Dedicado a KiKaLioncourty un gran agradecimiento por su ayuda.
Una mención para LuzAlvz y su sitio.
XXI
Llegó el cumpleaños de Peter. Westchester entero lo recordó y desde que bajó a desayunar, el joven se encontró con toda clase de atenciones. Primero sirvieron el desayuno con muchos dulces: había para elegir y empalagarse, desde pasteles, pastelillos y shortbreads, hasta diferentes cremas y cacao. Una vez concluido, Charles y Erik decidieron acompañarlo a las caballerizas para mostrarle el regalo que la pareja le había hecho. Habían encargado un potrillo de sangre pura, que llegó la tarde anterior y los mozos estaban cuidando en los establos. Peter podría amaestrarlo y convertirlo en su fiel compañero de cabalgatas. El joven se emocionó porque nunca había tenido un corcel propio, de hecho, nunca había tenido una mascota ni aun cuando era niño. Su hermana Nina había sido la que adorara los animales y cuando la perdió junto con su madre, Peter tuvo que vivir con su padre en distintos lugares y no pudo asentarse en ninguno para cuidar de algún animalito. Así que cuando se lo presentaron, abrazó con ganas a Charles y a Erik y se acercó al potro. Lo acarició. Era un animal dócil que buscó la mirada de su nuevo amo y al encontrarla, el joven le sonrió. El corcel se dejó acariciar y bajó la cabeza para que le masajeara las orejas. Peter sostenía que la primera ocasión era la que contaba para construir un vínculo, se trataba de una teoría que le había enseñado su madre. Al sentir la sumisión del caballo por su afecto comprendió que su relación sería profunda y no solo se convertiría en su mascota sino también en su compañero de cabalgatas y nuevo amigo. Peter estaba feliz y murmuraba que este sería su mejor cumpleaños. Sin embargo, su padre le recordó que tenían que regresar a la casa porque lo esperaban más regalos.
Cuando entraron, se encontraron con el sastre personal de Charles, que los aguardaba en el vestíbulo. Sharon lo había llamado porque deseaba obsequiarle al muchacho todo un ajuar de trajes elegantes y dignos de un joven caballero. Peter se entusiasmó porque pensó que se vería distinguido. Meses atrás no le habían interesado ni su aspecto ni su futuro pero con los estudios y todo lo que había vivido, comenzaba a pensar el mundo de otra manera y comprendía que la educación haría de él una mejor persona y la vestimenta era importante.
Más tarde Laura lo conmovió hasta dejarle los ojos vidriosos con una carta donde le contaba lo que el muchacho significaba para ella y lo feliz que la hacía su amistad, y Kurt sacó a relucir una habilidad sorprendente de dibujante al esbozar algunos de los animales fantásticos que lo fascinaran de los bestiarios para obsequiárselos.
Cerca del mediodía llegó una encomienda de Hank desde Edimburgo, se trataba de una caja tallada en madera y ornamentada con láminas de oro como regalo. No podía asistir porque tenía pacientes ese día que lo ocuparían hasta la tarde pero no quiso dejar pasar la ocasión. Peter quedó emocionado con todos los obsequios. Se dio cuenta de cuánto lo apreciaban las personas que ahora se habían convertido en su nueva familia. Estaba feliz, se sentía feliz en Westchester, y notaba que la herida de la tragedia iba cicatrizando. Logan había sido sabio al enseñarle que aprendería a convivir con ella. Todavía faltaba tiempo pero Peter percibía la mejora en su ánimo.
Por la noche, después de una cena opulenta donde solo se sirvieron los platos favoritos del agasajado, además de otra rueda de postres exquisitos, Kurt se retiró a dormir, Logan y Charles acompañaron a Peter al establo porque el joven quería despedirse de su potrillo y Laura los acompañó para no tener que ir a la cama todavía. A la mesa quedaron Sharon y Erik.
─Voy a pedir que me acerquen las cartas, ¿deseas jugar una partida? ─ invitó ella tuteándolo por primera vez desde la discusión.
Erik fue tomado de sorpresa y, en silencio, asintió. Sharon llamó con la campanilla para que les trajeran naipes, tintero y papel.
─ ¿Te importaría anotar los resultados, Erik?
─Por supuesto, señora ─ respondió el mutante con gentileza.
La primera partida la ganó ella. Erik escribió en el papel y, al ver su grafía, Sharon recordó sin querer la carta ensangrentada. Se sacudió suavemente y tomó valor para repartir. Lo había invitado a jugar por una razón.
─Haces feliz a mi hijo ─ comentó la dama al terminar de entregarle los naipes. Erik la observó ─. Todos estos días, después del altercado, los estudié a los dos, vi cómo se entienden, la manera en que se miran y conozco a Charles de toda su vida y jamás lo he visto tan alegre. Tú le das esperanza.
El mutante pasó saliva, conmovido.
Sharon continuó.
─Desde mi posición social y el ambiente en el que fui educada, no pude ver con simpatía el amor entre mi hijo y un plebeyo ─ explicó. Erik no tomó sus palabras como un tinte de desprecio sino como un acto de honestidad ─. Además sabía quién eras tú. Temí que en la primera ocasión huyeras y por eso previne a Charles muchas veces, también quise ocuparme de la educación de Peter porque tenía miedo de que lo dejaras desamparado cuando necesitaras escapar. Pero tengo que admitir que me cerraste la boca: regresaste para estar con mi hijo aun corriendo peligro, y le propusiste formar una familia. Eres un caballero de pies a cabeza: mantuviste tu palabra y te comportaste de forma responsable y noble.
─Gracias.
─Solo te pido que pase lo que pase, siempre estés a su lado.
─Le aseguro que no pienso irme ─ replicó él. La observó intensamente y ella leyó determinación y sinceridad en su mirada ─. Me enfurecí cuando discutimos pero entendía su miedo, señora. Usted sabía quién soy y cuidaba de su hijo y de su nieto. Yo no hubiese actuado de forma diferente si algo similar ocurriese entre Peter y una persona peligrosa. Ahora, con esta confesión, me está revelando usted que es una dama valiente.
─Me cuesta reconocer un error ─ admitió Sharon. Erik asintió comprensivo porque había notado que a Charles también le costaba hacerlo ─. Me estás demostrando que me equivoqué y estoy feliz de haberme equivocado ─ sonrió ─. Estoy feliz porque veo feliz a mi hijo gracias a ti.
─Gracias ─ sonrió el mutante con suavidad.
Los demás regresaron del establo. Charles se alegró de verlos jugando juntos y su madre lo invitó a unírseles. También a Logan y a Peter. En cuanto a Laura, ya habían sido demasiado indulgentes con el horario y tenía que retirarse a la cama. La niña ya no tenía excusas para continuar levantada y sacó la última que se le vino a la mente.
─Papá, ¿podrías subir a arroparme?
Logan quedó estupefacto. Hacía bastante tiempo que había dejado de arroparla. Pero Peter lo sorprendió más al ofrecerse a acompañarla arriba.
─Vamos, lobita ─ bromeó el joven y la tomó de la mano.
Logan quedó más descolocado todavía porque solo él la llamaba así. Pero no sintió celos sino que le gustó que Peter lo hiciera. Charles leyó la confusión de su amigo y sonrió para sí, enigmático. Estaba notando que tanto Logan como el joven estaban teniendo sentimientos que todavía no podían comprender.
Peter subió con la niña, tomados de la mano. Al llegar a la puerta de la recámara, la soltó para preguntarle.
─ ¿En serio quieres que entre y te arrope o fue una excusa para sacar a tu papá del juego de naipes y que te respondiera que lo esperaras hasta terminar al menos una partida y así te quedarías más tiempo abajo?
Laura rio.
─ ¡Vaya, Peter! Ni que me hubieras leído la mente como Charles.
Peter rio.
─No creas que no utilicé de niño el viejo truco de "¿podrías subir a arroparme, papá?"
Laura se cubrió la boca con las dos manos y la risa apenas le quedó atorada en los carrillos.
─ ¿Erik caía en el truco?
Peter se encogió de hombros con una sonrisa melancólica.
─De niño pensaba que sí, pero ahora sospecho que fingía caer porque no es ningún tonto.
─ ¿Crees que mi padre hubiese caído si no te ofrecías tú?
─No es ningún tonto como tampoco el mío ─ replicó el joven. Sacudió el pelo de la niña a modo de despedida y le besó la frente. Se metió las manos en los bolsillos y palpó el reloj que no se quitaba desde que Logan se lo había obsequiado. Laura estaba bajando el picaporte y la detuvo ─. Oye, tal vez te parezca extraño, pero, ¿qué recuerdas de tu madre?
La niña lo miró confundida y frunció el ceño.
─ ¿De mi madre? ¿A qué viene esa pregunta?
Peter se mordió el labio. No le había dado muchas vueltas al asunto.
─Tu padre cuenta que ella era especial y me intriga saber por qué era especial para él, bueno, no sé ─ se frotó la nuca ─. Fue una pregunta sin importancia. Adiós.
─ ¡Peter! Espera ─ Laura lo tomó del brazo. Reía, divertida con su propio desconcierto ─. Sé que se enamoraron los dos, papá me solía platicar de ella cuando yo era más chica. Ángel era la palabra que solía usar, decía que ella tenía un ángel, era pura, bondadosa y un montón de virtudes más que lo fascinaban pero ─ se encogió de hombros ─, supongo que la veía así porque estaba muy enamorado.
─Todavía lo está.
─Sí ─ Laura recordó y frunció el ceño ─. ¿Sabes, Peter? Una cosa que siempre me llamó la atención fue el hecho de que no se deshiciera de nada de ella. Mi casa en Edimburgo, que espero que conozcas pronto, está llena de cosas que le pertenecieron: aun conserva sus vestidos, zapatos, joyas, hay platos rotos que no usamos más pero papá guarda en vitrinas porque ella los había comprado con él. Es extraño que mi padre no quiera soltar nada que le haya pertenecido a ella. O tal vez sea así el amor, no sé.
Peter se conmocionó. Si Logan no se deshacía de nada que le hubiera pertenecido a Kayla, ¿por qué había sido tan generoso en entregarle su reloj, un reloj que para colmo él se lo había obsequiado a ella?
Laura quedó pensativa. Esto del amor la intrigaba. Finalmente bufó, vencida por la escasa información que tenía sobre el tema.
─No creo que te haya servido de mucho mi respuesta, Peter. Es todo lo que sé.
─Fue suficiente ─ le sonrió ─. Gracias.
─Buenas noches, Peter.
─Buenas noches.
La niña entró. Peter esperó a que cerrara la puerta y se metió las manos otra vez en los bolsillos. Palpó el reloj y sintió un estremecimiento. Ahora estaba más confundido que antes porque si Logan no se deshacía de ninguna pertenencia de su esposa, era sorprendente que le hubiese regalado su reloj. Tal vez su amigo lo consideraba a él también especial, de hecho, la excusa que le había dado era que él tanto como Kayla apreciaban el tiempo. Quizás Logan veía en su carácter algo de la mujer que había amado y, quizás, quién podía saberlo, lo amaba también y… Peter se sonrojó y hecho a andar enseguida porque sintió una comezón y un ardor que lo estaban ahogando.
En el comedor, Logan reía a carcajadas por haber ganado la partida pero quedó de una pieza junto con los demás, cuando vieron llegar al joven corriendo, con la cara carmesí y una mirada extraviada.
─ ¿Todo bien, mocoso? ─ indagó Howlett, asustado.
Erik se puso rápidamente de pie.
Peter se frotó las manos por las mejillas y aspiró aire.
─Sí ─ carraspeó ─. Es solo que comí muchos dulces y tengo más hambre ─ soltó la primera excusa que le surgió.
Erik llegó hasta él y le masajeó la espalda. Iba a reprenderlo porque tantas golosinas no eran saludables pero enseguida recordó que se trataba de su cumpleaños y además Peter ya no era un chiquillo.
─ ¿Por qué no te sientas y juegas con nosotros, hijo?
Peter asintió y para aumentar su rubor, fue Logan quien acercó una silla a la suya para que se integrara a la mesa. Tuvo que tomar asiento a su lado y carraspeó otra vez cuando Sharon comenzó a barajar para dar de nuevo. Jugaron un par de partidas más y Logan volvió a salir triunfador.
─Me parece que el cumpleañero a mi lado es mi amuleto de buena suerte ─ bromeó y todos festejaron.
Peter solo sonrió, se le formaron los hoyuelos y volvió a ponerse serio. Era absurdo lo que le ocurría, se sentía extraño sentado junto a su amigo pero tampoco quería alejarse de su lado.
Más tarde cada uno se retiró a dormir.
…..
Charles salió del vestidor con su camisón holgado de lino y se metió en la cama. Erik ya estaba acostado con una camisa y le extendió el brazo sobre la almohada para atraparlo y acercarlo a su pecho. Charles sonrió mientras se acomodaba sobre sus pectorales. Podía percibir lo tranquilo que se sentía su amante sin necesidad de leerlo, solo a través de la respiración relajada y su aspecto más distendido que otras veces. El Duque comprendió el motivo: Sharon al fin había hecho las paces con él.
─Tu madre está contenta porque dice que te hago feliz ─ suspiró Erik. Charles se acomodó sobre su pecho ─. También que te doy esperanza. ¿Es cierto?
El Duque se incorporó para mirarlo de frente. Se besaron.
─ ¿Tú que crees, Erik?
─Creo que no se equivoca.
─ ¿Tú eres feliz? ─ indagó Charles. Obviamente conocía la respuesta pero quería oírla de sus labios.
─Claro que lo soy.
Se besaron otra vez y el telépata lo abrazó. Rodaron en el colchón hasta que Erik quedó arriba, con los brazos extendidos y Charles debajo su cuerpo. Podrían hacerse el amor como otras tantas veces pero permanecieron contemplándose, uno encima del otro. Erik se movió hacia atrás hasta quedarse de rodillas y desde esta posición, le acarició el vientre ligeramente abultado. El Duque cerró los ojos para disfrutar de su roce y a la paz que su amante le transmitía, se le sumó ahora la ansiedad que sentía por la criatura: Magneto estaba excitado por conocerla, por cargarla al fin y por compartir la paternidad con la persona que amaba. Charles se encontraba igual, solo que también tenía un poco de miedo.
─Todo va a salir bien ─ murmuró el telépata para sí mismo.
─ ¿Cómo? ─ preguntó Erik y dejó de acariciarle el vientre para observarlo.
─Digo que estoy convencido de que todo saldrá bien ─ replicó ─. Me refiero a lo que resta del embarazo, el parto, nuestro hijo nacerá sano y tú y yo estaremos juntos.
Erik rio y le pasó la mano por la mejilla.
─Todo saldrá perfecto, Charles.
El Duque asintió. Su amante se acostó boca arriba a su lado y volvió a atraerlo hacia su pecho. Después de un rato, Erik preguntó.
─ ¿Tienes dudas o miedos?
─Algunos, sí.
Erik le masajeó la espalda para confortarlo. Charles suspiró profundo y añadió.
─Uno de mis miedos es que yo enferme o que lo pierda o que... ¿Sabes, amor? Temo ─ suspiró otra vez ─ temo que me ocurra algo parecido a lo que le pasó a Peter, no pienso que vayas a dejarme, sino que por algún motivo, el bebé no viva y creo ─ sollozó ─, creo que Peter es demasiado fuerte y yo no tendría su fortaleza.
Erik no supo qué contestarle porque era una sombra que también solía acosarlo y la sentía natural porque lo mismo había temido en los embarazos de sus otros hijos. La tenebrosa idea de que una bendición deviniera en tragedia. Finalmente habló.
─Es un miedo natural, Charles. Yo también lo padecí y lo padezco ahora pero cada examen de Hank me lo quita. Además, la esperanza de que todo saldrá bien, es mayor que este temor y disipa el miedo ─ le besó la cabeza ─. No te preocupes porque es algo normal.
Charles aceptó que tenía razón. Era un miedo que lo acosaba a veces pero después razonaba que Hank le aseguraba que el embarazo progresaba satisfactoriamente, que la criatura estaba sana y que él también lo estaba. Entonces, soltó su otro temor y a este lo había trabajado más hasta encontrar una solución posible.
─Mi otro temor es que algo me ocurra a mí durante el parto o después ─ confesó. Pudo sentir que Erik se sacudía ligeramente y su respiración se hacía más profunda ─. Por eso pensé en redactar un documento que nombre al bebé como mi heredero y a ti y a mi madre como sus tutores. Por eso me preocupaba que ella y tú estuvieran distanciados y…
─Charles, por favor ─ cortó Magneto alterado ─. Por favor ─ pidió con suavidad ─. No quiero que vuelvas a repetirlo, ni siquiera que lo pienses.
─Pero es…
─Charles ─ Erik cerró los ojos y suspiró ─. Por favor, al menos no ahora, no puedo lidiar con tal idea.
El Duque sintió remordimiento. Podía percibir cuánto su amante sufría con la idea de perderlo. Sintió que era injusto provocarle ese dolor a pesar de que a él también lo embargaba. Había sido un día magnífico viendo a Peter disfrutar del agasajo que le habían preparado, y la jornada se había coronado con la apertura de Sharon hacia Erik. No era el momento para sentir temor sino para regocijarse y estar en paz.
─Lo siento ─ quiso disculparse con la voz trémula ─. Estábamos tan felices y esta idea mía lo arruinó.
Erik lo abrazó con ambos brazos y lo empujó con suavidad para acomodarlo encima de su cuerpo.
─Es lógico que sientas miedo, es valiente de tu parte haberlo enfrentado pensando en esa solución y me emociona saber que tenemos la confianza para que puedas exponérmelo, Charles. Solo que debes entender que es apenas eso: un miedo natural de cualquier padre. Por instinto no quieres dejar a nuestro hijo desprotegido e imaginas todos los escenarios que pudieran surgir, el que algo te ocurra en el parto es uno de ellos, pero Hank nos asegura que el embarazo marcha correctamente.
El Duque alzó la cabeza y sus miradas se enfrentaron. Charles se mordió el labio inferior y Erik le acarició las mejillas con las yemas.
─Ahora puedo entender a mi madre ─ reconoció el telépata con un suspiro. Erik alzó la ceja, confundido ─. Quiero decir que ahora comprendo por qué se había vuelto tan tediosa al advertirme de que me abandonarías, ese miedo sin sentido que tenía hacia ti y que yo llegué a interpretar como celos. Todo se debía a que por su instinto maternal, me sobreprotege sin darse cuenta.
Erik sonrió.
─Escucha, amor. Tu madre creció en un ambiente donde le enseñaron a temer a las personas como yo y a guardar distancia con los plebeyos. Es cierto que te sobreprotege pero es comprensible, es una dama que quedó viuda hace apenas unos años y tú eres lo único que le queda de su familia. Se impuso la misión de velar por el nombre y linaje de los Xavier, tú te mostrabas renuente a dejar un heredero y de pronto engendras uno conmigo. No soy la clase de persona que fascinaría a una dama de su clase, le provoqué miedo y por eso valoro lo que hizo esta noche por mí. Ella se despojó de sus prejuicios y aprendió a aceptarme. ¿Sabes lo que haría yo en su lugar si esta criaturita que esperamos me viniera alguna vez con un Magneto? ─ bromeó entre risas.
Pero Charles no compartió la broma sino que siguió mirándolo con seriedad hasta contestarle.
─Si esta criaturita se llegara a enamorar de alguien como tú, una persona que supo hacer frente a las mayores adversidades sin desproteger a su hijo, que tuvo que tomar en sus manos la justicia con métodos cuestionables para defender a su gente, que tuvo el valor de elegir una vida difícil para luchar por sus hermanos, que vino a esta casa y tuvo la apertura para confiar en mí, enamorarse ─ lo besó con un ruidoso chasquido ─, amarme, enseñarme a amar, hacerme feliz y darme esperanza, me sentiría la persona más dichosa que pudiera existir. Tú vales oro, Erik, y no pude elegir a mejor hombre para compartir mi vida.
Magneto quedó sin palabras y estaba emocionado. Charles volvió a besarle, y con un abrazo, Erik hizo que rodara en el colchón nuevamente para volver a quedar encima de su exquisito Duque. Se miraron y esta vez la pasión los ganó y terminaron amándose para culminar una jornada perfecta.
….
Pasaron dos meses más y ya la barriga de Charles se hizo más notoria para alegría de todos. Él sentía los cambios en su cuerpo, la adaptación que este iba haciendo para alojar a la criatura y comenzaba a sentir la necesidad de la presencia de Erik. No buscaba su contacto pero sí que estuviera a su lado. Por eso la pareja compartía cada vez más actividades y Erik acabó por pasar las mañanas enteras en el despacho de Charles, uno encargándose de la correspondencia y asuntos del ducado. y el otro leyendo y manteniéndose atento a lo que pudiera necesitar, desde un vaso o algún bocadillo, hasta pasarle elementos que no tuviera cerca. Inútil fue que el Duque le señalara entre risas que aunque le creciera el estómago aun podía moverse, Erik simplemente lo hacía porque deseaba hacerlo, y una vez que lo veía atendido, sellaba el acto con un beso.
Después de que el Duque manipulara la mente de Stryker, este dejó de centrar su atención en Edimburgo y sus alrededores y, convencido por el telépata de que Magneto ya estaba lejos, viajó con el general MacTaggert a Londres, llevando la carta y el informe exhaustivo de la investigación para discutirlo personalmente con los líderes de las demás patrullas de Gran Bretaña. Suponían que el mutante aún no había abandonado la isla pero ya lo hacían lejos de Escocia y, seguramente, buscando otro blanco.
A causa de esta idea, la vigilancia en la ciudad se relajó y Logan decidió regresar a su casa y asentarse allí por unos días para proyectar nuevos negocios. Además, por más entretenido y acompañado que estuviera en Westchester, su hogar propio era su hogar propio y lo extrañaba. Laura también echaba de menos su casa y quiso acompañarlo, pero no le agradaba quedarse sola porque ya Peter se había convertido en un hermano para ella, así que le lanzó a su amigo la propuesta de viajar con ellos pero se olvidó de comentársela a su padre. Le explicó con entusiasmo que al joven le sentaría un cambio de ambiente, que la vivienda no era tan inmensa como Westchester pero contaba con muchas habitaciones, un jardín, un huerto y tendrían espacio para estar al aire libre. Como no podrían cabalgar a campo abierto, ella se comprometía a llevarlo de paseo por Edimburgo, siempre que Logan la autorizara o fuera con ellos, por supuesto.
Peter creyó que la idea había surgido del lobo y se emocionó al pensar que haría un viaje con él, conocería al fin su casa y pasaría días enteros a su lado y con su amiguita. Quedó muy entusiasmado e, inocentemente, comunicó a su padre del plan en plena cena y delante de todos.
Erik quedó sorprendido y lanzó una mirada interrogante a Logan, que, a su vez, estaba atónito. Claro que Peter ya era un adulto y no necesitaba la autorización paterna, es más, no la había pedido sino que se lo había contado, pero Erik igual se asombró.
El joven añadió feliz y sonriente.
─Laura me dijo que viajaremos el lunes por la mañana y regresaremos el viernes por la tarde, ¿verdad, lobita?
─Sí ─ sonrió la niña y miró a su padre ─. Invité a Peter, papá, para que se divierta con nosotros.
─Espera ─ Peter la detuvo asombrado ─. ¿Eso quiere decir que no fue idea de tu padre?
Logan intervino rápido.
─Parece que fue idea de Laura ─ miró a su hija intensamente. No vio motivos para reprenderla porque su intención había sido buena y solo había olvidado compartirle la propuesta. Notó la turbación del muchacho y se volvió hacia él ─. Si la aceptas, Peter, estaré gustoso de convertirme en tu anfitrión.
─Pensé que había sido tu idea, Logan ─ suspiró el joven y pasó saliva ─. Creo que mi entusiasmo fue atrevido, estarás lleno de trabajo o de visitas en Edimburgo, y tal vez hayas pensado en pasar un tiempo a solas con tu hija y yo no…
─Peter ─ intervino Erik con suavidad ─. Si Howlett ahora también te está invitando, deberías aceptar.
El muchacho miró a su padre y asintió. Estaba avergonzado consigo mismo porque íntimamente la idea de que Logan lo hubiese invitado a su propia casa para pasar unos días a solas lo había ilusionado y ahora se sentía extraño.
─Pero, ¿no es peligroso que viajen a la ciudad por varios días después de lo que ocurrió? ─ opinó Sharon asustada.
─Le aseguro que actualmente no hay peligro ─ la tranquilizó Logan y se dirigió a Peter ─. De mí parte no hay problema, mocoso. ¿Qué dices? ¿Estás dispuesto a preparar tu equipaje?
─Mejor viajen ustedes ─ respondió el joven y bajó la cabeza.
Los demás intercambiaron miradas. Siguieron comiendo en silencio hasta que el muchacho pidió permiso para retirarse aunque todavía no se hubiera servido el postre. Alegó que tenía que terminar de leer un libro sobre retórica.
Sharon y Charles lo excusaron como los señores de la casa y el joven se levantó cabizbajo.
─Peter ─ intervino su padre preocupado y se puso de pie también ─. Deja que te acompañe, por favor.
─No, papá. Gracias pero quiero leerlo solo.
Erik no se sentó. Su hijo abandonó el comedor y él se volvió hacia Charles.
─Voy con Peter, no sé por qué se comporta así últimamente. Tal vez sea el bebé, debe estar confundido con los cambios que están ocurriendo y necesita de mí.
─Pero esta vez se nota que se debió a un malentendido ─ apuntó Logan y también se levantó ─. Creyó que la invitación vino de parte mía y haberla expuesto sin que yo estuviera enterado lo avergonzó. Claro que esto se suma a lo que dices, Erik. Si me permites, deja que sea yo el que vaya a invitarlo nuevamente. Laura tiene razón, viajar con nosotros a Edimburgo va a divertirlo.
─Logan es su amigo, Erik ─ observó Charles ─. Me parece conveniente que ahora se acerque él para invitarlo otra vez y, más tarde, podría platicarle tú, amor.
Erik dio su aprobación y volvió a sentarse. El lobo abandonó ligero el comedor.
…
Logan sabía que Peter no iría a la biblioteca a leer un libro y salió al pórtico. Ya se acercaba el invierno y las noches eran frías. Su olfato lo guio hacia un banco, no lejos de allí, que se encontraba debajo de una de las pocas antorchas que se mantenían encendidas en la entrada. En silencio se sentó a su lado.
─Vine para reiterar mi invitación ─ carraspeó Howlett. Miró al joven que se mantenía cabizbajo y callado ─. Últimamente te noto raro, mocoso. Tu padre está preocupado y yo también.
El muchacho suspiró.
─No sé lo que me pasa.
─Yo tampoco sé lo que me ocurre a mí ─ sonrió ─. ¿Quién hubiera dicho que pasaría tan larga temporada en Westchester con mi amigo esperando un heredero, mi hija disfrutando a sus anchas de este lugar y yo viajando a mi casa esporádicamente solo para atender negocios? Imagina que imaginara algo así un año atrás. ¿En qué andabas tú en ese tiempo?
Peter cerró los ojos y pensó en Warren.
Logan se dio cuenta de que su pregunta no había sido certera y quiso enmendarse.
─Olvidé a ese estúpido del que me hablaste. El hijo de Lord Worthington, ¿cierto?
El joven asoció a Warren con Logan y sintió que el corazón le palpitaba intensamente. Se ruborizó, se apretó las manos y comenzó a temblar levemente. Howlett notó su reacción y se preocupó.
─ ¿Qué te ocurre, mocoso?
Peter era impulsivo, en los últimos meses había aprendido a controlarse por los modales que estaba adquiriendo, pero su emoción emergió, y soltó.
─Ya no me interesa Warren. Lo amé, sufrí, me desilusioné con él pero ya no me importa ─ miró a su amigo a los ojos. No podía contenerse más porque el sentimiento era demasiado poderoso ─. En cambio, tú sí me importas, Logan.
El lobo le sonrió. Al principio pensó que se debía a la amistad que habían desarrollado pero el rubor del joven le daba otro mensaje. Lo miró a los ojos y el brillo de sus pupilas de ébano lo cautivó. Anteriormente, al verlo, pensaba en su esposa pero ahora no recordó a Kayla a través de él.
Peter sentía que el pecho le quemaba y su impulso natural brotó. Sin pensarlo, solo sintiendo, llevó los labios hacia los de Logan. Se rozaron apenas. Howlett dudó si retirarlos o no pero fue apenas un titubeo. La piel del joven era tibia y suave y lo hizo cerrar los ojos. Peter apretó su boca contra la suya. Con más confianza, separaron los labios y sus lenguas se tocaron por un segundo. Logan sonrió y le pasó el brazo a través del cuello con afecto. Peter se colgó del suyo, mientras continuaban besándose. Solo la necesidad de respirar los obligó a separarse. Permanecieron abrazados y mirándose con una sonrisa tonta. La extrañeza del joven ahora se había convertido en excitación y Logan sentía una calma que no había sentido en mucho tiempo. Volvieron a besarse y entre los chasquidos, ya más relajados, ambos reían.
….
¡Hola! Al fin lo hicieron, ¿no? Espero que les haya gustado esta nueva pareja.
¡Gracias por leer!
Midhiel
