- Los personajes de esta entrega pertenecen a la saga Crepúsculo de Stephenie Meyer. El personaje de Eli viene de Light & Shadow, escrito por Ryu Hyang e ilustrado por Hee Won. El resto son de mi invención.


- ¡ELI!

Mi grito detuvo la pelea. Eli estaba en el suelo entre convulsiones. Ya no quedaba nada de su cara; la cabeza no era más que un amasijo de carne y sangre.

Lo sujeté mientras intentaba oír su corazón. No respiraba; por supuesto que no respiraba. Estaba muerto.

En una agonía sin precedentes me lancé a morderlo. Le mordí en los brazos y el pecho.

- ¡Cerca de la herida! – Oí la voz de Carlisle a mi lado, aunque estaba demasiado cegada para verlo. - ¡Hay que cortar la sangre!

Hinqué mis dientes en la masa sanguinolenta. Ni siquiera se me ocurrió beber su sangre; el olor quedaba ocultado bajo un miedo y una angustia que amenazaban con paralizarme.

- Tú tenías que ocultarte. – Sollocé entre mordida y mordida. – Tú no estabas en el plan, tenías que mantenerte a salvo para no matarme a mí…

Seguí mordiendo mientras Carlisle y Edward hacían maniobras de reanimación, pero aquello no parecía tener efecto. El corazón de Eli no latía.

Los otros Cullen nos protegían mientras nosotros nos desgañitábamos por el esfuerzo. Los minutos pasaban y el cuerpo de Eli no respondía.

- Emma. – Dijo Carlisle con su voz tranquila y dulce. – Emma, no creo que podamos…

- ¡NO! – Lo aparté de un manotazo y seguí haciendo las maniobras yo. – No puedes dejarme, no después de todo esto. ¡Vive, Eli! ¡Vive, maldita sea!

Pero Eli no respondía. Yo seguí intentando maniobrar aquel cuerpo inerte que se estaba enfriando. Lo haría hasta que el mundo se acabara.

Alice emitió un sonido agudo. Lo supe: estaba teniendo una visión. Vi por el rabillo del ojo que Jasper la sujetaba mientras ella tenía los ojos en blanco. Cuando terminó, ella misma se agarró a Jasper.

- ¡Emmett! ¡Jasper! ¡Todo el que pueda, las cerillas listas!

En mi agonía me extrañé. Todos llevábamos cerillas encima para incendiar cuerpos, pero en estos momentos estábamos rodeados de soldados vivos y listos para despedazarnos. Lo único que nos mantenía a salvo era el escudo de Bella.

- ¡Carlisle, Edward, Rosalie! ¡Preparaos para movilizarlo!

Iba a preguntar que movilizar a quién, cuando el cuerpo de Eli se movió.

Fue cosa de apenas un milímetro; un ojo humano nunca lo habría detectado, pero nosotros los vimos sin problema. Apenas un segundo después, observamos cómo la Lanza del Destino empezó a quemar la mano de Eli; había muerto sin soltarla.

- ¡Le está afectando! – Gritó Esme.

Yo no me lo pensé: le separé los dedos con cuidado, tomé la Lanza con mis manos – que volvieron a arder, pero ya no me importaba – y la guardé en mi bolsillo.

- ¡Bella, prepárate para escoltar! ¡Emma! – Di un respingo y aparté la mirada de Eli para fijarme en Alice. – Tú tienes que sacarnos de aquí. ¡Usa tu fuerza!

¿Qué yo usara mi fuerza? Eran demasiados, ni mi poder podría con todos.

Me giré para mirar a Eli, quienes Carlisle y Edward estaban levantando con todo el mimo del mundo. Vi lo que quedaba de su cabeza, lo que le habían hecho. Tenía que vivir y yo era la única que podía garantizar eso.

En mi interior noté que mi poder se retorcía. Era algo distinto; el poder estaba tomando el control como nunca antes había ocurrido. El miedo a la muerte de Eli se unió a ello. Tenía que sacarlo de allí.

Levanté ambos brazos en cuanto todos estuvimos listos. Me puse al frente de la marcha, apenas al borde del escudo protector, y dejé que el poder se deslizara a través de mis dedos.

Este poder era distinto: seguía haciendo daño, volviendo a los vampiros a mi paso suaves como humanos recién nacidos; pero el poder no se detenía ahí. Lo que quiera que hiciera la carne blanda seguía trabajando y trabajando, provocando que los vampiros cayeran de agonía. La carne de éstos acababa por desintegrarse. Los Cullen no tuvieron que hacer nada más aparte de lanzar cerillas a diestro y siniestro; fuimos avanzando mientras no quedaba más que destrucción a nuestro paso.

Cuando llegamos a la linde del bosque me volví. Marco seguía en medio del campo, acompañado por Renata y un grupito de vampiros protectores. Su rostro reflejaba una confusión que nunca antes había visto. Aún con mi preocupación por Eli a flor de piel, hice un movimiento de llamada con mi mano. Marco dio un respingo y nosotros nos adentramos en el bosque.