Capítulo 22

Olvídate de mí.

Llegó a pensar que no iba a volver a ponerse nerviosa por una ocasión así, pero Quinn estaba completamente equivocada. Sus dificultosos pasos en mitad de aquella calle, que la llevaba directamente hacia el 200 de Greenwood Avenue, presagiaban que lo estaba. Y mucho, además.

Había tratado de vestirse para la ocasión, aunque odiase tener que hacerlo. No quería defraudar a Rachel. Sabía de lo importante que era aquella estúpida fiesta para ella, para su objetivo de entrar en el maldito coro. Y solo escuchar su sonrisa tras saber que iba a acompañarla, merecía la pena por pasar un par de horas rodeada de todas aquellas marionetas.

Solo deseaba que Rachel estuviese esperándola, porque estar ya se había asegurado de que estaba en el interior de la casa. Y a punto estuvo de llamarla antes de entrar, si no fuera por la bienvenida que varios chicos le dieron en la misma puerta, invitándola a pasar casi sin tiempo de reacción.

El movimiento de coches en el exterior, y los arcenes con decenas de ellos aparcados, le regalaba una leve idea de lo que podría encontrar en el interior de aquella casa convertida en recinto social. Pero estaba equivocada.

El golpe de calor producido por la cantidad de personas que había en el interior, estuvo a punto de hacerla retroceder, y volver al exterior. Pero no quería volver a soportar las miradas de aquellos chicos que aguardaban en la puerta a la llegada de más invitadas.

Lo cierto es que iba a ser difícil dar con Rachel sin llamarla previamente.

A su derecha se abría un amplio salón que se había convertido en casi una pista de baile, y a su izquierda solo un pasillo con más chicos y chicas, presidido por unas escaleras que ascendían hacia una parte superior. Que, a juzgar por el ruido, parecía estar también completamente llena de gente.

Solo un pequeño resquicio frente a ella, perteneciente a un hueco en el que se abrían dos puertas, y que parecían dar a diferentes habitaciones o salas, le iba a otorgar el espacio suficiente para realizar aquella llamada, tras hacer un barrido con la mirada de toda la multitud que giraba a su alrededor. Entre eso y el sonido de la música, se hacía casi imposible escuchar los tonos de la llamada que ya había comenzado a realizar, y que no parecía llamar la atención de Rachel.

No le contestaba, y eso empezó a molestarle. Tanto que no pudo evitar lanzar varios improperios mientras miraba la pantalla del teléfono, y no se percató de la llegada de alguien justo frente a ella.

Tuvo que alzar la mirada para descubrir quién era la dueña de un par de zapatos negros de tacón vertiginoso.

Miró a su alrededor tras descubrirla frente a ella, y se aseguró de que no había nadie percatándose de aquel acercamiento.

—¿Qué haces tú aquí? —preguntó Santana con una mueca de confusión dibujando su rostro.

—No es algo que te importe —respondió Quinn desganada.

—Estás en mi fiesta, es lógico que me importe qué haces aquí, y quien te ha invitado. ¿No crees?

—¿Tu fiesta? —cuestionó confundida— Esta fiesta es del Gamma Club.

—Ya, pero la organizo yo —se mostró seria—. ¿Quién te ha invitado?

No sabía que responder. Quinn lanzaba miradas a su alrededor, tratando de encontrar de una vez a Rachel y pedirle que por favor se marchasen de allí, pero la morena seguía sin dar señales de vidas.

—Puedo ayudarte si buscas a alguien —sugirió Santana tratando de mostrar su cara más amable.

—Busco a Rachel, Rachel Berry —respondió sin dejar de buscar a su alrededor.

—Mmm, Rachel sí, creo que es una de las candidatas que está a punto de entrar en el coro. La vi subir a la planta superior hace ya unos minutos, supongo que estará allí.

—Ok, gracias —balbuceó sin dedicarle ni una sola mirada, y lanzándose hacia el pasillo que llegaba a la escalera en cuestión. Pero Santana no iba a permitir que se alejase de ella sin más.

—Hey, Quinn —la detuvo tomándola del brazo.

—Suéltame, Santana —murmuró la rubia tras aquel gesto.

—Está bien, solo, solo quería decirte que me alegra verte.

—No seas hipócrita. ¿Ok?

—No soy hipócrita, me alegra verte aquí. Jamás pensé que aceptases venir a una fiesta así.

—Escúchame, si estoy aquí es porque mi amiga me invitó, nada más. ¿Entiendes? No tenía ni idea de que estuvieses aquí, y mucho menos de que fueses tú quien organizaba todo esto.

—Todo el mundo sabe que soy yo quien la organizo, las invitaciones iban a mi nombre.

—No, no —se mostró confusa—, a mí me han dicho que es una tal Jane Williams quien lo organiza, así que no tenía ni idea de que todo esto era tu plan.

—¿Mi plan? —cuestionó sorprendida— ¿De qué plan hablas?

—¿Por qué has invitado a Rachel Berry? —se acercó amenazante— La viste conmigo en la cafetería y no lo dudaste, ¿verdad?

—¿De qué hablas, Quinn? —trató de excusarse— La he invitado porque es una de las candidatas del club, y nos gusta que vean y conozcan a la gente que nos suele rodear. Es una especie de presentación, nada más.

—Tú la has buscado. ¿No es cierto?

—No, fue ella quien se interesó por entrar a principio de año, pero era imposible hacerlo porque ya teníamos el coro completado.

—¿Y por qué ahora?

—Porque tenemos una vacante, y hemos decidido avisar a quienes habían mostrado interés para realizarle algunas pruebas, nada más.

—¿Quién es esa Jane?

—Es mi ayudante. ¿Por?

—Por nada, será mejor que me marche de aquí —balbuceó completamente confundida.

—¿Ya? ¿No vas a buscar a tu amiga? Que sea mi fiesta y yo esté aquí, no significa que tú no puedas estar. No pienso molestarte, ya lo sabes.

—No me apetece verte ahora, la verdad —murmuró lanzando varias miradas a su alrededor.

—Está bien, es tu decisión. Haz lo que quieras —trató de sonar complaciente—, yo solo te digo que Rachel estaba por la planta superior. ¡Ah!, y avísame cuando quieras verme.

No respondió.

Quinn se limitó a desviar la mirada e ignorarla prácticamente, mientras la latina se apartaba de ella saludando a quienes aparecían en su camino.

No supo que hacer.

Ver como Santana se perdía entre la multitud y lo dificultoso que parecía ascender por las escaleras repletas de parejas, la pusieron en la tesitura de no saber si seguir con la búsqueda de Rachel, o abandonar aquella estúpida fiesta y volver a llamarla desde el exterior.

El ruido, el agobio de la música sonando alto, y el volumen de la gente divirtiéndose, empezaban a pasarle factura.

Y no solo en aquella zona se palpaba aquel ambiente. La planta superior tampoco ofrecía ningún espacio de tranquilidad, exceptuando por varias habitaciones que permanecían abiertas a los invitados. Quizás por eso Brody se había encargado de llevar hasta allí a Rachel, y suplicarle que le acompañase en un pequeño respiro de paz en mitad de aquel alboroto.

—¿Estás bien? —preguntó Rachel viendo como el chico se dejaba caer en un pequeño sofá de lo que parecía ser una sala de estudio.

—Sí, pero, aunque no lo creas, me agobia mucho estar con tanta gente —sonrió tomando un sorbo de su copa—. ¿A ti no te agobia?

—La verdad es que un poco sí —se excusó observando el exterior de la casa por una de las ventanas que ofrecía aquella habitación—, siempre había oído hablar de estas fiestas y ahora que estoy en una de ellas, no estoy disfrutando. De hecho, estoy hasta nerviosa.

—¿Por qué? ¿Ocurre algo?

—No, nada, es solo que creo que no… Bueno, que no pertenezco mucho a este mundo. Me siento fuera de lugar.

—Bueno —se aclaró la garganta—, yo ya te dije que no dabas el perfil como chica Gamma, porque eres una persona que parece que tiene otros intereses en la vida. La mayoría de las chicas que están aquí, solo quieren ser populares.

—Yo también quiero ser popular.

—Pero por tu trabajo. ¿No es cierto?

—Eh sí —se giró para mirarle—, supongo que sí

—Eso es lo que te diferencia de ellas. Ellas solo buscan ser populares para ir a fiestas, conocer a mucha gente y lograr objetivos sin esfuerzo, sin talento alguno. Estoy seguro de que tú quieres llegar a ser alguien en el mundo del teatro por tus méritos, no por haber pertenecido a una fraternidad de superficiales niñas de papá.

—Sí, bueno en eso tienes razón. Jamás podré compararme con ninguna de ellas en ese aspecto. He luchado mucho por llegar hasta aquí. Muchas horas de ensayos, muchas horas dedicadas a la interpretación.

—Se nota —sonrió—, se nota que estás aquí por ser alguien importante, y es por eso por lo que no te sientes en tu mundo cuando estás en un sitio como éste.

—¿Y tú como te adaptas? —cuestionó interesada— Quiero decir, a pesar de lo superficial de todo, sabes que cantar en una competición de talento en la facultad puede abrirte muchas puertas, y es por eso por lo que yo estoy aquí. Pero, ¿y tú? ¿Cómo haces para soportar toda la fama que te persigue?

—Es un sacrificio que hago para poder llegar a Hollywood, nada más. Pero, aunque no me creas, estar aquí no es algo que me beneficie en lo personal.

—¿Por qué?

—Puede que me ayude a conocer gente, puede que la gente hable de mí y eso llegue a oídos de alguien importante, pero no es algo que a mí me interese para mantener mi vida. Sé que es un sacrificio lo que tengo que hacer, pero te aseguro que no compensa. Si por mí fuera estaría ahora en mi casa, jugando a los videojuegos con mis amigos.

—¿Y por qué has aceptado venir? —se interesó con algo de culpabilidad—, podrías haberme dicho que no te apetecía, no me iba a molestar.

—Si estoy aquí es precisamente porque tú ibas a estar —respondió sin perder de vista sus ojos—, no habría aceptado si fuese otra chica, te lo aseguro.

—Pero no tenías por qué, yo solo te lo dije por si te apetecía nada más.

—Me temo que no eres consciente de algo —musitó con dulzura—, ven siéntate aquí.

—No puedo Brody— respondió Rachel encontrando la mejor de las excusas al volver a mirar por la ventana—, tengo que estar pendiente, una amiga está a punto de llegar y le prometí que iba a recibirla.

—Ya te llamará cuando llegue —sonrió—, vamos ven quiero comentarte algo.

—¿Comentarme? —cuestionó aceptando la invitación y sentándose junto a él — ¿Ocurre algo?

—No, bueno sí lo cierto es que llevo varios días queriendo hablar contigo, pero no he encontrado la ocasión.

—Ah… ¿Ocurre algo?

—Estoy acostumbrado a ir a fiestas, pero nunca me ha invitado una chica como tú —respondió sin dejar de mostrarle su sonrisa más encantadora.

—¿Una chica como yo? —balbuceó Rachel tras ver como Brody no había dejado de acercarse lentamente.

—Eres increíble Rachel —susurró sin perderla de vista—, y todo este tiempo que hemos estado quedando por el baile y demás, me ha fascinado. No sé, creo que nos lo pasamos bien juntos. ¿Verdad?

—Eh sí, es genial quedar contigo, eres muy buen profesional y un buen chico.

—No paro de pensar en ti —fue directo—, me has conquistado.

—¿Qué? —volvió a mostrarse nerviosa— No, no he hecho nada.

—Eso es lo que tú crees —volvió a acercarse—. Rachel me gustaría conocerte mejor. Me gustaría que saliésemos a cenar algún día y no sé, me gustas mucho —susurró.

Pero aquel susurro lejos de encandilar a Rachel, le hizo de reaccionar y de un impulso se levantó del sofá rápidamente.

—Brody, no creo que esto esté bien, no entiendo que pretendes ni por qué me dices esas cosas. Yo… Será mejor que me marche a recibir a Quinn.

Justo en ese preciso momento, era el teléfono del chico el que sonaba en mitad de la habitación, y éste lo ignoraba. Su intención de detener la huida de Rachel, al parecer era mucho más importante, y no dudó en levantarse tras ella y detenerla.

—Espera, Rachel.

—Brody está sonando tu teléfono, será mejor que contestes —dijo tratando de acabar con aquella situación sin tener que dejar escapar alguna palabra indeseada. Pero el chico no tenía pensamientos de dejar que todo aquello acabase, así como así, y sin pensarlo la tomó por la cintura—. ¿Qué haces? —cuestionó incomoda.

—Rachel, me gustas —susurró acercándose, con una única intención que Rachel estaba viendo llegar y no conseguía detener.

Un beso.

Sintió que el aire se escapaba de sus pulmones y quedaba completamente paralizada tras sentir los labios de Brody sobre los suyos, buscando algo más de contacto.

Sus brazos, sus enormes y musculosos brazos conseguían bloquearla por completo mientras trataba de reaccionar, de saber que estaba sucediendo y el motivo que había llevado a aquel chico a hacerle una declaración de tal índole, con beso incluido.

Tuvo que soportar varios segundos de aquel gesto hasta que supo reaccionar apartándose, y destruyendo el beso ante la atónita mirada de Brody.

—Basta, basta, Brody —se excusó deshaciendo el abrazo al que la tenía sometida, y apartándose del chico rápidamente —¿Qué haces? ¿Por qué me has besado?

—Pensé que te gustaba —respondió tratando de sonar convincente.

—No, no me gustas, no de esa manera —le aclaró—. Ok, creo que será mejor que me marche.

—Rachel yo —suplicó en un último intento por mantenerla junto a él—. Lo siento —se excusó.

—No, no te preocupes —le liberó de una culpa que realmente parecía no sentir, al menos no por aquel beso—, todo está bien. Pero será mejor que me vaya, no quiero que mi amiga se vea sola abajo.

—Ok —susurró—. Pero, espera —volvió a detenerla antes de abandonar la habitación

—¿Qué?

— No me odies, por favor. Yo solo quiero que sepas que siento traerte problemas, y nunca te haría daño.

La confusión llegó al rostro de Rachel, que, tras el desconcierto por aquel beso y la confesión, volvía a sentir como todo perdía el sentido, y algo sucedía que se escapaba de sus manos.

—¿Por qué dices eso? Yo no te odio, Brody.

—Gracias —balbuceó sin dejar de mirarla—. Será mejor que vayas a por tu amiga —le respondió recuperando la copa del suelo, donde la había dejado antes de lanzarse hacia ella, y Rachel no tardó en abandonar aquella habitación desconcertada por lo ocurrido, y mucho más por la extraña reacción del chico.

Sin embargo, la confusión no iba a desaparecer de ella con tanta facilidad, no después de aquello y tras un nuevo encuentro. Esta vez con alguien que tenía otras intenciones por ella, otros planes, y que aparecía por sorpresa tras ella.

—Hey ¡Rachel! —exclamó Jane tras ver como la morena salía de la habitación, y se disponía a bajar la planta inferior.

—Ah, hola Jane —masculló aún nerviosa.

—Oye gracias, de verdad, gracias por lograrlo. Te aseguro que ahora sí tienes muchas opciones de entrar en el coro.

—¿Qué? ¿Por qué? ¿Qué he logrado?

—Por Quinn —sonrió—, he visto que las has convencido y ha decidido venir —lanzó una mirada a su alrededor—. ¿Dónde está?

—¿Quinn? —balbuceó desconcertada— No, Quinn aún no ha llegado, estoy esperándola.

—Sí ha llegado, yo misma la he visto entrar —explicó con total y absoluta serenidad —. Vi que se detuvo a hablar con Santana.

—¿Qué? —preguntó desconcertada.

—Te estaba buscando, y Santana le dijo que estabas por aquí, al menos eso es lo que me ha dicho. ¿Ocurre algo?

No, no ocurría nada hasta ese instante, en el que la curiosidad y el desconcierto la llevó a buscar el teléfono en el interior de su bolso, y descubrir como una llamada perdida aparecía en él.

—Oh dios —miró a su alrededor—. ¿Dónde está? ¿La has vuelto a ver?

—Pues no —mintió—. La vi subir y ya no la he vuelto a ver más. De todos modos, he estado ocupada recibiendo a algunas chicas —sonrió—. Búscala, estará por ahí divirtiéndose —le guiñó el ojo—. Buen trabajo.

Ni buen trabajo ni nada.

Aquello resultó tan confuso para Rachel que la única reacción que tuvo tras ver como Jane se alejaba de ella, era tomar el teléfono de nuevo y comenzar a llamarla mientras se aventuraba a descender por las escaleras repletas de chicos que le interferían en el paso. Pero algo iba mal, y no sabía por qué.

Apenas escuchó dos tonos cuando un pitido daba por finalizada la llamada, y le indicaba que se había cortado sin más.

Un nuevo intento ya en la planta baja volvió a confirmar sus sospechas. Quinn estaba cortándole la llamada, o al menos eso parecía indicar el las continuas interrupciones de los tonos que escuchaba, y que la dejaban cada vez más confusa.

—Hey, Berry —fue la voz de la latina la que la interrumpía en aquel momento de absoluta confusión—. ¿Dónde está Quinn?

—¿Qué? No, no lo sé, la estoy llamando, pero no me acepta la llamada. Me dijo Jane que habló contigo ¿Eso es cierto?

—Sí, y estaba buscándote, pero acabo de verla salir de la casa. ¿Qué le has hecho?

—¿Yo? Nada —respondió sintiendo como los nervios empezaban a pasarle factura.

—Pues será mejor que lo averigües. De nada nos sirve que venga y se marche así, sin más —amenazó.

—Voy a llamarla de nuevo —se excusó para apartarse de la amenazante y apabullante mirada de la latina, que no hacía otra cosa más que crearle una mayor confusión.

Una confusión que la llevó a salir de la casa para tener una mayor tranquilidad, y evitar el ruido ensordecedor de la fiesta. Pero su teléfono seguía sin lograr ponerse en contacto con el de Quinn, que al parecer no tenía intenciones de aceptar aquella llamada.

Solo tenía una solución fiable, y empezó a llevarla a cabo tras el cuarto intento de llamada; un mensaje pidiéndole algún tipo de explicación.

No necesitó enviarlo.

Apenas había escrito la primera de las palabras cuando percibió el ruido del motor de un coche que, por alguna razón, le llamó la atención. Y fue al lanzar la mirada hacia la calle, justo hacia donde procedía el ruido del coche, cuando descubrió el flamante Volkswagen rojo de la rubia abandonando aquella zona a marchas forzadas, a base de acelerones que rompían el escaso silencio de la noche que ya inundaba aquella zona.

—Quinn —susurró desorientada justo antes de volver a insistir con el teléfono, y llamarla de nuevo. Una llamada que, esa vez, si fue resuelta de la manera que deseaba y que la llevó a oír su voz a través del auricular— ¿Quinn? ¿Qué haces? ¿Dónde vas? Te estoy esperando —balbuceó atropellándose con las palabras.

—Rachel — respondió con la voz entrecortada—, olvídate de mí.