En mi vida había estado en un hotel así, usualmente tendíamos a gastar más en los tours que en el hospedaje, sin embargo aquí... No hay necesidad de pensar en salir, tiene todo, gimnasio, canchas, obras de teatro, conciertos, alberca, playa, 4 restaurantes diferentes, campo de golf, clases de tenis por la mañana, un jardín botánico... Joder era una maravilla.
Aunque claro entramos a todas las conferencias del congreso que pudimos, aprendí mucho, de verdad, no había tenido la oportunidad de ir a esta clase de eventos, son muy refrescantes y dinámicos.
A lo largo de los días conocemos a chicos y chicas de otras partes del país, con algunos intercambiamos números, con otros solo conversamos poco en las ponencias.
El congreso solo tenía de duración una semana, sin embargo, era una semana que al levantarnos tan temprano y acostarnos noche hacía que fuese más larga de lo que era en realidad y ese sentimiento era grandiosos, para mí toda esta situación era un sueño y me hace revisar en retrospectiva... yo... Pude haberme hundido en mi miseria y mi amargura, de no ser por Elsa que proyectó un faro de esperanza a mí persona y eso me hace reflexionar en ...¿ a cuántas más personas habrá salvado del abismo como a mí?
Justo ahora está jugando en línea una partida de algún juego con Rider, parecen llevarse bien y solo pienso en que es lo normal para Elsa, hacer buenas migas de inmediato con cualquiera.
De un momento a otro ambos se levantan eufóricos de las camas, al parecer han ganado
—Joder, me muero de hambre, vayamos a cenar algo — el que habla es Rider
—Estoy de acuerdo contigo, creí que perderíamos la ultima partida
—Reina, estabas en mi equipo era imposible perder
—Ajá, lo dice el que solo hizo 3 kills y por error
Ambos comienzan a reir y se abrazan por los hombros mientras caminan, yo sólo voy detrás negando, pasamos por el jardín botánico de camino al buffet, y está lleno de luciérnagas, me detengo a apreciar el espectáculo, me quedé absorta viendo a los insectos parpadear.
Un brazo me rodea los hombros
—Luciferasa
—La primera vez que lo leí, me causó curiosidad
—A mí igual, Anna— nos vemos a los ojos y sonreímos
—Tenía mucho tiempo que no veía un bioespectáculo como este y no pude evitar detenerme a verlo
Una brisa traviesa recorre mi espalda, a pesar del clima tropical propio de la playa, por la tarde está algo fresco, Elsa lo nota, por Dios, claro que lo notaría, así que se quita su camisola y la pone en mí
—¿Mejor?
—Mejor, no soy nada resistente al fresco — un estornudo dejó en claro mi punto
—¿Nos vamos?— con un ademan me da el pase y comenzamos a caminar
Rider nos esperaba en el buffet, fue una de las mejores noches de mi vida.
El día de la presentación de Elsa era hoy, lucía tan confiada y segura de sí misma, que sentí un calor recorrerme el cuerpo, no era pasión o deseo, era gozo, era felicidad de poder estar ahí junto a ella.
Le pedí que me explicara su exposición, para darle soltura, aunque no tartamudeó ni una vez, en verdad es una genio, era revolucionario lo que proponía, fácilmente eso era una tesis doctoral y no universitaria.
Estuve en primera fila para verla triunfar, lo hizo asombroso, mejor que cuando me la explicó a mí en privado, bueno a mí y a Rider quien también estuvo ahí en la presentación.
Cuando terminó, varios investigadores se acercaron a felicitarla y a darle sus tarjetas por si le interesaba un posgrado.
Más tarde me confesó que estaba muerta de miedo y duda, que sentía que en cualquier momento vomitaría, tenía las manos heladas y temblaba un poco, verla así me recordó su mortalidad y que es alguien como yo, una niña temerosa que está aprendiendo a ser adulta.
La tranquilicé y la abracé.
Por la noche hubo una cena exclusiva por el congreso, ambas nos pusimos vestidos y Rider un traje ligero, él se adelantó.
Al entrar en el área reservada del jardín, nos ofrecieron un trago de bienvenida, localizamos a Rider, nos sentamos juntos y esperamos la comida, cabe mencionar que yo no toqué mi bebida, no consumo alcohol como tal.
Lo que nos sirvieron estuvo delicioso, era un trozo de carne jugoso, una pasta al dente con verduras seleccionadas y un postre maravilloso, acompañando de la presentación de un ballet folklorico de la región.
De beber además de agua nos dieron vino tinto, del cual probé poco
Elsa y Rider bebieron ambos.
Para finalizar la velada se abrió la pista para bailar, me emocioné al escuchar las canciones, invité a Rider, se negó, pero no me importó, lo arrastré, bailamos varias canciones hasta que se cansó, al parecer el cigarro le hace mella.
Casi al instante un chico me sacó a bailar, y luego uno más, realmente bailé hasta que acabó la música.
Cuando regresé a la mesa Elsa estaba ahí, con los ojos vidriosos y algo hinchados, ¿por qué estaría llorando?
No me atreví a preguntar, no le gustaba que le insinuaran que era débil y llorar demostraba eso, según ella.
Rider me sorprendió por la espalda, me preguntó por la rubia y le dije que así lo dejara, caminamos para ir a nuestra habitación, pasamos junto al bar
—Me dijiste que bebias cerveza oscura, permiteme verte ingerir alcohol — el castaño hizo una reverencia ridícula
—¡Al carajo todo! ¡Claro que acepto!
Elsa nos siguió en estado catatonico
Ambos pedimos una cerveza oscura, hicimos un brindis cruzado y bebimos, después nos soltamos a reír
Elsa se mantenía distante, pidió vodka seco y lo bebió.
Nunca la había visto así y eso me preocupaba.
Inmersos en el silencio entramos a nuestra habitación, nos turnamos para cambiarnos y caímos rendidos.
Abracé a Elsa, quien se tensó por un rato, cuando decidí comenzar a apartarme porque me dio vergüenza estar incomodandola, me aferró y lloró amargamente hasta quedarse dormida.
No fueron necesarias las palabras, porque ella no quería consuelo, sólo desahogarse.
Y yo estaría ahí.
