Cuando recuperó la consciencia, aún con los ojos cerrados, supo que no estaba soñando. Que pese al dolor y a la sensación de estar viviendo de nuevo aquella pesadilla, esta vez era real. Que de nuevo estaba atado a la pared del sótano de la antigua mansión Hale, y que miles de vatios recorrían su cuerpo, impidiéndole transformarse.
Como la vez que Kate le torturó durante horas, Helena le había quitado la camiseta y le había descalzado, logrando de ese modo que su cuerpo fuera un conductor perfecto para la electricidad.
Y como la otra vez, el agotamiento al llevar horas colgado en la misma posición, con los brazos entumecidos por estar tanto tiempo soportando el resto de su cuerpo sin poder moverse, le impedía estar consciente mucho tiempo seguido.
Pero con todas las similitudes, había una serie de importantes detalles que cambiaban con respecto a la otra vez que estuvo en aquella misma situación.
Uno era el hecho de que había sido apuñalado con una navaja cubierta de acónito. Un veneno que le impidió curarse de la herida en cuestión de segundos, y que a causa de ello seguía sangrando pese al tiempo transcurrido. Pero a la pérdida de sangre, se añadía el ardor que sentía cada vez que su corazón latía y seguía bombeando el veneno por todos los rincones de su cuerpo.
Cuando Kate le disparó hacía dos años, estaba convencido que jamás sentiría un dolor tan intenso como aquel… Se equivocaba. Porque aquella herida estaba logrando que no hubiera ni un solo milímetro de su cuerpo que no agonizara de dolor.
Derek estaba más que seguro que, si conseguía mantener la consciencia, sólo era porque el dolor de la electricidad recorriendo su cuerpo, acompañando al veneno, lograba que no se abandonara al total agotamiento.
Y estaba más que seguro que aquel era el principal motivo por el que le estaban dando las descargas. Porque si no lo hacían, Derek simplemente se dejaría arrastrar a la inconsciencia y, casi sin darse cuenta, a la muerte.
El otro motivo por el que no se limitaron a dejar que el acónito hiciera su trabajo, era también el segundo importante detalle que hacía que todo aquello fuera distinto y mucho peor que la primera vez.
Porque Helena, dentro de su mente pervertida, había querido que la situación fuera lo más parecida posible a la primera vez en que le torturaron.
Y no tenía ni idea de cómo era posible que lo supiera. Que supiera que fue torturado durante horas por la misma persona que mató a su familia, y de la que creyó sentir algo especial.
Fuera como fuese, Helena había logrado la reconstrucción perfecta. Y si aquella vez fue Kate la que le tuvo atado durante agónicas horas, mientras le recordaba una y otra vez lo estúpido que había sido por enamorarse de la joven y guapa cazadora… Esta vez era el turno del chico con el que se había imaginado una vida en común.
Antes de abrir los ojos, Derek sabía que Stiles estaba allí. Podía notar su olor perfectamente. Y aunque siguiera estando contaminado por el nauseabundo olor de Helena, al menos seguía captando parte del aroma único de Stiles… Lo único bueno que había realmente allí, en aquel lugar tan lleno de dolor, amargura y odio.
Viéndose allí, indefenso y herido en el mismo lugar donde su familia murió lenta y dolorosamente a causa de un estúpido error, Derek deseó que aquello durara lo menos posible.
Porque estaba cansado.
Estaba cansado de que le siguieran recordando los errores del pasado, y que siguiera fracasando en su intento desesperado por tener una vida normal.
Lentamente, luchando por permanecer consciente, Derek consiguió abrir los párpados para encontrarse cara a cara con aquellos ojos marrones.
- Stiles…
Sabía que no era buena idea hablar. Que debía conservar las fuerzas y no malgastarlas en algo tan absurdo como hablar. Porque probablemente, dijera lo que dijese, nada iba a cambiar. Sobre todo, no iba a cambiar el hecho de que Stiles le había conducido a una trampa, y luego le había apuñalado por orden de su Alfa.
El hombre se obligó a sí mismo a no seguir por aquel camino.
Por mucho que pareciera ser la misma historia repitiéndose, no era lo mismo. Lo único que era similar, era que de nuevo había subestimado a una hermosa mujer que no era sino una psicópata en potencia.
Pero el resto era distinto. Y Stiles, por mucho que le hubiera atacado con acónito, dos veces ya, no era el malo de la historia. Ni siquiera podía culparle por lo que había hecho, pues sabía que no dependía de él.
Aquello era algo en lo que debía centrarse.
Stiles NO le había traicionado. No le había usado.
Pasara lo que pasase, debía repetirse esa idea una y otra vez.
Porque era lo único que le permitiría mantener la cordura.
La expresión que tenía Stiles era una que, por un instante, le recordó aquella primera vez que le vio con Scott. Cuando fueron a buscar el inhalador de su amigo y Derek les indicó con su característica bordería de por aquel entonces, que estaban en propiedad privada. Aquella vez Stiles se le antojó como un chiquillo asustado por el modo en que miraba a todos lados sin saber qué decir, pudiendo tan sólo balbucear que no lo sabían, y que lo sentían mucho.
Tiempo después, cuando las cosas habían cambiado sustancialmente entre los dos, Stiles le confesó que si estaba nervioso no era porque le tuviera miedo, sino porque acaba de tener el flechazo de su vida y no sabía cómo actuar para que no se notara.
Pero ahora no había nada de aquello. No había nerviosismo por hablar con un hombre atractivo que acababa de conocer, y ni siquiera cierto temor a tratar con el que resultaba ser un hombre lobo.
No. Ahora Stiles tenía una expresión de miedo que nunca había visto en él. Ni siquiera en los momentos más peligrosos que había tenido que afrontar en su vida, como cuando atacó a Peter con aquel coctel molotov, o cuando le mantuvo a flote durante dos horas… En ninguna de esas ocasiones Stiles mostró miedo o incluso nerviosismo ante una situación en la que no deseaba estar.
Sin embargo, la cara de Stiles era ahora la de un chiquillo que veía que todo era demasiado grande para él. Que desearía estar en cualquier otro sitio menos allí…
Ver a Stiles así, mostrándose como el chiquillo asustado que se suponía que debía ser, hizo que el dolor del acónito pasara a ser el segundo más doloroso del momento.
Sobre todo al comprender que no podía hacer nada para remediarlo. Que esta vez le tocaba ser mero espectador de aquella pesadilla.
El chico se quedó a varios metros de distancia del hombre.
Estaba muy quieto, casi tenso, pero Derek sabía que sólo era una fachada. Que por dentro estaba temblando literalmente, como ahora mismo hacían aquellos labios finos que, de nuevo, estaban demasiado apretados para lo que era habitual en él.
Afortunadamente, Stiles no estaba transformado. Con lo que el Alfa podía recrearse en el color tradicional de sus ojos marrones, tan grandes y brillantes como siempre, e incluso más de lo normal.
Lo que sólo podía significar que Stiles estaba luchando por no echarse a llorar.
- Te dije que no me siguieras – murmuró el chico. Y aunque la voz no le tembló a causa de retener el llanto, lo que Derek agradeció porque no soportaría oírle así, su voz estaba más apagada de lo que recordaba haber oído nunca – Por qué demonios no me hiciste caso.
- Jamás te abandonaré – gimió. Le costaba pronunciar cada palabra, pero no por ello iba a dejar de intentarlo.
Stiles asintió.
- Claro que no. Por eso ahora estás aquí – tragó con dificultad – Y por eso ahora tengo que ser yo el que te haga daño.
- No tienes por qué. Puedes hacerle frente. Puedes revelarte.
- No lo entiendes – se mojó los labios – Ella es demasiado poderosa.
- Pero estoy contigo. Juntos podemos acabar con ella.
- No… - negó al tiempo que cerraba los ojos – Ya te lo dije. Es demasiado tarde para mí – le miró entonces con lo que no podía ser descrito sino con una expresión de súplica… Y el hecho de que lo hiciera el que no estaba atado recibiendo descargas, ya era significativo – Maté con ella, Derek. Maté por ella, para protegerla… Ahora soy parte de su manada y no puedo alejarme de ella. Mi instinto me lo impide.
- No todo es instinto – Derek trató de convencerle por medio de algo que jamás creyó que diría, pues era de los que pensaba que el instinto lo era todo, y más a la hora de sobrevivir. Pero fue precisamente gracias a Stiles, hace tiempo, que comprendió cuán equivocado estaba. Y ahora sólo esperaba ser capaz de enseñarle la misma lección que en su día Stiles le enseñó a él – Hasta hace poco eras un humano, y el más inteligente de todos. Tu fortaleza residía en tu mente y en tu corazón… Y ambos saben que esto está mal. Que no debes seguir sus órdenes.
- Ella es mi Alfa – explicó con un tono de voz que no admitía réplica. Y apenas salieron aquellas palabras de sus labios, pudo oír perfectamente el cambio de ritmo en el corazón de Derek, más acelerado a causa de la tristeza. Pero Stiles no dio señales de que aquello le afectara, y avanzó un paso en su dirección – Y tú has atacado a mi Alfa. Has intentado matarla.
- Stiles… - Derek trató de hacerle entrar en razón una vez más.
Y aunque sabía que las posibilidades eran mínimas, al menos esperaba que el chico dejara de hablar. Que dejara de referirse a ella como su Alfa, y que sobre todo lo hiciera con esa sensación de orgullo, mientras que a él le miraba ahora como si él fuera el culpable de todo.
Stiles nunca había hecho algo así con él. Ni siquiera cuando se atrevió a confesarle lo de Kate, y lo que realmente ocurrió la noche del incendio.
Lo hizo después de la primera vez que quedaron a solas. Cuando Derek le invitó a cenar en el loft, en teoría como agradecimiento a lo mucho que le había ayudado desde que regresó a Beacon Hills, y sin haber pedido nunca nada a cambio. Y cuando hizo aquello estaba claro que no pensó con calma, pues cualquiera con más de dos dedos de frente habría visto aquello como lo que realmente era: Una primera cita.
Sobre todo alguien tan avispado como era Stiles, que sabía cuáles iban a ser sus movimientos a kilómetros de distancia.
Por eso aquella vez, cuando el corazón de Derek estaba latiendo tan rápido a causa de los nervios, que estaba convencido que Stiles podía oírle; el chico no lo dudó cuando recorrió la distancia que les separaba para pegar sus labios a los suyos en el más ligero de los besos.
Y después de que Derek recorriera un millón de emociones, una detrás de otra: asombro, curiosidad, nerviosismo, terror y finalmente alegría; decidió que era ahora o nunca. Y que si realmente quería que aquello funcionara, porque realmente quería que funcionara, iba a tener que ser sincero desde el primer instante.
Y ser sincero implicaba no esconderse nada, por mucho que doliera tener que hablar de ello. Sobre todo, por mucho miedo que tuviera a decir algo que acabaría con lo que ni siquiera había terminado de gestarse.
Pero cuando Stiles terminó de oír la historia, sin interrumpirle una sola vez, y lo primero que hizo fue coger su mano, apretarla con fuerza, y luego besarle de nuevo; supo que no tenía nada que temer.
Y también supo, aunque aquello era algo que había sabido desde el principio, que Stiles era la persona más increíble que había tenido la fortuna de conocer.
Sin embargo ahora, casi un año después, todo había dado un giro de 180 grados. Porque ahora Stiles le estaba mirando con esa misma cara de acusación, que esperó encontrarse aquel lejano día.
Stiles no dijo nada más. Parecía que el momento de la charla ya había pasado, y que era hora de actuar. Con movimientos seguros, se acercó al control de mandos que había al lado de Derek, y del que salían los cables por los que transcurría la electricidad.
Cuando giró la rueda hasta la posición de 90.000 voltios, Derek sintió que todo su cuerpo ardía. Que lo hacía desde dentro, con todas sus terminaciones nerviosas quemándose, logrando que tuviera la sensación de que iba a empezar a derretírsele la piel.
Como la otra vez que estuvo en aquella situación, trató de frenar el grito de dolor que acabó escapándose de su garganta, intentando no darle a su torturador la satisfacción de verle sufrir pese a que ambos supieran que lo estaba haciendo.
Como la otra vez, su fútil intento de no gritar de dolor fue respondido por su torturador por un gesto impasible, mientras observaba el espectáculo con calma.
A diferencia de la otra vez, cuando Derek no sintió sino odio hacia su torturadora, esta vez sólo podía sentir la más absoluta tristeza.
A diferencia de la otra vez, cuando Derek consiguió mantener su expresión impasible para que ella no viera en su cara lo mucho que le estaba doliendo aquello; esta vez no le importó que su estoicismo se rompiera cuando empezó a llorar en silencio.
Porque a diferencia de ella, sabía que a él no podía engañarle con aquella máscara inexpresiva.
Y porque a diferencia de ella, ver ahora a Stiles torturándole no consiguió que deseara desatarse para vengarse de él… Sólo consiguió que deseara que tuviera éxito y acabara con su vida lo más rápidamente posible.
La expresión fría de Stiles, que le miró a los ojos como si no fuera consciente del increíble dolor (físico y psicológico que le estaba infringiendo), fue lo último que vio Derek antes de perder el conocimiento.
