Antes de empezar, les recuerdo que siempre he tratado de ser lo más realista posible a la hora de escribir, y hago investigación sobre la mayoría de cosas que pongo en mis historias. Por eso a veces actualizar me toma tanto tiempo. Este pequeño discurso lo dejo aquí, porque quizás esta actualización no cumpla con las expectativas de algunos… pero bueno.
La próxima semana como estoy ocupada con otros proyectos (entre ellos la tercera parte de esta trilogía que empezó con Arte y música) no habrá actualización. La parte 3 la subiré el miércoles 22 de julio. Si esto cambia avisare por Facebook.
De momento es todo así que los dejo con el capítulo 15 parte 2
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CAPITULO FINAL.
PARTE II
"Desagradable" pensó Umi viendo otra mancha oscura en el piso, el sitio que su fan psicópata eligió era definitivamente desagradable, no solo por la falta de limpieza en especial en ese piso, donde a los olores del primero también se le sumaban el hedor a orina, cerveza rancia y comida podrida. Este nivel estaba lleno de basura y más grafitis, lo que llevó a la escritora a concluir que los responsables de aquello debían ser los vándalos que rayaron las paredes. Pero lo que definitivamente hacia más desagradable el lugar, eran los motivos enfermos por los que fue elegido. Umi apretó los labios y frunció el ceño mientras con la mirada seguía un rastro de manchas oscuras –probablemente sangre– hasta el baño de la casa.
–Nada. –murmuró Shigeru saliendo de una habitación. Se había empeñado en revisar el piso sólo para estar seguro. Le ponía muy nervioso la ausencia de ruidos, sin contar el que ellos hacían, inclusive comenzaba a dudar que su exjefe estuviese en la propiedad. Iluminó las escaleras que iban al tercer nivel. La mayor reaccionó lo más rápido que pudo dándole un manotazo al chico antes de llegar a la mitad de la escalinata.
–¿Qué haces? –susurró Umi– Prácticamente le estas avisando que estamos aquí. –miró hacia arriba. La puerta de trampilla estaba abierta, no pudo notar ningún movimiento pero gracias a la oscuridad, no podía estar segura de sí los estaban esperando o no.
–Lo-lo siento. –tartamudeó el joven.
La escritora desactivó la aplicación de linterna– Vamos a terminar con esto. Necesito que ilumines el camino. –esta petición la hizo con doble intención; para centrarse en el homicida y mantener al chico a salvo, o por lo menos en el peor de los casos dejarle el camino libre para escapar.
–Muy bien. –aceptó Shigeru mientras apretaba la patineta en su costado izquierdo inconscientemente pues esto le daba cierta sensación de seguridad. Era como tener un escudo.
Comenzaron a subir los escalones y estos crujieron bajo sus pies. Fue entonces que Umi se dio cuenta que las probabilidades de tomar por sorpresa al mecánico eran muy bajas y que en cuanto su cabeza se asomara en el desván sería un blanco fácil, pero ya no había marcha atrás. Con ambas manos sujetó con firmeza el mango de su espada de madera, mientras continuaba subiendo. Llegando ya casi al final, comenzó a experimentar cierta sensación familiar que todos los que practican artes marciales sienten justo antes de ejecutar o recibir el primer golpe en un combate. Instintivamente apretó aún más su bokken y con decisión entró en la zona de peligro. La vista tarda en adaptarse a la oscuridad, ese hecho era algo que la escritora tuvo muy presente antes de siquiera llegar a la mitad de la escalinata, por eso fue que dejó que su cuerpo se moviera solo justo cuando el zumbido de algo cortando el aire llegó a sus oídos.
Un golpe sordo hizo eco en el lugar, apenas y había podido bloquear el golpe que iba directo a su cabeza.
Umi avanzó haciendo que el mecánico retrocediera un par de pasos. El hombre estaba sorprendido por la reacción inmediata de la escritora y eso le dio tiempo a Umi de terminar de subir las escaleras. Akira se acercó y lanzó otro batazo. La luz del celular de Shigeru ya estaba iluminándolos y eso ayudo a que Umi desviara al piso fácilmente el ataque con ayuda de su bokken, dio un paso al frente y encajó con fuerza la punta de su arma en el pecho de su agresor. Este retrocedió quejándose y cubriendo con su mano el área dañada como si de alguna manera pudiese ayudarle a mitigar el dolor.
"Wow" pensó Shigeru sólo asomando en el desván su cabeza y su mano con el celular. Ahora comprendía por que la escritora solo trajo con ella "un trozo de madera" para protegerse.
Umi tenía ambos brazos entumidos, el psicópata la había atacado con toda su fuerza. Al principio, cuando tomó la espada "prestada" del dojo de su familia, tuvo miedo de que estuviera demasiado oxidada para defenderse. Ya no practicaba con la frecuencia que lo hacía cuando era una estudiante. Afortunadamente la experiencia ganada en todos los torneos en los que participó en el pasado, le dejaron unos excelentes reflejos que acababan de salvarla de una horrible caída, o inclusive de morir.
–¡¿Qué hace él aquí?! –rugió Kasuga señalando con el bate al chico que ya tenía medio cuerpo en el desván. Umi y Shigeru se estremecieron, pues no esperaban ese arranque de ira– ¡Te dije que sin ayuda!
–Yo no la dejé venir sola. –declaró impulsivamente el joven terminando de subir los escalones y parándose junto a Umi– No podía dejarla venir sola después de encontrar su escondite en la oficina del taller. –sacó del bolsillo de su pantalón las fotografías que había tomado de la guantera antes de abandonar el auto de la escritora varios minutos atrás.
Akira no necesitó acercarse para verlas bien, sabía a qué se refería el menor, y su enojo se mezcló con decepción. La escritora no resolvió el caso, Shigeru le dijo quién era el asesino. –¡Tramposa! –acusó el mecánico. Tomó el bate por encima de la empuñadura –para evitar que topara con el techo– lo levantó por encima de su cabeza y lo descargó con toda su fuerza sobre Umi.
Ella logró bloquearlo con su bokken usando una mano en la empuñadura y apoyándose con la otra en la hoja de madera de la espada.
–Él te lo dijo.
–Aizawa-kun solo confirmó lo que ya sabía.
Akira volvió a repetir el golpe y Umi lo aguantó lo mejor que pudo– Lo descubrí por mí misma. –insistió la escritora– En los correos que me envió aportó dos importantes datos que me ayudaron a descartar a los otros dos sospechosos. –su fan psicópata liberó un poco de presión entre el bate y la espada. Parecía interesado en lo que ella tenía que decirle. La escritora miró de reojo a Shigeru, la atención de chico estaba totalmente en ellos en lugar de ir con la niña y ponerla a salvo.
El espacio en el que se encontraban era muy reducido, pero el joven tenía la complexión lo suficientemente delgada para esquivar al mecánico sin alertarlo. Volvió su atención al hombre frente a ella. Estaba esperando que siguiera hablando, se le vino a la mente todas las veces que le había tocado leer en un libro o ver en una serie o película al villano de turno contando –de una manera ridícula y poco realista–su plan maestro y al héroe esperando pacientemente a que terminara toda la explicación. Lo que estaba a punto de hacer estaba al mismo nivel, pero le ayudaría a ganar un poco de tiempo, y esperaba que Shigeru reaccionara y se moviera. Se sentía agradecida con su oponente por estar tan obsesionado con ella y su estúpido juego "Clue" en live action. Ya que eso les daría una oportunidad– Los datos más importantes que me brindó en su afán por querer presionarme para que me apurara con la investigación, me ayudaron a descartar primero al técnico. –comenzó con su explicación mientras apretaba la empuñadura de su espada con su mano derecha y continuaba sosteniendo la hoja de madera con la palma de su mano izquierda preparándose en caso de que el mecánico decidiera continuar con su ataque– En la primer narración que recibí donde me presumió que ya tenía una nueva víctima mencionó el tipo de música que le gustaba escuchar y eso me llevó a recordar un dato que la madre de Yukari Shitara mencionó sobre la música que escuchaba su hija y lo confirme releyendo el primer documento que me mando con todos los casos. En la casa de Yanagi Yukinari encontré una amplia colección de casetes y discos de vinilo guardados ordenadamente en los cajones de su escritorio, sin embargo todos eran de rakugo(1). Para descartar al otro sospechoso releí –por veinteava vez–todos los casos como si fuese la primera vez y prestando atención a cada pequeño detalle, fue así que encontré uno en específico que estuve obviando todo este tiempo y era muy importante. El asesino fuma, y teniendo en cuenta la personalidad que mostraba en las narraciones y con sus acciones, estaba segura que no dejó ese vicio. Fue gracias a ello que pude descartar al escritor Tachi Miroku. Según lo que me dijeron sus vecinos a él rara vez se le ve fuera de su propiedad y pude confirmarlo en la visita que le hice. Noté que mantiene todas las ventanas cerradas –y suponía que también tenía sus puertas bajo llave– aquello provocó que la falta de ventilación permitiera que los olores en el ambiente se concentraran y que por desgracia cuando me abrió la puerta fuese capaz de percibirlos todos de golpe. –Umi hizo una mueca de desagrado al recordarlo– El hedor a sudor y humedad eran los más fuertes y fáciles de reconocer, había un par más que prefiero nunca saber su origen, pero volviendo a lo importante no fui capaz de detectar el aroma a humo de cigarro. Eso no era suficiente para concluir si el fuma o no, sin embargo si pude inferirlo gracias a cierta costumbre que poseo y creo comparto con todas las personas creativas. –la escritora miró de reojo a Shigeru, el chico aun no se movía, estaba prestándole su total atención y esto irritó un poco a Umi, pero luego pensó una vez más en el reducido espacio donde estaban, eso dificultaba las cosas y creyó que quizás valoró mal la situación no era tan fácil pasar al homicida que tenía enfrente. Afortunadamente el mecánico parecía querer continuar esperando a que siguiera con su explicación. "Por supuesto que eso quiere" dijo internamente "Es por eso que contacto conmigo en primer lugar". –Para crear personajes y situaciones realistas, se debe ser observador y es gracias a ello que por costumbre me fije en la dentadura de Tachi-san y me percaté que sus dientes estaban manchados. Aquello es común en gente que toma mucho café o que fuma, al compartir el mismo oficio sé la frecuencia con la que se ingiere cafeína, a veces cuando tienes demasiadas ideas –o falta de ellas– para evitar quedarte dormido y seguir escribiendo solemos recurrir al café –o algo menos sano; bebidas energéticas–. Fue cuando vi sus manos, más específicamente sus dedos que pude confirmar que no fumaba ya que no estaban manchados. En ese momento ese dato no me aportó nada hasta que hice la revisión final del caso, y así me quedé solo con usted como único sospechoso.
Kasuga Akira esbozó una sonrisa satisfecha– Así que por eso supiste que era yo. –afirmó.
–Sin embargo no era suficiente, no podía ir a la policía solo con lo poco que tenía y decirles que me pareció percibir olor a humo en su oficina del taller y que su área de trabajo no se limita solo a la prefectura donde vive, si no que se desplaza por todo Tokio.
El mecánico descargó un potente golpe con su bate contra la espada de madera, y esta vez para horror de Umi se escuchó un crujido. La escritora se separó y retrocedió un par de pasos cortos quedando al filo de la escalera, justo junto a Shigeru. Revisó su bokken y notó que tenía una cuarteadura justo a la mitad. Por un segundo sintió que se iba a desmayar al pensar que si salía viva de esa su padre seguro la asesinaría. La adrenalina que corría por su torrente sanguíneo debido a la situación en la que estaba evitó que perdiera el conocimiento, pero su expresión de pánico absoluto no pasó desapercibido para ninguno de los dos hombres en la habitación, el mayor soltó una carcajada aterradora y estridente.
El chico dio un respingo aterrorizado por el ataque de risa del mecánico y se preguntó si al maniaco frente a él no le importaba que alguien fuera de la casa los escuchará.
Aparentemente Shigeru se expresó en voz alta ya que el asesino se tranquilizó lo suficiente para responderle– ¡Oh! Sí que me importa Ai-chan, pero no estoy preocupado. En primera por la hora, no hay mucha gente por esta zona. Y sabes, la noche de los asesinatos había más personas cerca de esta propiedad. En la casa que está pegada junto a esta vivían la madre, la hermana y el cuñado de Yasuko Miyazawa, y todo lo que escucharon fue un golpe, solo eso, los gritos de ayuda y el llanto de sus familiares no llegó a ellos. Por eso no me importó lo mucho que la niña chilló –dijo señalando a la menor inconsciente a unos pocos metros detrás de él.
Shigeru no pudo soportarlo más y arremetió contra él intentando golpearlo con la patineta. Akira reaccionó rápidamente dándole un potente batazo que lo dejó boca abajo en el sucio suelo. En el proceso, el joven perdió la patineta y el celular con el que había estado iluminando el lugar, el mecánico no perdió tiempo y pisoteó el aparato destrozándolo y lo apartó del medio de una patada.
Ahora todo lo que iluminaba la habitación era la luz de uno de los postes de la calle que alcanzaba a filtrarse por las viejas y polvorientas cortinas detrás de Umi. No era mucho, pero tenía que ser suficiente.
Shigeru gimió mientras se retorcía en el piso sosteniendo su cabeza.
–Aizawa-kun, quédate quieto. –le pidió la escritora al chico, este hizo caso, pero solo porque todo le daba vueltas.
Umi se arrodilló junto a él sin apartar la mirada de Akira– En cuanto puedas moverte –murmuró– Ve a ver cómo está la niña, yo me haré cargo de él. –no aguardo por una respuesta y esperando que el chico tuviese la condición para cumplir su petición volvió a ponerse de pie sosteniendo su espada por la empuñadura con ambas manos.
El mecánico no esperó mucho antes de comenzar a lanzar golpes al azar, ella bloqueó los que pudo, desvió y esquivó el resto. Cuando volvió a escuchar crujir su espada perdió un poco la concentración, aun así siguió resistiendo el ataque. Shigeru ahora estaba sentado en el piso, intercalando su atención entre la pelea y la niña en el piso, esperaba que llegará el momento idóneo para moverse.
Umi notó que no había manera que el chico pudiese llegar a la infante sin salir lastimado en el proceso, por lo que decidió que era el momento de pasar a la ofensiva. Cambió su postura a una que obligó a retroceder al menor, ya que amplió su rango de ataque y respuesta. Su oponente no pareció notarlo y lanzó su siguiente golpe, el cual la escritora estaba esperando, lo esquivó y rápidamente asestó un contundente golpe en el rostro del hombre, justo en la nariz, aunque no era ahí donde había pretendido darle, era un buen punto vital.
–¡Sonoda-san! –la llamó Shigeru que ya estaba junto a la niña, se escuchaba angustiado– Creo que no está respirando.
Umi tomó el bate del piso –por si acaso– y corrió hacia los menores. Se arrodilló junto a Yukana y le tomó el pulso. Suspiró aliviada, era normal que por los nervios el chico no hubiese revisado adecuadamente los signos vitales, además aún estaba afectado por el golpe en la cabeza– Está viva. –le informó al menor, sintió como su cuerpo se comenzaba a relajar.
El joven no pudo contenerse y comenzó a llorar aliviado– Me alegro tanto.
–Yo tam… –Umi no pudo terminar de hablar, sintió un dolor punzante en su espalda y se giró topándose con el rostro ensangrentado de Kasuga Akira.
Luego de que Umi le fracturara la nariz, él se dejó caer y fingió estar inconsciente. El insoportable dolor le ayudó a no perder los estribos y darse un momento. Gracias a ello se dio cuenta de la terrible verdad, no había manera que lograra ganarle a la escritora en un combate uno a uno. Ella realmente sabía pelear, no solo usar la fuerza bruta como él.
Por eso una vez que Umi le dio la espalda esperó un par de segundos, sacó la navaja que siempre llevaba con él –para cortar el cinturón de seguridad en caso de sufrir un accidente automovilístico– se acercó arrastrándose sigilosamente y lo clavó en la espalda de la escritora, lo más profundo que pudo.
Umi intentó hablar, pero solo salió un gorgoteo de su boca. El mecánico se puso de pie, le sacó el cuchillo y pateo con fuerza a la escritora justo en las costillas, casi pudo escuchar cómo se rompía un par seguido del ruido metálico del bate cayendo al piso. Umi quedó tendida en el suelo tosiendo sangre, fuera de combate, pero aun aferrada a su bokken.
El psicópata tomó su bate y vio al joven aterrado frente a él, Shigeru reaccionó arrojándose sobre la niña protegiéndola con su cuerpo.
Akira lo tomó del cabello y lo hizo levantarse– ¡Hey, Ai-chan! –lo saludó– ¿Sabes que se me acaba de ocurrir?
–Odio que me diga así. –masculló el chico.
–Creo que sería divertido romperte las piernas. –prosiguió ignorando las palabras del chico– Luego terminaré con la niña y después te llevaré al taller para mostrarte un interesante video que filmé hace 5 años..
–¡Maldito enfermo! –exclamó el chico lanzando un puñetazo con todas sus fuerzas volteando la cara del mecánico por el impacto.
Él hombre sonrió y miró a Shigeru a los ojos– Será mejor que también te rompa los brazos.
Aun jalando del cabello al menor, lo arrastró hasta su maleta donde tenía cinta aislante, el chico intentaba resistirse con todas sus fuerzas tirando en sentido contrario, hasta que de repente ya no. Escuchó un ruido sordo y el alarido de Shigeru, que se debió a que el menor había caído al suelo.
Entonces…
Comenzó el dolor.
El insoportable dolor.
Chillando, el mecánico trajo su mano hacia sí mismo descubriendo con horror que había sido cercenada con un único corte limpio. La sangre que salía a borbotones sin control salpicó todo el piso a su alrededor y gran parte de su ropa.
Umi apenas podía sostenerse en pie, tenía una katana de empuñadura de madera entre sus manos y la hoja metálica estaba ensangrentada. Ella le había quitado la funda de madera para proteger a los dos menores en la habitación. Con las heridas que tenía ya no podía moverse ágilmente, por eso agradecía que la katana siempre estuviese bien cuidada y afilada. La espada de la familia Sonoda no había sido usada para cortar a alguien desde 1868 justo al inicio de la era Meiji(2), mucho tuvo que ver la prohibición de portar espadas la cual su familia acató disciplinadamente. Umi esperaba que su padre comprendiera que manchar su reliquia familiar fuera por una razón noble –proteger al inocente– y no la reprendiera más de lo que ya estaba segura que haría.
El hombre seguía gritando e intentó detener el sangrado cubriendo su extremidad amputada con su playera y ejerciendo presión con la mano que aun tenía.
La escritora comenzó a sentirse mareada y cayó de rodillas, sin dejar de sostener su espada en dirección al asesino en una amenaza silenciosa. Respirar comenzaba a ser extremadamente difícil y doloroso. A lo lejos le pareció escuchar sirenas policiales y tal vez también una ambulancia. Deseo con todas sus fuerzas que no se tratara de una alucinación ya que no podía más. Miró a Shigeru Aizawa sentado en el piso observando como el asesino de su hermana menor se retorcía, chillaba y berreaba. El sujeto ya no se veía tan intimidante.
Quiso llamar al chico, pero solo salió más sangre de su boca, su vista se nubló y finalmente todo se volvió negro.
1. Rakugo es el arte tradicional japonés de los monólogos humorísticos. Durante el período Edo (1603-1868) diversos tipos de personas se dedicaban a los monólogos humorísticos para divertir a las masas. Hoy, en cambio, se ha convertido en un arte que desarrollan unos profesionales denominados rakugokas.
2. Era Meiji denota los 45 años del reinado del emperador japonés Meiji. Durante este período, el país comenzó su modernización y occidentalización erigiéndose como potencia mundial. El nombre significa "Era de culto a las reglas".
