minutos posteriores al desayuno y a haberse alistado, se pasaba dos deseándole lindo día a sus hijos y abrazándolos, recordándoles que "papá los ama".

Luego se demoraba seis abrazando por la espalda a Draco, que terminaba de preparar el desayuno para los niños. Su esposo se reía de los besos que le daba en el cuello, ladeaba la cabeza, y volvía a decirle que llegaría tarde. Harry le juraba que estaba a tiempo y lo estrechaba un poco más.

—¿Almorzamos juntos? —propuso, su voz amortiguada por los besos en el cuello de Draco—. Pansy tendrá a los niños en el Vivero por la tarde, para que la ayuden a trasplantar algunas flores de quién sabe qué. No son de las que muerden, al menos.

—Tengo que almorzar con una bruja que quiere que le ayude en un proyecto, vive lejos y fue el único momento en que nuestros horarios coincidieron —Draco giró el rostro lo justo para capturar sus labios, y sonrió un poco—. ¿Para la cena?

—Trato —Harry asintió, hundiendo el rostro en su hombro—. Te traeré vino y flores...

—No tienes que traerme flores todas las semanas, Harry —aclaró, con ese tono feliz que delataba que sonreía, y que por supuesto que amaba sus flores, en especial desde que mejoró ese truco que evitaba que se marchitasen, y sólo cuando eran reemplazadas por otro ramo, se desvanecían sin dejar rastro.

—Claro que tengo que hacerlo —afirmó él, besándole detrás de la oreja. Bien, se había pasado un poco del tiempo. Le quedaba un minuto, pero seguro que podía sostener la barbilla de Draco y reclamar un beso de despedida.

Detrás de ellos, Antares se reía y Orión emitía un vago sonido de disgusto, diciendo que tenía hambre.

"El amor requiere tiempo y dedicación. Si no puedes dedicarte a alguien, lo quieres, pero no lo amas"

Esa es la receta del matrimonio. Harry la compartió con Draco e intentan aplicarla a diario. A veces confunden los pasos, pero bueno, son ellos.