18.

Y llegó la última semana del curso. Luego de pasar por los exigentes exámenes finales ya podíamos comenzar a relajarnos y pensar en el futuro más cercano. Comenzaríamos con los ensayos para la gira muy pronto, que al parecer tendría su inicio en cuatro meses.

Pero no todo en mi vida era tranquilidad. Lo que más me angustiaba era estar distanciado de mi madre, aunque había logrado hacer las paces con Takeru, aún no me atrevía a disculparme con ella. Sabía que tenía esa conversación pendiente.

Por otro lado, estaba viviendo uno de los momentos más vergonzosos que jamás había experimentado en mi vida. Cada jornada dentro de la preparatoria era un infierno porque Jun siempre se las arreglaba para aparecer junto a mí cuando estaba solo. Aunque al principio Taichi y Akira se habían burlado hasta el cansancio de mí, al final comenzaban a apiadarse, pero ya era tarde para retractarme.

-Podrías haberle mentido y decirle que ya irías con alguien – había dicho mi compañero de banda, pero lo cierto es que yo me consideraba un hombre de palabra.

La buena noticia era que me la pasaría una buena parte de la gala preparándome para tocar con Knife Of Day, tendría prueba de sonido y estaría demasiado enfocado en eso como para pasar a buscar a Motomiya por su casa. Ese era un gran alivio. No soportaría tener que conocer a su familia y eschuchar como ella hablaría de nuestra relación romántica imaginaria.

Así que ese día las últimas clases fueron dictadas y al final me entretuve yendo a las canchas de tenis con Taichi a ver la última práctica de Sora. Ella se veía tan radiante como siempre, con su cabello atado y la mirada más fiera para contraatacar cada embestida de su contrincante. El uniforme que me hacía distraer hacía que me fuera difícil concentrarme en lo que decía Taichi.

-Creo que fue una pésima idea hacerte venir aquí – lo escuché decir mientras se reía.

-¿Qué?

-Ya ves, otra vez tu cara de idiota. Dícelo de una vez. La fiesta sería perfecta para que lo hagas.

-Yo no quiero hacer eso.

-¿Ah no? ¿Qué clase de conexión no están haciendo tus neuronas? ¿Te irás sin decirle nada? ¿Y si en los meses en los que no estás aparece otra persona? ¿Cuánto tiempo te escucharé lamentarte?

-Mira, no me presiones. Ahora que ya no nos veremos tanto, probablemente se me vayan estos mareos con ella. No quiero arruinar nada y..

-Imbécil.

-¿Qué dijiste?

-Y cobarde, terriblemente cobarde. Ya sabes con quién irá a la gala ¿verdad?

-No.

-Con Takuya, conocido entre otras cosas por ser más imbécil que tú, y además se le ha declarado unas cincuenta veces a Sora.

-Si, precisamente por eso sé que no tengo porqué preocuparme. A ella no le gusta.

-En serio. A veces me sentía tonto por no captar ciertas cosas, pero ya eres demasiado evidente. Solo encárgate de que ese otro imbécil no se pase de listo con ella, no me han llegado buenas opiniones con respecto a él.

-¿Qué dices?

-Prometo vigilarlos lo mejor que pueda durante el show de Knife Of Day, ¿Si? Pero cuídala también tú. Aunque ambos sabemos que sabe defenderse, una cosa es golpear al flacucho inservible de Fuji, y otra es meterse en problemas con Takuya, que es muy fuerte. Ya ha sido difícil que Etsuko no malinterprete mi amistad con Sora, quiero prestarle atención la noche que va a ser mi pareja del baile, sé que puedo pedirte a ti que cuides a nuestra amiga, es casi como si te confiara a Hikari. Sé que lo harás porque ignorarás a Jun tanto como puedas.

Se marchó sin esperar respuesta, dejándome hundido en mi caos mental.

XxxxxxxxxxxxxxX

El último día fue el de nuestra ceremonia de graduación.

Aquella mañana mi uniforme estaba impecable, recuerdo haber observado detenidamente mi reflejo mientras hacía el nudo de mi corbata y reflexionaba sobre todo lo que habíamos vivido. Pronto esa etapa culminaría y comenzaría a vivir el sueño de mi vida.

Estaba emocionado al respecto, sabía que mis amigos comenzarían a estudiar para sus respectivas carreras. En el último festival había visto por primera vez una colección de moda entera hecha por Sora, con varias chicas modelando sus diseños, y Mimi radiante llevando un kimono digno de una boda. No entendía nada de esas cosas pero nunca había visto tan feliz a mi mejor amiga, que fue reconocida con el primer premio.

Aún dudaba de las palabras que Taichi me había dicho, sentía que exageraba con el tema de Takuya y entendía que Sora era muy valiosa para él, jamás se perdonaría a sí mismo si algo le pasara a nuestra mejor amiga y lo entendía. Últimamente notaba a Yagami más malhumorado pero lo relacionaba a sus nervios por los exámenes venideros. No podía culparlo. Por supuesto que me encargaría de que todo estuviera bien entre Sora y su pareja de emergencia para el baile. Alguna vez fantasée con la idea de lograr que ella me acompañara durante la gala y que ambos ignoráramos a Takuya y Jun luego del show de la banda.

Pasé por mis mejores amigos media hora más tarde, aquella reluciente mañana de finales de marzo nos dirigimos todos muy prolijos a la preparatoria, con un leve dejo melancólico y nostálgico los tres caminamos en silencio, disfrutando del momento.

Cuando llegamos había mucha gente en el recinto. Primero se suponía que Sora daría su discurso para los estudiantes y luego cada uno recibiría un diploma. Más tarde se cerraría la ceremonia.

Ver a todos nuestros profesores de pie ante nosotros me hizo caer en la realidad. Era el final. Y ni siquiera sabía si podría ingresar a alguna universidad más adelante. A partir de ese instante comenzaría a prepararme para realizar uno de mis grandes sueños, transitaría un mundo distinto al de mis amigos y familia, en el que en las fechas importantes probablemente yo no estaría, perdería celebraciones y momentos simples como reunirnos a conversar sobre cualquier tema cotidiano. Me perdería de caminatas y risas compartidas. Pero estaba dispuesto a sacrificarlo por la música.

¿Y si Taichi tenía razón? El pensamiento me atravesó como una espada. ¿Y si al volver de la gira era demasiado tarde? Sacudí mi cabello en un vano intento por volver a centrarme.

Escuché el discurso que dio Sora sintiéndome orgulloso de ella y prestando atención a sus palabras, todo lo que ella describía en el proceso de los últimos tres años me hacía sentir identificado.

Cuando esto finalizó, comenzó la entrega de nuestros diplomas. Uno a uno nos llamaron por los apellidos y recibimos el certificado de los diferentes profesores.

Cuando terminó esa parte de la ceremonia se desarmaron las filas y busqué a mis amigos con la vista. Hasta que me sentí rodeado por algunas chicas.

El segundo botón.

Estúpida tradición. Al menos pude darme cuenta de eso antes de que lograran acercarse demasiado.

Me lo arranqué. Definitivamente sabía muy bien a quién podría dárselo, y ninguna de las chicas que estaban allí eran dignas de él.

Cuando finalmente me reuní con Taichi y Sora, ellos sonreían y me recibieron con palabras agradables.

Taichi señaló mi chaqueta.

-¿Ya te robaron el segundo botón? ¿Jun te lo arrancó?

-Eh no – dije notoriamente incómodo.

-Déjalo en paz, Taichi. Puede dárselo a quien sea – interrumpió Sora - ¿es porque a ti nadie te lo ha pedido?

-¿Qué? Estás equivocada. Me lo pidió Etsuko, solo que estoy esperando que aparezca – dijo muy ruborizado – allí está.

Nos dejó solos. Si Sora había sacado el tema podría ofrecérselo, mas no parecía dispuesta a pedirlo siquiera. Cerré mi mano en torno a él dentro de mi bolsillo. Quería dárselo, decirle lo que significaba para mí, pero las palabras no acudían a mi mente, y ella me habló de los horarios de la noche del sábado, en la que sería la gran fiesta de graduación. Al igual que yo, ella debería estar temprano en el recinto de la preparatoria un buen rato antes, al menos esa idea me reconfortó por el hecho de que Takuya no pasaría a buscarla por su casa ni llegarían juntos, la misma situación que yo tenía con Jun.

XxxxxxxxxxxX

El día de la fiesta dormí hasta muy tarde. La noche anterior habíamos ensayado bastante para tener el repertorio listo y de paso comenzar a enfocarnos más seriamente en la gira. Me desperté con un agudo dolor de cabeza pero me forcé a levantarme y hacer un café bien cargado para desayunar y pasar a buscar el esmoquin que había decidido alquilar para la ocasión. Una vez que comencé a sentirme más revitalizado por la alta dosis de cafeína me coloqué la chaqueta que Sora me había hecho y caminé hacia el centro comercial que no quedaba muy lejos de allí.

Luego de soportar a una joven dependienta que parecía más dispuesta a acosarme que a darme el traje, me retiré en silencio y con humor de perros. Entonces escuché la voz aguda de Mimi a mis espaldas. A juzgar por el tono que empleó para llamarme por mi nombre caí en la cuenta de que no iba a librarme fácilmente de ella.

-Hola – dije de mala gana.

-¿Qué maneras son esas de saludar a una buena amiga? ¡¡Qué guapo te has puesto para venir a buscar el esmoquin!! Y Sora dudaba tanto al elegir los materiales de tu chaqueta – acercó sus manos pálidas a mi brazo para tocar la tela parecida al cuero.

-¿Qué haces aquí? – pregunté asumiendo que aquella tarde iba a ser larga.

-En realidad esperaba a Sora. Vendrá aquí porque hay un salón de belleza en el que nos dejarán hermosas para esta noche, pero ya lo comprobarás tú.

-Si, si. ¿Y tan temprano?

-Ella tiene que estar temprano en Odaiba – se encogió de hombros – aunque le expliqué que era importante que durmiera mucho para cuidar su piel.

-Ya veo – me entraron unas inmensas ganas de largarme, pero Mimi me retuvo del brazo, colgándose de mí como era usual en ella para mayor desesperación mía.

-¿Hablarás con ella hoy?

-¿Están tú y Taichi conspirando o algo así?

-¿Eh? ¡Claro que no! Ese idiota no entiende ni la mitad de lo que pasa aquí.

-Déjenme en paz. Por favor.

-¿En serio no piensas hablar nada? ¿Después de todo lo que intenté para que fueran juntos al baile?

-¿Qué? – aquello me desconcertó. Vi que ella se llevó ambas manos a los labios y sus ojos se abrieron inmensos. Había hablado demás -¿Qué me han estado ocultando todos?

Mimi suspiró y se volvió a acercar a mí.

-Yo le di la idea al Consejo de que en este baile invitaran las chicas, le insistí lo suficiente a Sora como para que aceptara la propuesta, y para que te invitara a ti. Pero no conté con Jun, nunca lo habría hecho, pero luego supe de tu apuesta con Akira y casi muero. Todo salió mal.

-¿Mi apuesta con Akira? ¿Están todos confabulando en mi contra?

-¿Confabulando? ¡¡Ayudándote!!

-Pues no necesito ayuda ¿si? No la quiero, y no le diré nada.

-¿Por qué? – ella afirmó sus dedos en mi brazo.

-¿Has tenido en cuenta el hecho de que en unos meses me iré de gira y no tendré la posibilidad de verla durante algunos meses más?

-No creo que a ella...

-Ya dejen de meterse en mi vida y de dudar de mis decisiones. Aún no sé si lo haré, sigo evaluando las posibilidades.

-Es una pena -dijo Mimi observándome con una sonrisa triste - Lo único que sabes es que tienes mucho miedo.

Dimos por finalizada la conversación al ver aparecer a Sora a pocos pasos de nosotros, parecía ir concentrada en su celular así que no reparó en la situación que teníamos con Mimi. Yo estaba furioso, harto de que manipularan todo a mi alrededor por una estupidez así, sentía que cada vez me sería más difícil poder sincerarme con mi mejor amiga, y además cada vez me sentía peor por el tiempo en el que estaría a miles de millas de allí. ¿qué sentido tendría todo?

-Hola chicos. ¿Están bien?

-Si, ansiosa de que llegaras, Yamato ya se iba.

-¿Ya te ibas? Qué bien, seguro será por la prueba de sonido -dijo Sora con una sonrisa sincera. ¿Cómo era que su sola presencia me ponía automáticamente de buen humor?

-¿Y tú, pelirroja? ¿Ya está molestándote Takuya? – Tachikawa señaló el teléfono de la chica y ella se echó a reír.

-Para nada, pude inventarle una buena excusa para evadir el tema. No me interesaría que tenga mi contacto. Estoy con asuntos de Consejo desde temprano. Y estoy harta. Así que apagaré este aparato de una vez. ¿Reservaste los turnos para hoy, Mimi?

-¡¡Claaaaro que sí!! – la castaña se soltó de mi brazo y fue hacia Sora, para dirigirme luego una mirada significativa, que procuré ignorar.

-Debo irme, chicas. Nos vemos esta noche ¿Si? – le dije procurando calmar las aguas y la tensión que había en el ambiente.

-De acuerdo – Sora se detuvo y me observó al notar la chaqueta.

-¿Es cómoda? ¿Te gusta?

-Ehhh si. Me ha encantado. Todos en la banda quieren una de estas.

-Pues les haré unas cuando lleguen de su gira – Dijo ella guiñándome un ojo. No podía ser que ese gesto me desarmara con tanta facilidad.

Me despedí y me largué de allí en seguida para evitar turbarme más en presencia de Mimi. Quería llegar a casa cuanto antes.

XXxxxxxxxxxxxXX

Llegué temprano a la vacía preparatoria. Había un grupo de personas del Consejo que se ocupaban de preparar el gimnasio para la ocasión. Algunos técnicos contratados estaban conectando los sistemas de audio y las luces mientras que yo me dirigía hacia el escenario, divisé a Hayato de pie mientras preparaba cada atril para los platos de la batería muy concentrado.

-¿Te ayudo?

-Yamato – se giró hacia mí sonriendo – gracias por venir temprano. Kazehaya está retrasada por un atascamiento pero ya viene en camino y Akira no ha contestado mis llamadas.

-Ya vendrá – dije acercándome.

-Te ves genial – dijo él, reparando en mi vestimenta – si yo me viera así ya mismo estaría buscando a alguna chica con quien pasar el resto de la fiesta. Como esa belleza de allí – señaló hacia algún punto detrás de mí. Sonreí divertido, me giré para observar a quien fuera que Hayato me estuviera señalando y sentí que mi cuerpo no respondía a las órdenes de mi cerebro.

Sora había aparecido con un hermoso vestido que dejaba uno de sus hombros al descubierto, llamaba la atención la brillante tela ceñida a sus perfectas curvas y que en la cadera se ensanchaba hasta crear un bonito efecto en evasé hasta cubrir sus pies. El azul de su vestimenta contrastaba fuertemente con sus cabellos pelirrojos, peinados con unas trenzas que partían desde la sienes y que se unían a la altura de su nuca, con el retoque final de un bonito broche a juego. Mi cara debió ser muy tonta porque Kazehaya apareció y me sonrió.

-Tu amiga Sora sí que se ve guapa hoy, ¿verdad? Si yo fuera su tipo no dudaría en acercarme a ella.

-¿Es Sora? – Hayato parecía sumamente avergonzado - ¿es del tipo de chicas que te gustan, Kazehaya?

Me volví a observalos. Me sonreían.

-No es mi tipo, pero está guapísima hoy, ¿a qué hombre o mujer no le movería un pelo una chica así? – hasta ese entonces yo no sabía que mi compañera de banda era homosexual.

-Bueno. Lo siento Yamato. No me di cuenta de que era ella – el baterista de KOD deseaba que se lo tragara la tierra.

-Descuiden – dije encogiéndome de hombros.

-A ver si es ese el empujón que te falta hoy – la voz de Akira nos distrajo. Había llegado con bastante retraso pero se dirigió al amplificador para conectar su guitarra.

Ya no tenía escapatoria.

XxxxxxxxxxxxxxX

Bajé del escenario y le di mi instrumento a Hayato, que ya me había comentado sobre su intención de marcharse de inmediato a su casa y llevarse mi bajo para que yo disfrutara de la fiesta con mis amigos. Cuando me voltée para ir en busca de Taichi y Sora, un grupo de chicas se me acercó, pero fui lo bastante hábil para escabullirme con la tonta excusa de ayudar a desarmar la batería.

Mi idea era encontrarlos y divertirme con ellos, no estaba con ánimos para soportar a Jun Motomiya y sus pretensiones.

Ella había aprecido poco después de la prueba de sonido y se veía especialmente elegante para la forma en la que solía mostrarse.

Mimi y Koushiro parecían bastante acaramelados en la pista de baile y apenas notaron mi presencia, lo cual agradecí profundamente luego de la complicada mañana que había tenido con Mimi.

Supuse que Taichi y Sora estarían en alguna parte del patio. Divisé a Akira y su novia a lo lejos y atravesé el gimnasio rápidamente. Pero antes de llegar la puerta principal me detuve.

Grande fue mi sorpresa al encontrarme con Yagami bailando ridículamente con la simpática Etsuko, notoriamente ebrio y alegre, mientras la multitud lo contemplaba con mezcla de fascinación y vergüenza ajena.

Me dio mucha gracia la situación. Quizás era una de las pocas veces en las que vería a mi amigo en ese estado, porque como deportista no solía beber. Estaba observando el espectáculo sin llegar a formar una opinión al respecto, cuando me di cuenta de que no veía a Sora por ningún lado.

El hecho de ver a varias parejas en situaciones bastante íntimas por culpa del alcohol me hizo temer lo peor. Recordé con rabia la apuesta perdida con Akira y la razón por la cual no había podido aceptar la invitación de ella para asistir juntos a la gala de graduación.

Más me enojé cuando al comenzar a recorrer la zona la divisé entre algunas personas mientras era guiada por Takuya hacia un sitio donde había más parejas.

Si no fuera porque sabía que a ella ese chico no le gustaba, si no fuera porque me enfurecía que se le acercaran otros para invitarla a salir, quizás no me habría fijado en el pequeño detalle de que Sora intentaba liberarse de la mano de él, cerrada alrededor de su brazo. Ella buscaba desesperadamente a alguien con la mirada, y parecía nerviosa y enojada a la vez. Me decidí a actuar con rapidez.

Claro que ese chico era incluso más alto que yo, y probablemente me haría pedazos con un simple empujón. Pero ciertamente en esos momentos no me importaba, porque mi amiga no quería estar con él. Así que me dirigí con paso decidido hacia donde ellos se encontraban y les grité algo.

Él no parecía muy sobrio, lo cual me enfureció más. Afirmó su mano en la muñeca de ella, haciéndole daño mientras me enfrentaba con una estúpida sonrisa de suficiencia.

Fue demasiado. Me adelanté y le propiné un puñetazo en la mandíbula, y gracias a su embriaguez no reaccionó a tiempo como para evitar que Sora se le escapara y corriera para ubicarse detrás de mí, sujetando con firmeza mi chaqueta y tirando de ella para marcharnos de ahí.

Cuando vi que Takuya se había quedado de pie y observándome con una expresión idiota, decidí que lo más sensato sería largarnos de allí. No sabía cómo podrían llegar a reaccionar sus amigos si se percataban de lo sucedido.

Así que nos escabullimos en el edificio del instituto, aquel en el que durante los últimos años habíamos tomado clases. Claro, mucha gente iba para "despedirse", a mí poco me importaba, pero agradecí internamente que estuviera esa posibilidad de ingresar y que eso nos salvara el pellejo.

Se escuchaban pocas voces por allí, pero Sora me guió por pasillos menos transitados. Claro, no en vano había sido Presidenta del Consejo de Estudiantes durante el último año, se conocía todos los rincones del lugar.

Finalmente llegamos a un pasillo que me era familiar. Era donde estaba nuestro último salón de clases. La vi dudar ante la puerta corrediza, podía ser que hubiera personas allí, y por suerte no entramos, porque poco después se escuchaban toda clase de sonidos que solo parecían indicar una cosa.

Se rió por lo bajo y me contempló un segundo para indicarme que la siguiera hasta la sala de profesores, que se encontraba justo al final. Allí ingresamos. Lamentablemente el sitio me era familiar, muchos problemas en los que nos habíamos metido con Taichi se habían solucionado en esa habitación, siempre con Sora mediando a nuestro favor. También allí había hablado por primera vez con ella con franqueza, cuando el Consejo no había querido que participáramos con Knife Of Day en el festival y habían intentado desplazarla de su cargo de VicePresidenta años atrás. Ella se había vuelto a partir de aquel día alguien muy importante en mi vida.

Sonreí. Todo había cambiado luego de aquella lejana noche en la que se torturaba por haber rechazado las intenciones amorosas de su mejor amigo hasta ese entonces, Taichi. Ahora también era mi mejor amiga, ahora no cuestionaría en ella la forma en que defendía sus ideales, a veces demasiado apasionadamente. Ahora podía admirar su fortaleza y su inteligencia.

Distraído en esos alegres recuerdos, no noté que el tiempo pasaba y me había quedado de pie cerca de la puerta, mirando fijamente hacia la ventana que había allí. La luna nueva hacía que la noche estuviera bastante oscura, pero a su vez permitía visualizar con facilidad más estrellas de lo normal. Amaba mirar el cielo nocturno.

Ella llamó mi atención con un ligero carraspeo y salí de mi trance nostálgico. Echaría de menos verla todos los días, y no me refiero a que aún seríamos amigos y podíamos cruzarnos en cualquier momento, sino al hecho de tener una excusa tonta para pasar a buscarla por su casa temprano, verla enfurecerse con la típica impuntualidad de Taichi, quedarmela mirando como un idiota en mi asiento al otro lado del salón, mientras ella jugaba distraídamente con su bolígrafo y miraba hacia afuera por la ventana, intentar disimular mis ojos que se iban automáticamente en su dirección cuando competía en el tenis o simplemente reír a su lado en los pasillos, parloteando de cualquier tema sin importancia. Echaría de menos verla todos los días porque sí. La gira con Knife Of Day era inminente, y sabía que estaríamos demasiado tiempo sin vernos. ¿Y si nunca llegaba a decírselo? Tenía que hacerlo. Llevé mi mano al bolsillo de mi pantalón, sintiendo en mis manos el roce de la pequeña circunferencia que había arrancado la tarde anterior de la chaqueta gris de mi uniforme del Instituto.

Ya no había vuelta atrás.

Empezaba a formular en mi cabeza frases que me sonaran convincentes cuando vi que ella había caminado hasta la puerta de la sala, controlando que no hubiera personas por allí, y la dejaba apenas entreabierta. Si giró y me observó.

Al parecer yo no era el único que se encontraba nervioso. Sora miraba hacia el piso y se acomodaba el vestido azul luego dr su forcejeo con Takuya.

-Yamato… -¿acaso le había temblado la voz?

-¿Te encuentras bien? – Sora asintió ante mi pregunta y pareció tomar aire para continuar hablando.

–Necesito decirte algo.

Aguardé en silencio, mudo ante esa faceta insegura que algunas veces asomaba en ella.

-Durante estos años he visto tu crecimiento como artista, te he visto engrandecerte ante los ojos de todo el mundo, he visto muchas veces la forma en la que has rechazado chicas. Y desde que nos hemos vuelto tan inseparables, cada vez sufro más. Necesito decirte esto porque no creo soportar más la angustia que crece en mí cuando veo que otra chica se enamora de ti y yo sigo sin atreverme a afrontar lo que me pasa. - yo no podía ni pensar… ¿acaso ella iba a…? Hizo una pausa que me pareció eterna y tomó aire - A riesgo de que esto repercuta en nuestra amistad… Yamato, me gustas mucho. -vi el alivio expresado en la forma en la que sus hombros se relajaron, suspiró y al fin se atrevió a levantar la vista hacia mi rostro, muerta de vergüenza pero decidida. -Lo he guardado demasiado tiempo, quise confesarme hace tiempo pero no hallaba el momento adecuado. Iba a decírtelo hace unas semanas, pero no me atreví y te invité al baile para tener una excusa racional por haberte pedido para hablar a solas, aunque ya tenías pareja y…

-Fue una tonta apuesta perdida con Akira. -la interrumpí de forma brusca - Yo… me hubiera encantado venir contigo. Quiero decir, Jun solo fue la primera en invitarme y tuve que aceptar -le hice notar que estaba bastante molesto con esa situación, ella solo asintió.

Me le acerqué con lentitud, procurando evitar que se sintiera más nerviosa. Con delicadeza acaricié su mejilla y tomé su mentón para observarla con más atención. Quizás fuera por lo alterada que estaba luego de declararse, pero parecía estar en otra dimensión.

-Estás preciosa. – tomé aire - Y no sé porqué no te has dado cuenta de que también me gustas, Sora.

Vi sus grandes ojos abrirse con sorpresa. Ni yo me imaginé que me sería tan fácil. Claro, ella había dado el primer paso abriendo su corazón sin miedo.

No me tardé más, simplemente la besé con suavidad, para que se retirara si así lo prefería, pero noté que no parecía querer moverse de allí, luego reaccionó y sentí sus manos apoyadas en mis hombros mientras intensificaba el beso y su cuerpo se acercaba mucho al mío. Llegó el punto en el que no me interesó mantener la compostura y rodeé su cintura con los brazos, estrechándola contra mí y sintiendo sus labios besándome con intensidad.

Tantos meses hirviendo de celos cada vez que alguien se le acercaba con segundas intenciones, tantos momentos en los que ella había estado a punto de descubrime mirándola, tantos rechazos hacia sus pretendientes que yo había celebrado internamente -sintiéndome mediocre y cobarde - tantas sonrisas, abrazos y charlas, y en cada una contenerme para no besarla, tantos nervios pasados los últimos tiempos, cuando al fin había tenido que asumir que estaba loco por ella.

Todas esas inseguridades quedaron hechas cenizas cuando ese beso tan lleno de deseo estalló, haciéndome perder un poco la cordura mientras la guiaba hasta que su espalda tocó la pared de la sala. Mis manos, que se habían quedado en su cintura, temblaron un poco antes de colocarlas a cada lado de su figura, apoyadas en el muro a sus espaldas.

Nos detuvimos al cabo de unos cuantos segundos de exploración para tomar aire y por primera vez me miró de una forma en el que nunca lo había hecho antes, y podría jurar que el fuego que había en sus ojos, derritió todo el hielo que yo me había empeñado en crear alrededor de mi corazón durante todos esos largos años llenos de angustia.

Levanté nuevamente mi mano y acaricié su rostro como si fuera la primera vez que lo viera. Ella cerró los ojos ante el contacto, ladeando levemente la cabeza y disfrutando del gesto.

Estaba a punto de decir algo, pero escuchamos un ruido proveniente de la puerta que nos hizo girarnos rápidamente en esa dirección, nerviosos.

-Creo que alguien nos vio – Sora fue la primera en recuperar la compostura. Su lucidez me hizo reaccionar y retirarme hacia atrás para quedarnos en el medio de la sala, esquivando nuestras miradas y un poco preocupados.

Al final mencioné algo de Taichi, desviando su atención hacia mí y asintiendo cuando le indiqué que sería bueno llevarlo hasta su casa, que podría terminar mal.

Salimos del lugar y no vimos a nadie en los pasillos, algo que me alivió mucho, todo se había acabado abruptamente y no sabía qué pensar ni como reaccionar.

Aún me sentía muy confundido. Todo eso que ella había mencionado antes… era exactamente lo que venía padeciendo yo hacía tiempo, ¿acaso éramos tan evidentes como para que Taichi captara la atmósfera que se formaba cuando estábamos juntos, sin siquiera percibirlo nosotros?

Recordé cuando Mimi me había preguntado meses atrás sobre mi vínculo especial con Sora, y yo había sido muy tajante al mencionar que era igual que el aprecio que tenía también con Taichi, que solo éramos amigos.

Encontramos a Yagami solo, apoyado contra un árbol y bastante ebrio, aunque muy alegre de vernos.

-¡Aquí estáaaaan! ¡Mis dessssaaaaaparecidosssss favooooooritosssss! Esssssspero que esssssstuvieran juntossssss y no con eeeeesas péeeeesssssimasssss parejasssss queee cada uno eligióooooo para hoooooy… a veeeces soy el meeeeenossss dessssaaastroso de los tresssss…

Le dediqué una de mis mejores miradas asesinas mientras me ubicaba a su izquierda y le ayudaba a incorporarse, con Sora haciendo lo mismo a su derecha. Él nos rodeó los hombros y comenzó a caminar a ritmo lento, por momentos diciendo incoherencias. Adaptamos nuestra marcha a la suya y cada uno le rodeó la espalda con su brazo libre para poder cargarlo mejor. Rocé el brazo de ella pero no dije nada. Lo mejor ahora era hacernos cargo de nuestro amigo.

-Juuuuun sssse fue tempranoooo, Ishiiiiiida. Andaba lloriqueandoooo porrrrque te vieron a lossss besssssossss con alguiennnnnn. Aunqueeee no dijeroooon quieeeen – dijo esto con malicia. Admito que me hubiera encantado darle un buen codazo en las costillas, pero ese puñal se lo devolvería en otro momento, y estando sobrio, para que lo sufriera. No dije nada y sentí que el brazo de Sora que rodeaba a Taichi se tensaba.

-Estaaaaasss calladaaaa... Sooooraaa – dijo, y de pronto se incorporó y nos soltó para ir a vomitar detrás de un árbol.

Aguardamos unos minutos en silencio, ella no se atrevía a mirarme siquiera, se dirigió hasta Yagami para sujetarle el cabello y luego de ayudarlo a incorporarse, me hizo señas para que me acercara y la ayudara a cargarlo de nuevo.

Proseguimos nuestro camino con lentitud y en silencio. Incluso Taichi, que parecía exhausto y ya no tenía humor para seguir molestándome. Nos encargamos de dejarlo en la puerta de su casa y asegurarnos de que encontrara las llaves para adentrarse en el departamento.

Ni siquiera nos miró.

Sora se rió un poco. El sonido me devolvió a la realidad y al recuerdo de lo que había pasado y me resultó una buena señal. Desde que habíamos salido de la sala de profesores ni siquiera nos dirigíamos la palabra, de hecho solo había atinado a mirarla furtivamente, como solía hacer todos los días. Pero algo era muy diferente ahora. No sabía cómo se suponía que debía actuar. Acompañarla hasta la puerta de su casa parecía ser un acto razonable, así que me giré para ir en esa dirección. Grande fue mi sorpresa al notar que ella había aferrado la tela de mi chaqueta y me obligaba a detenerme.

XxxxxxxxxxxX