AQUI LES TRAIGO MI NUEVA ADAPTACION ESPERO LES GUSTE

Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer al final les digo el nombre del autor


Capítulo Diecisiete

Bella

¿No pongas a prueba mi paciencia? ¿Está de bromas? Soy una mujer adulta, si quiero volver a casa caminando y arriesgar mi vida, estoy segura que lo haré.

Quiero decir, no lo hago, pero necesito un poco de paz y tranquilidad cuando llegue a casa esta noche. Por eso le dije a Riley que me llevarían. Debí haberle mentido al también.

Cuando salgo de la cocina, encuentro a Sue rellenando recipientes de sal y pimienta en el mostrador. Estoy hirviendo de rabia. No digo nada, sólo empiezo a ayudarla. El trabajo metódico es bueno para mi cabeza caliente y ella parece sentir que necesito silencio. A Sue le gusta charlar, pero se muerde la lengua y me mira atentamente.

Después de unos diez minutos, rompe el silencio sacándome de mis pensamientos.

—Ese Edward seguro que te dejó hecha un lío.

—¿Qué?

—Edward. Ya sabes ese chico es muy guapo, pero es uno de los únicos jugadores honestos que he conocido. No te encariñes, él es un rompecorazones.

—Oh, no estoy interesada. Nos conocimos hace un par de días. Es nuestro vecino de al lado. Nos encontramos aquí anoche y me invitó a cenar, no es nada.

Ella inclina la cabeza hacia abajo y me mira por encima de las gafas con las cejas levantadas.

—Hablo en serio, sólo somos amigos.

—Nos se veía así cuando se tomaban de la mano y se hacian ojitos. Jadeo y recojo la bandeja de los saleros.

—No estábamos haciendo ojitos.

—Está bien, cariño, pero ten cuidado. He visto a muchas mujeres llorando sobre su sopa aquí porque ese chico no se compromete con nada más que con el sexo. Eres una buena chica, no quiero verte lastimada.

¿Eso es todo lo que quiere de mí? ¿Unas cuantas noches de sexo pervertido y luego a la siguiente mujer que no ven su juego? Quiero preguntarle a ella sobre las otras mujeres con las que se ha acostado él y cómo sabe que es un jugador, pero eso me haría parecer interesada.

¿Cómo puedo seguir metiéndome en estas situaciones? Por eso Riley no quería que anduviera con su mejor amigo. Es un putero. Genial.

—No hay nada de qué preocuparse, Sue. Él es demasiado viejo para mí de todos modos.

—Mmmm. Cuando un hombre se ve tan bien como él lo hace, no importa la edad que tenga. ¿Cuántos años tienes, cariño? ¿Unos veintisiete años más o menos?

—Veinticinco.

—Eso es, te graduaste con Victoria e Irina, ¿no?

—Sí, ¿sabes que fue de ellas? No seguí los pasos de nadie cuando me mudé.

—Bueno, la pobre Victoria se casó con James Witherdale y él murió en un accidente de pesca. Irina se casó con un Marine llamado Laurent pero se divorciaron y ahora creo que está comprometida con otro Marine.

—Vaya, es terrible lo de James, lo recuerdo, era un buen tipo.

—Debió haber cambiado mucho porque estaba borracho cuando murió. Se cayó por la borda en los pantanos y se ahogó.

Sue es una verdadera cotilla, Dios, la amo. Termino de poner los saleros en las mesas cuando un par de faros parpadea a través de la ventana delantera.

—¿Ese es tu coche, cariño?

—No, voy a ir caminando a casa. ¿Tal vez sea un cliente?

—Bueno, es mejor que se vayan a casa y se hagan un sándwich porque ya cerramos.

—Les diré… —El timbre de la puerta del restaurante suena fuerte cuando Edward la abre. Su rostro está fruncido en un ceño mientras habla a través de los dientes apretados.

—Hola, Sue. Bella, es hora de ir a casa.

Sue no responde, está muy ocupada mirando de un lado a otro entre Edward y yo tratando de averiguar qué está pasando.

—Edward, ¿qué haces aquí?

—Hablaremos de ello en el coche.

—Por supuesto que no lo haremos. No voy a ir a ningún lado contigo, te dije que iré caminando a casa. —Mis palabras salen de la manera que yo quiero, severas y contundentes, pero mi cuerpo se siente atraído hacia él. Doy un paso hacia él. Me agarro a una silla cuando me doy cuenta de lo que he hecho, pero es demasiado tarde. Él reconoce mi conflicto.

—Al coche, ahora.

—No. —Cruzo mis brazos sobre mi pecho con desafío, pero cuando él comienza a venir hacia mí mis ojos se abren de par en par y doy un paso atrás.

Él mira a Sue detrás del mostrador mientras todavía camina hacia mí.

—Lo siento, Sue, pero ella ha terminado por hoy, volverá mañana al mediodía.

Antes que pueda pensar, él me ha envuelto su brazo alrededor de mi cintura y me ha levantado de mis pies.

—¡Bájame! No puedes hacer esto, ¡estoy trabajando! —grito y miro hacia atrás a una aturdida Sue.

—Ya no.

Me saca por la puerta pateando y gritando a una camioneta negra donde abre la puerta trasera y me arroja y se desliza a mi lado. Hay un conductor detrás del volante que no parece notar que uno de sus pasajeros está secuestrando al otro.

—¡Déjame salir! Esto es un secuestro, ¿sabes? Podría llamar a la policía y hacer que te arresten.

—A mi casa —le dice al conductor y se vuelve hacia mí—. No harás tal cosa. Te vas a quedar sentada tranquilamente y me vas a escuchar. Bella, tomé tu computadora y un amigo la miró hoy, el video que recibiste venía de una dirección IP de algún lugar cerca de Forks. ¡No puedes andar sola por la noche y podría haberte dicho esto si no me hubieras colgado!

Sus palabras van en crescendo hasta que su voz está gritando y me alejo de él todo lo más que puedo. Este tipo está loco. ¿Por qué no escuché a Riley?

—¿Cómo conseguiste mi ordenador? Eso es un robo. Eres un ladrón. Probablemente yo esté más segura ahí fuera con un acosador que aquí contigo. Estás loco, ¿lo sabías? Totalmente certificado. Y tú eres un mujeriego. No sé cómo pude haber sido tan idiota.

Sus fosas nasales se ensanchan cuando inhala y cierra los ojos mientras trata de calmarse. Cuando los abre, me sorprende el dolor que veo allí.

—¿Honestamente te sientes insegura conmigo?

—Honestamente, sí, lo hago. Acabas de secuéstrame de mi lugar de trabajo.

—Estoy enfadado contigo por haberme colgado —dice.

—Bueno, yo estaba enojada contigo por darme órdenes.

—Estaba cuidando de ti, no ordenándote, hay una diferencia.

—Bueno, ¡necesitas aprender algunas habilidades con la gente porque las tuyas apestan! —exclamo.

Le echo un vistazo para ver su reacción. He estado mirando hacia adelante mientras discutimos, porque, honestamente, verlo de uniforme es demasiado. No importa lo cabreada que esté, es un hombre precioso con el uniforme militar más respetado del mundo y me hace débil.

—Bella, mírame. Por favor —suplica.

Lo hago y él extiende su mano sobre mi rodilla desnuda. Su toque es como un rayo que desactiva mi ira y despierta mi deseo por él.

—Ven aquí.

Me deslizo por el suave cuero como una zombi bajo su hechizo. Su brazo se desliza detrás de mi espalda y tira de mí contra su pecho y me acaricia el pelo.

—Me preocupo por ti. Si te hubiera pasado algo caminando a casa, nunca me perdonaría por no haberte venido a recoger.

—Yo no te importo, sólo te interesa una cosa.

—Oh, de verdad, ¿y qué es eso?

—Meterte en mis pantalones.

—¿Qué hay de malo en eso?

—La gente como tú no asocia sentimientos con el sexo. Sólo querías otra muesca en tu cinturón y la conseguiste. No tienes que mentirme con lo de los sentimientos.

Me sostiene a distancia con el brazo extendido, y se agacha hasta estar a mi nivel, mirándome directamente a los ojos. Esta es la primera vez que me mira directamente. Un escalofrío recorre mi espalda y tengo la extraña sensación de desconexión. Se siente como si se hubiera interrumpido una corriente eléctrica y ya no hubiera comunicación entre nosotros.

—¿De dónde sacaste esa idea? Si digo que me preocupo por ti, me preocupo por ti, maldita sea. ¿Quién eres tú para decirme que no lo hago?

Él tiene razón. ¿Quién soy yo para decirle nada?

—Digamos que tienes una reputación.

—¿Ah, sí? Bueno, qué tal si hablamos de tu reputación, he visto algunos videos bastante picantes de ti con hombres en un bar pero no me ves juzgándote, ¿verdad?

Bajo los ojos para mirar fijamente las barras de colores y los alfileres en el pecho de su uniforme. Toda la ira que ha estado hirviendo en mi sangre desde que me sacó de la cafetería se evapora. Tiene razón, otra vez. No tengo derecho a juzgarlo. Tal vez sea un playboy; esa es su prerrogativa, pero yo no tengo que ser parte de ella.

—Lo siento, no tengo intención de seguir mencionando eso, pero alguien ha estado llenando tu cabeza con mierda sobre mí que no tiene nada que ver con nosotros.

La gente puede pensar que soy un gilipollas por no comprometerme con las mujeres con las que me acuesto, pero no me conocen. No saben por qué lo hago y no saben lo que siento por ti.

Inclino mi cabeza y miro su perfecta cara ceñuda.

—¿Y qué es? ¿Qué sientes por mí?

—Tengo sentimientos muy fuertes por ti y honestamente no sé cómo lidiar con ellos. Tu hermano no quiere que nos involucremos y no quiero que andes a hurtadillas a sus espaldas y le mientas sobre verme. Él tiene sus razones y son válidas. No voy a mentir. Deberíamos mantenernos alejados el uno del otro. No sé si puedo hacerlo.

—¿Cuáles son sus razones?

—Es mejor que no lo sepas. Confía en mí, por favor.

—Señor, ya casi llegamos, ¿quiere que dé la vuelta a la manzana, o quiere ir a la casa?

¿Señor? ¿Quién es este tipo? Nunca había oído a un conductor de Uber ser tan formal. ¿Y qué demonios está pasando con Edward? ¿Se preocupa por mí, así que entra en el restaurante como un loco para acompañarme a casa, pero hay algo que no quiere que sepa sobre él que es lo suficientemente malo como para mantenernos separados?

Esto no puede ser solo por Riley, son amigos. Podrían solucionarlo; tiene que haber algo más. Ha admitido no comprometerse con las mujeres con las que se acuesta, así que tampoco es eso.

Anoche sentí algo diferente con él y sé que él también lo sintió.

¿Quizás esté asustado? ¿Quizás piensa que es demasiado viejo para mí? Riley dijo que tiene treinta y siete años, es una diferencia de edad de once años, sustancial para algunas personas, pero no para mí. No tengo problemas con la edad, quiero decir que no quiero salir con mi abuelo, ni nada de eso, pero once años no es gran cosa. Entonces, ¿qué podría ser?

—Ve a la casa.

—Sí, señor.

—¿Tienes a uno de tus hombres conduciéndonos por ahí? —Me encuentro con los ojos del conductor en el espejo retrovisor.

—No, Marcus es un marine retirado. Yo no conduzco por la noche.

—¿Por qué no?

—No veo bien en la oscuridad.

—¿Algo así como ceguera nocturna? Puedes usar gafas especiales para eso. Podría ahorrarte algo de dinero de pagarle a un conductor. — Vuelvo a llamar la atención al conductor—. Sin ánimo de ofender.

—No me ofende, señora.

—Si uso gafas y lentes de contacto, eso no lo corrige.

Entramos en el camino de entrada y Edward abre la puerta terminando la conversación y me ofrece su mano.

—Eres incorregible —le digo. Él levanta una ceja.

—¿Y tu punto es?

Resoplo y dejo que me ayude. Me duelen los pies y estoy cansada, no creo que pueda lidiar con mucho más hoy. Necesito mi cama y la necesito ahora.

Edward me toma en sus brazos. Mis pies nunca llegan a tocar el suelo.

—Mételo en el garaje. La llevaré a la casa de al lado —le dice a Marcus.

—¿No te preocupa que los vecinos te vean llevándome en brazos por el césped?

—A la mierda los vecinos.

—¿Has olvidado que vivimos en Villa Chisme?

—No, no lo he hecho.

Hmm, está bien entonces, a la mierda los vecinos. Espero que esté listo para que toda la ciudad de Forks comience a tejer historias locas y las difundan por todas partes.

—No tienes que llevarme en brazos. Apesto, y sé caminar.

Él me mira en la oscuridad con una mirada de Vas a simplemente callarte y yo pongo los ojos en blanco.

—Sólo digo.

—Hueles bien y estás cansada.

—¿Y si Riley está en casa?

—No lo está. Edward dice:

—¿Cómo lo sabes? —persevero.

—Porque está en Sam bebiendo.

—¿No se suponía que te encontrarías con él allí? —le pregunto.

—Sí —responde secamente.

—Podría haber estado preocupado cuando no apareciste y volvió a casa.

—Su coche estaría aquí.

—Podría haberlo metido en el garaje —sugiero.

—Lo lava para quitarle el polvo antes de meterlo en el garaje todas las noches. La entrada está seca. ¿Cuál es tu problema?

—¿Mi problema? ¿Cuál es el tuyo?

—Ahora mismo, tú eres mi problema y estoy tratando de poner tu trasero en la cama.

—Nadie te pidió que me convirtieras en un problema —digo, algo molesta.

—Nadie tenía que hacerlo, esa es la naturaleza de los problemas.

Me lleva por las escaleras hasta el porche como si yo no pesara nada. Ni siquiera está jadeando.

—¿Tienes tu llave?

—De hecho, no lo sé. Alguien me tendió una emboscada esta noche y no tuve tiempo de recoger mis cosas.

Sacude la cabeza y suspira.

—Alcanza allí y toma la llave. —Asiente hacia la parte superior del marco de la puerta. Mi hermano debe ser un imbécil, ¿cómo puede dejar una llave aquí para que alguien la use? Y cree que yo no me lo estoy tomando lo suficientemente en serio. Deslizo mi mano por la madera hasta que encuentro la llave.

—¿Esto siempre ha estado aquí? —cuestiono.

—Desde que conozco a tu hermano, sí. Pensé que tal vez lo habría cambiado, con alguien amenazándote.

—Exactamente. ¿Cómo puede decir que no estoy siendo cautelosa cuando prácticamente él está invitando al acosador a su casa?

—Debe haberlo olvidado. Hablaré con él al respecto. —Abre la puerta de malla y después la pesada puerta de roble mientras me mantiene en brazos. Cuando estamos dentro, va directo a mi dormitorio y enciende el interruptor de la luz. Se detiene para que nuestros ojos puedan ajustarse a la brillante luz de la habitación y luego me lleva al baño donde me sienta en el mostrador del lavabo.

—¿Qué estás haciendo?

—Te preparo un baño.

—Probablemente me duerma y me ahogue —le advierto.

Edward me dice: —No te dejaré sola.

—Oh —digo, perpleja.

Lo veo abrir el agua y probar la temperatura. Cuando está satisfecho, se pone de pie y abre un armario junto a la bañera para tomar una toalla como si supiera exactamente dónde está todo. Considero mencionarlo, pero de repente estoy demasiado cansada para hablar.

Cuando se da la vuelta para ayudarme a quitarme la ropa, mis párpados ya están cayéndose, el baño es cálido y acogedor y estoy exhausta. No bromeaba sobre ahogarme.

—Brazos arriba. —Levanto mis brazos sobre mi cabeza y él tira mi blusa grasienta y apestosa sobre mi cabeza, y la arroja en la cesta. Medio vestida, estoy encorvada hacia adelante, agarrándome a la encimera de granito sintiéndome tan poco atractiva como nunca antes. Se inclina y coloca sus manos a cada lado de mi cara para presionar un suave beso en mis malhumorados labios.

—Eres tan hermosa que desearía poder mirarte para siempre.

Me mira durante tanto tiempo que siento que tal vez estaba hablando literalmente sobre mirarme para siempre. Cuando la bañera está llena, se sacude de su festín ocular y se gira para apagarla.

—¿Lista?

Dejo caer mi barbilla a mi pecho y lo miro a través de mis pestañas.

—¿Así? —digo refiriéndome al hecho de que todavía estoy medio vestida.

Él sonríe con una sonrisa compasiva y se agacha para desatarme los zapatos y quitarme los calcetines. Para mi horror, me frota mis sudorosos y cansados pies, pero después de unos segundos de eso, me estoy derritiendo por todo el mueble del baño.

—Está bien, ahora arriba, chica hermosa. —Se levanta y me pone de pie. Empiezo a desabrocharme los pantalones cortos, pero él mueve mis manos para hacerlo él mismo. Los empuja sobre mis caderas junto con mis bragas hasta que caen al suelo a mis pies. Me levanta de nuevo y me baja suavemente en el agua. Se siente como el cielo. Admito que quería irme directamente a la cama, pero esta es una idea mucho mejor.

Se arrodilla al lado de la bañera y se moja las manos.

—Cierra los ojos.

Hago lo que me dice y me recompensa con sus manos sobre mi piel. Me lava, desliza sus manos sobre mis músculos cansados y me da masajes dondequiera que pueda. Estoy a punto de deslizarme bajo el agua cuando su mano encuentra mi sexo. Desliza la yema de su dedo corazón alrededor de mi clítoris y ahueca mi montículo

Mi gastada libido se despierta con una sacudida y me agarro a los costados de la bañera.

—Edward… —jadeo.

—Relájate, nena, voy a hacerte correr, te secaré y te acostaré.

No estoy en posición de discutir, así que hago todo lo posible para relajarme y dejar que él se ocupe de mí.

Mi mente es un caos de deseos, preocupaciones y agotamiento. No puedo unir dos pensamientos, y según Edward, se supone que no debo hacerlo. Sus manos trabajan mi cuerpo a un frenesí hasta que estoy a punto de perder el control y oigo la puerta principal abrirse.

Mis ojos se abren de par en par y Edward deja de moverse. Levanta las cejas con expresión divertida y extiende la mano para cerrar la puerta.

—Cierra los ojos.

—Pero Riley está en casa, te va a atrapar aquí y a tirar su mierda.

—No sabe que estoy aquí y todavía no he terminado contigo. Ojos.

Cerrados.

Mi boca se abre y mi cuerpo se tensa anticipando la Tercera Guerra Mundial, lo que seguramente sucederá cuando Riley encuentre a su mejor amigo bañándome. No puedo relajarme y correrme ahora.

—Bella, abre las piernas. Me estás cortando la circulación del brazo.

—Oh, lo siento, simplemente… no puedo hacer esto ahora.

—Sí, puedes y lo harás.

Gruño y vuelvo a hundirme en el agua. No tiene sentido discutir con él. Lo fingiré para poder salir de la bañera e irme a la cama. Nunca me hubiera imaginado tener que fingir con Edward después de anoche, pero esto es estresante.

—No te atrevas a fingir tampoco, ya me doy cuenta. Gimo. Está tras de mí.

—Bella —grita Riley por las escaleras—. ¿Estás en casa?

—Dile que sí, y que estás en el baño, y que luego te vas a la cama.

—Sí —grito—. Estoy en la bañera. Puedo oír sus botas en la escalera.

—Viene hacia aquí, mierda.

—No intentará entrar en el baño. Es tu hermano. Sólo dile que lo verás por la mañana.

—¿Qué tal te fue el trabajo? ¿Conseguiste un Uber para traerte a casa? —dice Riley desde mi habitación. Edward me separa las piernas con su brazo y presiona su pulgar sobre mi clítoris mientras me mete dos dedos largos en el coño y me acaricia el punto G. ahora estoy todavía más nerviosa. Mi hermano quiere hablar de mi primer día de trabajo y este hombre quiere hacerme correr al mismo tiempo.

—Contéstale —susurra Edward con una sonrisa traviesa. Le encanta esto y quiero matarlo y besarlo al mismo tiempo.

—Fue, uh, fue bien y sí.

—¿Estás bien? No pasó nada raro, ¿verdad?

Oh, no, nada raro en absoluto. Tu mejor amigo está aquí con su mano entre mis piernas tratando de hacerme llegar mientras hablo contigo sobre mi día, pero aparte de eso, todo está perfecto.

Edward acelera el ritmo y comienza a deslizar su pulgar en círculos alrededor de mi clítoris rítmicamente. Un gemido se escapa de mis labios y escucho a Riley acercarse a la puerta del baño.

—¿B? ¿Qué está pasando ahí dentro?

—Nada, solo estoy tratando de relajarme en el baño. Me partí el culo hoy y estoy dolorida.

Edward asiente en señal de aprobación y gesticula las palabras Buena chica.Quiero gritarle y decirle que está loco, pero me tiene al borde del orgasmo otra vez.

Sus manos son mágicas y su presencia dominante anula la vergüenza de tener a mi hermano a pocos metros del otro lado de la puerta de mi baño.

De alguna manera Edward sabe que me tiene y que ya no hay vuelta atrás. Hemos ido demasiado lejos. Agarro los lados de la bañera y apoyo mis pies a cada lado del grifo y me muerdo el labio inferior tan fuerte que hago que brote la sangre para evitar decir el nombre de Edward. Arqueo mi espalda y sujeto mis piernas pulsando alrededor de sus dedos. El agua se desliza por el borde en el momento exacto en que otro lloriqueo se me escapa de los labios, pero Riley dice algo al mismo tiempo, así que no creo que me haya escuchado.

—Bien, ¿tienes hambre? Puedo hacer algo de cenar si quieres. Estoy jadeando y Edward parece contento consigo mismo. Bastardo.

—¿Qué?

—Dije: ¿Tienes hambre? ¿Seguro que estás bien ahí dentro?

Suenas un poco rara.

Rara, claro que sí, me pregunto si alguna vez se enterará que sabe cómo sueno cuando llego al clímax. Arg.

—No, no. Comí en el restaurante y me voy directa a la cama. ¿Te importaría cerrar mi puerta cuando salgas? Hay un poco de corriente aquí arriba.

—Por supuesto. ¿Corremos por la mañana? —Parece que espera que le diga que no, así que le concedo su deseo.

—Creo que me lo volveré a saltar. Me quedé despierta hasta muy tarde anoche. Voy a dormir hasta tarde mañana.

—Genial. ¿A qué hora entras a trabajar?

—De mediodía hasta cerrar.

—De acuerdo, nos vemos mañana por la noche entonces. No vayas caminando a ningún lado, ¿me oyes? Toma un Uber, o que te traiga alguien. No quiero que corras por ahí sola.

Pongo mis ojos en blanco.

—Sí, papi.

No hace comentarios y lo oigo caminar hasta la puerta y cerrarla detrás de él.

Estoy a punto de darle a Edward un pedazo de mi mente a través de un susurro sibilante, pero él está un paso por delante de mí otra vez cubriendo mi boca con la suya.

Su beso es exigente y urgente y me hace olvidar lo que voy a decir. Su mano se desliza alrededor de mi nuca. Enrolla sus dedos en mi pelo y tira de mi cabeza hacia atrás exponiendo mi cuello. Abandona mis labios y me lame el cuello mojado hasta mi pecho y me chupa con firmeza el rígido pezón. Grito y su mano libre cubre mi boca para calmarme mientras besa su camino hacia mi otro pecho, donde le presta la misma atención.

Su boca encuentra su camino de vuelta a la mía y yo envuelvo mis brazos alrededor de su cuello cuando se mete en el agua y me levanta sin romper nuestro beso. El pequeño baño está lleno de vapor y cálido, pero se me pone la piel de gallina mientras tiemblo en sus brazos. Me da la vuelta para mirarme en el espejo y coloca mis manos sobre el mostrador separando sus piernas con su pie.

Él mueve mi cabello sobre un hombro y se acurruca en la curva de mi cuello. Mi corazón late tan fuerte que apenas puedo oírlo cuando me murmura al oído:

—Te necesito antes de irme.

Sus manos se deslizan por mi piel mojada y resbaladiza, por mis caderas a través de mis costillas para ahuecar mis pechos. Besa la parte de atrás de mi cuello y mis escalofríos tienen mi piel de gallina. Siento que se aleja y sus manos abandonan mis pechos. Una de ellas se desliza hacia el centro de mi espalda y me empuja suavemente hacia abajo hasta que me inclino con la cara presionada contra el mostrador de granito del lavabo. Me lamo los labios secos y jadeo con ganas de esperar lo que sigue. Lo escucho susurrar, y aunque trato de ver lo que está haciendo en el espejo, está demasiado empañado.

El sonido de un envoltorio de condón al abrirse me dice que estaba buscando su billetera por protección. No estoy segura que me guste que lleve un condón en el bolsillo, pero ahora mismo no voy a quejarme.

Se baja la cremallera y se coloca la protección. Sus manos calientes agarran mis resbaladizas caderas y se inclina para besar un sendero por mi columna vertebral hasta el comienzo de mi trasero. Agachándose detrás de mí, extiende las mejillas de mi culo y me da una larga lamida desde mi clítoris hasta el pliegue de mi ano antes de ponerse de pie y deslizar su gruesa verga dentro de mi dolorido sexo.

—Rápido y sucio, nena, tengo que llevarte a la cama.

Me clava los dedos en la carne de mis caderas y bombea dentro y fuera sin cesar. Me aferro a los bordes del mostrador y me pierdo en cada brusco golpe hasta que choca por última vez y nos reunimos en silencio.

Se recuesta cubriéndome con su cuerpo, apretando sus frías medallas contra mi piel mojada, respirando con fuerza dice:

—¿Qué estoy haciendo?

No estoy segura de si está hablando consigo mismo o conmigo. A veces la gente dice cosas en el calor del momento y ni siquiera se da cuenta que ha dicho algo en voz alta. Podría hacer un comentario listillo sobre que no sabe lo que hace, pero una punzada en el pecho me dice que me lo guarde para mí.

Me besa la nuca y se desliza fuera de mí; se deshace del condón tirándolo a la basura y levanta mi cuerpo saciado del mostrador. Me voltea para quedar enfrente a él y me apoyo en el mostrador mientras él toma la toalla que está detrás de mí.

Lo miro secarme la piel con una reverencia que nunca había visto antes. La forma en que me mira mientras trabaja parece que está memorizando mi cuerpo.

Arrodillado frente a mí, termina y se inclina para presionar su mejilla contra mi vientre. Paso mis manos por encima de su cabello recién cortado y los sostengo allí. Tengo la sensación de aquí está pasando algo más de lo que soy consciente.

Se levanta, me envuelve con la toalla y abre la puerta. Está a punto de abrirla cuando lo alcanzo para detenerlo.

—Espera, déjame salir primero y asegurarme que no está en mi habitación.

Entrecerrando los ojos y ladeando la cabeza, dice:

—¿Crees que es algo que él haría?

Me detengo a pensar. Normalmente diría que no, pero últimamente, Riley ha estado un poco loco y no estoy segura de lo que haría para mantenerme a salvo. Pero esconderse en mi habitación cuando me estoy bañando es espeluznante, incluso para él.

Sacudo la cabeza y suelto su mano. Gira el pomo y me levanta en sus brazos de nuevo como si fuera una criatura indefensa y débil. Sin siquiera echar un vistazo a su alrededor, me lleva a la cama y me alza para tirar del edredón.

—¿Con qué duermes?

Apunto al fondo de la cama donde están mis pantalones cortos y camiseta. Me pone el top por encima de mi cabeza y me ayuda a ponerme los pantalones.

—Dentro. —Señala la cama y yo me arrastro y dejo que él me tape.

—Buenas noches, Petardo.

Saco el labio y hago un puchero.

—Me gusta más cuando me llamas "chica hermosa".

Me golpea el labio con el dedo índice.

—Buenas noche, chica hermosa.

Esa sonrisa traviesa aparece de nuevo y por enésima vez desde que puse mis ojos en Edward, desearía que mi estúpido hermano perdiera su actitud ante su mejor amigo.

Edward es irritante y terco como el infierno, pero esas son también las cualidades que me excitan y desafían mi lado ardiente y fogoso. Pero no es todo mandón y dominante. Hay un lado suave y vulnerable en él que no le gusta mostrar, pero he visto vislumbres de él y es casi tan atractivo como su dominación, casi.

—¿Cómo vas a salir de aquí? —le pregunto, preocupada.

—A través de la puerta principal —dice inequívocamente.

—¿Estás loco? Espera no contestes, ya sé que lo estás.

—Riley y yo hemos estado entrando y saliendo de las casas del otro durante años, no sabrá que estuve aquí arriba.

Levanto la mano y la pongo en su mejilla. Cierra los ojos y se apoya por un momento.

—Esta es una mala idea, deberíamos parar —dice.

—Sí, lo sé.

—Tengo que irme, no vayas caminando por tu cuenta mañana, ¿lo oyes? —dice imitando el tono de Riley de antes. Me río y me acurruco en mi suave almohada.

—Está bien, papi.

—Mmm, me gusta cómo suena eso.

—Eres incorregible

—¿Y tu punto es? —pregunta

Me da un casto beso en la nariz y sale al pasillo como si viviera aquí, apagando la luz al salir. He estado lista para desmayarme durante horas y ahora no puedo dormir, gracias a ese hermoso hombre.


GRACIAS POR SUS REVIEWS

tulgarita

Pameva

Vanina Iliana

LizMaratzza Beatriz Gomes2