XXI - Armonía y Caos
[Para esta parte les recomiendo poner "Across the aeons", de David Larsen: youtube /watch?v =H1K3OJ _COWA , también he incluido el estribillo de "A true true friend" ("Un amigo de verdad")]
Cuando pasamos el umbral de la puerta del viejo almacén, yo aún me encontraba anonadada por las vivencias del día, extrañada de por qué un globo nos había guiado hasta aquí, impresionada por la existencia de una familia Apple en Alquirión. A pesar de que Applebuck no pareciera tan hospitalario al principio, en otros aspectos, me recordaba a mi honesta amiga… en cierto sentido, al andar por la granja, entre los árboles cargados de manzanas, me sentí un poquito como si estuviera en Ponyville, como si estuviera en casa. Sin embargo, las sorpresas no habían terminado para mí.
Después de tanto tiempo de sufrir castigos y humillaciones en una tierra extraña, de atravesar un largo proceso de degradación para luego comenzar otro de lenta restauración, de esperar en vano una respuesta que nunca llegó… Después de clamar por ellas, de reclamarles su abandono, de reconciliarme finalmente con mis sentimientos… Después de creer que nunca las vería de nuevo y que me pasaría el resto de mi vida recordando cada instante vivido con ellas… Después de fijarme en miles de cosas y detalles que me permitían evocarlas... Después de todo eso y mucho más, hallarlas ahí reunidas, dándome cuenta de que viajaron tan lejos sólo por mí, me producía una sensación que condensaba miles de otras más. Alivio, algarabía, alegría, emoción, mucho más…
—¿Pinkie?
Todas estaban: Twilight, Rainbow, Fluttershy, Rarity, Applejack, ¡también Spike y hasta mi hermana Maud! Sus miradas atónitas y conmocionadas se concentraban en mí. Por unos segundos fui incapaz de reaccionar, hasta que me vi reflejada en cada par de ojos, pude percibir lo que ocurría en sus corazones. Fue como si algo, dormido por mucho tiempo, se activara de repente y empezara a moverse entre nosotras, como si recuperáramos la conexión perdida.
—Pinkie, ¿de verdad eres tú?
Al oír esas voces largo tiempo añoradas, mi mente se despejó de todos los pensamientos y preocupaciones anteriores. En ese instante olvidé dónde me encontraba, olvidé con quiénes venía, olvidé hasta mis propias dolencias. Me concentré en una sola cosa, en mis amigas, y de golpe, una parte de mí que había permanecido callada se puso a gritar estridentemente, a saltar, a rebotar, a bailar en mi interior. Aquellas ganas de cantar a la vida y de esparcir felicidad afloraron con intensidad redoblada.
—¡Twilight, Rainbow, Fluttershy, Spike, Rarity, Applejack, Maud!
Sin dudarlo, salté del lomo de Tiberius para ir a fundirme en un abrazo con las ponis más amadas de mi vida. Ya antes de que se adelantaran, gruesas lágrimas caían de sus ojos. Me rodeaban con sus cascos, inundaban mis oídos con sus hermosas voces aflautadas por la angustia o su llanto entrecortado, se aferraban a mí y yo a ellas como si quisiéramos fusionarnos en un único ente para no separarnos jamás. La magia fluía en nosotras, la magia de nuestra amistad se restablecía finalmente.
—¡Te extrañamos mucho, Pinkie!
—¡Nos preocupaste mucho cuando desapareciste…!
—¡...ojalá hubiéramos sabido antes lo que pasaba!
—No te habríamos dejado sola, terroncito…
—Nos duele pensar en lo que debes haber sufrido aquí….
—Ponyville no es lo mismo sin ti…
Era tan reconfortante escuchar esas palabras, saber que no me habían olvidado sino que estuvieron buscándome, expresando su empatía por mi situación. Realmente, tengo a las mejores amigas del mundo. Además de Maud, verla significaba ver también a mi familia. Ahora más que nunca me sentía completa, podía respirar con tranquilidad. Casi parecía como si flotara, como si todos flotáramos… Las miré una por una, contemplando las expresiones de sus rostros, y eran tal cuales como me las imaginaba, cada una demostraba sus emociones según su carácter, perfectamente reconocibles. Todos los elementos, juntos de nuevo, Bondad, Honestidad, Lealtad, Generosidad, y Magia, ninguna podía estar completa sin la Risa.
—Gracias… muchas gracias por estar aquí, ustedes son mis amigas… de verdad.
—Sabes, Pinkie… que cuando un amigo es de verdad, te ayudará a ver la realidad…
Allí inició… cuando Twilight entonó la primera estrofa, la canción se desató como en un efecto dominó. ¡Oh, qué bien, una rima!
—Cuando un amigo es de verdad, verás la luz que hay en la amistad — continuó Fluttershy, sumándose a la voz de Twilight.
—Cuando un amigo es de verdad, te ayudará sin pensar — Rarity y Applejack se acoplaron rápidamente, pronto nuestras voces formaban un coro.
—¡Un amigo de verdad siempre te será leal! — Rainbow se sumó a nuestra canción, y todas juntas comenzamos a bailar en una ronda, tomadas de los cascos.
—¡No importa la distancia, siempre durará nuestra amistad! — cómo olvidarse del pequeño Spike, que saltaba de emoción entre nosotras.
No sé cuánto tiempo pasó, pero siento que estuvimos un largo rato con nuestra celebración, que nos transportó a Ponyville por unos minutos. La música siempre desempeñó un papel muy importante en los momentos más cruciales de nuestras vidas, en los buenos y en los difíciles, y a pesar de las duras contingencias que nos tocaba atravesar, siempre veríamos la luz al final del túnel. El arcoíris saldrá cuando se disipe la tormenta…
Mucho tiempo atrás, en su primera liberación, el objetivo principal había sido separarlas, por lo cual utilizó sus poderes para engañarlas y corromperlas, evitando así que pudieran retornarlo con los Elementos de la Armonía a la otrora inerte prisión de piedra… Ahora, en un irónico giro de la historia, invertía sus habilidades para reunir a sus antiguas enemigas, con un recurso no muy sutil pero efectivo. Y no sólo eso, sino que al verlas tan felices juntas, compartía esa felicidad, especialmente por Fluttershy. La había visto tan absolutamente triste en las últimas tardes de té, que no se lo pensó dos veces en aceptar la misión que Celestia y Luna le encomendaron. Además, en cierta forma, podría saldar la deuda que tenía con ellas por haberlas traicionado.
Generalmente, no consideraba a la sutileza una característica particular de su modus operandi, aunque por esta vez debía efectuar algunas innovaciones. Se encontraba en territorio nuevo, necesitaba primero conocerlo y analizar a sus habitantes, pues sabía que eran diferentes a los ponis y no debía subestimarlos. Las princesas de Equestria le habían pedido muchísima discreción, pues sólo pretendían que protegiera a sus enviadas mientras ellas preparaban todo para intervenir cuando se diera el momento adecuado. Le dijeron que confiaban en él, y ese voto de confianza resultó ser un buen aliento, teniendo en cuenta sus errores pasados. Así que se puso en plan "Agente Caótico 007", viajó de incógnito al país de los alquirianos, y desplegó una compleja red de espionaje, aprovechando toda su creatividad para pasar desapercibido, -sin perder la oportunidad de crear uno que otro tanto de caos, pero siempre abocado a un objetivo específico-. Estuvo mucho en movimiento, camuflándose para no ser detectado por los habitantes. Eso le permitió recabar bastante información sobre ellos, sobre su forma de ser y el modo en que encaraban la vida. No sólo se fijó en los alquirianos sino también en los ponis, para enterarse de las principales diferencias que los separaban de los de Equestria. Las hermanas alicornio le habían resumido rápidamente el origen de los alquirianos, y sabía, aunque ellas no hubieran mencionado ese detalle, que gran parte de los ancestros poni en ese territorio fueron oriundos de Equestria que escaparon al oeste cuando él se apoderó del reino.
Desde su escondite en uno de los puntos más inaccesibles de la geografía de Alquirión, en la caverna abandonada entre las montañas, observaba la escena con sumo interés en una especie de pantalla rectangular. Había muchas de esas alrededor de él mostrando acontecimientos en distintas locaciones. Le divertía ejecutar ese papel de controlador de la trama, manejar con sus garras el devenir de una historia, y disfrutar el caos que ya había en la república antes de su llegada. ¿Cómo no se le había ocurrido venir aquí antes? Alquirión era un verdadero parque de diversiones en comparación con Equestria, bastaba con ver su historial de inestabilidades políticas. Un gobierno caía, otro se levantaba. Un orden se destruía, otro nuevo comenzaba a construirse. Quizá era un concepto de "caos" muy distinto al suyo, pero le parecía interesante estudiarlo.
Si bien desviar la embarcación diplomática no era parte del plan principal, el draconequus tenía razones suficientes para dudar del recibimiento que los alquirianos le darían a sus amigas en el Capitolio, eso por un lado. Por otro, habiendo rastreado el paradero de Pinkie al saber que se había marchado de la capital, prefirió alterar el curso de las cosas porque intuía que esta aventura requeriría mucho más que una reunión diplomática. En segundo lugar, y en consonancia con lo anterior, quería observar la interacción de las dos ramas de ponis, además de evaluar si las famosas portadoras de los Elementos de la Armonía serían capaces de enfrentarse a un nuevo tipo de enemigo, si les bastaría un rayo arcoíris para solucionar los problemas, como lo hicieron con Nightmare Moon, con Tirek, y con él mismo. Algo que rondaba mucho por su mente, era comprobar si la Magia de la Amistad, aquella energía que unió a esas seis potrancas y que ayudó a una de ellas a convertirse en princesa, realmente podía llegar a ser tan poderosa, pues parecía funcionar perfectamente… siempre y cuando el conflicto se desencadenara dentro de los límites de Equestria. Ahora cabía preguntarse: ¿qué pasaría si la Princesa de la Amistad debiera esparcirla en otra nación radicalmente distinta, cuyo sistema de valores giraba en torno a la ambición de poder y riqueza? En el pasado, las puso a prueba para tentarlas a ir en contra de lo que significaban sus elementos, actualmente, las ponía a prueba para que demostraran el significado de esos elementos, comenzando con ponis que vivían una realidad totalmente diferente a la de ellas, pero con los que de algún modo podrían congeniar. Por eso las juntó, específicamente, con los líderes de la rebelión poni, a quienes ya había observado previamente.
No importaba si lo regañaban después, cuando Discord hacía caso a su intuición era por un buen motivo, y confiaba en que todo saldría bien, a pesar de que el mundo quedara patas para arriba durante el proceso.
Más allá del emotivo reencuentro, ahora comenzaba lo verdaderamente interesante.
Cada uno de los presentes en el abandonado galpón poseía un rasgo atípico. Por un lado, una alquiriana unicornio, otro alquiriano sin cuerno, y una pigmea de pelaje rosa y crin enrulada, los tres con ponchos de lana, de manufactura casera. En la punta contraria, una unicornio morada con alas, un crío de dragón, una unicornio de melena estilizada, una poni terrestre con un sombrero, una pegaso tímida y otra temeraria, una poni gris absolutamente inexpresiva, y un extraño unicornio híbrido. A estos se sumaban la fugitiva Wind, además de Dusk Shine, Rainbow Blitz y Applebuck, que en lo que duró la escena emotiva, se sintieron en medio de una obra de teatro típicamente melodramático, coro y ballet incluidos. De no ser por sus rasgos comunes, creerían que aquellas figuras provenían de una dimensión desconocida, más cándida e inocente. No terminaban de comprender qué importancia tenía la poni rosa para las extranjeras, ni cómo ni por qué irradiaban ese brillo de la nada mientras se regocijaban de volver a juntarse. La misma atención merecían los alquirianos con quienes había aparecido la de cabello esponjoso, su presencia desentonaba tanto como la del otro corcel, cuyo aspecto resultaba confuso. Había muchas explicaciones por exigir.
Al notar que Wind se secaba un ojo, Rainbow Blitz soltó una risita y dijo: "A la chucha, está emocionada la Windy", a lo que ella negó diciendo que se le había metido un grano de polvo en el ojo. Por su parte, Dusk Shine permanecía quieto, pues percibía una especie de magia desconocida esparciéndose en aquel espacio, increíblemente la liberaban aquellas extranjeras. ¿Cómo era posible? Desde el accidente cerca de la bahía de Buenavento, cuando conectó los símbolos grabados en la carta al maestro Bellengheri con las cutie marks de las equestrianas, sospechaba de su poder oculto, como si no debiera dejarse engañar por las apariencias, y lo que estaba presenciando aumentaba sus sospechas.
—Disculpen, señoritas — dijo Applebuck con un choque de cascos para llamar la atención de las bullangueras yeguas — no quisiera agriarles la leche, pero necesitaría que le bajen a la cháchara. Mi familia no puede saber que hay gente desconocida aquí.
Por fin, el grupo de amigas acabó su bochinche para mirar al corcel de sombrero oscuro. Cayeron en cuenta del espectáculo que habían montado, sin embargo no se sentían totalmente avergonzadas. Nadie se animó a decir palabra, simplemente se produjeron varios intercambios de miradas entre las diferentes razas equinas. Algunos rayos del sol languideciente se colaban por los agujeros en el techo del granero, el resto de la estancia se hallaba en una débil penumbra. Cada tanto se escuchaban los crujidos de la madera vieja, y adentro olía a polvo, humedad y orines de roedor.
—Bueh, — continuó Applebuck, poniéndose en papel de anfitrión para la distinguida tertulia — no los pude recibir en la sala de mi casa, porque la cosa con mi gente es complicada. No quieren a ningún extraño, sobre todo por miedo a los milicos. Solamente les di asilo porque Dusk Shine y Rainbow Blitz me lo pidieron. Y todavía no me han explicado qué demonios pasa…
—Estas ponis son enviadas especiales del reino de Equestria, — Dusk Shine tomó la palabra de inmediato — vinieron por mar desde el este con una misión diplomática, encomendada por la princesa Solestia, después de que su ejército desbaratara a una organización que traficaba esclavos con nuestro país.
—Celestia, se llama princesa Celestia — lo corrigió la poni morada, aprovechando el inciso para presentarse adecuadamente — Mi nombre es Twilight Sparkle, soy también una princesa de Equestria, y he venido en compañía de mis amigas, de mi ayudante Spike, y de Livio Uliseo, representando a nuestro reino por una importante demanda. Detuvimos el accionar de una empresa ilícita que secuestraba a ciudadanos de Equestria y otros reinos vecinos para traerlos aquí en condiciones crueles y venderlos como esclavos, lo cual fue descubierto gracias a la desaparición de Pinkie Pie. — la princesa Twilight señaló afectuosamente a la mencionada antes de proseguir — Además, traemos pruebas contundentes de la complicidad de los cancilleres de Alquirión y de la financiación que recibían los esclavistas…
—A ver, a ver, ¿y eso qué tiene que ver con nosotros? — la interrumpió Blitz con un gesto brusco — Deberían ir a la capital y hablarlo con los ministros, si es que hay alguno vivo al que le interese ocuparse del tema.
—¿A qué te refieres?
El pegaso estuvo a punto de responder a la alicornio, pero entonces la alquiriana de melena rubia le ganó el turno. Con pasos firmes avanzó hasta la joven Sparkle, pasando al centro de la escena y ganándose la atención de los presentes.
—Buenas tardes, princesa Twilight. Me llamo Amalthea Amadeora, es un gusto conocerla — saludó, empleando un tono respetuoso e inclinándose ante su interlocutora, quien la observaba un poco sorprendida por la diferencia de altura — Pinkie me ha hablado mucho de usted… ella fue contratada para servirme en el Palacio de Gobierno, pero ya no es mi sirvienta porque he decidido devolverle su libertad. Ella es una poni excepcional, de gran corazón, y merece regresar con los suyos. De haber sabido que ustedes vendrían, con gusto les hubiera acompañado ante mi padre, el Sumo Minister, pero lamentablemente ha fallecido en medio del ataque al Capitolio, perpetrado por insurgentes anarquistas. Estos mataron a varios ministros y agentes gubernamentales, por eso me temo que…
—¡Eh, momento que soy lento! — exclamó Applebuck, aterrorizado — ¿Cómo que la hija del Sumo Minister? ¿Ustedes escaparon de allá cuando se armó el jaleo? Madre mía, esto está mal… ¡te están buscando por todos lados, si el Ejército llega a saber que estás aquí, vamos todos presos! ¡No puedo dejar que le quiten la granja a mi familia…!
—Hey, hey, hey, cálmate, viejo, bájale al drama — intentó tranquilizarlo Blitz, al ver la desesperación del cosechador de manzanas. — No va a pasar nada, están más ocupados haciendo orden en las ciudades, no van a llegar aquí.
—Perdónenme por meterme donde no me llaman, pero veo que tú eres un Apple, y yo también soy una Apple, — con su voz de acento campirano, la poni terrestre de sombrero marrón expresaba su apoyo incondicional a alguien que reconocía como de su familia, a pesar del lejano parentesco — y no permitiré que les quiten sus tierras, no mientras yo tenga fuerza para luchar, estoy tan segura de eso como de que me llamo Applejack.
—Muchas gracias por tus buenas intenciones, pero con eso no alcanza ni ahí. — replicó Applebuck, sintiéndose levemente reflejado en aquella campirana que parecía su doble en versión yegua —Ustedes no tienen ni idea… este despelote es mucho más grande de lo que piensan.
—Lo sé, yo sé que me buscan. — admitió Amalthea con tristeza — Pero sin mi padre, no tengo muchas razones para volver…
—Y mejor ni lo hagas, — le recomendó Dusk Shine — desde que se instaló la Junta Militar, quieren arrestarte por brujería, sospechan que fuiste cómplice de los terroristas.
—¡¿Qué?!
La exclamación de la alquiriana fue acompañada por un sobresalto casi general, descontando a Dusk y a Applebuck. La siguiente en hablar fue Pinkie.
—¡Eso es absurdo! ¡Ella no hizo nada malo! Yo estaba presente cuando pasó… un tipo mató a su padre, e intentaba matarnos también. ¡Lo de la mandrágora fue un accidente!
—¿Fuiste tú la que invocó a la mandrágora en el Palacio de Gobierno? Wow — dijo Dusk, impresionado — Cuando lo leí en el periódico, creí que fue obra de un tremendo hechicero, ni los Aurores podían detener a esa cosa. ¿Cómo es que sabes hacer magia?
—No importa si sé o no hacer magia, — replicó Amalthea con seriedad, clavando sus ojos cafés en el joven unicornio — quiero saber qué es eso de la Junta Militar, y por qué creen que yo tuve algo que ver en el atentado donde murió mi padre.
—Bueno, aunque esto se promulgó ayer, supongo que ninguno de ustedes se ha enterado… — el discípulo de Bellengheri carraspeó, incómodo por ser quien diera la noticia — Los Comandantes de las Fuerzas Armadas desplazaron a la comisión de gobierno provisional y ahora son quienes mandan en la República, con la excusa de que ha sonado "la hora de la espada". Para ellos, cualquier cosa es subversiva, y supongo que, al encontrar el cadáver del Sumo Minister al pie de un árbol, pero sin hallar a su hija, sino a una planta monstruosa consumiendo el palacio, conectaron los puntos y concluyeron que ella se había fugado por ser bruja.
La alquiriana guardó silencio. Recordaba su equipo de magia botánica abandonado en un anaquel de la biblioteca, quizá lo hubieran encontrado… Pensó en su ascendencia de wicca, revelada por Sibila, pero prefirió guardarse ese detalle.
—Amalthea no es ninguna bruja — Pinkie Pie volvió a salir en defensa de su ex ama — el problema es que los alquirianos tienen serios prejuicios con la magia, especialmente si la realizan las yeguas. ¡Pero la magia no tiene nada de malo, que muchos magos la hayan usado para dañar a otros no la hace mala!
—¿En serio la magia está mal vista aquí? — Spike, lo mismo que Twilight, no salía de su asombro por lo que acababan de escuchar — Por favor, si vieran lo que Twilight es capaz de hacer…
—A propósito, ¿este es un dragón de verdad, o un lagarto con una cabeza muy grande? — el que preguntó fue Rainbow Blitz, examinando con detenimiento al dragoncito.
—¡Por supuesto que soy un dragón! — contestó Spike, ofendido — ¡Y puedo demostrártelo, si quieres!
—Oye, como llegues a soplar fuego, estamos todos fritos. — replicó el pegaso, echando un vistazo a la estructura de madera — Te creo, ¿pero cómo es que no estás viviendo con tu familia dragón? ¿O te robaron del nido de tu madre cuando eras un huevo?
Ese par de preguntas calaron hondo en Spike, y por ende, en Twilight, quien se sintió obligada a aclarar que ella lo ayudó a nacer en su prueba para entrar a la Academia de Unicornios Superdotados de Canterlot. Pero no tenía idea de dónde había provenido el huevo, hasta el día de hoy aquello era un misterio… sin dudas, había mucho para conversar en ese momento.
Para no llamar la atención de su madre o de sus hermanos por su larga ausencia, Applebuck se retiró, a condición de que por nada del mundo salieran del escondite, y con la promesa de traerles algo de cenar en la noche. De todas formas, el corcel ya iba decidido a decirle la verdad a su familia, ser honesto le parecía lo mejor aunque recibiera un par de coscorrones por no haber hecho lo correcto desde el principio.
Días después del ataque al Capitolio, Cuartel General del Sur...
El alba bordeaba el horizonte. Cierta calma reinaba en el patio del cuartel, acompañada del canto de los grillos. Los vigías en las torres permanecían inmóviles como gárgolas guardianas, escrutando en la penumbra del territorio, donde nada se movía entre los setos o más allá en las colinas. Hacia el norte y hacia el sur, al este y al oeste, formando un rectángulo perfecto, se ubicaban las principales torres de vigilancia. Se sumaban dos puestos más entre una y otra, para asegurar un completo dominio sobre el territorio, además de una gran defensa del establecimiento desde cualquier punto de alcance. Los favorecía mucho la ubicación en la parte más alta del terreno, pues podían divisar cualquier contingente desde la depresión de las llanuras por un lado, las faldas de las montañas por el otro, y mucho más allá, las orillas del río. Un ancho camino de ripio conducía al puerto general, cuyas luces se divisaban en la lejanía, apenas como una línea de luces diminutas.
Aquella serenidad no era tranquilizadora para nada. Pese a la inactividad de aquella hora, ni el general ni sus subordinados habían descansado. Tras la desgracia en el Capitolio, las Fuerzas Armadas se pusieron a disposición del gobierno provisional para colaborar tanto en la contención del orden como en el rastreo de cualquier pista o sospechoso de la invasión al Palacio de gobierno. Chaskis o entrenadas aves mensajeras entraban y salían del cuartel con informes, misivas y decretos, al igual que continuas partidas de soldados. Estos grupos marchaban preparados para recorrer vastas extensiones, a veces regresaban, otras se quedaban en los cuarteles más cercanos. Debido a esa intensa actividad, había continuo movimiento en las barracas de la soldadesca, el comedor, los dormitorios, etc.
En la entrada principal, se encontraba abierto uno de los dos anchos y pesados portones de hierro, movidos por un sistema de poleas. Desde adentro se veía la reja de gruesos barrotes que fungía de segunda protección, por si acaso el enemigo se acercaba demasiado a la entrada. También servía de barrera de seguridad ante visitas inesperadas, mientras los centinelas revisaban a cualquiera que llegara ante las puertas del fuerte. Era un protocolo de control ejercido desde hacía mucho, e intensificado por las contingencias actuales.
Un alquiriano bostezaba ampliamente, arrellanado en una desvencijada silla a la puerta de la oficina del comandante, en el recinto principal del cuartel. La vigilia se había hecho larga, lo suficiente para debilitar el estado de alerta del oficial.
De acuerdo a su rango, traía puesto un peto de acero simple que protegía su pecho, además de la base del cuello, y se unía a los rollizos hombros gracias a unas correas duras pero flexibles, que permitían amplia movilidad en la pelea. En el centro de la pechera relucía el símbolo de la República de Alquirión, aunque mandos inferiores hasta soldados rasos usaban una versión simplificada del mismo. Sólo los mandos superiores poseían el honor de portar un medallón con el símbolo completo. En su versión total, este constaba de dos lanzas cruzadas, rodeadas por un lazo de oro, en cuyo hueco se erguía de perfil la cabeza de un alquiriano unicornio, y sobre la misma una fusión del sol y la luna. Para terminar, un fondo con una franja azul y otra blanca, divididas por una línea roja en diagonal. En la parte superior, a modo de distinción de rango, se sumaban estrellas, partiendo del Capitán, con una sola, hasta subir al Comandante en Jefe, con la máxima cantidad de siete estrellas.
La expansión del diafragma por la toma de aire expandía la ya de por sí prominente barriga, debajo de una camisa gris de grafa gruesa. Ésta se unía, casi en la base del estómago, con una especie de faja con engarces metálicos, útiles para cargar armas y pertrechos. El lomo quedaba protegido por dos láminas delgadas de acero, recubiertas por una tela embebida en una cera especial, que la hacía resistente pero no resultaba una molestia para el usuario. Esta protección se enganchaba levemente con los hombros, aunque era sostenida principalmente por la faja y por sutiles cinturones. De la misma hechura se componían las protecciones para los cascos, con algunos apliques que les permitían empuñar el armamento.
—Un proyectil podría atravesar su garganta gracias a la extensión de su bocaza, Sargento Barraza.
Tomado por sorpresa, de un salto, el oficial se dio la cabeza contra la pared sin querer. Se habría ahorrado el chichón si su casco de guardia no hubiera caído a un lado. Se trataba de un casco corto, usado dentro del fuerte, pues el casco reglamentario de batalla cubría la nuca del soldado y resguardaba su garganta con una cota de malla, contando con una visera y unas extensiones que bajaban hacia las mejillas en forma de pinzas de hormiga.
—Ningún soldado de Alquirión en tiempos beligerantes puede darse el gusto de flaquear. Tenga eso en cuenta para las próximas vigilias.
Con sus ojos azul oscuro como el mar a medianoche, el Capitán observaba de modo reprobador al rollizo sargento. Ya conocía su tendencia a la holgazanería y los vicios de panzón insaciable, incluso la relativa eficiencia en el desempeño de sus funciones, por eso Barraza caminaba sobre una cuerda floja a la que le faltaban pocos hilos para cortarse definitivamente. En cualquier momento, acabaría siendo degradado del ejército.
—¡Sí, señor Capitán Monteagudo! — exclamó el Sargento Barraza, cuadrándose derecho de inmediato.
Monteagudo entró a la oficina sin prestarle más atención. De raza alquiriana unicornia, porte solemne y figura soberbia, la armadura del capitán era más compleja e incluía partes de plata con algunos adornos en oro, con una terminación de punta roma en su casco. Una vez en su despacho, tomó asiento y se quitó el casco, adoptando una posición concentrada. Varias cuestiones ocupaban sus pensamientos, la primera de todas, la preocupación por el destino de la República. De nuevo, un cambio de dirigencia, podía olerlo con facilidad. Las puntas de su bigote se movían con el vaivén de sus comisuras mientras evaluaba la situación desde dos o tres planos. Primero, desde las órdenes que les enviaban de la capital, segundo, desde lo que afirmaban sus soldados luego de las campañas, en cuanto al estado de la población. Todo el mundo parecía estar nervioso, no sólo por la desarticulación de los ministerios en la cúpula de gobierno, sino por rumores supersticiosos y habladurías sin sentido acerca de una profecía sobre el final de los alquirianos. Por todo Alquirión se denunciaban sucesos extraños, atribuidos a una presencia invisible, desconocida, temible, inexplicable, entre otras cosas. Para el militar, sólo se trataba de temores esparcidos por charlatanes que buscaban influir sobre el vulgo para generar pánico y confusión, y así desestabilizar el orden. Ciertamente, ocurrían cosas fuera de lo común, como la proliferación de unos extraños piojos en el cuartel, traídos sin saber por los soldados del exterior, o una plaga de ratas con ojos rojizos que dejaban las despensas o los cuartos hechos un desastre, pero nada atribuible a seres oscuros.
Un cuarto de hora más tarde, golpearon a la puerta de su despacho, y el Sargento Barraza anunció el arribo de un mensajero que decía venir en representación de la Junta Militar. Sorprendido por la denominación de los representados, el Capitán Monteagudo lo hizo pasar de inmediato. Después de los saludos correspondientes, el recién llegado le entregó una carta con el emblema de Alquirión en su sello y un membrete rojo, cuyo significado el oficial conocía muy bien. Encargó al muchacho con el Sargento Barraza, quien lo acompañó emocionado al comedor por la inminencia de la hora del desayuno.
La epístola contenía un edicto proveniente del nuevo organismo que ostentaba el control del Capitolio: la Junta Militar de Gobierno, compuesta por los comandantes del Ejército Republicano, de la Prefectura Naval y de las Fuerzas de Frontera de Alquirión. Según lo escrito, el día anterior por la mañana se había resuelto solicitar la adhesión de la milicia, cuando en realidad ésta había desplazado autoritariamente al Consejo Superior Provisorio, el cual fue disuelto. Sin embargo, aceptaron incluir al Ministro Superior Provisorio, Herr Ulster, designado como cabeza visible y como comunicador discursivo de la Junta. Las fuertes internas producidas en el seno del poder como consecuencia de la desestructuración de la oligarquía gobernante habían empujado a los Comandantes a dar una especie de golpe de estado silencioso, para encarar lo que ellos consideraban las mayores amenazas a la República de Alquirión, algunas eran de público conocimiento: la sublevación obrera encabezada por los pigmeos, el accionar terrorista de la llamada "Secta del Eclipse", fanáticos supersticiosos y anarquistas, y las represalias de las naciones vecinas por causa del accionar de los grupos esclavistas. Los milicos eran plenamente conscientes de la necesidad de gobernar con casco de hierro.
Monteagudo leía cada línea como si tratara de descifrar un código, sintiendo cierta aprensión por el modo en que se complejizaban los hechos. Tenía la idea de que empezaba a escribirse una nueva página en la historia. Entre las medidas adoptadas por la nueva junta se contabilizaban el establecimiento del Estado de Sitio, las restricciones a las libertades de la ciudadanía y sus nuevas obligaciones, o la declaración de la lucha anti subversiva. Se adjuntaba también el aviso de que a cada cuartel y dependencia militar sería enviado un Auror, pues se había detectado actividad mágica inusual que podía estar relacionada con los enemigos manifiestos o con uno desconocido. Pero algo que dejó desconcertado al capitán fue el mandato de aprehender a Amalthea, prófuga hija del fallecido Sumo Minister, con motivo del "uso de magia prohibida" y por lo que se sospechaba su implicación en el ataque terrorista al Capitolio. Además, se incluía la orden urgente de movilizar fuerzas a los puertos, pues se esperaba el arribo de ejércitos extranjeros o destacamentos diplomáticos de otros reinos, cuyas intenciones, estimaba la Junta, podían no ser pacíficas. Por eso, según el comportamiento de estos grupos, los capitanes debían actuar siguiendo las instrucciones consignadas en el edicto.
Considerando que su cuartel era el más cercano a la zona portuaria, el Capitán Monteagudo no dudó en trotar al comedor, donde seguramente se encontrarían todos sus soldados disponibles, para comunicar de inmediato las recientes disposiciones, llevando consigo la misiva. Tal cual había previsto, la soldadesca se congregaba en torno al gran tablón del comedor para tomar su frugal desayuno, consistente en café amargo hirviendo, pan rústico, mermelada algo añeja, frutos secos (medio pasados por humedad), que no eran las mayores delicias pero zafaban. Al ver entrar al capitán, todos se levantaron enseguida para saludar, a excepción del Sargento Barraza, demorado por su peso y su reacción lenta. Tuvo que dejar su pan, resignado.
—¡Atención, soldados! — bramó el gran corcel, con nerviosismo — ¡Información importante del Capitolio: el gobierno de nuestra república, por el estado de alerta, fue asumido por una Junta Militar!
A continuación, ordenó al sargento pararse al frente a leer en voz alta el edicto, de modo que todos quedaran debidamente notificados. Daba lo mismo que lo hubiera leído él, pero Monteagudo acostumbraba a examinar detenidamente las reacciones de los demás corceles mientras sus mentes procesaban lo que oían. Era uno de sus mejores métodos de supervisión, silenciosa, pasiva, bastante efectiva. Desconcierto, confusión, algunas pizcas de temor, pero también arrojo, ansiedad y deseo de ponerse en marcha, todo eso y más podía captar el capitán en los rostros de sus subordinados.
Un silencio denso ocupó el comedor cuando el Sargento Barraza acabó de leer. El gordo alquiriano permaneció quieto, intentando procesar aquella información, sin embargo lo único que comprendía era el aumento exponencial de trabajo.
—¿Alguno de ustedes tiene dudas? — nadie se animó a responder a la pregunta del Capitán Monteagudo — ¡Entonces, a moverse! ¡Tienen diez minutos para desayunar! Luego presentense con el Sargento Barraza para preparar la formación que partirá al puerto. Deben estar listos para cuando llegue el Auror. — echó una mirada al mencionado, quien seguía en babia, y lo sacudió con una exclamación — ¡Barraza! ¡¿Escuchó usted bien mis órdenes?!
—Eh.. ¿qué? ¿Yo, señor…? — balbuceó el sargento dando un respingo por el vozarrón de mando.
—¡Sí, usted, imbécil! ¡Más le vale que cumpla esta vez correctamente mis órdenes, o será degradado definitivamente!
—¡Sí, señor Capitán Monteagudo! — afirmó Barraza, pese a que no había escuchado bien las órdenes, pero sabía que su superior no se las iba a repetir. Ya se lo diría uno de sus compañeros cuando éste se marchara del comedor. —¡Hey, esa rata se lleva mi pan! — exclamó de repente el alquirano rollizo al ver a dicho roedor hurtando el preciado desayuno. Por mucho que movió su pesado cuerpo para atraparlo, no pudo alcanzarlo. — ¡Malditas alimañas, ya le preguntaré al Auror si puede hacer un conjuro para exterminarlas de una vez!
Incluir a Discord en el fic fue una idea que me surgió recientemente. Siempre me pareció que en la serie deberían haberlo puesto a prueba para saber si realmente había aprendido sobre la amistad. Me refiero a una oportunidad para reivindicarse, pero bueno, la serie acabó y esa reivindicación no llegó, así que está en manos de los fanfics el que eso ocurra. Aquí lo incluyo como elemento que influye diagonalmente en la trama, de forma no directa, pero trataré de cuidarme en no meter un Discord ex machina.
A modo de (obvia) aclaración, este fic se ubica cronológicamente después de la 4° temporada y antes de la 5° (está super atrasado con el canon, lo sé).
Lo del golpe militar no lo tenía contemplado antes, aunque creo que es consistente con la situación de los alquirianos, después de todo el violento clima político y social lo ameritaba.
