Este pairing fue una proposición de Dani. No es un fic romántico, porque de hecho no consigo imaginarme a estos dos personajes suspirando el uno por el otro, al menos en el contexto en el que he situado la historia. Pero existe cierta atracción, fundamentalmente intelectual.
Jueves, 16 de julio de 2020. Jon Arryn/Olenna Tyrell.
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XX
Su escudero le entregó la carta en mano. Jon Arryn le indicó que cerrase la puerta al salir y que dijese a quien quisiera verlo que estaba reunido. Normalmente esos asuntos lo mantenían ocupado una hora o dos.
La rosa del lacre tenía espinas, como la remitente. Era la undécima que recibía en cuatro años, sin contar la primera que le había enviado, cuando rechazó unirse a la causa de Robert. Jon ya sabía, cuando envió los términos de aquel acuerdo, que las posibilidades de que los Tyrell se uniesen a ellos para derrocar a los Targaryen eran prácticamente nulas; pero tenía que intentarlo, y lo intentó con la mujer que había recibido el desplante del príncipe Daeron como una bendición.
No funcionó. Su hijo, lord Mace, se quedó con los dragones. Había sido un craso error, aunque apenas habían sufrido las consecuencias.
Lady Olenna había rechazo la alianza con un acertijo. Jon Arryn no se había detenido demasiado con aquella primera misiva: entendía que un no significaba que los Tyrell también eran sus enemigos, un rival más a batir sobre el campo de batalla. El pergamino quedó olvidado en el bolsillo de alguna capa de viaje durante meses, hasta que desempacó sus cosas en Desembarco del Rey. Entonces se tomó un momento para releer ese extraño mensaje y buscarle un significado. ¿Por qué Olenna Tyrell le había planteado una adivinanza? ¿Lo desafiaba?
Cuando creyó tener la solución, garabateó la respuesta y se la envió. Se arrepintió al día siguiente.
Se arrepintió todavía más cuando el cuervo llegó con un pergamino en el pico, dos semanas después, con la réplica mordiente de la Reina de las Espinas: «Os tomaba por un hombre sabio.»
Había herido su orgullo tanto como había picado su curiosidad.
Jon Arryn le planteó el mismo acertijo a Robert, que se encogió de hombros con indiferencia. Su pupilo poseía grandes habilidades, pero la reflexión no formaba parte de ellas. «Ned al menos lo habría pensado», se había dicho. Ser Barristan lo intentó vagamente. Su esposa, Lysa, lo miró con ojos vacíos.
―No entiendo de qué habláis, mi señor ―dijo, con una mano sobre el vientre. Estaba embarazada del primero de sus abortos, al que seguirían, al menos hasta ese momento, otros dos.
Stannis Baratheon llegó a la misma conclusión que Jon Arryn la primera vez, así que siguió pensando cuatro días con sus cuatro noches en aquel bardo y aquel mercenario, los protagonistas del rompecabezas. Y se sintió un poco estúpido cuando encontró la ansiada respuesta.
Jon había firmado con un «Os tomaba por una mujer más juiciosa». Poco después un tercer cuervo procedente de Altojardín trajo otro acertijo y otra pulla, y así habían pasado los años.
No había comentado a nadie que Olenna Tyrell era su amiga por correspondencia porque, de algún modo, le parecía poco adecuado y, sobre todo, lo hacía sentir bastante ridículo. Aunque Jon Arryn debía admitir que era el estímulo que necesitaba en aquella ratonera que era Desembarco del Rey.
«Un hombre vivió solo durante años, sin recibir visitas ni abandonar su casa. La soledad lo hizo enloquecer. Una noche decidió apagar todos sus fuegos y se fue. Consecuentemente, fallecieron noventa personas.»
Bajo el acertijo, lady Olenna había incluido la recomendación de un libro escrito por el maestre Morgen.
Jon Arryn mojó la pluma en tinta, suspirando por la facilidad del enigma. «Perdéis facultades ―aguijoneó con trazos firmes―. Ese hombre loco debía ser un conocido vuestro, de Antigua, porque era un farero, como los Hightower. Los noventa fallecidos navegaban en un barco, cegado por la ausencia de luz.»
Agradeció la recomendación, pese a no ser un gran admirador del estilo de Morgen. Decidió que enviaría la carta de inmediato, para que su amiga pudiese pensar en el siguiente desafío. A la edad que ambos tenían era preciso darse prisa con ciertas cosas, especialmente si esas cosas reportaban placer.
Jon Arryn maldijo a Mace Tyrell por su decisión equivocada y se preguntó, con el rubor haciendo su aparición en sus mejillas, cómo de indecoroso sería invitar a lady Olenna a conocer la Fortaleza Roja.
...
Nota: el acertijo del farero no es de mi invención.
