Ni Love Live! Ni Cincuenta Sombras me pertenece, es de sus respectivos autores.
Apenas puedo respirar. ¿Quiero oír esto? Eli cierra sus ojos y exhala. Cuando los abre otra vez, están brillantes pero diferentes, llenos de recuerdos inquietantes.
—Era un caluroso día de verano. Estaba trabajando duro. —Resopla y sacude su cabeza, repentinamente divertido—. Era un trabajo agotador recogiendo escombros. Estaba por mi cuenta, y Tsu… Kira-san apareció de la nada y me trajo algo de limonada. Intercambiamos algunas palabras, e hice alguna observación sarcástica… y ella me abofeteó. Me abofeteó muy fuerte. —Inconscientemente su mano se movió a su rostro y acarició su mejilla, sus ojos nublándose ante el recuerdo. ¡Santa mierda!
—Pero entonces me besó. Y cuando terminó, me abofeteó otra vez. — Parpadeó, pareciendo aún confundido incluso después de todo este tiempo—. Nunca había besado antes o había sido golpeado así.
Oh. Ella se abalanzó. Sobre un niño.
—¿Quieres oír esto? —pregunta Eli.
Sí… No…
—Solo si quieres contármelo. —Mi voz es pequeña mientras estoy recostada de cara a él, mi mente confundida.
—Estaba tratando de darte algo de contexto.
Asiento en lo que espero sea una forma alentadora. Pero sospecho que podría lucir como una estatua, congelada y con los ojos abiertos en shock.
Frunce el ceño, sus ojos buscando los míos, tratando de evaluar mi reacción. Entonces se gira sobre su espalda y mira hacia arriba al techo.
—Bien, naturalmente, estaba confundido y enfadado y caliente como el infierno. Quiero decir, una caliente mujer mayor viene sobre ti de esa forma… —sacude su cabeza como si aún no pudiera creerlo.
¿Caliente? Me siento mareada.
—Ella volvió a entrar en la casa dejándome en el patio trasero. Actuó como si nada hubiera pasado. Estaba totalmente perdido. Entonces regresé al trabajo, cargando los escombros en el contenedor de basura. Cuando me fui aquella tarde, me preguntó si podía regresar el día siguiente. Ella no mencionó lo que había pasado. Entonces al día siguiente regresé. No podía esperar para verla de nuevo —susurró como si fuera una confesión oscura… porque francamente, lo era.
—Ella no me tocó cuando me besó —murmuró y giró su cabeza para mirarme—. Tienes que entender… mi vida era un infierno sobre la tierra. Fue duro, con quince años, alto para mi edad, las hormonas corriendo. Las chicas en la escuela… —se detuvo, pero había captado el esquema: un marcado, solitario, pero atractivo adolescente. Mi corazón se retorció.
—Estaba enfadado, tan jodidamente enfadado con todos, conmigo, con mis padres. No tenía amigos. Mi terapeuta en aquel momento era un total asno. Mis padres, me mantenían bajo un apretado control; no entendían.
—Miró de vuelta al techo y pasó una mano a través de su cabello. Mis dedos picaban por pasar mis dedos por su cabello, también, pero me quedé quieta.
—No podía soportar que nadie me tocara. No podía. No podía soportar que nadie se me acercara. Solía pelear… joder, yo peleaba. Me metí en algunas peleas espantosas. Fui expulsado de un par de escuelas. Pero era una manera de desahogarme. De tolerar alguna clase de contacto físico. —Se detuvo otra vez—. Bien, te das una idea. Y cuando ella me besó, sólo agarró mi rostro. No me tocó. —Su voz es apenas audible.
Ella debía saberlo. Quizás Grace se lo había dicho. Oh, mi pobre Cincuenta. Tengo que juntar mis manos por debajo de mi almohada y descansar mi cabeza sobre ella en ese orden, para resistir la urgencia de sostenerlo.
—Bien, al día siguiente regresé a la casa si saber qué esperar. Y te voy a ahorrar los detalles escabrosos, pero fue más de lo mismo. Y así fue como comenzó nuestra relación.
Oh, joder, esto es doloroso de oír.
Se giró otra vez sobre un lado para encararme.
—¿Y sabes algo, Nozomi? Mi mundo se enfocó. Nítido y claro. Todo. Era exactamente lo que necesitaba. Ella era un respiro de aire fresco. Tomando las decisiones, llevándose toda esa mierda de mí, dejándome respirar.
Santa mierda.
—E incluso cuando se acabó, mi mundo se quedó enfocado por ella. Y se quedó de ese modo hasta que te conocí.
¿Qué infiernos se supone que debo decir a eso? Tentativamente, colocó un mechón de pelo detrás de mi oreja.
—Pusiste mi mundo de boca abajo. —Cerró sus ojos, y cuando los abrió otra vez, eran crudos—. Mi mundo era ordenado, tranquilo y controlado, entonces entraste en mi vida con tu boca rápida, tu inocencia, tu hermosura, y tu tranquila temeridad… y todo antes de ti fue simplemente aburrido, vacío, mediocre… fue nada.
Oh, mi Dios.
—Me enamoré —susurra.
Dejo de respirar. Acaricia mi mejilla.
—También yo —murmuro con el poco aliento que me queda. Sus ojos se suavizan.
—Lo sé —articula.
—¿Lo haces?
—Sí.
¡Aleluya! Le sonrío tímidamente.
—Finamente —susurro. Asiente.
—Y eso pone todo en perspectiva para mí. Cuando era más joven, Tsubasa era el centro de mi mundo. No había nada que no hubiera hecho por ella. Y ella hizo un montón por mí. Me apartó de la bebida. Me hizo trabajar
duro en la escuela… Sabes, me dio un mecanismo de defensa que no había tenido antes, me permitió experimentar cosa que nunca creí que podría.
—Toque —susurro. Asiente.
—Después mi imagen.
Frunzo el ceño, preguntándome a qué se refiere. Vacila ante mi reacción.
¡Dime! Le indico.
—Si creces con una imagen de ti mismo totalmente negativa, pensando que eres alguna clase de rechazado, un salvaje indigno de ser amado, piensas que te mereces ser golpeado.
Eli… no eres ninguna de esas cosas.
Se detiene y pasa su mano a través de su cabello.
—Nozomi, es más fácil llevar tu dolor por fuera… —Otra vez, es una confesión.
Oh.
—Ella canalizó mi enfado. —Su boca se presionó en una línea sombría—. Sobretodo internamente, me doy cuenta de eso ahora. El Dr. Shin ha estado sin cesar sobre esto por algún tiempo. Fue sólo recientemente que vi nuestra relación por lo que era. Ya sabes… en mi cumpleaños.
Me estremezco mientras un indeseado recuerdo de Tsubasa y Eli destripándose verbalmente el uno al otro en la fiesta de cumpleaños de Eli sale indeseadamente a la superficie de mi mente.
—Para ella, ese lado de nuestra relación era acerca de sexo y control y una mujer solitaria buscando alguna clase de confort con su chico juguete.
—Pero a ti te gusta el control —susurro.
—Sí, me gusta. Siempre lo hará, Nozomi. Es quién soy. Me rendí por un breve momento. Dejé que alguien tomara todas las decisiones por mí. No podía hacerlo por mí mismo, no se sentía adecuado. Pero a través de mi sumisión hacia ella, me encontré a mí mismo y encontré la fuerza para cargar con mi vida... tomar el control y tomar mis propias decisiones.
—¿Convirtiéndote en un dominante?
—Sí.
—¿Tu decisión?
—Sí.
—¿Abandonar Harvard?
—Mi decisión, y fue la mejor decisión que nunca he hecho. Hasta que te conocí.
—¿A mí?
—Sí. —Sus labios cambian en una sonrisa suave—. La mejor decisión que he tomado fue casarme contigo.
Oh mi Dios.
—¿No empezar tu compañía? Sacude su cabeza.
—¿Aprender a volar? Sacude su cabeza.
—Tú —articula. Acaricia mi mejilla con sus nudillos—. Ella lo sabía — susurra.
Frunzo el ceño.
—¿Sabía qué?
—Que estaba locamente enamorado de ti. Ella me animó a ir hacia Georgia para verte, y estoy feliz de que lo hiciera. Pensó que te habías asustado y me habías dejado. Lo que hiciste.
Palidecí. Hubiera preferido no pensar en eso.
—Ella pensó que necesitaba todos los adornos del estilo de vida del que disfrutaba.
—¿La dominación? —susurro. Asiente.
—Me permitía mantener a todo el mundo a un brazo de distancia, me daba control, y me mantenía separado, o eso pensaba. Estoy seguro de que ya habrás adivinado por qué —añade suavemente.
—¿Tu madre biológica?
—No quería que me volvieran a lastimar. Y luego tú me dejaste. —Sus palabras son apenas audibles—. Y estaba hecho un desastre.
Oh, no.
—He evadido la intimidad durante tanto tiempo, que no sé cómo hacer esto.
—Lo estás haciendo bien —murmuro. Con mi dedo índice recorro sus labios. Él lo frunce en forma de beso. Me estás hablando.
—¿Lo extrañas? —susurro.
—¿Extrañarlo?
—Ese estilo de vida.
—Sí, lo extraño.
¡Oh!
—Pero sólo en la medida que extraño el control que induce. Y francamente, tu estúpido truco —se detiene—, ése que salvó a mi hermana… —susurra, sus palabra están llenas de alivio, temor e incredulidad—. Es así como lo sé.
—¿Saber?
—Que en realidad me amas. Frunzo el ceño.
—¿Lo haces?
—Sí. Porque arriesgaste mucho… por mí, por mi familia.
Mi ceño se frunce aún más. Se acerca y traza el camino con su dedo sobre la mitad de mi ceja encima de mi nariz.
—Tienes una V aquí cuando frunces el ceño —murmura—. Es bastante suave de besar. Puedo comportarme muy mal… y aún así sigues aquí.
—¿Por qué estás sorprendido de que siga aquí? Te dije que no iba a dejarte.
—Por la manera en la que me comporté cuando me dijiste que estabas embarazada. —Desliza su dedo por su mejilla—. Estabas en lo cierto. Soy un adolescente.
Oh mierda… yo dije eso. Mi subconsciente me mira. ¡Su doctor dijo eso!
—Eli, he dicho algunas cosas horribles. —Pone su dedo índice sobre mis labios.
—Silencio. Merecía escucharlas. Además éste es mi cuento para dormir. — Se gira de nuevo sobre su espalda.
—Cuando me dijiste que estabas embarazada… —se detiene—. Había pensado que seríamos sólo tú y yo por un tiempo. Había considerado los niños, pero sólo de forma abstracta. Tenía esta vaga idea de que tendríamos un niño alguna vez en un futuro.
¿Sólo uno? No… no sólo un niño. No como yo. Quizá ahora no sea el mejor momento para sacarlo a colación.
—Aún eres muy joven, y sé que eres un poco ambiciosa.
¿Ambiciosa? ¿Yo?
—Bueno, moviste la alfombra debajo de mí. Cristo, fue tan inesperado. Nunca en un millón de años, cuando te pregunté qué estaba mal, esperaba que me dijeras que estabas embarazada. —Suspira—. Estaba tan enfadado. Enfadado contigo. Enfadado conmigo. Con todo el mundo. Y regresó, ese sentimiento de no tener nada bajo control. Tenía que salir. Fui
a ver a Shin, pero estaba en alguna clase de noche de padres. —Eli se detiene y alza una ceja.
—Irónico —susurro. Eli sonríe en acuerdo.
—Así que caminé, caminé y caminé, y simplemente… me encontré en el salón. Tsubasa se iba. Estaba sorprendida de verme. Y, siendo sinceros, me sorprendió encontrarme ahí. Ella se dio cuenta que estaba enfadado y me preguntó si quería beber algo.
Oh mierda. Hemos llegado al grano. La velocidad de mi corazón se duplica.
¿En serio quiero saber esto? Mi subconsciente me mira, una depilada ceja levantada en señal de advertencia.
—Fuimos a un tranquilo bar que conozco y bebimos una botella de vino. Se disculpó por su comportamiento la última vez que nos vimos. Le duele que mi madre no quiera tener nada que ver con ella, se redujo su círculo social, pero ella lo entiende. Hablamos sobre negocios, le estaba yendo bien, a pesar de la pelea… mencioné que querías hijos.
Frunzo el ceño.
—Pensé que le habías dejado saber que estaba embarazada. Me mira, su rostro inocente.
—No, no lo hice.
—¿Por qué no me contaste eso? Se encoge de hombros.
—Nunca tuve la oportunidad.
—Sí, la tuviste.
—No pude encontrarte la mañana siguiente, Nozomi. Y cuando lo hice, estabas tan enfadada conmigo…
Oh sí.
—Lo estaba.
—De cualquier forma, en algún momento en la noche, casi a la mitad de la segunda botella, ella se inclinó para tocarme. Y yo me congelé —susurra, poniendo su brazo sobre sus ojos.
Mi cuerpo cabelludo hormiguea. ¿Qué es esto?
—Vio que me alejé de ella. Y eso nos sorprendió a ambos. —Su voz es baja, muy baja.
¡Eli mírame! Tiro de su brazo y él lo baja, girándose para mirarme directamente a los ojos. Mierda. Su cara está pálida y sus ojos muy abiertos.
—¿Qué? —respiro. Frunce el ceño, y traga.
Oh… ¿Qué no me está contando? ¿Lo quiero saber?
—Ella se me insinuó. —Está conmocionado, puedo verlo.
Todo el aire se filtra de mi cuerpo. Me siento sin aliento, y creo que mi corazón se ha detenido. ¡Esa jodida bruja zorra!
—Fue un momento, suspendido en el tiempo. Ella vio mi expresión, y se dio cuenta de hasta qué punto había cruzado la línea. Dije… que no. No había pensado así sobre ella en años, y además —traga— te amo, se lo dije, amo a mi esposa.
Lo miro fijamente. No sé qué decir.
—Ella retrocedió. Se disculpó de nuevo, quiso hacerlo pasar como una broma. Quiero decir, dijo que era feliz con Isaac y los negocios y que no soportaría que ninguno de nosotros tuviera mala voluntad. Dijo que extrañaba mi amistad, pero que podía ver que mi vida estaba contigo. Y cuán incomodo era eso, dado todo lo que pasó la última vez que todos estuvimos en la misma habitación. No podría haber estado más de acuerdo. Nos despedimos, nuestra última despedida. Le dije que no la volvería a ver, y ella se alejó.
Trago, el temor apretando mi corazón.
—¿La besaste?
—¡No! —resopla—. No podría haber soportado estar tan cerca de ella.
Oh. Bien.
—Me sentía miserable. Quería regresar a casa contigo. Pero… pero sabía que me había portado mal. Me quedé y terminé la botella, y luego empecé con el Bourbon36. Mientras bebía, te recordé diciéndome hace algún tiempo "Si ése fuera mi hijo…". Y pensé en Junior y cómo Tsubasa y yo empezamos. Y me hizo sentir… incómodo. Nunca había pensado en eso de esa manera.
Un recuerdo florece en mi mente, una conversación en voz baja de cuando estuve medio consciente, la voz de Eli: Pero viéndola a ella puso todo en perspectiva para mí. Tú sabes… con el niño. Por primera vez, sentí… que lo que hicimos… estuvo mal. Había estado hablando con Grace.
—¿Eso es todo?
—Prácticamente.
—Oh.
—¿Oh?
—¿Se ha terminado?
—Sí. Se terminó desde que puse mis ojos en ti. Finalmente me di cuenta esa noche y ella también.
—Lo siento —murmuro. Él frunce el ceño.
—¿Por qué?
—Por estar tan enfadada el otro día. Resopla.
—Nena, entiendo el enfado. —Se detiene luego suspira—. Ves Nozomi, te quiero para mí. No quiero compartirte. Lo que tenemos, no lo he tenido antes. Quiero ser el centro de tu universo, por un tiempo al menos.
Oh, Eli.
—Lo eres. Eso no va a cambiar.
Me da una indulgente, triste y resignada sonrisa.
—Nozomi —susurra—. Eso no es cierto. Lágrimas mojan mis ojos.
—¿Cómo podría serlo? —murmura.
Oh, no.
—Mierda… no llores. Nozomi por favor, no llores. —Acaricia mi rostro.
—Lo lamento. —Mi labio inferior tiembla, y él desliza su dedo sobre él, calmándome.
—No, Nozomi, no. No estés arrepentida. Tendrás a alguien que también te ame. Y estás en lo cierto. Es como debe ser.
—Blip también te amará. Serás el centro de Blip… del mundo de Junior — susurro—. Los niños aman a sus padres incondicionalmente, Eli. Es como ellos vienen al mundo. Programados para amar. Todos los bebés… incluso tú. Piensa en el libro para niños que te gustaba cuando eras pequeño. Todavía querías a tu madre. Tú la amabas.
Frunce el ceño y retira su mano, pegándola contra su barbilla.
—No —susurra.
—Sí, lo hacías. —Mis lágrimas caen ahora libremente—. Claro que lo hacías. No era una opción. Es por eso que estás tan herido.
Me mira fijamente, su expresión cruda.
—Es por eso que puedes amarme —murmuro—. Perdónala. Tenía su propio mundo de dolor con el cual lidiar. Fue una madre de mierda, y la amabas.
Me mira fijamente, sin decir nada, ojos encantados… por recuerdos que no puedo empezar a comprender.
Oh, por favor no dejes de hablar.
Finalmente dice: —Solía peinar su cabello. Era hermosa.
—Una mirada a ti y nadie dudaría de eso.
—Era una madre de mierda. —Su voz es apenas audible. Asiento y él cierra sus ojos.
—Tengo miedo de ser un padre de mierda.
Acaricio su amado rostro. Oh, mi Cincuenta, Cincuenta, Cincuenta.
—Eli, ¿pensaste por un minuto que te dejaría ser un padre de mierda?
Abre sus ojos y me mira por lo que se siente como una eternidad. Sonríe mientras el alivio lentamente llena su rostro.
—No, no creo que me lo permitieras. —Acaricia mi rostro con la parte de atrás de sus nudillos, mirándome con asombro—. Dios, eres fuerte, Sra. Ayase. Te amo tanto. —Besa mi frente—. No creí que fuera capaz.
—Oh Eli —susurro, tratando de contener mis emociones.
—Ahora, es ése el final de tu cuento para dormir.
—Ése es casi un cuento para dormir…
Sonríe con nostalgia, pero creo que está aliviado.
—¿Cómo está tu cabeza?
—¿Mi cabeza? —¡En realidad, está a punto de explotar con todo lo que me has dicho!
—¿Duele?
—No.
—Bien. Creo que deberíamos dormir ahora.
¡Dormir! ¿Cómo podré dormir después de todo eso?
—Duerme —dice con severidad—. Lo necesitas. Hago puchero.
—Tengo una pregunta.
—Ah, ¿sí? ¿Qué? —Me mira con cautela.
—¿Por qué te has convertido de repente en todo... accesible, a falta de una palabra mejor?
Frunce el ceño.
—Me estás diciendo todo esto, cuando obtener información de ti normalmente es una experiencia bastante angustiosa y fastidiosa.
—¿Lo es?
—Sabes que lo es.
—¿Por qué estoy siendo tan accesible? No puedo decirte. Verte prácticamente muerta en el frío suelo, tal vez. El hecho de que voy a ser padre. No sé. Dijiste que querías saber, y no quiero que Tsubasa se interponga entre nosotros. No puede. Ella es el pasado, y te he dicho esto tantas veces.
—Si ella no hubiera hecho un paso hacia ti... ¿aún seguirían siendo amigos?
—Eso es más que una pregunta.
—Lo siento. No tienes que contestarme. —Me ruborizo—. Ya has ofrecido más de lo que pensé que harías.
Su mirada se suaviza.
—No, no lo creo, pero se sentía como un asunto pendiente desde el día de mi cumpleaños. Ella sobrepasó la línea, y he terminado. Por favor, créeme. No voy a verla de nuevo. Has dicho que ella es un límite duro para ti. Eso es un término que yo entiendo —dice con sinceridad. Bien. Voy a dejar esto ahora. Mi subconsciente se hunde en su sillón. ¡Porfin!
—Buenas noches, Eli. Gracias por el esclarecedor cuento antes de dormir. —Me acerco a darle un beso, y nuestros labios se tocan brevemente, pero se echa hacia atrás cuando trato de profundizar el beso.
—No —susurra—. Estoy desesperado por hacer el amor contigo.
—Entonces hazlo.
—No, necesitas descansar, y ya es tarde. Duerme. —Él apaga la luz de noche, hundiéndonos en la oscuridad.
—Te amo incondicionalmente, Eli —murmuro cuando me acurruco a su lado.
—Lo sé —susurra, y percibo su sonrisa tímida.
Me despierto con un sobresalto. La luz inunda la habitación, y Eli no está en la cama. Miro el reloj y veo que son las siete cincuenta y tres. Tomo una respiración profunda y hago una mueca cuando mis costillas duelen aunque no tan mal como ayer. Creo que podría ir a trabajar. Trabajo, sí. Quiero ir a trabajar.
Hoy es lunes, y me pasé todo el día de ayer descansando en la cama. Eli sólo me dejaba salir brevemente para ver a Jinta. Honestamente, él sigue siendo un fanático del control. Sonrío con cariño. Mi chiflado del control. Él ha estado atento y cariñoso y hablador... y "manos fuera" desde que llegamos casa.
Frunzo el ceño. Voy a tener que hacer algo al respecto. La cabeza no me duele, el dolor en las costillas ha disminuido, aunque, ciertamente, reír tiene que realizarse con precaución, pero me siento frustrada. Creo que éste es el tiempo más largo que he pasado sin sexo desde... bueno, desde la primera vez.
Creo que ambos hemos recuperado nuestro equilibrio. Eli está mucho más relajado; su largo cuento de antes de dormir parece haber puesto a algunos fantasmas a descansar, para él y para mí. Veremos.
Me ducho rápidamente, y una vez que estoy seca, examino cuidadosamente a través de mi ropa. Quiero algo sexy. Algo que podría impulsar a la acción a Eli. ¿Quién hubiera pensado que un hombre tan insaciable de hecho podría ejercer tanto autocontrol? Realmente no quiero hacer hincapié en la forma en que Eli aprendió esta disciplina por encima de su cuerpo. No hemos hablado de la Bruja Zorra ni una vez desde su confesión. Espero que nunca lo hagamos. Para mí está muerta y enterrada.
Elijo una falda negra casi indecentemente corta y una blusa de seda blanca con un volante. Me deslizo medias altas con encajes superiores y mis tacones negros Louboutin. Un poco de rímel y brillo de labios para una apariencia natural, y después de un feroz cepillado, dejo mi cabello suelto. Sí. Esto debe hacerlo.
Eli está comiendo en el bar del desayuno. Su bocado de tortilla se detiene en el aire cuando me ve. Frunce el ceño.
—Buenos días, Sra. Ayase. ¿Vas a alguna parte?
—Trabajo. —Sonrío dulcemente.
—No lo creo —resopla Eli con burla—. La Dra. Singh dijo que una semana de descanso.
—Eli, no voy a pasar el día descansando en la cama por mi cuenta. Así que bien podría ir a trabajar. Buenos días, Gail.
—Sra. Ayase. —Okimura-san trata de ocultar una sonrisa—. ¿Quiere desayunar?
—Por favor.
—¿Granola?
—Prefiero huevos revueltos con tostadas de pan integral. La señora Jones sonríe y Eli registra su sorpresa.
—Muy bien, Nozomi-san—dice la Sra. Jones.
—Nozomi, no vas a ir a trabajar.
—Pero…
—No. Es muy sencillo. No discutas. —Eli es inflexible. Le doy una mirada enfurecida, y sólo entonces me doy cuenta de que está en los mismos pantalones de pijama y camiseta que llevaba puestos la noche anterior.
—¿Vas a trabajar? —pregunto.
—No.
¿Me estoy volviendo loca?
—Es lunes, ¿verdad?
Él sonríe. —La última vez que miré lo era. Entre cierro mis ojos. —¿Vas a faltar?
—No voy a dejarte aquí por tu cuenta para que te metas en problemas. Y la Dra. Singh dijo que pasaría una semana antes de que pudieras volver a trabajar. ¿Te acuerdas?
Me deslizo sobre un taburete de la barra junto a él y elevo mi falda un poco. Okimura-san pone una taza de té delante de mí.
—Te ves bien —dice Eli. Cruzo mis piernas—. Muy bien. Especialmente aquí. —Traza un dedo sobre la carne desnuda que se muestra por encima de mi muslo. Mi pulso se acelera, mientras el dedo atraviesa mi piel—. Esta falda es muy corta —murmura, con vaga desaprobación en su voz mientras sus ojos siguen su dedo.
—¿Lo es? No me había dado cuenta.
Eli me mira, la boca torcida en una mueca divertida pero exasperado.
—¿De verdad, Sra. Ayase? Me sonrojo.
—No estoy seguro de que este aspecto sea adecuado para el lugar de trabajo —murmura.
—Bueno, ya que no voy a trabajar, eso es un punto discutible.
—¿Discutible?
—Discutible —articulo.
Eli sonríe de nuevo y vuelve a comer su tortilla.
—Tengo una idea mejor.
—¿En serio?
Él me mira a través de sus largas pestañas, ojos azulez más oscuros. Inhalo con fuerza. Oh, mi Dios. Ya erahora.
—Podemos ir a ver cómo lo está llevando Eren con la casa.
¿Qué? ¡Oh! ¡Burla! Recuerdo vagamente que íbamos a hacer eso antes de que Jinta resultara herido.
—Me encantaría.
—Bien. —Sonríe.
—¿No tienes que trabajar?
—No. Ros está de vuelta de Taiwán. Todo ha ido bien. Hoy, todo está bien.
—Pensé que tú ibas a Taiwán. Él resopla de nuevo.
—Nozomi, estabas en el hospital.
—Oh.
—Sí, oh. Así que hoy voy a pasar el tiempo de calidad con mi esposa. —Él golpea los labios mientras toma un sorbo de café.
—¿Tiempo de calidad? —No puedo ocultar la esperanza en mi voz.
Okimura-san pone mis huevos revueltos en frente de mí, una vez fallando al ocultar su sonrisa.
Eli sonríe.
—Tiempo de calidad. —Asiente.
Tengo demasiada hambre para coquetear más con mi marido.
—Es bueno verte comer —murmura. Levantándose, se inclina y me besa en el pelo.
—Me voy a la ducha.
—Um. . . ¿puedo ir y frotar tu espalda? —murmuro con la boca llena de pan tostado y huevos revueltos.
—No. Come.
Saliendo de la barra de desayuno, tira su camiseta sobre su cabeza, invitándome a ver sus hombros finamente esculpidos y su espalda desnuda mientras deambula fuera de la gran sala. Me detengo a medio masticar. Él está haciendo esto a propósito. ¿Porqué?
Eli está relajado en el viaje hacia el norte. Acabamos de dejar a Jinta.
Eli se ha relajado desde "la conversación". Es como si un peso hubiera sido levantado; la sombra de Kira-san ya no se cierne sobre nosotros tan grande, tal vez porque me he decidido a dejarlo ir, o porque no él lo hizo, no lo sé. Pero me siento más cerca de él ahora que nunca. Tal vez debido a que por fin ha confiado en mí. Espero que lo siga haciendo. Y está aceptando más al bebé, también. No ha ido a comprar una cuna todavía, pero tengo grandes esperanzas.
Lo miro, bebiéndolo mientras conduce. Parece casual, fresco... sexy con el pelo revuelto, Vans, chaqueta a rayas, camisa blanca de lino y pantalones vaqueros.
Él me mira y sujeta mi pierna encima de la rodilla, los dedos acariciando suavemente. —Me alegro de que no te hayas cambiado.
Me puse una chaqueta de mezclilla y me cambie a zapatos sin tacón, pero estoy todavía con la falda corta. Su mano permanece por encima de mi rodilla. Pongo mi mano sobre la suya.
—¿Vas a seguir molestándome?
—Quizás. —Eli sonríe.
—¿Por qué?
—Porque puedo. —Sonríe, juvenil como siempre.
—Dos pueden jugar ese juego —susurro.
Sus dedos se mueven tentadoramente a mi muslo.
—Vamos, Sra. Ayase. —Su sonrisa se amplía. Tomo su mano y la pongo de nuevo en su rodilla.
—Bueno, puedes mantener tus manos para ti mismo. Él sonríe. —Como usted quiera, Sra. Ayase.
Maldita sea. Este juego va a volverse en mi contra.
Eli gira en el camino de entrada de nuestra nueva casa. Se detiene en el teclado y golpea un número, y las puertas ornamentales de metal blanco se abren. Rugimos por el sendero bordeado de árboles debajo de las hojas que son una mezcla de verde, amarillo y cobre. La hierba alta en el prado se está convirtiendo en color oro, pero todavía hay algunas flores silvestres amarillas repartidas entre la hierba. Es un día hermoso. El sol está brillando, y la espiga salada del Sound en el aire se mezcla con el olor del próximo otoño. Éste es un lugar tan tranquilo y hermoso. Y pensar que vamos a hacer nuestra casa aquí.
El carril se curva alrededor, y nuestra casa está a la vista. Varios camiones grandes, los lados adornados con CONSTRUCCIÓN AYASE, están estacionados en el frente. La casa está cubierta con andamios, y varios obreros con cascos están ocupados en el techo.
Eli se estaciona fuera del pórtico y apaga el motor. Puedo sentir su emoción.
—Vamos a buscar a Eren.
—¿Está aquí?
—Espero que sí. Le estoy pagando lo suficiente. Resoplo, y Eli sonríe mientras salimos del coche.
—¡Ey, hermano! —Eren grita desde algún lugar. Ambos miramos alrededor.
—¡Aquí arriba! —Está en el techo, haciendo señas hacia nosotros y sonriendo de oreja a oreja—. Ya era hora de que los viéramos aquí. Quédense donde están. Enseguida voy.
Echo un vistazo a Eli, quien se encoge de hombros. Unos minutos más tarde, Eren aparece en la puerta principal.
—Oye, hermano. —Le agita la mano de Eli—. ¿Y cómo está usted, señorita? —Él me levanta y me hace girar.
—Mejor, gracias —me río sin aliento, mis costillas protestando. Eli frunce el ceño, pero Eren lo ignora.
—Vamos a la oficina del lugar. Necesitarán uno de estos. —Golpea su casco.
La casa es una cáscara. Los suelos están cubiertos de un material fibroso duro que parece arpillera, algunos de los muros originales han desaparecido y otros nuevos han tomado su lugar. Eren nos conduce a través, explicando lo que está sucediendo, mientras que los hombres, y algunas mujeres, trabajan en todas partes a nuestro alrededor. Me siento aliviada de ver que la escalera de piedra con su barandilla de hierro se encuentra todavía en su lugar y cubierta completamente en polvo blanco.
En el salón principal, la pared del fondo se ha eliminado para dar paso a la pared de cristal de Gia, y el trabajo está comenzando en la terraza. A pesar del desastre, la vista sigue siendo impresionante. El nuevo trabajo es simpático y en consonancia con el encanto del viejo encanto de la casa... Gia ha hecho bien. Eren explica con paciencia los procesos y nos da un
plazo aproximado para cada uno. Tiene la esperanza de que podamos estar para Navidad, aunque Eli piensa que eso es optimista.
Santo vaca, Navidad con vistas al Sound. No puedo esperar. Una burbuja de emoción florece dentro de mí. Tengo visiones de nosotros adornando un enorme árbol, mientras que un niño de cabello color cobre observa en asombro.
Eren termina nuestro recorrido en la cocina.
—Voy a dejar que ustedes dos vaguen. Tengan cuidado. Este es un sitio de construcción.
—Por supuesto. Gracias, Eren —murmura Eli, tomando mi mano—.
¿Feliz? —pregunta una vez que Eren nos ha dejado solos.
Estoy mirando este cascarón vacío de una habitación y preguntándome dónde voy a colgar las fotos de pimientos que compramos en Francia.
—Mucho. Me encanta. ¿A ti?
—Lo mismo. —Sonríe.
—Bien. Estaba pensando en las imágenes de pimientos aquí.
Eli asiente. —Quiero poner los retratos que José hizo de ti en esta casa. Necesitas decidir dónde deben ir.
Me sonrojo. —En algún lugar donde no los vea a menudo.
—No seas así —me regaña, cepillando con su pulgar sobre mi labio inferior—. Son mis fotos favoritas. Me encanta la de mi oficina.
—No tengo ni idea por qué —murmuro y beso la yema de su dedo pulgar.
—Peores cosas que hacer que mirar a tu hermoso rostro sonriendo todo el día. ¿Hambre? —pregunta.
—¿Hambre de qué? —susurro.
Él sonríe, sus ojos oscureciéndose. Esperanza y deseo se despliegan en mis venas.
—Comida, Sra. Ayase. —Y planta un beso rápido en mis labios.
Le doy mi mueca falsa y suspiro.
—Sí. Estos días siempre tengo hambre.
—Los tres podemos tener un picnic.
—¿Tres? ¿Alguien se nos une?
Eli inclina su cabeza a un lado. —En unos siete u ocho meses.
Oh... Blip. Sonrío adorablemente a él.
—Pensé que te gustaría comer al aire libre.
—¿En el prado? —pregunto. Él asiente con la cabeza.
—Claro. —Sonrío.
—Esto va a ser un gran lugar para criar una familia —murmura, mirándome.
¡Familia! ¿Más de uno? ¿Me atrevo a hablar de esto ahora?
Él extiende sus dedos sobre mi vientre. Mierda. Aguanto la respiración y pongo mi mano sobre la suya.
—Es difícil de creer —susurra, y por primera vez oigo asombro en su voz.
—Lo sé. Oh, aquí, tengo evidencias. Una imagen.
—¿En serio? ¿La primera sonrisa del bebé? Saco la ecografía de Blip de mi cartera.
—¿Ves?
Eli la examina de cerca, mirando fijamente durante varios segundos.
—Oh… Blip. Sí, ya veo. —Él suena distraído, asombrado.
—Tu hijo —le susurro.
—Nuestro hijo —contrarresta.
—El primero de muchos.
—¿Muchos? –—Los ojos de Eli se amplían con alarma.
—Por lo menos dos.
—¿Dos? —Prueba la palabra—. ¿Podemos sólo tener un niño a la vez? Sonrío. —Claro.
Nos dirigimos al exterior en la cálida tarde de otoño.
—¿Cuándo se lo vas a contar tus padres? —pregunta Eli.
—Pronto —murmuro—. Pensé en decírselo a Jinta esta mañana, pero el Sr. Rodríguez estaba allí. —Me encojo de hombros.
Eli asiente y abre el capó del R8. Dentro hay una cesta de picnic de mimbre y una manta de cuadros escoceses que compramos en Londres.
—Ven —dice, tomando la canasta y la manta en una mano y la otra a mí. Juntos caminamos hacia el prado.
—Claro, Ros, ve por ello. —Eli cuelga. Esa es la tercera llamada que ha tenido durante nuestro día de campo. Se quitó los zapatos y los calcetines, y me está mirando, con los brazos en las rodillas. La chaqueta yace encima de la mía, ya que estamos calientes por el sol. Me acuesto junto a él, tendida en la manta de picnic, ambos rodeados por altas hierbas de oro y verde lejos del ruido en la casa y ocultos de las miradas indiscretas de los trabajadores de la construcción. Estamos en nuestro propio paraíso bucólico. Él me da de comer otra fresa, y yo mastico y succiono con gratitud, mirando sus ojos oscurecidos.
—¿Sabroso? —Susurra.
—Mucho.
—¿Has tenido suficiente?
—De fresas, sí.
Sus ojos brillan peligrosamente, y él sonríe.
—Okimura-san empaqueta un muy buen picnic —dice.
—Lo hace —susurro.
Moviéndose de repente, él se acuesta por lo que su cabeza está apoyada sobre mi vientre. Cierra los ojos y parece contento. Enredo mis dedos en su pelo.
Suspira profundamente y luego frunce el ceño y comprueba el número en la pantalla de su BlackBerry zumbando. Rueda sus ojos y toma la llamada.
—Welch —chasquea. Se tensa, escucha por un segundo o dos, y de repente se irgue en posición vertical.
—24/7... Gracias —dice con los dientes apretados y cuelga. El cambio en su humor es instantáneo. Se ha ido mi bromista, coqueto esposo, sustituido por un frío y calculador amo del universo.
Entorna sus ojos un momento y luego me da una sonrisa fresca, escalofriante. Un escalofrío recorre mi espalda. Él toma su BlackBerry y presiona la tecla de marcación rápida.
—Ros, ¿cuántas acciones poseemos en Kira Timber? —Se arrodilla levantándose.
Mi cuero cabelludo pica. Oh, no, ¿qué es esto?
–—Entonces, consolida las acciones en GEH, y luego despide a la junta... excepto al Gerente General... No me importa... Te escucho, simplemente hazlo... gracias... mantenme informado. —Cuelga y me mira impasible por un momento.
¡Mierda! Eli está enfadado.
—¿Qué ha pasado?
—Kira —murmura.
—¿Kira? ¿El ex de Tsubasa?
—El mismo. Es el que pagó la fianza de Hyde.
Miro boquiabierta a Eli en estado de shock. Su boca se presiona en una línea dura.
—Bueno, él parecerá un idiota —murmuro, consternada—. Quiero decir, Hyde cometió otro delito mientras estaba libertad bajo fianza.
Los ojos de Eli se estrechan y sonríe. —Punto bien hecho, Sra. Ayase.
—¿Qué acabas de hacer? —Me arrodillo frente a él.
—Lo jodí.
¡Oh!
—Uhm... eso parece un poco impulsivo —murmuro.
—Soy una especie de "chico del momento".
—Soy consciente de eso.
Sus ojos se estrechan y sus labios forman una fina línea. —He tenido este plan en el bolsillo desde hace tiempo —dice secamente.
Frunzo el ceño. —¿Ah, ¿sí?
Hace una pausa, pareciendo pesar algo en su mente, a continuación, toma una respiración profunda.
—Varios años atrás, cuando tenía veintiún años, Kira golpeó a su esposa. Le rompió la mandíbula, el brazo izquierdo, y cuatro de sus costillas, porque me estaba follando. —Sus ojos se endurecen—. Y ahora me entero de que él pagó la fianza para un hombre que trató de matarme, secuestró a mi hermana, y fracturó el cráneo de mi esposa. Ya he tenido suficiente. Creo que es hora de la venganza.
Palidezco. Santa Mierda. —Punto bien hecho, Eli-san—susurro.
—Nozomi, esto es lo que hago. No estoy por lo general motivado para la venganza, pero no puedo dejar que se salga con la suya con esto. Lo que él le hizo a Tsubasa… bueno, ella debería haber presentado cargos, pero no lo hizo. Ésa era su prerrogativa. Pero él seriamente cruzó la línea con Hyde. Kira ha hecho de esto algo personal, persiguiendo a mi familia. Lo voy a
aplastar, quebraré su compañía delante de sus narices, y venderé las piezas al mejor postor. Lo voy a quebrar.
Oh...
—Además —Eli sonríe—, vamos a hacer un buen dinero con la transacción.
Me quedo en los brillantes ojos azules que se suavizan repentinamente.
—No quiero asustarte —susurra.
—No lo haces —miento. Arquea una ceja, divertido.
—Sólo me tomaste por sorpresa —le susurro, luego trago. Eli da en realidad bastante miedo a veces.
Cepilla sus labios contra los míos. —Haré cualquier cosa para mantenerte a salvo. Mantener mi familia a salvo. Mantener a este pequeño a salvo — murmura, y ensancha su mano sobre mi vientre en una suave caricia.
Oh... Dejo de respirar. Eli mira hacia mí, sus ojos oscureciéndose. Sus labios se separan mientras inhala y, en un deliberado movimiento, las puntas de sus dedos rozan mi sexo.
Santa mierda. El deseo detona como un artefacto incendiario encendiendo mi torrente sanguíneo. Agarro su cabeza, los dedos tejiendo en su cabello, y tirando con fuerza para que mis labios encuentren los suyos. Jadea, sorprendido por mi asalto, dando entrada libre a mi lengua en su boca. Gime y me besa de nuevo, sus labios y lengua hambrientos de mi, y por un momento nos consumimos el uno al otro, perdidos en lenguas y labios y respiraciones y la dulce, dulce sensación, mientras nos descubrimos el uno al otro.
Oh, deseo a este hombre. Ha sido demasiado tiempo. Lo deseo aquí, ahora, al aire libre, en nuestro prado.
—Nozomi —respira, en trance, y su mano roza desde mi trasero hasta el ruedo de mi falda. Me apresuro a desabrocharle la camisa, toda dedos y pulgares.
—Caray, Nozomi, detente. —Él se empuja hacia atrás, la mandíbula apretada, y agarra mis manos.
—No. —Mis dientes muerden con cuidado alrededor de su labio inferior y tiro de él—. No —me quejo de nuevo, mirándolo. Dejándolo en libertad—. Te deseo.
Inhala fuertemente. Está quebrado, su indecisión con mayúsculas en sus luminosos ojos azulez.
—Por favor, te necesito. —Cada poro de mi ser lo está pidiendo. Esto es lo que hacemos.
Él gime en derrota mientras su boca encuentra la mía, amoldando mis labios a los suyos. Acuna una mano en mi cabeza, mientras que con la otra roza mi cuerpo bajando a mi cintura y me acomoda sobre mi espalda y se extiende a mi lado, nunca rompiendo el contacto con mi boca.
Se aleja, cerniéndose sobre mí y mirando hacia abajo. —Eres tan hermosa, Sra. Ayase.
Acaricio su encantador rostro. —Así como tú, Sr. Ayase. Por dentro y por fuera.
Frunce el ceño, y mis dedos trazan el surco en su frente.
—No frunzas el ceño. Tú lo eres para mí, incluso cuando estás enfadado — le susurro.
Gime una vez más, y su boca atrapa la mía, empujándome en la suave hierva bajo la manta.
—Te he echado de menos —susurra, y sus dientes raspan mi mandíbula. Mi corazón se eleva.
—Te he echado de menos, también. Oh, Eli. —Agarro con una mano su cabello y el hombro con la otra.
Sus labios se mueven en mi garganta, dejando tiernos besos a su paso, y sus dedos los siguen, con habilidad deshaciendo cada botón de mi blusa. Quitando mi blusa aparte, besa el suave oleaje de mis pechos. Murmura con admiración, bajo en su garganta, y el sonido hace eco a través de mi cuerpo a mis lugares más oscuros.
—Tu cuerpo está cambiando —susurra. Su pulgar atormenta mi pezón hasta que está erguido y se fuerza en contra de mi sujetador—. Me gusta
—añade. Puedo verlo saborearse con su lengua y trazar la línea entre el sujetador y el pecho, tentador y atormentándome. Tomando mi copa del sujetador con delicadeza entre sus dientes, lo atrae hacia abajo, liberando mi pecho y acariciando mi pezón con su nariz en el proceso. Se arruga en su tacto y el frío de la suave brisa del otoño. Sus labios se cierran alrededor de mí, y chupa largo y duro.
—¡Ah! —gimo, inhalando fuertemente a continuación, una mueca de dolor mientras el dolor irradia hacia el exterior de las costillas magulladas.
—¡Nozomi! —exclama Eli y mira hacia mí, la preocupación en su rostro—. Esto es de lo que estoy hablando —amonesta—. Tu falta de autopreservación. No quiero hacerte daño.
—No... no te detengas —gimo. Él me mira fijamente, en guerra con él mismo—. Por favor.
—Ven. —Se mueve repentinamente, y estoy sentada a horcajadas sobre él, mi falda corta ahora agrupada alrededor de mis caderas. Sus manos se deslizan sobre la parte superior de mis muslos.
—Ahí. Eso está mejor, y puedo disfrutar de la vista. —Llega arriba y con su dedo índice engancha mi otra copa del sujetador, liberando ese pecho, también. Me agarra ambos pechos, y yo tiro mi cabeza hacia atrás, empujando en bienvenida a sus expertas manos. Me atormenta, tirando de mis pezones y rodando hasta que grito, luego se sienta, así que estamos cara a cara, sus codiciosos ojos azulez en los míos. Él me besa, sus dedos siguen atormentándome. Tengo que pelearme con su camisa, deshaciendo los dos primeros botones, y es como una sobrecarga sensorial, quiero besarlo por todas partes, desvestirlo, hacer el amor con él de una vez.
—Oye… —Suavemente agarra mi cabeza y tira hacia atrás, sus ojos oscuros y llenos de promesas sensuales—. No hay prisa. Tómatelo con calma. Quiero saborearte.
—Eli, ha pasado mucho tiempo. —Estoy jadeando.
—Despacio —susurra, y es una orden. Besa la esquina derecha de mi boca—. Despacio. —Besa el lado izquierdo—. Despacio, nena. —Él tira de mi labio inferior con los dientes—. Vamos a aprovechar esto despacio. —Él
despliega sus dedos en mi cabello, me mantiene en mi lugar mientras su lengua invade mi boca, buscando, probando, calmando... inflamando. Oh, mi hombre puede besar.
Acaricio su rostro, los dedos moviéndose tentativamente hasta el mentón y luego a su garganta, y me pongo de nuevo con los botones de su camisa, tomándome mi tiempo, mientras él continua besándome. Poco a poco saco su camisa, mis dedos pasando por encima de sus clavículas, sintiendo su camino a través de su cálida y sedosa piel. Le empujo suavemente hacia atrás hasta que yace debajo de mí. Sentada, miro hacia abajo a él, consciente de que estoy retorciéndome contra su creciente erección. Hmmm. Trazo mis dedos a través de sus labios hacia su mandíbula, luego por su cuello, sobre su nuez de Adán a la pequeña hondonada en la base de su garganta. Mi hermoso hombre. Me inclino hacia abajo, y mis besos, siguen las puntas de mis dedos. Mis dientes rozan su mandíbula y besan su garganta. Cierra los ojos.
—Ah —gime e inclina la cabeza hacia atrás, y dándome un acceso más fácil a la base de su garganta, su boca floja y abierta en silenciosa veneración. Eli perdido y excitado es tan emocionante... y tan excitante para mí.
Mi lengua se arrastra hacia abajo al esternón, girando a través del pelo de su pecho. Hmmm. Sabe tan bien. Huele muy bien. Embriagador. Beso primero una, luego dos de sus pequeñas y redondas cicatrices, y él agarra mis caderas, mientras mis dedos se frenan en su pecho al mirar hacia él. Su respiración es dura.
—¿Quieres esto? ¿Aquí? —respira y sus ojos se entrecierra con una embriagadora combinación de amor y lujuria.
—Sí —gimo, y mis labios y lengua rozan del pecho a su pezón. Tiro y giro suavemente con los dientes.
—Oh, Nozomi —susurra y rodeando mi cintura me levanta, tirando de su botón y bragueta por lo que salta libre. Me sienta de nuevo, y me empuja contra él, deleitándome en la sensación de tenerlo caliente y duro debajo de mí. Pasa las manos por mis muslos, haciendo una pausa en la cima donde mis muslos y mi carne se inicia, con las manos corriendo pequeños círculos torturando la parte superior de mis muslos, para que las puntas de sus dedos me toquen... toquen donde quiero que me toquen. Jadeo.
—Espero que no estés muy unida a tu ropa interior —murmura, sus ojos desorbitados y brillantes. Sus dedos trazan el elástico a lo largo de mi vientre y luego se deslizan en el interior, torturándome, antes de agarrar mi ropa interior con fuerza y presionar con los pulgares a través del delicado material. Mis bragas se desintegran. Sus manos se abren sobre mis muslos, y los pulgares rozan mi sexo una vez más. Flexiona sus caderas para que su erección se frote contra mí.
—Puedo sentir lo mojada que estas. —Su voz está teñida con reconocimiento carnal, y de repente se sienta, su brazo alrededor de mi cintura de nuevo, así que estamos cara a cara. Frota su nariz contra la mía.
—Vamos a tomar esto despacio, Sra. Ayase. Quiero sentir todo de ti. —Me levanta, y con frustrante, lenta y exquisita facilidad, me baja sobre él. Me siento bendecida con cada pulgada de él que me llena.
—Ah… —gimo incoherentemente mientras llegar a estrechar sus brazos. Trato de levantarme de él por algo de bienvenida fricción, pero me mantiene en su lugar.
—Todo a mí —susurra e inclina la pelvis, empujándose a sí mismo dentro de mí todo el camino. Echo la cabeza hacia atrás y dejó escapar un grito ahogado de puro placer.
—Déjame escucharte —murmura—. No, no te muevas, sólo siente.
Abro mis ojos, mi boca congelada en un silencioso ¡Ah! Y está mirándome, los licenciosas ojos azul entornados en un aturdido verde. Se mueve, haciendo girar sus caderas, pero me mantiene en mi lugar.
Gimo. Sus labios están en mi garganta, besándome.
—Éste es mi lugar favorito. Enterrado en ti —murmura contra mi piel.
—Por favor, muévete —pido.
—Despacio, señora Ayase. —Flexiona sus caderas e irradia de nuevo placer a través de mí. Tomo su rostro y lo beso, consumiéndolo.
—Ámame. Por favor, Eli.
Sus dientes rozan mi mandíbula hasta mi oído. —Vamos —susurra, y me levanta hacia arriba y abajo. Mi diosa interior se desata, y lo empujo hacia abajo en el suelo y comienzo a moverme, saboreando la sensación de él dentro de mí... montándolo... montándolo duro. Con sus manos alrededor de mi cintura coincidiendo con mi ritmo. He echado de menos esto... la embriagadora sensación de él debajo de mí, dentro de mí... el sol en mi espalda, el dulce olor de la suave brisa de otoño cayendo en el aire. Es una fusión embriagadora de los sentidos: tacto, gusto, olfato y vista de mi amado esposo debajo de mí.
—Oh, Nozomi —gime, los ojos cerrados, la cabeza hacia atrás, la boca abierta.
Ah... amo esto. Y en el interior, estoy construyendo... construyendo... escalando... más alto. Las manos de Eli pasan a mis muslos, y delicadamente sus pulgares presionan su cúspide, y exploto a su alrededor una y otra y otra y otra vez, y colapso, tirada en su pecho mientras él grita a su vez, dejándose ir y llamándome por mi nombre con amor y alegría.
Me abraza contra su pecho, acunando mi cabeza. Hmmm. Cierro los ojos y saboreo la sensación de sus brazos alrededor de mí. Mi mano está sobre su pecho, sintiendo el regular latido de su corazón, que se ralentiza y calma. Beso y toco con mi boca la de él, y es una breve maravilla que no hace mucho no me hubiera dejado hacer esto.
—¿Mejor? —susurra. Levanto la cabeza. Está sonriendo ampliamente.
—Mucho. ¿Tú? —Mi sonrisa refleja su respuesta.
—Te he echado de menos, Sra. Ayase. —Está serio por un momento.
—Yo también.
—No más heroísmos, ¿eh?
—No —prometo.
—Siempre debes hablar conmigo —susurra.
—Lo mismo para ti, Ayase.
Él sonríe. —Punto bien hecho. Lo voy a intentarlo. —Besa mi cabello.
—Creo que vamos a ser felices aquí —susurro, cerrando los ojos otra vez.
—Sí. Tú, yo y... Blip. ¿Cómo te sientes, por cierto?
—Bien. Relajada. Feliz.
—Bien.
—¿Tú?
—Sí, todas esas cosas —murmura.
Levanto la vista hacia él, tratando de evaluar su expresión.
—¿Qué? —pregunta.
—Sabes, eres muy mandón cuando tenemos sexo.
—¿Te estás quejando?
—No. Sólo me preguntaba... dijiste que lo echabas de menos. Sigue mirándome. —A veces —susurra.
Oh.
—Bueno, tendremos que ver qué podemos hacer al respecto —murmuro y lo beso suavemente en los labios, enroscándome en torno a él como una enredadera. Imágenes de nosotros juntos, en la sala de juegos, el Tallas, la mesa, en la cruz, encadenados a la cama... Me encantan sus pervertidos gustos sexuales al joder, nuestros pervertidos gustos sexuales al joder. Sí. Puedo hacer esas cosas. Puedo hacer esto por él, con él. Puedo hacer esto por mí. Mi piel hormiguea con el recuerdo de la fusta.
—Me gusta jugar, también —murmuro, y mirando hacia arriba, soy recompensada con su tímida sonrisa.
—Sabes, me gustaría poner a prueba tus límites —susurra.
—¿Mis límites para qué?
—El placer.
—Oh, creo que me gustaría. —Mi diosa interior cae en un desmayo de muerte.
—Bien, quizás cuando lleguemos a casa —susurra, dejando que la promesa cuelgue entre nosotros.
Lo toco con la boca una vez más. Lo amo tanto.
Ya han pasado dos días desde nuestro picnic. Dos días desde la promesa de bien, quizás cuando lleguemos a casa lo hagamos. Eli me sigue tratando como si estuviera hecha de cristal. Todavía no me deja ir a trabajar, así que he estado trabajando desde casa. Pongo la pila de cartas con dudas que he estado leyendo a un lado en mi escritorio y suspiro. Eli y yo no hemos estado de vuelta en la sala de juegos desde lo de la palabra de seguridad. Y él dijo que lo echa de menos. Bueno, yo lo hago... sobre todo ahora que quiere explorar mis límites. Me ruborizo, pensando en lo que podría conllevar. Echo un vistazo a la mesa de billar... Sí, no puedo esperar para explorarlos.
Mis pensamientos son interrumpidos por una suave y lírica música que llena el apartamento. Eli está tocando el piano, no uno de sus lamentos habituales, sino una dulce melodía, una melodía de esperanza, que reconozco, pero nunca le he oído tocar.
Voy de puntillas al arco de la gran sala y veo a Eli en el piano. Es el atardecer. El cielo es de un opulento color rosa, y la luz se refleja en su pelo bruñido de cobre. Se ve impresionantemente hermoso, concentrándose mientras toca, sin darse cuenta de mi presencia. Ha estado tan próximo en los últimos días, tan atento, ofreciendo pequeñas ideas en su día, sus pensamientos, sus planes. Es como si hubiera roto una presa y comenzado a hablar.
Sé que vendrá a verme dentro de unos minutos, y me da una idea. Emocionada, huyo, con la esperanza de que aún no se haya fijado en mí, y corro hacia nuestra habitación, quitándome la ropa, hasta que estoy usando nada más que ropa interior de encaje de color azul pálido.
Encuentro una camiseta de color azul pálido y me meto en ella rápidamente. Eso ocultará mis golpes. Buceando en el armario, saco los desteñidos jeans de Eli, los de su sala de juegos, mis jeans favoritos, del cajón. De mi mesa de noche recojo mi BlackBerry, doblo los jeans cuidadosamente, y me arrodillo junto a la puerta del dormitorio. La puerta está entreabierta, y puedo escuchar los acordes de una pieza, que no conozco. Pero es otra canción esperanzadora, es encantadora. Rápidamente le escribo un correo electrónico.
De: Ayase Nozomi
Asunto: El placer de mi esposo
Fecha: 21 de septiembre de 2017 20:45
Para: Ayase Eli Señor
Espero sus instrucciones. Suya siempre
Sra. A x
Pulso enviar.
Unos momentos más tarde la música se detiene abruptamente. Mi corazón se tambalea y empieza a golpear. Espero y espero y, finalmente, mi BlackBerry vibra.
De: Ayase Eli
Asunto: El placer de mi esposo — amo ese título nena.
Fecha: 21 de septiembre de 2017 20:48
Para: Ayase Nozomi
Sra. A
Estoy intrigado. Voy a buscarte. Estate preparada.
Ayase Eli
Anticipativo Gerente General, Ayase Empresas Holdings Inc.
¡Estate preparada! Mi corazón empieza a latir con fuerza y empiezo a contar.
Treinta y siete segundos después la puerta se abre. Estoy mirando hacia abajo a sus pies desnudos mientras hace una pausa en el umbral. Hmmm. No dice nada. Por siglos no dice nada. Oh, mierda. Me resisto a la tentación de mirarlo a los ojos y mantengo mis ojos bajos.
Por último, se agacha y recoge sus jeans. Se queda en silencio, pero se dirige hacia el armario y yo me quedo inmóvil. Oh por Dios... esto es. Mi corazón está impotente, y me entusiasma la descarga de adrenalina picando a través de mi cuerpo. Me retuerzo mientras mi emoción crece.
¿Qué va a hacer para mí? Unos momentos más tarde está de vuelta, usando los jeans.
—¿Así que quieres jugar? —murmura.
—Sí.
No dice nada, y corro el riesgo de una rápida mirada... a sus jeans, sus muslos vestidos de algodón, el bulto blando en la bragueta abierta, el botón en la cintura, su rastro feliz, su ombligo, su abdomen cincelado, su pelo en el pecho, sus ardientes ojos azules, y su cabeza inclinada hacia un lado. Está arqueando una ceja. Oh,mierda.
—¿Sí qué? —susurra.
Oh.
—Sí, Señor.
Sus ojos se ablandan. —Buena chica —murmura, y me acaricia la cabeza—. Creo que será mejor que te lleve arriba ahora —añade. Mis entrañas se retuercen, y aprietan el vientre de esa deliciosa manera.
Toma mi mano y le sigo a través del piso y las escaleras. Fuera de la puerta del cuarto de juegos, se detiene, se inclina y me besa suavemente antes de agarrar mi cabello con fuerza.
—Sabes, estás cubriendo la parte inferior —murmura contra mis labios.
—¿Qué? —No entiendo lo que está hablando.
—No te preocupes. Viviré con eso —susurra, divertido, y pasa su nariz a lo largo de mi mandíbula y suavemente muerde mi oreja—. Una vez dentro, te arrodillas, como te he enseñado.
—Sí... Señor.
Él mira hacia mí, los ojos brillantes de amor, admiración, y malos pensamientos.
Por Dios... La vida nunca va a ser aburrida con Eli, y estoy en esto a largo plazo. Me encanta este hombre: mi esposo, mi amante, el padre de mi hijo, mi a veces Dominante... mi Cincuenta Sombras.
