Aclaración:
Los personajes de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestados para la adaptación.
La historia es una adaptación, al final estará el nombre original y autor
Hay OOC
CAPITULO QUINCE
—¿Interrumpo algo? —preguntó Sasuke al día siguiente por la tarde. Entró en el patio de la casa de los Hyuga y enseguida se dibujó una mirada entre incrédula y divertida en su rostro.
Naruto trató de mirar a su amigo con mala cara, pero era sumamente difícil parecer amenazante con una diminuta tacita de té entre los dedos. Todavía resultaba más difícil teniendo en cuenta que estaba sentado a una mesa de tamaño infantil, con el cuerpo replegado sobre sí mismo, con las rodillas en contacto con el mentón y las nalgas apretadas en una diminuta sillita. Dirigió a Sasuke la mirada más seria que logró esbozar en tales circunstancias.
—¿Por qué? No, qué va, Sasuke. No interrumpes nada. De hecho, llegas justo a tiempo para unirte a nosotros. —Señaló una sillita vacía levantando levemente la barbilla—. Por favor, toma asiento.
Naruto casi se ríe a carcajadas al ver la expresión de horror en el rostro de Sasuke.
—Oh, no —dijo Sasuke—. No es nece...
—No digas tonterías —le interrumpió Naruto—. Insistimos. Sasuke, permíteme que te presente a la señorita Hima Hyuga, la mejor anfitriona de todo Halstead. Hima, te presento al señor Sasuke Uchiha, un buen amigo mío.
Hima miró a Sasuke desde debajo del ala de un inmenso sombrero adornado con plumas de colores.
—Encantada, señor Uchiha —le dijo con una dulce sonrisa—. Siéntese, por favor. Estábamos a punto de empezar a tomar el té. —Rodeó la mesa y sacó una sillita para Sasuke—. Puede sentarse aquí, al lado de la señorita Josephine Chilton-Jones.
Naruto vio cómo la mirada de Sasuke deambulaba entre la minúscula silla, la muñeca no demasiado limpia y la expresión expectante de la pequeña Hima. Consciente de que había perdido la batalla, Sasuke se acercó a la diminuta silla y se sentó con suma cautela. Las caderas le chocaban con los brazos de madera y, al igual que Naruto, las rodillas le llegaban a la altura del mentón.
—¡Maravilloso! —exclamó Hima, batiendo palmas entusiasmada—. Serviré el té mientras esperamos a que Killer B nos traiga las galletas. —Hima vertió el té ceremoniosamente en cuatro tazas y se las pasó a sus cuatro invitados. Sasuke miró perplejo su taza, del tamaño de un dedal, y contuvo la risa.
Killer B llegó con una bandeja de galletas y la dejó en el centro de la mesa.
—Buenas tardes, señor Uchiha.
Sasuke miró hacia arriba desde su postura encorvada.
—Buenas tardes, Killer B.
—¡Qué suerte que haya llegado a tiempo para tomar el té! —dijo el lacayo con expresión de absoluta seriedad. Hizo una reverencia y salió del patio.
Hima pasó la bandeja de galletas a los invitados, sin dejar de conversar, y fue rellenando las tacitas en cuanto se vaciaban —con un sorbo bastaba—, comportándose como una perfecta anfitriona. Cuando se dio cuenta de que la tetera estaba vacía, se excusó para volverla a llenar.
Solos en el patio, Sasuke miró a Naruto de soslayo.
—No lo digas, Sasuke.
—¿Que no diga qué?
—Lo que estás pensando.
Sasuke miró a su amigo entornando los ojos.
—De hecho, me estaba preguntando qué diablos te ha pasado en la cara.
Naruto lo fulminó con la mirada.
—Me he afeitado, por si te interesa.
Sasuke se quedó boquiabierto.
—¿Que te has afeitado? ¿Con qué diablos lo has hecho? ¿Con un hacha oxidada?
—Con una navaja de afeitar. Y te diré una cosa, creo que he hecho un buen trabajo. No es nada fácil afeitarse solo. Te recomiendo que valores más a tu ayuda de cámara. En cuanto llegue a Londres, pienso doblarle el sueldo a Sigfried.
—¿Y por qué no te has limitado a dejarte barba? —preguntó Sasuke pasándoselo en grande.
Naruto suspiró para sus adentros y deseó que Sasuke se limitara a guardar silencio.
—Tía Koharu me prefiere recién afeitado —dijo entre dientes—. Y Hima también.
—Ah, ya entiendo —dijo Sasuke asintiendo con la cabeza. Luego miró la mano de Naruto—. ¿Y ese rasguño en la mano? ¿Otra marca de la batalla contra la barba?
—Es un recuerdo del día que salí a pescar con los chicos.
Sasuke enarcó las cejas.
—¿A pescar?
—Sí, pesqué ocho peces y sólo me caí dos veces al río.
A Sasuke casi se le salen los ojos de las órbitas. Luego estalló en carcajadas. Rió hasta que empezaron a caerle lágrimas por las mejillas.
—¡Santo Dios, Naruto! —dijo por fin, secándose las mejillas con una servilleta de lino—. Pero... ¿qué demonios te está pasando? Tomas el té con niñas pequeñas. Te vas de pesca con muchachos. Te destrozas la cara. ¡Dios mío! Pero si no tienes ni idea de afeitarte, ni de pescar. Aún tienes suerte de no haberte rebanado el cuello. O de haberte ahogado en el río. ¿Acaso sabes nadar?
Sintiéndose insultado, Naruto contestó:—Por supuesto que sé nadar.
Sasuke volvió a estallar en carcajadas.
—Sasuke —el tono de aviso de la voz de Narutoerainconfundible.
—¿Sí?
—La única razón de que no te haya lanzado de bruces contra el suelo es que tengo el culo permanentemente pegado a esta maldita sillita de muñecas. Tal vez no pueda volverme a levantar nunca más. Pero, si lo hago, ten por seguro que haré que te arrepientas de tu falta de respeto.
Sasuke dio un mordisco a una galleta, haciendo caso omiso de las amenazas de su amigo.
—Lo dudo. Podría sacarte hasta la última libra que posees haciéndote chantaje con lo que he visto hoy. A propósito, estas galletas están para chuparse los dedos —añadió.
Hima regresó con una tetera humeante, y el grupo se pulió una taza tras otra, o un sorbo tras otro, del caliente brebaje y otra bandeja de galletas. Cuando se acabó la segunda tetera, Hima se levantó.
—Muchísimas gracias por acompañarme a tomar el té —dijo con una reverencia. Cogió a la señorita Josephine Chilton-Jones de la silla y la abrazó fuertemente—. Ahora debo acostar a la señorita Josephine. Buenas tardes, caballeros. —Y, asintiendo educadamente, salió del patio.
Naruto y Sasuke se miraron mutuamente. Al final, Naruto suspiró y dijo:—Necesito levantarme de esta silla. Tengo todo el cuerpo agarrotado.
Sasuke intentó incorporarse, en vano.
—Me temo que el culo se me ha quedado enganchado entre los brazos de la silla.
Naruto intentó levantarse, pero no lo consiguió.
—Bueno, esto es un verdadero tostón —comentó entre dientes—. Y, encima, necesito aliviarme desesperadamente. He debido de beber por lo menos cuarenta y tres tazas de té.
Sasuke rió.
—Cuarenta y siete. Pero, ¿para qué contarlas?
—¿Por qué están ahí sentados? —preguntó Tokuma mientras entraba en el patio.
Miró boquiabierto a los dos hombres y se dibujó una expresión de horror en su rostro.
—¡Ah, ya! Déjenme que lo adivine. ¡Hima les ha invitado a tomar el té! ¿Verdad?
Naruto esbozó una mueca de arrepentimiento.
—Eso me temo.
Sasuke se inclinó y se quedó mirando fijamente al chico.
—Pero... Tokuma, ¿qué diablos te ha pasado en la cara?
Tokuma se palpó la mejilla y dirigió una tímida sonrisa de complicidad a Naruto.
—El señor Uzumakson me ha enseñado a afeitarme.
—¿Que el señor Uzumakson te ha enseñado...? —Sasuke sacudió enérgicamente la cabeza—. Ya puedes darle las gracias a Dios, chico. Tienes mucha suerte de poderlo contar. Naruto no tiene ni idea de...
—¡Ejem! —Naruto dirigió a su amigo una mirada asesina para hacerle callar y luego se volvió hacia Tokuma.
—¿Y si nos echaras una mano para levantarnos?
—Con mucho gusto —dijo Tokuma. Se inclinó hacia delante y primero ayudó a Naruto y luego a Sasuke a desencajar las caderas de las diminutas sillas, intentando no romper éstas.
Sasuke levantó una de las sillas después de liberar las nalgas y dijo:—Resistente, para ser tan pequeña. Es increíble que haya podido soportar mi peso.
—Gracias, Tokuma —dijo Naruto frotándose los agarrotados muslos.
Tokuma dirigió a los dos amigos una sonrisa de complicidad.
—No hay de qué. He tenido que soportar más de una de las dichosas meriendas de Hima y estoy bastante familiarizado con esas horribles sillitas. —Cogió una galleta de la bandeja prácticamente vacía, se la llevó a la boca y entró en la casa a paso lento.
Sasuke recogió del suelo el paquete que había traído y apremió a Naruto:—Vamos, Naruto. Salgamos de aquí antes de que nos ocurra algo más.
Naruto asintió, y tomaron un sendero de piedra que se alejaba de la casa. Tras andar durante un rato, se detuvieron y se sentaron en un banco de piedra.
—¿Dónde está el resto de los Hyuga? —preguntó Sasuke, apoyándose en el respaldo del banco y estirando las piernas.
—Hinata, Hanabi y tía Koharu están en el pueblo, y Kou guardando cama. Ayer se cayó de un árbol.
—¿Está bien? —preguntó Sasuke.
—Sí, pero el médico le recomendó guardar cama durante todo el día de hoy. —A Naruto se le escapó una risita—. Creo que tanto encierro está matando al pobre muchacho.
Sasuke miró a su amigo con curiosidad.
—Pareces estar adaptándote bastante bien a la familia —dijo como quien no quiere la cosa—. Cuando hablamos por última vez parecías opinar de los hermanos Hyuga que eran unos gamberros ruidosos e ingobernables.
—Son unos gamberros ruidosos e ingobernables. Sencillamente, en cierto modo, me he acostumbrado a ellos. —Sonrió para sus adentros, pensando en la radiante y encantadora sonrisa de Hima cuando él le dijo que aceptaba su invitación para tomar el té. A pesar de las diminutas sillas, había disfrutado, y la alegría de la pequeña le había enternecido de una forma hasta entonces desconocida para él—. A los muchachos les falta pulir un poco los modales —comentó Naruto—, pero todos tienen un gran corazón. —«De hecho, son maravillosos.» Deslizó la mirada hasta el paquete que Sasuke había dejado en el suelo—. ¿Son ésas las cosas que te pedí?
Sasuke asintió con la cabeza y alargó el paquete a Naruto.
—Sí.
—Excelente. Necesitaba desesperadamente varias mudas de ropa más. —Se lamentó en silencio de la raja que se había hecho en uno de sus pantalones.
Sasuke arqueó una ceja.
—¿Ah, sí? ¿Por eso me pediste que te trajera un vestido? ¿Un vestido de muselina lila? ¿Con zapatos y complementos a juego?
Naruto dirigió a Sasuke una gélida mirada.
—El vestido es para la señorita Hyuga.
—¿Ah, sí? ¿Cuál de ellas? Hay varias, como tú bien sabes.
—Es para Hinata —dijo Naruto con voz tirante.
—Ah. Un regalo que se sale de lo corriente. Muy personal. Y bastante caro, para venir de un tutor. Has de saber que necesité una cantidad considerable de tiempo, esfuerzo, dinero e inteligencia para conseguir ese vestido. De hecho, casi necesito un acta parlamentaria para traértelo.
—Por descontado, te lo pagaré, hasta el último penique —dijo Naruto gélidamente.
—Preferiría que satisficieras mi curiosidad.
—Olvídalo, Sasuke —le avisó Naruto.
—Como quieras —dijo Sasuke sonriendo—. Sólo espero que Sakura no se entere de mi compra. Si llegara a enterarse, podría tener graves problemas. ¿Cómo demonios quieres que le explique que compré el vestido para ti? Seguro que cree que tengo una amante.
—Eres un hombre de recursos. Seguro que se te ocurre alguna excusa plausible. Ten por seguro que nunca oirá la verdad de mis labios. Ahora, cuéntame. ¿Cómo van las cosas por Londres?
—Ha habido bastante movimiento —contestó Sasuke—. De hecho, aunque no me hubieras pedido que viniera, tenía pensado venir. Uno de nuestros sospechosos, Kisame Hoshigaki, está muerto.
Naruto miró fijamente a Sasuke.
—¿Muerto?
Sasuke asintió.
—Suicidio. Lo encontraron en su despacho hace un par de días. Aparentemente, se metió una pistola en la boca y apretó el gatillo. El magistrado estaba a punto de levantar cargos contra él por el asunto del cargamento ilegal. Eso, junto con su ruina financiera, aparentemente le llevó al límite.
Naruto entornó los ojos.
—¿Y cómo sabes que no fue un asesinato?
—Al parecer, varios testigos le vieron la noche de su muerte. Estaba como una cuba, divagando sobre sus pérdidas financieras y profundamente abatido. Según explicó su mayordomo, Hoshigaki llegó a su casa a medianoche y se fue directo al despacho. El mayordomo oyó el disparo varios minutos después.
—¿Y si había entrado alguien por una ventana? —preguntó Naruto.
Sasuke negó con la cabeza.
—Imposible. Sólo había una ventana y estaba cerrada por dentro. Además dejó una breve nota a su mujer, pidiéndole perdón. Sin lugar a dudas, fue un suicidio.
—O sea que, en el caso de que Hoshigaki fuera nuestro hombre —reflexionó Naruto en voz alta—, entonces ya no estoy en peligro.
—En el caso de que Hoshigaki fuera nuestro hombre —asintió Sasuke.
Naruto miró a su amigo y una oleada de complicidad fluyó entre ambos sin mediar palabra.
—Siguiendo nuestro plan, expliqué a tu personal y a tu familia que te habías ido de viaje al continente —informó Sasuke—. Nadie cuestionó mi relato, pero Deidara me ha preguntado varias veces por tu paradero exacto. Yo le he dicho que preferías mantenerlo en secreto porque estabas disfrutando de unas vacaciones íntimas con tu nueva amante.
Al oír las palabras de Sasuke, a Naruto le subió por el cuello una oleada de calor. Se aclaró la garganta y dijo:—Con Hoshigaki muerto, Deidara es nuestro principal sospechoso.
—Heredar varios millones de libras, junto con numerosas propiedades y títulos nobiliarios es un buen motivo para asesinar a alguien —afirmó Sasuke.
—Pero Deidara no necesita dinero.
—Yo no estaría tan seguro de eso, Naruto. He oído que debe una cantidad considerable en el club White, y ha estado frecuentando algunos locales de juego de mala reputación. Pero, de todos modos, creo que ya va siendo hora de que vuelvas a Londres. Si Hoshigaki era nuestro hombre, tu vida ha dejado de estar en peligro. Si el culpable es Deidara, necesitamos desenmascararlo. —Miró el torso de Naruto—. ¿Cómo tienes las costillas para montar a caballo?
Naruto asintió con mirada ausente.
—Supongo que bien. Pero ¿y si nuestro hombre no es ni Hoshigaki ni Deidara?
—Pues también debemos desenmascararlo —contestó Sasuke—. Aunque no es mi intención ponerte en peligro, no vamos a conseguir nada si te quedas aquí. Es hora de volver a casa, Naruto.
«Casa.» La realidad golpeó a Naruto como una descarga eléctrica. Durante las dos últimas semanas se había involucrado tanto con Hinata y su familia que casi se había olvidado de su vida en Londres, una vida que incluía a un asesino a sangre fría.
«Casa.» Una inmensa casa de ciudad en la avenida Park Lane de Londres, una casa que funcionaba a la perfección. El paradigma de la elegancia, con un personal perfectamente formado que satisfacía todas sus necesidades. Sin niños revoltosos, perros indómitos, tías sordas ni sirvientes irreverentes.
Naruto asintió lentamente.
—Sí, supongo que ha llegado el momento de volver a casa. —Aquellas palabras le produjeron una dolorosa sensación de vacío.
—Excelente. ¿Te espero mientras recoges tus cosas? ¿O prefieres que te eche una mano con la maleta? —le preguntó Sasuke mientras se levantaba.
Naruto lo miró sin entender nada.
—¿Qué has dicho?
—Que si necesitas ayuda para preparar el equipaje.
Naruto se levantó lentamente mientras arrugaba la frente.
—No puedo irme hoy contigo, Sasuke.
Sasuke levantó las cajas en señal de sorpresa.
—¿Por qué no?
—Tengo un par de cosas pendientes antes de marcharme —dijo Naruto vagamente, molesto al darse cuenta de que se estaba empezando a sonrojar.
—¿Como por ejemplo? —Sasuke lo miró intrigado—. ¡Caramba! Pero... ¡si se te han subido los colores!
—No es verdad —dijo Naruto irritado, mientras caminaba hacia la casa—. Sencillamente no puedo marcharme hoy.
—Está bien. Entonces mañana.
—No puedo irme hasta pasado mañana.
—¿Porqué?
—No es de tu incumbencia —contestó Naruto de malos modos, pero luego se retractó—. Prometí a Hinata y a su hermana acompañarlas a una fiesta mañana por la noche, de ahí que te pidiera que me trajeras el vestido. No puedo faltar a mi promesa.
—Ya entiendo —dijo Sasuke repasándolo con la mirada—. ¿Y qué tal te llevas con la señorita Hyuga?
—Hanabi Hyuga es una joven encantadora —dijo Naruto simulando haber interpretado erróneamente la pregunta de Sasuke mientras aceleraba el paso.
—Hanabi no es la señorita Hyuga a quien me refería, como tú muy bien sabes —dijo Sasuke, siguiéndole al mismo paso.
—Hinata y yo nos llevamos bien —contestó Naruto con una brusquedad que habría disuadido a cualquiera de seguir haciéndole preguntas.
Pero Sasuke ignoró completamente aquel tono.
—Siento no haber podido verla esta vez.
—Ella no sabía que venías.
—¿Ah, sí? ¿Por qué no se lo dijiste? ¿Lo hiciste a propósito para que no me cruzara con ella? ¿Acaso temías que notara algo raro en su comportamiento? ¿O tal vez en el tuyo?
Naruto se paró de golpe y dirigió una mirada pretendidamente imperturbable a su amigo. «¡Maldito seas, tú y tu condenada perspicacia!»
—No tengo ninguna intención de hablar contigo sobre Hinata, Sasuke.
Sasuke se detuvo y analizó atentamente a Naruto.
Naruto intentó poner cara de póquer. Si ni tan siquiera él entendía lo que sentía por Hinata, ¿cómo iba a intentar explicárselo a Sasuke?.
—Como quieras, Naruto —dijo bajando la cabeza. Reanudaron la marcha—. Pero, como no quieres hablar conmigo sobre la señorita Hyuga, supongo que no te interesará conocer una curiosidad que he averiguado sobre ella.
—¿Sobre Hinata? —preguntó Naruto incapaz de ocultar la sorpresa en su voz.
—Ajá —dijo Sasuke paseándose pausadamente delante de Naruto como si tuviera todo el tiempo del mundo.
—¿Y bien? —preguntó Naruto impacientemente cuando comprobó que su amigo guardaba silencio.
—Creía que no querías hablar sobre ella.
—He cambiado de opinión—espetó Naruto.
—Ah, bueno. En tal caso, te lo contaré. He hecho algunas indagaciones, con suma discreción, descuida, y he descubierto que el padre de Hinata los dejó en la ruina cuando murió.
Naruto frunció el ceño y miró a Sasuke con rostro preocupado.
—¿Eso hizo?
—Sí. Al parecer, vendiendo su barco consiguieron reunir suficiente dinero para pagar las deudas de Hiashi Hyuga. La herencia de la familia ascendía a menos de cien dólares en total.
—Entonces, ¿cómo se las han arreglado para sobrevivir? —preguntó Naruto sumido en la confusión—. Deben de recibir dinero de alguna parte. ¿Tal vez de la familia materna? ¿O de algún abuelo? ¿Quizá de tía Koharu?
—No lo creo —dijo Sasuke negando con la cabeza—. En ninguna de mis indagaciones averigüé nada semejante.
—Sé que no nadan en la abundancia, pero reciben dinero de algún sitio. Se te debe de haber escapado algo, Sasuke.
—Tal vez.
Paseando, los dos amigos habían llegado al establo. Tras desatar su caballo, un magnífico ejemplar castrado, Sasuke se subió a la silla de montar.
—Te espero de vuelta pasado mañana, Naruto. —Sasuke se ladeó el sombrero —. Pásatelo bien en la fiesta.
Naruto observó cómo Sasuke se alejaba galopando y luego se encaminó hacia la casa, apretándose contra el pecho el paquete que le había traído Sasuke.
Estaría en Londres dentro de sólo dos días. Debería estar ilusionado. Entonces... ¿por qué se sentía tan abatido?.
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Continuará...
