Capítulo XVIII: Lazos

Lucius Malfoy mantenía una templanza imperturbable casi todo el tiempo, pero todos estamos de acuerdo al decir que hasta la persona más fría del mundo es capaz de preocuparse por quienes le importan.

Y a Lucius Malfoy le importaba demasiado Narcissa.

— ¿Narcissa? —preguntó con un mal presentimiento. Acababa de llegar de una misión encomendada por el Señor oscuro y al entrar a su habitación lo único que vio fue a su mujer recostada, pero un ambiente extraño envolvía todo el lugar.

—Narcissa—llamó acercándose a la mujer y estirando su mano para tocar su hombro.

Pero no pudo.

Lucius amplió los ojos y alarmado llevó ambas manos al cuerpo de su mujer.

No podía, algo le impedía llegar a ella.

Palpó toda la extensión de esa especie de caja y por ninguna parte pudo siquiera rozar a su esposa quien se veía con un rostro sereno, aún sumergida en el mundo de los sueños.

— ¡Narcissa! —empezó a gritar para que lo oyera y se despertara, pero tal parece que eso no iba a funcionar.

Desesperado acercó su oído lo más que pudo para escuchar si su esposa estaba respirando; al no oír nada soltó un jadeo ahogado e inmediatamente llevó los ojos a su pecho, sintiendo un enorme alivio al observar que este subía y bajaba, pero al compás de una respiración peligrosamente lenta.

Sintiendo su corazón galopar a mil por hora, apoyó su frente en la barrera invisible que le impedía tocar a su esposa y susurró:

— ¿Qué es lo que está pasando, Narcissa?

*/*/*

— ¿Viste...?—dijo Harry, en su pupila grabado el intenso resplandor de la luna que por instantes se asemejó al sol.

Draco no respondió y se mantuvo quieto, alerta a todo lo que pudiera acercarse a ellos. Llevó sus manos a sus bolsillos y no halló nada, recordó que Madame Pince les había quitado sus varitas y quiso gritar.

Había sucedido algo, algo grave, estaba seguro, podía sentirlo en él, en su magia, no sabría definir el sentimiento que lo abordaba, pero sentía preocupación y miedo, lo peor de todo es que no era temor por sí mismo, sino por alguien más, y no podía decir quién.

— ¿Draco? —llamó Harry observando a su compañero con la vista clavada hacia el frente, al ver que no respondía, se acercó y apoyó una mano sobre su hombro.

Error.

Sintió una descarga de magia muy fuerte recorrer entero su cuerpo, lo que le obligó a apartar su mano y que Malfoy lo mirara.

— ¿Qué crees que estás haciendo ?—le reprochó aun a pesar de que ese pequeño toque, inesperadamente, le hizo sentir mejor.

Harry estuvo a punto de lanzarle unos cuantos insultos por el dolor que aún sentía en sus extremidades, pero cuando alzó la vista quedó totalmente inmóvil.

Daco estaba...brillando, pero no de una forma en la que resultara obvio para cualquiera que entrara y lo viera, sino más bien...como la danza de las veelas, hipnótico y absorbente, deslumbrante era la palabra.

—Ehh... —intentó decir cualquier cosa, pero el hipnotismo que lo tenía apresado era más de lo que podía controlar.

— ¿Potter? —Draco, por supuesto, no distinguió la mirada de embelesamiento que Harry le estaba dedicando, primero porque en ese momento estaba tratando de averiguar a qué se debía la preocupación que sentía, y segundo, porque ni en sus más extraños sueños se imaginaba a Potter mirándolo como alguna vez vio a la buscadora de Ravenclaw.

— ¿Sí? —la pregunta sonó muy anhelante y Harry, dándose cuenta de su actitud, espabiló agitando la cabeza y poniéndose repentinamente furioso— ¡¿Qué es lo que me estás haciendo Malfoy?!

—¿Qué es lo que estoy haciendo? ¡Eres tú el idiota que me ha tocado y ha hecho algo! —gritó también enfadado para acto seguido mirar sus manos y notar hilos de magia recorriendo bajo la piel como si se tratasen de venas— ¿Qué diantres...?

Harry miró las manos de Malfoy y después las suyas, entonces se percató de que él también tenía hilos resplandecientes moviéndose insistentemente por debajo de las palmas—Esto es...

—De acuerdo, es suficiente—abruptamente el rubio pasó junto a Harry casi tumbándolo en el proceso mientras sus pisadas hacían un fuerte eco entre los estantes llenos de la biblioteca.

—¿Qué? Malfoy ¡Espera! —llamó y corrió hasta estar a la misma altura de rubio y caminar junto a él a paso apresurado— ¿Qué vas a hacer?

—Saldré del castillo y acabaré con esto—dijo apretando los puños con ira contenida, o quizás era un método que utilizaba para evitar que se notara el temblor en sus manos.

— ¿Acabar con...? —Harry paró su caminata y vio a Draco que había empezado a bajar las escaleras—¿Quieres decir que dejarás que te atrape? —preguntó alzando un poco más la voz para que el rubio lo escuchara.

Draco también se detuvo— ¡Haré lo que tenga que hacer! ¡No me importa, ya estoy harto! Tengo que ir a... —parpadeó desconcertado—...mi casa—susurró y luego quiso pasarse una mano por el cabello, pero en cuanto su piel se puso en contacto con su cabeza sintió una fuerte corriente atravesarle esa zona— ¡Auch!

Harry reaccionó y bajó a toda prisa— ¿Qué? ¿Qué pasa?

El otro no le prestó atención y se recargó en una pared llevando su cabeza hacia atrás y con los ojos cerrados—No puedo recordar cuál es...

Miró al rubio como si le hubiese dicho que amaba a Buckbeak— ¿No puedes recordar dónde vives?

Draco, sintiendo que el moreno se estaba burlando, se enderezó y se acercó a él hasta estar a tres palmos de distancia—Si se te ocurre decir algo estúpido te juró que la cicatriz de tu frente no será la única notoria.

Harry enarcó una ceja y admiró el gesto gélido de Draco que pese a todo se daba a entender como intimidante, era curiosa la manera en la que Malfoy lograba colocarse como superior con tan solo una expresión y un par de palabras rebuscadas—¿Quién dice notoria? —preguntó casi sin pensar.

El rubio rodó los ojos dando a entender que Potter era un caso perdido y se alejó retomando su marcha por el pasillo.

—Eh, espera—llamó bajando los últimos peldaños.

—¡¿Ahora qué, Potter?! —dijo hastiado de la presencia constante del moreno en sus asuntos— ¿No te has entrometido lo suficiente ya ? ¿qué sigue después? ¿Querrás que nos bañemos juntos?

Harry se sonrojó recordando que momentos antes sí que había sentido curiosidad por cómo se había desarrollado el cuerpo del chico frente a él en estos últimos años, pero eso no significaba que estuviese listo para admitirlo, ni ahora, ni en mil años más— ¡¿Qué?! ¿De qué estas...? ¡No! —negó bruscamente con la cabeza y estuvo por empujar a Malfoy de no ser porque recordó lo que el contacto entre ellos provocaba—Primero: yo también tengo que saber lo que sucede—mostró sus manos que brillaban por los hilos dorados de magia bajo su piel—y segundo: dime exactamente dónde vives.

Draco apretó los labios y sus mejillas empezaron a adquirir un tenue rubor.

—Eso pensé—esta vez Harry se adelantó y empezó a andar en diferente dirección. Estaban en el tercer piso cerca de la gárgola que te llevaba al despacho del director, Harry creyó buena idea ir hasta allí y buscar respuestas, pese a que básicamente desde que había empezado el año, el director había dejado de hablarle y mucho menos pedirle que fuera a su despacho, pero eso era algo que Malfoy no tenía por qué saber.

Draco, sin hallar muchas opciones decidió seguirlo no sin antes soltar uno de sus típicos cometarios mordaces— ¿Qué? ¿Vas a ir con Dumbledore para que te solucione la vida como siempre?

Harry apretó los puños, pero no dejó de caminar—No estás en posición de quejarte, Dumbledore es el mago más poderoso de estos tiempos por algo, y creo que ha vivido lo suficiente como para saber qué es lo que está pasando o por lo menos suponer de qué se trata, como sea, su ayuda nos será más útil que tu idea de ir y entregarte a lo que sea que te persigue ¿No se supone que eres Slytherin? ¿Qué hay de tu sentido de supervivencia?

Resopló—Que irónico que seas tú precisamente quien trate de echarme eso en cara cuando cada fin de curso apareces medio muerto diciendo que has salvado al mudo mágico.

Ya frente a la gárgola, Harry se detuvo y regresó a ver a Draco, incrédulo—¿Qué?

Por supuesto, el Slytherin vio su oportunidad para descargar toda su frustración—Siempre lo has hecho, si no era el profesor de DCAO, era un jodido basilisco o un prófugo de Azkaban, eso sin contar que te colaste en el torneo de los tres magos.

Harry lo miró furioso y extendió las manos tratando de tocarlo pese a que el dolor que provocaría también lo sufriría él.

Por milímetros Draco se apartó— ¿Qué crees que estás haciendo? —clamó asustado, pues el dolor anterior no era algo que quisiera repetir.

— ¡¿Crees que yo quise que me pasara alguna de esas cosas?! ¡¿Crees que era mi sueño pelear contra una serpiente gigante, un jodido dragón, o ver morir a un amigo?! —gritó exaltado. Draco lo miro en silencio. —Yo nunca pedí nada de eso—aclaró en voz baja.

Hubo una breve pausa antes de que el rubio carraspeara y concentrara sus ojos en la gárgola antes de decir: —Yo tampoco estoy pidiendo esto.

—No me digas—Harry se calmó recordándose a sí mismo que discutir con Malfoy sobre algo como eso no valía la pena, el otro siempre creería que él era quien andaba por ahí buscando nuevas formas para arriesgar su vida, por eso simplemente se giró y se plantó de una vez por todas frente a la figura de piedra.

Draco lo imitó no sin antes asegurarse de que el moreno no lo hechizaría y se paró a su lado mirando en la misma dirección.

—Este... —Harry empezó a removerse nervioso provocando que Draco lo mirara con ojos entrecerrados.

—Sí sabes la contraseña ¿No, Potter?, todo el drama que hiciste no fue para que no tuvieras idea de cuál es la bendita contraseña ¿Verdad? —el moreno permaneció en silencio—¡Más te vale que la sepas porque si no voy a..!

—¡Dumbledore sie...! —la frase ''siempre cambia las contraseñas'' quedó en el aire cuando la gárgola empezó a moverse haciendo aparecer escaleras de piedra—Sí la sabía—dijo en un susurro, él mismo sorprendido de ese arranque de suerte.

Draco lo miró incrédulo y un poco intimidado por cómo todo actuó a favor de Harry (porque era más que obvio que hace pocos segundos el pelinegro no tenía la menor idea de cuál era la contraseña) y no era la primera vez que algo así sucedía, pero haberlo experimentado de primera mano era alucinante ¿Tendría Potter algún contrato con una entidad superior? ¿Ser ''El elegido'' llegaba más allá de un simple sobrenombre?

Ambos interrumpieron sus pensamientos cuando la rotación se detuvo dejándolos a ambos frente al despacho del director. Draco ya había estado en ese lugar dado la cantidad de acusaciones que había recibido de parte de los alumnos de otras casas consecutivamente, ocasionando que la propia enfermera acudiera al director para quejarse de que cada dos por tres tenía que eliminar cuernos en las cabezas de los estudiantes o sarpullidlos sumamente asquerosos de sus rostros.

Idiotas.

—No hay nadie—dijo Harry observando solamente a Fawkes que dormitaba en el lugar de siempre.

Draco frunció el ceño y entró en el despacho mirando los cuadros de los anteriores directores que los seguían a cada paso—Lo que me faltaba—gruñó.

—Creo que deberíamos ir con McGonagall, o a la enfermería—opinó Harry también entrando al lugar y mirándose insistentemente las manos.

—Irás solo, yo me quedaré aquí hasta que regrese el viejo—Malfoy agarró el espaldar de una de las sillas para arrastrarla hacia atrás y sentarse, sin embargo, en cuanto la tocó algo similar a una corriente eléctrica pareció envolver el mueble y cobró vida, empezando a corretear de un lado a otro como un cangrejo.

—¿Qué mierda...?

Los dos miraron al mueble moverse por el lugar en silencio, incluso los cuadros estaban concentrados en el objeto, eso hasta que el ambiente se cortó cuando ambos oyeron aparecer a alguien en la chimenea, Harry esperaba ver la figura del director de Hogwarts pero en su lugar...

— ¡¿Sirius?! —exclamó sin creerlo.

Draco se mantuvo inmóvil intercalando las mirandas entre el hombre y Potter.

— ¡Harry! —llevado por la emotividad de ver a su ahijado, llegó hasta él ignorando a quién lo acompañaba y lo abrazó—Qué bueno verte, creí que tendría que transformarme hasta llegar a tu dormitorio ¿Qué haces aquí? ¿Dumbledore te dijo que vendría? —Harry negó apartando sus manos del otro lo más lejos posible y miró tras él, Sirius siguió los ojos de su ahijado reparando en el chico rubio y delgado—Un Malfoy—señaló y observó a Harry—¿Qué haces con él aquí? ¿Dónde está Ron?

Harry ignoró las últimas preguntas—No he hablado con Dumbledore desde que pasó el juicio ¿Tú has tenido contacto con él? ¿sabes dónde está? —dijo dando un paso atrás y tratando de no tocar a su padrino en lo absoluto, ante el inusual comportamiento Sirius fijó sus ojos en sus manos percatándose de la anomalía.

El hombre parpadeó y volteó a ver al rubio que se mostraba alerta, pero tratando de parecer indiferente. Él también tenía las manos iluminadas con destellos dorados. —¿Por qué...

—Es largo de explicar—interrumpió Harry dando un paso atrás mientras un montón de dudas golpeaban su cabeza— ¿Cómo está Remus? Quiero decir... —agitó la cabeza trabándose con sus propias palabras— ¡¿Qué haces aquí?! Es peligroso, alguien podría... —amplió los ojos y esquivó a Sirius para acercarse al Slytherin—Si dices algo te juro que voy a...

—¿A qué Potter? Te recuerdo que lo que hagas yo también podré hacerlo—dijo abriendo y cerrando los dedos de su mano derecha.

—No hay tiempo, Harry—Sirius también pareció reaccionar—. Te explicaré en el cuartel, ven conmigo—lo tomó del antebrazo y Harry observó curioso que la magia solo parecía concentrarse en sus manos.

Sirius lo arrastró hasta la chimenea y dijo:—Número 12 de Grimmauld Place—sin importarle que un Malfoy estuviera presente. Al parecer se trataba de algo serio.

Pero la mente de Harry estaba abarrotada de información como para digerir todo lo que estaba pasando, por eso cuando vio desde la chimenea a Malfoy mirándolo con incredulidad, lo único que se le ocurrió a su cabeza fue gritar— ¡Espera! ¡Draco! —y el remolino en su estómago le indicó que se estaban transportando lejos de Hogwarts.

Pero algo estaba mal.

Lo siguiente que sintió Harry fue su cuerpo saliendo disparado hacia el suelo junto con alguien. El viaje había sido por demás extraño, al principio sintió como si se hubiera trabado y después continuado con el doble de fuerza más un peso extra.

Y ahora tenía unos ojos grises mirándolo aterrados.

— ¡¿Malfoy?!

Ambos se quedaron congelados tratando de averiguar cómo es que el Slytherin había llegado al suelo del número 12 de Grimmauld Place con Harry acomodado sobre se regazo y los brazos a cada lado de su cabeza.

— ¡Quítate, Potter! —Draco lo empujó y se sentó para mirar a su alrededor, estaba en un sótano maltrecho y sintió la mirada insistente provenir de un costado, giró su cabeza y allí un elfo doméstico tenía los ojos fijos en él y abiertos de par en par.

— ¿Qué le pasa? —preguntó Harry incorporándose y mirando a su padrino de pie frente a ellos que tenía la vista fija en sus manos, Harry también bajó la mirada y observó los hilos de magia que sobresalían de sus palmas y se estiraban hasta...hasta conectar con las manos de Malfoy.

Sirius se colocó en cuclillas para mirar más de cerca sus extremidades, lo que causo que Draco también se diera cuenta de lo que estaba pasando—Parece que esta noche tendremos más de un problema—dijo e intercalo la mirada del uno al otro. —Escucha, Harry, tengo que regresar e ir por los hermanos Weasley. Les explicaré cuando estén todos y espero una explicación de vuelta—señaló los hilos—mientras, quédense aquí, volveré enseguida.

Harry solo atinó a asentir y vio cómo Kreacher se acercaba lentamente a Draco, quien lo miraba disgustado—Sirius...

Desde la chimenea, su padrino miró al elfo y luego a Malfoy—Ese chico es hijo de un Black y creció entre las costumbres de los sangrepura, te aseguro que Kreacher le tendrá más respeto que a sus legítimos amos—dijo y después gritó ''¡Hogwarts!" desapareciendo en un rastro de polvos.

—¿Black?—dijo el rubio en voz baja, sintiéndose descolocado. Entendía perfectamente lo que implicaba ese apellido y ser sangrepura, pero sentía tan lejano el que le perteneciese, en realidad la aceptación era casi inexistente...

—¡Oh, usted es el joven Malfoy!—gritó Kreacher apresurándose a hacer una reverencia—Perdóneme si no lo reconocí al instante. Hace tiempo que no tenemos magos de verdad en la casa de mi ama. Estos traidores a la sangre han llenado el lugar de peste y sangresucias—gruñó mirando a Harry—, pero no se preocupe, joven amo, yo me encargaré que su estadía sea recompensada—y volvió a hacer una reverencia.

— ¿Mal...foy? —repitió el susodicho de forma letárgica y entrecerrando los ojos. Los hilos de sus manos empezaban a retraerse, separándose de Harry y volviendo a su forma original.

—Creo que tu casa no es lo único que estás olvidando—remarcó Harry mirándolo preocupado, el rubio parecía estarse debilitando.

—El joven amo está perdiendo los lazos mágicos, pero Kreacher reconoce bien la sangre de sus amos. Kreacher no olvidará que es descendiente de los Black, no señor.

— ¿Qué quieres decir con que está perdiendo sus lazos mágicos? —el pelinegro miró con sorpresa al elfo que le respondió con una mirada de desagrado— ¡Contéstame o no sabré como ayudarlo!

Ante esto, Kreacher habló de mala gana—Los magos mantienen vínculos mágicos entre familias, magos sangrepura tienen vínculos más fuertes. El joven amo se está debilitando por perder esos vínculos. Kreacher preparará una habitación para que el joven amo descanse—y diciendo eso, desapareció.

— ¡Espera, aún no...! ¡Maldición! —en cuanto el elfo se esfumó, Harry se concentró en el chico que yacía sentado con las manos apoyadas a sus costados y mirando el suelo, tratando de mantener los ojos abiertos—No te duermas, Draco, te llevaré al cuarto—decía mientras pasaba su brazo sobre sus hombros para ayudarlo a levantarse; tarde recordó lo que el toque de sus manos provocaba, pero en esta ocasión no ocurrió nada, tampoco se dio cuenta que había llamado al otro por su nombre de pila.

—Muévete—se quejó Draco al sentir que poco a poco sus fuerzas empezaban a abandonarlo, al igual que su estado de vigilia. Apenas y sintió cuando subían los escalones, y casi ni escuchó las quejas de Walburga Black que cambiaron a disculpas cuando Kreacher apareció y le explicó todo, y, acto seguido, los guió hasta la habitación que había preparado.

Pese a todo, hubo algo que sí sintió: las manos de Harry sobre sus extremidades, moviéndolo para recostarlo correctamente en la cama ''¡por fin!'' lo escuchó exclamar antes de apartarse. Fue entonces que, con las fuerzas que le quedaban, abrió los ojos y posó su mirada en el chico pelinegro que tenía el cabello aun más desbaratado por el ajetreo y cuyas ropas estaban desacomodadas; su respiración era errática y le devolvía la mirada a través de los cristales de sus lentes. En ese momento, para Draco, Potter pasó de ser Potter a ser solo Harry, por eso se tranquilizó y se permitió bajar la guardia. Aunque claro, al despertar lo negaría todo.

—Gracias—soltó en un susurro en medio del limbo de la inconciencia.

Harry no pudo hacer más que quedarse de piedra.


Jeje, holi.

Antes que nada, no me maten, y después, perdón por la pequeña-no-tan-pequeña demora.

Han pasado 182636 años...

Si les digo la verdad todo fue porque no tenía idea de cómo continuar la historia, es decir, cómo solucionar el problema. Luego a mi cabeza llego la posibilidad de que no todo va a ser color de rosa y entonces la trama volvió a su curso.

Es decir, habrá sufrimiento, muerte y destrucción.

Además de que tuve que releer y editar todo para volver a poner en marcha mi imaginación.

Dicho esto, me alegra haber vuelto del hiatus, ahora ya sé cómo continuar todo y como será el final, solo me falta escribirlo...equisde.

Cambiando de tema, si algo bueno ha traído la cuarentena es el tiempo libre, pero no voy a decir que más tiempo es= a más capítulos porque una vez lo dije y ni yo supe dónde me quedé o que hice durante ese tiempo.

Lo que sí diré es que no pienso dejar las historia a medias así la acabe cuando cumpla 50 (tengo 19, así que hay tiempo), y aunque tengo otras ideas no pienso publicar ninguna a menos que acabe mis dos historias pendientes.

Por cierto, también me aparezco para decirles que se cuiden y espero que estén bien, y si no, les deseo mucho ánimo y mucha fuerza. Recuerden no salir de casa.

Ahora sí.

¡Gracias por leer!