Arco 1: Detective Hikigaya Hachiman
Capítulo 17 - Choque de titanes
"Zorro".
Según Merriam Webster, aquella palabra podía ser definida como "cualquiera de los diversos mamíferos carnívoros pertenecientes a la familia de los cánidos, pero más pequeños que los lobos, con patas más cortas, hocico más puntiagudo, orejas largas, y una cola larga y espesa".
Resumiendo, los bastardos escurridizos eran (por lo común) bolas de pelo anaranjadas con patas, que corrían por los campos como si éstos les pertenecieran. Grandes alimañas, una molestia para cualquier sociedad agraria compleja.
No se puede confiar en un zorro. ¡Demonios, parecen perros, pero suenan como gatos! Esto probaba que eran seres engañosos a una escala genética, como evidenciaba su conspirador fenotipo.
Son famosos por robar ganado y comida de agricultores descuidados. Robarán dos gallinas delante de ti, y una tercera cuando no estés mirando. Cuando vayas en busca de tu propiedad, te sentirás aliviado de encontrar a esas dos gallinas perdidas. Felizmente ignorante de tu pérdida neta, y sin saber que tu ave restante estaba siendo devorada por un zorro engreído en algún lugar del bosque.
Su habilidad para evadir a los cazadores provocó que el valor de su piel se disparara. Atrapar a un zorro era toda una hazaña. Pero buena suerte con eso. Sus madrigueras son túneles lo suficientemente complejos como para rivalizar con el sistema ferroviario japonés, con múltiples salidas y entradas que llevan a quién sabe dónde. Los zorros siempre tienen planes de respaldo. Siempre están maquinando. Se aseguran de siempre sacar provecho al final de un conflicto, incluso si pierden; una victoria en la derrota.
En la mitología y en la cultura, se muestran como seres inteligentes y engañosos. Los zorros manipulan a los tontos con una elegancia casi cómica. Y al igual que en la vida real, son astutos. Sus planes siempre son elaborados, pero a la vez atrevidos y audaces. Todo ello les permite alcanzar sus objetivos.
¿Mi teoría? El zorro es símbolo de tres características principales:
Calculadores: hallan métodos inteligentes y únicos a los problemas para humillar mejor a su presa. Constantemente haciendo nuevas operaciones enrevesadas para mantener su mente ocupada, y la de su oponente adormecida para impedir que les sigan el ritmo.
Engañosos: primero engañan tus sentidos, luego tu razonamiento, para finalmente engañar tu cuerpo. No se puede confiar en nada al pie de la letra con los zorros.
Manipuladores: capaz de incitar la gente a su alrededor para que hagan el trabajo duro, y luego aparecer para reclamar el premio sin esfuerzo.
Y no podía pensar en nadie que encajara mejor con esta descripción que la chica que ahora mismo estaba parada en mi puerta, observándome con una mirada atontada: mi astuta ex-kouhai, Isshiki Iroha.
—¿Sí? —pregunté, con mi breve palabra saliendo casi como un ladrido.
Isshiki me miró a la cara, se ruborizó e inmediatamente se inclinó—. ¡P-perdóneme! Debo haberme equivocado de apartamento, siento haberlo molestado.
Me sentí obligado a cerrar la puerta sólo para salvarme de la vergüenza. Cuando la puerta se cerró, escuché el sonido de Isshiki respirando profundamente desde el otro lado, como si acabara de salir de un profundo chapuzón.
Mi teléfono vibró al recibir un mensaje de texto de la chica en cuestión.
[¡SENPAIIII (●o≧д≦)o! ¡¿De verdad me enviarte el número de apartamento correcto?! ¡No puedo creer que pensaras que era necesario mentirme! ¡¿Cómo pudiste?! ( ͒˃̩̩⌂˂̩̩ ͒)]
Esto tenía que ser un crimen en alguna parte. ¿Alguien podía acusar a esta chica de abuso de signos de exclamación? Y ya que están, llévenla a confinamiento solitario.
Abrí la puerta y me encontré con la castaña temblorosa—. Este es mi apartamento.
—… ¿Senpai?
—Sí.
Me miró como si tuviera problemas a la vista, entrecerrando los ojos mientras me analizaba como si yo fuera un espécimen de laboratorio.
(—… Senpai siempre tuvo potencial, pero su densidad y flojera lo ocultaban. Pero eso es bueno, significa menos competencia. ¿Pero ahora está desatado sólo con unos anteojos y un corte de pelo? Imposible. ¿Estuvieron todos mis cálculos mal?)
Un susurro rápido bajo su respiración hizo que fuera imposible que entendiera lo que estaba diciendo. Pero igual, tampoco me importaba.
—Isshiki, ¿vas a entrar o no? ¿Y qué es lo que te pasa?
Isshiki sacudió la cabeza—. Nada, es sólo que Senpai luce diferente.
—Sí, bueno, sólo estaba probando algo nuevo.
—¡Me gusta!
Me hice a un lado para dejarla entrar a mi apartamento, donde fue inmediatamente recibida por una molesta Yukinoshita.
—Isshiki-san, fuiste la última en llegar a pesar de que te di instrucciones claras —la reprendió Yukinoshita con los brazos cruzados.
—¡Ah! ¡Yukinoshita-senpai! Bienvenida de vuelta a Japón. —Isshiki ignoró el regaño sin darle ni la menor importancia y rápidamente le dio un fuerte abrazo a Yukinoshita con una gran sonrisa, para sorpresa y vergüenza de la mayor.
En efecto, Isshiki había sido la última en llegar a mi improvisada (para mí) fiesta. La lista de invitados era bastante reducida en realidad. Además de nosotros tres, habían venido Komachi, Yuigahama, Shizuka, el Jefe Tsurumi, y Rumi.
Komachi me había mencionado que nuestros padres también quisieron venir, pero ambos tuvieron que hacer viajes de negocio de emergencia, a la vez. Las probabilidades astronómicas de que algo así ocurriera iban más allá de la mala suerte, y mi corazón se encogió por mi pobre madre y padre. Pero, por desgracia, así era la vida de los esclavos corporativos. Lástima por ellos.
… espera, ¿no trabajaba yo también una insana cantidad de horas? ¡No soy mejor que ellos!
Decidí buscar algo con lo que distraerme para librarme de esta deprimente epifanía.
—¡Komachi-chan!
—¡Iroha-chan!
Isshiki y Komachi se saludaron cálidamente y se abrazaron antes de meterse en su propio mundo de conversación. Las dos de alguna manera se habían vuelto amigas cercanas con los años. Isshiki se tomó un año luego de graduarse, para trabajar con el fin de juntar dinero para su educación universitaria. Ella y Komachi se inscribieron al mismo programa de negocios en la misma universidad, y de alguna manera se convirtieron en mejores amigas a mis espaldas.
Recé mentalmente para que Komachi tuviera la fuerza para lidiar con ella.
Me paseé por el apartamento, hablando con mis invitados a un ritmo tranquilo. Traté de ser consciente de que debía ser un buen anfitrión, llenando sus vasos cuando estuvieran vacíos, tirando la basura por ellos, y asegurarme de que se divirtieran… o al menos, tanto como pudiera alguien que iba a jugar…
—¡Tu tu ru! [1] —exclamó Komachi mientras sostenía una caja—. ¡Es hora de jugar algunos juegos!
Mientras giraba como una bailarina, mis ojos captaron el objeto rojo en sus manos—. ¡Una Nintendo Switch con Mario Kart como regalo de cumpleaños para mi Onii-chan favorito!
—¡Pero si yo soy tu único Onii-chan!
—Ya, ya… —Komachi me ignoró y miró a los invitados reunidos—. ¿Todo el mundo trajo sus joycons?
Sorprendentemente, Isshiki, Rumi y Shizuka los trajeron. Levantaron sus controles con caras de orgullo y anticipación.
¿Por qué sentía que habían practicado exactamente para este momento?
Mientras mi hermana e Isshiki se ponían a configurar la consola, sentí cómo comenzaba a sudar frío. Una mirada de reojo al Jefe me hizo ver que tenía la misma expresión de preocupación.
—¿Hikigaya-kun? —me preguntó Yukinoshita mientras se me acercaba—. ¿Por qué te ves tan preocupado?
Oh, claro, es una niña rica protegida. No iba a entender nuestros miedos.
—Como sabrás, Yukinoshita —comencé, con mi voz desbordando seriedad—. Nintendo podrá ser el orgullo de Japón y un ejemplo invaluable de calidad e innovación en el mundo, todo esto siendo para toda la familia… pero ocultan una agenda siniestra.
—¿Agenda… siniestra?
—Sí… verás, el deseo de Nintendo, no, su objetivo final, es convertir a todos en el mundo en solitarios. Solitarios que comprarán y jugarán sus juegos, comenzando una adicción donde los videojuegos reemplazarán a sus amigos perdidos.
—…
Sus juegos party estaban diseñados para prosperar en el azar y en las decisiones crueles. Para ganar tienes que robarle ítems a tus amigos, una mancha permanente en la camaradería que habían desarrollado. [2]
Una pareja locamente enamorada se separa debido a la decisión de que alguien debía ser sacrificado para seguir avanzando, arrastrando sentimientos de egoísmo. Destruyendo el compromiso sobre el que se había construido la relación. [3]
Un matrimonio de diez años más sólido que una roca se cae a pedazos por culpa de la mala comunicación y malas instrucciones mientras intentaban manejar un restaurante virtual. Ahora de repente se dan cuenta de que nunca tuvieron realmente química. [4]
El jugador que va en último lugar de repente consigue un caparazón azul que arruina la carrera perfecta que el primer lugar hasta ahora llevaba. Robando la victoria cuando estaba tan cerca. Inculcando por siempre un rencor que arrastraría hasta la tumba y luego a la otra vida. Una maldición que atormentaría por siempre incluso a las generaciones futuras. [5]
—Y es por eso que… me preocupo —finalicé.
Yukinoshita me miró como si fuera el insecto más pequeño y asqueroso del mundo.
—Absolutamente incurable —fue su única respuesta mientras se daba la vuelta y se iba de camino al sofá, donde el resto de invitados se estaba reuniendo para una noche de diversión familiar.
… o eso esperaba yo.
Comenzamos a jugar luego de un rato. El Jefe y yo compartimos una mirada y llegamos a un acuerdo silencioso: íbamos a perder para asegurarnos de que las explosivas mujeres a nuestro alrededor no volaran el apartamento en pedazos, o lo convirtieran en una escena del crimen con contornos de tiza en el suelo.
A Yukinoshita le costó acostumbrarse a los controles y a las mecánicas del juego durante la primera copa. Pero, como era de esperar, una intensa mirada apareció en su rostro mientras luchaba con sus joycons, dejando ver sus rasgos competitivos. Parecía que Shizuka y Komachi sí habían practicado, aprendiendo el camino óptimo para todas las pistas, consiguiendo tiempos de vuelta ridículos.
Isshiki hizo un uso estratégico de los objetos, usándolos en el momento perfecto para destruir a los que fueran detrás de ella. En una ocasión usó una Bullet Bill justo cuando iba delante de ella. Estaba en la quinta posición, algo raro en mí… antes de que el zorro hiciera su jugada. Quise dejar de jugar ahí mismo. Pero entendí que el dios cruel conocido como Mario-Kart-Kami necesitaba un sacrificio para que se mantuviera la paz.
Sorprendentemente, fue Yuigahama quien ganó la primera copa, su suerte con los objetos le dio una ventaja para que pudiera pasar por un poco a Shizuka y Komachi, quedándose con el primer lugar.
La segunda copa fue una batalla encarnizada entre Komachi y Shizuka. La mayor apenas le llevaba unos pocos puntos de ventaja a Komachi antes de la última carrera, en la que Komachi falló en pasar por un panel de dash por apenas un pixel y acabó en el octavo lugar; y por consiguiente en segundo lugar en la copa. Cumplí con mi deber como Onii-chan y la consolé mientras lloraba en mi hombro, mientras desde el televisor el sonido de ella obteniendo el segundo lugar resonaba con condescendencia por toda la habitación.
Sin embargo, nadie había reparado en el elemento sorpresa, Yukinoshita Yukino, quien había ido subiendo posiciones desde su primera carrera. En la segunda copa acabó en un sólido tercer lugar. Yukinoshita había aprendido las maniobras y estrategias que sus oponentes usaban, y había ganado experiencia en cómo se usaban en la más feroz de las competiciones.
Ahora estaba lista.
Y entonces la corta era de la dominación de la Reina de Hielo tuvo lugar en este pequeño apartamento ubicado en la Shibuya residencial durante las siguientes tres copas. ¿Cada esquina por la que anduvo? Absolutamente perfecta. ¿Cada derrape? Nunca fuera de la distancia óptima, o sea a 10 pixeles de la curva. ¿Objetos? Les sacó el mayor provecho. Era como un muro.
No, ella era EL MURO.
EL MURO que te conocía mejor de lo que te conocías a ti mismo; bloqueando cualquier intento de pasarla o de ir tras ella. Cada victoria fue acompañada por una pequeña alzada de puño, cosa por la que no pude evitar sonreír. Era sencillamente adorable.
Como si canalizara el espíritu de Ayrton Senna, Yukinoshita hizo gala de su superioridad durante la cuarta copa. Ella era de otra casta. Hecha de algo diferente. Un ser superior. Ella vio a Dios cuando condujo en el juego, permitiéndonos a los paganos oír el Evangelio mientras su kart nos daba la vuelta en poco tiempo. [6]
La última carrera de la copa fue en la Pista Arcoiris. La Reina de Hielo no tuvo misericordia, y terminó la carrera 30 segundos antes que su rival más cercano, Hiratsuka Shizuka. La derrota fue especialmente humillante para la mayor, quien antes se había jactado de que conocía aquella peligrosa pista tan bien como su ciudad natal.
—¡Ella no quería sólo derrotarme! ¡Quería humillarme! —rugió Shizuka entre lágrimas, en el hombro de su marido.
—¿No le da vergüenza decir frases como esa? —me susurró Rumi.
—No preguntes si valoras tu vida —le susurré de vuelta.
Shizuka aumentó la presión en la siguiente copa, provocando con palabras a Yukinoshita. Estaba intentando de sacar al más frío, calmado y sereno ejemplo de nobleza fuera de juego. Mi sala de estar se convirtió en un campo de batalla en el que se disparaban insultos en lugar de balas. La situación se volvió tan tensa que hasta pude ver el aura de sus espíritus de lucha peleando sobre sus cabezas, acompañados de rayos metafísicos.
Por desgracia (para ella), Shizuka había dejado pasar algo en su plan de aplastar mentalmente a su ex-alumna: lo afilada que era realmente la lengua de Yukinoshita Yukino, quien procedió a interrumpir despiadadamente a la mayor con una espantosa masacre verbal.
—Hiratsuka-sensei, por favor recuerde que se ha casado hace poco tiempo luego de pasar casi dos décadas soltera. Me sorprende que no haya aprendido nada de tacto ni de sensibilidad femenina tras toda esa experiencia.
—¿Es incapaz de actuar acorde a su edad?
—¿No le da vergüenza que todos sus amigos sean menores que usted?
—¿Nos usa como medio para hacerse creer ingenua y tontamente que es de nuestra edad?
—¿Determina su propio valor usando un videojuego? Patético.
Shizuka quedó hecha un desastre de lágrimas al final, indistinguible de una banshee mientras le sollozaba a su marido que aquellas palabras no eran ciertas. ¿Verdad? ¿VERDAD?
Ignoré la mirada de pánico en los ojos del Jefe. Había recibido entrenamiento en desactivación de bombas, estaba seguro. Confiaba en que este oficial experimentado sabría cómo lidiar con la situación. Me despedí en mi cabeza: Buena suerte, señor.
En ese momento, el ángel conocido como Yuigahama Yui descendió de los cielos y trató de aliviar la tensión.
—¡B-bueno! —Juntó las palmas con un sonido fuerte para llamar nuestra atención, poniéndose de pie con una sonrisa nerviosa—. ¿Qué tal si cenamos? ¡No sé ustedes, pero yo me muero de hambre!
Nadie se opuso.
La cena pareció devolverle el humor a todos, ya que la conversación volvió a fluir una vez la comida se sirvió. El Jefe hablaba amistosamente con Komachi, lo cual no era extraño ya que el hombre tendía a ser muy amable con las chicas, un rasgo que él y el Capitán compartían (supongo que venía de la familia). Komachi podía llevarse bien con cualquiera, pero parecía que realmente disfrutaba de la compañía del Jefe, casi viéndolo como un tío.
Yuigahama se sorprendió bastante al ver a Rumi. Como era de esperar, su personalidad directa fue demasiada para la chica, y la tímida adolescente se escondió en su caparazón al igual que una tortuga asustada que se había encontrado con un cachorro curioso. Yuigahama intentó entablar conversación sólo para encontrarse con una Rumi de cara inexpresiva. Desde fuera, podría parecer que estaba siendo distante e indiferente, pero en realidad estaba hecha un desastre por el pánico, con su cerebro tratando de hallar desesperadamente una manera de lidiar con la situación. Traté de no reírme, consciente de que si lo hacía, Rumi me la iba a guardar durante un buen tiempo.
Shizuka, Yukinoshita, e Isshiki estaban discutiendo sobre el mercado laboral. Sorprendentemente, Isshiki tenía un buen conocimiento sobre economía y política. La charla atrajo la atención de Yuigahama, quien emocionada le pidió consejo a Shizuka, ya que la antigua alumna también aspiraba a convertirse en profesora. Shizuka pareció maravillarse ante la noticia, y con entusiasmo le dio detallados consejos, algunos de ellos bastante turbios.
Todo el mundo estaba poniéndose al corriente. Como una base de datos biológica, los estados y las condiciones de estos conocidos se estaban actualizando en una sola comida. Fue una velada deliciosa, rodeado de gente conversando animadamente. De repente me alegré de tener una mesa del tamaño apropiado.
Me vinieron los recuerdos de cuando me mudé a Shibuya hace pocos años. Estaba comprando muebles para llenar mi apartamento vacío. Mi madre me acompañó, citando su preocupación de que yo dejara Chiba de forma definitiva. Quería asegurarse de que al menos mi situación de vida fuera decente. Cuando fui a seleccionar una pequeña mesa circular para poner en el comedor, ella rápidamente me detuvo e insistió en que debía conseguir una mesa en la que pudieran caber por lo menos ocho personas.
—Es una estupidez —yo le había dicho—. ¿Para qué necesito algo tan excesivo?
—¿No necesitas un lugar para cuando tu familia y tus amigos vengan a visitarte? —fue la respuesta inocente de mamá.
—¿Yo? ¿Amigos? ¿Gente viniendo a mi casa? —me mofé—. ¿Yo? ¿Gente? Ya me gustaría.
Mi madre infló las mejillas de la misma manera en que Komachi lo hacía cuando iba a ser extremadamente terca. Me rendí y accedí a comprar la mesa, sabiendo que no había posibilidad de que yo ganara esa discusión.
Y aquí estaba ahora, casi cuatro años después de esa compra, con la mesa repleta de comida, bebidas, amigos, familia y…
—Espero que sepas que no necesitas mi permiso para empezar a comer —la voz de Yukinoshita interrumpió mis pensamientos.
… sí. Ella.
—Tienes razón. Lo siento.
Me concentré en mi comida, pareciéndome extraño que yo pudiera tener momentos como éste. No habría podido imaginarlo ni en mis sueños más locos. En algún lugar dentro de mí, una vocecita me decía que todo esto era sólo una ilusión y no podía estar pasando. Especialmente a alguien como yo. No era muy claro, sino un murmullo ocasional que escuchaba cuando lo buscaba. Pero podía ignorarlo. Al menos por esta noche.
La noche continuó y la comida pasó de los aperitivos a las entradas. Cada plato había sido expertamente confeccionado por Yukinoshita. Aseguró a todos en la mesa de que Yuigahama no había tenido ningún papel en el proceso de cocción, así que era seguro comer.
—¡YUKINON, ERES MUY CRUEL!
Todo el mundo se deleitó con el confit de pato. Y honestamente, tenían razón. Esto debería ser ilegal.
Shizuka acabó acurrucada en el sofá después de la cena, y todos pretendimos ignorarla. Yukinoshita había aprovechado la oportunidad para recordarle lo de la reciente partida al Mario Kart. Shizuka murmuraba tristemente sobre su derrota con ojos llorosos y una botella de cerveza en sus manos. Aparentemente había traído algunas como regalo, pero sacó una cuando la desesperación acabó siendo demasiado fuerte.
Por supuesto, adelante Sensei. Preferiría que siga bebiendo si eso significa que el resto de nosotros podrá conservar nuestras vidas.
Finalmente, la torta fue revelada, un increíble tiramisú de doble capa. Yukinoshita dijo que conocía mi preferencia por el café, e intentó experimentar. Todos quedamos impresionados y rápidamente comenzamos a cortar la torta. Cometimos el error de dejar que Yuigahama la cortara con un cuchillo, lo que provocó que se tuvieran que servir porciones desiguales. Nuestra residente cabeza hueca sólo pudo esbozar una sonrisa incómoda y avergonzada. Mantente fuerte, Yuigahama, mantente fuerte.
Mientras me comía mi propia porción, noté algo—. ¿Cómo supiste que mi sabor favorito del café era el moca?
El rostro de Yukinoshita se puso ligeramente rojo y comenzó a jugar con su pelo—. Komachi-chan me pasó esa información… hace unos días.
—Huh… —Me sentí violado hasta cierto punto, Komachi había estado filtrando demasiada información personal sobre mí últimamente.
La fiesta finalmente llegó a su fin. Yuigahama tenía trabajo, así que no podía quedarse hasta tarde. Isshiki se fue en medio del postre, su padre había venido a buscarla. Debido a que al día siguiente Rumi tenía escuela, los Tsurumi dijeron que debían regresar a casa a una hora razonable. Komachi se iba a quedar a dormir en mi casa, así que sólo ella y Yukinoshita se quedaron para limpiar el apartamento. Intenté ayudar, pero ambas me dejaron claro que debía relajarme en mi cumpleaños.
Me fui al balcón para deleitarme con la fresa brisa de finales de verano mientras apreciaba el icónico paisaje de Tokio. Las luces adornaban los rascacielos que se elevaban hacia el oscuro cielo nocturno. Los aviones comerciales pasaban por encima, con las puntas de sus alas pulsando con luces rojas mientras se preparaban para aterrizar en el aeropuerto. Shibuya no tenía salida al mar, pero desde esta altura podía ver la bahía y sus suaves olas reflejando la ciudad. Escuché pasos a mi lado, y vi que Yukinoshita también había salido, apoyándose en la barandilla mientras miraba a la distancia.
—Es hermoso —suspiró, empujando un mechón de pelo detrás de su oreja y sosteniéndolo con una mano mientras el viento pasaba.
—Lo es —concordé con una pequeña sonrisa, mientras me concentraba en la Torre de Tokio, una torre de acero que se elevaba por encima de todo lo demás. El emblemático punto de referencia estaba cubierto de luces rojas y blancas que parecían iluminar toda la ciudad con su sola presencia—. Me tomó un tiempo acostumbrarme, a todas las luces y los sonidos… y a toda la gente. Pero empecé a apreciar lo viva que se sentía la ciudad. Me gustó especialmente la calidez de Shibuya. Es un pequeño punto de tranquilidad en medio de este ajetreo.
—¿Ah, sí? —respondía Yukinoshita—. A mi me gusta también. Me recuerda al vecindario alrededor de mi casa en Inglaterra. El clima era bastante sombrío, y la forma en que encuadernaban los libros era extraña, pero todas las casas y calles estaban cerca, a poca distancia caminando. También era diverso en etnias, así que la comida también era…
Sus palabras se fueron apagando, y la miré para encontrármela observándome con una mirada acusatoria—. Hablando de comida, tengo la vívida memoria de cómo durante la preparatoria declarabas que los tomates eran venenosos y los evitabas como si fueran una plaga. Pero no tuviste ningún problema con los tomates cherry en la comida de esta noche.
—¿En serio? —dije tímidamente mientras me rascaba la mejilla—. Todo me supo bien cuando regresé de Sri Lanka, incluso los tomates. Ya no me atrevo a odiarlos cuando los veo.
—… —Yukinoshita se quedó en silencio.
—Tal vez me haya dado cuenta del valor de la comida… al ser algo tan preciado en una zona de guerra. La vida moderna es asombrosa, ¿sabes? Toda esta comida que uno puede comprar de forma tan barata y rápida. Todavía no me puedo acostumbrar a tirar la comida jaja… ja… —Mi risa incómoda al final hizo poco para disipar la tensión.
—En S-Sri Lanka... —Yukinoshita dudó antes de continuar, nivelando cautelosamente sus ojos azules con los míos. Parecían brillar en la noche—. ¿Cómo era la comida?
Mis ojos se abrieron con sorpresa ante la inesperada pregunta, y me quebré la cabeza tratando de hallar una respuesta—. Bueno… era interesante, por no decir otra cosa.
Sri Lanka estaba muy cerca de la India, e históricamente se vio beneficiada por el comercio de especias. Los reyes tamiles fueron un grupo fuerte de comerciantes en el extremo sur de la península india. Esto extendió las especias por toda la región del sudeste asiático, así que la cocina en Sri Lanka tenía toda su base en ello.
El curry lo era casi todo para ellos: cualquier cosa con carne y verduras en una salsa de especias. Y su curry era muy diferente al japonés. El aroma era potente, y sólo bastaba con él para que a uno se le hiciera agua la boca. Lo cual era sorprendente si lo piensas. Tenía sabores atrevidos e intensos, mucho más fuertes que el curry japonés. Pero seguía teniendo complejidad incluso cuando seguías comiendo. No te adormecía la lengua con todos esos ingredientes y condimentos. Un armonioso sabor rimbombante.
El arroz era su grano principal también, sin embargo el arroz suyo era más largo y rígido. También tenían ese pan circular llamado "roti", que básicamente se comía con todo. Versátil y fácil de llevar, el roti se les daba a los trabajadores de campo para su comida del mediodía.
Había un pueblo en el que estuve destinado, llamado Pandura, donde eran conocidos por sus vegetales encurtidos o "malay achcharu".
—Había un tipo, un maestro del encurtido, que me ofreció un poco de su mezcla de encurtido picante. Me dijo que si la comía, curaría mi resfriado. Lo probé y casi me muero por toda la tos y las lágrimas —le relaté a Yukinoshita—. Aparentemente una variación de esta mezcla se usaba por la policía antidisturbios de Estados Unidos para sprays de defensa.
Yukinoshita comenzó a reírse y rápidamente la regañé—. ¡Oye, no es gracioso! ¡En verdad pensé que mi vida había acabado!
Ella sólo se rió más fuerte, envolviendo sus brazos alrededor de su cuerpo en un intento de mitigar el retorcimiento de su cuerpo por las risas. Esto provocó que mis labios se curvaran hacia arriba y acabara riéndome con ella.
Mientras nuestra risa se apagaba, Yukinoshita me habló mientras se secaba una lágrima—. Suenan como gente divertida.
—Lo eran —concordé—. Eran buena gente. Me sentí más humilde por cómo vivían sus vidas, pacíficas y rurales. Sin comodidades, pero tampoco con complicaciones. Era… pacífico.
Nos quedamos en silencio, simplemente disfrutando la compañía del otro mientras observábamos Tokio. Otra ráfaga de aire pasó sobre nosotros, y por un momento, todo estaba quieto.
—¡Onii-chan! —gritó Komachi desde el interior del apartamento, destruyendo la tranquilidad—. ¡He terminado de lavar los platos! ¡¿Dónde están los futones y las mantas?!
—¡En el armario del pasillo, cerca de mi habitación! —le grité de vuelta—. ¡Estante de abajo!
—¡Ok! Y- ¡Oh! ¡¿Yukino-san se quedará a dormir también?!
La cara de Yukinoshira se puso roja y nos miró a Komachi y a mí con pánico.
Suspiré antes de responder hacia atrás—. ¡Sí, claro, está bien!
—Gracias por la hospitalidad —me agradeció Yukinoshita con una expresión extraña.
—¿Qué dices? Esta es la primera vez que te aprovechas de mí.
—No. —Sacudió la cabeza—. Ha sido todo este tiempo.
Me quedé en silencio, sin estar seguro de cómo responder. Sin estar seguro de lo que había querido decir. O quizás si estaba seguro. Sólo no quería asumirlo.
—Y… —metió la mano en el bolsillo de su chaqueta, sacando una pequeña caja negra—. Feliz cumpleaños, Hikigaya-kun.
Tomé la caja y la abrí con cuidado para encontrarme con un reloj dentro. Era simple y elegante, un aparato negro y plateado con pequeñas joyas en el bisel del reloj. Las agujas eran de plata. La correa era de este metal negro esmerilado que se sentía frío al tacto. Mis dedos rozaron el logo de Bulova. [7]
Me quedé pasmado por un momento, pero rápidamente recobré mis sentidos. Cerré la caja de golpe y se la devolví a Yukinoshita—. No puedo aceptar esto. Debió costar una fortuna —dije apresuradamente.
—¡No digas tonterías! —Yukinoshita la empujó de vuelta hacia mí con una fuerza sorprendente—. No es sólo de mi parte… es un regalo de toda mi familia. Además, ya grabamos tu nombre en la parte de atrás.
—… e-está bien.
Recibí de vuelta el regalo a regañadientes y lo abrí una vez más. Yukinoshita me instó con la mirada a probármelo. Lo envolví alrededor de mi muñeca izquierda y me sorprendió lo bien que me quedaba. Tampoco se veía tan fuera de lugar.
—¿Por qué te lo pones así? —me preguntó Yukinoshita, confundida, al ver que había inclinado el reloj para que la cara estuviera en la parte inferior de mi muñeca, justo debajo de mi palma.
—Oh, eh… es un viejo hábito del ejército —le expliqué, moviendo mi muñeca de un lado a otro—. Me hacía más fácil ver la hora cuando estaba sosteniendo un rifle.
—Ya veo…
—Oye… Yukinoshita. Gracias por el regalo.
—De nada. —Yukinoshita me dirigió una rara y tierna sonrisa con sus delicados labios rosados que provocó que mi corazón se parara por un momento—. Buenas noches, Hikigaya-kun.
—Sí… buenas noches.
Mientras me encontraba acostado en mi cama tratando de dormirme, los pensamientos sobre Sri Lanka corrían por mi mente. Esa charla con Yukinoshita me había hecho recordar que no todo fue malo. Estaba reviviendo los recuerdos… pero no los malos. Memorias de la gente que había conocido. El sabor de la comida que cocinaban. El ver cómo trabajaban en los campos o pescaban en los ríos. El sonido de la música que tocaban y las canciones que cantaban.
La naturaleza de la confianza es una cosa extraña, pero tiene que ver con compartir memorias.
Creo.
La mayoría de la gente no lo entiende, pero el revelarle a alguien tu pasado es como quitarte la armadura delante suyo. Le das a esa persona las herramientas para atacar tus debilidades directamente; la habilidad de lastimarte profundamente si lo desea. Esa persona sabe de todas tus inseguridades y miedos. Sabe de todas las cosas que te han arruinado. Desde un punto de vista lógico, era una perspectiva aterradora. Confiar era arriesgarse, y arriesgarse era confiar.
Entonces…
La confianza es probablemente la capacidad de decirle al otro historias de tu pasado sin temer que las vaya a usar en tu contra. Incondicionalidad.
Y por consiguiente, por esta definición, yo diría que confiaba en Yukinoshita Yukino.
Capítulo 17.5 - Las tribulaciones de Secretaria-chan
Morimi Emiko POV
Debía ser una estatua o algo así, era la única explicación. Una mujer con un traje gris elegante y una camisa blanca estaba sentada en la sala de espera del vestíbulo a unos metros de distancia. Era la clase de mujer cuya sola presencia era un puñetazo a la autoestima de las demás mujeres. Un largo cabello negro liso con un brillo saludable se combinaba con un rostro y unos ojos que parecían esculpidos, formando a una persona objetivamente hermosa.
Sabía quien era. Era la hermana menor de Haruno-san, la fiscal del distrito. Y más importante, era la abogada de Hikigaya. Había más en esa historia, sin embargo. Según Haruno-san y Shiba, esta mujer había asistido a la misma preparatoria que Hikigaya e incluso formaron parte del mismo club. Pero había más ahí, estaba segura.
Mi teoría fue probada hoy. La hermana de Haruno-san parecía la clase de persona que era capaz y segura de sí misma, al igual que Haruno-san. Así que sentí curiosidad cuando noté la expresión apática de su rostro mientras miraba su teléfono repetidamente. Tuve la sensación de que estaba nerviosa.
—Hey.
Una voz profunda la llamó desde el vestíbulo, causando que mi corazón se agitara por la sorpresa. Giré la cabeza para ver a Hikigaya caminado desde una de las alas del edificio, con una sola mano levantada en un perezoso saludo. La gente solía decir que lucía espeluznante e intimidante, pero las cosas eran diferentes ahora. Su normalmente rebelde pelo fue cortado y peinado de una manera que le quedaba. Usaba corbatas más a menudo, y eso con la adición de aquellos anteojos lo hacían verse más… ¿profesional? No, más que eso, parecía arreglado.
Hablando de esos anteojos, fueron el mayor cambio. Los ojos de Hikigaya eran como los de un pez muerto de esos que te encontrabas en los supermercados; hundidos y sin vida. Pero cuando usaba lentes te dabas cuenta de que tenía esta mirada intensa que te hacía sentir acalorada y cohibida. Su cara siempre había tenido ese aspecto varonil, y con esa mirada, tenía que resistirme al rubor que subía por mi rostro cada vez que nuestros ojos se encontraban.
El rostro de la hermana de Haruno-san se transformó al instante, iluminándose ante la presencia de Hikigaya. Esa mirada apática y distante fue reemplazada por una pequeña subida de labios en una sonrisa, acompañada de unos ojos brillantes.
—¿Llamas a eso un saludo, Hikigaya-kun? —le habló con un tono burlón y alegre.
—Déjame en paz —gruñó Hikigaya—. No hacía falta que me emboscaras aquí. Iba a llegar a casa a tiempo para la fiesta.
—Discrepo. Puedo imaginarte fácilmente sentado en tu escritorio trabajando hasta la tarde sin preocuparte por el paso del tiempo, y luego dando una pobre excusa. En tu propio cumpleaños encima.
Espera, ¡¿era el cumpleaños de Hikigaya?!
—Oh, mujer de poca fe —suspiró Hikigaya, frotándose la parte de atrás de la cabeza. Finalmente notó mi mirada y sus ojos se dirigieron hacia mí. Mi corazón comenzó a acelerarse y pude sentir el calor subiéndome por el rostro. Me asintió con la cabeza, un saludo conciso y honesto tan propio de él. Asentí en respuesta antes de mirar cómo él caminaba hacia su abogada. Debido a la distancia a la que estaban y a lo bajo que hablaban, no pude saber de qué estaban hablando.
La hermana de Haruno-san se puso a su lado mientras salían. Ella se veía feliz, y Hikigaya… ¿se veía cómodo?
Esa escena se repitió sin parar en mi cabeza. Incluso cuando llegué a casa, no conseguía entender la mirada en el rostro de Hikigaya. ¿Estaba imaginándome cosas? Mientras estaba en la ducha no pude evitar dudar. Era posible, pero mi instinto me decía que había algo diferente. Parecía estar menos a la defensiva.
—¿Es eso posible? —susurré, sentada en mi sofá con el pijama puesto mientas veía un programa de juegos nocturno. Pero no le estaba prestando atención en lo absoluto. Sólo intentaba calmar la vorágine de pensamientos y emociones.
—… en verdad está diferente ahora.
Seguía siendo el mismo Hikigaya, pero ahora lo veía bajo una nueva luz. No sabía que Hikigaya había tenido tantos amigos en la preparatoria, todas chicas encima… chicas muy bonitas. Haruno-san dijo que salieron durante un tiempo, así que debió tener alguna clase de vida social. La mujer de pelo castaño a la que se le había perdido el teléfono lo conocía desde la escuela, y era hermosa también. ¡Incluso estuvieron en el mismo club! Sin alguien hace un par de meses me hubiera dicho que Hikigaya solía ser un gigoló a tiempo parcial me habría muerto de risa. Pero ahora…
—No lo conocía para nada…—suspiré.
Siempre había pensado que Hikigaya era un tipo raro con actitud difícil. Era antisocial, pero no apartaba a la gente; se las arreglaba bastante bien para tratar con Shiba y otros oficiales. Tenía una honestidad y una franqueza brutales, combinados con algo de cinismo que incomodaba un poco a los demás. Si añadíamos su descuidada apariencia a la mezcla, no podía sino estar segura de que nadie más estaba tras él.
—¿Cuándo empezó a gustarme de todos modos? —gruñí, acercándome las piernas al pecho.
Era difícil decirlo. Llevaba un año trabajando como secretaria en el departamento de policía cuando Hikigaya apareció como detective en formación. No me fijé en él al principio, pero luego comencé a oír rumores de un nuevo investigador que estaba resolviendo casos de homicidio a diestra y siniestra. Trabajando en el vestíbulo, siempre estaba al tanto de la gente que entraba y salía, era parte de mi trabajo después de todo. Pero Hikigaya siempre fue una vista rara. Algunos días lo veía sólo entrando. Algunos sólo saliendo. Pero rara vez lo veía haciendo ambas en 24 horas consecutivas. Por lo visto, era trabajólico, haciendo turnos absurdos para trabajar en los casos.
En realidad, ahora que lo pienso… si tuviera que escoger el momento específico en que empecé a sentir algo por él… fue probablemente en ese caso de secuestro hace unos años.
Hikigaya había sido asignado a un caso de homicidio en el que el cómplice del asesino había secuestrado a dos niños pequeños, hermanos gemelos. Siempre había pensado que Hikigaya tenía un trastorno obsesivo compulsivo, pero me equivocaba; era algo bastante peor. Parecía poseído, corriendo de aquí para allá con un cansado Shiba siguiéndole de cerca.
Se sentía como si él mismo se fuera a morir si no resolvía el caso. Era esa la clase de desesperación que vi emanar de él.
—¿Por qué? —le pregunté una vez, de la nada.
—¿Por qué, qué? —respondió confundido.
—¿Por qué ir tan lejos?
—Heh, yo también me lo pregunto —Hikigaya no le sonreía a nadie en particular, pero era un gesto apagado y depresivo. Como si estuviera forzando sus labios. Abrió la boca para seguir hablando, pero la cerró con un sonido audible mientras sus cejas se arrugaban en la contemplación—. Atrapar a los asesinos es importante, y tenemos que hacerlo. Pero esos dos niños no están muertos todavía. Son aún más importantes. Necesito encontrarlos antes de tener otro caso de homicidio en mis manos.
Salvar vidas. Hikigaya quería salvar vidas. La idea de que sus intenciones fueran tan heroicas era simplemente incomprensible. Me costó aceptarlo, incluso cuando tres días después vi a Hikigaya y a Shiba entrando en el departamento de policía con los dos niños bajo su custodia.
Fue un poco espeluznante, pero lo observé desde la distancia mientras él veía a los niños reunirse con sus padres. Esa expresión de dolor permaneció presente, pero también había algo de catarsis. Se perdió un poco de tensión en sus mejillas, porque algo había aliviado parcialmente a lo que sea que lo estuviese agobiando.
Ah. No es justo. Debería estar feliz. Merece estar feliz.
Ese pensamiento surgió en mi mente al verlo.
—¿Ves? —dijo, mirándome—. Dos asesinatos menos con los que el mundo tiene que lidiar.
—… vale.
Un hombre que ayudaba a la gente no por gloria, sino por necesidad. Ya fuera culpa, moralidad, o simple manía, nadie podía negar que Hikigaya tenía algo especial. Alguien como él no debería ser tan… triste.
Aunque sea sólo un poco. Si le puede dar algo de consuelo. Quiero hacerlo feliz.
Y así, aquí estábamos ahora.
Mi garganta se sintió seca cuando lo vi marcharse junto a su abogada; separados a sólo unos centímetros de distancia. El órgano en mi pecho conocido como corazón palpitó dolorosamente cuando llegué a una epifanía.
Yo no soy la indicada para darle esa felicidad.
En retrospectiva era obvio. Apenas conocía a Hikigaya. No sabía nada de él. No sabía que hoy era su cumpleaños. No sabía que había tenido amigos. No sabía que había estado en el ejército. No sabía lo que había sufrido allí. ¿Cómo iba a poder hacerlo feliz cuando no sabía cómo hacerlo? No podía ser yo. Y no iba a ser yo.
Pero aún así… dolía.
—Estar enamorada apesta… —gruñí patéticamente, cayendo de lado y dejando caer mi pelo sobre mis ojos como una cortina. Me tumbé en el sofá en posición fetal, cerrando los ojos para intentar dormirme.
Mientras sea feliz, puedo aceptarlo.
El agotamiento se apoderó de mí y el sonido de la televisión comenzó a desaparecer. Mis ojos se abrieron de golpe y me senté rápidamente.
Maldita sea, olvidé que lo había invitado a salir.
[1] El saludo característico de Mayushii en Steins;Gate
[2] Referencia a Mario Party.
[3] Mario Party.
[4] Overcooked.
[5] Mario Kart.
[6] Ayrton Senna fue un piloto brasileño de Fórmula 1, ampliamente considerado el mejor de todos los tiempos, incluso después de su muerte en 1994. Senna ganó de milagro el Gran Premio de Brasil en 1991, considerado una hazaña imposible ya que logró mantener su ventaja a pesar de que la caja de cambios de su auto no le dejaba usar otra marcha aparte de la 6ta, y se vio atrapado en una lluvia terrible. Cuando le preguntaron qué pasó, dijo haber visto a Dios.
[8] Este reloj forma parte de la serie Classique y es fabricado a medida. Su valor es de aproximadamente 800 dólares.
Nota del traductor:
La parte de Secretaria-chan originalmente pertenecía al capítulo 18, sin embargo, decidí dejarla aquí ya que quedaba mejor cronológicamente. Además de que hace un mejor puente para cierta escena del siguiente capítulo.
Dejando eso de lado, siendo este el capítulo que es, decidí que fuera aquí donde explicara mi "teoría" de cuánto que ha pasado desde el canon hasta ahora.
...
¿Cuánto tiempo ha pasado desde los eventos de Oregairu hasta los de este fic? Mi teoría:
Ésta es una pregunta no tiene una respuesta oficial, debido a que SouBU no ha sido (ni será) específico en cuántos años han pasado desde la graduación, él dice que "han pasado los años que tú decidas que hayan pasado". No obstante, los datos que él mismo ha dejado a lo largo del fic dicen bastante.
En el capítulo 1 les dije que haría una aproximación. Pues ya estamos aquí: vamos a dar una respuesta específica a la interrogante de "¿cuánto tiempo ha pasado?" y por consiguiente a la de "¿cuántos años tiene Hachiman ahora?".
Empecemos por lo primero en la línea cronológica, Hachiman tiene 16-17 años en la novela/anime, en la que está en su segundo año de preparatoria. Por lo tanto, en el momento específico de su graduación, o sea al final de su tercer y último año, Hachiman tenía 18 años.
Tras esto, inmediatamente se unió a la Fuerza de Autodefensa de Japón, en la que pasó unos dos años, uno en los cuarteles de Japón y otro varado en Sri Lanka. Luego, volvió a su tierra natal, sucediendo el drama de la corte marcial y su posterior dada de baja.
Hasta aquí la línea temporal no tiene complicaciones, han sido poco más de dos años. Sin embargo, es luego de esto que las cosas empiezan a ponerse algo difusas.
Hachiman menciona varias veces a lo largo del fic que lleva trabajando como detective unos dos años. Así que, sumando el tiempo en el ejército y en la policía, serían unos cuatro años, cinco si consideramos que no todo debió ser tan seguido, ¿verdad?
Pues no.
En este capítulo, se revela que Hachiman se mudó a Shibuya hace casi cuatro años, por lo que hay un periodo en blanco entre el tiempo en que 8man regresó de Sri Lanka hasta que comenzó a trabajar para la policía.
¿Y si se quedó un tiempo viviendo con sus padres antes de irse de Chiba a Shibuya? Eso sería otra cantidad de tiempo a agregar.
Sin embargo, está el capítulo 21. La primera parte de un "mini-arco" de tres capítulos (que originalmente iba a ser un único capítulo muy largo) que no solo contienen varios subcapítulos con varios POV's, sino que éstos indican el tiempo y el lugar en que suceden. Uno de estos subcapítulos es un flashback de Sri Lanka:
"Litch Meer"
*Hikigaya Hachiman
*Unknown location, Sri Lanka
[4 years prior / Unknown time]
"4 years prior", o sea, lo de Sri Lanka sucedió unos cuatro años antes de los acontecimientos actuales del fic.
Y como Hachiman se mudó a Shibuya hace casi cuatro años, eso quiere decir que su retorno de Sri Lanka, lo de la corte marcial, su expulsión, y luego su posterior mudanza a Shibuya fueron acontecimientos que ocurrieron muy seguidos.
En ese caso, pasaron unos dos años desde que Hachiman se mudó hasta que se unió oficialmente a la policía de Tokyo como detective, ¿qué hizo en ese tiempo? Bueno, por lo que dijo la Sensei en el capítulo 14, probablemente estuvo "recuperándose" poco a poco del trauma causado por lo sucedido en Sri Lanka. Y también a lo largo de la historia se ha hecho mención a la "escuela de detectives", así que eso contaría también, supongo.
Por lo tanto, la línea de tiempo quedaría así:
Graduación de la preparatoria Sobu / Entrenamiento en la Fuerza de Autodefensa (~1 año)
Guerra de Sri Lanka (~1 año)
Corte marcial / Mudanza a Shibuya (no mucho tiempo, un par de meses como mucho)
Vida con los Tsurumi y Shizuka / Escuela de detectives (~2 años)
Detective en formación (~1 año)
Detective profesional (~1 año)
En resumen, han pasado entre seis y siete años desde la graduación hasta ahora. Y si tomamos en cuenta que ha pasado un tiempo desde los acontecimientos del capítulo 1 a éste, entonces Hachiman comenzó esta historia teniendo 24 años.
Y por lo tanto, en este capítulo cumplió 25 años.
Es lo que más tiene sentido para mí, y como SouBU no nos va a dar una cantidad de tiempo oficial (a menos que cambie de opinión, cosa que dudo), yo me quedaré con esto.
