DEVOTO AMOR

Nota aclaratoria. Todos los personajes del anime y el manga de Candy Candy no me pertenecen, son propiedad de Kyoko Mizuki, de Yumiko Igarashi quien con su arte los plasmo en papel y de Toi Animation Co. Que llevo la serie a la televisión.

Chicas esta historia es de mis primeras. No está editada. Agradezco a todas por su lectura. Subiré 5 capítulos diarios. También estará en Wattpad. Allá podré ponerle música.

Saludos!

Moon.

Capítulo 18.

Entonces, volvió a besarla, pero ahora de una forma exquisita y desesperadamente lenta, torturante, en donde podía sentir cada roce, cada milímetro de piel sobre la suya, mientras que su mano acariciaba su intimidad, sintiéndola cálida, lista y tan deseosa como lo expresaba la rubia con cada suspiro y su respiración agitada. Fue entonces que torturándola, volvió a repetir en el mismo tono junto a su oído.

-Dime…¿Qué es lo que quieres Candy?

Ella que ya no aguantaba un segundo más el calor que sentía claramente quemar su cuerpo, mientras arqueaba su espalda por las sensaciones que el rubio estaba provocando en ella, le contestó entre suspiros.

-Quiero ser tuya Albert… Quiero sentirte dentro de mi.

En ese momento, al escuchar de sus labios lo que tanto ansiaba, el rubio dando rienda suelta a toda la pasión que le inspiraba aquella mujer, la amó durante casi toda la noche, en una entrega total, en donde ambos, incansablemente se demostraron cuanto necesitaban el uno del otro.

Así comenzaron a pasar los días. Albert como lo prometió, comenzó a llevar al hospital a la rubia puntual a su trabajo y pese a sentir la necesidad de quedarse a su lado, sin ocuparse de nada más que amarla, los dos cumplieron con sus respectivas responsabilidades. Aunque siempre al llegar la noche, en la intimidad de su habitación, tomaban sus cuerpos sin ninguna restricción.

Llevaban alrededor de una semana durmiendo juntos, como la pareja que ya eran, cuando durante la cena, la voz de cierto guapo y joven castaño se pronunció indiscretamente.

-Tío… ¿No crees que Candy debería dormir en su habitación?. Yo trato de comprenderlos, pero el personal no pensará lo mismo y me preocupa la reputación de mi prima. –Dijo mirando un tanto receloso al rubio, pues él, aún no podía gozar de tan plena libertad como ellos-

Entonces Candy, quien ya estaba enterada por la misma Anne de lo sucedido entre los dos, le contestó con una ligera sonrisa de triunfo.

-¿No crees que te debería preocupar más la reputación de tu prometida Archie?.

En ese momento, el castaño casi se ahoga con el vino de su copa, pero haciéndose el disimulado, respondió.

-No tendría por qué. Anne está perfectamente.

-¿Ah sí…?. Pues yo escuché algo muy diferente. Así que mejor guarda tu preocupación para con ella, pues nosotros estamos muy bien así. ¿Cierto amor? –Dijo sarcástica y mirando al rubio-

Albert quien no entendía de lo que estaban hablando, sólo contestó.

-Así es princesa.

Después mirando a su sobrino le explicó.

-Archie. Entiendo tu sentir y disculpa que sea tan directo, pero Candy en tres semanas se convertirá en mi esposa y lo que pueda pensar la servidumbre o cualquier otra persona, a éstas alturas me tiene sin cuidado. De cualquier manera gracias por procurarla.

El castaño que aún tenía los colores al rojo vivo en el rostro, por enterarse que la rubia estaba al tanto de sus intimidades con la morena, sólo pudo contestar.

-Tienes razón tío. Aquí ya todos somos adultos y no debí entrometerme. Disculpa.

-Disculpa aceptada. Por cierto. Necesitamos pedirte un gran favor. –Dijo amable-

-Lo que necesites.

-¿Podrías entregar a Candy el día de nuestra boda?

En ese momento Archie abrió sus ojos asombrado por la noticia, pues aunque amaba a Anne, Candy siempre sería su primer platónico amor de la infancia y realizar algo como aquello, sentía que lo sobrepasaba, pero entendiendo que la rubia no tenía a nadie más, aceptó.

-Claro tío. Si es lo que ustedes desean con gusto lo haré.

-Gracias Archie. Sabes que te quiero mucho y ésto es muy importante para mi. Eres mi único paladín. –Dijo ella con cierta nostalgia -

-Estoy seguro de que si mi hermano viviera, también estaría muy dispuesto y orgulloso de entregarte en el altar gatita. –Dijo recordando el apelativo que en algunas ocasiones ocupaba para con ella-

Aunque para sus adentros también pensó, que si Anthony no hubiera partido tan joven, probablemente su tío no estaría por casarse con la bella joven.

-Bueno… pero no hablemos de cosas tristes. Estamos a punto de celebrar dos matrimonios y aunque el tuyo es dentro de algunos meses, sabes que te deseamos toda la felicidad Archie. –Dijo Albert-

-Lo sé. Gracias tío.

-Bueno. ¿Qué les parece si damos un paseo por el jardín?. Aún no es tarde y la noche está despejada.

-Creo que a los enamorados es mejor dejarlos solos. Así que si me perdonan, yo me retiro. Además, como bien has dicho, aún es temprano y quiero visitar aunque sea un momento a mi prometida. Así que si me disculpan... –Dijo con una sonrisa, al tiempo en que se levantaba de la mesa-

Así el par de rubios se quedó nuevamente solos y más que gustosos partieron rumbo al jardín.

…..

Mientras tanto en el convento de Santa María.

Melanie Smith había solicitado la presencia de la hermana Spring en su oficina y cuando ésta hubo entrado…

-¿Me llamabas Malanie?. Más te vale que sea algo importante porque estoy bastante ocupada en la cocina y aunque deje encargado el horno, me preocupa que la cena se pueda quemar. –Dijo apurada-

La superiora que no se había levantado de su asiento le contestó.

-Pues lo que tengo que decirte, sí es importante Emily. Hace un rato, recibí la llamada del señor George Johnson.

Abriendo entonces sus asombrados ojos le preguntó ansiosa.

-¿Y qué te dijo?. ¿Ya es oficial?. ¿Si se casarán?.

Con una gran sonrisa le contestó.

-Por supuesto que se casaran Emlily. De hecho el señor Johnson, me pidió una disculpa, pues debía avisarnos casi una semana atrás, pero ha estado muy ocupado y no pudo hacerlo antes. Así que te aviso que dentro de tres semanas, estaremos presentes en la boda de Candy.

-¡Tres semanas!

-Lo sé… yo también puse la misma cara que tú. Sólo espero que todo salga bien y nos dé tiempo.

-mmm…. –La hermana comenzó a sacar cuentas en su cabeza y hacer gestos extraños ante la superiora, pero después le dijo- No te preocupes, todo va a muy buen ritmo y nos hemos aplicado bastante bien. Ya verás que hasta nos sobran días. –Dijo positiva-

-Eso espero…

…..

Mientras tanto en la Casa de los Connor.

La señora Connor le preguntaba nerviosa a su esposo.

-¿Estás seguro de lo que hiciste Edwuard…? ¿Qué tal que nos estamos equivocando?.

Edward lanzando una mirada fulminante a su esposa y le dijo.

-¿A caso estás dudando de la palabra de tu hija?

-Tú también lo hiciste el día en que recibiste la carta de William. No te entiendo. –Dijo consternada-

-Claro que lo hice. Estaba muy molesto por lo complicado de la situación, pero ella ya habló con nosotros. Nos dijo toda la verdad. Que efectivamente, sí fue con Elroy, pero que jamás estuvo enterada de lo que pretendía hacer. Sólo le pidió que la acompañara a entregarle unos documentos a la prometida de William. Mi pobre hija no sabía las artimañas de esa señora, sino jamás habría accedido. –Contestó levantando un poco el tono en su voz por la molestia-

-No lo sé… Edward. Tú sabes perfectamente como es Katie y lo caprichosa que puede llegar a ser. Tú mismo se lo dijiste, que estaba aferrada a William.

-Lo dije por el impulso del momento mujer, entiéndelo de una buena vez. Si William Andrew quiere romper relaciones conmigo, lo acepto. Y aunque eso implique que todos tengamos que empezar prácticamente de nuevo, también lo entiendo. Sólo que me da mucha impotencia ver que mi única hija tuvo que empezar trabajar de secretaria con uno de mis amigos y todo por las mentiras que piensa William sobre ella. Todo fue culpa de su tía. Por eso le escribí, para que sepa que Katie no está ni loca ni desamparada. Soy su padre y siempre la apoyaré a ella antes que a nadie.

Mientras tanto en la Mansión Andrew de Chicago.

Candy y Albert se encontraban en una de las bancas del jardín. El abrazaba a la rubia y ella se recargaba amorosa en su pecho, pero mientras contemplaban el hermoso cielo, fueron interrumpidos por Patrick el mayordomo.

-Disculpe la intromisión señor Andrew, pero le ha llegado correspondencia. –Dijo entregándole una pequeña carta y retirándose al momento-

-¿De qué se trata? –Preguntó curiosa la rubia-

-Es de Edward Connor. Verás pequeña, yo le escribí hace unos días, informándole todo lo que había sucedido con su hija, todo lo que te habían hecho, motivo por el cual, hice de su conocimiento que no podría seguir manteniendo negocios con él. –Suspiró- Supongo, que no le ha de haber agradado mucho mi proceder y aquí tengo su respuesta.

-Me da mucha pena Albert.

-No debes sentirla amor. Su hija te lastimó. Ella y mi tía llegaron muy lejos, no podía quedarme de brazos cruzados. No quise hablarlo directamente con él, porque, por mucho que Edward entienda la razón de mis argumentos, estamos hablando de su hija y cualquier padre, defenderá siempre a su familia, pese a los errores que hayan cometido. Y citarlo en mi despacho podía alterar los ánimos de los dos y hasta provocar confrontaciones innecesarias. Finalmente yo ya había tomado una decisión irrevocable respecto a los negocios. Pero veamos que dice. –Terminó, soltando su mano para abrir la carta-

William.

Lamento mucho que tengas esa opinión respecto a mi hija. Ella no está fuera de sus cabales y sé que no pudo hacer semejante atrocidad como la que mencionas. Ahora, respecto a tu decisión de terminar cualquier relación comercial conmigo, realmente lo siento, pues más que un convenio, era una tradición entre familias. Te agradezco que no me pongas en malos antecedentes con nuestros amigos y socios en común. Me hubiese gustado, que algo tan privado lo tratáramos cara a cara y que mirándome a los ojos te atrevieras a hablar mal de mi hija, así que de la misma forma y con el mismo tacto, te contesto por me medio de ésta carta.

Admito que en algún momento katie se obsesionó contigo, pero en definitiva mi hija es una mujer intachable y jamás se atrevería a realizar una bajeza como la que estoy seguro tu tía sí hizo.

ATTE.

Edward Connor.

Cuando Albert terminó de leer la misiva, la dobló y después de guardarla en el bolsillo de su pantalón, le dijo a Candy.

-¿Ves…? Ya me imaginaba una respuesta como ésa pequeña. –Dijo tomando su mano-

-¿Y qué piensas hacer?

-Nada preciosa. Edward sólo necesita tiempo para asimilar las cosas. Está hablando como un padre resentido y aunque trate de comprenderlo, al menos por mi parte, todo está dicho y no pretendo buscarlo de ninguna forma para armarme en un lío de palabras con él.

-Pero cambiando de tema. No había tenido tiempo de comentarte. Le pedí a George que avisara en el convento a la hermana Melanie y al herma Emlily sobre nuestra boda.

-¡Albert que emoción!. A mi se me había pasado con tanto ajetreo de los organizadores viniendo todas las tardes. Mañana temprano mando un telegrama a la hermana María y a la señorita Pony.

-De ellas tampoco tengas pendiente porque George ya les avisó también.

-¡Ay Dios bendito!. A George no se le va una. Es tan eficiente. Lástima que esté solito. –Dijo con cierta nostalgia-

-El tomando su mano, le contestó tranquilamente.

-George no está solo amor.

Con evidente sorpresa la rubia le repitió.

-¿No está solo?. Pero si yo jamás le he conocido a nadie.

-Pues así como lo oyes. Poco antes de que fueras al internado en Londres, él comenzó una relación con mi secretaria. –Dijo como si fuera lo más normal del mundo-

-¿Con tu secretaria? –Repitió la rubia que no cabía de la impresión-

-jaja No pongas esa cara amor. George es un hombre como cualquier otro. Era normal que no quisiera estar solo.

-Pero es tan eficiente y siempre está tan disponible que pensé que no tenía pareja.

-Pues ya ves que sí y no sólo eso. Recién me enteré que durante el tiempo en que me ausenté fue papá de su primer hijo. –Dijo con una sonrisa nostálgica, pues no pudo estar presente-

-¡Un hijo a su edad!. –Respondió la rubia llevándose la mano a la frente-

El rubio volvió a reír.

-Vamos Candy no es como que George fuera un abuelo.

Ella se quedó pensando.

-Tienes razón… me alegro por él. Siempre lo vi tan solo de niña… que bueno que ahora tiene una familia.

-Así es princesa, una familia como pronto la tendremos tú y yo.

Ella sólo se sonrojó.

-Amor. ¿Puedo hacerte una pregunta?

-Claro hermosa.

-¿Cuántos hijos quieres tener …?

El, admirado por aquel cuestionamiento, le respondió lo que salió directo de su corazón.

-Siempre he querido una familia grande Candy.

-Yo también… -Dijo recargándose nuevamente en su pecho al sentir su abrazo- Pero con cuatro hijos me conformo.

-¿Sólo cuatro? –Contestó mientras la acomodaba mejor entre sus brazos- Eso no es una gran familia Candy. Ocho sería lo ideal.

Ella dando un pequeño bostezo, le dijo con su voz ligeramente cansada.

-Tendremos todos los bebés que quieras Albert.

-Candy…¿Estás durmiéndote?

-mmm… no. –Dijo mientras descaradamente se acurrucaba en él-

-¿Quieres que te lleve en mis brazos hasta la cama?. –Preguntó en un tono juguetón pero increíblemente sexy-

Ella de inmediato se prendó al cuello de su amado y disimuló dormir.

-Eres una pequeña tramposa. Seguramente quieres que te despierte a besos…

Entonces Candy no pudo evitar reír muy por lo bajo.

-¿Así que estás despierta?. Mmm… bueno, creo que entonces tendré que pensar en tu castigo por mentirosa.

Ella, que no aguantó más, le dijo rozando su oído.

-Has lo que quieras conmigo mi amor, pero llévame a tu habitación…

Y entonces, más pronto de lo que pensaron se encontraban en la recámara principal.

El tiempo comenzó a correr y pronto se encontraban a menos de una semana del gran día. Albert se encontraba esa mañana en la oficina y George al notarlo de un humor un tanto voluble, le preguntó.

-¿Se puede saber qué es lo que te pasa William?

El rubio quien estaba leyendo unos documentos le contestó dejando caer los papeles sobre su escritorio.

-No sé a qué te refieres George.

-Lo sabes perfectamente. Tiene varios días que no te soportas ni tú mismo.

-No es nada George… -Dijo pesadamente- Sólo estoy un poco nervioso por la boda.

Por obvias razones Albert no podía comentarle a su fiel asistente, que se encontraba un poco incómodo porque Candy tenía durmiendo dos noches en su habitación, puesto que sus "días" no tardaban en llegar. Y aunque el trató de convencerla de que se quedara con él y que debería acostumbrarse, ella le pidió que solamente por ésta ocasión le diera su espacio.

George acercándose al bar, le sirvió una copa y después de entregársela le dijo.

-Calma muchacho. Ya falta muy poco.

El, recargándose en su escritorio le contestó.

-Lo sé… George lo sé… sólo quisiera que los días pasaran volando.

El moreno no pudo evitar mostrar una sonrisa.

-Me lo imagino William, pero trata de tener paciencia, pronto no habrá nada que te separe de la señorita Candy. Mejor piensa en los días que tendrán para disfrutar solos durante su luna de miel.

-Mejor vamos a seguir trabajando. Por cierto. ¿Has tenido noticias de mi tía?. –Dijo recomponiendo su postura-

-Lo último que supe es que se había embarcado como ordenaste William. Supongo que ya ha de haber llegado a St. Abbs, pero ha de seguir molesta y por eso no se ha comunicado.

-Conmigo no lo hará George. La conozco perfectamente. Si acaso cuando el mal humor se le pase te mandará algún telegrama o una carta para que cubras sus "necesidades", pero en fin… sigamos revisando estos documentos que son importantes.

-Como digas William.

….

Los cuatro días faltantes para la boda, tenían bastante nerviosos al par de rubios, pues no lograban concentrarse prácticamente en nada desde que volvieron a tener habitaciones separadas. El como siempre iba a dejarla al hospital y al terminar sus respectivas labores, después de cenar, realizaban su ya acostumbrado "paseo nocturno por el jardín" para aprovechar la oscuridad de la noche y devorarse prácticamente a besos el uno al otro, tras el refugio de algún árbol. Pero esa noche previa al enlace, no podrían llevar a cabo su caminata, pues en la tarde un cuarteto de mujeres –como si se hubieran puesto de acuerdo- llegó a la mansión Andrew. Patrick el mayordomo, las había hecho pasar al salón de té, en lo que esperaban a que Candy bajara para recibirlas.

Las cuatro caminaron pausadamente, sin decir palabra y cuando por fin estuvieron a solas, las más jóvenes se saludaron alegremente.

-¿Emily…? –Preguntó la hermana María- ¿Eres tú?. No puedo creerlo. –Dijo emocionada con su mano sobre el pecho-

-¿Mary…? ¡No has cambiado en nada mujer!. Por ti no pasan los años. Ni los kilos por lo que veo. –Comentó al notar el perfecto estado de la religiosa-

Ella no pudo evitar sonreír.

-jaja Ay Emily tú jamás cambiarás. Sigues teniendo ese carácter tan especial.

Pronto dirigió su mirada a la tercera hermana y aunque en el pasado realmente jamás congeniaron, ahora que sabía cuánto había apoyado a su niña –por una carta de la rubia-, dejó cualquier vestigio de malos recuerdos y sinsabores atrás.

-Melanie es un gusto volver a verte.

-Igualmente María. Hace años que no nos veíamos, pero gracias a Candy hoy estamos todas aquí. –Contestó con una sonrisa franca, pues ella también dejó todos los momentos desagradables en el pasado-

Pronto fueron interrumpidas por el pequeño carraspeo de la cuarta dama.

-¡Pero que grosería de mi parte! –Dijo la hermana María-

-Les presento a la…

-Señorita Pony. –Dijeron las dos religiosas al mismo tiempo-

-Mucho gusto. –Contestó la dama en cuestión- Imagino que Candy les ha de haber platicado un poco de mi.

-Ay señorita Pony un poco no. Nos platicó todas sus travesuras de niña y cuantas veces anduvo tras de ella para que no le pasara nada malo.

-jaja Sí. Nuestra pequeña Candy era imparable y aventurera. –Dijo nostálgica-

-¡Y vaya que lo sigue siendo! –Exclamó la hermana Emily, pero pronto sintió un codazo por parte de Melanie-

-Compórtate por favor Spring.

-jaja No se preocupen. Nosotras entendemos perfectamente el espíritu libre de nuestra Candy. ¿No es así señorita Pony?.

Ella con una amable sonrisa les contestó.

-Claro que lo sabemos. No tengan cuidado.

En eso, la voz de la rubia entrando al salón las interrumpió.

-¡Señorita Pony!. ¡Hermana María!. Que alegría volver a verlas. Lamento mucho mi proceder. –Dijo un poco avergonzada, después del efusivo saludo-

-No tienes nada de que lamentarme hija. Por nosotras no tengas pendiente.

Luego volteando a ver a las otras dos religiosas, prácticamente se abalanzó sobre Emily.

-¡Emily que bueno que estás aquí!. ¡Te extrañe tanto!

-¡ Y yo a ti Candy!. Sé que ha pasado muy poco tiempo, pero en verdad me has hecho falta. –Dijo correspondiendo a su abrazo-

En eso escuchó la voz de la hermana Melanie.

-Candy… ¿Cómo has estado hija?.

-Hermana Melanie. –Dijo repitiendo la misma escena que con las otras religiosas- Estoy muy bien y sobre todo muy contenta de que hayan podido venir a nuestra boda.

-Por lo que veo tiene todo muy organizado. ¿Tu hiciste sola todo ésto?.

-No hermana. Albert contrató un servicio que prácticamente se encargó de todo. Yo sólo tomé decisiones, pero nada más.

-¿Y tú vestido Candy? –Preguntó la señorita Pony- ¿Lo podemos ver?.

La rubia más que contenta le respondió dando pequeños brinquitos.

-Claro que sí. Vamos todas. Lo tengo en mi habitación.

Así fue como se encaminaron las cinco damas al lugar. Cuando la pecosa enfermera abrió la puerta de su alcoba, todas entraron notando enseguida, el sencillo pero precioso vestido blanco que portaba un maniquí.

-Es hermoso. –Expresaron todas casi al unísono-

Ella solo sonrió emocionada.

-Muchas gracias. Albert hubiera querido algo mucho más elaborado. Según él quiere que todo sea de ensueño, pero por el tiempo sólo pudieron confeccionarme éste. Aunque a mi me gusta mucho. –Confesó- Por cierto –Dijo mirándolas- ¿Y su equipaje?.

-Tu mayordomo hizo favor de llevarlo a las que serán nuestras habitaciones cuando nos recibió. Creo que tú vas a tener que guiarnos. –Dijo Emily-

-Con mucho gusto. Es más, de una vez vamos, para que descansen un rato antes de la cena. Las alcobas están en éste mismo pasillo, al final.

Entonces con gusto, la rubia las encaminó y cuando abrió la primera puerta, escuchó la voz de Emily decir.

-Esta es la nuestra. Aquí está el equipaje. –Dijo identificando las maletas-

-Son habitaciones con doble cama. Albert y yo pensamos que les gustaría estar juntas. ¿Está bien para ustedes, o prefieren alcobas separadas?.

-No te preocupes Candy. Por nosotras está perfecto así. –Contestó Melanie-

Imaginando entonces que la situación sería la misma, para la hermana María y ella, la señorita Pony comentó.

-Nosotras opinamos igual mi niña. Muchas gracias por preocuparte y también agradece a tu futuro esposo, que fue tan amable de traernos hasta aquí. –Dijo amorosa como siempre-

-No tiene nada que agradecer señorita Pony, pero bueno… entonces las dejo para que se refresquen y las espero a las siete en el comedor para cenar. ¿De acuerdo?.

-Ahí estaremos dijeron las cuatro.

Cuando Melanie y Emily se quedaron solas en su habitación. La regordeta religiosa le dijo.

-¿Ya ves…? Tú y tus exageraciones.

-mmm… prefiero pecar de exagerada, pero no he dejado de soñarlo. Es mejor prevenir que lamentar.

-Ay Dios… en fin. Espero que no sea necesario.

-Ni yo tampoco Emily. Ni yo tampoco…

…..

Hora y media más tarde, el tiempo de cenar llegó y el par e rubios, junto con Archi y Annie, disfrutaron de la agradable compañía de las cuatro hermanas. Al terminar, cuando el castaño se retiró a llevar a su prometida a su casa y las hermanas a sus respectivas habitaciones a descansar, Albert tomó la mano de su casi esposa y la llevó al jardín. Caminaban con la luna alumbrando apaciblemente sus pasos, internándose un poco entre los árboles, entonces, en el momento que el rubio idealizó perfecto, comenzó a buscar los labios de su amada, pero no contaba, con que ella no pensaba acceder esa noche a nada.

-Albert… hay muchas personas en la casa. –Dijo mientras retrocedía un par de pasos-

-El sonriendo, se acercó un poco más mientras acariciaba su rostro.

-Eso no importa princesa aquí nadie nos puede ver.

Ella retrocedió dos pasos más, pero se detuvo al topar con el tronco de un grueso árbol. Entonces Albert, colocando sus dos brazos en ambos lados para que no escapara, recargó su frente en la de ella y casi rozando sus labios, le dijo anhelante.

-Muero por besarte Candy… y te deseo tanto… no me tortures más... –Dijo ahora oliendo el delicado aroma floral de su cuello-

Ella sólo tragó seco, pues lo deseaba con el alma, pero había muchas luces prendidas en la mansión, así como varios ojos que sí podían observarlos.

-No podemos… -Dijo con su respiración ya un poco agitada-

-Sólo un beso te pido… -Le contestó suplicante y con el ardor corriendo por sus venas-

A Candy ese tono la derretía por completo. El lo sabía y estaba aprovechándose de eso, así que le dijo conteniendo toda su ansiedad, mientras su escote subía y bajaba, cada vez más acelerado por su respiración entre cortada.

-Sabes perfectamente que si me besas, no podrás parar y ahora no podemos, ya te lo he explicado Albert.

Pero él no escuchó ninguna palabra de las que había pronunciado, pues aquellos senos lo tenían más que cautivado, así que sólo contestó.

-Me encanta cuando te pones nerviosa… tu respiración me lo dice y sólo hace que te dese más mi vida...

Dijo ésto último acercando sus labios a los de ella. Casi podía saborearlos. Iba a tomarlos cuando ella, al ver que cerraba sus ojos, se agachó y salió de la prisión de sus brazos, provocando en el rubio tremenda cara de frustración, casi, cual niño al que le estaban negando el más preciado dulce. Ella al notarlo no pudo evitar sentir ternura por su expresión, así que se acercó a él, le dio un tierno beso en su mejilla, tomó su mano para que caminara con ella y después le dijo.

-Ya mañana amor.

El la soltó y se quedó parado por unos segundos, mientras le reclamaba en un pesado suspiro de frustración, con su mirada clavada en el pasto y las manos dentro de sus bolsillos.

-Una semana Candy… ¿Sabes la tortura que ha sido no hacerte el amor durante todos estos días?.

Ella regresó sobre sus pasos, lo abrazó y le contestó.

-Ya pasó lo peor. Mejor piensa que para mañana a esta misma hora, estaremos haciendo todo lo que tú quieras. –Dijo con una sonrisa-

-¿Lo que sea? –Contestó mientras pensaba-

-Lo que usted quiera señor Andrew. –Respondió coqueta- Pero ahora, anda, regresemos a la casa.

Después de un largo suspiro.

-Sólo porque me has hecho una promesa. –Dijo resignado, tomando su mano y regresando a la mansión con ella-

Así fue como el par de rubios durmió esa noche –o al menos trataron-. Completamente ansiosos e impacientes por unir sus vidas, mediante un sacramento tan importante como lo es el matrimonio.

….

El gran día por fin llegaba. Candy había amanecido muy temprano, puesto que Anne llegó casi de madrugada para despertarla. La había ayudado a vestirse para el desayuno cuando le dijo.

-¡Candy estoy tan emocionada por ti!. Todo te ha quedado hermoso. ¿Ya miraste como quedó el jardín?.

-Sí ayer en la noche caminamos un poco Albert y yo –Dijo recordando la escena-

-No Candy. Tienes que mirarlo. Hoy han venido desde casi la madrugada muchos trabajadores para montar el kiosco en donde se casaran. Todo está lleno de rosas blancas. Además han traído tu ramo. Mira. –Dijo tomando la caja, con la que había llegado a su habitación momentos antes- Esta hecho de orquídeas Candy. ¡De orquídeas!. –Dijo soñadora- Es asombroso y por demás elegante.

La rubia al mirarlo, no pudo negar lo que su amiga decía. Y tomando el objeto entre sus manos, exclamó.

-¡Es precioso Anne!. Mira tiene una nota.

Princesa.

Espero que te guste mi sorpresa, pues yo mismo las escogí. Las orquídeas siempre han sido mis flores preferidas, pues como tú son especiales, hermosas y únicas.

Siempre tuyo.

W.A.A

Cuando terminó de leer la nota, la llevó a sus labios y la besó. Luego caminó hasta su maniquí y deslizó su delicada mano por la suave tela, soltando inevitablemente un suspiro. Entonces la morena tomó su mano y le apuró.

-Anda Candy bajemos o no llegaremos a tiempo al desayuno y tenemos las horas contadas.

-No te preocupes Anne. Dorothy nos ayudará. Ya ha de haber llegado desde temprano.

-¿Qué no se suponía que vendría desde hace dos semanas?

-Tuvo un problema familiar, pero hoy no faltará, no tengas pendiente. –Dijo con una sonrisa-

-Bueno. De cualquier manera, ya bajemos. Al menos yo si tengo hambre, pues desperté muy temprano.

-¿Y estás segura que viniste solamente a despertarme a mi Anne…? –Dijo indiscreta y sin dejar de sonreír, pues bien imaginaba que aprovecharía su visita matutina-

A la morena se le subieron los colores al rostro.

-Ay Candy… pues que es Archi me vio desde su ventana… y bueno… yo…

-jaja No es necesario que me digas nada Anne, sólo estoy molestándote. Vamos a desayunar.

Cuando bajaron al comedor, todo era un ir y venir de personal afinando detalles, a lo lejos podía verse el salón bellamente decorado con arreglos florales en una combinación de rosas y orquídeas. Candy al verlos se maravilló y no pudo evitar acercarse al lugar, pues ella sólo había pedido rosas blancas. Se encontraba en su embeleso, cuando escuchó la voz de su príncipe detrás de ella.

-Yo lo pedí así princesa. Quería que todo hiciera juego con tu ramo. Buen día por cierto. –Dijo dando la vuelta para quedar frente a ella-

-Se ve maravilloso todo amor.

-Qué bueno que te guste bonita. Hoy todo el mundo se enterará de que el "gran patriarca de los Andrew" se casa con la mujer más bella de éste mundo. Y como tal había que anunciarlo.

Y como no estar impresionada. Si el piso de mármol rosa brillaba de lo pulido que estaba, las mesas formaban una gran herradura para dar lugar a la pista de baile. Todo estaba lleno de flores, manteles blancos y cubremanteles con de un fino encaje tejido en un tono beige muy sutil, con cubiertos de plata, loza de porcelana y fina cristalería, además de que todo estaría iluminado por los dos inmensos candelabros de cristal que colgaban del techo del gran salón.

-¿Ibas para el comedor? –Preguntó al ofrecerle su brazo-

-Sí Anne estaba conmigo hace un momento. –Contestó buscándola-

-jaja Ella se fue en cuanto me vio. Seguro está con Archie y los demás esperándonos. Vamos.

-A esos dos les urge casarse. –Dijo riendo-

Pronto llegaron al comedor y efectivamente todos se encontraban sentados esperándolos, así que una Candy un tanto apenada, dijo.

-Les pido disculpas por el retraso, me quedé observando la decoración del salón.

La señorita Pony de inmediato tomó la palabra.

-No te preocupes mi niña. Hoy es tu día.

Se encontraban todos muy alegres desayunando, cuando de repente se escucharon voces en el recibidor y como ninguno de los presentes esperaba otra visita, William se levantó de su lugar para ver de quien se trataba. La sorpresa fue total al observar la imponente figura de Elroy Andrew y de Katie Connor frente a ellos.

Albert al mirar a la anciana, inmediatamente le dijo, con su voz de réplica.

-¿Pero qué es lo que hace usted aquí tía?.

El tono alto en su voz hizo que Candy y los demás lo escucharan, por lo que, al notar que la rubia se dirigía a donde su prometido, todos los presentes la acompañaron, presenciando así toda la escena.

Albert al recibir por respuesta, la mirada altiva de su tía, repitió su pregunta bastante molesto.

-¿Qué hace aquí tía?

Ella mirándolo despectivamente, con una diabólica sonrisa le contestó.

-Que iluso eres si pensabas que me iba a ir a Escocia William…

Más molesto que nunca el rubio le contestó.

-Mis órdenes jamás deben de ser cuestionadas. Por algo soy el patriarca de ésta familia. Le ordeno que se retire.

-¡William cómo te atreves a insultarme de esa manera!. Soy tu único familiar directo.

Justo en ese momento George hacía su entrada en la mansión. Entonces Albert, ignorando las palabras de su tía. Le reclamó.

-¿No que estabas seguro de que ya se había embarcado?. Explícame esto.

El moreno que no entendía nada le dijo sinceramente.

-Te prometo William que yo di las ordenes que me encargaste. Si la señora está aquí no es por mi intervención.

Albert que pasaba desesperado su mano por sus cabellos le dijo a la anciana.

-Pues no me interesan los motivos por los que esté aquí. Inmediatamente será escoltada a la estación. Usted se va a ir a New York en éste momento. ¿Me escuchó?. –Dijo furioso-

-¡Cómo te atreves a hablarle de esa manera a tu tía!. ¡Respétala William!. –Intervino Katie-

-¡Tú cállate! Y más vale que te largues de mi casa. No tienes nada que hacer aquí.

-Tío trata de calmarte. –Dijo Archie intentando de imponer cordura en todo ese asunto que se le estaba saliendo de las manos-

Albert volteó a mirarlo descolocado mientras le decía.

-¿Calmarme?. Estás loco Archie. Estas dos mujeres bien sabes que nos han hecho la vida pedacitos y no pueden traer nada bueno con su presencia. Sé perfectamente lo que estoy haciendo, no me mires así. Alguien tiene que poner en su lugar a "nuestra querida tía".

En ese momento las miradas entre Katie y Elroy se cruzaron y ella comenzó a "sentirse mal" y recargándose en uno de los muebles fingió desmayarse.

-William… William… yo… -dijo cayendo al suelo-

-¡Por Dios! ¡Hay que llevarla a su habitación! –Exclamó Candy, quién como los demás, miraba la escena asombrada, pues jamás había visto a Albert de aquella manera-

En ese momento, ante tan impactante desmayo, tanto Albert como Archie, cargaron a la anciana y junto con todos los demás subieron a los aposentos de la dama. Mientras tanto Ketie le dijo a una de las hermanas que apenas iba a subir las escaleras.

-Voy a la cocina a pedir un servicio de té para la señora Elroy, seguramente lo necesitara para calmar sus nervios –Dijo con fingida preocupación-

-Emily que estaba igual de consternada que los demás, solo atinó a decir.

-Está bien.

Entonces la mujer aprovechó para ir a la cocina, pidió que prepararan el servicio, y cuando estuvo listo le dijo a la mucama que la atendía.

-¡Llévalo a la habitación de madame!. ¡Rápido qué esperas!

Una vez que se encontró sola, buscó en uno de los cajones y tomó un cuchillo, lo guardó en su bolso y salió corriendo del lugar, pues tenía poco tiempo para realizar su tonta venganza. Subió la escalera muy nerviosa, sabía que se metería en problemas, pero ya poco le importaba, lo que quería era destrozarle el "memorable día a la estúpida huérfana". Así que con la cara sudando frío, y con manos temblorosas llegó al segundo piso, comenzó a buscar abriendo cada picaporte que encontraba, desesperada, tratando de ubicar cual era la habitación de la mujer (que a su parecer) le había robado el amor de su vida. Pronto escuchó unas voces. Era una mucama que le decía a otra:

- ¿Viste que lindo vestido?. La señorita se mirará hermosa, igual que el señor muy buen mozo, pero por favor ni una palabra de que ellos duermen juntos. Si me entero que alguien de la servidumbre anda diciendo cosas que no deben les puede costar el trabajo. Por cierto, más tarde cerciórate de que no haga falta nada para el arreglo del señor. Su habitación está en el tercer piso. –Dijo Dorothy a otra mucama, la cual sabía, que aunque era recién llegada, gozaba de la simpatía de la futura señora Andrew desde muchos años atrás-

Entonces en ese momento lo supo y cuando aquellas mujeres se hubieron retirado, entró lo más rápido que pudo a la habitación y ahí lo vio, colocado en un maniquí. No era la gran cosa ante sus ojos, pero ella se encargaría de destrozarlo todo. Entonces sacó de su bolso el cuchillo que había tomado y con manos temblorosas, comenzó a desgarrar parte por parte el blanco vestido hasta dejarlo hecho girones y completamente inservible. Cuando se sintió satisfecha, corrió hasta el tercer piso y al entrar, pudo notar que efectivamente la habitación era compartida, pues en el tocador de él había cosas de "ella". Esto provocó que la furia y la locura de la mujer aumentaran cada vez más. Entonces, mirando el impecable smoking negro, comenzó a destruirlo como lo hubiera hecho con el vestido de Candy, pero al no sentirse complacida, observó la cama y pensando en las noches de lujuria que seguramente habían pasado juntos, con todas sus fuerzas apuñaló las sábanas y las almohadas. La mujer había enloquecido por completo, tenía el cabello despeinado por el esfuerzo y transpiraba como si tuviera fiebre, mientras como posesa arremetía ahora contra las cortinas y todos los objetos de la habitación que encontraba a su paso.

Mientras tanto en la habitación de Elroy, la anciana daba el tiempo necesario para que Katie pudiera realizar su plan y evitar a toda costa la boda. Seguía haciéndose la inconsciente, pero no contaba con que Candy pronto encontraría las sales que guardaba en su habitación, haciéndola "reaccionar" de inmediato por su fuerte olor, así que fingiendo reponerse se acomodó, sentándose en la cama, ante la mirada atónita de todos.

-¿Cómo te sientes tía?. –Preguntó Archie-

-¿Cómo quieres que me sienta cuando me enteré que hoy se celebraba la boda del gran patriarca de la familia Andrew con ésta…? -Dijo despectiva señalando a Candy-

Anne inmediatamente tomó la mano de la rubia para darle ánimo, mientras que Albert le contestaba.

-Tía… no puedo creer que siga empeñándose en estar en contra de mi felicidad. Candy es la mujer que yo amo y eso nunca va a cambiar. Entiéndalo por favor. Todavía está a tiempo de asistir a nuestra boda si me promete corregirse y pedirle una disculpa a mi futura esposa. –Dijo lo más paciente que pudo-

Elroy Andrew casi se desmaya realmente en ésa ocasión al escuchar la petición de su sobrino. Entonces llevándose la mano al pecho en señal de horror, le contestó toda alterada.

-¡Pero cómo se te ocurre semejante estupidez!. ¡Yo jamás!. Escúchalo bien William. ¡Jamás le pediré disculpas a ésta cualquiera!. –Dijo mirando con odio a la enfermera-

Volviéndose a alterar Albert le contestó amenazante.

-Retracte sus palabras sobre mi futura esposa.

Ella riéndose descaradamente le contestó.

-¿Cuál futura esposa?. Tú no te casarás hoy querido sobrino.

Ante la aseveración de su tía, Albert comenzó a buscar a Katie. Seguramente algo tramaban y con el alboroto del desmayo la perdió de vista. Entonces le dijo al moreno.

-George busca a Katie de inmediato y llama a su padre por favor.

Cuando el francés salió, bajó corriendo las escaleras y desde el despacho llamó a la residencia de los Connor, poniendo al tanto de la situación a Edward, quien inmediatamente accedió a ir por su hija a la mansión de los Andrew. Después subió rápidamente las escaleras, dobló a la derecha del pasillo buscando entre las habitaciones a la muchacha, pero al escuchar algo parecido a unos gritos provenientes del tercer piso, decidió caminar con cautela hasta el lugar. Mientras más se acercaba, más seguro estaba que se trataba de Katie, quien al parecer se encontraba en la alcoba principal. Decidido a averiguar, George se replegó a la pared y comenzó a caminar hasta poder observar en la puerta entre abierta de la habitación y entonces la encontró. Katie Connor en completo estado de Shock estaba sentada en una esquina del cuarto, con las piernas dobladas, llorando y por momentos gritando improperios en contra de Albert y de Candy. Después de observar tan espantosa y escalofriante escena, el francés se regresó sobre sus pasos lo más veloz que pudo hasta localizar al ama de llaves, a quien pidió le entregara la llave maestra. Cuando la amble pero asustada señora –por la cara de angustia del moreno- se la entregó, subió corriendo las escaleras y cuando llegó de nuevo al tercer piso aseguró por fuera la puerta, para que la desquiciada muchacha no pudiera salir. Momentos después –tomándose unos cuántos minutos para recuperar el aliento- bajó con calma hasta al segundo piso, entrando silencioso en donde la discusión con la señora Andrew seguía a flor de piel.

Albert se encontraba mirando furioso a su tía, la que únicamente sonreía, como si supiera que tenía el triunfo asegurado.

-Estoy segura que a estas alturas Katie ya se encargó de destrozar el vestido de novia de ésta estúpida huérfana. –Dijo levantándose de la cama, para acercarse a Candy-

-¡Eso no puede ser cierto! –Exclamó Candy mientras llevaba sus manos a la boca-. ¡Usted no puede ser tan cruel!.

-¡Claro que lo es! ¿A qué piensas que vinimos infeliz?. ¿A felicitarte?. Por supuesto que no, si tú has sido una maldición desde que entraste a nuestras vidas. ¡Entiéndelo maldita enfermera!. ¡Tú jamás estrás a la altura de William!. ¡Lárgate de mi casa de una buena vez mujerzuela barata! –Dijo al momento de estrellar su mano en una fuerte bofetada contra la rubia, que hizo que ésta cayera al suelo-

Todos corrieron de inmediato en su auxilio. Todos menos Albert, quien encolerizado, después de observar el llanto de su casi esposa, se dirigió a todos, con su voz enérgica, tratando de controlar su cólera.

-¡Salgan todos por favor!

Ninguno se atrevió a decir nada, pues aquella voz que escuchaban era realmente imponente, así que, poco a poco fueron dejando vacía la habitación, pero cuando George estaba por salir, éste le dijo.

-¿Eso que traes ahí es la "llave maestra"?.

-Si William.

Continuará...