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Yo sólo era una chica que derramó un trago sobre tu camisa.
Y tú de nuevo eras el chico nervioso que me gustó en el bar.
Siempre seríamos ésos desconocidos perdidos.
Otra vez estaba aterrada.
Otra vez no sabía lo que me esperaría.
Pero a diferencia de ésa vez, sí sabía lo que quería.
Qué puedo decir.
Sencillamente llega un momento que entiendes todo.
Las lágrimas desperdiciadas.
Las citas que no llegaron.
Los besos que no te engancharon.
Todo tiene sentido, y entiendes...
El por qué nunca funcionó con nadie más.
Ah, por cierto...
...le dije que sí.
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