Los personajes de Dragon Ball y Naruto no me pertenecen. Son obra y creación de Akira Toriyama y Masashi Kishimoto respectivamente.

Como siempre el saludo por delante, mis estimados lectores. Quería aclarar un asunto sobre subir el fic a otros medios. Que quede constatado que a día hoy, 15 de mayo del año 2020, el único medio por el que YO, personalmente, subo cada capítulo de la presente historia, es SOLO por Fanfiction. Si la encuentran en otro sitio, puede significar dos cosas:

1. Alguien me pidió permiso para hacerlo y yo se lo concedí (siempre lo hago, de hecho), pero esto con la condición de que se me conceda el crédito de ser el autor y de que, en lo posible, se deje un enlace a la obra original en fanfiction por si el lector desea pasar a dejarme un mensaje.

2. La persona lo subió sin autorización, sea total o parcialmente, peor aún si no me concede la autoría de la historia (plagio).

En el caso del segundo punto, por favor, les pido que por lo menos intenten optar por el primero. Soy una persona asequible, y bajo los términos descritos no tengo el más mínimo problema en permitir que la obra se suba a otros sitios. Hay autores que jamás permitirían esto, cosa que igual respeto, pero OJO, solo lo menciono para que entiendan que en mi caso ni siquiera es difícil intentarlo.

Dicho esto, ya van tres personas diferentes que me informan que han encontrado "Dos Saiyajins en Konoha" en Wattpad, y me he tardado en pronunciarme por cuestiones de tiempo. Esta persona subió el fic sin preguntármelo antes, lo bueno es que al menos me dio la autoría, es decir, no lo hizo pasar por algo suyo. Hasta allí bien, lo malo es que luego optó por copiar y pegar la mayor parte de la historia pero le modificó algunas cosillas que bajo su percepción hubieran estado mejor. Lo que no me gusta de esto es que básicamente se está tomando algo que me ha tomado mucho tiempo y esfuerzo escribir para ponerle algunas cosas suyas encima y hacerlo pasar básicamente por "una historia diferente".

REPITO, tratemos de llevárnosla bien con el punto 1, es fácil. Si alguien cree que la historia debería ser mejor, que esto o aquello no debió pasar de una forma sino de otra, entonces les invito a hacer su propia historia como les gustaría que fuera y ya, tal y como yo hice en su tiempo cuando me motivé a empezar "Dos Saiyajins en Konoha".

Reviews:

Ichiku Nijan: Antes que nada, gracias por tomarte la molestia de leer y comentar. ¿Reescribir la historia? No, gracias, si apenas tengo tiempo para continuarla, por lo que la recomendación más sana y obvia que podría hacerte, es que tú mismo te sientes a escribir una historia que satisfaga tus necesidades, porque por lo visto nuestros planteamientos son diametralmente opuestos, y nada de lo que siga podrá gustarte. Por cierto, sin ofender, pero esta segunda parte comenzó hace más de tres años, habría que tener una suerte de deficiencia o tara de índole masoquista para seguir leyendo un producto gratuito, de lenta publicación y que te parece una basura de principio a fin. Cuando algo deja de gustarme, simplemente lo abandono y canalizo mi tiempo en cosas más productivas como trabajar, estudiar y continuar con mi historia. Hazte un favor y consigue algo más que leer, un fic cuyo villano sea Raichi o algún villano de película de DB como bien apuntas. Yo continuaré como tengo estipulado. Saludos.

Adriel: Ojalá la espera no te haya resultado muy larga, en todo caso me disculpo por no haber traído el capítulo más rápido. Espero y sigas allí para lo que viene, y que el capítulo de hoy te resulte entretenido. Muchas gracias.

Guest: Hola, amigo. Trato de no salir si no es necesario precisamente para evitar un contagio, aunque igual por mi trabajo siempre tendré un riesgo importante. En fin, agradecer mucho tu apoyo, y no te preocupes que en capítulos próximos escribiré cómo fue el entrenamiento de esos dos en la habitación del tiempo. Espero y te guste el capítulo, aquí solventarás tus dudas sobre cómo terminará este asunto del Ozaru. ¡Saludos!

Metalazul: Sí, estoy bien por suerte, gracias por tu preocupación ;)

Johan: Tranquilo hermano, cada vez que puedo (la mayoría de veces), trato de responder a los reviews, lo que sí te aseguro es que siempre los leo todos. A día de hoy sigo libre de COVID-19, espero que tú y tu familia también. Sobre tu pregunta, la verdad es que la parte de Tsunade me la salté en la primera parte jaja, todo ocurrió off panel, lo que sí es cierto es que Jiraiya le habló de Goten y de la necesidad que tenían de sanar su brazo. Por lo demás, contento de que te hayan gustado los capítulos, ojalá y con este te entretengas un rato en medio de la cuarentena. Muy agradecido con tu apoyo a la historia, ¡éxito y saludos!

Breno Lucas: Gracias Breno, muy agradecido de tu mensaje y de que te haya gustado el capítulo. Habría preferido volver antes, pero al menos me mantuve en el rango de 1 mes que aspirabas.

Guest: Cierto que cuando el Ozaru está de por medio, la solución se reparte entre cortar la cola o destruir la Luna, ergo, es predecible. Sin embargo, es cómo llegar a uno de los dos desenlaces, allí sí se puede ser más impredecible. Ya me dirás si todo y cada uno de los acontecimientos se dio justo como esperabas. Por lo demás, muchas gracias por leer y comentar. Pd: hay una pequeña aclaratoria sobre el poder de Sakura.

Guest: Es mi culpa haber tardado tanto en comenzar a darle importancia a Sakura, más que nada porque no pensaba hacerlo durante toda la primera parte del fic (que fueron 52 capítulo) porque debido a mi inexperiencia temía alejarme mucho del canon. Actualmente escribo más a mi ritmo, y Sakura dejará de ser una "completa inútil". Gracias por tu review, ojalá y desees seguir leyendo el fic.

Joel: Un placer leerte como siempre amigo, qué gusto me da saber que te han gustado los últimos capítulos. Creo que el error de Obito radicó en creer que Goten y Trunks se dejarían enemistar por el odio como la mayoría de veces ocurre entre los humanos del mundo shinobi, creyó conocer muy bien la naturaleza humana, apostó a ello, pero simplemente le erró al interpretar los valores de estos dos saiyajins. Me falta todavía desarrollar en entrenamiento de Goten y Sakura en la habitación, pero tranquilo que sí lo haré. Por lo demás, muy agradecido por tu apoyo y por supuesto por tus palabras, mil gracias por la paciencia y compresión. Así es, poco a poco iré terminando la historia, espero leerte de nuevo amigo, un abrazo.

LectVerd: Gracias por tus palabras amigo, por leer y comentar, pero sobre todo, por tus buenos deseos. También te deseo lo mejor donde sea que estés, y ojalá el capítulo 25 te haya agradado y que este también. La gran mayoría de veces trato de responder los reviews, y siempre los leo, así que comenta con confianza. Espero y nos leamos de nuevo en futuros, capítulos. Saludos.

Ruliac: Gracias, hermano. Yo también espero que estés bien en la pandemia. A día de hoy que te escribo, sigo sin contagiarme, solamente trabajando mucho (y espero seguir así). Como siempre, muy agradecido por tu apoyo al continuar leyendo y comentando. Cuídate, nos estamos leyendo.

Bellzador: Gracias amigo, un gusto saber que el capítulo te gusto. Qué raro que no me escribiste desde tu cuenta. En fin, sobre tus preguntas, la verdad es algo que no tiene mucha lógica, pero en el canon cuando le trasplantan a Sasuke los ojos de Itachi (muerto para ese momento) se soluciona el problema de la ceguera progresiva mientras mantiene sus mismos jutsus con las mismas particularidades, es decir, su tipo de Susanoo y todo eso. Lo de Jiren es peligroso, la técnica del baile de la cumbia podría conllevar a la desaparición de los 12 universos. Zeno-sama y Daishinkan nos guarden. ¡Saludos!

Guest: Gracias hermano, que alegría saber que el fic te gusta tanto y que te ha causado buenos momentos de diversión, ese es el objetivo ;) Sobre cada cuanto actualizo, no podría darte una respuesta certera porque varía según mi disponibilidad, pero en promedio es 1 capítulo por mes (en serio créeme que desearía que fuera cada 15 días). No sé tampoco cuántos capítulos serán, espero que no más de 40, pero esto puede variar mucho. Por último, dudo seriamente hacer ese capítulo de relleno de la esposa de Trunks jaja, era más que nada para el chiste, pero con las dificultades que tengo para actualizar prefiero enfocarme en la historia principal para no tardar tanto en traerles un nuevo capítulo. Ojalá nos leamos de nuevo y quieras continuar con la historia, saludos.

Misael921: Hola amigo, ¿cómo has estado? Un gusto leerte otra vez, y muy contento de que el último capítulo te haya gustado tanto. Ciertamente, poco después de esto vendrán Goku y Vegeta, ya falta menos. Muy acertado en todo lo que has dicho, comparto tu opinión de hecho; lo que creo que ha pasado es que Goten y Trunks son más conscientes actualmente, se saben absolutos responsables de lo que pueda pasar en el mundo shinobi si llegan extraterrestres. Lo que mencionas de la primera parte fue antes de Cooler, luego de que vieron lo mucho que les costó derrotarlo, quedaron "traumados" por llamarlo de alguna manera, quizá por esto anteponen ahora el deseo de entrenar para ser lo suficientemente fuertes para defender este nuevo hogar y no tanto por el mero hecho de querer ser más fuertes para pelear con enemigos más poderosos a lo Goku y Vegeta, si bien esta parte de saiyajin en mayor o menor medida siempre la van a coservar, siempre les va a gustar pelear aunque menos que sus padres. Sobre lo de Sakura, que me parece una excelente que menciones el tema, voy a hacer una aclaración al final de capítulo porque no eres el único que toca ese punto. Mil gracias por leer la historia de la manera en que lo haces amigo, espero y te guste este capítulo y ojalá nos leamos dentro de poco otra vez. Cuídate.

Karzec 56: Sí, el momento del Ozaru algún día tenía que llegar. Ya veremos quienes intentan calmarlo y cómo lo hacen, así que esperemos que el capítulo solvente tus dudas, pero por sobre todo, que te entretenga. Sobre tus preguntas, son de esas que lamentablemente tendré que abstenerme de contestar jaja, ya veremos cómo se va dando todo. Cuídate y gracias por tu apoyo.

Guest: Todo es posible, amigo. En el caso de un Cross con Goblyn Slayer, me parece correcto que Trunks llegue de bebé, no obstante la diferencia de poderes entre ambos universos es tan absurda, que sería ideal poner a ese Trunks con la fuerza de Goku a principios de DB a lo mucho, y no desarrollarlo mucho más de ahí. Lamentablemente por cuestiones de tiempo y compromisos, no tengo en mis planes una historia así.

Aurea Mabele: En este capítulo verás quienes intervienen para resolver este embrollo además de Trunks. Tienes razón con Danzo, se merece morir jaja, aunque preferiría que esté consciente para ello, ya veremos cómo queda el asunto. Y sobre tu pregunta, en un hipotético embarazo de Sakura, la verdad no he pensado en eso… ¿o no lo quiero decir? En fin, disfruta del nuevo capítulo. Muchas gracias por leer y comentar.

Pedro Lucas: Un gusto saber que el capítulo te haya gustado tanto, amigo. Muchas gracias por el mensaje. Pasa a leer el siguiente, espero y sea de tu agrado ;)

Ahora sí, los dejo con el capítulo 26.

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26. Gratitud

Jūgo se levantó entre bamboleos tan pronto su cuerpo se detuvo. Estaba aturdido. Una grotesca herida exponía los huesos de su costado derecho, y la carne, abierta desde dentro hacia afuera, se mostraba chamuscada por la brutal embestida eléctrica recibida. El aspecto de las lesiones era espantoso, pese a ello, apenas dolía porque las severas quemaduras comprometían los nervios. Empezó a regenerar las células de sus tejidos dañados mientras veía el entorno destruido, y a medida que reparaba en los árboles partidos y el suelo dividido, crecía en él la locura y el descontrol.

―¡MALDITO, ME LAS VAS A PAGAR! ―aulló hacia el cielo nocturno―. No te lo perdonaré, no te lo perdonaré, ¡NO TE LO PERDONARÉ! ―Convirtió su brazo izquierdo en una suerte de hacha gigante y comenzó a correr a toda velocidad de vuelta a la batalla.

Cuando atravesó la última hilera de arbustos que le separaban del caótico escenario, encontró al maltrecho Susanoo azul con Sasuke, Karin y un debilitado Itachi vomitando sangre en su interior. Suigetsu blandía la sanbatō con furia, incapaz de conectar un golpe limpio al veloz Kimimaro, quien dio por terminada la refriega entre ambos cuando atacó con un látigo de púas que no era más que su columna vertebral, la cual enrolló en la maltratada espada y la rompió en tres grandes pedazos al traccionar con fuerza.

El samurái azul disparaba flechas con un poder penetrante tan feroz, que se las arreglaba para traspasar las paredes de polvo de oro que construía el Cuarto Kazekage, con lo cual Sasuke mantenía a raya el avance enemigo. Algunos proyectiles atravesaban de cuando en cuando a Mū o a Rasa, partiéndolos a la mitad con pasmosa facilidad, pero ellos, inmortales, ni se esforzaban en esquivar y volvían a rearmarse en medio de un torbellino de papeles cenizos. Una batalla sin fin, que perdería Uchiha a la larga cuando se agotara su chakra frente a un enemigo que jamás moría ni se cansaba. No podía frenarlos por siempre con ese método de disparar flechas indiscriminadamente, por lo que debía huir ahora, momento en que los edo estaban reconstruyéndose.

¡CRAAACCK!

Pero apenas lo intentó, el muro de oro se abrió y dio paso al Tercer Raikage, quien se abalanzó contra el gigantesco samurái y lo golpeó por la espalda con su técnica más letal: la Espada Definitiva, atravesando la armadura del Susanoo con su chakra eléctrico concentrado en la superficie de un dedo.

―¡Amaterasu! ―Sasuke aprovechó que su adversario no fue capaz de traspasar por completo la armadura y utilizó sus llamas negras para quemarle el brazo atascado. El Raikage, para evitar que el fuego se esparciera y cubriera la totalidad de su cuerpo, tuvo que cortarse la extremidad afectada usando su otra mano a manera de una espada eléctrica. Un sacrificio menor considerando que a los pocos segundos se regeneraba la extremidad amputada.

―Sasuke, ¿estás bien? ―preguntó Karin cuando lo vio caer de rodillas por el cansancio―. ¡Ten, muerde mi muñeca para que recuperes algo de energía!

Él se negó, apartando con su mano la de ella.

―Guarda tu chakra por si uno de nosotros sale herido. Debemos encontrar la manera de crear una distracción para escapar.

No sería fácil. Suigetsu estaba desarmado. Jūgo, presa de una ira demencial, se lanzó a un intercambio de golpes con el Raikage quien, por segunda vez, lo mandaba a volar al bosque con un atronador puñetazo cobalto. Itachi ni siquiera se podía mantener en pie, por lo que Karin le sostenía. Solo quedaba Sasuke, exhausto, con un Susanoo imperfecto que no tenía ni un tercio de la talla que podría tener, y que se debilitaba a la par que la energía de su creador se agotaba.

―Vamos a presionar un poco más ―murmuró Obito con el Sharingan brillando perversamente.

Kimimaro puso las palmas en el suelo, y ejecutó la misma técnica que le costó la vida en su pelea con Gaara: un bosque de huesos brotó de la tierra, simulando árboles retorcidos, cruentos y afilados que perforaban todo lo que se encontrara en su ominoso trayecto en un radio de al menos cien metros. Suigetsu terminó hecho una gelatinosa pulpa de agua. El Susanoo quedó paralizado en medio del entramado de picos; algunos perforaban su estructura, otros inmovilizaban sus articulaciones, como una mosca atrapada en una intrincada telaraña de huesos.

No estaría mal si elevamos un poco la apuesta. Ya sabes, para apurar las cosas. ―Aquí fue cuando Rō sugirió a Kabuto utilizar una técnica más peligrosa.

―Jinton: Genkai Hakuri no Jutsu (Elemento Polvo: Jutsu Desprendimiento del mundo Primitivo).

Mū disparó desde el aire un rayo de luz blanca justo al rostro del trabado Susanoo, destruyéndole el cráneo con todo y casco, y provocando con ello una reacción en cadena que terminó por esfumar el resto de su cuerpo.

Moribundas llamas añiles consumieron los huesos del samurái. Los shinobis que allí se escondían quedaron al descubierto, no tenían siquiera manera de escabullirse en la dentada selva de huesos porque Kimimaru deshizo el jutsu para dejarles a campo abierto. El aspecto de Sasuke era lamentable, sudaba y jadeaba en un febril estado de extenuación, y se sabía incapaz de volver a invocar un Susanoo medianamente decente. Karin le abrazó por la espalda, convulsionada en pavor a la espera del momento final.

―No te apresures, que todavía puedo pelear. ―dijo él en tanto la hacía a un lado para tomar su postura de combate, con la katana imbuida en elemento rayo en sus manos.

Entonces el Raikage se lanzó una vez más con su técnica definitiva, Ippon Nukite (Un Dedo Nukite), como la lanza que terminaría el trabajo.

¡Zip!

El impacto nunca llegó. Los ojos de Karin se ampliaron al ver un kanji familiar que aparecía de la nada frente a ellos. Con un movimiento muy de Hyūga, Goten desvió con una palma el brazo del Raikage hacia un lado, mientras con la otra lo golpeaba en el pecho con una fuerza tal, que lo mandó por donde vino a una velocidad casi imperceptible.

¡BAAAAMMM!

El torso del Raikage se agrietó como el cristal. Su legendaria armadura eléctrica, impenetrable según contaban las lenguas, no fue rival para la fuerza del saiyajin. En su retroceso el hombretón chocó contra Mū y lo hizo polvo, más atrás se topó también con Obito, pero lo traspasó porque este activó su intangibilidad a tiempo.

Rasa no lo podía creer. Aquel muchacho, joven por de más y sin una bandana que le identificara siquiera como shinobi, destrozó sin dificultad el cuerpo del Tercer Raikage, el mismo que se enfrentó a un ejército de diez mil soldados de Iwagakure y cortó a mano limpia uno de los cuernos del Hachibi. Su velocidad tampoco era de este mundo, y supo que no era el único en sentir un extraño temor cuando leyó la misma consternación en el rostro del recién regenerado Mū.

―No sé qué demonios estás tramando ―Goten retó al enmascarado con una expresión feroz―, pero no te permitiré hacer lo que te venga en gana. Si quieres pelear, lamento informar que no pienso darte el gusto. ―Se dio la vuelta y tendió un brazo al confundido grupo de Sasuke― Rápido, denme su mano. Nos iremos de acá cuanto antes.

―No sin Jūgo ―pidió Karin con una mirada suplicante―. Sigue en el bosque. Debe estar herido, no podemos dejarlo así.

―Ya lo buscaré luego, por ahora tenemos que…

¿Tan rápido abandonas la fiesta, Son Goten?

La voz de Rō hizo eco en la cabeza del saiyajin. La piel se le puso de gallina a la par que los pelos de la cola de mono se le erizaban como pinchos. Un mal presagio anegó su humanidad de pies a cabeza.

―¿Quién eres? ¿Cómo sabes mi nombre? ―gritó con la mirada al cielo. Sea quien sea, se trataba de un individuo con un poder mental superior al suyo, pues este no le permitía responder telepáticamente de regreso y tampoco podía sentir su presencia.

¡Ah, no seas grosero conmigo, ten un poco más de respeto! Soy Kaiō-shin, y la verdad es que me simpatizas mucho, Son Goten. Solo quiero ser tu amigo, jugar algo divertido contigo. Vamos, no seas tan suspicaz, ¿quieres conocerme? Pues bien, escucha con atención porque te diré en donde vivo para que puedas venir a verme. Estoy acá, arriba, en la Luna. ¿No me crees? Entonces mírala fijamente y comprobarás que digo la verdad.

El saiyajin afiló la mirada en dirección al firmamento. Las nubes se dispersaban de a poco, desvelando una triste Luna tan famélica como un trozo de uña que, de un segundo a otro, empezó a crecer y a iluminarlos en un manto puro de plata. La noche se hacía día. Fue tan notorio, que todos pusieron su atención en lo mismo que Goten y compartieron su abstracción

―La Luna se está llenando ―murmuró Karin, perpleja en la incipiente redondez del satélite y en cómo parecía hacerse más próximo a la Tierra―. Esto no es posible, se supone que no debería cambiar de un momento a otro, es antinatural.

Su inquietud quedó en la nada. El desagradable silencio se rompió con el sonido de los timbales que anunciaban la hecatombe; los latidos del corazón de Goten se hicieron tan potentes, que se escuchaban a través de su pecho henchido, golpeándolo con una fuerza tan desmesurada que amenazaba con partirle las costillas. Ese sonido era la antesala a la muerte que billones de desgraciadas razas tuvieron el infortunio de escuchar antes de su extinción y la de sus planetas.

Goten soltó un aullido inhumano, espantoso. Sus ojos se tornaron rojos y enormes. Su musculatura crecía al punto que rasgaba sus vestiduras. Crujidos óseos inundaron el lugar, signo de la dolorosa metamorfosis que su cuerpo, ahora cubierto de un oscuro manto de pelaje negro, sufría debido a las millones de ondas Blutz procedentes de la Luna que penetraban sus retinas.

―¿Qué mierda está pasando? ―Obito quedó pasmado. La funesta sombra del Ōzaru se alargaba más y más, hasta arroparlos cuando alcanzó su talla final por encima de los treinta metros de altura.

El monstruo emitió un rugido tan potente, que las montañas aledañas se estremecieron y el suelo a su alrededor se fragmentó en grandes trozos. Los shinobis cubrían sus oídos porque el ruido era simplemente ensordecedor, y se adherían al piso canalizando chakra en sus pies para no salir expedidos por las ráfagas de viento provenientes de los gritos de la bestia. Los temblores, lejos de cesar, se hicieron más violentos y extensos cuando el gorila empezó a golpearse el pecho con sus enormes puños en una primitiva pero avasallante demostración de poder y dominio.

Hay que azuzarlo un poco ―comentó Rou en la conmocionada mente de Zetsu―. La princesa Kaguya te lo agradecería ―soltó con ponzoña al cabo de unos segundos de no recibir respuesta.

Zetsu sacudió la cabeza y salpicó sudor en el proceso. No cabía de asombro, era aterrador ver en lo que se había convertido Goten, pero temió también a Kaiō-shin y su malicia, responsable esta del despertar del monstruo. Necesitaba traer de regreso a su madre, y para ello, debía obedecer. Así ordenó a los Zetsus blancos bajo tierra emerger para iniciar la acometida planificada: hileras de cuerpos color nieve brotaron del suelo y treparon por las piernas del gigantesco simio que ni siquiera estaba al tanto de su existencia.

¡BOOM! ¡BOOM! ¡KABOOM!

Los Zetsus explotaban en cadena, unos tras otros. El tren inferior del Ōzaru quedó cubierto por un ruidoso y molesto manto de fuego que terminó por enloquecerlo. La bestia estalló en cólera junto a su inmenso y revoltoso ki, que arrancaba árboles enteros de raíz con su tempestuosa furia, y los shinobis, agazapados en el suelo, luchaban para no salir volando como míseras piedrecitas. Entonces la atmósfera se pintó de púrpura cuando abrió sus fauces y concentró dentro de ellas la energía suficiente para vaporizar mil veces al planeta Tierra.

―¿Qué has hecho? ―susurró Obito a un Zetsu que nunca llegaría a escucharle.

Todos quedaron petrificados viendo, bajo una angustiante y subjetiva ralentización del tiempo, cómo el rayo de energía salía disparado de la boca del mono en dirección al horizonte... pero una salvadora columna de ki dorada se atravesó en la funesta escena, dibujando una parábola hasta chocar con el rayo púrpura para desviarlo a los cielos antes de que tocara tierra. Desde el espacio exterior se veía cómo dos hilos, uno violáceo y otro de oro, abandonaban en paralelo la superficie de la Tierra, adentrándose en la infinidad del cosmos hasta reventar contra alguna desgraciada estrella.

―Trunks… ―El primero en detectarlo fue Sasuke. El resto siguió su mirada para encontrarse con lo mismo que él.

En efecto, el saiyajin flotaba por lo menos a cien metros encima de ellos. Todavía mantenía una mano extendida, y con la otra sostenía su antebrazo. Jadeaba en señal de agitación por haber evitado la catástrofe en el último instante. Su apariencia era imponente, estaba rodeado por relámpagos y una enorme melena de picos dorados le llegaba más abajo de la espalda. Pese a ello, se le veía alarmado dada la extrema peligrosidad de su imprevisto adversario.

―¡Goten, debes calmarte de inmediato, estuviste a punto de destruir el planeta!

El gorila gigante no lo escuchaba. De hecho, ni siquiera parecía haber notado que su disparo de ki había sido repelido. En lugar de eso, prefería rugir y golpearse el pecho en un frenesí bestial. Dobló sus piernas, y en un abrir y cerrar de ojos, ejecutó un salto tan potente que llegó a las nubes. El suelo bajó él se hundió en un inmenso cráter, y los shinobis, ahora sí, volaron como insectos en todas direcciones. Aterrizó en un peñasco a varios kilómetros de la zona, reventándolo en miles de pedazos con lo que sucumbió también al placer de la destrucción: empezó a golpear con sus musculosos brazos cuantas piedras y pequeñas montañas tenía a su alcance en un arrebato de ira desbocada.

Trunks voló y se colocó ante sus ojos rojos para captar su atención.

―¡Goten, reacciona de una vez! Si continúas así, terminarás por matar a algui…

Como si fuera un mosquito, el simio se lo quitó de enfrente con un manotazo que lo hizo atravesar cinco montañas seguidas en un suspiro. Al cabo de unos segundos, sobre un colchón de piedras hechas polvo, se levantó Trunks con la cabeza dándole vueltas. Pensó que por su gran tamaño, la velocidad de Goten sería pobre, pero se equivocó rotundamente.

―Parece que no diferencia entre amigos o enemigos. Lo peor es que no es capaz de regular su ki, por lo que podría destruir más de la cuenta si no lo detengo.

Trunks lo tenía claro. El llanto metálico de su espada abandonando la funda, resonó entre los inertes acantilados de la frontera con el País del Rayo, lugar a donde fue a parar. Y mientras empuñaba con fuerza en mango en su diestra, un recuerdo olvidado se hizo nítido como la espléndida Luna llena.

¿A ti jamás te creció la cola otra vez? ―preguntó un pequeño Goten que asestaba vigoroso bocados a un pescado asado al pie de una fogata―. Supuestamente ambos teníamos una y nos la cortaron apenas nacimos.

Sí, hace un par de años me comenzó a crecer otra vez, pero mi mamá dijo que tenerla era peligroso y que lo mejor sería cortarla de nuevo…

Ninguno de los dos sabía en aquel entonces el porqué de semejante razonamiento. Varios años después, el saiyajin volaba de regreso, con espada en mano, al encuentro de la bestia irracional en que se había convertido su amigo.

Allí estaba, arrancando y lanzando árboles que parecían ramitas entre sus temibles manos; triturando bajo brutales abrazos los inmensos peñascos a su alcance; pisoteando y pateando, poseso en una algarabía feral, los cadáveres de sus inanimados oponentes que no habían recibido suficiente bajo su juicio irracional.

Cuando ya no tenía nada más que destrozar, gritó con rabia y disparó por su boca otro rayo de energía púrpura. Pero Trunks, que se acercaba de frente, lo cortó a la mitad con una afilada onda de ki salida de su espada. La técnica de Goten se dividió en dos columnas mucho más débiles que siguieron por direcciones opuestas, si bien estallaron con un poder tan atronador, que el temblor surcó por los países más cercanos, y un par de cúpulas moradas fueron visibles como lunares que maltrataban la superficie del globo terráqueo desde el espacio exterior.

Esta vez el Ōzaru le observó con mucha atención, apretando su mandíbula y enseñándole sus espeluznantes colmillos como muestra de cólera e intimidación. Abrió sus fauces en ademán de disparar otra vez, si bien Trunks se anticipó y atacó primero con una ráfaga de ki que engulló por completo la cabeza del simio. Una vez cegado y aturdido, el saiyajin sobrevoló su cabeza, dibujando una trayectoria en arco descendente directo a la cola que pretendía cercenar. Mayúscula fue su sorpresa cuando Goten giró el tronco y le asestó un codazo que, por segunda vez, lo mandó a gran distancia y velocidad a un doloroso aterrizaje contra más rocas.

―Aprende rápido ―dijo Rō en la soledad de su palacio con la bola de cristal delante―. Los saiyajins son capaces de adaptarse durante la batalla para sobrevivir, especialmente ahora que se encuentra en el estado más puro e instintivo de su raza. No solo es su poder lo que incrementa diez veces, sino también sus sentidos, sus sinapsis neuronales, su frecuencia ventilatoria y pulso, su percepción alterada de la realidad que le rodea. ¡Sería simplemente abrumador estar en la mente de ese animal!

Trunks, por su parte, llegó a una conclusión similar. Al principio el Ōzaru no se daba cuenta de lo que ocurría a su alrededor, pero ahora sabía percibir el ki de su enemigo sin mirar. Estaba evolucionando, prueba de ello es que arrojaba rayos de energía por la boca a diestra y siniestra sin reventar el planeta, aunque el daño colateral producido era devastador, lo suficiente como para borrar a Konoha varias veces del mapa.

―¡Maldición, debes parar! ―El saiyajin elevó su ki y se lanzó de nuevo al ataque.

Cuando estaba sobre el Ōzaru, comenzó a bombardearlo con pequeñas esferas explosivas de energía que lo enloquecían y distraían, haciéndolo retroceder torpemente hasta que sus patas comenzaron a enredarse. Entonces Trunks, para terminar de derribarlo, se lanzó como un torpedo y lo tacleó con todas sus fuerzas en el pecho.

La escena resultaba ridícula. Un gorila de más de treinta metros de altura y decenas de toneladas de peso, prácticamente fue arrojado de espaldas por un pequeño punto dorado que se estrelló en su torso. Una vez en el suelo, tendido cuan largo era, Trunks intentó por segunda vez cortarle la cola, pero lo subestimó más de la cuenta, la velocidad de reacción del Ōzaru era tremenda para su enorme talla: desapareció frente a sus ojos.

Una sombra aciaga arropó al saiyajin. El miedo surcó su médula, y cuando se giró completamente, se encontró con el monstruo impactándole el tercer golpe de la noche. Esta vez fue un manotazo que lo enterró contra el suelo, y acto seguido, sin darle tiempo a reincorporarse, una pata gigante le aplastaba de la cintura hacia abajo.

Trunks chilló de dolor. Sus alaridos hicieron eco a lo largo y ancho del bosque, llegando a oídos de los shinobis que estaban muy lejos. Tal cosa hizo reaccionar al Ōzaru, que inmediatamente levantó su pierna para no hacerle más daño, y sus agresivos rasgos se suavizaron dentro de lo que era esperable para una bestia de su porte. Incluso se agachó y tomó con delicadeza a su amigo, alzándolo a la altura de su rostro.

―Parece que ya eres tú de nuevo ―masculló Trunks, empapado en sudor por el intenso dolor. Poco a poco se sentó en las palmas del Ōzaru, cuya energía se percibía ya más estable.

―¡Oh, no! Todavía es demasiado pronto para ponernos sentimentales. ―Rō necesitaba más energía, por lo que, previendo este escenario, utilizó una técnica que se tenía reservada para desquiciar al monstruo en caso de que empezara a reaccionar. Rodeó con sus manos la bola de cristal, de cuya diáfana superficie empezaron a manar pequeñas chispas de electricidad.

De otro lado del universo, literalmente, la sensación de un millar de agujas al rojo vivo enterrándose a lo largo del espinazo invadió a Goten. El ardor se extendía por cada una de las raíces nerviosas que brotaban de su columna, alcanzando cada fibra y rincón imaginable de su anatomía. El dolor era atroz, nublaba su cordura y desequilibraba otra vez su frágil estabilidad mental. Rugió a los cielos con tanta fuerza, que el entorno vibraba y parecía ceder en su presencia.

Entonces estrujó a su amigo con desmedida fiereza. Lo único que sobresalía de entre sus inmensas manos, era la cabeza del saiyajin gritando de agonía a todo pulmón, indefenso por tener sus cuatro extremidades inmovilizadas.

Trunks sentía que todos sus huesos crujían y llegaban al límite de reventar en astillas. Como su cabeza era lo único que estaba al descubierto, se concentró lo mejor que pudo para disparar desde su boca una ráfaga de ki que impactó de lleno en uno de los grandes ojos rojos de su agresor. Fue puesto en libertad de inmediato, sin fuerzas para flotar y detener su larga caída. No perdió la consciencia, pero sí la transformación del Super Saiyajin 3. Yacía en el suelo sobre un pequeño cráter, y encima de él, marchaba el Ōzaru adolorido, cubriendo su ojo herido y echando espumarajos de saliva.

―Justo cuando pensé que habías vuelto. ―Se arrastró lo más rápido que pudo fuera del alcance de las demenciales pisadas del gorila gigante. Se levantó en medio de vaivenes, suprimió su ki a cero, y corrió en dirección a los árboles sobrevivientes más cercanos, para después saltar de rama en rama como hiciera un shinobi cualquiera para tomar distancia y descansar un poco. Debía replantear su estrategia, porque el plan de cortar la cola no había salido en absoluto bien, y por si fuera poco, había dejado atrás su espada.

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Un grupo de ninjas se congregó con Kakashi en la oficina principal de la torre Kage. Sabían que algo malo había ocurrido desde la curiosa partida de Goten. Desde lo acontecido con Akatsuki, desarrollaron todavía más ese sentido que detectaba las malas vibras. La misma Ino notó extraño a Trunks cuando se despidió, por lo que fue a contárselo a Shikamaru y Chōji, ya que los nervios se acrecentaban en ella sin tregua. Al principio no le dieron mayor importancia a su testimonio, creyéndolo producto de su todavía insegura condición, pero cuando se enteraron que Kakashi los solicitó para comunicarles algo similar, comprendieron que nada bueno podía esperarse de la salida de ambos saiyajins.

―Yo vi que voló hacia la cima del monumento Kage ―comentó Ino, lo cual coincidía con el rumbo que tomó Goten―. Me dijo que todo estaría bien, que se ocuparía de un asunto rápidamente y que… que me fuera a casa a descansar…

―¿Qué hay de Sakura? ―preguntó Shikamaru―. ¿Y Naruto?

―Se supone que Naruto entrena con Jiraiya en un lugar clasificado del cual solo Hokage-sama tiene conocimiento. Respecto a Sakura, como su sensei no creo conveniente que nos acompañe, necesito que todos estemos en perfectas condiciones y ella viene de recibir un entrenamiento intensivo.

―Cuando fui a buscarla a su casa, me recibieron sus padres. ―Sostuvo Sai para dar validez a Kakashi― Dijeron que llevaba más de medio día durmiendo y pensé que estaría agotada.

Tsunade contempló a la cuadrilla de la que disponía: Shikamaru, Chōji, Hinata, Kiba, Shino, Sai, y por supuesto, Kakashi. Un equipo bastante completo y de variadas habilidades para adentrarse a esta inesperada misión con apenas detalles.

―¿Cómo haremos para encontrarlos? ―gruñó Kiba a espaldas del lanudo Akamaru―. Bien podrían estar demasiado lejos como para iniciar el rastreo desde acá.

―Los harán, tenlo por seguro. ―Tsunade desvió su atención en las ondas que alteraban la superficie de su taza de té. El resto notó también ese ínfimo detalle, y comprendieron a qué se refería la Hokage―. Cuando hablamos de esos dos, el alboroto no será pequeño. Solo les tengo una condición innegociable para abandonar la misión: si un ser proveniente de otro planeta está involucrado, o alguna fuerza mayor que vaya mucho más allá de lo que los humanos podemos manejar, den media vuelta y regresen a la aldea. No quiero que pierdan sus vidas por nada.

―Entendido. ―Asintió Kakashi―. Saldremos de inmediato. En el camino organizaremos la estrategia. Es probable que estén muy lejos, no tenemos tiempo que perder.

De uno en uno salieron de la oficina, a excepción de Shikamaru y Chōji que observaron en silencio a su apesadumbrada amiga.

―Descuida, Ino, regresaremos con él en una pieza. ―Aseguró Chōji en tono tranquilizador y colocando una mano en su hombro―. En menos de lo que te imaginas habremos aclarado este asunto.

Ella buscó respuestas en la inexpresiva mirada de Shikamaru, quien se limitó a permanecer en su sitio sin atreverse a dar un pronóstico de la situación. Tan realista como de costumbre.

―Ve a casa. En cuanto tengamos información, prometo que te mantendremos al tanto.

Los dos fueron a reunirse con el resto a las afueras de la torre. De allí partieron a toda velocidad a la entrada de la aldea e iniciaron una frenética corrida en dirección al norte. Como predijo Tsunade, no llevaban ni cinco minutos saltando cuando sintieron los primeros temblores y vieron destellos en el cielo. Particular distracción les produjo las dos columnas luminosas, una púrpura y otra dorada, que se adentraban al oscuro firmamento.

―Son ellos, no hay duda ―clamó Kakashi a la cabeza de la formación mientras destapaba su ojo Sharingan.

Hinata activó el Byakugan para tener una visión panorámica del entorno y prevenir emboscadas o evitar toparse con potenciales enemigos. Kiba, por su parte, advirtió que el ki de los saiyajins era tan inmenso, que podía olerlo pese a que se encontraban a decenas de kilómetros de distancia, pero especial atención le mereció el nuevo aroma que parecía pertenecer a Goten. Akamaru también lo detectó, y al igual que su amo, se le erizaron los pelos en pavor, incluso empezó a gemir por la desagradable sensación que le transfería dicha esencia.

―¿Qué te está diciendo, Kiba? ―inquirió Shikamaru desde el medio la fila.

―Esto… no lo entiendo… ―Hizo una pausa. Tragó fuerte. Los demás se impregnaron de su aprensión―. Recuerdo cuando era tan solo un niño y mi hermana me llevaba de caza con los ninken. Salíamos por conejos. El objetivo no era que los perros más experimentados los mataran de inmediato, sino acorralarlos para que los cachorros los corretearan un rato y aprendieran el oficio. Mi hermana siempre insistía en llevar a un lobo desobediente, no recuerdo su nombre, pero sé que pertenecía a la camada de los hermanos Haimaru. Era fuerte, rápido, diría que hasta inmune al dolor, pero no era muy inteligente, y la cacería se le daba concretamente mal: enloquecía cuando olfateaba el aterrado olor que desprendían los conejos arrinconados, mientras que su chakra reverberaba en lo que pudiera describir como una mezcla de locura y sed de sangre.

―¿A dónde quieres llegar? Termina de decirlo de una buena vez. ―exigió Nara, poco dado a los rodeos.

―Lo siento, es que no encuentro la manera de hacerme entender. Esto es muy raro. ―Volvió a callar. Pensaron que no hablaría más, hasta que los heló con las palabras que articularon sus labios―. El ki de Goten huele al del lobo que destrozaba los conejos…

Todos ampliaron los ojos por la impresión. Kakashi, acelerando todavía más el paso, giró la cabeza y perforó a Kiba con su ojo carmesí.

―¿De qué demonios estás hablando? Explícate mejor.

―No lo sé, no tiene sentido, ¿de acuerdo? Tan solo les digo lo que me transmite el olor de su energía.

―¿Hay un tercer olor acaso? ¿Qué me dices de Trunks?

―No, Shikamaru, no hay un tercero. Solo detecto dos desde esta distancia. El de Trunks no tiene nada extraño, pero se percibe fuerte, como el día en que esos dos pelearon. Diría que está usando mucha energía como para poder rastrearla desde aquí.

Eso significaba que no había un enemigo con ki. Solo eran Goten y Trunks, pero la energía de uno se sentía, en palabras de Kiba, como el de una bestia asesina, siendo Trunks quien se le oponía por descarte. No había de otra. No tenía sentido que usaran tanto poder para lidiar con Akatsuki si es que ese fuera el caso. La simple conclusión, a la que llegó el grupo entero sin mediar diálogo alguno, les inundó de miedo.

―Goten, es imposible que tú… ―susurró Kakashi, dolido y negándose a creerlo. La persona más noble que conocía, ¿poseído por una violencia incontrolable?

De sus cavilaciones le sacó un disparo de ki púrpura que los sobrevoló, el cual aterrizó a una gran distancia, pero estalló con la potencia necesaria como para vaporizar a una aldea ninja. A los segundos los alcanzó el sonido amortiguado de la detonación, y después, una ráfaga de viento que quebró las ramas sobre las que saltaban y por poco los tiraba de bruces.

―Eso vino de Goten. Llevaba su rastro ―sentenció Kiba con el sudor helado corriéndole por sus contorsionados rasgos.

Un sentimiento de desesperanza los sacudió por dentro. ¿Qué mierda estaba pasando?

Continuaron corrieron por varios minutos a toda velocidad, concentrando bastante chakra en sus zancadas para alcanzar en tiempo record la frontera que separaba el País del Fuego con la extinta aldea del sonido. En el trayecto, pasaron sobre sus cabezas varios rayos más de energía. Era en extremo peligroso lo que hacían, bastaba con que una de esas cosas aterrizara a menos de diez kilómetros de ellos y serían devorados en milésimas de segundo por la cruenta explosión… pero siguieron. Ignoraron la orden de Tsunade. Llegaron al acuerdo mudo y tácito de alcanzar a su objetivo porque tenían que descubrir la verdad.

Viajaron sin pausa, acelerando incluso el paso progresivamente a todo lo que daban, hasta que Hinata advirtió con buena antelación que, casi un kilómetro al frente, tenía lugar una pelea, una que no involucraba a los saiyajins.

―Es Sasuke y su equipo. Parece que están en problemas ―anunció ella, recordando el chakra del equipo Taka aquella vez. Kiba confirmó la información. De los demás no tenían registro ni él ni Akamaru en su sistema olfativo.

Cuando alcanzaron el claro donde se gestaba la riña, encontraron efectivamente al equipo Taka rodeado por una formación de cuatro esquinas compuesta por shinobis que, dado su aspecto, eran resurrecciones del Edo Tensei. Significaba que Kabuto debía estar cerca. Vieron a Itachi sin conocimiento en brazos de Karin; a Suigetsu cubierto en chispas de estática y con partes de su cuerpo derretidas, víctima del chakra tipo rayo y presentando ya dificultades para regenerarse; a Jugo con problemas similares, demasiado golpeado, mutilado y con apenas energía para autosanar sus heridas.

El aspecto de Sasuke era lamentable, sudaba copiosamente y tosía sangre a causa de su magullado tórax. Ya sin una gota de energía, lo vieron caer de rodillas y gritar de dolor mientras las marcas del sello ardían en brasas sobre su piel y se recogían dentro del símbolo en su cuello. Lo que ocurrió a continuación fue cuando menos asqueroso e impactante en partes iguales: del sello maldito empezó a surgir una retorcida figura viscosa cubierta por blancas serpientes, que de a poco adoptaba forma humana hasta mostrarse como Orochimaru, completo de pies a cabeza aunque visiblemente extenuado, lánguido y de aspecto demacrado, esto porque Sasuke se las arregló para mantener el sellado lo máximo posible mientras robaba fuerzas del sannin para seguir peleando.

―Por lo visto tenemos compañía. ―habló Rasa, el único al que Kakashi logró identificar como el difunto Cuarto Kazekage―. Da igual, parece que, por lo que respecta a nosotros, estamos por terminar con nuestro trabajo acá, lo cual es una lástima si me lo preguntan: de tener mi voluntad intacta, haría pedazos con mis propias manos al desgraciado que me apuñaló por la espalda.

Orochimaru jadeaba rápida y superficialmente. Una película de transpiración hacía brillar su pálida piel. Se mostraba divertido con el comentario de Rasa, sin embargo, no se veía especialmente confundido, esto debido a que, aprisionado dentro de Sasuke, tenía una noción parcial de lo que ocurría afuera. Sospechaba que Kabuto le necesitaba y había ido a su rescate con los Edo.

Los ninjas de Konoha se mantuvieron en silencio. No tenían ni la más jodida idea de lo que había pasado. Un rugido espantoso, si bien demasiado lejano, les erizó la piel desagradablemente y les recordó otra vez el propósito de su viaje. Akamaru, agazapado contra las piernas de su amo, comenzó a gemir de nuevo.

―Este encuentro nuestro no es casualidad. ―Kakashi paseó la mirada hasta detenerla en Sasuke― ¿Qué pasó con Goten y Trunks?

―Ese rugido de hace poco… es él… ―respondió Karin, alterada y temblando de miedo―. Goten vino a ayudarnos. Luego… no sé qué fue lo que pasó, pero miró la Luna y se convirtió en un monstruo, en una especie de simio gigante muy peligroso. Trunks intenta detenerlo.

―¿Has dicho un simio gigante? ―El jōnin tuvo una clara visión de la cola de mono en su mente. Relacionó rápidamente una cosa con otra.

―Algo extraño pasó con la Luna, de un momento a otro cambió de fase y se hizo llena. Estoy segura que se trata de eso, porque es algo que no pasa de forma natural. Cuando la vio, reaccionó de forma muy extraña y se convirtió en… en esa cosa…

Shikamaru inició mentalmente con su ejercicio de conexiones. Fue su turno de preguntar a la chica.

―¿Había alguien más acá aparte de ustedes?

―El enmascarado y los sujetos blancos que parecen plantas, pero siguieron el rastro de Goten.

―Por lo que asumo que ese era el verdadero objetivo de Akatsuki. Ustedes ya no les interesan, o al menos solo tienen valor para Kabuto.

Otro rugido bestial, esta vez mucho más fuerte y cercano, infundió temor en los ninjas. El suelo vibró. Un disparo púrpura atravesó los cielos y aterrizó quién sabe dónde, provocando una explosión colosal que estremeció a las naciones circundantes. Ya los demás Kages debían figurarse lo que estaba pasando.

―Nos dividiremos para investigar. Equipo 8, permanezcan acá en caso de que necesitemos refuerzos. No intenten pelear en favor del equipo Taka, es un riesgo fuera del objetivo de la misión que no estoy dispuesto a que asuman. Shikamaru, Chōji, vienen conmigo. Sai, necesito que sobrevueles el perímetro para mantener una vista panorámica. ¿Entendieron?

―¡Hai!

Como borrones grises, desaparecieron instantáneamente los tres, en tanto Sai dibujó en sus pergaminos un gran pájaro que cobró vida y le sirvió como instrumento de transporte. Kakashi no quería ni necesitaba exponerlos a todos al mismo tiempo, pero tampoco pretendía que lucharan contra Kabuto porque, si bien resultaría ideal para evitar el rescate de Orochimaru, no aseguraba el éxito de dicha empresa ni manteniendo al grupo completo, pues sus oponentes serían tres Kages inmortales y un sujeto seguramente muy poderoso también. Debían centrarse en Goten y Trunks.

En un momento dado del recorrido, el bosque desapareció frente a sus ojos sin más. No había ni un árbol para desplazarse, y solo un erial marchito, humeante y chamuscado, los recibía tétricamente. Tuvieron que continuar corriendo por varios kilómetros, y empezaron a asustarse al concebir que Goten se encontraba mucho más lejos de lo que creían y aun así sus espeluznantes e inhumanos aullidos eran audibles.

―¿Pero qué demonios? ―Sai quedó pasmado. No tuvo fuerzas ni concentración para descender y dar el aviso. A cien metros del suelo, fue el primero en horrorizarse con aquello que se suponía era el saiyajin. La distancia era grande, pese a ello calculaba que el titánico simio alcanzaba la altura del monumento Kage.

El Ōzaru agitaba sus musculosos brazos, tratando de conectar un golpe a la luminosa línea dorada que volaba a su alrededor. Trunks lo atacaba con pequeñas explosiones de ki a modo de distracción, sin llegar a conseguir una abertura decente para acceder a su cola. Decidió entonces tomar distancia y elevarse más. Abrió sus brazos, y comenzó a concentrar una cantidad de energía mucho mayor en busca de aturdir por unos segundos a su oponente y terminar con el trabajo.

―¡FINAL FLASH! ―Una gruesa columna de luz, increíblemente veloz, partió directo al rostro del gorila. Era una súper técnica, un ataque devastador que como mínimo lo derribaría y dejaría atontado el tiempo suficiente para que le cortaran por fin la cola… pero no funcionó. El corazón de Trunks se detuvo al ver cómo el animal reaccionaba y levantaba la cabeza, abría la boca y en tiempo cero, sin carga de por medio, respondía con uno de sus disparos de ki.

¡ROOOOAAAMMM!

Las dos técnicas chocaron por un breve momento, si bien la batalla estaba perdida, porque en términos de fuerza bruta el Ōzaru era claramente superior y la energía púrpura terminó por consumir la de su adversario, que quedó impotente y paralizado viendo como la luminosa muerte se le echaba encima sin remedio.

―¡TRUNKS! ―gritó Chōji a todo pulmón. Kakashi y Shikamaru, boquiabiertos con la trágica escena, juraron que el ataque vaporizó al saiyajin sin dejar ni polvo.

Cuando la oscura nube se disipó, suspiraron de alivio al ver que se mantenía con vida. Flotaba en el mismo sitio, con los brazos cruzados y pequeños rastros de humo manando de su maltrecho cuerpo. Tenía la ropa hecha girones, el torso cubierto de dolorosas quemaduras y múltiples laceraciones que sumarían nuevas cicatrices al sanar. Respiraba entrecortado, y poco pudo hacer cuando el Ōzaru saltó y lo envió contra el suelo con otro manotazo devastador.

Cuando el gorila volvió a caer, el campo de batalla tembló. Triunfante, desgarró la atmósfera con sus gruñidos bestiales, y alardeó su primitivo canto de victoria golpeando repetidamente su pecho. Después empezó a disparar más rayos púrpuras de ki por la boca sin objetivo definido, por el simple hecho de destruir las escasas montañas que quedaban, cambiando en el proceso la geografía del planeta.

Kakashi rodeó la zona con los chicos para mantenerse a una distancia segura por ínfima que esta fuera. Ocultaron sus presencias, y optaron por seguir al pájaro que montaba Sai quien se dirigía a la zona donde aterrizó el saiyajin. Lo encontraron en su estado base apenas incorporado, recargando el peso sobre sus rodillas en tanto exhalaba ásperamente. Hilos de sangre le recorrían el rostro y goteaban de su mentón.

―No, no puede ser. ―La angustia desdibujó los rasgos de Trunks― ¿Qué hacen aquí? Deben irse, es demasiado peligroso.

Chōji y Shikamaru corrieron a sostenerlo cuando intentó dar un paso y por poco se cae. Todavía estaba aturdido por el último ataque.

―¿Por qué Goten se transformó en esa cosa? ―preguntó Kakashi―. ¿Sabías sobre eso y nunca nos lo contaste?

―Juro que no sabía nada ―replicó mientras sus amigos le ayudaban a sentarse―. Cuando niño yo también tuve cola y me la cortaron, quizá para prevenir algo así.

―La chica pelirroja que acompaña a Sasuke nos dijo que todo empezó cuando miró la Luna ―dijo Shikamaru, poniéndose de cuclillas para estar a su mismo nivel―. ¿Qué has hecho hasta el momento?

―Intenté cortarle la cola por varios medios, pero fue inútil. Es más rápido de lo que parece, no tanto como yo, pero sí lo suficiente para no dejarme alcanzar su espalda baja. Aprendió a sentir mi presencia durante la pelea, y por un breve momento pareció recobrar la razón y me reconoció… pero luego nada. Diría que empeoró.

―Esto es demasiado raro. ―Nara sostuvo su barbilla y meditó sobre aquello que le inquietaba― Es evidente que Akatsuki es responsable de conducirlos a esto. Lo que no tiene sentido es cómo se enteraron de algo que ni tú mismo conocías. Es imposible, a menos que…

―Que haya una tercera persona con ese conocimiento involucrada en esto. ―Completó Kakashi la sentencia.

―No, Kamisama no puede haber sido…

―¿Y cómo asegurarlo? ―farfulló Shikamaru―. En definitiva ya no se puede confiar en nadie.

Callaron por unos segundos. El eco de los gruñidos del simio se alejaba poco a poco en dirección al noroeste, tal vez en busca de más cosas que destruir. Debían detenerlo, o eventualmente llegaría a Iwagakure. De solo pensar en el daño que provocaría en un lugar habitado, les sobrevinieron intensos escalofríos.

En eso aterrizó Sai, avisando de la venida del equipo Gai que esa misma mañana había salido de misión. Cuando llegaron, quedaron horrorizados con la información suministrada por Kakashi. Tenten se llevó las manos a la boca, presa del shock al igual que el enmudecido Lee. Ninguno podía creer que Goten fungiera de autor de tamaño desastre.

―Tenemos una segunda opción. ―Kakashi se acercó a Trunks. Tan solo de intercambiar miradas, llegaron a la misma conclusión―. Si no puedes cortar su cola, tendrás que destruir la Luna.

―No, eso no ―protestó Neji como portavoz del resto―. ¡Es una absoluta locura! Destruirla podría generar alteraciones graves e irreversibles en la naturaleza y el clima.

―Los humanos nos adaptaremos. No hay otra opción.

―¿Está seguro, Kakashi sensei? Todavía podemos pelear ―sugirió Chōji―. Tenga en cuenta que si actuamos en conjunto, tendremos una verdadera oportunidad de distraerlo para que Trunks le corte la cola.

―Ni hablar. Miren cómo me ha dejado con unos pocos ataques. Un solo golpe y todos morirán. Además, su aura es demasiado poderosa, si la eleva ni siquiera se podrán acercar.

―Pero si no hacemos algo, miles de personas perderán la vida. ―Lee empuñó las manos, temblando en impotencia― Somos shinobis. La muerte nos acecha día a día. Si debemos sacrificarnos unos pocos para que vivan muchos, no está a discusión. Tenemos que actuar.

―Lee tiene razón. ―Tenten dio un paso al frente. Descolgó de su espalda el báculo sagrado y lo afirmó con determinación―. Faltan siete horas para que amanezca, tiempo suficiente para que Goten extermine toda forma de vida, incluso al planeta mismo si es que inconscientemente no controla bien su energía en uno de sus ataques. No podemos esperar hasta que salga el sol.

―¡Ese es el espíritu de mis muchachos! ―Gai se colocó en medio del grupo y extendió una mano al frente―. Sin embargo, mi equipo necesita ayuda. Comprenderé si alguno no está de acuerdo con…

Dejó de hablar cuando Chōji colocó su mano sobre la él. Luego siguió Lee, Tenten, Neji y Sai.

―Bah, si lo ponen así, no me puedo negar ―bufó Kakashi en un tono de fastidio infinito, sumándose a la montaña de manos compuesta por los demás.

―Ustedes están locos. ―Shikamaru sonrió de forma traviesa, acercándose para culminar el ritual―. Me la pondrán difícil elaborando la estrategia. Ya saben, será complicado decidir el orden en que mis amigos morirán.

¡FUAAAAASSS!

El paisaje se pintó de dorado. El corazón de los ninjas saltó al son en que la técnica de Trunks los ensordecía durante su sibilante recorrido. Sí, el saiyajin no lo soportó más y lanzó un disparo de ki directo a la Luna. La reventaría mil veces si hacía falta, pues no estaba dispuesto a ver morir a ninguno de sus amigos.

Pasaron los segundos. Silencio absoluto. A excepción de Trunks, que se mostró aterrado, la cara de los shinobis se pintó de maravilla con las bonitas ondas que se irradiaban en la superficie plateada de la Luna más redonda, colosal y preciosa que habían visto. Era como tirar una piedra sobre un manso estanque para admirar la subsecuente perturbación ondulada del agua.

―Esto no puede estar pasando. No, no puede. ¡ME NIEGO A ACEPTARLO! ―Trunks sostuvo su muñeca, y con la mano del otro brazo disparó una serie de ráfagas de ki en dirección al satélite de la Tierra. El resultado fue el mismo: se formaban ondas como si se tratara de la superficie de una masa líquida a la que arrojaban objetos. Nada más.

El saiyajin cayó de rodillas, empuñando sus cabellos, gimiendo en desesperación al concebir que la Luna era un maldito espejismo. De allí su extraño comportamiento.

―¿Genjutsu? ―preguntó Gai.

―No. ―Aseguró Kakashi, evaluando el satélite con su ojo Sharingan―. Con esto comprobamos que una tercera persona se alió con Akatsuki. Un usuario de ki que probablemente usa magia.

―Entonces seguiremos con el plan. ―Informó Shikamaru, decidido a no perder más tiempo―. Formaremos cuatro grupos de dos, de los cuales uno acompañará a Sai para las maniobras aéreas. Neji y Tenten se encargarán de…

―¿Trunks?

Tan concentrados estaban en la estrategia, que no sintieron llegar a Ino. Estaba vestida con su uniforme ninja habitual. Sudaba a chorros, ya que no se detuvo desde Konoha. Acto seguido se presentó el equipo 8, que corrió tras ella gritando su nombre en un inútil intento por detenerla. Pese a las semanas sin actividad, la rubia conservaba su particular velocidad y agilidad felina intacta.

―¿Ino? ¡Oh, no, por favor! ―Sollozó Trunks mientras ella se le echaba encima para abrazarlo y examinarle las heridas. La situación no podía empeorar. Comenzó a llorar, sintiéndose infinitamente desdichado y culpable por lo que estaba pasando.

―Tranquilo, lo vamos a solucionar. ―Susurró Ino de rodillas junto a él, secándole las lágrimas y regalándole su hermosa sonrisa―. No tienes por qué hacer las cosas solo. Estamos para apoyarte. ―Con sus dedos, haló delicadamente el pendiente en la oreja del saiyajin―. Vivimos juntos, morimos juntos.

Él asintió. Estaba pálido y no paraba de temblar. Esto llamó la atención de Kakashi, porque conocía a Trunks y sabía que él no temía a la muerte. Se puso de pie y abrazó a la kunoichi.

―Gracias por todo.

―Bien, así está mejor. ―Ino correspondió a su gesto. Se sentía cálida e indescriptiblemente segura entre los brazos de su amado. Con él, todo rastro de miedo desaparecía―. Shikamaru, tendrás que considerar a cuatro más dentro de tu plan.

¡Tac!

Cuando Ino se giró hacia su amigo, Trunks la golpeó sutilmente en la nuca con el borde de su mano. Los ojos de la kunoichi se tornaron blancos. Su cuerpo, flácido como una gelatina, se desplomó por partes, pero no llegó a tocar el suelo porque el saiyajin la cargó en brazos antes de ello.

Todos quedaron impresionados. Todos menos Kakashi.

―Por favor, cuídala. ―Pidió Trunks mientras la entregaba a Chōji con la mayor de las delicadezas, como si se tratara de algo sumamente frágil. La contempló unos instantes. Aun dormida, era la chica más hermosa que había conocido. Quiso tocarle la mejilla, pero se reprimió para no arruinar su precioso rostro con la suciedad y la sangre que percudía sus toscas manos. Se dio la vuelta, encaminándose tras el sendero de destrucción que marcó el feroz Ōzaru.

―Trunks, ¿qué estás planeando?

Detuvo su marcha ante la pregunta de Shimakaru. Sin darse vuelta, dijo:

―En mi nombre y el de Goten, pido perdón por todos los problemas que les hemos causado. No lo merecen. Ustedes son las mejores personas que he conocido…

Sus palabras atenazaron el corazón de los shinobis, no por lo que significaban, sino por la lúgubre y tensa sensación que traían consigo. Solo Kakashi, en tono casual y breve, taciturno como de costumbre, rompió el silencio al tiempo que cubría su ojo Sharingan con la bandana.

―Trunks, Goten y tú… ¿van a morir?

Los ninjas quedaron en shock. La pregunta del jōnin les congeló la sangre. Contuvieron la respiración, como si una saeta invisible les atravesara el pecho, dejándolos impávidos y descolocados.

―En el mundo ninja, aquellos que rompen las reglas son escoria. ―El saiyajin giró la cabeza, regalándoles su arrogante sonrisa de siempre―. Pero aquellos que abandonan a sus amigos, son peor que escoria. ―Con un firme tirón, arrancó lo que quedaba de su inservible chaqueta púrpura y la dejó caer―. Ustedes nunca me abandonaron. Así como a Ino, les doy las gracias por habernos aceptado.

Sin dar lugar a réplicas o protestas, se despidió con un ligero gesto y despegó a los cielos, envuelto en su aura blanca.

―¡TRUNKS! ―Chillaron Shikamaru y Chōji al borde del llanto. Akamichi hizo entrega de Ino a Kiba, y se disponía a partir con Nara, pero Kakashi los detuvo con el brazo.

―¡No podemos dejarlo solo! ¡Morirá y no conseguirá detenerlo, el resultado será el mismo!

―¿Tan poca fe tienes en él? ―dijo el jōnin a Shikamaru, simulando sorpresa.

―¡Los que abandonan a sus amigos, son peor que escoria, y usted lo sabe! ―Lo retó Chōji arrojando saliva y con una expresión agresiva. No obstante, se calmó cuando notó la gran tristeza de Kakashi en su vidrioso ojo descubierto.

―Exacto. Goten y Trunks llegaron a nuestras vidas juntos, y así mismo, se irán juntos.

Akimichi cayó sentado. Gruesos lagrimones corrieron por sus regordetas mejillas. La desolación los invadió a todos. Estaban cabizbajos y se sentían miserables.

―¿Cómo llegamos a esto? ―sollozó Tenten, que no lo soportó más y rompió en llanto cuando un acongojado Gai la abrazó.

―Respetemos la última voluntad de Trunks ―dijo Lee con lágrimas rebosándole los ojos―. Sé que es doloroso, pero estamos ante un hombre que sacrificará su vida y la de su amigo por nosotros. Ellos siempre han sido así.

En eso podían estar de acuerdo. Ni siquiera necesitaban escuchar la opinión de Goten para saber que él también lo habría estado. De igual forma, era muy duro procesarlo y aceptarlo. Neji y Shino, cabizbajos, guardaron sepulcral silencio. Kiba gesticuló su aflicción, y acarició a Akamaru que gemía en señal de compartir su pena. Hinata, que estaba sentada con la cabeza de Ino en su regazo, se sintió fatal de solo imaginarse transmitiendo la noticia a Hanabi. Kakashi recordó el día que los encontró en el bosque, de camino al País de las Olas; llevarlos a Konoha, fue una de las mejores decisiones que tomó en su vida.

A una buena distancia, el titánico simio continuaba su irrefrenable y caótica labor, pagando su furia con las montañas que avistaba al horizonte, las cuales vaporizaba con los rayos que salían de su boca. Si continuaba así, llegaría en cuestión de minutos a Iwakagure.

Trunks frenó su vuelo. Se mantuvo flotando muy alto, con una privilegiada vista a sus pies de la hecatombe protagonizada por Son.

―En serio lo siento, Goten, pero no me dejas otra opción. ―Inhaló profundo con el fin de tranquilizar su atormentado espíritu. Tenía miedo, pues no se trataba de morir sin más―. Papá, mamá, por favor, perdónenme.

Encendió su ki, que en lugar de blanco se arremolinaba en una tenebrosa aura violeta y negra. Extendió su mano, y en ella, empezó a concentrar energía en una esfera que recordaba mucho a la Bijūdama de las bestias con cola. Al completar el proceso, se acercaría para arrojarla a una distancia insalvable.

Llevaría a cabo su técnica más peligrosa y aberrante, aprendida durante sus viajes por el espacio en el planeta Kanassa, donde un misterioso anciano, oriundo de otra galaxia, se la enseñó como última alternativa en caso de enfrentar a un enemigo en extremo fuerte y perverso. Jamás imaginó, sin embargo, que le tocaría usarla en su mejor amigo.

Esta técnica está incompleta. Ni yo mismo he podido perfeccionarla en miles de años. ―comentó el pequeño viejo con una sonrisilla siniestra―. Ten en cuenta que, si la usas con una importante parte de tu ki, acabarás contigo también.

Era un duendecillo muy feo, retorcido y de no más de un metro. Sus dientes, diminutos y puntiagudos como alfileres, roían los restos de carne adheridos a los huesecillos de ratas. Contaba que provenía de otro mundo muy distante, desaparecido por la visita de una entidad divina que sin mediar en palabras ni acuerdos, los extinguió por siempre. Él sobrevivió porque se encontraba viajando entre dimensiones con un maestro, pues su raza, aunque de poco poder, contaba con inusuales técnicas mágicas y otros trucos de fantasía.

Ahora era el único vivo de su especie. Se asentó en el planeta Kanassa, donde pocos le trataban por su desagradable personalidad y aura aviesa. Trunks llegó a él porque le dijeron que si alguien podía saber de las Esferas del Dragón o Namekusei, sería ese viejo, y de hecho le dijo que el último Namekusei del que tuvo noticia, estaría en la Tierra.

Nunca olvidaré las palabras de ese infame ser ―bramó en un acto de furia donde pateó contra las paredes de su caverna los huesos hediondos esparcidos en el suelo.

¿Cómo sabe eso si usted no estuvo presente?

El anciano cesó su rabieta. Ladeó la cabeza y se acercó al saiyajin arrastrándose en cuatro patas. La expresión en su cadavérica cara de ojos completamente negros como los de un perro, era demencial y ansiosa.

Mi maestro tenía un medallón a través del que vimos lo que pasaba. Una vez destruido mi planeta, se perdió la conexión mágica. Pero yo lo vi, lo vi y lo escuché.

¿Entonces con esa técnica podré derrotar a quien sea? ¿Aun si me supera en poder? ―Trunks, sentado en el húmedo piso de piedra, retrocedió un poco por la incomodidad que le suscitaba el viejo y su mal aliento.

¡Ah, sí que podrás! Claro, siempre que la diferencia no sea ridículamente grande. El problema está en el precio que deberás pagar. No sólo borrarás la existencia de tu adversario, sino también la tuya. Tu mente, tu alma, cada partícula de la materia en sus niveles más ínfimos y elementales, se desvanecerán definitivamente.

¿Y cómo debo llamarla?

Veo que eres un jovencito valiente, dispuesto a las mayores consecuencias con tal de lograr tus metas. Eso me agrada―. Una chispa de ira restalló en su mirada. Relamió sus labios partidos―. Nómbrala como te venga en gana, pero esa maldita criatura, la llamó Hakai.

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Sakura despertó sobresaltada. Sentía que la cabeza le palpitaba de dolor, seguramente por haber dormido durante tantas horas: era de noche y se había ido a la cama tan pronto regresó a casa. Incluso tenía puesta la misma ropa.

Bajó a la cocina por algo de comer. Era tarde, sus padres ya se habían acostado y todo estaba apagado. Abrió el refrigerador y sacó un poco de cuanto alcanzó, lo que incluía algunas bandejas con atún marinado en miso, fideos, arroz, cerdo y algunas verduras cocidas para recalentar. No sería comida fresca, pero se le dibujó una sonrisa tonta con el primer bocado por ser lo mejor que había probado en dos años. Goten y ella resultaron pésimos cocineros. Pasó todo con apenas un vaso de agua del grifo, y se levantó a por más cuando una sensación aborrecible atravesó su mente como un relámpago.

―¿Goten? ―musitó en la oscuridad. Cerró los ojos y se concentró en percibir su presencia―. No hay duda, se trata de su ki. ¿Pero por qué se siente así? Es… es terrorífico…

Al cabo de unos minutos, se encontró con la mano en el pecho, estremecida en pánico y respirando con apremio. Sacudió su cabeza para deshacerse de la desagradable impresión. Tenía que actuar, averiguar qué mierda estaba pasando, y para ello, se enrumbó a la oficina de su maestra.

―¿En serio pensaron que sería una buena idea dejarme acá? ―bramó entre aspavientos, recorriendo de ida y vuelta la oficina de Tsunade como un lince enjaulado.

―Ya te lo dije. Necesitábamos que los involucrados estuvieran en la mejor condición posible. ―La rubia mordisqueó la uña de su pulgar. Sacó de debajo del escritorio una botella de sake y se sirvió un merecido trago para sacudir su sobrecargado cerebro―. No importa lo que diga o haga, sé que no te voy a detener. Irás de todas formas. Por eso pido que no te expongas más de la cuenta, Sakura.

―Lo siento, Tsunade-sama, pero no puedo prometerle nada. Haré lo que tenga que hacer. Con su permiso.

La pelirrosa enguantó sus manos con firmeza y salió de la torre Kage. Inhaló profundo el aire nocturno de afuera y ejecutó unos simples estiramientos de piernas. Al finalizar, cerró sus ojos y se concentró brevemente en la energía de su entorno. Minúsculas partículas de ki comenzaron a manar de los árboles cercanos, del pasto y la tierra húmeda, de las aguas termales y el oxígeno circundante, y toda esa energía fluyó al interior de ella y se mezcló con su chakra para formar senjutsu.

―Sennin Mōdo (Modo Sabio). ―Marcas rosadas delinearon sus ojos, que se tornaron resplandecientes e intensos como el oro, adornados apenas por dos ínfimas pupilas puntiformes. Tenía la mirada de Enma, el rey mono que invocaba Hiruzen Sarutobi. Por lo demás, su transformación era perfecta― Bien, aquí voy. ―Flexionó las rodillas, y de repente, desapareció de la nada. Con un segundo de retraso, el suelo donde estuvo parada se hundió en un cráter, y una onda expansiva reventó en cadena las ventanas de la torre Kage entera y otros edificios cercanos.

Su velocidad estaba a otro nivel. Cada zancada de Sakura valía por diez de Kakashi y su grupo, con la diferencia que no podía saltar por los árboles porque simplemente los rompería. Sin embargo, sintió que todavía estaba demasiado lejos y debía llegar cuanto antes.

―¡Byakugō no Jutsu! (Jutsu Fuerza de un Centenar) ―Las marcas negras del sello se esparcieron desde la frente de la kunoichi, y recorrieron su piel en forma de intrincados caminos que se cruzaban como anillos. Su fuerza, velocidad y resistencia se multiplicaron decenas de veces, lo que significaba que, con tanto chakra adicional, podía absorber más energía de la naturaleza para la creación de nuevo senjutsu, lo cual multiplicaría todas sus habilidades otra vez.

¡BOOOMMM!

Fue un salto tan potente, que el área del bosque por la que corría explotó cien metros a la redonda. Sakura flotaba a un kilómetro del suelo, y conseguía mantenerse en un mismo sitio dando brinquitos: con su monstruosa fuerza, golpeaba el aire creando ondas de choque con cada pequeño movimiento de sus pies. Entonces los músculos de sus muslos se hincharon, y un nuevo estallido tuvo lugar en el cielo, formándose un enorme anillo por la barrera del sonido que se rompía decenas de veces.

La kunoichi se desplazaba mediante fuertes zancadas aéreas, y desde abajo se veía cómo las nubes menos altas se disolvían de golpe con cada pisotón que daba.

Alcanzó la frontera del País del Fuego en unos cuantos minutos. Sintió bajo ella el chakra del grupo de Sasuke. Sus labios delinearon una sonrisa al concebir que ahora podía vencerlo y traerlo a Konoha sin dificultad, no obstante, sus prioridades cambiaron hace mucho.

Más adelante captó la presencia de Kakashi sensei y los chicos. No dio ni un paso más, simplemente dejó que la gravedad actuara en ella, calculando el aterrizaje a una distancia segura. Cayó con tremendo estrépito, agrietando la tierra como un frágil cristal. Las cosas ocurrieron tan rápido, que ninguno de los ninjas pudo predecir con sus diferentes habilidades su llegada.

Kakashi y Gai quedaron en shock cuando la vieron, ya que identificaron el modo sabio y las marcas de Byakugō no Jutsu combinados. Una locura de otro nivel.

―¿Qué pasó con Goten? ―preguntó alarmada al notar sus afligidas caras. Quedó conmocionada después que Shikamaru la puso al tanto. En sus dos años dentro de la habitación del tiempo, jamás tuvo indicios ni sospechas de dicha transformación, lo cual era obvio siendo que ni los saiyajins sabían de ello. Entonces, ¿cómo el enemigo fue capaz de darse por enterado?

―Trunks intentó destruir la Luna, pero esta resultó ser falsa, un espejismo creado con magia.

―¿Magia? ―La imagen de Kamisama pasó por su cabeza. No, no podía ser el implicado, o eso pensaba ella hasta que tuvo el recuerdo donde, antes de iniciar su entrenamiento, Goten lo notó extraño e intranquilo―. En fin, este no es momento para investigar a los responsables. Lo único que importa es detener a Goten.

―Eso no será posible ―intervino Kakashi―. Primero, ya Trunks intentó razonar con él y fue inútil, por lo que dudo que obtengas resultados alentadores aun tratándose de ti. Segundo, veo que te has vuelto increíblemente fuerte, sin embargo, tú más que nadie debes saber que sigues sin ser rival para Goten. Un roce y terminará contigo.

Sakura calló, y su silencio otorgó razón a su sensei. Se sintió enferma y fracasada. Ahora que era más fuerte que casi cualquier shinobi, no podía salvar a quien realmente necesitaba. No podía evitar la muerte de Trunks, y tampoco la de Goten, el hombre al que amaba. Cuando vio a Ino inconsciente, supo que tuvieron que dejarla así porque sería imposible hacerla desistir, al igual que…

―¡Naruto! ―los ojos dorados de Sakura se ampliaron en sorpresa―. Es Naruto, viene desde el norte acompañado de Jiraiya-sama y unas cuantas personas.

―¿Cómo lo sabes? ―Kiba olisqueó el aire, sin darse por enterado de la presencia de dicho grupo. Debían estar muy lejos para no dar con una esencia tan familiar.

―Cuando estoy en modo sennin, mis sentidos se agudizan y puedo percibir la energía de otros. ―Cambió su atención en Kakashi―. A él no podrá convencerlo ni en mil años de dar media vuelta, y esta vez, a mí tampoco. Desde el principio fui consciente de la dificultad y las consecuencias de esto. Vine ayudar a quienes han dado todo por protegernos, a corresponderles por una vez en mi vida con un gesto mínimamente comparable. ―Un nudo se formó en la garganta de la kunoichi―. Vine cuando sentí que Goten me necesitaba.

No hubo más que decir. Sakura pasó de largo, y al encontrarse a una distancia segura, saltó de nuevo y continuó corriendo sobre las nubes. No pasó mucho cuando quedó impactada con la visión de la musculosa espalda del gorila, que saltaba histéricamente, sumido en un legendario berrinche, sobre lo que parecían las rocas trituradas de lo que una vez fue una cordillera de montañas.

No pudo abstraerse demasiado con eso, porque más arriba estaba Trunks cargando una cantidad de ki que horrorizó a la kunoichi por una desconocida razón. Su naturaleza era abominable, dañina como ninguna otra sin llegar a sentirse perversa. Tuvo la impresión de que si se le acercaba tan siquiera un poco, terminaría vaporizada, y razón no le faltaba: puntos luminosos color violeta irradiaban de la figura del saiyajin, tenues esporas de energía que arrastraba el viento y se desvanecían luego, no obstante, algunas llegaban más lejos que otras, y Sakura vio con lujo de detalles cómo una de ellas alcanzaba el suelo, y al entrar en contacto con un gran pedrusco de varias toneladas, lo borraba de la nada, sin sonido, fuerza ni tremor involucrado.

―¡TRUNKS! ¡Tienes que detenerte, hallaremos otra manera! ―No la escuchaba, tanto por la lejanía como por el trance y agonía en el que estaba sumido.

Volvió a gritar repetidas veces sin ser atendida. Tampoco podía acercarse, era imposible dado el radio de esa atmósfera de implacable destrucción. El objetivo había cambiado. Cortar la cola de Goten antes de que esa técnica estuviera lista, era la prioridad.

Desde el Planeta Sagrado, Rō dejó de disfrutar del show cuando identificó el aura de Trunks. No sabía usar ki divino, eso seguro, pero se congeló de miedo al verlo cubierto en energía Hakai. Su control era pobre, tanto, que no podía mantener dicha aura pegada a su cuerpo y esta terminaba desparramándose por doquier, aunque igual era una hazaña impensable para un mortal. El potencial de esos dos rayaba en lo monstruoso.

―Maldición, esto no puede estar pasando ―espetó con rabia mientras bajaba el interruptor de la vasija donde almacenaba energía―. Si también absorbo la energía Hakai, correré el riesgo de destruir el contenedor. Por suerte ya tengo suficiente. Que hagan lo que quieran, tengo una cita para buscar mis ojos. ¡Kai Kai! ―dicho esto, se teletransportó a la dimensión de Obito. Ya no necesitaba generar dolor en Goten con su magia. El espectáculo podía terminar.

Cuando Sakura se acercó al área donde estaba el Ōzaru, descubrió que lo que había estado pisoteando con frenetismo eran manadas de clones de sombra de Naruto que fungían un papel meramente distractor. Buscó la presencia de Jiraiya, y corrió rodeando al simio gigante para hablar con el grupo.

―¡Sakura! ¿Qué haces aquí? ―preguntó un exaltado Naruto original junto a su sensei. Estaban también Killer Bee y otros ninjas de la nube que no conocía.

―Creo que lo mismo que tú, pero eso no importa, debemos cortarle la cola a Goten lo antes posible.

Jiraiya la contempló incrédulo. Así como Kakashi, reconoció en la chica el famoso jutsu de Tsunade combinado con un modo sabio sin precedentes, de otra categoría.

―Podríamos conseguirlo con mi Rasen Shuriken si me logro acercar lo suficiente. Puedo lanzarlo si la distancia no es demasiada. ¿Qué hay de ti?

Ella creó una cuchilla de chakra verde de al menos treinta centímetros de longitud en su mano derecha.

―Es una hoja quirúrgica amplificada con ninjutsu médico. Es muy afilada, puede diseccionar órganos sin necesidad de abrir la piel, pero me temo que en términos de alcance estoy peor que tú.

―Entonces no te arriesgues. ―Sugirió Jiraiya― La mejor opción que tenemos es seguir distrayéndolo con los clones para evitar bajas reales. Cuando baje su guardia lo suficiente, Naruto arrojará el Rasen Shuriken a su cola. ¿Quedó claro?

―¡Hai!

Naruto dio paso a la operación e hizo un esfuerzo para crear dos mil clones que se sumaron a los restantes. Estos se acercaron al Ōzaru en una suicida columna frontal donde murieron docenas aplastados con los primeros puños y patadas. Los que no fueron alcanzados, abrieron su avance por ambos flancos para rodear al objetivo en un círculo cerrado. Le gritaban insultos y activaban sellos explosivos por doquier, haciendo que la bestia volteara de un lado a otro sin saber por dónde atacar. Era como ver a un animal salvaje hostigado por perros de caza que le mordisqueaban por turnos las patas.

―Perfecto, está tan desorientado que no tiene un blanco fijo, justo como Jiraiya sensei predijo. ―El Naruto original estaba agazapado desde una distancia prudente, esperando el momento exacto en que el Ōzaru le diera su espalda―. ¡Ahora! ―Como de costumbre, dos clones le ayudaron a concentrar y movilizar el chakra en su palma para completar la técnica― ¡Fūton: Rasen Shuriken!

Naruto lo lanzó con todas sus fuerzas. El problema es que en medio de tanto alboroto, los desbocados instintos de Goten advirtieron una energía más alta que las demás, por lo que terminó haciéndose a un lado, dejando pasar al poderoso shuriken de largo.

―Aun en ese estado de locura puede percibir la energía. ―Se lamentó Jiraiya desde su posición, adoptando un cariz preocupado― En ese caso, no hay más opción que exponer a uno de nosotros a un acercamiento real…

Bee activó la segunda parte del plan, diseñada por si ocurría justamente lo que pasó. Invocó al Hachibi en su forma completa, lo cual robó la atención del Ōzaru absolutamente. Imposible ignorar una fuente de chakra tan descomunal, y por supuesto, al colosal toro pulpo que casi le doblaba en talla.

―¡AQUÍ VOY, BEE! ¡GYYYYAAAAA! ―El Bijū alzó los cuernos. Concentró lo más rápido que pudo una cantidad de chakra que ahogara al resto de presencias. No necesitaba ir con todo porque jamás lo lastimaría sin importar cuanta energía reuniera.

El simio, lejos de anticiparse o avanzar, le esperó con ansias mientras rugía y golpeaba su pecho en señal de intimidación.

El hachibi bajó la cabeza, disparó la bomba Bijū a gran velocidad, y el trastornado Ōzaru la recibió con los brazos abiertos, en tanto Naruto formaba el segundo Rasen Shuriken.

¡KAABOOOOMMM!

La explosión creó un domo de fuego que cubrió por completo al monstruo y desintegró hasta al último clon a sus pies. Las ráfagas de viento remecieron rocas y árboles. Desde el cielo, Trunks apuró su técnica para que los ninjas no murieran en vano, pues ese ataque no le haría ni cosquillas a su amigo.

En efecto, el simio gruñía y percutía su pecho como si nada hubiera pasado, todavía con el humo negro arropándole. A causa de esto, Naruto no arrojó su técnica por la escasa visibilidad que tenía, por lo que Sakura, que sí podía sentir las presencias en su modo sennin, tomó la arriesgada atribución de lanzarse dentro de la cortina de polvo con su cuchilla de chakra al frente.

Para el Ōzaru, por desgracia, ella era demasiado lenta: se giró bruscamente y la capturó con su inmensa mano. Los ninjas lividecieron con la imagen. Del puño del gorila, sobresalía nada más la cabecita de Sakura, que apenas venía a notar lo que pasaba por la velocidad suprema de los movimientos.

El rostro de la bestia era furioso, irracional. La espuma chorreaba por montones desde sus fauces apretadas. Sus labios temblaban cual perro enrabietado. La iba a aplastar sin remordimientos.

―¿Goten? ―La voz le afloró sola. No esperaba una respuesta siquiera.

Pero él dejó de gruñir. Él la entendió, la reconoció y la recordó al tenerla más de cerca. Su expresión iracunda murió, y sin un Kaiō-shin de por medio que le torturara con descargas eléctricas desde la médula, recuperó y mantuvo la razón que con Trunks empezó.

¡SLASH!

El Rasen Shuriken acertó. Cercenó la cola limpiamente desde la base. El Ōzaru perdió cada gramo de fuerza, su ki descendió en picada hasta cero. Deshizo su agarre, con lo que Sakura cayó en tierra firme al tiempo que la transformación se revertía, haciéndose cada vez más pequeño, desapareciendo el pelaje, los rasgos del monstruo, todo hasta quedar tendido, desnudo e inconsciente con su apariencia normal.

La esfera de Hakai, por su parte, ya estaba casi lista. La agonía de Trunks era inimaginable, su cuerpo, mente y alma, se desvanecían poco a poco en brillantes luciérnagas púrpuras de destrucción.

―Lo-lo consiguieron ―jadeó, apenas consciente. Su rostro pálido y macilento jamás podría comunicar la alegría que le anegaba porque al menos su amigo no iba a morir… pero para él ya era tarde, el daño que tenía era irreversible.

Deshizo la técnica antes de concluirla. Ya casi no tenía ki. Su débil corazón palpitó un par de veces más hasta detenerse sin retorno. Estaba, eso sí, convencido de que había hecho lo correcto, sin arrepentimientos, colmado en gratitud por sus amigos.

Una voz le llamó en su cabeza, y se dejó llevar para al fin descansar. Estaba sentado en el césped mullido, brillante por el rocío matutino. Un tenue aroma a tierra mojada le acariciaba la nariz. Una niña rubia, con ojos azules esquivos, se aproximó hasta ponerse de cuclillas frente a él, y con una encantadora sonrisa que lo cautivó, le tendió una delicada mano en son de paz.

Descuida, creo que empezamos con el pie equivocado. Mucho gusto, soy Ino Yamanaka.

Fue el día en que se conocieron.

Trunks, antes de morir, tuvo la certeza de que si pudiera retroceder el tiempo, lo único que cambiaría es que sería él quien destruyera la Luna con sus propias manos, todo para iniciar la accidentada aventura que le condujo al mundo shinobi en compañía de Goten.

Lo primero que haría al llegar, sería derrotar a Zabuza para poder llevar lo antes posible el mensaje de Kakashi a Konoha. Así, en el camino, se toparía con Ino y se enamoraría de ella por segunda vez.

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Fin del capítulo.

Dos aclaratorias:

La página de fanfiction está lenta y rara, no sé qué le pasa, por lo que tengo pendiente responder todavía los 7 últimos reviews que me llegaron de lectores con cuenta. Paciencia, que a lo largo de hoy/mañana los iré contestando. Todos los demás fueron contestados.

Respecto al poder de Sakura. No, por entrenar bajo 100G no creo absolutamente que su poder haya de ser equivalente al de Goku de Namekusei. Ambos universos manejan escalas de poder muy diferentes. Temo que por este medio no pueda explicarme bien, pero aquí lo voy a intentar:

Dragon Ball es un universo donde muy a comienzos de Z vemos nuestro primero personaje capaz de destruir un planeta de las dimensiones de la Tierra (Vegeta saga Saiyajin), sin embargo en otros stats como velocidad no están muy desarrollados los personajes, teniendo solo como referencia el supuesto mach 17 de Goku en su regreso del Camino de la Serpiente (lo cual es erróneo porque se trata de una velocidad "crucero", no de combate, fue una prueba más maratónica que de velocidad pura y explosiva).

En Naruto, por otra parte, no llegan a demostrar nunca acciones o niveles de poder destructivo fehacientemente similares a la destrucción absoluta y de un solo golpe de un planeta, pero sí que cuentan con hazañas de velocidad muy superiores a ese mach 17 (en combate y reacción, no desplazamiento) todavía cuando Shippuden no iba ni por la mitad, lo que significa que las escalas de poder se manejan muy diferente, esto sin mencionar que a diferencia de DB, en Naruto no gana precisamente el que "la tenga más grande", pues la variedad de técnicas y stats permiten equilibrar la balanza entre combates.

Además, en Naruto existen otras demostraciones de fuerza física que resultan muy superiores a entrenar bajo una gravedad 10G, como cuando Tsunade levanta la espada de Gamabunta, o Naruto las estatuas de piedra de sapo en su entrenamiento de senjutsu, las cuales por sus dimensiones debían pesar unas cuantas toneladas.

Sakura pesa 45 kilos según la wiki. En gravedad 10G pesaría 450 kilos, y en 100G, 4500 kilos, ósea, menos que un elefante. No considero que sea un peso descabellado que no pueda dominar, por eso acuérdense que en ese capítulo de la habitación me enfoqué en explicar que no solo se trataba de un asunto de peso, sino de acostumbrarse a los efectos secundarios de la gravedad aumentada sobre el organismo.

En conclusión, Sakura ahora es tremendamente poderosa. Su fuerza y velocidad han incrementado mucho, pero por sobre todo, su estamina y control del chakra (se explicará más adelante). Esto no significa, sin embargo, que el cuerpo de un personaje de Naruto responda de la misma manera que el de uno de DB con un entrenamiento similar, es decir, Sakura NO es capaz de destruir el planeta, ni siquiera tiene técnicas explosivas que le permitan hacerlo, pero quizá sí tenga las herramientas para plantarle cara a su ser de su propio universo capaz de provocar grandes daños al entorno.

Esto, por último, es solo mi opinión, y en todo caso, la manera en que pienso manejar la escala de poder en el fic, porque me parecería incorrecto que si Naruto entrena a 10G como Goku con Kaiosama, sea capaz de destruir la Tierra de un golpe, pues de entrada esos personajes ya cuentan con hazañas de fuerza y velocidad que nos indican que muy probablemente no tendrían tantas dificultades en acostumbrarse a dichas gravedades. De hecho, a finales del manga, está la escena de cómo Kaguya los envía a todos a una dimensión de gravedad aumentada, al principio ni se podían mover, pero luego se acostumbran todos rápidamente y pelean como si nada, pues la capacidad para hacerlo ya la tienen.

En fin, con esto termino deseándoles la mejor de las suertes y por favor, déjenme sus comentarios, saben que lo aprecio mucho.

Taro