Yuri on ice no me pertenece es de Kubo, esta obra esta hecha por una fan para fans con el fin de entretener.

Capitulo 22 EL BABY SHOWER DE LOS HIJOS DEL REY


Jamás había asistido a un baby shower, ni siquiera al de Yuuko, quizás porque en ese tiempo aún no trabajábamos juntos ni éramos amigos y yo todavía la veía como una omega rompe compromisos. No soy prejuicioso pero cuando tocan a un amigo querido uno reacciona de forma egoísta. Me dolió lo que le pasó a Seung-Gil y por eso me costó hacer amistad con ella.

No tengo claro qué es lo que se hace en una fiesta de éstas, he escuchado cosas pero no es lo mismo que estar presente. Bueno, ya tenía los regalos, al saber que son dos pequeños varones es más fácil saber que obsequiar, les compré bebecreces azules que veían a juego, uno con el número 1 y el segundo con el número 2, la vendedora me dijo que eran muy prácticos al momento de alimentarlos, así la madre no se equivoca y le da de comer dos veces al mismo cachorro. Debe ser un lío, no quiero ni imaginármelo, he cuidado bebés antes.

Esa visita a la tienda me llenó de alegría, ver tantas ropitas y accesorios para bebés, me hizo sonreír mucho, lástima que al ver los precios algo se estrujó en mi corazón. No puedo adquirir mucha de esa ropa, serán solo conjuntos sencillos y de los más económicos. Incluso, con toda la pena del mundo voy a comprar algunas cosas de segunda mano. He visto por internet que algunas madres venden lotes completos de ropitas de sus cachorros porque han crecido. Bebé Katsuki va aprender a ser modesto a temprana edad.

El sábado papá me llevó a la fiesta, la casa de Isabella está en una de las mejores zonas de la ciudad, la más moderna, llena de jardines y construcciones cuadradas pero con espacio para zona de juegos infantiles y amplios parques.

Al llegar fui recibido por la anfitriona, quien me presentó a su alfa, un alto y atlético moreno con un corte de cabello extraño. Su sonrisa era contagiosa, llevaba en brazos a una pequeña de no más de tres años.

—Encantado de conocerte Yuuri, puedes llamarme JJ— me guiñó un ojo mientras me daba un like con la mano. Es extraño pero se nota que es bastante sociable y le gusta llamar la atención.

Me dediqué a cuidar de su pequeña hija en cuanto sus padres tuvieron que empezar con las dinámicas que tenían preparadas.

—¿Cuál es tu nombre?— pregunté a la niña.

—Soy la princesa Leticia Isabella Catalina Leroy— me dijo muy segura de sí misma. Tuve que contener la sonrisa pues no podía permitir que pensara que me estaba burlando de ella pero lo cierto es que su nombre es demasiado rimbombante. – ¿Y tú cómo te llamas?— preguntó.

—Yuuri

—¿Sólo Yuuri?

—Sí, tengo un solo nombre— sonreí.

—¿Tus padres no te dieron más nombres?— preguntó confundida.

—No, creo que no tenían tanta imaginación como los tuyos— intenté cambiar la conversación mostrándole a su padre bebiendo de una mamila. Era realmente divertido ver a cuatro alfas bebiendo desesperados de biberones llenos de cerveza. Dejé escapar una carcajada cuando ganó el esposo de Isabella y le pusieron una corona ridícula.

El siguiente juego fue entretenido, varias amigas de la dueña de casa participaron en una competencia donde debían llevar una pelota de tenis entre sus tobillos mientras mantenían un enorme globo debajo de sus camisetas simulando estar embarazadas. Para que sepan por un instante lo que cuesta moverse teniendo un balón en la panza.

Me di cuenta que son una pareja muy querida, ella es tan dulce y amable, él pícaro y divertido. Tienen una hermosa familia que pronto va a crecer con la llegada de sus gemelos. Ruego a Dios que le siga enviando felicidad.

—¡Vamos a hacer un juego con algunos embarazados!— pidió Isabella y me sobresalté. ¿Jugar? Éramos varios gorditos en el salón, de la clase de psicoprofilaxis solo estaban Cao Bin y Kenji, apenas me saludaron pues no los conozco mucho. Pero por mi situación no puedo moverme mucho aunque quiera.

—Ven Yuuri— me llamó. —No corres peligro, no es un juego físico— sentí la mano de Isabella en mi brazo, mis mejillas se colorearon intentando rechazarla pero no pude. Me levanté y la seguí sin saber qué hacer.

—¿Esas son mis muñecas?— a mi lado, la pequeña Leroy que no había soltado mi mano, señaló las muñecas que estaban sobre una mes.

—Sí princesa ¿Recuerdas que te las pedí prestadas para jugar?— su padre la levantó en brazos y ella soltó una risa tan cristalina. Es una niña feliz.

—¡Quien pueda cambiar a su muñeca más rápido, incluyendo el pañal, gana el juego!— Isabella explicó las reglas mientras yo sonreía bastante feliz, hice medio año de prácticas en la guardería cuidando a los más pequeños. Sé muy bien cómo cambiar ropitas y pañales.

—Esperen un momento— anunció el alfa de Isabella, grande fue mi sorpresa al ver entrar a la doctora Petrova "Anya, la bruja" y Viktor.

¿Por qué? suspiré. Me estaba divirtiendo, ahora voy a ponerme nervioso, luego me sentiré ridículo y después triste.

—Pasa Anya, me alegra que vinieras— escuché a la dueña de casa saludar a los invitados. Pero claro, ella debe ser su obstetra, tenía que invitarla. Tonto Yuuri, no debí venir. Sentí la mirada de Viktor pero no me atreví a mirarlo a los ojos. Apenas acabe el juego le diré a Isabella que me siento mal y me iré, por suerte papá está por allí, cerca de la mesa de comida, engullendo fresas con chocolate. –Tomen asiento, estamos por empezar otro juego— escuché al fornido alfa con corona.

—¡Objeción!— escuché que una omega reclamando. –Si vamos a cambiar ropitas hagan un grupo de primerizos y luego de los que ya son madres porque este es mi primer cachorro, Harumi tiene dos hijos y bastante experiencia cambiando bebés.

Se escucharon reclamos, los otros dos omegas embarazados la apoyaron y una de las concursantes fue retirada para conformar otro grupo. Así que sólo éramos cuatro omegas primerizos.

—Bien, el que cambie más rápido las ropas de la muñeca gana pero tengan en cuenta que se trata de su cachorrito así que sean cuidadosos— recomendó Isabella antes de que empecemos.

Mis dedos se movieron con rapidez y cuidado para quitar las prendas del cuerpo de la muñeca, luego coloqué el pañal, la chaqueta el nuevo bebecrece. No vi a los demás ni siquiera de reojo pero uno de ellos me ganó. Escuché cuando terminó, yo apenas estaba por ponerle la gorrita.

—¡Alto!— escuché la voz del alfa. –El rey va a hablar— bromeó, algunos se rieron de su comentario. –Roger ganó, es cierto, cambió más rápido a la muñeca pero yo creo que le rompió al menos tres huesos, no sé pero me dio miedo— todos rompieron a reír.

—Es cierto— dijo Isabella. —¿Qué dicen? ¿Rapidez o cuidado?— preguntó a los asistentes

Se hizo un murmullo general, me atreví a mirar en dirección a Viktor cuando él levantó la mano.

—Soy neonatólogo y estoy de acuerdo con JJ yo voto por que ganó el que tuvo más cuidado— dijo simplemente. Todos me miraron, hasta ese momento no me había dado cuenta que sostenía a la muñeca contra mi pecho.

—Bien, entonces el ganador es ¡Yuuri!— anunció Isabella, logrando que me sonrojara. Me entregó un premio y me fui a sentar abochornado. Poco después busqué hacerle compañía a papá al lado de la mesa de la comida, se me antojó un poco de piña.

—Quiero irme— le dije mordisqueando mi fruta.

—¿Tan pronto? ¿Te sientes mal?

—No, solo tengo sueño— mentí.

—¿Qué te ganaste?— preguntó papá mirando el paquete envuelto que traía en las manos.

—No lo sé— empecé a abrirlo con curiosidad, hasta que pude distinguir que era casi completamente rosa. Era un lindo puerquito de felpa con anteojos. Reí al verlo, la vida me estaba jugando una broma, sí que tenía sentido del humor. Me traía tantos recuerdos...

"Nadie se mete con mi cerdito" escuché decir a Viktor un día en el que me estaban molestando, a algunos compañeros de la escuela les parecía gracioso llamarme cerdo, puerco, porky... "Si vuelvo a escuchar a alguien ofender a mi Yuuri le parto la cara" dijo en forma amenazante, él que era todo sonrisas y encanto, no sabía que tenía un lado tan fiero. "Sólo yo puedo llamarlo así ¿Entendieron?" nadie se atrevió a contradecir a Viktor y dejaron de molestarme porque tenía cuatro rusos que me defendían.

—¿Aún quieres que nos vayamos?— preguntó papá con la boca medio llena de butifarra.

—No, aún no, sigue comiendo— sonreí antes de volver al salón donde estaban reunidos los participantes, tomé asiento en un cómodo sofá, la hija de Isabella vino a hacerme compañía y jugamos con su muñeca a que mi puerco era un príncipe encantado convertido en cerdito por una malvada bruja.