¡JK Rowling es nuestra reina! Y White Squirrel es su guardián.
Notas del autor: Muchos de ustedes dijeron que odiaban mi versión de Umbridge más que la versión del canon. A eso digo, ¡bien! Umbridge no sería una villana tan buena si no fuera tan poderosa, y mientras peor sea, será más satisfactorio cuando Hermione finalmente la haga caer. Así que hacerla más odiosa fue precisamente mi intención.
Capítulo 19
—Lo siento, señorita Granger —le dijo Madame Pomfrey—. La profesora Umbridge ha ordenado que la poción pimentónica no puede ser dada por razones "frívolas". Está disponible solamente para estudiantes mostrando síntomas de gripe.
Hermione no se molestó en protestar. Solo envió a Dobby al boticario en Hogsmeade a que comprara una. Desafortunadamente, sería sospechoso que comprara más de una a la vez, pero la haría aguantar el día, y el dolor seguramente la mantendría despierta en la tarde. Pero no sabía lo que haría si Umbridge decidía hacerla sufrir una noche extra. Probablemente podría preparar una poción pimentónica por sí misma si quería, y sintió que necesitaría un filtro calmante también. Pero no tenía el tiempo suficiente.
La segunda noche de detención fue tan mala como la primera, con el bonus de estar muerta de cansancio y su mano doliéndole peor que antes. Tomó diez segundos para que sanara después de cada línea al final de la noche, y dejó una leve marca roja e irritada. Umbridge solo chasqueó su lengua después de otras rigurosas ocho horas y le dijo que regresara la noche siguiente.
Dos mil ochocientos cincuenta y nueve. Había tallado esas palabras difamantes en su mano dos mil ochocientos cincuenta y nueve veces. Estaba bastante segura de que eso estaba prohibido por los Convenios de Ginebra, así como la ley civil, pero Dolores Jane Umbridge era intocable. Hermione alejó a sus amigos con más fiereza que la noche anterior. Estaba muy cansada para pensar en otra cosa que no fuera tarea. Cayó de golpe sobre su silla en su escritorio de su dormitorio. Sin importar cuanto quería dormir, tuvo que continuar y hacer lo del día siguiente para no ganar más castigos. Envió a Dobby a las Tres Escobas por más café, pero esta vez, recordando su error de la noche anterior, tuvo más cuidado. Sólo tomó unos cuantos tragos cada media hora, colocando un encantamiento calentador en la taza cada vez. Funcionó. Permaneció despierta toda la noche sin ansiedad. Claro, estaba tan cansada que no podía trabajar tan rápido como normalmente lo hacía, pero terminó el trabajo.
Hermione se sentía como un zombi el miércoles, incluso con otra poción pimentónica del boticario. Caminó por los pasillos adormilada, sin notar cuando el peligro se acercó.
¡SLAM!
—¡Perra! ¡No puedo creerlo!
No se sorprendió porque se estrellara contra alguien camino al almuerzo. Era cuestión de tiempo. Pero sí se sorprendió cuando se dio cuenta que el empujón fue a propósito. Se tambaleó mientras era lanzada con fuerza contra la pared, y levantó la mirada con sorpresa para ver a una furiosa Rebecca Gamp de pie sobre ella. Buscó a su alrededor por Harry y Ron, pero debieron separarse—. ¿Rebecca? —dijo.
—El mayor descubrimiento en transformaciones en medio siglo, ¡y tú tenías que arruinarlo para mí! —le gritó, empujándola contra la pared cuando intentó enderezarse.
—Rebecca, ¿de qué estás hablando? —dijo Hermione nerviosa.
—Sabes de lo que estoy hablando… ¡esto! —Colocó un periódico contra el rostro de Hermione. DESCUBRIMIENTO EN LEY DE GAMP: ¿MERECEDOR DE PREMIO O FALLA ÉTICA?
—¿Qué demonios…?
—Dicen que robaste mi investigación para lucir mejor.
—Rebecca, juro que no...
—Y están diciendo que el descubrimiento ni siquiera es una gran hazaña.
—¿Ellos qué…?
—Están empujando a que no nos otorguen los premios Gamp y Wenlock… ¡a ninguna de las tres!
—¡¿Qué?! ¿Lo están? —dijo Hermione con confusión—. No tenía idea. Umbridge dijo que escribió una carta denunciándome a mí. Nunca dijo nada sobre ti o Septima.
—¿Así que admites que fuiste tú? —La varita de Rebecca apareció en su mano. Hermione no estaba segura de cuando había pasado eso. Los ojos de la chica relampaguearon. Instintivamente fue por su propia varita, pero titubeó. No podía arriesgar ser descubierta luchando. Ya sería peligroso si era descubierta con alguien lanzándole maleficios a ella. Umbridge ciertamente intentaría torcerlo. Desafortunadamente, la decisión se salió de sus manos. En ese momento, escuchó un grito de —¡Oye! ¡¿Qué estás haciendo?! —y vio a Ron y Harry corriendo desde la esquina. Sabía cómo debía lucir esto: ella protegiéndose con temor poco característico de ella de una joven mayor y con más experiencia que tenía su varita apuntada a ella—. ¡Ron, no! ¡No! —intentó detenerlo, pero no fue lo suficiente rápida. Ron sacó su varita sin pensar y lanzó un maleficio a Rebecca, pero explotó sin daño contra un encantamiento escudo.
—Lárgate, Weasley —dijo Rebecca—. Tu pequeña amiga está intentando arruinar mi carrera.
—¡Yo no…!
—¡Baja tu varita!
—¡Ron, por favor para!
—Tú baja la tuya. Esto no te concierne.
—¡No si vas a lastimar a Hermione!
—¡Por favor, no quiero que nadie pelee!
—Hermione, ¿por qué no estás haciendo algo? —dijo Ron.
—Estoy tratando de discutirlo con calma —dijo Hermione.
—Iba a lanzarte un maleficio...
—A ti también, si no te callas —soltó Rebecca.
Harry parecía haber desaparecido. También había tenido su varita afuera al comienzo, pero se había contenido. Quizás había notado que Hermione no tenía la suya afuera, pero no sabía a donde había ido.
—¡Deja a Hermione en paz! —gritó Ron.
—¡Ron! Es en serio. Basta. Rebecca, no estoy intentando arruinar la carrera de nadie. Umbridge está contra mí, y usará cualquier método para lastimarme.
—Pues, será mejor que busques la manera de agraciarte con Umbridge...
—A la mier...
—¡Silencio! —lanzó Rebecca a Ron.
Y eso fue demasiado para Ron. Antes de que Hermione pudiera hablar de nuevo, comenzó a lanzar maleficios. Lucía como si estuviera gritando, pero los hechizos fueron debilitados por su incapacidad de pronunciarlos, y Rebecca se defendió con facilidad. Hermione intentó alejarse de la pelea, pero un maleficio de furúnculos perdido la golpeó en el rostro, y gritó adolorida y se hundió en el suelo.
—¡SEÑORITA GAMP! ¡SEÑOR WEASLEY!
Todos se detuvieron y miraron a la fuente del sonido. Ahí, en la entrada del pasillo, estaba Septima. Y a su lado, sin aliento, estaba Harry. Hermione suspiró con alivio y articuló, Gracias, en su dirección.
Claro, articuló él. Dudaba que tuviera idea de lo que estaba pasando, pero por lo menos pudo hacer algo sensato.
—¿Qué significa esto? —demandó Septima de Rebecca.
—Eh… —Rebecca miró a sus pies como una niña que había sido atrapada con su mano en la caja de galletas—. Hermione y yo estábamos hablando sobre el artículo sobre nuestra investigación que salió en el Profeta hoy.
—Ajá. Debió ser una gran "conversación" entonces. ¿Weasley? —preguntó.
—Atacó a Hermione, y yo… —dijo un Ron ya no silenciado.
—¡No es cierto! Tú me atacaste a mi...
—Tú la estabas amenazando...
—¡Ejem! —Septima se aclaró la garganta, nada como la falsedad de Umbridge—. Ya veo. Hermione, ¿qué pasó?
Hermione se puso de pie con cuidado—. Rebecca estaba muy enojada por el artículo —dijo ella—. Intenté discutirlo con calma con ella, pero entonces Ron llegó y comenzó una discusión más fuerte que… —miró entre los dos—... llevó a un intercambio de maleficios.
Septima lanzó una mirada severa a los tres y determinó que Hermione probablemente decía la verdad.
—Estoy muy decepcionada de ustedes dos —dijo ella—. Especialmente de ti, Gamp. Vi lo suficiente para saber quá ibas a lanzar. Espero más de mis estudiantes de maestría. Tu estudio independiente está suspendido por dos semanas. —Rebecca soltó una exclamación indignada, pero no dijo nada—. Tanto tú como Weasley pasarán detención conmigo esta noche, y cincuenta puntos de cada uno serán tomados. —Esta vez, fue Ron quien exclamó indignado, pero antes de poder decir algo, Septima se dirigió a Harry—. Potter, veinte puntos para Gryffindor por una respuesta adecuada a la situación. —Lo cual todos sabían que quería decir asegurarse de que Umbridge no fuera involucrada y por ir por ayuda—. Hermione, cinco puntos para Gryffindor por intentar resolver la situación de manera calmada. Ahora, creo que será mejor que te lleve a la enfermería.
—¿Por qué no luchaste de regreso? —murmuró Ron mientras caminaban—. Nunca aceptas eso de Malfoy.
—No puedo hablar de eso —murmuró de regreso. Podía ver que tanto Ron y Harry tenían miedo por ella. Podía ver que era fuera de carácter para ella, ¿pero qué más podía hacer? Había estado andando con pies de plomo, y lo odiaba—. Por favor, confíen en mi —agregó esperanzada. Parecieron aceptarlo, pero sabía que solo estaba comprando un poco de tiempo. Necesitaría decirles tarde o temprano. Madame Pomfrey revirtió la maldición rápidamente, puso un ungüento en su rostro para calmar el dolor, y pidió una comida para que no se saltara el almuerzo, pero no estaba contenta por el aspecto general de Hermione en ese momento. Claramente no estaba durmiendo, y su nivel de estrés era alto incluso para una estudiante de quinto año. La medibruja recomendó que descansara y durmiera la noche completa, lo cual ella aceptó sin comprometerse. Por suerte, no intentó mantenerla ahí por mucho tiempo.
Septima se saltó la hora del almuerzo para sentarse con Hermione y dijo a los chicos que fueran a almorzar para poder hablar a solas—. No acepto la violencia, Hermione, pero debo decir que me sorprendí de ti también —dijo su maestra favorita—. ¿Por qué no te defendiste? No te hubieras metido en problemas si era obvio que Rebecca era la agresora.
—No si tú me hubieras encontrado —dijo Hermione en voz baja—. Pero si hubiera sido Umbridge, hubiera sido diferente, y yo no puedo… no puedo arriesgarme.
Septima frunció el ceño—: Hermione, sé que algo te está pasando. Incluso los chicos pueden notarlo. Puede que no te sientas cómoda contándoles, pero espero que por lo menos puedas decirme a mí, o a Madame Pomfrey, o a la profesora McGonagall.
Era cierto, pensó. Se sentía más cómoda con Septima para ciertas cosas—. Es… es Umbridge —murmuró, y entonces, después de pensarlo por un momento, agregó—, Detenciones.
—¿Detenciones? —exclamó ella. Su mirada se dirigió a la mano de Hermione—. ¿Tú? ¿Cómo? ¿Qué pasó?
—Pero eso no fue lo peor.
—¿Qué?
—Umbridge… ella...
—Hermione, por favor, ¿qué pasa?
—¡Amenazó a mis padres!
—¿Qué?
Y entonces, todo salió de golpe: sus intentos fútiles de maniobrar a Umbridge, su pequeña victoria para Harry, las provocaciones persistentes sobre su investigación, aparentemente por venganza, las cartas denunciándola, las detenciones, y las amenazas legales contra su familia. Septima miró horrorizada a su estudiante favorita temblando de miedo y constantemente mirando detrás de su hombro. Nunca pensó ver el día en el que Dolores Umbridge rompiera el espíritu de Hermione Granger.
—¿Expulsarte y arrestar a tus padres por… por tu ausentismo? —dijo—. Lo siento, Hermione. No tenía idea de que harían… bueno, claro que lo harían, pero no de que podían...
—Lo sé. Casi entré en pánico cuando me dijo, pero tiene razón. Se llama "contribuir a la delincuencia de un menor" en el mundo muggle, y un sistema corrupto como el régimen de Fudge fácilmente podría lograrlo. No hay nada que pueda hacer. Y tengo que regresar con ella toda esta semana. —Septima sacudió su cabeza.
—No puedo imaginar lo que estás pasando. Desearía poder ayudar más, pero...
—Tampoco le agradas mucho a Umbridge. Lo sé.
—Hermione, no puedes dejar que te derrote de este modo. Debe de haber algo que puedas hacer para salir de la influencia de esa mujer sin poner en riesgo a tus padres. —Demonios, era una Slytherin, pensó Septima… y más lista que Dolores. Se supone que debería ser buena para esto.
—La hay —dijo Hermione—. ¿Recuerdas? Mi familia entera está planeando mudarse a Francia durante las vacaciones de Navidad. Estaré en el extranjero. Solo espero que no encuentre una excusa para deshacerse de mi antes de eso. Aún no se ha deshecho de Harry, así que probablemente estoy a salvo por ahora, pero...
—Lo sé, no es una certeza. —De repente, tuvo una idea—. Pero creo que hay algo que podrías hacer antes de eso.
—¿Como qué?
—¿Necesitas estar inscrita en un programa de estudios acreditado, no? Se que se rehúsan a contar a Beauxbatons, pero podrías por lo menos buscar a un tutor privado desde ahora.
Hermione le lanzó una mirada confusa—. Pero todos dicen que conseguir un tutor privado es casi imposible como hija de muggles.
—La palabra clave: casi imposible. Y eso es para el hijo de muggles promedio, no para Hermione Granger. A pesar de lo que dice Umbridge, todos en el campo saben lo brillante que eres. E incluso si eso no es suficiente por sí mismo, tendrás una mejor oportunidad si escribo una carta de recomendación por ti. Mi nombre quizás no tenga mucho peso aquí, pero sí lo tiene afuera. —Hermione la miró con sorpresa.
—¿Harías eso…? Yo… Gracias. ¿Cómo lo hago?
—Pondré una lista de tutores acreditados que creo estarían interesados en ti. Necesitarás escribirles y pedirles que comiencen de inmediato. Tus padres probablemente tendrán que firmar algo en algún punto. —Pero Hermione negó con la cabeza.
—Eso no es bueno. Umbridge está leyendo mi correo.
—¿Qué? —Septima estaba sorprendida, pero de nuevo…— Sé qué es lo que dice el rumor —se aventuró.
—Yo comencé el rumor, Septima. Sé que es cierto.
—¿Qué? ¿Co… cómo?
—Tengo una manera de hacer llegar mensajes a mis padres sin miedo de que sean interceptados. Cuando lo comparé con cartas enviadas por lechuza, las cartas por lechuza habían sido cambiadas.
Así que el rumor era cierto. Bueno, eso era cuestionablemente legal por lo menos, igual que todo lo demás que Dolores hacía, pero no tenían el poder de pararla—. Esos mensajes secretos que envías —preguntó—. ¿Existe la posibilidad de que puedas usarlos para escribir a los tutores?
—No, solo a mi familia. —Y a los Cuarteles, pensó Hermione—. No es bueno para más, a menos… —De repente, hubo una chispa en su mirada que indicaba una idea brillante—. Septima, ¿cómo envían las personas cartas si no tienen una lechuza?
—Hay una oficina de correos en Hogsmeade y otra en el Callejón Diagon.
—¿Y rentan apartados postales?
—Claro.
El rostro marcado por lágrimas de Hermione se iluminó en una gran sonrisa—. Septima, prepárame esa lista.
El resto del día pasó como un borrón para Hermione. Aunque estaba de mejor humor, rápidamente se desvaneció cuando su detención comenzó. Incluso con el dolor de cortarse la mano constantemente, era difícil no caer dormida sobre el pergamino teñido de sangre. Ya no estaba llorando o haciendo ruido, lo cual pareció frustrar un poco a Umbridge, pero continuó y continuó. Recordaba que la tercera detención de Harry había terminado rápido, pero esta continuó hora tras hora, y su mano continuaba tercamente sanándose, aunque apenas. Se dio cuenta muy tarde que el aplicar la esencia de murtlap temprano había calmado y mejorado la sanación de sus cortadas. Lo único que había hecho era alargar más su tortura.
No fue hasta la mitad de la quinta hora (tres mil quinientas siete) que su mano finalmente dejó de sanar y dejó delgadas líneas rojas de sangre en su piel. Se preguntó qué hacer. ¿Debería hablar o no? Resistió el impulso de limpiar su sangre por el mantel bordado.
Umbridge pronto notó que había dejado de escribir e inspeccionó su mano—. Sí, parece que comienza a comprender el mensaje —dijo—. Eso es suficiente por hoy. Quiero verla de nuevo mañana en la noche, por supuesto. Puede irse.
—Gracias, profesora —dijo Hermione exhausta.
La sala común estaba tranquila pero no desierta cuando regresó esta vez, y unas cuantas personas miraron en su dirección cuando atravesó el agujero del retrato. Naturalmente, sus amigos dieron un salto para saludarla con expresiones preocupadas.
—¡Hermione! ¡Regresaste! —se apresuró George a ella—. Harry estaba diciendo que no tomaría tanto la tercera noche. ¿Estás bien? ¿Ella…?
Ella levantó una mano para detenerlo—. George, lo que sea que tengas que decir, puede esperar hasta la mañana. Estoy a punto de quedarme dormida parada.
—Oh. Bueno, entonces… buenas noches. Descansa, Hermione. —Lucía cabizbajo, pero la besó en la mejilla y la dejó irse.
Envolvió su mano en el pañuelo bañado con murtlap de nuevo cuando llegó a su cuarto. No era probable que prolongara su detención más a esas alturas, y necesitaba el alivio al dolor ahora. Después de pedir a Parvati que la despertara a las ocho de la mañana, agradeciendo a Dios que había logrado adelantar su tarea un día, se quedó dormida aún vestida sobre su cama.
Parvati la despertó no a las ocho, sino solo dos horas después recordándole que tenían que ir a clase de Astronomía. Hermione soltó maldiciones a tal volumen que sus compañeras retrocedieron asustadas, pero aún fue porque no quería ser citada por faltar a clase. Caminó con dificultad a la torre de Astronomía, donde la profesora Sinistra le lanzó una mirada y le preguntó si estaba bien. Harry y Ron de inmediato saltaron a explicar sobre las detenciones antes de que pudiera protestar, pero eso resultó ser algo bueno porque la profesora Sinistra escribió una nota para que regresara a la cama al instante. Hermione honestamente podría haberla besado.
No tuvo el lujo de dormir dieciséis horas como la última vez que había pasado dos noches sin dormir, pero después de diez horas sin interrumpir, se sentía razonablemente descansada, aunque no al cien por ciento. George era el más contento. Le dio un ardiente beso para el que no estaba lo suficiente despierta en cuanto tuvo la oportunidad y de nuevo le preguntó sobre sus detenciones. Ella respondió vagamente y dijo que había respondido mal antes porque estaba cansada y adolorida y consternada porque Umbridge la hubiera maniobrado tan completamente, sin querer dar detalles específicos sobre su plan aún.
—¿Quieres que nosotros…? —comenzó a decir.
—¡No!
—Vamos, Hermione, tienes que dejarnos hacer algo —protestó él—. Es mi deber como tu novio y nuestro deber como bromistas de la escuela.
—Por favor, no esta vez, George. Umbridge es muy buena. No pueden desafiarla directamente. Sólo les causará problemas.
—Pero...pero… ¿y si robamos su pluma?
—¿Y la quemamos? —agregó Fred.
—Eso la detendría, ¿no? —Hermione negó con la cabeza.
—No. Ella la inventó. Siempre puede hacer otra, y eso solo la hará enojar más.
George frunció el ceño con pesadez. Sabía que tenía razón, sin importar cuanto le disgustara—. ¿Entonces que podemos hacer? —preguntó—. No soporto verte así.
—Yo tampoco —dijo Fred.
—El ED. Así es como luchamos contra ella… lo que hacemos en las sombras. Cualquier cosa que podamos hacer para arruinar su agenda es una victoria… —Sonrió entonces—. Además, no quieren arriesgar meterse en problemas dos días antes del primer partido de quidditch, ¿no lo creen?
Eso hizo sonreír a George de regreso—. Eso es cierto —dijo—. Oh, y casi lo olvidé. Toma. —Le entregó un brazalete—. Un Brazalete Fantasía actualizado. Te ves como si lo necesitaras. Sólo dinos como sale, ¿de acuerdo?
Hermione estaba agradecida, pero lo guardó para esa noche, después de su detención. Mientras tanto, Septima aparentemente trabajaba rápido, y pasó una lista de nombres a Hermione durante la hora del almuerzo. Gracias a Dios tenía a alguien de su lado con verdadero poder. Hermione no tuvo mucho tiempo de hacer algo con eso, pero sí tuvo algo de tiempo después de Herbología para poner su plan en acción.
—¿Dobby?
¡Pop! Se sorprendió un poco cuando escuchó las primeras palabras que salieron de la boca de Dobby—, Señorita Hermione, yo creo que no debería tomar tanto café. Se enfermará si no duerme más.
—Eh… está bien, Dobby —dijo ella—. Terminé con eso por ahora. Te llamé por algo más.
—Oh. —Dobby lucía algo incómodo ante su propia impertinencia—. ¿Cómo puede ayudar Dobby, entonces?
Le entregó un par de galeones y unos cuantos sickles—. Quiero que vayas a la oficina postal en Hogsmeade y rentes un apartado postal a nombre de… —Se detuvo y consideró las posibilidades, y entonces sonrió—. A nombre de Arquímedes. Si hay algún formulario que haya que llenar, tráemelo… a menos que esté en detención. En ese caso, espera a que regrese a mi dormitorio.
—¿Necesita otra manera de enviar correo, señorita?
—Sí, voy a necesitar enviar mensajes seguros a personas que no sean mis padres o la Orden. Necesito escribirles primero, así que rentaré el apartado postal por ahora.
—Sí, señorita Hermione.
La oficina de correos sí requirió algunos formularios… y tres galeones al año… pero fueron sencillos y, lo mejor de todo, no eran exigentes sobre el pseudónimo mientras pagara. Pronto, era la orgullosa dueñas de la dirección:
Apartado postal 314
Hogsmeade, Escocia
Y aún tenía que ir a detención.
Las cortadas en su mano se abrieron y comenzaron a sangrar sin sanar en media hora, pero Umbridge le dijo que continuara. No había manera de evitar que la sangre cayera sobre el mantel, aún si no era mucha, pero a la mujer no pareció importarle. Aun así, dejó que Hermione se fuera después de dos horas, dejándole la noche libre para hacer lo que quisiera. Comenzó besando a George con todo lo que pudo enfrente de la sala común entera cuando regresó porque le informó que él y Fred le habían guardado comida de la cena.
Le dijo el plan de ella y Septima a sus amigos esa noche en estricta confidencia sin dar muchos detalles sobre porque lo estaba haciendo. Sus reacciones variaron entre consternación porque los dejaría antes (no habían pensado mucho sobre el hecho de que estaba planeando pasar el semestre de primavera en Francia) a interés en como un tutor privado sería diferente comparado con Hogwarts. Harry dijo que pondría palabra a favor de ella, excepto que eso probablemente sería contraproducente por el momento.
—Sería bueno, hacer eso —dijo Ron—. Quiero decir, no quiero tener que estudiar solo, pero podrías ir a Hogsmeade cuando quisieras.
—Pero no hay quidditch —señaló Fred—. ¿Quién querría vivir así?
—Bueno, solo serían unas semanas a lo mucho —respondió ella rodando sus ojos. Y si todo salía bien, no sería necesario.
—Oye, ¿no podrías hacerlo por todo el semestre de primavera? —dijo George.
Hermione se volteó y lo miró.
—Quiero decir, entonces estarías en el país, y podrías visitar durante los fines de semana de Hogsmeade.
Ella se puso de pie de golpe. Casi se fue corriendo a su cuarto, pero se detuvo el tiempo suficiente para besarlo en la mejilla—, Por eso eres el gemelo listo.
—¡Oye! —escuchó gritar a Fred mientras corría arriba. Pronto llegó a su dormitorio y escribió una nota rápida.
Queridos mamá y papá:
¿Sobre vender el consultorio y mudarnos a Francia? Esperen en hacer algo final a menos que sea absolutamente necesario. Quizás tengamos que cambiar nuestros planes rápidamente. Larga historia. Se los diré cuando sepa más.
Con amor,
Hermione
Ese era un buen comienzo, así que pidió a Dobby que la entregara de inmediato mientras comenzaba con las cartas para la lista de tutores que Septima le había dado. Si escribía una carta base y la copiaba a cada uno, probablemente podría terminar esa noche. Era una lista corta. Su mano dolía por las cortadas y se entumió por todo lo que había estado escribiendo, pero por lo menos no estaba escribiendo esas mismas cuatro palabras una y otra vez de nuevo.
Le tomó tiempo escribir una carta que sonaba respetuosa, conocedora, y muy interesada sin sonar desesperada. Septima le había ayudado escribiendo algunos puntos para ayudarla, lo cual era bueno porque había cierta etiqueta que tenía que ser observada que probablemente era una mezcla de tradiciones sangre pura y un legado del antiguo sistema de aprendices. Aunque sí escribió algo extra: una pregunta amable sobre como la acreditación había cambiado bajo el Decreto Educacional Número Veintiuno y como cualquier paso nuevo en el proceso la involucraría. Era una pregunta que parecía ser poco informada, pero no una que un novato por completo preguntaría. Esperaba poder ver en las respuestas lo fácil o difícil que sería para el Ministerio revocar la acreditación de un tutor solo para fastidiarla. Aunque se preguntó, si la sacaba de Hogwarts donde no "corrompería" a ningún estudiante, ¿en verdad le importaría a Umbridge?
De cualquier modo, una vez tuvo una carta que consideró buena, comenzó a escribir las copias que necesitaba. Fue entonces que Dobby le entregó la respuesta de sus padres a su nota. Frunció el ceño cuando la leyó. Debió darse cuenta de que eso los preocuparía.
Querida Hermione:
Esperaremos a hacer la venta si eso quieres; aún hay tiempo en el proceso, pero necesitas decirnos si algo malo está pasando. ¿Estás en peligro en la escuela? ¿Algo está pasando en casa? No comprendemos porque nuestros planes de irnos del país serían un problema de repente, y esperamos que estés bien en Hogwarts.
Con amor,
Mamá y papá
Querrían una respuesta esa noche. Supo eso incluso antes de que Dobby lo mencionara. Tomó otro pedazo de pergamino y comenzó a escribir:
Queridos mamá y papá:
Parte de ella quería escribir una carta larga detallada con… bueno, no todo lo que estaba pasando, pero gran parte. Pero de algún modo, no pudo hacerlo. Las detenciones habían estado pesándole tanto toda la semana que ni siquiera quería pensar sobre eso. ¿Y qué dirían sus padres cuando les dijera? Había apenas mencionado las detenciones de Harry con tan poco detalle como pudo. No, esperaría a darles detalles hasta después.
Problemas con Umbridge. Nada de peligro real, pero quizás necesite reevaluar mis planes para el semestre de primavera. Escribiría más, pero he estado extremadamente ocupada esta semana. Les explicaré cuando tenga respuestas.
Con amor,
Hermione
Con suerte, eso los calmaría. Su detención final fue tan tranquila como era posible, y cuando terminó, se sintió más ligera. ¡Finalmente estaba libre! Decidió celebrar probando el nuevo Brazalete Fantasía de los gemelos. Fue muy agradable, pero se sintió incómoda con lo atrevida que su subconsciente hizo la fantasía. Eso parecía algo que deberían ajustar, pero George y Fred probablemente dirían que no era una falla, sino una función especial.
El sábado, Hermione finalmente pudo prestar atención al resto del castillo de nuevo. Apenas recordó el partido de quidditch… el siempre eventual partido entre Gryffindor y Slytherin que daba comienzo a la temporada… pero aparentemente, era de gran importancia. Slytherin había tratado de lanzar maleficios a los jugadores de Gryffindor en los pasillos en numerosas ocasiones, a lo cual Snape había hecho la vista gorda. Habían estado molestando a Ron en particular porque era el jugador más nuevo y no estaba acostumbrado. Harry, en contraste, apenas parecía notar sus insultos, y cuando lo hacía, respondía tan bien como recibía. Esa mañana, la mitad de la escuela estaba vestida de rojo y verde, y Luna usaba un sombrero que parecía la cabeza de un león de tamaño real, y que rugía en comando. Luna era del tipo artístico, recordó.
Hermione, sin embargo, decidió dar una visita breve a Septima antes del partido. Se habían saltado su lección de estudio independiente, pero necesitaba agradecerle por ayudarla durante la semana y ver que estaba pasando con otros asuntos.
—Rebecca aún está furiosa —dijo Septima—. Le he advertido que se mantenga alejada de ti, y creo que he logrado que acepte que no es tu culpa, pero aún está enojada, y no está lidiando con esto muy bien, aunque admito que no puedo culparla mucho. Este debería ser el logro más importante en la carrera de un investigador, pero… bueno, puedes ver lo que la presión del Ministerio puede lograr. No estoy contenta, pero estoy segura de que está dirigido a mi tanto como a ti, así que se a quién culpar.
—Aun no comprendo porque Umbridge fue tras Rebecca después de todo, a menos que fuera para atacarme a mí —dijo Hermione—. ¿Qué piensas que pase?
—Si el Ministerio continúa poniendo presión en las publicaciones, me temo que caerán. No porque crean las mentiras… por lo menos espero que no… pero porque Fudge puede poner su posición en Gran Bretaña mágica inaguantable si pone su mente en eso. Será difícil que lo aprecies, viviendo en el mundo muggle, pero el Ministerio controla todo en este país… no directamente, pero son amigos de personas que sí.
—¿Así como todos los políticos corruptos y los hombres de negocio juegan golf juntos? —sugirió.
—¿Golf? ¿Es un juego muggle?
—Eh, sí. Pero bueno, comprendo. ¿Y qué crees que debamos hacer?
—No lo sé. Si tenemos suerte, solo pasará. Umbridge ya te tiene en la mira por lo que hiciste con lo del quidditch. Si no se calma, no hay mucho que podamos hacer. No es justo para Rebecca… por muy enojada que esté con ella… pero la política ensucia todo tarde o temprano. —Hermione no dijo nada y dejó que la idea flotara por un momento.
—¿Te duele la mano? —preguntó Septima con gentileza, notando las marcas rojas.
—Un poco. He estado tratándola con esencia de murtlap toda la semana, así que el dolor no es tan malo, pero no creo sane por completo. —Septima sacudió su cabeza.
—Nunca pensé que sería capaz de eso cuando estuvimos en la escuela. Aunque quizás debí verlo. Y cuantas veces debió tomar escribirlo...
—Cuatro mil ciento noventa y tres —dijo Hermione, y Septima palideció—. Lo siento —agregó.
El gran total fue cuatro mil ciento noventa y tres líneas cuando terminó el viernes en la noche. Estaba segura de que tendría una cicatriz que leería No debo decir mentiras en su mano por el resto de su vida, igual que Harry. ¿Quién hubiera pensado que recibiría una cicatriz de guerra sin luchar en una? Si se quedaba en Gran Bretaña, el Ministerio haría cambios tarde o temprano. Se aseguraría de eso. Pero por lo menos, si jugaba sus cartas bien, nadie podría obligarla a recibir esa tortura de nuevo. Harry aún estaba en riesgo.
—¿Y cómo está Georgina? —preguntó, esperando un tema más ligero.
—Le está yendo bien en sus clases —dijo Septima—. Es brillante en Aritmancia… me preocupo por ella, por supuesto.
—Claro —dijo ella en acuerdo—. ¿Por Umbridge o…?
—Por todo. No estoy tan preocupada por Umbridge, realmente. Georgina solo está en segundo año, y está en Slytherin. Le he dicho que mantenga su cabeza baja y Umbridge probablemente la ignore aún si es mi sobrina nieta. Pero lo demás… bueno, ambas sabemos que Quien-Tú-Sabes sigue afuera. Se va a volver peligroso para todos pronto, estén involucrados o no. Y además… bueno, está en Slytherin. Recuerdo como fue en la última guerra. Quien-Tú-Sabes reclutó bastante entre los Slytherin, justo bajo nuestras narices. Intentamos detenerlo, por supuesto, pero solo es tanto lo que podemos hacer. Cualquiera que hablara en su contra en Slytherin aprendía rápidamente a no hacerlo de nuevo. Aquellos que se mantenían al margen solían estar bien… a menos que fuera especialmente talentosos, y Georgina lo es.
Hermione asintió—. Puedo verlo.
—Comenzará con cosas pequeñas… lavado de mentes por los estudiantes mayores, creando presión para unirse a la guerra si esto continúa hasta su quinto año, Merlín lo prohíba.
En tres años. Hermione se estremeció. No quería pensar en que durara tanto tiempo.
—Así que, básicamente, estoy preocupada de que se meta hasta el cuello sin nadie que la proteja… o que necesite defenderse en general y...
—Y mira de quien recibe lecciones de Defensa —terminó Hermione.
Septima asintió. Se sentaron en silencio y bebieron su té mientras una idea loca entraba a la mente de Hermione. Sonó como una locura al principio. Primero, Georgina solo estaba en segundo año. Pero era una estudiante brillante, y Dennis Creevey también estaba solo en segundo año. Además, ¿sería aceptada una Slytherin? Pero si estaba buscando unidad entre las casas, quien mejor que una Slytherin por quien Hermione podía dar fe personalmente, y quien también era la sobrina nieta de una profesora que era conocida por ser más justa que Snape. Más importante, ¿Georgina, o Septima de hecho, estarían de acuerdo?
Bueno, no dolía intentarlo. Confiaba en Septima lo suficiente.
—Septima —dijo—, si hubiera, hipotéticamente, una manera para que Georgina recibiera instrucción en Defensa adecuada… erm, ¿qué pensarías sobre eso?
Septima entrecerró sus ojos con sospecha—. Pensaría que, hipotéticamente, eso probablemente sería una ofensa expulsable bajo las reglas actuales de la escuela. Estoy segura de que nuestra Suma Inquisidora no aprobaría de un grupo de estudio de tal naturaleza.
—Estoy segura de que no. Pero estaba pensando… hipotéticamente… en algo más expulsable, pero también protegido por un contrato de secretismo mágico y otras medidas de protección confiables para no ser descubierto por los maestros… Filch y Umbridge en particular.
Septima elevó las cejas, y Hermione sonrió—. En esa situación —dijo Septima con cautela—, de manera definitiva querría saber exactamente cuáles son las consecuencias de romper ese contrato.
Hermione tomó una decisión rápida. Había sido vaga con todos los demás, pero una Slytherin (y una tía abuela responsable) querría saber las consecuencias exactas—. Nada muy dañino. Estoy segura —dijo—. Solo un mal caso de acné que escribe "SOPLÓN" en el rostro.
Eso pareció sorprender a Septima de nuevo—. Quizás debiste tomar la oferta del Sombrero Seleccionador de ir a Slytherin —dijo, a lo cual Hermione rodó los ojos—. De cualquier modo, si Georgina está dispuesta a aceptarlo, lo cual sospecho sería el caso, y yo confiara en la persona que escribió el contrato y colocó las protecciones, creo que estaría bien que tomara tal riesgo, aunque estaría interesada en qué protecciones una estudiante de quinto año cree poder colocar que detendrían a un oficial del Ministerio determinado.
Hermione solo sonrió y dijo—, No me has enseñado todo lo que sé, Septima.
Ella sonrió de regreso—. Ya veo. Buena respuesta… para una Slytherin.
—Si crees que pasaría una noche en la misma mazmorra que Draco Malfoy, estás muy equivocada. Pero gracias. Si soy honesta, pensé que me rechazarías de inmediato.
—No creas que es una decisión fácil, Hermione, pero es una que todo padre, o en mi caso tía abuela, debe de tomar en momentos como este. Me preocupo más porque Georgina aprenda a defenderse de manera adecuada que el riesgo a una expulsión la cual, si hay justicia en el mundo, sería revertida antes de su año TIMO. Dicho eso, si sus padres se llegaran a enterar, negaré todo y les diré que discutí vigorosamente en contra.
Hermione soltó una risita incómoda, pero tenía su respuesta. Probablemente hablaría con Harry más tarde y lo discutiría con él antes de hacerlo, pero tenía un buen presentimiento.
—Honestamente, debería estártelo agradeciendo, Hermione —continuó Septima—. Alguien tiene que enfrentarse a la maldad y corrupción "hipotética" en este mundo, especialmente en tiempos oscuros como este. —Suspiró con pesadez—. Siento que estoy muy vieja para esto.
—No eres tan grande, Septima.
—Quizás no, pero después de ver una guerra y señales del comienzo de otra, así se siente. Y mi cumpleaños cincuenta viene en el semestre de primavera.
—¿Cuándo es tu cumpleaños? No creo nunca habértelo preguntado.
—Es el ocho de febrero.
—Así que… ¿exactamente nueve meses después del día de la victoria? —Septima se rio.
—Nada se te escapa, ¿verdad?
—No realmente. Aunque hubiera adivinado que eres diez años más joven si no me hubieras dicho que fuiste compañera de cuarto de Umbridge en la escuela.
Ambas se rieron de eso.
—Y, ¿tienes más familia? —preguntó Hermione. Honestamente no sabía mucho sobre la familia de Septima además de Georgina.
—No, no, solo Georgina y sus padres y mi hermano… nunca me casé ni nada… Cuando era joven… cuando comencé a enseñar aquí… consideré casarme y comenzar una familia. Entonces llegó la guerra, y perdí un poco ese sueño. Para cuando terminó, era feliz aquí, y ya no estaba interesada. Y en el 83, Georgina nació, y pensé que era suficiente para mi… por un tiempo —agregó, aparentemente para sí misma.
—¿Por un tiempo? ¿Qué cambió? —preguntó Hermione, esperando no estarse sobrepasando.
—Te conocí a ti —dijo ella. Silencio cayó por un momento, y entonces agregó—, recuerdo verte, once años, llena de entusiasmo interminable, y la niña más brillante que hubiera conocido. Eras casi como la hija que siempre desee tener… Lo siento, no debería estar soltando mi carga personal en ti.
—No me molesta, en serio. Somos amigas, ¿no?
—Sí, supongo que lo somos, por extraño que sea. Incluso ahora, me pregunto si podría… cincuenta no es muy tarde para comenzar para una bruja, pero está cerca. Pero ahora viene otra guerra, y… bueno, no sé...
Hermione no estaba segura de cómo responder a eso. Raramente pensaba sobre el hecho de que muy pocos maestros en Hogwarts estaban casados, mucho menos por qué. ¿Cuántos de ellos eran solteros comprometidos como Dumbledore parecía serlo, y cuántos eran producto de vidas y sueños interrumpidos como Septima? Sentía que debía decir algo, a pesar de ser mucho más joven—. Realmente no sé qué es lo correcto para ti, Septima —intentó—, pero… pero sé una cosa, y es que solo pude aceptar estar con George deshaciéndome de mi incertidumbre sobre el futuro y no permitiendo que tomara control de mi vida.
Septima le mostró una sonrisa débil—: Creo que eso es más fácil para una Gryffindor.
—¡Uj! ¿En verdad tenemos que continuar definiendo a las personas por sus casas? —soltó.
—Ya, ya, pero aún eres más valiente que yo.
—No me siento tan valiente en este momento.
—Ciertamente sonaste así hace unos minutos. No dejes que una derrota, incluso una tan profunda como esta… —Señaló a su mano—... te haga caer. Si puedes pasar por esto y seguir enfrentándote a Umbridge de otro modo, aún si a sus espaldas, eso es muy valiente de tu parte… hipotéticamente, por supuesto. —Hermione se levantó y la abrazó.
—Muchas gracias, Septima. —Entonces, revisó su reloj—. ¡Oh no! ¡Vamos a llegar tarde al partido!
—¡Ups! Será mejor que nos apresuremos. No quiero tener que explicar a Snape el porque me perdí la victoria de Slytherin.
—Ja ja.
Ambas se apresuraron al campo de quidditch y llegaron justo cuando el partido comenzaba. Parecía un partido normal de quidditch al comienzo… hasta que los Slytherin comenzaron a cantar. Eso era extraño. Hermione no pudo distinguir las palabras al principio mientras se apresuraba a su asiento, pero pronto escuchó el coro:
A Weasley vamos a coronar.
A Weasley vamos a coronar.
Y por el aro se le cuelan todas.
A Weasley vamos a coronar.
—¡Oh no! —gruñó Hermione. Ya era suficiente malo que los Slytherin estuvieran provocando a Ron toda la semana, pero ahora, estaban atacando su confianza durante el partido. ¿Ese tipo de abucheos estaba permitido? No pararon todo el partido, cantando sobre cómo nació en un basurero y que no atrapaba nada. Lo sacó de su juego… el cual Harry y Ginny insistían era bastante bueno cuando estaba confiado… y realmente dejó pasar todas las quaffle. El partido solo fue salvado cuando Harry capturó la snitch antes de que estuvieran muy atrás, pero al momento en que lo hizo, Crabbe lo golpeó con una bludger que le pegó directo en su espalda y lo tiró de su escoba.
—¡HARRY! —gritó ella. Se apresuró al campo para ver si estaba bien. Para su alivio, se puso de pie cuando llegó a él, pero entonces, Malfoy comenzó a burlarse de los Gryffindor, y antes de saberlo, Fred y George intentaron atacarlo. Angelina y Harry los sostuvieron, pero entonces Malfoy dijo algo más que hizo que Harry y George lo atacaran.
—¡GEORGE! ¡NO! —gritó, pero fue muy tarde. Harry y George estaban siendo llevados a la oficina de la profesora McGonagall antes de que pudiera llegar a ellos, y sintió su estómago retorcerse cuando vio a Umbridge siguiéndolos unos minutos después.
Fred le dijo todos los insultos de Malfoy con detalle gráfico… tal rio de improperios que Hermione tuvo que preguntarse si no había sido planeado por Umbridge, ya que Malfoy normalmente no era tan malo y tenía más cuidado de no ser golpeado en el rostro. Comenzó con llamar "gorda y fea" a la Sra. Weasley y "perdedor" al Sr. Weasley, y avanzó a la casa de los Weasley oliendo como una porqueriza y finalmente insinuando que la mamá de Harry (al ser hija de muggles) olía igual de mal, lo cual provocó a Harry. También quiso golpear a Malfoy después de eso, pero estaba horrorizada al imaginar que terribles castigos había soñado Umbridge para ellos.
Estaba a punto de descubrirlo. Harry y George entraron a la sala común, luciendo tan pálidos como fantasmas.
—¡Harry! ¡George! ¿Qué dijo? ¿Qué les hizo? ¿Más detenciones?
—Peor —dijo Harry con voz apagada.
—Sí, mucho peor —dijo George en eco—. Freddie, ven aquí. No sé cómo decirte esto, pero… pero el sapo te dio el mismo castigo. Dijo que hubieras golpeado a Malfoy si Angie no te hubiera parado.
—Pues, tiene razón ahí —gruñó él—. ¿Qué nos hizo?
—Ella… ella… —George estaba atragantándose con sus palabras. Parecía estar a punto de llorar.
—Ella nos prohibió el quidditch —escupió Harry.
—¿QUÉ? —la mitad de la sala común soltó una exclamación de sorpresa.
—Prohibidos de por vida —agregó—, y confiscaron nuestras escobas.
—¿QUÉ?
—¡NO!
—¡No puede hacer eso!
—¡No puede! —protestó Hermione—. Por favor dime que no puede hacerlo, George.
—Lo hizo —murmuró él—. Y McGonagall no la detuvo.
Hermione se colapsó en su asiento (así como los chicos)—. ¿Pero confiscó sus escobas?
—Eso hizo.
—No puede ser… debe haber algo malo con eso —exclamó. Tenía que haber algo que pudiera hacer. Era su mejor amigo, su novio, y el gemelo de su novio. Debía haber algo que pudiera hacer para ayudarlos. Umbridge continuaba lastimando a las personas que le importaban, y se sentía impotente. Esa mujer había sacado toda la diversión de la vida de Harry ahora. Debía haber una manera en la que pudiera luchar. Pero no podía acercarse a Umbridge ella. No después de la semana que había tenido.
Pero quizás alguien más sí.
Impulsada con un propósito repentino, se puso de pie de golpe y caminó fuera de la sala común, directo a la oficina de la profesora McGonagall.
—Disculpe, ¿profesora? —llamó.
—¿Mmm? —McGonagall levantó la mirada. Parecía haber estado llorando, pero lo escondió rápidamente—. Oh, señorita Granger. Buenas tardes. Me temo que si está aquí sobre los castigos del Sr. Potter y los señores Weasley, no hay nada que pueda hacer. La profesora Umbridge tiene autoridad final sobre toda la disciplina.
—Lo sé, profesora. Sólo quería aclararlo un poco. ¿La profesora Umbridge en verdad tiene la autoridad de prohibir el quidditch a Harry, George, y Fred de por vida? No creí que los castigos pudieran llevarse al próximo año, y también está el mundo afuera de la escuela...
—Me temo, señorita Granger —la interrumpió McGonagall—, que mientras la profesora Umbridge permanezca como Suma Inquisidora, y mientras el Decreto Educacional sea vigente, puede detener a esos chicos de jugar quidditch en la escuela. Tiene razón en que no tiene autoridad directa sobre la Liga Nacional de Quidditch, pero con sus conexiones en el Ministerio, estoy segura de que puede convencerlos de otorgar la prohibición también.
—Ah, me temía que sería algo como eso, profesora. ¿Pero en verdad tiene la autoridad de confiscar sus escobas también? Esas son propiedad privada, y no son contrabando ni nada. No es como si prohibió el vuelo recreacional, así que aún podrían usarlas legalmente.
McGonagall se iluminó ante la idea, y comenzó a pensarlo—. Puede… puede que tenga razón sobre eso, señorita Granger. Me temo que estaba tan sorprendida antes que no lo pensé. Hablaré con la profesora Umbridge al respecto. Puede que invoque alguna regulación para mantenerlas encerradas en su oficina por ahora, pero estoy segura de que puedo obligarla a regresarles cuando los chicos se vayan de vacaciones de Navidad.
—Gracias, profesora. Me alegra que pudiera hacer algo por ellos. Oh, pero hágame un favor y no mencione mi nombre a la profesora McGonagall, por favor.
—Por supuesto que no, señorita Granger. Y gracias por traer esto a mi atención. Diez puntos para Gryffindor.
Su conversación con la profesora McGonagall la calmó un poco, pero Hermione aún estaba furiosa con la profesora Umbridge por todo lo que había hecho toda la semana. Y no resolvía realmente el problema de Harry para nada. Aún estaba completamente bajo sus talones… y también Hermione, por ahora.
Así que hizo lo que no había tenido tiempo ni energía de hacer toda la semana. Fue a la sala de los menesteres y atacó a un maniquí vestido de rosa hasta hacerlo pedazos.
