Aclaración:

Los personajes de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestados para la historia.

La historia es una adaptación, al final estará el nombre original y autor. Hay OOC


Cap. 15


Naruto no repudió a Hinata. Al menos no ese día.

Por supuesto, él no estaba en las cercanías para ordenar su destierro. Había desaparecido después de su discusión esa mañana temprano y no había regresado a la fortaleza desde entonces.

No asistió al entrenamiento de los guerreros. Shikamaru lo supervisaba ese día. Sin la ayuda de Zabuza, notó Hinata cuando avanzó por el campo de entrenamiento más allá del muro exterior en su camino a la herrería. Ella deseaba preguntarle a Magnus si podía hacerle una herramienta de tres picos que pudiera manejar para sembrar su jardín de hierbas.

Se acercó al herrero con algo de inquietud, insegura de cómo la recibiría. Pero éste no sólo fue tan respetuoso y servicial como siempre, sino que incluso le sonrió cuando le describió lo que ella deseaba.

—Aye, puedo hacerlo. Es una idea inteligente, lo es.

—Gracias. —Con seguridad no se había enterado de su engaño.

Pero sus siguientes palabras desmintieron esa idea.

—¿Entonces es verdad que no podéis oír?

—Sí.

—Sois muy astuta, sí, lo sois.

Ella abrió la boca para defenderse, pero la mirada de aprobación en el rostro del herrero se lo impidió.

Él cabeceó.

—Sois una compañera apropiada para nuestro laird.

—Um... gracias.

—Un Kage debe ser sigiloso y apto para guardar un secreto.

—Pero no soy una Kage.

—No, eso es cierto, pero tenéis el corazón y la inteligencia de uno. —Por la forma en que su pecho se hinchó y sus ojos brillaron, parecía que esa era la alabanza más alta que podía hacer el herrero.

Y esa fue la primera de varias conversaciones extrañas que Hinata tuvo ese día con los miembros de su clan. Lejos de odiarla, al saber de su aflicción y cuán bien había escondido su debilidad aumentó su consideración ante sus ojos.

Sólo lamentaba que no fuera lo mismo para su marido, pero nadie más sabía que ella había planeado usarlo para llegar a su hermana.

Tan incomprensible como era, su marido parecía mucho más ofendido por su engaño que por su sordera. El clan admiraba su engaño y parecía no tener ningún reparo sobre su sordera. En efecto, se mostraron intimidados por su capacidad para discernir su presencia ya que ella no podía oír cuando se acercaban.

Eso pasaba con todos, excepto con Zabuza. Él la ignoraba completamente.

Ella observó con temor desde el otro lado del muro exterior cuando Haku quiso tomar cartas en el asunto. Quizás no debería fisgonear a escondidas, pero los viejos hábitos eran difíciles de romper. Además, encontró fascinante el intercambio.

Haku fulminó con fuego en los ojos a Zabuza.

—¿Cuál es el problema contigo?

—¿No estás un poquito cerca, Haku? —preguntó Zabuza, en vez de responder a la pregunta del senescal.

Haku apretó los puños a sus costados.

—¿Te ofende mi proximidad?

—Eres tú el único que corre en otra dirección siempre que estoy a un palmo de distancia.

—Eso no es verdad.

—Lo es.

—En este momento no estoy corriendo.

—Lo noté. Parece que hasta enfrentarás al desfigurado demonio de tus pesadillas si es por la esposa de tu laird.

—¡No te llames de esa forma! —Los tendones en el cuello de Haku sobresalieron, dejando claro que estaba gritando.

Zabuza no parecía lo más mínimamente arrepentido, sólo malhumorado. Muy pero muy malhumorado.

Haku respiró hondo, obviamente obligándose a controlarse.

—La tratas cruelmente.

—Como actúo con Hinata no es de tu incumbencia, senescal.

—Es mi amiga.

Hinata se encontró sonriendo ante el reclamo, a pesar de la seriedad de la discusión entre dos de sus Namikaze favoritos.

—¿Lo es?

—¿Qué se supone que significa eso?

¿Sí, qué significaba eso? A Hinata también le gustaría saber.

—Pasaste la noche en su recámara.

—Te atreves a insinuar...

—No insinué nada. —Zabuza frotó la mano sobre su cara—. Sólo déjalo estar, Haku.

—No lo dejaré. Nuestra señora merece algo mejor de lo que le das.

—La protegería con mi vida.

Hinata le creyó; solamente había sinceridad y una tristeza inexplicable en sus ojos.

—Ella es más que una responsabilidad para ti. —Haku no le dio ningún cuartel—. Es tu amiga. O al menos creía que era así.

—Yo también creía eso.

—¿Qué? ¿Así que ya no la consideras así?

—Engañó a mi laird. Lo hirió. Me engañó.

—Ella tenía sus motivos.

—No importan.

Hinata temía que su marido compartiera la creencia de su guerrero.

—Lo hacen.

—Ella no necesita mi amistad, tiene la tuya.

Hinata no podía quedarse allí por más tiempo. Se dirigió hacia los dos hombres que discutían. Tan absorta estaba en alcanzarlos que no notó inmediatamente las vibraciones del suelo. Cuando lo hizo, instintivamente se movió a un lado, girándose para ver lo que hacía temblar la tierra.

El gigantesco semental negro de Naruto estaba casi sobre ella. Se había alejado de su camino, pero no lo suficiente. Notándolo, se arrojó a tierra, rodando lejos del camino mortal de la bestia.

Sintió la ráfaga de aire cuando cargó detrás de ella. Ahora a eso se le llamaba estar cerca. Temblando un poco por el percance, se puso de pie y le quitó el polvo a su plaid. Sólo entonces se dio cuenta de los guerreros corriendo hacia ella.

Zabuza llegó allí primero.

—¿Estáis herida?

—No. —Ella intentó una sonrisa que no le fue devuelta—. Sólo un poco temblorosa.

—Varios hombres del clan gritaron una advertencia, pero no los oíste. —Él no parecía estar haciendo una acusación tanto como una observación.

Pero aún así, un rubor de humillación ascendió por su cuerpo.

—No, no oigo nada.

—¿Entonces cómo supiste que debías alejarte? —preguntó él, había tanta curiosidad y preocupación por ella cuando vio la forma en que la miraba.

—Sentí que la tierra temblaba bajo mis pies.

—Aye, esa es nuestra señora —dijo uno de los guerreros.

El aguijón de la humillación se desvaneció un poco.

Haku extendió la mano y le apretó el hombro.

—Bien hecho. —Él fulminó con la mirada a Zabuza—. Incluso si algunos son demasiado malditamente obstinados para querer admitirlo.

Ella agarró la mano de Haku.

—No lo hagas.

—No toleraré que os trate con tanta frialdad.

—Haku... —Ella suspiró y dijo lo que necesitaba decir—. Mi engaño le hizo daño.

—No necesito que me defendáis... ante Haku —dijo Zabuza, una sulfúrica mirada los abarcó. Entonces se apartó abruptamente, hacia el campo de entrenamiento, golpeando a dos soldados que se interponían en su camino.

—¿Cuál es el problema con él? —preguntó Shino.

Hinata y Haku se encogieron de hombros inútilmente. Shikamaru se acercaba, guiando a la bestia aún inquieta entre dos de los guerreros Kage más avezados.

—¿Está bien?

—¿Quién, mi señora? —preguntó Shino.

—El caballo de Naruto —dijo ella, contestándole a Shino, pero fijando su mirada en Shikamaru.

—Está bajo control.

—Debéis encontrar a quienquiera que sea el responsable de alterarlo de esa forma. Me atrevo a decir que encontrarás al culpable entre los jóvenes. Una travesura de la que no tuvieron idea que podría haber causado serias consecuencias, no puede repetirse. —Ella se mordió el labio, observando al pobre caballo nervioso—. Siento que Naruto no estuviera aquí, él podría calmar a la bestia más rápido.

—Si nuestro laird estuviera de vuelta de la cacería, no creo que su primera preocupación fuera para su caballo —dijo Shikamaru con una mirada divertida.

Hinata hizo una mueca.

—Si tú lo dices. —Pero ella no estaba convencida del punto de vista de Shikamaru. En absoluto.

—¿Qué tiene a Zabuza de un humor más asqueroso de lo acostumbrado? —preguntó Shino—. Incluso con resaca, por lo general no es tan bastardo.

Shikamaru fulminó con la mirada al guerrero.

—Lo que quiero decir... —Shino tropezó inusitadamente con sus palabras.

Shikamaru observó la mano de Hinata que todavía se apoyaba en Haku.

—Creo que encontrarás la razón de la cólera de Zabuza en otra cosa que en el fondo del barril de whisky.

Hinata dejó caer su mano, sin entender realmente lo que tenía a Zabuza tan trastornado. Creía que se relacionaba con el descubrimiento de su secreto, ¿pero ahora Shikamaru insinuaba que Zabuza quizás estaba celoso? ¿De qué? ¿De su amistad con Haku? Eso no tenía sentido.

Él no era tan mezquino.

Sin una aclaración adicional, Shikamaru se llevó al caballo a las cuadras.

Haku observó el progreso del otro hombre durante varios segundos antes de sacudir la cabeza y suspirar. Él se dio la vuelta hacia Hinata.

—¿Estáis lista para volver al torreón?

—No creo que puedas llamar a todo un castillo de piedra un torreón —dijo ella, renovando la discusión que tuvieron la primera vez que llegó.

—Pero a los castillos se les cobra impuestos, mi señora.

—Entonces por supuesto, lléveme al torreón.

Finalmente así lo hicieron. Después de que varios miembros del clan les expresaron tanto su alegría porque Hinata no se hubiera hecho daño así como el aprecio por su inteligencia al apartarse del camino del caballo a pesar de su incapacidad para oír los gritos de advertencia.

Naruto regresó a la fortaleza justo antes de la cena. Su cacería había tenido éxito y entregó el jabalí a Sâra en las cocinas.

Ella elogió su habilidad como cazador y luego le miró con conmiseración.

—Lo siento tanto, laird.

—¿Qué es lo que sientes? —preguntó él, con poco interés. Sus pensamientos estaban en otra parte, donde habían estado todo el día.

—Que fuerais engañado para casaros con una mujer tan defectuosa como llena de engañosas artimañas. —Ella hizo un chasquido parecido a un tsk y sacudió la cabeza—. No sé por qué el resto del clan se comporta como si ella hubiera hecho una gran hazaña al engañarnos a todos.

Él tampoco lo hacía, pero estaba agradecido si eso era verdad. No tenía ánimos de proteger a Hinata de su propio clan.

Sin desear entrar en una discusión con la viuda, simplemente se encogió de hombros. Y luego no pudo menos que pensar que la acción habría hecho que su ángel lo mirara airada en vez de complacida como Sâra parecía estar.

Sintiéndose incómodo por la breve conversación sin un motivo aparente, Naruto se dirigió al gran salón para reunirse con sus guerreros y su esposa.

Ella ya estaba sentada en su lugar acostumbrado ante la mesa de banquete. Su cabello lucia como la medianoche, sus mechas eran suaves como si acabara de cepillarlos. Se había puesto una de sus blusas ribeteadas con su plaid y le sorprendió que hubiera hecho sus mejores esfuerzos para verse encantadora para él.

Al menos debía ser para él.

Él bajó la mirada hacia su plaid manchado con pequeñas gotas de sangre por llevar al jabalí y mentalmente se encogió de hombros. No era ninguna mujer para preocuparse por su aspecto, pero quizás podría haberse lavado el sudor de su cabalgata de regreso a la fortaleza antes de reunirse con ella en el salón.

Ahora no había nada que hacer en ese aspecto. Caminó hacia la mesa, su atención se fijó en su esposa.

Ella estaba sonrojada y parecía ligeramente afligida. Él frunció el ceño y escuchó lo que se decía. El salón estaba alborotado con algo referido a su caballo y esposa. ¿Ella había intentado montarlo? Él pensaba que el semental había mostrado mucha tolerancia hacia ella hasta ahora.

Ella alzó la vista con sorpresa en sus rasgos de porcelana cuando le tocó el hombro para avisarla de que estaba allí.

—Has vuelto.

—Como ves.

—¿Fue exitosa tu cacería?

—Sí. Mañana tendremos jabalí. —Lo habrían tenido hoy, pero el que él había matado el día anterior había sido devorado por otros depredadores. Tal como había esperado que sucediera cuando lo dejó allí para que ellos lo encontraran.

Tomó asiento junto a su esposa y se dirigió a Shikamaru.

—¿Qué ha pasado con mi caballo y mi esposa en mi ausencia?

—Alguien atormentó al semental hasta ponerlo nervioso y luego lo liberó de la cuadra en medio de un alboroto.

Naruto apenas había captado las palabras de Shikamaru cuando Shino dijo satisfecho:

—Vuestra esposa estaba justo en el camino del caballo.

Un gruñido subsónico de furia retumbó en su garganta, haciendo que los otros Kage alrededor de la mesa inmediatamente respondieran con gruñidos de sumisión. Únicamente el hecho de que ella estuviera sentaba allí aparentemente ilesa le impidió rugir su cólera.

Él se giró repentinamente para enfrentar a su esposa.

—¿Estás bien?

—Fresca como una rosa. —Incluso ella le sonrió.

—Alguien la salvó. ¿Quién? —le preguntó a Shikamaru.

—Ella se salvó. No oyó los gritos de advertencia, pero notó temblar la tierra bajo sus pies —dijo él con clara admiración.

Infiernos, Naruto estaba más que impresionado.

—¿Dónde estaba su escolta?

Por la mirada en el rostro de Shikamaru, esa era la primera vez que se había hecho la pregunta.

—No lo sé, Naruto. ¿A quién asignaste para que la escoltara hoy?

La memoria de Naruto voló hacia esa mañana y su salida de la fortaleza. No había asignado a nadie el deber específico de cuidar a su esposa. Él rotaba ese deber entre sus guerreros a diario, de tal forma que ninguno perdiera demasiado tiempo de entrenamiento. A pesar que no había asignado a un guerrero la tarea, su esposa sabía bien que no debía dejar el torreón sin escolta.

—Sabes que debes tener una escolta cuando dejes nuestra habitación —le reprochó.

Algo como la cólera pasó por sus hermosos ojos grises antes de que ella parpadeara y se hubiera ido.

—Nunca estuve sola.

—Si hubieras tenido una escolta, nunca habrías estado en peligro.

—Evité el peligro por mí misma. Lo he hecho así durante años.

—Es una carga para el clan. Cualquiera puede verlo —dijo Hiruzen furiosamente desde su alejado lugar en la mesa.

Naruto observó a su esposa para ver su reacción ante las palabras del anciano, pero ella parecía no haberlas notado. Se dio cuenta de repente de que ella raramente miraba en dirección de Hiruzen. Considerando el hecho de que no podía "escucharlo" si no lo veía, su comportamiento eliminaba efectivamente al guerrero cascarrabias de su atención.

Era un modo eficaz de tratar con la molesta incapacidad de su consejero para aceptar a su nueva señora. Naruto también tuvo que admirar la simplicidad e ingenio de Hinata.

Él se giró de tal forma que ella no pudiera ver sus labios y miró con el ceño fruncido a su consejero.

—Es mi esposa.

—¿Entonces que el clan se vaya al diablo?

—Cuidado con lo que dices, Hiruzen. Si vas demasiado lejos con tu prejuicio, te encontrarás viviendo con tu sobrina nieta en una cabaña atestada.

—El clan no estuvo en peligro hoy, sino nuestra señora —dijo Haku desde su lugar acostumbrado al otro lado de Hinata.

—No estuve en más peligro que los demás —afirmó Hinata, quien obviamente había leído los labios de Haku.

Hiruzen resopló, pero varios guerreros asintieron en acuerdo, estaba claro su respeto a su señora.

—¿Qué dijo el jefe de las caballerizas? —preguntó Naruto a Shikamaru.

—Él no vio a nadie.

—¿A nadie en absoluto?

Shikamaru sacudió la cabeza.

—Estaba entrenando a las yeguas jóvenes en el prado, así que no estaba cerca de los establos cuando tu caballo fue sacado.

—¿Y el semental?

—Muestra marcas de haber sido azotado en su flanco izquierdo.

Naruto soltó un gruñido que hizo que las cabezas de varios guerreros se alzaran bruscamente.

—¿Encontraste algún olor?

—Nada, aparte de los del jefe de caballerizas y su ayudante, y nada en las marcas de fusta.

Naruto frunció el ceño ante esto. Quienquiera que hubiera hecho la travesura claramente sabía lo suficiente para evitar ser descubierto al enmascarar su olor. Además, habían sido cuidadosos al manipular un implemento que no habían tocado cuando lo usaron al fustigar el caballo.

—¿Sospechas de uno de los muchachos?

—Podría ser. —Shikamaru era un hombre cauteloso y no acusaría sin algún indicio de culpa.

Ni siquiera a los jóvenes conocidos por sus travesuras.

A pesar de sentirse insegura de lo que su marido sentía hacia ella, Hinata encontró que la comida de la noche era sorprendentemente agradable. Se sentía más relajada que en cualquier otra reunión en la que hubiera comido en presencia de otros desde que bajó las escaleras por primera vez, después de su fiebre cuando tenía diez años. No necesitaba preocuparse más de que su secreto fuera revelado.

Liberarse de esta tensión era más que asombroso. Nadie se impacientaba con ella cuando se perdía algo que habían dicho. Todos actuaban como si su capacidad de entenderlos fuera un gran talento, que hacía de ella algo especial. No alguien maldita.

—¿Escondisteis vuestra sordera entre vuestra familia inglesa? —preguntó Shino, siempre el único curioso.

—Por supuesto. Sólo mi madre, mi padrastro y finalmente mi hermana más joven, Shion, lo sabían.

—¿Por qué ese "por supuesto"?

—En el mejor de los casos mi aflicción sería considerada una gran desgracia.

—¿Y en el peor de los casos? —insistió Shino.

—Muchos sacerdotes enseñan que sufrir de tal dolencia indica la posesión de un demonio.

—¿Entonces, son tan crédulos los sacerdotes ingleses? —preguntó Sora—. ¿Esperáis que creamos eso?

—Lo aseguro, es verdad. —Pero como deseaba que no fuera así—. La abadesa dice que gritan "demonio" cuando no pueden explicar por qué una fiebre deja a una persona sorda o ciega, cuando a otros no les afectan semejantes dificultades.

—Su abadesa habla como una mujer sabia —dijo Haku.

—Nunca la conocí. Sólo nos enviábamos cartas, pero la considero una amiga. Era la única persona además de mi hermana Sakura que me valoraba después de descubrir mi aflicción.

Naruto le cogió la cara e hizo que girara la cabeza hasta que sus miradas se encontraron.

—Deja de llamar a tu sordera una aflicción.

El resto del cuarto dejó de existir para ella.

—Es...

—Una dolencia, aunque no una grave en tu caso. Has aprendido a compensarla de formas asombrosas.

—No tuve otra opción. No quería vivir el resto de mis días en la celda de un convento. —Ella tembló ante la idea que todavía perturbaba sus sueños algunas noches.

—Tenías una opción, pero no te rendiste. —Él sacudió la cabeza, viéndose perplejo, pero ella no sabía porqué—. La única auténtica desgracia es la estupidez que tus padres mostraron al enterarse de que tus circunstancias habían cambiado.

—Sakura me protegió de la ira de mi madre. —Tanto como fue capaz.

—No debería haber existido ninguna ira. No causaste tu propia sordera.

—Ella siempre me culpó. Se suponía que haría un buen matrimonio y concretaría sus ambiciones sociales.

—Casarse con un laird debería complacer a cualquier madre.

—Hanna sólo estaba contenta por deshacerse de mí, pero mi hermana más joven, Shion, estaba celosa.

—Eso no importa. Ahora eres mía para protegerte.

Hinata lo contempló, insegura de cómo interpretar eso. Apenas ayer, le había dicho que no había ningún lugar para ella en el clan. Ahora actuaba como si no tuviera ninguna intención de desterrarla. Ella quería saber los planes de Naruto, pero no le preguntaría sobre ellos delante de sus guerreros.

Alguien debía haber dicho algo porque Naruto frunció el ceño y miró sobre su hombro. Él habló, apartando el rostro para que ella no pudiera leer sus labios. Hiruzen se levantó y salió airado del gran salón.

—Él hace eso con frecuencia —dijo ella quedamente.

Naruto devolvió su atención a ella.

—¿Qué?

—Hiruzen tiene una edad para ser reverenciada, pero actúa como un niño al marcharse así. —Ella se mordió el labio, esperando no haber ido demasiado lejos al criticar al anciano.

—Él pagó un gran precio cuando la segunda esposa de mi padre engañó a nuestro clan por su amante inglés.

Ella retiró su cara del agarre de Naruto suavemente y se giró hacia Haku, rechazando oír otra vez como debía soportar la responsabilidad de las atroces acciones de una mujer muerta.

—¿Cuándo se reúne la siguiente feria? —le preguntó al senescal en lo que esperaba no fuera un obvio intento por cambiar de tema.

—A inicios de otoño.

—¿Asistiremos?

—Los Namikaze siempre enviamos una delegación.

—¿Naruto no va? —preguntó Hinata, decepcionada—. Me habría gustado ir.

Haku miró de ella a Naruto y luego tuvo que morderse una sonrisa.

—Creo que a vuestro esposo le gustaría tener vuestra atención.

Ella se giró hacia Naruto, decidida a no contestar si hacía otro comentario sobre la infame Mei o la traición de los ingleses. Por la fiereza del ceño en su cara, eso era exactamente en lo qué él pensaba.

Ella sofocó un suspiro.

—¿Sí?

—¿Deseas asistir a la feria? —preguntó él, cada palabra era un gruñido.

El asombro agrandó sus ojos, pero no era ninguna tonta, pese a lo que Hanna dijera.

—Muchísimo.

—Entonces asistiremos.

—¿Veré a Sakura allí? —El entusiasmo corrió por ella.

El semblante de Naruto, que acababa de comenzar a despejarse, se volvió oscuro otra vez.

—No lo sé.

—Es mi hermana y la amo.

—Sé cuánto.

—Por favor, Naruto... —Le suplicó con los ojos que no ventilase sus pecados delante de sus guerreros.

—Me aseguraré de que el Uchiha sea consciente de nuestra intención de asistir.

Complacida por la bondad de su marido, lágrimas de frustración aún obstruían su garganta cuando se forzó a decir un simple "Gracias".

—No hay necesidad para agradecérmelo. Es mi deber asegurar tu felicidad.

En vez de sentir rechazo por su explicación para su bondad, Hinata se sintió contenta.

—Pocos maridos lo verían así. Eres un buen hombre, Naruto.

—Los Kage conocen sus responsabilidades para con sus compañeras.

—¿Es un amigo más importante que una esposa?

Él no contestó, decidiendo en cambio preguntarle a Shikamaru sobre el entrenamiento de los guerreros ese día.

Ella se inclinó hacia Haku y susurró:—Él puede ser muy brusco.

—Es el laird. No desperdicia palabras.

—¿Es una respuesta un desperdicio de palabras?

Cuando Haku se encogió de hombros, la expresión conocedora en sus ojos le dijo que él recordaba su queja sobre ese gesto particularmente tan favorecido por los guerreros de las Highlands.

Ella se rió tontamente y pronto él la imitaba.

Cuando la mirada de Hinata viajó sobre los otros comensales en el salón, encontró a Zabuza que la miraba con dagas en los ojos y sus risas tontas se desvanecieron. Ella no podía olvidar que junto con la confianza de su marido había perdido un amigo al descubrirse su secreto.

Después de eso, cansada, Hinata pidió excusas para retirarse.

—Le escoltaré a su recámara, mi señora —ofreció Haku.

Pero Naruto se puso de pie repentinamente.

—Subiré con mi esposa.

Hinata tomó la mano de su marido con algo de agitación. No estaba segura de querer desear estar a solas con él donde no dudaría en seguir reprochándole su engaño.

Él notó su vacilación y la miró ceñudo, su mano se cerró firmemente sobre la de ella. Ella miró hacia atrás a la mesa y vio que Zabuza le dirigía a Haku una mirada que tenía poco sentido.

El enorme guerrero parecía herido de algún modo, pero Haku no había hecho nada para ofenderlo.

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Continuará...