Llegó el momento de volver a la vida "normal", si es que se le podía llamar así.

Syaoran no estaba seguro de si era una buena idea, pero tanto Sakura como Eriol lo convencieron de que ya estaba preparado.

Hacía bastante que se habían terminado las fiestas navideñas, pero a él le habían dado dos semanas más de vacaciones en la universidad por la excusa perfecta.

Se acababa de casar.

*Dos semanas antes*

-Estoy nervioso, no me veo preparado-.

-Tienes razón, aún no lo estás-.

Syaoran suspiró y miró a sus amigos.

Estaban comiendo los cuatro juntos en la casa cueva de Tomoyo y Eriol.

En dos días Syaoran debía volver al trabajo y todavía no se sentía preparado para ello.

Ya controlaba sus cambios de humor mucho mejor, pero todavía le daba miedo que algo pudiera alterarlo lo suficiente para que se transformara en lobo delante de todos, poniendo en peligro la vida de los humanos y el secreto de su condición.

La tarde anterior habían hecho la prueba de quedar en Tokio con Chiharu y Rika para que Syaoran las conociera, y todo salió bien.

Pero no quería quedarse a solas con los humanos, estar dando una clase con decenas de ellos... lo veía demasiado peligroso.

Volvió a suspirar y sus ojos volaron hasta Sakura, que estaba sentada justo enfrente.

Recorrió las líneas de su rostro, que se encontraba algo tenso porque estaba hablando con Eriol sobre lo que podían hacer para ayudar a Syaoran a volver a la universidad.

Después siguió observando sus ojos verdes, las largas pestañas negras que los enmarcaban, y bajó la vista hasta sus labios.

El corazón de Syaoran se aceleró.

(Joder, todavía me sigo descontrolando solo con mirarla).

Sakura giró la cabeza hacia él y sonrió.

(Me gusta que te pase eso).

Syaoran levantó las cejas al escuchar la voz de Sakura en su mente.

(¿Me has oído? No quería que lo hicieras).

(Pues yo creo que sí querías).

Syaoran le devolvió la sonrisa y siguió observándola un poco más.

Bajó la vista por su cuello, donde se podía ver su marca, y siguió por sus brazos hasta que llegó a las manos, que las tenía apoyadas en la mesa.

Miró fijamente el anillo de compromiso que llevaba puesto y frunció el ceño.

-Sakura, quiero que nos casemos ya-.

Los tres dejaron de hablar y lo miraron.

-Pero si ya estáis casados- respondió Tomoyo, dejando salir una risita.

-No como los humanos- dijo Syaoran.

Se hizo el silencio durante unos segundos.

-Syaoran... tú ya no eres humano- murmuró Eriol en voz baja.

-Me da igual, lo he sido casi 25 años y siempre he querido casarme con el amor de mi vida-.

Sakura enrojeció y bajó la mirada un momento.

Cuando volvió a mirar a Syaoran estaba sonriendo.

-¿Cuándo quieres que lo hagamos?-.

Syaoran la miró a los ojos y levantó una ceja.

-Ahora-.

Tomoyo y Eriol empezaron a reírse.

-Syaoran, ya sabes que preparar una boda lleva bastante tiempo. No se puede hacer de un día para otro- dijo Tomoyo con una sonrisa divertida.

Syaoran puso los ojos en blanco.

-No necesito que sea una gran boda, lo único que quiero es que sea con ella-.

Esta vez fue Eriol el que puso los ojos en blanco.

-Estás demasiado enamorado, nada más que dices tonterías de humanos-.

Sakura le dedicó a Eriol una mirada de odio y sujetó la mano de Syaoran.

-Es mi humano, y yo también quiero. Si él quiere que sea ya, lo será. ¿Me ayudarás a encontrar un sitio, Tomoyo?- preguntó desviando la vista a su amiga.

-Yo conozco varios, recuerda que soy abogado- respondió Eriol.

-Pues entonces te encargo a ti que nos pidas una cita. Le diré a mi padre y a Sonomi que vengan, tal vez avise a Chiharu y a Rika-.

Eriol asintió y sacó su teléfono, levantándose para hacer una llamada.

Sakura miró a Syaoran, que estaba sonriendo.

-Y tú... ¿Vas a querer avisar a alguien?-.

La sonrisa de Syaoran se borró de inmediato.

-No creo que nadie de mi familia quiera venir-.

Sakura le apretó la mano con cariño.

-Por probar no pierdes nada-.

Syaoran suspiró y también se levantó, sacando su teléfono del bolsillo.

Con manos temblorosas marcó un número y esperó.

Mientras, Sakura y Tomoyo hablaban de lo que la primera debería llevar puesto.

-Sé que a Syaoran le gustó mucho mi vestido rojo, pero lo destrocé aquel día al transformarme- murmuró Sakura, resoplando.

-Tal vez podemos buscar uno parecido... ¿Sabes cuál es su color favorito?-.

Ella asintió.

-El verde-.

Tomoyo sonrió de forma traviesa.

-Vale, yo me encargo de todo. También buscaré algo para él-.

-Mañana por la mañana iré a buscar unos anillos, a ver si consigo sorprenderlo- susurró Sakura.

Las dos observaron a Syaoran, que seguía hablando por teléfono de espaldas a ellas.

Eriol volvió a sentarse enfrente de Tomoyo.

-Mañana por la tarde, a las cinco- dijo con gesto serio.

-Nuestra primera boda humana- murmuró Tomoyo, emocionada.

Los tres se rieron en voz baja.

-Oye, Tomoyo... si te gusta tú y yo también podemos hacerlo-.

Ella sonrió.

-Tal vez-.

Syaoran lanzó el teléfono contra el sofá y se sentó de nuevo junto a ellos, enfadado.

-¿Qué ha pasado?- preguntó Sakura.

-Cuando le he contado a mi madre que me voy a casar contigo me ha colgado. Se acabó, no quiero volver a saber nada de ella- gruñó, alterado y tembloroso.

Sakura se levantó y se acercó a él, sentándose en su regazo para abrazarlo.

-Ella se lo pierde, además ahora todos nosotros somos tu familia-.

Syaoran correspondió a su abrazo y poco a poco se fue relajando hasta que dejó de temblar.

-Mañana a las cinco, mago- le dijo Eriol.

El chico asintió.

-¿Vosotros vendréis?- preguntó.

-Por supuesto, ¿Qué pregunta es esa?- respondió Eriol, molesto.

Syaoran se encogió de hombros, todavía abrazado a Sakura.

-No lo sé, supongo que estas cosas a vosotros no os interesan mucho-.

-Si es importante para ti, también lo es para todos nosotros- respondió Tomoyo guiñándole un ojo.

Poco después, Sakura y Syaoran se despidieron y volvieron a su casa cueva.

Pasaron la tarde reparando los agujeros que quedaban en la pared del cuarto, los muebles los habían cambiado hacía una semana y ya apenas quedaban señales del intenso despertar lobuno de Syaoran.

Al día siguiente, todos se encontraban en uno de los edificios más grandes de Tokio, en el recibidor.

Estaban esperando a Sakura y a Tomoyo, que habían pasado el día en la ciudad y se reunirían con ellos allí.

-Mejor vamos subiendo, Tomoyo dice que ya llegan- dijo Eriol, guardando su teléfono en el bolsillo de su traje.

Los seis (Eriol, Syaoran, Sonomi, Fujitaka, Chiharu y Rika) se subieron a uno de los ascensores y Eriol pulsó el botón de la última planta.

Cuando se bajaron, Syaoran alucinó.

Se encontraban en una planta 60, las paredes eran de cristal y tenía vistas de toda la ciudad.

Incluso se veía el atardecer a lo lejos, entre las montañas.

-¿Te gusta el sitio?- le preguntó Eriol, dándole un codazo.

Syaoran le dio otro codazo y sonrió.

-Me encanta, es perfecto-.

Eriol se acercó más para que solo él pudiera escucharlo.

-Tu lado humano sigue siendo fuerte, intenta mantenerlo así siempre-.

Syaoran asintió, él se seguía sintiendo bastante humano.

El ascensor volvió a abrirse y Syaoran tuvo que contener la respiración.

Sakura salió llevando un vestido verde oscuro que le llegaba por encima de las rodillas, era entallado hasta la cintura y tenía la espalda al aire.

Ella también se tensó al ver a Syaoran vestido de traje.

(Luego te lo arrancaré) escuchó Syaoran en su mente.

(No si te lo arranco yo primero) respondió él a Sakura.

Los dos sonrieron levemente al escucharse.

Todos se sentaron alrededor de una gran mesa y el notario leyó las aburridas leyes matrimoniales.

Después les tocó firmar varios papeles, y también firmaron Tomoyo y Eriol como testigos.

Tras recibir felicitaciones de todos, se fueron juntos a cenar a un restaurante italiano que había cerca de allí para celebrarlo.

Después de pagar la cuenta, Syaoran se dirigió a la salida donde los estaban esperando todos.

Chiharu y Rika se despidieron, pidiendo un taxi para marcharse juntas a casa.

-Venid con nosotros en el coche, así dejamos a la parejita a solas un rato- propuso Sonomi mirando a su hija.

Ella y Eriol asintieron y también se despidieron.

Cuando se quedaron solos, Syaoran entrelazó su mano con la de Sakura mientras caminaban hasta donde ella había dejado aparcado su coche.

Después de subirse, Sakura no puso la llave en el contacto.

-Tengo algo para ti-.

Syaoran la miró algo extrañado.

Ella abrió el bolso pequeño que llevaba y sacó una caja negra.

Al abrirla, Syaoran vio que dentro había dos cadenas de plata muy finas con algo colgando.

-Hay uno para ti y otro para mí, prefiero que los llevemos de collar para no tener que estar pendientes de él cada vez que nos transformemos-.

Sakura se puso uno de los collares y le pasó el otro a Syaoran por el cuello.

El chico miró lo que había colgando y vio que era un anillo de oro blanco.

Por dentro tenía grabado "S&S" y una fecha del mes de septiembre del año anterior que Syaoran no entendió.

-¿Qué pasó ese día de septiembre?- preguntó, mirando a Sakura.

-Fue el día que te encontré-.

El corazón de Syaoran empezó a latir mucho más rápido y sus ojos empezaron a brillar.

-Tranquilo, aquí no puedes hacer lo que estás pensando o destrozaremos el coche- murmuró Sakura, riéndose al sentir que él estaba a punto de explotar de deseo.

-Entonces conduce rápido- gruñó Syaoran sin quitarle la vista de encima.

Ella levantó las cejas de forma sugerente y arrancó.

Veinte minutos después ya habían salido de la ciudad y empezaban a subir por las montañas.

Pero en lugar de seguir por la carretera que llevaba hasta su pequeña ciudad de casas cueva, Sakura giró y se metió por un camino.

Syaoran la miró alzando una ceja pero no dijo nada.

Al adentrarse en un pequeño valle, Sakura detuvo el coche bajo un gran árbol.

-Ven conmigo-.

Syaoran salió del coche y empezó a seguir a Sakura, que se había quitado los zapatos y estaba corriendo a toda velocidad.

Consiguió alcanzarla y tiró de su brazo hasta que ella dejó de correr.

-¿A dónde vamos?- preguntó con curiosidad.

-Ya hemos llegado- respondió ella.

Syaoran miró al frente y vio que estaban en una pequeña llanura, donde había un lago no muy profundo y, al no haber luces, se veía perfectamente la vía láctea sobre ellos.

Sakura se acercó a él y recorrió su cuello con los dedos.

-¿Qué tal si hoy nos volvemos locos aquí? Así no volveremos a romper nada- murmuró con una sonrisa divertida.

Syaoran frunció el ceño.

-¿Venías aquí con Yukito?-.

-No-.

-¿Y con los otros de los que no sé ni sus nombres?-.

-Nunca te los diré, ya tengo bastante con que estés celoso de Yukito. Y no, antes me gustaba venir para estar sola, pensar y bañarme-.

Syaoran relajó la expresión y bajó la cabeza hasta juntar su frente con la de Sakura.

-Prometo no volver a ponerme celoso, ya sé que eres solo mía- susurró mientras tocaba el anillo que colgaba del cuello de Sakura.

Ella sonrió.

-Este es mi lugar especial, nadie más lo conoce-.

Syaoran empezó a bajar la cremallera del vestido de Sakura.

-Me gusta demasiado este vestido para romperlo- murmuró mientras empezaba a morder su oreja.

Sakura tiró de la camisa de Syaoran haciendo que los botones salieran disparados en todas direcciones.

-Pues a mí me da igual tu traje-.

Él bajó los tirantes del vestido de Sakura dejando varios besos por sus hombros.

-Estás demasiado tranquilo- le dijo ella mientras terminaba de romper su chaqueta.

-Quiero ver si soy capaz de controlarme- respondió Syaoran.

El vestido cayó al suelo y los ojos de Syaoran empezaron a brillar.

-Creo que no vas a poder- murmuró Sakura, reprimiendo la risa.

-Sí que puedo- gruñó él, levantando la vista para mirarla.

Cuando lo único que les quedó puesto fueron sus nuevos collares, Syaoran cogió a Sakura en brazos y ella enrolló las piernas en su cintura.

Sin dejar de besarla empezó a caminar hasta que estuvieron metidos en el lago, con el agua llegando por sus hombros.

-Esto de no sentir frío es genial- susurró Syaoran, recordando que todavía estaban en Enero y era pleno invierno.

Sakura rodeó su cuello con las manos.

-Podemos venir aquí siempre que quieras-.

El chico sonrió.

-¿Cuánto se tarda si venimos corriendo desde nuestra ciudad?-.

Sakura levantó una ceja.

-Unos quince minutos-.

-Entonces vendremos todas las noches-.

Sakura empezó a reírse hasta que Syaoran la calló con un beso.

-Me ha gustado mucho tu regalo, la verdad es que no había pensado en los anillos- le dijo al separarse de ella.

-Los humanos se los ponen, por eso imaginé que te gustaría-.

Sakura levantó su mano izquierda y miró su anillo de compromiso, suspirando.

-Me va a dar mucha pena no volver a llevarlo-.

Syaoran frunció el ceño.

-¿Te lo vas a quitar?-.

-¿Puedo seguir llevándolo puesto?- preguntó ella, algo confundida.

-Pues claro, muchas chicas lo hacen-.

Ella se lo quitó del dedo y abrió el broche del colgante, metiendo ahí el anillo.

-Así no habrá riesgo de que lo pierda si me transformo-.

Syaoran sujetó los dos anillos que llevaba Sakura en el cuello y la miró a los ojos.

-Bueno, se acabó lo de controlarse- gruñó, sumergiéndose del todo en el agua junto a ella.