Holaaa
Vengo un nuevo capitulo! Será cortito pero muy interesante XD. Espero les guste
MADURA RIN
Me abaniqué frenéticamente mientras esperaba que el jodido aire acondicionado enfriara el bochorno que se había encerrado dentro del auto. En momentos como esos, donde el sudor bajaba por mi espina dorsal, me preguntaba si acaso mi menopausia se habría adelantado. A los veintitrés no parecía un augurio bastante alentador, con la excepción de la ausencia de los periodos. Ahí si me sentiría en la gloria.
Aspiré hondo y el oxígeno estuvo caliente, no entendía como era que el aire que entraba por la ventanilla me ardiera en el cuerpo en lugar de refrescarme. Y sobre todo, no alcanzaba a comprender como es que Hojo lo soportaba.
A veces pensaba que mi primo sería feliz viviendo en el desierto.
-En serio no tienes que hacer esto — le dije. Si mi salida al centro comercial con Mizuki se había pospuesto gracias a sus animosos suegros, no hubo razón para tener que soportar el bochorno dentro del audi de Hojo… y su gesto estoico mientras conducía.
-Si ya estoy en esto, haré el favor completo — replicó con frialdad. Sonreí ante ello, todavía divertida con la idea de ver a mi apático primo convertido en mi chofer oficial pre boda.
El gusto burlón solo me duraría un par de meses cuando mucho… Pensar en ello me recordaba mis dudas al respecto. Sacudí los cabellos tratando de dejar de pensar en sus ojos amielados escrutándome desde el salón de clases y me concentré en continuar la conversación.
-Tampoco tienes que llevarme hasta la casa de Kohaku — repuse.
-De todas formas iba a llevarte al centro comercial — gruñó, todavía molesto por haber esperado a que saliera de la facultad — Ya hice mi horario del día tomándote en consideración, no lo arruines.
Asentí conforme con la respuesta: siempre era peligroso meterse con la meticulosa organización de tiempo de Hojo.
-Pero voy a preguntártelo una vez más, Rin — dijo, cambiando la velocidad. Me volví a él-¿Por qué tengo que ser yo?
-Porque tú tienes auto.
-Kohaku también — apuntó. Hice un mohín.
-El novio no debe ver a la novia antes, es de mala suerte — me encogí de hombros fingiendo estar lo suficientemente animada con la idea. Hojo me dirigió una mirada de soslayo con sus grandes ojos marrones pero lo dejó pasar.
-¿Y una limusina? El padre de tu novio puede pagarla…
Fruncí los labios automáticamente, esa posibilidad estaba descartada desde que los recuerdos me acosaban. Las manos de Sesshomaru recorriendo mis piernas en la cabina mientras se abría el paso entre ellas, bajándome el crop top con los dientes.
Sospechaba que no volvería a subirme al asiento trasero de una limusina en toda mi vida.
Me removí sobre el asiento consciente de la humedad que calentaba mi ropa interior.
-¿Amari ya volvió? —Pregunté de golpe, creo que lo interrumpí en algo porque me miró con cara de pocos amigos-¿Uh? ¿Decías algo, primo?
-Amari estará aquí un par de días antes — contestó — Hakakku irá por él, gracias al cielo.
Me reí, Hojo seguía sin aceptar recibir conversión en mi transporte, de hecho hasta yo me sorprendía de lo bien que iba tomándolo, lo que sea que hubiera utilizado la abuela Kaede para convencerlo, debería pasarme el tip .
Dimos vuelta sobre la avenida principal, adentrándonos luego en la ancha calle empedrada que era acceso al fraccionamiento, pasamos la pluma de metal y Hojo siguió el camino de memoria. Al detener el vehículo gemí por lo bajo, iba a dolerme que la piel de mis piernas se despegaran de la tela del asiento.
-Rin…
-¿Sí? —Pregunté, distraída, todavía calculado si debería hacerlo despacio o salir disparada fuera del audi. Ante el mutismo de mi primo, alcé los ojos, miraba el edificio de departamentos a nuestro costado, luego, su mirada se posó en mí y me encogí sutilmente-¿Qué pasa?
Hojo no dijo nada más pero estoy segura que hubo querido preguntarme lo mismo otra vez: ¿estaba segura?
Me estiré sobre la palanca de velocidades depositando un beso en su mejilla y me estiré fuera del auto.
Subí los escalones a paso neutro hasta la segunda planta, aspiré hondo mientras rebuscaba en el bolso, hallé el llavero de zorro (gift de Shippo), lo sacudí buscando la llave adecuada. Me paralicé cuando encontré la que abría el piso de Sesshomaru, la garganta se me secó mientras la miraba. Tenía que devolvérsela o deshacerme de ella.
Me tuve que detener del marco de la puerta para aspirar hondo. Se ha acabado, Rin. Supéralo.
Ese hombre es un error, una maldita equivocación, una apasionante confusión. Un hijo de perra.
Introduje la llave correcta y empujé la puerta. Adentro el ambiente estaba fresco, gracias a Dios. Solté el bolso en el taburete junto a la puerta.
No había dado ni dos pasos por el pequeño salón cuando apareció Kohaku desde la cocina comedor, llevaba en manos un tazón de palomitas de maíz.
-Rin.
-Veo que llegué justo a tiempo — me reí mirando su cargamento, él esbozó media sonrisa cansina y dejó botado el tazón sobre la mesa.
-Son para el idiota de Shippo — replicó echándose a andar hacia el sofá.
-¿Tenían planes? —Resultaba ridículo que no lo supiera tomando en cuenta que estaba frente a mi prometido.
-Me acaba de enviar un texto — se encogió de hombros dejándose caer sobre los cojines. Vestía pants y playera deportiva, pasó un brazo detrás del respaldo y me miró atentamente.
-¿Tu despedida de soltero? —Sugerí con voz cantarina. A lo mejor había mujerzuelas y demasiado alcohol. ¿Y luego qué? ¿Lo terminas por haberte sido infiel? Despierta, Rin. El muchacho enfrente de ti es el amor de tu vida.
Me acerqué hasta él, subiéndome sobre su regazo.
-No digas tonterías — exclamó, dejándose hacer. Apoyé las nalgas sobre sus muslos colgando los brazos entorno a su cuello.
-Creí que la tendrías, apuesto a que Shippo querrá organizarte una ya que no lo dejaste ser el padrino — acordarme del berrinche del rubio cuando Kohaku le dijo que jamás le dejaría la responsabilidad de los anillos, siempre me causaba una tierna gracia.
Creo que Shippo no le habló a Miroku por uno o dos días.
Pero venga, que mi futuro cuñado era mucho más confiable en esos aspectos.
-¿Y a quién voy a invitar? ¿Juromaru? —Enarcó una ceja con fastidio. Una de las características más notables de Kohaku Taisho era su facilidad para que nadie le importara realmente, una frialdad para con las relaciones sociales que lo relegaba por gusto.
-A Shippo — dije rápidamente — Miroku, Bankotsu… ¡a tu tío Hakudoshi!
La expresión agria me hizo detenerme.
-Y dirás que a Magatsuhi también — replicó, adusto — Por favor, Rin… - "no digas tonterías", sabía que me lo diría pero esta vez pareció pensárselo antes de hacerme sentir mal.
-Bueno, bueno… entonces a Ginta, Sota y Akitoki… ¡Convenceré a Hojo y él arrastrará a Jakotsu! —No parecía tan mala idea.
Los ojos negros se mantuvieron fijos en mi como preguntándose si de pronto me había vuelto idiota. A lo mejor, pero no era de ahora. Venía arrastrando mi cadena de malas decisiones desde hacía un buen rato.
Y por supuesto, imaginarme una fiesta para Kohaku con todas esas sugerencias como asistentes era tan cómico que había hecho lo que fuera por estar presente. Solo para burlarme, ya se sabe.
-Te estás burlando de mí.
-¡No! —Me sonrojé — Es solo que te imaginé rodeado de todos ellos… usando un gorrito de fiesta — admití. Kohaku enarcó una ceja de nuevo, asqueado con la idea.
Aquél gesto arrogante, que de hecho es propio de él, lo hizo ser igual a Sesshomaru y tuve que apartarme de su regazo; él frunció los labios siguiéndome con la mirada cuando me eché de espaldas sobre el sofá.
¡Rin, por amor de Dios!
Iba a decirle que me sentí cansada con los exámenes finales pero él habló.
-Aome te ha organizado una fiesta — dijo de pronto. Aparté el brazo de mi cara.
-¿En serio?
Él rebuscó en el bolsillo de su pantalón y me acercó una tarjeta rosa perfectamente doblada.
Una invitación (bastante candente) que gritaba a todas luces: ¡Aome!
Gemí. Ahora imaginarme en medio de la azabache culpable de esto y Ayame en el karaoke… con Mizuki al lado. ¡Dios! Era todavía más lastimero. Quizás la fiesta de Kohaku fuera mucho más divertida si lo pensaba así.
-¿Por qué la envió aquí?
Kohaku se encogió de hombros, encendiendo el televisor.
-Supongo porque te mudarás aquí.
Me mordí el labio inferior mientras le daba vueltas a la invitación plagada de diamantina. Al alzar los ojos sobre el borde vi a Kohaku, miraba aburrido al frente cambiando el canal constantemente.
-¿A qué hora llegará Shippo? —Quise saber, de pronto ansiosa por saber de cuánto tiempo disponía para meterme entre sus brazos antes de que llegara el rubio.
-En un rato — respondió, seco.
-Ah ...
¿Por qué era tan difícil saltar hacia sus brazos? Cuando tenía quince era más sencillo.
Inhalé profundo, subiendo las piernas sobre las suyas.
-Te ves cansada — dijo de pronto, apoyando el brazo encima de mis rodillas, mecánicamente. Creo que solo la sacó de debajo para que no lo aplastase.
"Estresada", es la palabra que usa Shippo. "Preocupada", la de Mizuki. "Horrible", dice Aome. "Arrepentida", es la favorita de Hojo.
Hay de todo un poco, es verdad.
-Las clases… -admití, algo tenía de cierto. Kohaku me echó una mirada fugaz antes de regresar su atención al televisor. A saber que veía aunque se oía dramático.
-¿Todavía?
No tuvo que explicar más para saber que nos referíamos a "él".
-Creo que nos dará clase hasta el último día — repliqué. Ni siquiera había leído mi tesis final y estaba aterrada con presentársela.
De hecho, ya había hecho una cita con otro profesor.
Kohaku soltó un monosílabo de desdén.
-Así es él.
No seguir hablando sobre Sesshomaru y no creía que alguno de los dos estaba interesado en ver el programa en la TV, jugué con el anillo que adornaba mi anular izquierdo mientras fingía que no estaba pensando en el bajón de adrenalina que vivía cada clase de patología diagnostóstica.
De pronto no falló nada más que decirle a Kohaku. ¡Joder! Que antes tenía que pedirte que te callaras, Rin.
Oímos los inconfundibles golpes de Shippo contra la puerta.
-¡Kohaku! —Gritó desde afuera. Kohaku giró los ojos deshaciéndose con delicadeza de mis piernas para encaminarse hacia la puerta-¡Kohaku! ¡Idiota! ¿Por qué no abres?
-Cállate, Shippo — replicó mi prometido con hastío.
-¡La comida se enfria! Oferta, entrando como si nada. Cargaba un par de bolsas de plástico-¿Hiciste las palomitas? —Sus grandes ojos jade se enfocaron en mi posición desparramada en el sillón de Kohaku y al instante esbozó una sonrisa.
-Oye, Kohaku, me hubieses dicho que estarían ocupados — se burló, pícaro.
-¡Cállate, bobo! —Me quejé. Un minuto-¿Qué no estabas con Mizuki?
La expresión del rubio entró en pánico inmediato mientras que Kohaku guardaba las manos dentro de los bolsillos y lo miraba con burlona soberbia.
-Claro que si — balbuceó — Yo… ella… vamos a ir al cine, sí.
Entorné los ojos mientras Shippo iba hundiéndose más.
-¿Qué pasa, Shippo? ¿Tu novia te ha pegado el patético tartamudeo? —Se burló Kohaku.
-¡Cierra la boca! —Farfulló.
-Shippo… -me giré sobre el sofá para ponerme de pie — Fuiste por Mizuki… ¿dónde la llevaste? -¿Sería posible que mi amiga hubiera inventado aquello para no salir conmigo?
No, ella no era así.
Afilé la mirada cerrando el puño y Shippo se tensó visiblemente.
-Bueno ... yo ...
-¿Dónde están Nazuna e Izumo? Iban a comer con Mizuki ¿cierto? Y si no me corta en dados, Shippo… -amenacé.
El rubio se mordió el labio.
-La… la… la llevé con Ayame… -dijo al fin.
-¡No!
Me dejé caer sobre el sofá otra vez. Ya sabía que Mizuki no podría dejarme colgada, quizás por sus suegros sí, pero ... ¿Ayame? No, eso solo significaba una total y disparatada sorpresa de la que la insufrible azabache estaba detrás. Miré la invitación de la despedida pero faltaban seis semanas para la fecha, así que, oficialmente, no tenía ni idea de lo que tramaban.
-Tengo que llamar a Aome — me quejé mientras me ponía de pie y me dirigía hacia la puerta.
-¿A dónde vas? —Quiso saber Kohaku mirándome recoger el bolso.
-Tengo que detener lo que sea que estén pensando — respondí escribiendo rápidamente a la morena.
-Te llevo — dijo sosteniendo sus llaves.
-¡Ey! —Shippo alzó las bolsas llenas de comida-¡Estoy aquí!
Kohaku lo miró, aburrido, obviando la respuesta.
-Shippo tiene razón, Kohaku — dije resoplando — Habrá mucha sangre y chillidos de chicas… Quédate con él y diviértanse.
Le planté un beso fugaz en los labios que él apenas respondió, arranqué las llaves que pendían del bolsillo de los vaqueros de Shippo y las tintinee frente a sus ojos verdes.
-Me lo debes — le dije mientras salía al pasillo.
-¡Rin! Tengo que ir más tarde por Mizuki. Llévate el de tu novio.
-¡Recógelo en mi casa! —Grité emprendiendo la carrera hacia las escaleras.
Ya no escuché con claridad el siseo de Kohaku aunque seguro se estaba burlando de él.
No había nadie más despistado que el rubio para llevar a cabo un plan escondido, seguro que no se le ocurrió que al yo no tener con quien perder la tarde, iría hasta donde Kohaku.
Encontré el chevy azul de Shippo aparcado donde Hojo antes había dejado su auto. Me subí y mientras ajustaba el asiento, pasee los ojos por el desordenado interior. No me sorrendería encontrar ropa interior y comida ahí dentro, tal vez hasta un Gremnlin.
El motor se quejó un segundo antes de echarse a andar correctamente. Este auto era una vergüenza para la posición de la familia Youkai, pero también el orgullo de mi amigo al haberlo comprado por sus propios méritos, rechazando el Volvo 2016 que Tayler le ofreció por su graduación.
Conduje por la calurosa ciudad, bajando ambos cristales dado que el carro de Shippo carecía de aire acondicionado.
Mi móvil timbró cuando Aome me llamó, encendí el altavoz y dejé el aparato sobre mis muslos.
-¡Detén lo que sea que estés tramando, Aome! —Dije.
-¿Quieres calmarte? —Se oía relajada — Te va a gustar.
-¡No lo niegas! —Apreté el volante-¿Dónde están?
-Te pensábamos avisar esta noche cuando todo estaba listo — replicó. Eso significaba que las tendremos en mi casa, di vuelta a la izquierda para tomar el camino a mi casa— ¡Y ya lo está! Ahora dime… ¿cómo te enteraste?
-Shippo — dije. Aome gruñó del otro lado de la línea.
-¡Ese idiota! Discúlpame Mizuki, pero tu novio es un tarado — ya no me hablaba a mí.
-¡Aome, concéntrate! —Demandé.
-Esta noche te enteras, Rin. Relájate.
Primero la fiesta de soltera y ahora ¡esto! Vaya damas de compañía auto proclamadas que solo me hacían sentir miserable con preparativos tontos de un evento que no era tan importante.
Retuve el aliento cuando me di cuenta de mis pensamientos. No debería pensar así.
Iba a casarme con Kohaku, al fin mi sueño se hacía realidad.
-¿Rin? ¿Sigues ahí o ya puedo colgar?
-Olvídalo.
-¡Ni lo sueñes! Si no fuera por Shippo todo estaría bien ...
-Si querías un plan infalible debiste decirle a Hojo — gruñí, colgando. Definitivamente eso la cabrearía.
Traté de calmarme, quizás no era tan malo. Unos meses atrás hubiera saltado de emoción con la idea de tener más de una celebración sobre mi unión con Kohaku.
Y así era.
Aspiré hondo un par de ocasiones mientras contaba todos los años y todos los intentos por obtener la atención de Kohaku hasta que me hizo la gran pregunta.
Sonreí porque en realidad somos jóvenes, tenemos planes para continuar nuestra vida profesional… pero juntos. Y eso era todo lo que importaba.
Busqué con la mirada un sitio donde aparcar el auto de Shippo, la acera estaba repleta. Luego, el corazón me dio un vuelco.
Reconocería el Jaguar negro donde fuera. Elegante y lustroso. El interior debía oler a naranja, como él.
Frené el vehículo una calle más delante del edificio y tuve un ataque de nerviosismo antes de apearme. ¿Qué hacía él ahí?
Fui haciéndome la misma pregunta mientras caminaba sobre la acera caliente, taconeando luego dentro del condominio hasta el arcaico elevador. Con un poco de suerte y se estancaba a medio camino.
Apreté el móvil ignorando los mensajes entrantes y me dispuse a salir de la cabina una vez que llegó hasta la cuarta planta, la última.
Me detuve antes de dar vuelta en el pasillo, cerré los ojos calmando el temblor de mis manos y luego, seguí walking.
Ni siquiera identifiqué la canción que se colaba a través de los muros de la casa de la vecina. Toda mi atención se enfocó en él.
Miraba hacia la puerta de mi departamento pero estoy segura que no estaba mirándola realmente, brazos cruzados sobre el fuerte pecho, de modo que la camisa se le pegaba en los músculos. El largo cabello plateado, rebelde, caía sobre su espalda sin tocar el cuello que debe estar perlado en una ligera capa de sudor.
Perdí el aliento al repasar el contorno de su perfil, los labios torcidos en la eterna mueca arisca y la línea de su mandíbula. Sentía el calor irse acumulando en mi torrente sanguíneo conforme me acercaba.
Me detuve a una distancia prudente y él, siguió en silencio, sin mirarme. Me mordí el labio pero realmente no tenía nada que decirle… bueno, en realidad sí, solo que ninguna palabra debía salir de mi boca. Ni para bien ni para mal.
Abrí la puerta y crucé, lo oí entrar detrás de mí. Fue él quien encendió las luces de mi oscuro apartamento, sumergiéndonos de pronto en una nueva oleada de calor, ahora artificial.
De inmediato los apagó y supuse que Sesshomaru estaría a punto de tener un colapso de calor.
Me tallé las palmas contra los pantalones cortos y esperé, oyendo mi corazón latir desenfrenado, mis nervios comenzarán a brincar con pánico al reconocerme sola en una habitación a media luz… con él.
Oí sus pasos acercarse a mí, me tensé al sentirse a centímetros de mi espalda, su aliento fresco golpeó mis cabellos, infiltrándose entre las hebras; se inclinó al frente y depositó una llave sobre la mesa de centro, ataviada con mis últimos avances para la tesis. Su hombro rozó el mío al incorporarse y me sacudí entera.
Me llevé las manos a las costillas, cruzándolos, en un intento infantil porque no se diera cuenta que la blusa me apretaba.
Podía oír su respiración detrás de mí… el odio que irradiaba su altanera posición, como si de momento a otro fue a arrojarme contra el sofá-no sería la primera vez-lo peor, era que una parte de mí lo estaba esperando.
-Yo… -comencé, me detuve para controlar el temblor de mi voz y aspiré hondo — La mitad de este lugar creo que es tuyo… así que no tienes que devolvérmela — me volví despacio sin alzar los ojos. Enfrentarme a su mirada era nocivo, por donde se le viera, así que me limité a conservar los ojos al frente, encontrándome con su fuerte pecho debajo de la camisa desabotonada en los primeros dos ojales.
Aspiré hondo porque recordaba perfectamente la suavidad firme de su pecho.
-Sabes bien que este lugar es tuyo — respondió. El tono, brutalmente indiferente me obligó a alzar los ojos a él, de golpe sus pupilas negras dejaron de mirarme el escote.
Me sentí acalorada.
-Solo la mitad… -murmuré apartándome directo a mi bolso, si tan solo supiera donde estaba. Miré en todas direcciones hasta encontrarlo al pie de la puerta ¿en qué momento lo solté? Lo cogí rápidamente y rebusqué en su interior, torpe como cada vez que sabía que me veía.
Altaneros y burlones.
Una vez que obtuve lo que buscaba dejé caer otra vez el bolso (oí mi celular estrellarse contra el piso pero fue lo de menos), mis manos vibraron y pronto me desesperé. ¡Maldito arillo de metal haz lo que digo!
Su mano me sujetó la muñeca, me convertí de gelatina… acalorada gelatina de nubes esponjosas. Su tacto era suave aunque el movimiento brusco al arrebatarme mi llavero y sacar con facilidad la llave de su piso.
A eso había ido. Claro.
Seguí el movimiento del resto de mis llaves al volar hacia uno de los sofás. Me molesté.
-No tenías que venir hasta aquí — repliqué haciendo aspavientos con las manos, me sentí ridícula.
-¿Me la entregarías en clase? —Inquirió con su profunda voz retadora. Me sentí acorralada y reconocía que su cercanía me estaba provocando.
Sesshomaru dio un par de pasos calmos que yo tuve que retroceder, al chocar contra la pared fui consciente de que el hormigueo se había convertido en humedad por mi entrepierna.
Apoyó una mano contra el muro, atrapándome contra su presencia que, aunque no llegó a tocarme, estaba asfixiándome. De pronto la blusa me apretaba la dureza en mis pechos y hubiera querido sacármela.
¡Maldición!
-Deberías irte… -musité y gracias a todos los cielos no tartamudee.
Se inclinó al frente haciéndome sentir titánicamente pequeña ante su un metro con noventa y uno, sus dedos rozaron uno de mis brazos desnudos, despertando fibras nerviosas que respondían a su tacto. Fue bajando hasta la muñeca donde pareció satisfecho de comprobar mi pulso acelerado.
Sentí el frio de la llave depositarse en mi palma. Sus labios estaban tan cerca, sensuales y perfectos… esos bellos ojos que parecían mirar por debajo de mi ropa.
Sesshomaru me miraba de "esa" forma, como conocía tan bien… De la manera peligrosa con la que desarmaba mi fuerza de voluntad.
-Yo… -alcancé a decir, creo que sonó como una súplica, escabulléndome debajo de su brazo; la llave resonó al caer al suelo.
Permanecí en silencio un momento más, luego su poderoso brazo me rodeó la muñeca girándome con poca amabilidad. Me levanté en vilo apenas intenté pensar en una réplica, por automático mis piernas rodearon su cintura, como si conocieran el camino.
Las mismas piernas que hacía media hora están reposado sobre las rodillas de mi prometido.
Pero no salía nada de mi garganta.
Pensé que me llevaría hasta el dormitorio pero no, me sentó sobre el espaldar del sofá, el miedo a irme de espaldas me obligó a aferrarme a sus hombros.
Se apretó contra mí. Su erección atrapada en los pantalones fue tan palpable que mis bragas estaban a punto de volatilizarse. Experimenté una sensación de urgencia que rebotó en respiraciones erráticas.
Sesshomaru no me besó, permaneció ahí, pegado a mí. Atrapado entre mis pantorrillas, con su ansioso miembro palpitando contra mi entrepierna.
Sus manos subieron por mi cintura hasta la espalda, amoldándome a su pecho, enredó los dedos en mi nuca y estuvo a nada de besarme.
Cerré los ojos esperando por él.
-Maldición — gruñó, rozando mis labios. Me estremecí contra él-¿Ya no estás tan convencida verdad? —Me dijo. Abrí los ojos de golpe, pero no alcancé a decir nada — Podría llevarrte hasta la habitación… o ni siquiera molestarme en eso y tomar aquí mismo — su voz ronca por la excitación encendió mi entrepierna mojada por completo.
Pero sus palabras me dolieron, calaron tan profundo que bien pude haberme soltado a llorar.
-Hacerte mía.
Mi mente se hizo una revoltura.
-Sesshomaru… tú me odias… -me atreví a decir su nombre, empujándolo débilmente para que me soltase — Por favor vete…
-Madura, Rin — replicó con severidad, sujetándome de un brazo para ayudarme a bajar él se apartó. Las piernas se me doblaron como si fueran de goma aunque logré mantenerme de pie al apoyarme en el sofá.
Lo vi acercarse hasta la mesa ratona, tomar el último avance de mi tesis y darse la vuelta en dirección a la puerta.
Su largo cabello argentado se confundió con las sombras del salón hasta que la luz del corredor lo alcanzó, iluminando su fuerte espalda enfundada en la maldita camisa que había hecho jirones de haberlo tenido cerca más tiempo.
Lo vi cerrar la puerta tras de sí y solo entonces me atreví a relajar el agarre fiero de mis manos contra el sofá. Eché atrás la cabeza aspirando hondo el aire caliente, esperando que me refrescara las ideas por lo menos un poco. Las rodillas me vibraban todavía y sintió el bochorno encontrado convertido en humedad, nadaba en mi ropa interior.
Me volví hacia el dormitorio en busca de ropa limpia, quizás una ducha fría, lo haría sin ver la cama… Oí tres golpes secos contra la puerta.
Retuve el aliento mirando estúpidamente la entrada, no era posible que hubiera vuelto tan pronto. Esos desplantes de arrepentimiento o impulsividad no iban para nada con él… No era un adolescente hormonal.
Un par de golpes más fuertes me sobresaltaron, me dirigí hasta la perilla y apenas abrí la puerta, Shippo entró al departamento. Tuve que hacerme un lado para evitar que me tirara contra el piso.
Lo miré pidiendo una explicación.
-¿Qué hacía él aquí? —Exigió saber, mirándome duramente con sus pupilas profundamente. Una resolución ajena por completo a él, ver una mirada así en sus ojos siempre vivaces, era un golpe doblemente duro — Lo vi salir del edificio, Rin. ¿Qué hacía aquí?
-Él vino porque… -preguntarle a quién se refería era todavía más estúpido. ¿Qué no debería estar con Kohaku? Escondí las manos detrás de la espalda, incapaz de aguantarle la mirada — mi tesis… -musité en cuanto noté que ese cuadernillo faltaba en la mesa de centro — Vino por mi tesis.
-¿Se tomó la molestia de venir aquí por tu tesis? —Enarcó las cejas.
Sonaba todavía más ridículo dicho en voz alta.
-Y a darme la llave del apartamento — admití — Sabe que voy a rentarlo cuando inicie mi internado y me… case con Kohaku — agregué. No era del todo mentira y eso tenía que darme crédito.
Shippo apoyó las manos contra su cadera mientras lo pensaba.
-No podía dármela en clase — expliqué tratando de sonar convincente. Shippo aspiró hondo echando una mirada alrededor, supe exactamente qué estaba buscando y de cierto modo me ofusqué.
-Oye, Shippo ...
-Kohaku es mi amigo — me interrumpió, quizás sin pretenderlo porque el tono era casi suplicante — La última vez que vi a ese tipo aquí…
-Ya sé, ya sé — lo frené con las palmas al aire, en serio no me quería acordar de ese día.
-Y tú también eres mi amiga, Rin — agregó, alicaído.
Ese fue un golpe con guante blanco que me ardió profundo, tengo que admitirlo.
-Te vas a casar con Kohaku — siguió hablando — Es tu sueño desde que teníamos quince. Y cuando te pregunté si no habías renunciado a ese sueño, dijiste que no…
-¡Sesshomaru solo vino por eso! Tengo que presentar mi examen profesional, él es mi asesor y listo — tajé el asunto buscando mi bolso por segunda ocasión. Le extendí las llaves de su auto.
Shippo suspiró quitándomelas de las manos.
-¿Cómo llegaste tan pronto? —Inquirí, seriamente interesada.
-Kohaku me trajo — respondió como si nada. Al instante tuvo mi atención otra vez.
-¿Por qué no subió?
-Se fue en cuanto me bajé.
Solté el aire de golpe: entonces no se había encontrado con Sesshomaru. Shippo pareció entender el rumbo de mis pensamientos porque negó con la cabeza un par de veces. ¿Desde cuándo era tan perceptivo? Me gustaba más mi amigo distraído y escandaloso.
-Dijo que tenías algo que hacer con tus amigas y no quería ser una molestia.
Oficialmente me sentí como una cucaracha, sucia y repugnante. Rastrera y malvada.
-Shippo-llamé antes de que saliera — No… no se lo menciones a Kohaku.
-Es mi amigo, Rin — iba a replicar que también yo lo era y que no había porqué hacer un drama, cuando él siguió hablando — Por eso no le diré nada. Si dices que se acabó… se acabó — se encogió de hombros — Tengo que ir por Mizuki —sonrió a medias, inseguro todavía y desapareció por la puerta.
Aspiré hondo cuando me dejó sola.
No me di cuenta comencé a llorar o en el momento en que llegué hasta el piso, recogiendo las rodillas contra el pecho.
-Kohaku… -musité.
Mis ojos se toparon con la llave al lado de la puerta, refulgiendo ligeramente en medio de las penumbras.
Quería que él estaba conmigo en ese instante, que me abrazara.
Pronto ya no debería sufrir esos bajones de adrenalina por el cuerpo ni despertar ansiedad en cada poro excitado de mi cuerpo.
Me casaría y lo que acabó… volvería a terminarse.
Lo se, este capitulo estuvo corto. El siguiente sera mas largo lo prometo: 3
Ahora siii, diganme que les ha parecido el cap? Esa escena me mata cada que la leo jajaja
Sesshomaru y su actitud que confuden a Rin XD
