B-La Era del Caos. Tercera Parte Final
Se los advertí, era largo el final
Templo de Leo
-¡Mátalo Milo!
Y es que Ezis continuaba girando sus cadenas y las estirges se multiplicaban con cada giro, haciendo casi imposible controlarlas.
-¡Ahora no puedo gato! -Milo tenía demasiados bichos encima, los otros tres dorados optaron por atacarlas con sus técnicas para acabar con ellas, pero eran voraces bebedoras de sangre y cuando mordían, no se soltaban.
-¡RAYO DE AURORA! -lanzó Camus y el ataque resultó muy efectivo para exterminarlas, sin embargo eran muchas y demasiado hábiles para atraparlas a todas.
-¡RELÁMPAGO DE VOLTAJE!
-¡Aioria… están saliendo del templo! -gritó Milo.
-Terminen con Ezis… yo las elimino desde afuera -infirió Camus y corrió hacia la salida oeste y de dos saltos estuvo a mitad de la escalinata que llevaba a Virgo -si llegan a Rodorio… será una masacre
Rodorio
-Debemos darnos prisa, hay que llegar al coliseo antes de que caiga la noche -señaló Algor adelantándose a los pueblerinos para señalarles el camino.
Dante, Ptólemy, Aracné y otros miembros de la Orden de Plata, hacían grandes esfuerzos en asegurar un refugio para los pobladores de Rodorio y debido a la situación en el Santuario, eligieron un claro en un bosque cercano para montar un campamento provisional hasta que tuvieran noticias de los avances de los Caballeros Dorados.
Por obvias razones, algunos rodorianos no estaban dispuestos a aceptar la ayuda de los plateados, sin embargo era tanta la necesidad que terminaron por acceder al ofrecimiento.
Todos estaban asustados, porque se escuchaban retumbos y se veían destellos salir de las Doce Casas. Hasta el Sol parecía buscar refugio, era media tarde y el cielo estaba demasiado oscuro para la hora.
-Maestro Dante -susurró Shakti, una amazona de plata que recién se había ordenado bajo su tutela- ¿qué es eso?
-¡Estirges! -gritó Ptólemy y les hizo señas a sus compañeros de que apuraran el paso- ¡corran… protejan a la gente!
Dante dirigió su mirada hacia las Doce Casas, desde donde una nube de espantosas bestias volaban rápidamente hacia donde estaban todos -¡Moses!¡Jamián!... apresuren a esa gente… ¡los demás quédense aquí a enfrentarlas!
Escalinata hacia Virgo
Camus preparó su técnica levantando las manos unidas sobre su cabeza y apuntó hacia la nube de estirges que se dirigían hacia Rodorio.
-¡EJECUCIÓN AURORA!
En dirección contraria Afro se dirigía hacia Leo sosteniéndose un costado, cuando una lluvia de trozos de hielo le cayó encima.
-Qué diablos -exclamó el sueco cubriéndose la cabeza y tomó una estirge congelada en su mano para examinarla- conozco estas cosas… Mu me había contado que las había visto en Jamil… si llegan al pueblo será un desastre…
El de Piscis miró hacia atrás y sintió el escozor de la gran herida que le había hecho Moros con sus filosas tenazas -parece que hay muchos problemas adelante, todo es una mierda- se miró la palma de la mano ensangrentada -y conforme avanzamos esto es cada vez más extraño… y más difícil
Una resonancia conocida se escuchó en todo el Complejo Sagrado, la llama de Cáncer se había extinguido.
Casa de Virgo
Despertó el día en que por única vez Shion los llevó a él y a Saga a Cabo Sunión. El Patriarca quería contarles un poco de la historia del Santuario y de cómo se castigaba a los infractores en tiempos pasados.
-Estos calabozos fueron cavados en la parte baja de este risco, ahí donde se encuentran las ruinas del templo de Poseidón… tengan cuidado niños, que el agua pone resbalosa la escalinata y las caídas suelen ser dolorosas
-No creo que estar encerrado cerca del mar, sea tan mal castigo -observó él inocentemente.
Aioros vio a Shion reir con cariño y acariciarle los rizos rubios -te aseguro que es peor de lo que parece, pero eran otros tiempos y esto es solo un mal recuerdo
-A mi no me da miedo -interrumpió el pequeño Saga, siempre inflando el pecho ante cualquier situación- un tiburón no puede pasar los barrotes
-No pequeños, los peces no son el peligro aquí -los tres entraron en una de las celdas y Shion les dejó dar un vistazo alrededor- los condenados morían ahogados por la marea
-No me digas maestro que el agua llegaba hasta el techo
Shion asintió -y los pobres prisioneros luchaban días antes de morir
-Es horrible -dijo Saga escondiéndose detrás de Aioros.
-Esto se los muestro porque uno de ustedes va a tomar mi lugar algún día y costumbres como esta, no deben repetirse nunca ¿me oyeron?
-Sí, señor -dijo Saga recobrando la firmeza- cuando Aioros y yo seamos Patriarcas, no vamos a encerrar a los que se portan mal ahí…
Shion se carcajeó suavemente -eso espero pequeños...
-Sí señor- el pequeño Aioros giró para observar a su alrededor y cuando se devolvió, Shion y Saga habían desaparecido. Asustado, salió del calabozo y en cuanto lo hizo escuchó a sus espaldas el sonido del hierro al caer sobre la piedra. Al voltearse descubrió la silueta de otra persona que se distinguía gracias a la poquísima luz que entraba en la cueva.
-¡SEIKA! -gritó al descubrir con horror quien estaba encerrada en la celda.
-Pequeño… te lo suplico, ayúdame por favor -dijo ella corriendo hacia la verja.
-Soy yo Seika… soy Aioros
-Por favor pequeño -dijo ella sin reconocerlo- te lo ruego, no quiero morir aquí, por favor… tengo mucho miedo
-Te voy a sacar -dijo él asustado y cuando intentó levantar la verja, era demasiado pesada para él. Desesperado siguió intentando con todas sus fuerzas hasta que sus pequeñas manos se rompieron y de pronto la marea comenzó a subir muy rápido. En unos cuantos segundos flotaban muy arriba del suelo. Las olas le golpeaban inclementes en la espalda y lo lanzaban contra la reja oxidada.
-¡Seika!... no te desesperes
-Por favor -la chica comenzó a ahogarse- te… lo ruego, por favor
-¡SEIKA! -la oía regurgitar agua y eso lo desesperaba- ¡SEIKA!
-NOOOOOOO -gritó y al abrir los ojos de golpe, reconoció la arquitectura del templo de Virgo, al parecer todo fue una ilusión- maldito Phobos -susurró jadeando y echó la cabeza hacia atrás para recuperarse de la pesadilla.
Después de unos instantes, se estiró para levantarse y su mano rozó algo que estaba junto a él. Aterrado giró la cabeza y se sintió desfallecer; porque a su lado estaba Seika con la mirada perdida. Y entre las comisuras de los labios azulados, caía constante un hilito de agua.
Casa de Leo
En cuanto Camus comenzó a utilizar su técnica para congelar a las estirges, la temperatura bajó lo suficiente como para formar una ligera capa de hielo dentro del templo de Leo.
-Miren -señaló Aioria- parece que a los bichos no les gusta el frío
Y efectivamente así era. Conforme el ambiente se enfrió, las estirges se volvieron más frágiles y ante el mínimo golpe caían hechas pedazos al suelo.
-¡Milo! -le llamó Aioria- Ezis se está debilitando -el león corrió hacia su compañero y ambos se colocaron en posición para atacar. Mientras tanto Aphrodite llegó a Leo.
-Seguramente convocar esos bichos le drena energía
-¡ANTARES!
-¡RELÁMPAGO DE VOLTAJE!
Milo atacó el cuerpo y Aioria la cadena y las estirges que aún salían de ella. En un instante, el arma de Ezis quedó hecha añicos y se desplomó de rodillas pesadamente.
-Parece que todo está bajo control aquí -susurró Dite cuando se encontró más adelante con Shura
-No se preocupen -confirmó Milo- la victoria está asegurada… Ezis no se levantará de ahí
-Es cuestión de un par de golpes más y estará acabado… pez, tú y yo debemos seguir
Afro asintió y junto con Shura salieron rumbo a la sexta casa; Virgo.
Mientras tanto, Aioria y Milo terminaban su tarea con Ezis -lo tenemos -dijo Milo- pero a pesar de los ataques, aún vive
-Dale el golpe de gracia, estos tipos son demasiado peligrosos como para dejarlos con vida
Camus venía entrando -me topé a los otros que se dirigían hacia Virgo y me dijeron que todo estaba bajo control aquí, ya no hay estirges vivas afuera
-Excelente trabajo en equipo -dijo Aioria y le dio una palmadita al de Acuario- lo hemos acabado, a él y a sus bichos del demonio…
Ezis se rió con burla -lo que tenía que hacer, lo he cumplido ya… ustedes no tienen salvación -dijo con sorna- por cierto… yo me preocuparía más por el Axis Mundi que protege este Santuario, que por proteger a unos cuantos pueblerinos inútiles
-¿Qué putas contigo? -interrogó Milo- ¿sigues hablando mierda?
-Ya verás -susurró Ezis antes de desvanecerse en la nada.
-Imbécil -susurró Aioria- ¿saben a qué se refería?
-Ni idea...
-Dioses -exclamó Camus y empalideció- ¿dijo Axis Mundi verdad?
Milo y Aioria lo dijeron al unísono -el abedul sagrado...
Templo de Virgo
-Aioros… Aioros de Sagitario
Al sonido de aquella voz, abrió los ojos lentamente y trató de enfocar la imagen de quien lo llamaba. Era un joven rubio, de cabellera larga y mirada impregnada de una curiosidad juguetona que solo había percibido en una persona en el mundo.
-Sha… ¿Shaka?¿eres tú?
-Aioros -le susurró el de Virgo sin perder la serenidad de su rostro perfecto- tú y los demás, no deben permitir que los hijos de la oscuridad los involucren en su juego macabro…
-¿De verdad estás aquí Shaka? -Aioros estiró una mano y el rubio la tomó entre las de él, sin embargo la sensación para el de Sagitario no era humana- ¿qué te pasó?
-Solo no estoy aquí -contestó el rubio- estoy en un lugar fuera de lo conocido para ti, pero puedo observar y sentir desde aquí las batallas que se libran en el Santuario… Aioros, no hay forma de evitar lo que va a suceder, pero si de detener su avance en el momento correcto… no podemos reversarlo, pero sí comenzar de nuevo
-Shaka… no te entiendo
-Parece que nada puede mejorar y que incluso nuestras almas sucumbieron a la oscuridad igual que el resto de los hombres… pero hay luz al final de uno de muchos caminos y es esa luz la que liberará nuestro espíritus de las tinieblas en que están atrapados ahora…
-¿A qué te refieres Shaka?
-Los dioses que han enfrentado, son los hijos de Nix… la primigenia progenitora de todas las desgracias que acechan a los hombres… cada uno de ellos es capaz de llevar a la perdición a cualquier ser humano de la forma más cruel… sin embargo Aioros, recuerda un detalle muy importante; los caballeros dorados, no somos humanos…
El de Sagitario abrió los ojos sorprendido y meditó un segundo acerca de ese detalle del que había escuchado solo rumores -no… no estoy tan seguro de lo que dices… últimamente me he sentido más humano que nadie
Aioros recordaba perfectamente a sus padres, también recordaba a Aioria cuando era un bebé, sin embargo había un detalle importante y es que aunque ya tenía edad para saberlo, no recordaba haber visto nunca a su madre embarazada.
-No tengo por qué engañarte, es una verdad de la que se nos ha hablado poco -se defendió Shaka- y esa verdad en particular, es el bastión del que tenemos que aferrarnos para vencer al final de esta guerra de guerras
-Shaka…
-No hay tiempo Aioros… el mundo caerá en una era de tinieblas y los primigenios devolverán todo a los tiempos en que las fuerzas de la naturaleza atentaba en contra de la existencia del ser humano
-El Caos
-Exactamente...
De pronto, los ojos de Aioros se llenaron de lágrimas al darse cuenta de que la figura de Shaka comenzaba a desvanecerse -no te vayas… necesito encontrar a Seika y este malvado demonio ha poseído mi razón y mi alma… siento que la oscuridad me invade y no puedo evitarlo
-Podrás soportarlo Aioros… y no te preocupes por Seika, yo cuidaré de ella -la voz del rubio comenzó a oírse cada vez más lejana -busca tu camino Caballero de Sagitario y allí encontrarás tu luz… que el recuerdo de la mujer que amas, te guíe en esa búsqueda… nos vemos al otro lado
-¡Shaka!... ¡Shaka!... no te vayas, no te vayas por favor
-Aioros… Aioros
-Shaka… ¿eres tú?
-Definitivamente no, viejo -era Shura con rostro preocupado, tratando de volverlo en sí- ¿estás bien?
-Seika -susurró desesperado- Seika… ¿dónde está?
-¿Seika la hermana de Seiya?
Aioros se incorporó con dificultad -ella estaba aquí… a mi lado… estaba... estaba muerta- susurró Aioros con tristeza.
-Me temo que caíste en algún tipo de encantamiento amigo… trata de calmarte, aquí no hay ninguna chica muerta, solo un templo vacío
-Shaka estaba aquí
-¿Shaka?¿nuestro Shaka?
Aioros asintió -al menos su presencia y me habló de un mundo de tinieblas y de nuestras almas cayendo a la oscuridad…
-Él siempre habla en parábola
Aioros sacudió la cabeza -diablos... quisiera saber exactamente qué significa todo lo que dijo... un momento ¿viniste solo?
-No si vine con…
Shura volvió hacia un lado y se percató que el caballero de Piscis ya no estaba ahí. De inmediato se apresuró a buscarlo junto con Aioros y lo halló en la salida oeste del templo mirando hipnotizado hacia la cima de la escalinata. Tenía el casco bajo el brazo y de no ser porque la cascada de cabello celeste se mecía con el viento, se le podría tomar como la escultura.
-¿Qué hay contigo?¿te han hechizado también?
-Algo pasa -susurró el peliceleste ensimismado- huele a muerte...
-Deben ser algún animal que está cerca de aquí -intervino Aioros.
El sueco negó de inmediato -es arriba
Shura miró hacia la misma dirección y efectivamente percibió de inmediato la peste.
-Debe ser -susurró Aphrodite y apretó el puño contra su pecho- diablos… duele...
-¡¿Qué te sucede por la diosa?! -exigió saber un tanto desesperado Shura.
-No puede estar pasando esto… no puede ser, tengo que irme
-¡Dite!... ¡espera! -gritó Aioros con intención de seguirlo, pero en ese momento Shura lo detuvo del brazo.
-Espera -susurró el español y dirigió su mirada hacia un lado- no podemos seguir, porque no estamos solos aquí
Asgard, palacio Valhalla
-¡Hilda!
Un rato antes la regente de Asgard se sintió mal de pronto y supo de inmediato que aquel mal que la afligía no provenía de su naturaleza humana. Recluida en el dormitorio principal, Flare trataba por todos los medios de apurar a los médicos del palacio para que ayudaran a su hermana.
-Hago lo que puedo -le respondió Andreas, el médico jefe mientras le aplicaba un bálsamo en la frente a Hilda- su temperatura está cada vez más alta
-Por favor Andreas… se ve muy débil… te lo ruego ¡Hilda! ¡yo sé que eres fuerte, esto no es nada para ti!... debe ser la angustia que está pasando por…
-¿A qué se refiere señorita Flare? -preguntó Andreas, quién no se había separado de las hermanas, desde que la menor de ellas lo hubiera llamado por ayuda cuando Hilda se desvaneció.
-Para mi hermana ha sido muy dolorosa la situación con Atenas, Poseidón la ha llamado para que apoye la intrusión al Santuario, pero ella… está ligada a uno de los Caballeros Dorados
-Ah sí… el francés -Andreas volvió a su tarea con el mortero- no entiendo la fascinación de su hermana por ese hombre, pero le aseguro que este mal no tiene que ver con angustia o amor, esto… no es normal
El médico apuró unas gotas del extracto de hierbas que estaba preparando sobre una venda y con él embadurnó la frente de la peliceleste, quien ya no respondía a los llamados de Flare.
-¿Qué le pasa Andreas?
-No sé decirle qué está sucediendo señorita Flare -informó el médico en el momento en que un guardia del palacio, irrumpió de repente en la habitación.
-¿Qué sucede con usted? -reclamó Flare un tanto alterada con el guardia- estos son los aposentos privados de mi hermana
-Señorita Flare… por favor -suplicó el hombre antes de que Alberich, quien normalmente asistía a Andreas, hiciera ademán de sacarlo de la habitación- tiene que escucharme… algo terrible está sucediendo
-Habla guardia y si lo que traes no vale la pena… me encargaré de ti y tu insolencia -amenazó el de Megrez.
-¡Señor Alberich… señorita Flare… la señorita Hilda tiene que venir… el árbol sagrado… el Yggdrasil!
-¿Qué pasa con él? -interrogó el médico, haciendo de inmediato la relación con la causa del mal que aquejaba a la regente de Asgard- ¡dilo!
-¡Se ha podrido! -los presentes palidecieron- se consumió hasta las raíces… está muerto
Casa de Virgo
Un hombre corpulento y muy parecido al maestro Dhoko se dejó caer frente a Shura y Aioros -por más que ese chiquillo corra, no va a poder hacer nada… el Abedul Sagrado está perdido
-Así que eso es lo que inquietaba al pez -murmuró dolido Shura- si el Abedul Sagrado muere...
-Uno de los ejes del planeta se perderá -afirmó Aioros entre dientes- y a todo esto ¿tú quién eres? -le preguntó al extraño.
-Soy Geras… estrella maligna de la vejez… la carne de quien cae presa de mi poder, se consume como un árbol en la hoguera -el guerrero rió con burla- ustedes son jóvenes, pero pronto sentirán la calamidad de la decrepitud
-No eres el guardián de este templo… por lo tanto no tienes autoridad en él, si tanto insistes en detenernos tendrás que enfrentarme -amenazó Aioros poniéndose en guardia.
-Esto se va a poner muy entretenido -susurró Geras, quien no borraba la risita pícara de sus labios- hoy no tendré el gusto de pelear con ustedes caballeros dorados, sin embargo -dijo mirando al arquero dorado- he traído conmigo a alguien que se muere por tenerlos…
-¿Qué dices? -susurró Shura exasperado.
Y frente a ellos, una espeluznante visión tomó forma conocida y entonces la imponente gorgona elevó su torso amenazante, extendiendo su cola de víbora por entre la columnata, haciendo bailar las aspics sedientas de sangre en su cabeza.
-Esto si es menudo problema -jadeó Shura al mirar el impresionante bicho- así que esta es Medusa en… ¿persona?
-Por amor a la diosa -susurró Aioros y Medusa con sus ojos aún cerrados, comenzó a oler el ambiente para dar con ellos- escapó del escudo de la armadura de Perseo cuando estuvimos en Japón... fue ella quien atrapó a Seika… déjame acabar con esta maldita
-"Ten cuidado Aioros, que no te ciegue la ira" -le comunicó Shura mentalmente, mientras retrocedía listo para atacar al monstruo por detrás cuando éste hiciera el primer movimiento- "tenemos que ser muy cuidadosos, porque es astuta y traicionera"
-"La mataré y te aseguro que igual suerte correrá el dios que la liberó" -Aioros preparó su arco, dando pasitos hacia atrás junto con Shura- "el llamado Pseudos, usó un hechizo para sacarla del escudo y le ordenó secuestrar a Seika"
-"Esto no puede estar pasando Aioros… estos bichos quedaron atrapados en algunas armaduras… los atlantes se hicieron con varios de ellos, entiendo que las escamas de los Generales Marina contienen a algunos de los más poderosos"
-"Esto se puede poner feo… Shura, tú ve hacia la derecha y yo a la izquierda"
-No tienen escapatoria caballeros dorados -se burló Geras, quien parecía no ser de interés para la Gorgona- ella les encontrará aunque sus ojos sean inútiles en el día...
-Mierda -susurró Aioros y retrocedió cuando de pronto el bicho hizo un movimiento brusco y acercó su rostro peligrosamente al suyo. El griego contuvo la respiración cuando vio aparecer el brillo en los ojos, a medida que la gorgona abría los párpados.
-Serás una imponente escultura de piedra… caballero de Sagitario
-Eso nunca pasará… ¡EXCALIBUR!
Medusa gimió furiosa y se revolcó desesperada, manchando con restos de su sangre las columnas del templo, tratando de escapar del dolor.
-¡NO!... ¿qué hicieron? -gritó Geras furioso y corrió hacia ell monstruo, que al sentir su presencia se dejó auxiliar por él- ¡cómo se atreven!
-Cuidado con la sangre… es muy tóxica -le advirtió Shura a su compañero- ¿estás bien?
-Sí y por una centésima… ahora déjame a Geras
El de Sagitario apuntó a Geras con una de sus flechas, pero de pronto se escuchó un estruendo que provino de las entrañas de la Tierra y se extendió por el cielo.
-¿Qué fue eso? -susurró Shura, tratando de mantener el equilibrio.
-La Tierra… está como rugiendo -susurró asustado Aioros.
-La Tierra no ruge
-Es… es el llamado del padre de todo -Geras sonrió- nuestras órdenes se han cumplido
-¡¿De qué hablas? maldita sea!
Geras sonrió sardónicamente -teníamos que distraer a los caballeros dorados, hasta que la noche cayera... de ahora en adelante la oscuridad va a drenar completamente sus vidas, hasta que no puedan más
-¿Cuál noche? -gruñó Shura- no es más de media tarde y no nos verás doblarnos ante un terremoto o una niebla cualquiera
-Ya lo veremos Aioros de Sagitario...
Y ante los desconcertados atenienses, Geras se desvaneció junto con la Medusa herida.
-El tipo es un idiota… solo quiere asustarnos
-Me temo que no… mira -dijo Shura mostrándole el cielo y el de Sagitario se quedó sin habla- Aioros…de verdad está oscureciendo
Atlantis
Mientras los dorados luchaban a muerte en las Doce Casas, en la enigmática Atlantis generales y jueces lidiaban su propia batalla e intentaban sin éxito, detener a tiempo la hecatombe que se desataría si Tifón lograba liberar a Equidna. Para apresurar las cosas, los Generales Marina decidieron inundar el Soporte Principal para ahogar a la diosa titana.
-¡TRATEN DE SOPORTAR EL PILAR! -gritó Io a la guardia que hacía grandes esfuerzos por mantener la tensión de las cadenas que rodeaban el pilar- ¡EL AGUA YA HA LLEGADO AL LÍMITE! ¡PRONTO VA A AHOGARSE!
-¡Es imposible someterlos a los dos! -le gritó Baian al general de Krisaor, quien junto a él luchaban por mantener el Soporte Principal en pie- ¿dónde putas están Sorrento y Kasa?... ¿qué hay de los asgardianos?
Y es que sin Poseidón, los atlantes perdieron gran parte de su fuerza. Era evidente que sus cosmos no llegaban ni a la media de su potencial, al contrario de Equidna y Tifón que podían alardear del enorme poder que les proporcionaba Nix, cuyo cosmo se extendía rápidamente por todas partes.
-Señor Isaak -un guardia corrió a buscarle al Templo Principal, desde donde el general de Kraken dirigía las huestes de Atlantis- los asgardianos regresaron al Valhalla
-¿Qué estás diciendo?¿Cómo que se devolvieron?... pero ellos...
-Un soldado los alcanzó cuando estaban a punto de entrar al vórtice y les informó que el Ygrassil se estaba quemando, entonces el general de Alpha ordenó de inmediato que se devolvieran a apoyar a la señorita Hilda… Benetoch y los gemelos de Mizard, ni siquiera entraron
-¡Malditos! -gritó enfurecido Baian- ¡deshonraron el pacto con Atlantis como si nada!
Isaak desató su furia contra uno de los pilares del templo, soltándole un puñetazo que dejó un gran boquete -Hilda de Asgard no va a poder mantener el eje sin el Ygrassil, no es tan fuerte -Isaak miró a su alrededor donde poco a poco el Soporte Principal cedía ante las embestidas desesperadas de Equidna -nos vamos a la mierda y todo es culpa de los atenienses… maldigo a Shion de Aries y a mi maestro Camus por esto… ¡diablos!
-Señor… ¿qué hacemos ahora?
Isaak tomó aire, sabía que la suerte estaba echada, pero no iba a rendirse -quedarnos hasta el final- susurró y se dirigió rápidamente al Soporte Principal -¡hey todos... no suelten las cadenas!... ¡no podemos dejarla salir… está por ahogarse!
-¿Qué estás diciendo? -gritó Aiacos desde las alturas- ¡deberíamos buscar refugio!... Atlantis se derrumba, la bóveda oceánica… se resquebraja… no podemos impedir que Tifón ataque los pilares
Los jueces se reunieron y confirmaron asombrados las palabras de Aiacos. En un intento de ganar tiempo, Isaak elevó su cosmo hasta el máximo con la intención de que el agua en el interior del soporte se congelara y apurara la muerte de Equidna, pero cuando estaba a punto de lanzar su ken, un profundo estruendo tambaleó el lecho marino y una gran grieta atravesó el Soporte Principal. Quienes estaban en el suelo marino, perdieron el equilibrio y algunos incluso cayeron.
-Sin Poseidón… Atlantis caerá sin remedio -susurró Minos a sus compañeros.
-La Tierra está perdida
-¡Hay que volver a la superficie! -ordenó Radamanthys- ¡busquen el vórtice para salir, apresúrense!
-¡Isaak!... ¡Isaak! -gritó Baian desesperado corriendo hacia él- ¡el soporte!
-¡SALGAN DE AHÍ! -Isaak lanzó su ken para detener los grandes escombros que comenzaron a caer encima de todos, pero no pudo evitar que Baian, Krisaor y la mayor parte del ejército atlante fueran aplastados cuando por fin, el Soporte Principal cedió al poder de los titanes.
Atlantis, interior del Pilar del Atlántico Norte
-Equidna no deja de chillar… es horrible -murmuró Aglaope aterrada- ¿y si nos llama?
-No nos va a llamar tonta -rechazó Ligeia- no le debemos nada a los titanes
Dentro de la penumbra del pilar, Aglaope y Ligeia discutían acerca de su destino ahora que Equidna estaba libre, ya que si se desataba la guerra entre olímpicos y titanes, todo "ser excepcional" debería tomar partido en un bando.
Mientras eso Tethys intentaba salir del pilar, pero su cola le hacía la tarea sumamente difícil -Isaak está luchando afuera… tengo que ir a ayudarle
-Kanon -susurró Ligeia en un largo suspiro y sus ojos se llenaron de lágrimas- no creí que lo iba a decir nunca, pero extraño mucho a ese canalla
-Todas padecemos el mismo mal, el amor a un humano… qué contrariedad -Aglaope suspiró, mientras Ligeia nadaba en círculos y Tethys daba saltos para alcanzar la portezuela de salida- vamos a quedarnos solas en esto… no sabemos de nuestra hermanas, ni de nuestra madre…
-Huyamos al Aqueloo -saltó de repente Ligeia- nuestro padre nos protegerá…
-Ligeia -llamó Tethys mirando fijamente a su hermana- estas tan retorcidamente loca
-¿No te parece la idea? -preguntó Agalope- entonces qué sugieres Tethys
-Que ayudemos a los Olímpicos
-Tú ya tomaste partido hace mucho y Poseidón te protege… eres básicamente una traidora entre nuestra gente, pero bien sabes que para nosotras esa sería una sentencia de muerte, tu dios regente ya no está aquí y no podríamos pedirle asilo -dijo Aglaope.
Ligeia les hizo señas para que se callaran -escuchen… algo está pasando
Era el crujido de la piedra al romperse y toda la estructura alrededor de ellas tembló.
-Hermanas -Ligeia empalideció y no pudo advertirles a tiempo, cuando el pilar en el que estaban se les vino encima.
Atlantis, Soporte Principal
-¡Baian!, ¡Khrishna! ¡Io! -gritó Isaak y al escuchar los gruñidos de la bestia no pudo más que balbucear su nombre.
-Es… es Equidna
De entre lo que quedaba del Soporte Principal, seis enormes manos clavaron sus garras en la piedra para incorporar el lúgrube torso esquelético de Equidna. La bestia rugió furiosa antes de lanzar los restos de la cadena con la que estuvo atada mientras intentaron ahogarla dentro del pilar.
Los jueces se quedaron paralizados ante semejante visión, sobre ellos, Tifón rugía triunfante -dime que lo que está pasando no es cierto- susurró Minos, en el momento en que el monstruo dejó caer sus dos enormes puños sobre la bóveda oceánica, la cual se cuarteó hasta el Ártico.
-Atlantis colapsará -dijo Radamanthys- es una estupidez continuar esta batalla… debemos reagruparnos en el Inframundo
Aiacos se miró las manos y notó que parecían difuminarse en la nada -Minos, Radamanthys… no sé si el Inframundo será un lugar exactamente seguro para nosotros- los otros dos jueces lo miraron interrogantes- algo me dice que el señor Hades…
-¿Qué insinúas?
-Es que… no siento su presencia y mi cuerpo… se está desvaneciendo
Minos y Radamanthys se miraron entre sí, a ellos les pasaba lo mismo -¿podría haber tenido el mismo destino que Poseidón?... si es así, alguien en el Inframundo tuvo que traicionarlo
-Eso me temo -susurró Aiacos- y de pronto se me viene a la mente la imagen del chico que él escogió como su avatar para esta era
-Otro ateniense involucrado… ¿coincidencia? -intervino Radamanthys, tenía la mirada sombría y se le notaba furioso- salgamos de aquí… este lugar está perdido y nosotros deberíamos proteger el Inframundo… aunque si se confirma lo que sospechas tenemos que volver a pedir una indulgencia de la señora Perséfone para evitar desaparecer en la nada
-No me voy a ir antes de cobrarle a Andrómeda su traición al señor Hades -gruñó Minos- lo haré picadillo con mis hilos… lo juro
Los jueces acordaron la retirada buscando el vórtice que los sacaría del Santuario de Poseidón -hey… atlante- le gritaron a Isaak- volveremos al Inframundo… tememos que algo le sucedió al señor Hades
-No… ¡gárgolas! ¡no pueden irse ahora… hay que enfrentar a Equidna!
Radamanthys se dirigió hacia donde estaba Isaak -no podemos ganarle, eso tú lo sabes
-Si sale de aquí destruirá los tres mundos sin piedad…
Radamanthys suspiró -busquemos más hombres en el Inframundo… en Asgard, en Delfos, nosotros solos no podremos
-¡Rada!¡apresúrate! -gritó Aiacos desde arriba.
-¡Ya voy demonios!... niño, ven con nosotros… los olímpicos cayeron, esta guerra está perdida, buscaremos refugio en el Inframundo y diseñaremos una estrategia… hay suficiente espacio para ti
-No me voy a rendir -susurró Isaak apretando los puños- no me rendiré por mis hermanos caídos… no me rendiré por mi señor Poseidón
Radamanthys suspiró, los otros dos jueces lo estaban esperando abrumados -es tu deber, pero no el nuestro… que tengas una muerte honorable Kraken
-Lo siento -le dijo Minos antes de desaparecer los tres.
Con pesar, a Isaak no le quedó más que verlos marcharse. Los jueces tenían razón, ya nada quedaba por hacer ahí, sin Poseidón y sin el Soporte Principal, Atlantis tenía el tiempo contado. Así que en medio del retumbo que causaban los pilares al derrumbarse, corrió hacia el templo en busca de Tethys para escapar con ella.
-Kraken -escuchó susurrar detrás de él, pero al no encontrar quien le llamaba apuró la carrera.
-Kraken…
De nuevo aquella voz ronca y fue sorprendido cuando una onda de energía lo golpeó en la espalda y lo hizo estrellarse contra el muro del templo
-Diablos -gruñó incorporándose a duras penas- ¿quién está ahí?
-Tú tienes algo que yo necesito -le susurró la misma voz e Isaak se volvió hacia donde estaba Equidna y entonces la mirada de ella se encontró con la suya. Una espantosa sonrisa surgió en los labios de la diosa titana y la misma voz volvió a susurrarle en su oído, a pesar de que ella no movió los labios.
-No sé de qué hablas… ni quien eres, pero si estás detrás de la muerte del señor Poseidón, te haré pagar con tu vida…
-Ya tú… no tienes el control del monstruo
De inmediato, las escamas sagradas que protegían su cuerpo lo abandonaron y tras recibir el ataque de un poderoso cosmo desconocido, lo último que vio antes de cerrar los ojos fue la efigie de su poderosa armadura frente a él.
Isla Andrómeda
Cuando June corrió a la playa en busca de su maestro, lo encontró en el risco más alto de la isla mirando hacia el horizonte como hacía cada día en los últimos años. Se le veía más madura y hace mucho que había dejado atrás la máscara de amazona y su largo cabello rubio. El trabajo en la isla era duro y no tenía tiempo de cuidar tanto su apariencia.
-Maestro Albiore…
-Hija -Albiore continuó meditando, aún cuando la rubia se acercó a su lado- que bueno que viniste… ¿y Shaina?
-Estábamos supervisando la construcción del acueducto y de pronto los aldeanos comenzaron a hacer problema porque dicen que Agnar está enojado de que tomemos su agua sin su permiso
-Ellos hacen alboroto por todo -Albiore sonrió apenas- pero son buena gente y muy trabajadores, llena el espíritu verlos y aleja el dolor en nuestros corazones
June bajó la mirada -usted a sido muy valiente señor con lo de Johari… en cambio yo, no he podido superar lo de Shura
-Yo creo que sí lo has superado hija -Albiore la miró por primera vez- nunca más volviste a intentar salir de aquí a buscarlo… ¿aún no encuentras paz?
La rubia negó con la cabeza -pero a veces envidio a Shaina… al menos Aphrodite le dejó una preciosa niña… a mi me quedó solo la tristeza de su recuerdo, diez años de buscarlo sin dar con él
-Diez años -suspiró Albiore- demasiado tiempo… y aunque sabía que en cualquier momento esto pasaría, no creí que se tardara tanto
-¿De qué habla maestro?
Albiore suspiró y aferró las cadenas de Cefeo -me temo que al fin se han liberado los que debían quedarse en la oscuridad… mira el mar
-Maestro… se está -June pasó saliva ante el impactante fenómeno- el mar se retrae
-June.. ¿recuerdas cuando hablábamos de la razón de ser de los caballeros de Andrómeda?
-Si señor… nos repetía esa charla cada vez que el entrenamiento nos abrumaba…
Albiore se tomó un instante antes de seguir -las condiciones de este lugar, son casi tan crueles como las de la Isla de la Reina Muerta… ¿y recuerdas por qué?
-Porque un guerrero de Andrómeda tiene que ser fuerte de cuerpo y espíritu… para cuando llegue la hora, enfrentemos a la muerte con valor -susurró la rubia sin dejar de mirar hacia el mar.
Albiore asintió y sonrió con cariño -hoy es el día June, hoy honraremos nuestra promesa…
-Maestro -June sintió un escalofrío recorriendo su médula- esto, me da mucho miedo
Albiore se volvió hacia la chica y le acarició el cabello corto -mi niña… es natural sentir miedo…
-Maestro Albiore...
-June… la muerte es nuestra única salida
Inframundo
Perséfone, reina del Inframundo, no se despegó un momento de los restos de su esposo desde que lo encontrara hacía muchas horas ya. Lloró todo lo que le era posible y maldijo mil veces al caballero de Andrómeda por lo ocurrido.
Acuclillada al lado de la cama, pasó suavemente la mano sobre las cenizas acariciándolas como si Hades pudiera renacer de ellas. Frustrada, inclinó la cabeza sobre las sábanas y sollozó una vez más, sin embargo la sobresaltó el repentino retumbo bajo sus pies.
Se levantó y limpiando briscamente sus lágrimas, fue hacia la ventana desde la cual se divisaban los cinco ríos que bañaban las llanuras del Érebo.
-Pero… por Cerbero -susurró incrédula, al percatarse que la cuenca del Estigia estaba fracturada de lado a lado y que el río sagrado caía en una cascada hacia la nada- no puede ser… el Límite
-¡MI SEÑORA!... ¡MI SEÑORA! -le llamaron desde el corredor.
-Lune… ¿qué está pasando aquí?
-Milady… Atlantis ha colapsado… Equidna y Tifón lo han destruído y ella ha invocado a los Titanes, incluso aquellos cuyo poder estaba encerrado en las armaduras de los guerreros Olímpicos
-No puede ser -susurró con voz temblorosa.
-Además -agregó Lune- el Mokugenji...
-¿Qué pasa con el árbol sagrado?... ¡dímelo!
-El Mokugenji se está... pudriendo -Lune la miró por primera vez a los ojos- el eje ha colapsado… no pudimos apagar las llamas
Perséfone no respondió y desvió la mirada hacia el monte donde el Mokugenji vivió su vida y ahora cumplía su condena -sabíamos que algún día estallaría esta guerra -susurró con lágrimas en los ojos- y estábamos confiados porque no creímos nunca, que íbamos a ser los perdedores
This is the end, beautiful friend
This is the end, my only friend
The end of our elaborate plans
The end of ev'rything that stands
The end
Piscis
Sin que nadie se interpusiera en su camino desde Libra hasta Acuario, logró llegar a al duodécimo templo en segundos.
El lugar estaba inundado de aquel espantoso aroma a muerte y apuro el paso hasta el jardín donde vivía el Abedul Sagrado, uno de los axis-árbol de los cuales dependía el equilibrio de los elementos en los tres mundos y el cual estaba bajo su cuidado desde que la diosa Deméter se lo asignara directamente.
Aphrodite divisó la silueta del árbol a pocos metros de donde estaba. Tal y como lo temía, el hermoso Abedul Sagrado se veía deteriorado y el suplicio que emitía desde sus entrañas, era desgarrador. Su follaje había desaparecido, el tronco se veía ennegrecido y cubierto de llagas de las cuales brotaba fluido resinoso.
-¿Qué te ha pasado amigo? -susurró el peliceleste con lágrimas en los ojos, acariciando el tronco enfermo- ¿quién te hizo esto?
El de Piscis encendió su cosmo y el brillo dorado se extendió alrededor del árbol, que poco a poco mostró una evidente mejoría.
-Estarás bien... te curaré aunque tenga que quemar todo mi cosmo para eso -pasaron unos minutos en los que árbol y caballero, unieron sus espíritus en virtud de la salud del abedul, eso, hasta que el dorado recibió un fuerte ataque que le impidió seguir curando al abedul.
-¿Me recuerdas?
-Némesis -una voz odiosa y conocida, provenía de la penumbra que lo rodeaba. Ignorando la pregunta intentó ponerse de pie para continuar curando el árbol, pero de entre la penumbra que se apoderó de su templo, tres siluetas se acercaron a donde estaba y los ataques llegaron de todas direcciones.
No safety or surprise
The end
I'll never look into your eyes again
Escorpión, Leo y Acuario
Se movieron lo más rápido posible, pero algo les impedía avanzar como quisieran. Cruzaron Virgo y estaban a punto de llegar a Libra cuando Aioria miró atrás un instante.
-Milo, Camus -el de Leo señaló hacia el principio de la escalinata. Una espesa niebla negra había cubierto todo el valle de Rodorio y la parte baja del Santuario, allí donde se encontraba el complejo de las Amazonas, el Coliseo y los campos de entrenamiento.
-Tenemos que apresurarnos -indicó Camus- no podemos perder tiempo aquí
-Cam… ¿tal vez esa niebla se vaya con tu aire frío?
El de Acuario miró con evidente angustia a sus compañeros y negó -no Milo… creo que en este momento no soy capaz de crear una brisa siquiera
-Sé de lo que hablas -siguió Aioria jadeando- creo que la pérdida de Atena evidentemente nos resta poder… estamos muy débiles para cualquier cosa y el Santuario está cayendo
-Es cierto -susurró Milo y examinó el brazo izquierdo de su armadura- además ellas no tienen el mismo brillo…
-Yo… me siento muy cansado -dijo Aioria- pero tenemos que llegar a donde los otros
-Milo… ¿seguro que estás bien?
El de Escorpión se tomó el pecho y suspiró -no es nada… sigamos
Capricornio y Sagitario
El reloj de la torre emitió una débil resonancia, la llama de Capricornio se había agotado.
-Espera -pidió el caballero de Sagitario y se tomó de las rodillas para jalar un poco de aire- me siento… muy cansado
-Aioros -Shura bajó unos cuantos escalones y lo tomó del hombro- tenemos que llegar al Templo Principal antes que esa niebla, mira ya está a punto de llegar a Aries y todo desaparece bajo su manto…
-Es solo niebla -jadeó Aioros- no tenemos que asustarnos… me preocupa más lo que encontremos adelante
-Yo creo que vamos a tener que empezar a preocuparnos por eso -Shura señaló hacia el valle.
Desde donde estaban, se veía bien el inicio de la escalinata que llegaba hasta Aries y lograron divisar a dos soldados que salieron de entre la espesa niebla despavoridos. Atrás de ellos, toda construcción se derrumbaba al ser alcanzada por el extraño fenómeno. Aioros se incorporó con intención de ir a ayudarle a los pobres hombres y Shura lo detuvo de un brazo.
-No llegaremos a tiempo… estamos demasiado débiles para eso, ellos tienen su suerte echada
Aioros miró aterrado a los dos hombres que terminaron como una sustancia negra y voluble, que pasó a ser parte de la misma niebla que los había matado.
El de Sagitario pasó saliva sin poder creerlo -esa niebla es básicamente la esencia de personas muertas…
-La esencia de la Muerte -susurró Shura- escucha… es el grito de todos los que caen a su paso -Shura apretó los párpados y cerró los puños impotente -la Orden de Plata completa estaba ahí… los soldados, los pobladores
-El valle… el Santuario, la casa de Aries
En ese momento escucharon un retumbo; el templo del carnero dorado comenzó a desplomarse.
Escorpión, Leo y Acuario
-Aioria, no nos podemos rendir -Camus se devolvió a levantar a su compañero de Leo, quien sucumbía a la debilidad- ya casi nos alcanza...
-Ya cubo -dijo con voz ronca el de Leo- ya no puedo más
-Tienes que continuar Aioria -Camus sabía que no podría cargar al león solo y delante de él, Milo cayó de rodillas. Las armaduras doradas, se habían tornado opacas y quebradizas- Milo… hay que seguir
Sacando fuerzas de flaqueza, Camus levantó a Aioria y lo recargó sobre sí para apoyarlo al andar, pero el griego era pesado y ya no podía sostenerse en pie.
-Sigan… sigan ustedes -susurró muy bajito el León dorado- yo… solo los voy a retrasar, acordamos… dejar a los rezagados
-No vamos a dejarte aquí -Milo tomó a su compañero del otro brazo y ayudó a Camus a continuar subiendo la escalinata que los llevaría a Capricornio- vamos a lograrlo… esa niebla no nos alcanzará
Capricornio y Sagitario
-¿Ya los viste?
-No, pero si vi a Dante y Algor ser alcanzados por la oscuridad -susurró con tristeza Shura desde el techo del noveno templo- no salieron más…
-¿Dónde está ahora?
-Ha llegado a Virgo… se cargó todos los templos hasta Leo
Aioros suspiró y echó la cabeza para atrás en la columna donde tuvo que sentarse a recuperarse -vamos Aioria… chicos… por favor… tienen que llegar
-¡Ahí vienen! -gritó Shura y se lanzó desde arriba- traen remolcado a Aioria… parece muy débil
Aioros se puso de pie con dificultad, las alas de su armadura se sentían demasiado pesadas y entonces decidió deshacerse de ellas.
-¿Qué haces?
-Solo aportan peso, la armadura ya no es funcional… diablos… esta herida -se quejó el de Sagitario mirándose una pierna
-¿Quién te hizo eso?
-Pseudos… pero ya no importa
-Tú no te esfuerces… iré por ellos -el de Capricornio corrió escalinata abajo y tomó el lugar de Milo para apoyar a Leo.
-Viene muy cerca chicos… Camus, tenemos que apresurarnos
El de Acuario subió con todas sus fuerzas y en unos minutos llegaron a Capricornio, donde fueron recibidos por Aioros -Aioria… vamos resiste
-Hermano -susurró muy débil el menor, cuando lo recostaron en el suelo- ya… no puedo más
-Tenemos que seguir Aioros -dijo Shura, mientras Milo y Camus tomaban un segundo aire- casi nos alcanza
-Yo no me voy sin Aioria
-Hermano -susurró Aioria- vete… en serio
El de Sagitario había tomado una decisión y solo bastó una mirada al de Capricornio para que éste reaccionara -no los dejaré morir… no puedo hacer eso, se los debo a los dos
-Vete Shura… ayuda a ese par de ahí, ahora son tu responsabilidad -le dijo Aioros con una cálida sonrisa- no puedo seguir sin mi hermano y de todos modos ya Seika no está…
-Pero…
-¡Ya entró al templo! -les avisó Camus- ¡tenemos que irnos!
Aioros asintió y le sonrió a Shura, quien llenó sus pulmones de aire para no soltar el nudo que tenía en la garganta -vámonos chicos- les indicó a Milo y Camus
-Aioros no te vas a quedar aquí -suplicó Milo- ustedes irán con nosotros, yo cargaré al gato y Camus a ti… ¿verdad Camie?
Camus se mantuvo en silencio y al bajar la mirada, dos hilitos de plata cayeron por su rostro -¿Camie? -insistió el de Escorpión.
-Vengan acá -los llamó Aioria en un susurro y los dos menores se acuclillaron junto a él y se abrazaron sin poder controlar el llanto- mis hermanos, mis mejores amigos, mis cómplices, mi peor influencia… los quiero… de verdad
-Gato -murmuró apenas Milo- no será lo mismo sin ti
-Inventarás algo bicho -Aioria estaba tan débil que casi no podía hablar, la armadura estaba muriendo con él- para eso… siempre, has… sido insuperable
Shura y Aioros se despidieron haciendo un esfuerzo enorme por no echarse a llorar y se abrazaron con todas sus fuerzas -Aioros… hermano
-Shura -el abrazo tuvo que deshacerse porque estaban a punto de ser alcanzados y las columnas del templo comenzaron a tambalear- vete ahora, llévate a estos enanos y traten de llegar al templo principal
Shura se desprendió de Aioros y lo miró por última vez -esto no es un despedida
-No… hermano, no lo es
Escorpión, Acuario y Capricornio
Milo y Shura habían caído en la escalinata que llevaba a Acuario.
-¡MILO, SHURA! -llamó Camus con desesperación cuando se percató de que sus compañeros no lo seguían- ya falta poco
-Cam -susurró Shura con Milo en brazos- el bicho está muy mal
El de Acuario se acercó rápidamente, Milo se quejaba de un fuerte dolor en el pecho y tenía mucha fiebre -alé, alé… ¿qué pasa Mi?
-Siento que… me quemo -Milo jadeaba con dificultad- quítenme… por favor… la armadura
Shura y Camus se miraron y asintieron. Con cuidado de no lastimarlo, retiraron todas la parte superior de la armadura de Escorpión y levantaron a Milo entre los dos para llegar a Acuario, ya que la niebla había alcanzado Capricornio.
-Merde -rezongó Camus tratando de enfriar el aire de su templo sin éxito- es inútil…
-Por favor -suplicó Milo- siento… que me quemo
A unos metros de donde estaba recostado Milo, Shura se apoyó a una columna para no caerse. Mientras atendía a Milo, Camus miró al español con compasión y sin una palabra de consuelo que pudiera brindarle.
Lleno de furia y dolor, Shura se echó a llorar y se desquitó a golpes con la columna, hasta que destrozó los puños de la armadura y luego sus propios huesos -maldita sea la hora en que fuimos traídos de nuevo para perder esta guerra… no nos queda nada… ni siquiera una muerte con honor
-Shura…
-¿Para qué seguir huyendo? -dijo cansado y se volvió hacia sus compañeros cuando escuchó a Milo quejarse intensamente- nada podemos hacer por él…
Camus bajó la cabeza y negó -pero al menos… intentaré hacerlo sentir mejor- dijo y le colocó las palmas en el pecho, para refrescarlo y que se sintiera mejor
-Mu, Shaka, Alde, Aioria… Aioros… ya ni siquiera los siento -siguió Shura monologando y deslizó el cuerpo, hasta que cayó sentado al pie de la columna. Las manos destrozadas sobre el regazo y la mirada perdida en la nada. Camus lo miró sin hablar y continuó su labor con Milo, quien ya casi no respondía a sus llamado- ellos no están… solo las cenizas de sus armaduras… ahora sus recuerdos también se perderán con nuestra muerte... Kanon, Death, Dhoko...
-¡MILO… MILO NO! ¡MI… RESISTE POR FAVOR!
Shura se volvió al escuchar a Camus suplicar y le rompió el corazón mirar al francés abrazando al escorpión, como si quisiera retenerlo en la vida.
-Ahora la gran Antares… ha dejado de brillar también -Shura dejó caer la cabeza hacia atrás, estaba demasiado cansado y solo deseaba dormir. Mientras escuchaba los sollozos de Camus a unos metros de él, susurró unas últimas palabras - le fallamos a la vida, a Atena… le fallé a mis antepasados, le fallé a mis hermanos… le fallé a June… mi preciosa June... perdónenme…
Y en ese momento, se escuchó el espantoso gemido de las voces que llenaban aquella oscuridad voraz, haciendo temblar el templo de Acuario
Acuario y Piscis
Llena su alma de dolor, Camus escapó apenas a tiempo de su templo y continuó hasta Piscis, llorando solo como cuando Atena se suicidó enfrente suyo en la guerra contra Hades.
Se detuvo a mitad de la escalinata para ver hacia atrás. Los cuerpo de Shura y Milo habían sido devorados por la oscuridad y ya no quedaba nada que le pudiera interesar de ese lugar. Pensó en Hyoga e Isaak, en Shaka, en Mu, en el bonachón de Aldaberán y en la bellísima mujer que ocupaba su corazón y que no volvería a ver jamás.
Pensó en su vida junto a Milo y Aioria, en las bromas a los mayores, en sus escapadas al templo de la diosa Afrodita, en las noches leyendo un libro frente a la chimenea cuando estaba en Siberia.
Le bien ne revient jamais -pensó y de inmediato divisó la entrada este de la última casa. Secó sus lágrimas con el brazo y se deshizo de la mayoría de la armadura antes de entrar, conservando solo la parte inferior.
Entró al templo en busca de su guardián, cuyo cosmo se sentía peligrosamente débil. Y tal como temía, cerca de donde se encontraba el jardín interno, el caballero de Piscis yacía boca arriba. Tenía entreabiertos los labios y la armadura, estaba cuarteada completamente. De cada grieta en el metal, un hilito de sangre ahora teñía las baldosas de mármol blanco debajo de su cuerpo.
-¡Afro!
-Cu… cubo -tartamudeó Aphrodite cuando Camus lo levantó en su regazo- salió… todo muy mal
-Déjame ver eso -Camus le revisó las heridas. Había un tajo grande en el costado- podrías salir de esta…
-Cam… el abedul sagrado… está muerto -murmuró el dorado con lágrimas en los ojos.
-Sí Afro… y no solo él se ha ido -Camus dejó caer algunas lágrimas- los demás...
-Esta vez perdimos… Camus -una oleada de dolor atravesó el cuerpo del sueco- tienes… que ayudarme… lo intenté, pero ya no tengo fuerzas para hacerlo, aún podemos hacer algo
Camus pasó saliva -¿a qué te refieres?
-En mi pecho -Afro apretó los ojos, aquella herida escocía mucho- Deméter la puso allí… esa semilla me mantiene con vida… y podría engendrar otro árbol sagrado
-La diosa de Eleusis -susurró Camus y Afro asintió- oí que te salvó colocando una semilla sagrada en tu pecho…
-Tienes que sacarla…
-No, lo siento… pero no lo haré
Afro tomó a Camus por la barbilla y lo obligó a mirarle -debes procurar un nuevo árbol de la vida…
-No… eso no lo haré, para sacar esa semilla tendría que matarte
-Cam -el más chico esquivó la mirada- Camus mírame… ya no hay mucho qué hacer por este mundo… tenemos que procurar… uno nuevo
-No quiero -Camus rompió a llorar- no quiero verte morir también…
-Eres un caballero dorado… para esto nos entrenaron -Camus seguía negando, Dite sonrió porque nunca lo había visto quebrarse así antes- quizá sea la única forma de preservar algo de la vida como la conocemos…
-No Afro…
-Cam -el sueco lo miró con compasión y unas lágrimas resbalaron por sus mejillas- nuestro destino era vivir y perder esta guerra -el de Piscis volvió a recibir una punzada de dolor- toma la semilla y siémbrala en el lugar donde estaba el abedul
Camus asintió con resignación -está bien -jadeó y sacó de su cinturón la daga que Hilda le regaló en su último cumpleaños
-Cubre tu mano, no te llenes de mi sangre ya sabes que...
-No hace falta -susurró Camus.
-Pero
-Caminarás solo unos momentos antes que yo hacia la muerte -el de Acuario le mostró a su compañero la carne amoratada en su pecho y espalda- yo tampoco viviré mucho tiempo… me estoy desangrando por dentro
-Cam…
-Pronto pasará… para los dos
El de acuario sonrió otra vez y abrazó fuertemente a Aphrodite, quien sorprendido, correspondió el abrazo.
-Somos hermanos -le dijo mirándolo con una sonrisa- aférrate fuerte a mi… y dolerá menos
El sueco gimió cuando la daga se clavó en su pecho y la mano de Camus se abrió paso en sus entrañas.
-Odio el sabor… a sangre -balbuceó Piscis entre jadeos.
-Ya pasará -susurró Camus entre sollozos, comenzando a sentir los primeros síntomas del veneno de Piscis en su cuerpo -la tengo- susurró cuando alcanzó la semilla que se encontraba alojada profundamente en cuerpo del otro -¿Afro?
Gruesas lágrimas corrieron el hermoso rostro de Camus al sentir los últimos espasmos de Afro entre sus brazos. Lo sostuvo un rato y dejó el cadáver en el suelo para completar la tarea en el jardín interior del doceavo templo. De un golpe de puño abrió un hueco en la tierra donde depositó la semilla. Por su parte, la sangre envenenada de Piscis también había hecho su tarea, sin embargo no sentía dolor, solo sueño.
-Una muerte piadosa... ahora lo entiendo -dijo cayendo pesadamente al lado del montoncito de tierra recién hecho y entonces sonrió al pensar en reunirse pronto con sus hermanos.
Los caballeros dorados lucharon hasta el final, pero perdieron la guerra, la guerra contra Caos.
-Misión cumplida -dijo Camus de Acuario antes de sentirse arrastrado bruscamente hacia la nada.
Star Hill
-Sabía que volverías… amor mío… ¿qué hiciste con tu padre lemuriano?
-Eso no debería importarte… ya no significa una amenaza para ti, o sí
Nix dejó escapar una risita, pero no respondió. Al acercarse a ella Saga se quedó sin habla, totalmente sorprendido. Trece guerreros, tan parecidos, pero tan diferentes a los miembros de la Orden Dorada, se postraban con sumisión delante de la diosa de la Noche. Entre ellos Tánatos e Hipnos y eso lo hizo comprender la razón por la cual, ahora el dios Hades estaba atrapado en un espejo de plata.
Todo tipo de bestias engendradas antes del tiempo de los Olímpicos, reclamaban el mundo como suyo, destruyendo todo a su paso y aniquilando a quien no hubiera sido alcanzado por la oscuridad de Nix.
-Aquí me tienes entonces Nix -dos caminos de lágrimas surcaron el bello rostro del geminiano- he venido a ti, por mi propia voluntad… pero por favor, aleja este cruel destino de la humanidad…
-No mi bello Saga… la humanidad tenía escrito su destino y yo solo estoy aquí para cumplirlo
Afuera, el reloj de la torre emitía una conocida resonancia... el último fuego del zodíaco, Piscis, se había apagado
FIN
*Mangual, ¿qué diablos es un mangual?. Bueno, un mangual es una de esas armas medievales que consistían en un bastón cuyo extremo terminaba en una maza esférica de metal con largas puntas filosas y que el caballero tenía que saber maniobrar muy ágilmente sobre su cabeza para no matarse él mismo.
No me maten… por favor.
¿Qué por qué esta historia termina con la sutileza de un latigazo?
Les cuento en el epílogo
Besos
