Avanzando con paso seguro y rápido lejos del caos, se trata de una caravana de civiles que vivían en las cercanías de la Capital, al ser incapaces de enfrentarse a las monstruosas fuerzas del Monarca se decidió que lo mejor para ellos era alejarse lo más posible del lugar del enfrentamiento, la Armada Revolucionaria se encargó de advertirles y ayudarles con algunos soldados para que pudiesen alejarse de todas esas áreas cercanas del enfrentamiento. La huida comenzó algunos días antes de que la Armada llegara a las puertas de la capital e iniciando en diferentes días en cada pequeño pueblo o aldea, especialmente para no levantar tantas sospechas, aunque el primer ministro y todos sus seguidores estaban al tanto de cada uno de los movimientos, pero aun así no es como que pudieran hacer algo al respecto. Con la mayoría de sus fuerzas mermadas, el mejor plan que podrían aplicar era replegarse tras las murallas y esperarlos ahí, justo como estaba sucediendo en ese momento.
En dicha caravana las dos espachines encargadas de proteger a la hija de Tatsumi, con tal de no levantar sospechas dejaron a la niña al cuidado de varias mujeres que se encargaban de proteger y ayudar a todos los niños huérfanos que se iban uniendo a ellos. En total había 25 pequeños sin padres que se habían reunido para hacerse compañía, incluyendo ahí a la pequeña de seis meses. Por supuesto las dos mujeres no se separaban demasiado de los niños y se habían ofrecido a formar parte de quienes los protegerían personalmente durante toda su marcha, de esta manera tratando de evitar sospechas respecto al origen real de la bebé. Aun así, todos los niños y las mujeres que los cuidaban se sintieron muy atraídos y curiosos respecto a la niña, quien al tener heterocromía resultaba bastante exótica, su cabello y forma de las cejas eran incómodamente idénticas a las de su madre, del mismo color, a excepción de la tez que era del tono de su padre. Muchos o más bien todos en el Reino conocían el nombre de su madre "Esdeath", pero eran pocos, especialmente civiles quienes alguna vez llegaron a verla si quiera de lejos; así que por más parecido que tuviera, no podrían si quiera pensar que se trataba de su hija.
—Disculpen, entonces no saben ni tienen idea de quienes eran sus padres ¿verdad? —cuestiono una de las mujeres que cuidaban a los pequeños.
—No, toda su aldea fue destruida, apenas la encontramos con vida entre los escombros, nos hicimos cargo unos días, pero…
—Un bebé es una carga muy pesada ¿no es cierto?
Ellas asintieron.
—¿Por qué has vuelto a preguntar eso?
—Hay muchos niños que son huérfanos, por más que queramos cuidarlos a todos, es una ardua tarea, así que mientras podamos conseguirle un hogar a cualquiera de ellos será de gran ayuda para nosotras y aún más para los niños.
—¿Piensan darla en adopción? —cuestionó una de las espadachines con consternación.
—Todos nuestros niños están disponibles para ser adoptados, una pareja de comerciantes, quienes tienen bastantes recursos a pesar de la situación les ha llamado la atención la pequeña y quieren adoptarla.
Las guerreras se miraron entre sí, su deber era proteger a la hija de Tatsumi y Esdeath, asegurarse de que nadie la identificara ni le hiciera daño. No había realmente un plan específico, se decidiría que hacer con ella una vez que la guerra terminara mientras esperaban por los sobrevivientes, si su padre sobrevivía el regresaría por ella, pero las probabilidades eran muy bajas para todos los que ahora estaban luchando; incluso si era la hija de dos poderosos guerreros, muy probablemente ninguno de ellos volviera por ella y eran pocos en la Armada Revolucionaria quienes sabían de la existencia de aquella pequeña y su verdadero origen. Ellas tampoco podrían hacerse cargo para siempre, quizá, dejar a la pequeña con unos padres que puedan darle una vida pacífica sería lo mejor.
—Nosotros la rescatamos así que nos sentimos bastante cercanas a ella, antes de que sea adoptada nos gustaría conocer a dichos comerciantes.
Los comerciantes, eran una pareja donde ambos tenían treinta pocos años, habían intentado tener hijos durante mucho tiempo, pero no habían sido bendecidos, a pesar de eso habían tenido la fortuna de no haber sufrido de ataques o haber caído en la corrupción. Tenían muchos recursos desde alimentos, hasta telas e incluso armamento, nada muy sofisticado, pero parecían ser personas honradas; la comida que traían la ofrecían sin ningún cobro a las personas más necesitadas de la caravana y a los niños huérfanos. Durante sus reparticiones, la esposa le había tomado mucho cariño a la pequeña y hablando con su esposo habían decidido adoptarla. Una vez que la Armada Revolucionaria abriera sus puertas a un nuevo mundo, estaban seguros de que podrían brindarle una buena vida.
Las mujeres decidieron confiar en aquellos comerciantes, la pequeña también parecía estar muy a gusto con ellos y luego de aquella inmensa explosión que cubrió los cielos y que provenía de la capital, la mayoría de las esperanzas por que alguno de sus padres o conocido regresara con vida fueron disminuyendo. Aun así, mientras la guerra continuara, ellas establecieron que se mantendrían cerca de ellos con tal de proteger a la pequeña por cualquier cosa que pudiera ocurrir; si milagrosamente Tatsumi regresaba, entonces solo tendrían que pedir de regreso a su hija y en caso de que Esdeath fuese la vencedora, se encargarían de ocultarla para que ella nunca pudiera ponerle sus manos encima. Lo mejor era que creciera como una niña normal.
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En la dirección opuesta de aquella pequeña niña aún sin nombre, aun dentro de las murallas de la capital, en algunos túneles que se extendían por todos lados debajo del palacio y la ciudad, se encontraban unas bóvedas subterráneas, que eran mas bien cuartos simples en donde se encuentra un pequeño de la misma edad siendo protegido y custodiado por una mujer a quien se le dio la tarea de cuidar del gemelo masculino que había permanecido con Esdeath. Al contrario de su hermana, el niño tenía mayor complexión quizá debido a la leche materna que le estuvo proporcionando su madre durante esos seis meses, pero a diferencia de su hermana, el pequeño tenía un carácter mucho más dócil. No era un pequeño al que le gustase demasiado la atención ni que llorara incluso si tenía hambre, aunque esa fuese la única forma que tuviera para pedirlo por el momento. Cuando la comadrona recibió al bebé junto con múltiples amenazas por parte de su madre, se dio cuenta de que el pequeño a pesar de su pasividad siempre tenía bien abiertos los ojos mirando todo a su alrededor, pero como bien le dijo aquella temible guerrera, su hijo nunca lloró salvo en dos ocasiones, cuando salió de su vientre y dio su primer respiro, y en el momento en que Tatsumi se llevó a su hermana.
Para cuando Esdeath dejo al pequeño a su cuidado, el bebé ya gateaba y parecía gustarle más estar en el suelo gateando por sí mismo que en los brazos de alguien –que no fueran claro, los de su madre-. Debido a ello, no era difícil cuidar de él. Las cosas se complicaron justo en el momento en que su madre los dejó ahí abajo.
—No tardaré mi pequeño Ryutaro —había dicho Esdeath mientras le daba pecho a su hijo por última vez antes de partir a la guerra —. Cuando acabe con tu padre y recupere a tu hermana, los convertiré a ustedes en los guerreros más poderosos del mundo, serán ustedes quienes sometan a todas esas criaturas débiles que aún viven en éste mundo.
El pequeño estaba concentrado en alimentarse, pero sus ojos miraban directamente a los de su madre, parecía como si realmente fuese capaz de comprender sus palabras y por la forma en la que la miraba, parecía estar de acuerdo con ella. Una vez que Esdeath se fue, su protectora había optado por dejar al bebé encima de las alfombras de terciopelo negras con algunos juguetes de plata y hierro, tal fue su sorpresa que en el momento en que dejó al bebé en su cuna mientras tomaba una siesta y recogía sus juguetes, éstos estaban completamente fríos con un poco de ligera escarcha, que al entrar en contacto con sus manos comenzó a escurrirles ligeras gotas de agua. Se dirigió al pequeño y lo revisó, mantenía el calor corporal característico de una pequeña criatura, pero sus palmas eran tan frías y suaves como la nieve. El pequeño no parecía molesto con aquello.
Encima de ellos, se podían escuchar a la lejanía el sonido de explosiones, gritos, el choque de espadas, más gritos y temblores que sacudían ligeramente los alrededores de la bóveda subterránea; de no ser porque Esdeath añadió seguridad extra al congelar la tierra alrededor de ellos, probablemente ya hubiese comenzado a haber derrumbes, aun así en el pasillo que era al mismo tiempo la entrada y salida, se podían ver cada vez más como pasaban a caer del techo guijarros a piedritas cada vez más grandes, de continuar así, aunque la bóveda donde se resguardaran no cayera, si el pasillo lo hacía no habría manera de que después pudieran salir de ahí. Aquello comenzó a preocupar a la comadrona, por más que la poderosa General Esdeath hubiese asegurado que regresaría por ellos, el miedo de quedar enterrados bajo tierra comenzaba a consternarla, pero si salía y Esdeath se enteraba, probablemente la temible madre acabaría por asesinarla. La muerte llegaría de alguna u otra forma.
Finalmente optó por permanecer dentro de la bóveda subterránea, estaba bien equipada, con alimento para dos años y su temor hacia Esdeath era mayor que a quedar atrapada; incluso si lograba salir de ahí, no sería capaz de salir por si misma debido a los diferentes laberintos que se encontraban debajo del castillo, y de lograr salir, allá a fuera todo era un caos, las probabilidades de morir en fuego cruzado eran enormes, solo tenía la opción de quedarse ahí con el pequeño y finalmente, ganase quien ganase sería su moneda de cambio. Le preocupaba quedarse sola con la pequeña criatura, pero se sentía aliviada de que fuese tan tranquilo, aunque eso tampoco es que fuese totalmente normal. Incluso en el fondo de su corazón, la comadrona realmente esperaba que fuera la Armada Revolucionara quien ganara la guerra, después de todo y gracias a los años que había logrado vivir, había sido testigo de múltiples injusticias y horrores dentro del Reino, por lo que ella también mantenía la esperanza del Nuevo Mundo promedio por los revolucionarios, aunque para ellos fuese necesario ofrecer múltiples vidas.
Quizá este capítulo les preocupe a muchos, pero calma calma, esperen al final. Quedan, más o menos 2-4 capítulos para que mi fanfic termine.
