Arco 1: Detective Hikigaya Hachiman
Capítulo 18 - Su desistimiento
Yukinoshita me llamó durante la mañana para informarme que la sesión de la corte que estaba fijada para dentro de dos días había sido retrasada una semana. Sin nada urgente que hacer, decidí ir al campo de tiro que estaba debajo del departamento de policía, y para mi sorpresa, Shiba me acompañó.
Se paró en la cabina con una expresión de concentración y vació el cargador de su pistola en un blanco que estaba a una buena distancia. En las manos de Shiba había un objeto poco común: una Sig Sauer P220. Mi compañero había añadido una pistola más moderna a su arsenal después del incidente terrorista, afirmando que necesitaba estar mejor preparado para situaciones inesperadas. Aunque Japón era más seguro que la mayoría de países, el crimen seguía aumentando.
Mis ojos se fijaron en la postura de Shiba, la cual era una Weaver de libro. Sin embargo, sus disparos llegaron a todas partes: al torso, pecho, y hombros. Sólo tres de las siete balas dieron en el objetivo.
La postura Weaver era una técnica de tiro creada en Estados Unidos durante los años 50 por el jubilado diputado del condado, Jack Weaver. Originalmente había sido concebida como una manera de ganar competiciones de tiro. Mientras que sus competidores sacaban rápidamente el arma e intentaban disparar con precisión desde la cadera, Weaver se tomaba unos preciosos segundos extras para poner el arma a la altura de sus ojos y usar las miras del arma para alinear un disparo preciso antes de disparar.
Esta técnica de llevar rápidamente el arma a la altura de los ojos y luego disparar con precisión se le conoció como la postura Weaver. Se hizo popular entre los entusiastas y eventualmente proliferó por todo el mundo. Era conceptualmente fácil de entender, y probablemente conocida por la persona promedio, lo que la convirtió en una técnica común para que los principiantes aprendieran.
Cuando Shiba disparó la última carga y comenzó a recargar me acerqué a él, tocándole el hombro. Los dos nos quitamos las orejeras y se volteó para mirarme.
—Tu postura necesita algo de trabajo —le dije con franqueza—. Eres demasiado rígido.
—¿Demasiado rígido?
—Sí, te enseñaré, vuelve a la postura.
Shiba asintió y posicionó su cuerpo en la postura Weaver.
Extendí la mano y comencé a ajustar la posición de sus brazos y de su cuerpo—. El brazo de abajo necesita estar más doblado, le da mejor soporte al brazo que sostiene el arma. La idea es tener un agarre de jale y empuje. Empujas con el brazo del arma y tiras con el brazo de soporte para estabilizar el arma.
Dejé que sintiera los cambios y me miró confundido mientras me hacía una pregunta—. ¿Qué hay de la puntería? Esto es sólo para mitigar el retroceso, ¿no?
—Preocúpate de la puntería cuando tengas el retroceso bajo control. Relaja la espalda, úsala como amortiguador para las fuerzas que sienten tus brazos, así podrás mantener la precisión en tiros seguidos.
Shiba asintió y dijo que iba a intentarlo una vez más. Nos volvimos a colocar las orejeras amarillas y me dediqué a observarlo. Se posicionó con cuidado en su postura Weaver y comenzó a disparar. Pude ver una mejora inmediata, seis de las siete balas dieron en el blanco, y tres de ellas se juntaron en el torso.
Shiba me dio las gracias y yo le enseñé el pulgar en señal de aprobación. Viendo su éxito, decidí hacer una prueba yo. Saqué mi P30L con el compensador ya puesto. Me coloqué en mi propia postura, pero antes de comenzar a disparar, noté que Shiba me estaba mirando de forma extraña. Nos volvimos a quitar las orejeras.
—¿Qué sucede? —le pregunté.
—Nada, es sólo que tu postura se ve extraña.
—Oh, ¿esto? Es una modificación de la postura Weaver.
—¿Modificación? ¿Para qué?
—Bueno, hace más uso de mis piernas; mis rodillas y mis pies en particular controlan el retroceso en lugar de mis brazos. Los deja libres para apuntar mejor. Lo aprendí de un americano cuando estaba desplegado.
—¿Hay algo malo con la postura Weaver?
—No realmente, es muy buena para principiantes, porque resulta más intuitivo controlar el retroceso con la parte superior del cuerpo, pero deja expuesta un área que por lo general no está cubierta.
—¿Cuál área?
—Justo debajo de la axila izquierda. Dado al ángulo que adopta el tirador en la postura Weaver, es un disparo directo al corazón. Y si no es eso, la metralla entrará en tu sistema y se irá directo a tu torrente sanguíneo. Y por desgracia, la mayoría de la gente no es Tony Stark, así que serías hombre muerto.
Me reí por cómo Shiba abrió los ojos, asustado—. No te preocupes. Las probabilidades de que eso ocurra son bajas, y debes dominar la postura Weaver primero antes de intentarlo con ésta. Es más seguro así.
Hice un gesto para indicar que iba a comenzar con mi turno, y Shiba retrocedió mientras nos preparábamos. Volví suavemente a mi posición de combate y apunté con la mira de hierro de mi pistola al objetivo. Disparé rápidamente 15 balas. El sonido de los disparos fueron a penas un susurro para mis oídos tapados. Mis brazos apenas habían sentido el retroceso, el compensador que puse en la parte delantera ayudó a reducir el salto hacia arriba del arma y me permitió volver a centrar la mira de forma más rápida. Y los resultados fueron promedio, supongo. Grandes grupos dieron en la parte central, pero había unos cuantos agujeros aquí y allá. Por lo menos todas las balas dieron en el blanco.
—No es el tipo de disparo que uno esperaría de un detective —silbó Shiba mientras miraba la diana con forma humana por encima de mi hombro—. A veces sí que dejas ver que no eres un policía normal.
Mis ojos se entrecerraron—. ¿Qué quieres decir?
—Digo, es sólo por la forma en que te comportas. No puedo evitar pensar que tienes mucha experiencia, y que obtienes resultados por ello —admitió Shiba descaradamente—. Creo que es por eso que tanta gente te evita. Eres intimidante y cuesta acercarse a ti. Algo así como un villano de James Bond. ¡P-pero eres un buen tipo, en serio!
¿Era esa realmente la impresión que los demás tenían de mí? Había dejado de ser tan consciente de mi propio comportamiento luego de que el combate activo me inculcara la importancia de prestarle atención a mi entorno más que a mí mismo. Pero en un todo, mi comportamiento no había cambiado tanto, ¿verdad? La única diferencia real con mi yo de la escuela es que había dejado de encorvar la espalda. El demonio conocido como sargento de instrucción arrancó ese hábito de mí bastante rápido durante el entrenamiento.
Pero en serio, ¿intimidante? No creí que diese esa sensación.
Me vi salvado de contestar cuando mi teléfono vibró, haciéndome saber que había recibido un mensaje.
[Querido Hikigaya-kun, he recibido noticias del juzgado, el juicio se retrasará una semana más. La fiscalía está probablemente intentando ganar tiempo para crear una estrategia para contrarrestar el testimonio del Coronel Hidetaka.]
—¿Tu novia te ha hablado? —sentí la voz de Shiba cerca de mi oído mientras éste se asomaba por encima de mi hombro. De di un codazo en el estómago instintivamente, y me vi satisfecho del fuerte "¡guffaw!" que salió de la boca de mi víctima. Sacudí la cabeza y me puse en la fila para hacer otro intento de tiro.
—Oh, lindo reloj, Senpai.
TIMES Japan – Artículo #POL-3701
IMPACTANTES COMENTARIOS RACISTAS DE PARTE DE UN POLÍTICO VETERANO (por Yamada Senrui).
[TOKIO] La controversia estalló durante una reunión de la Dieta Nacional. Shiokawa Taizo (79 años) del Partido Conservador presentó sus argumentos para retrasar el proyecto de ley de asilo limitado propuesto por el Primer Ministro Kinzo Nabe hace una semana.
Lo que comenzó como un discurso obstruccionista sobre la inviabilidad del plan, en el que se señaló que sería imposible mantener rigurosos controles de antecedentes para los refugiados, así como garantizar sus niveles educativos para los puestos de trabajos cualificados, se convirtió en un juego de pasarse la pelota.
El representante Shiokawa culpó a China de la inestabilidad en la región, alegando que se trataba de una táctica encubierta para socavar el poder de Japón en la región. Impulsó la idea de que China quería expandir sus fronteras, como venganza por los actos cometidos por Japón durante la Segunda Guerra Mundial.
La teoría conspirativa llegó más lejos, no obstante.
No se contuvo en alegar que China estaba actuando con la esperanza de que Japón se viera obligada a aceptar a los refugiados por la comunidad internacional, para que así "la estructura social se desmoronara desde adentro". Que el país gigante manufacturero estaba esperando como un carroñero para ejercer su influencia sobre las partes más debilitadas de nuestra nación y "convertir a Japón en otro estado títere controlado por el Partido Comunista".
Luego le echó la culpa a los Estados Unidos de América, preguntando por qué ellos no estaban aceptando a los refugiados "cuando tenían tierras amplias y una economía más grande. Lo obesa de su población ha de ser indicativo de que tienen la comida suficiente como para alimentarlos [a los refugiados]". Shiokawa insistió en que América no estaba proporcionando tanta ayuda como debería, como si esperara que Japón se llevara la peor parte simplemente por su proximidad.
"Los americanos han de entender que no tienen 51 estados. No tienen poder sobre nosotros, y no pueden obligarnos a actuar".
Los escandalosos comentarios no acabaron ahí, Shiokawa procedió a referirse a los indonesios y los malayos como "babuinos isleños atrasados" que no eran capaces ni de mantener su propio estado.
El Partido Conservador rápidamente se distanció de Shiokawa. Cuando se les pidió una respuesta, declararon que "las opiniones y puntos de vista del representante Shiokawa no reflejan las filosofías del Partido Conservador".
Los comentaristas políticos se están llevando las manos a la cabeza, denunciando el estado de la política japonesa, la cual, según ellos, está perdiendo poco a poco su naturaleza civil para asemejarse cada vez más al carácter zafio de la política estadounidense.
Las palabras de Shiokawa parecen haber sido contraproducentes, sin embargo. El proyecto de ley fue aprobado con una mayoría del 52%, y entrará en vigor luego de cinco semanas.
—¡Hikigaya-saaaaaan! —me llamó una linda chica de pelo rubio (obviamente teñido), procediendo a acercarse a mí innecesariamente, con sus zarcillos de cabello dorado (artificial) cayendo sobre mi hombro—. ¡No lo puedo creer! ¿Estás mirando el teléfono?
Le sonreí levemente, como si yo fuera un simple planeta enano de hielo enfrentándose a una gran bola de fuego—. Lo siento. Sólo estaba… eh… leyendo.
Mis ojos se dirigieron al otro lado de la habitación, donde otras personas estaban sentadas y entablaban pequeñas conversaciones fuera de mi esfera de conocimiento. Mis esperanzas de que nadie se fijara en esta interacción se vieron truncadas cuando noté miradas peculiares de los otros hombres en la escena.
Este era el fin de semana en el que le había prometido a Secretaria-chan que saldría con ella.
Pensé que hoy sería una buena ocasión para usar la ropa casual que había comprado con Yukinoshita. Me puse los anteojos y salí de mi casa, más que confiado en cómo me veía. Si era adecuado para los estándares de su Heladeza Real, era más que suficiente para mí. Cuando me presenté en el lugar, Morimi me miró raro.
—Te veías un poco macabro antes, pero te arreglaste bastante bien.
¿Debería sentirme alabado o insultado?
Las otras víctimas se presentaron a su debido tiempo. Dos chicas, amigas de Secretaria-chan y que trabajaban en Señales vinieron también, acompañadas de dos chicos que resultaban ser amigos desde la escuela de postgrado.
Olvidé los nombres de todos tan pronto fueron dichos.
Lo lamento.
La habitación en la que estábamos era la habitual en estas situaciones: una mesa en el centro flanqueada por dos sofás. Habíamos pedido nuestros tragos y aperitivos antes de empezar (incómodamente) a hablar. Aparentemente yo era una novedad para las mujeres, quienes estaban interesadas en el tipo que había sido invitado personalmente por Secretaria-chan.
Intenté mantenerme callado, esperando que me dejaran en paz y centraran su atención en los otros dos hombres del lugar, pero de todos modos se las arreglaron para arrastrarme de nuevo a sus discusiones. Intenté usar mi teléfono como distracción, pero aquello resultó ser contraproducente.
—¿En serio? ¿Qué estabas leyendo?
Bloqueé mi teléfono y lo puse sobre la mesa—. Sólo un artículo sobre un político diciendo locuras.
—¡Ohhhhh! —exclamó la otra chica del lado opuesto del cuarto, la de cabello corto y negro. Dejó de charlar con los otros tipos y juntó las palmas de sus manos—. Fue ese viejo, ¿verdad? ¡Dijo cosas muy feas! ¡Jaja!
—Ja ja… sí. —Puse una sonrisa falsa en mi cara como un mural, esperando que mi incomodidad no fuera visible.
—La política ha estado bastante absurda últimamente, ¿no? —añadió uno de los chicos, tratando de meterse en la conversación.
—Lo ha estado desde que el sudeste asiático se convirtió en una zona caliente. Siempre está en las noticias, todo el tiempo. Cansa oírlo todo el tiempo, ¿saben? —Su amigo vino a apoyarlo.
Benditas sean sus almas. Aprecio el esfuerzo que hacen para robarme la atención. Sus valientes acciones no pasarán desapercibidas. ¡Cintas rojas para ambos! [1]
—¡Sí! Da un poco de miedo, ¿verdad? —dijo la chica de pelo rubio a mi lado. Estaba tan cerca que hasta podía sentir cómo vibraba mientras hablaba. ¡Cerca! ¡Demasiado cerca!
—Oye, Hikigaya, ¿quién es esta "Reina de Hielo"? —preguntó de repente Secretaria-chan.
La sangre en mis arterias se congeló y mi corazón dejó de latir, súbitamente convirtiéndome en el ejemplo perfecto de un humano petrificado. Me volví hacia Secretaria-chan, quien tenía mi teléfono en sus manos. Mierda, realmente me arrepiento de haberle quitado el código de bloqueo a mi teléfono. Las cosas que hago en caso de emergencias…
—¡¿Por qué tienes mi teléfono?!
—¿Ehh? Estaba parpadeando, ¿sabes? Tenías un par de mensajes, pero no te diste cuenta. Iba a entregártelo, pero vi…
Esto lo decidía: necesitaba un teléfono nuevo. Esta situación siempre debía evitarse.
—Y de todas formas —continuó Secretaria-chan—, ¿por qué todos tus contactos son chicas?
—¡¿Revisaste mis contactos también?!
Secretaria-chan me ignoró—. Komachi, Shizuka, Rumi, Yui, Iroha, y "Reina de Hielo". —Iba levantando un dedo por cada nombre que recitaba—. Todos son nombres de chicas, y los únicos contactos que tienes aparte de "Mamá" y "Papá". Ni siquiera tienes el número de Shiba.
Oh, sí, probablemente deba añadirlo. Nunca tuve la necesidad de llamarlo realmente, y él siempre parecía llamarme cuando yo lo necesitaba. Algo a lo que él llamaba "El vínculo Compañero-Psycommu". [2]
—Yo… eh… —No sabía cómo explicar esto.
—Espera, ¿tampoco tienes el número de Haruno-san? ¿Qué hay de tu abogada?
—¿De qué estás hablando?
—¿Cuál es tu relación con ellas?
—No te entiendo. —Me sentía absolutamente fuera de mi elemento aquí. Cómo habían cambiado las tornas; el interrogador se había convertido en el interrogado.
—¡Ya no me lo escondas! ¡La tensión sexual que tienes con Haruno-san está por las nubes!
Mi cerebro estalló y el mundo perdió todo su color y calidez. ¿Qué? ¿Tensión sexual? ¿Haruno? ¡¿Qué tensión sexual?! Siempre me encontraba diciéndole que me dejara en paz cuando venía a hacerme sus "visitas" para aterrorizarme sistemáticamente. ¡De hecho, podría llamar a eso acoso! No, claramente había una agenda aquí. ¡Haruno es una terrorista emocional! Sabía que había una razón para que ella y Shizuka se llevaran bien.
El chisme, por supuesto, atrajo la atención de las otras dos mujeres.
—¿Hikigaya-san tiene algo con alguien?
—¡¿Ehhhhh?! ¡Qué sorpresa! ¿Qué está pasando?
Secretaria-chan ni siquiera esperó a que intentara explicarme, ya que rápidamente puso a las dos al corriente. El ritmo y la intensidad con la que relató los acontecimientos me hizo temblar, y la mayoría de los detalles eran simplemente incorrectos. Cuando terminó, las chicas parecieron mirarme bajo una nueva luz, casi atónitas.
—¿Qué hay de tu abogada? Parecen cercanos —me preguntó Secretaria-chan.
Podría mentir—. No la conozco de nada.
—Eso no es verdad. Shiba dijo que la había visto antes en la preparatoria. Y sé que ustedes dos fueron a la misma escuela.
Frustrado por aquellos más cercanos a mí. Típico.
—¡Wow! ¿Fuiste a la misma preparatoria que tu abogada? ¿Cuáles eran las posibilidades? —dijo la chica de pelo negro, ahora ignorando en su totalidad a los otros dos hombres, quienes estaban sentados cabizbajos, con nubes formándose sobre ellos.
Decidí jugar a lo seguro y les conté que Yukinoshita y yo simplemente habíamos estado en el mismo club durante la preparatoria. Ella se había mudado a Inglaterra para hacer su licenciatura y terminar la escuela de leyes. Sólo nos volvimos a encontrar debido a ciertas circunstancias, es decir, yo siendo demandado.
—Suena como un dorama… —suspiró la rubia, con Secretaria-chan y la pelinegra asintiendo en concordancia.
¡No se atrevan a echarme a mí ese mal!
—Haruno-san dijo que ella y Hikigaya salieron hace un tiempo, pero que él sólo estaba jugando con ella mientras en realidad iba tras su hermana menor. Sólo la mantuvo alrededor como respaldo —dijo Secretaria-chan, mirándome con ojos fríos—. Aparentemente, es un gigoló por naturaleza. Tenía a las chicas haciendo fila.
—Está bien, basta. ¡Eso definitivamente no es verdad! —exclamé con pánico.
—¿Oh? ¿Y qué hay de la chica de pelo castaño que vino a buscar su teléfono el otro día? Era bonita también, y además te llamó por un apodo.
Mierda, olvidé que conoció a Yuigahama.
—¡Espereeeeen! —lloró la chica de pelo negro mientras se acercaba a nosotros—. ¡Me he perdido!
—Bueno, verás… —Secretaria-chan describió a Yuigahama y contó que también habíamos estado en el mismo club. La manera en que construyó este relato lo hizo parecer como si hubiéramos tenido alguna clase de triángulo amoroso. Lo cual era algo incómodamente cercano a la verdad a pesar de lo exagerada que era esta versión.
Mi teléfono comenzó a sonar en la mano de Secretaria-chan. Cuando vio quién estaba llamando, su rostro se agrió; me entregó el dispositivo diciendo:
—Es la "Reina de Hielo".
Habla del diablo, y aparecerá. Estaba empezando a preguntarme si estaba dentro de un juego móvil en el que podía invocar demonios desde mi smartphone. [3]
Rápidamente tomé el teléfono y hablé—. ¿Hola?
—¿Hikigaya-kun?
—Hey.
—Sí, hola. Necesito algo de ayuda. ¿Puedes venir al centro comercial en-?
—Voy ya mismo. —Aproveché con entusiasmo la oportunidad de escapar de mi situación actual.
—O-ok —respondió Yukinoshita, nerviosa por mi interrupción.
—Te veo en un rato.
Corté la llamada y me puse de pie. Me dirigí hacia la salida, tomando mi abrigo deportivo de los ganchos, para consternación de las chicas que querían saber el resto de la historia.
Por desgracia para ellas, tenía un poder superior al que responder.
Por supuesto, debí prestar atención al pronóstico del clima de hoy. En cuanto salí de la estación de metro me vi atrapado bajo un diluvio de finales de verano. No tenía paraguas, pero el centro comercial estaba relativamente cerca. Me encogí de hombros y decidí correr la distancia.
El centro comercial estaba situado en una esquina. El edificio era circular, lo que lo hacía destacar entre las demás cajas de cristal de Tokio. Vi a Yukinoshita parada bajo el saliente de la entrada, observando la tormenta. Notó mi presencia y levantó la mano en señal de saludo.
—Estás completamente empapado —mencionó Yukinoshita, frunciendo el ceño, con algo de culpa en su voz—. Siento haberte llamado tan de improvisto.
—No hay problema. Me salvaste, de hecho.
Yukinoshita levantó una ceja, pero no hizo preguntas—. Si tú lo dices.
—Sí, lo digo. ¿Qué sucede? ¿Necesitabas ayuda con algo?
—Sí. Verás, Nee-san compró un nuevo televisor en la tienda de electrónicos, a pedido. Me pidió que viniera a recogerlo, pero no pude encontrar lugar en el estacionamiento del centro comercial, así que tuve que estacionarme en un lugar más lejos. Me quedé atrapada con la lluvia, no quería arriesgarme a mojar el televisor si lo llevaba al auto.
—¿Ah, sí? —Me llevé una mano a la barbilla, tratando de pensar en una solución—. Muy bien entonces, dame las llaves. Iré a buscar el auto.
—¿Estás seguro?
—Yo ya estoy mojado, no hace falta que los dos nos metamos en este diluvio.
Tras eso, Yukinoshita me entregó las llaves de su Mercedes y me dijo donde estaba el vehículo. Volví a salir a la tormenta y caminé por las aceras hasta encontrarme con el auto de lujo estacionado. Me subí y presioné el botón de encendido, con el auto volviendo a la vida con un sonido satisfactorio. Di la vuelta a la manzana y regresé al centro comercial, cuidando de retroceder con el auto lentamente hacia Yukinoshita para que ella pudiera cargar la caja en el maletero sin tener que lidiar con la lluvia. Me miró con aprecio cuando la ayudé a levantar el aparato para meterlo en la parte trasera.
Con el trabajo terminado, los dos nos subimos al auto.
—¿Adónde vamos? —pregunté.
—Distrito Azabu —me respondió.
—¿Oh? ¿Tienes la dirección?
Me encontré con una mirada inexpresiva de parte de Yukinoshita, antes de recordar que ella usaba el GPS para ir a todos lados.
—No importa. No volveré a arriesgar nuestras vidas —le aseguré.
Yukinoshita me pellizcó el costado dolorosamente. Pisé el acelerador y llevé el auto a la carretera, para navegar por las autopistas siguiendo las indicaciones del GPS.
Me llevó un rato acostumbrarme a conducir el Mercedes, ya que el auto que yo manejaba normalmente era de motor atmosférico y el AMG de Yukinoshita tenía inducción forzada debido a los turbos gemelos. La potencia llegó al máximo de la gama de revoluciones, y el auto parecía tener torque para días. Necesité un poco de autocontrol para no probar la aceleración y ver en qué punto se detendría el tacómetro. Lo sensual de los sonidos de la válvula de escape del turbo no me hicieron las cosas más fáciles.
Me reí por lo bajo cuando las válvulas sonaron de forma particularmente fuerte, haciendo que Yukinoshita me mirara con perplejidad.
Finalmente llegamos al distrito Azabu. El área en la que residían los ricos e influyentes de Tokio, con apartamentos de lujo y casas en avenidas y calles pintorescas. Conduciendo por el lugar, me encontré rodeado de casas costosas de ladrillo y argamasa, con ventanas de cristal altas y fachadas sofisticadas. No me sorprendía que fuera aquí donde viviera Haruno. No había duda de que su padre había construido algunas casas en este distrito. Siendo la hija del dueño de una empresa constructora extremadamente grande, Haruno debe haber tenido mucho de donde elegir al escoger una residencia.
Yukinoshita me indicó que detuviera el auto en un estacionamiento frente a una casa de dos pisos. Después de hacer algo en su teléfono, la puerta del garaje se abrió y me pidió que metiera el auto dentro.
—¡Ah! ¡Yukino-chan! ¡Hikigaya-kun! —Una voz fuerte y alegre nos saludó cuando nos bajamos del auto. Haruno venía bajando las escaleras, vistiendo ropa casual—. ¡Gracias, Yukino-chan! Me quedé atascada con algo de trabajo. Aunque veo que conseguiste que Hikigaya-kun te ayudara.
—Pues claro —respondió Yukinoshita—. Es responsabilidad del pastor el mantener a su rebaño bajo control.
—Has hecho tantas comparaciones con animales últimamente que estoy empezando a sentirme como una quimera o algo así.
Yukinoshita me parpadeó—. Yo diría que eres igual de peculiar.
Haruno se rió por las palabras de su hermana y yo solté un gruñido. Sí, había caído de lleno en esa.
—Haruno, ¿estás en el garaje? ¿Y es a Yukino a quien oigo? —Una nueva voz emergió desde el interior de la casa. Una que me era familiar por todas las razones equivocadas.
Por la misma puerta por la que había salido Haruno apareció una nueva figura, una mujer envuelta en un yukata violeta y rojo. Era un poco más baja que Yukinoshita, pero igual de delgada y hermosa. Esta mujer era la forma perfecta de la Reina de Hielo, la evolución final.
Si Yukinoshita era una reina, esta señora era una emperatriz. Sus ojos tenían una mirada que parecía poder atravesar tu alma, desenterrando tus debilidades a través del puro contacto visual. Recordé vívidamente las conversaciones que tuve con ella hace tiempo. La Yukinoshita mayor hablaba por medio de una tranquila vorágine de palabras modestas que destrozaban tu ego. Luego, a partir de las sobras, juntaba tus intenciones, conociendo tus pensamientos y deseos mejor que tú mismo.
Incluso después de haber peleado en una guerra en una jungla extranjera, y de haber lidiado con peligrosos criminales en mi trabajo actual, todavía no he conocido a nadie más aterrador que la matriarca de la familia Yukinoshita: la madre de Yukinoshita Haruno y Yukinoshita Yukino, Yukinoshita Tomiko.
—¿Oh? Parece que tenemos un invitado —dijo con un tono curioso, con una voz que sólo podía describir que era tan clara y firme como un diamante.
—¡Lo olvidé por completo! —Haruno juntó las palmas de sus manos para disculparse con su madre—. ¡Lo siento, mamá! Y además, no es exactamente un extraño. Recuerdas a Hikigaya-kun, ¿verdad?
Los ojos de la madre se abrieron de par en par al reconocer mi nombre. Tragué saliva—… ha pasado tiempo… Hikigaya-san.
—I-igualmente… —tartamudeé, todavía sintiéndome completamente intimidado por Yukimamá. ¿Debería inclinarme? Espera, ya no soy un niño, pero igual, ¿debería?
—¿Te gustaría pasar a secarte? ¿Tal vez un té para calentarte? —preguntó educadamente la Emperatriz de Hielo.
Abrí la boca para negarme, pero un empujoncito físico por parte de Haruno y la mirada expectante de la madre destruyeron mi determinación.
Fui obligado a entrar a la casa de los Yukinoshita. ¿Y qué fue lo primero que noté en esta guarida de leones? Tenían baldosas calentadas. Así es: BALDOSAS CALENTADAS. El calor reconfortante del piso me hizo querer recostarme y dormir en la dura superficie. Era mágico.
Había dos escaleras de caracol de mármol que conducían al segundo piso. Las baldosas calentadas finalmente dieron paso a un piso de madera color ámbar. Plantas de bambú se encontraban puestas sobre macetas elegantes que estaban colocadas en áreas específicas, dando una pizca de vida a la estéril casa de puro blanco y brillantez. Todo era moderno y lujoso, pero también tenía un aspecto tradicional y calmante. En mi opinión, esto realmente le pegaba a la familia que vivía aquí.
Yukinoshita desapareció tan pronto entré, dejándome solo para una visita guiada por Haruno y su madre.
La cocina parecía un laboratorio. Un piso con azulejos blancos y paredes blancas, siendo el único negro las encimeras de mármol y la parte superior de la mesa de cocción. El área estaba acentuada por electrodomésticos y accesorios de acero inoxidable, todos absolutamente limpios, como si nunca se hubieran usado.
El segundo piso contenía todas las habitaciones personales. Por lo visto había cinco en total, con unas específicas dirigidas a Haruno y el dormitorio principal. Todo lo demás me dijeron que eran habitaciones para huéspedes. También me dijeron que este piso contenía el gran baño, que era a donde me llevaban. Yukinoshita nos estaba esperando con una muda de ropa en la mano, sólo unos pantalones y una camiseta.
Ella me guió al vestuario y me indicó dónde estaban las toallas para que yo pudiera secarme.
—Sólo deja tu ropa mojada en el vestuario, y ponte la ropa nueva en el baño, yo la recogeré.
Asentí, entumecido, y entré a su… absolutamente ridículo baño. Paredes beige y un suelo del mismo color, al estilo oriental. Había una gran bañera en el centro de la habitación, en la que cabían fácil tres personas. Parecía más un jacuzzi que un baño. Noté que las llaves tenían pequeños gatos grabados en ellas. Sonreí un poco. Sí, esto definitivamente era obra de Yukinoshita.
—¿Hikigaya-kun? —me llamó Yukinoshita desde el otro lado de la puerta del baño—. Me llevaré tu ropa para lavarla en seco.
—¡Nah, no te molestes! —le grité de vuelta, momentáneamente asombrado por el eco de mi voz en esta lujosa habitación—. Sólo tíralas a la secadora o algo.
—… —No hubo respuesta.
—¿Yukinoshita?
—Hikigaya-kun… ¿dónde estuviste antes de que nos juntáramos en el centro comercial?
Mi estómago se revolvió por la pregunta. Casi experimenté una emoción que sólo pude describir como "vergüenza".
—Yo… eh… estaba en un bar con unos compañeros de trabajo —dije nervioso, antes de darme cuenta de lo que estaba diciendo. Espera, ¿por qué me sentía como un marido al que pillaron engañando? ¡No tengo ninguna razón para sentirme culpable!
—De casualidad, ¿eran estos "compañeros", mujeres? —inquirió Yukinoshita, y casi pude ver cómo se formaba la escarcha en el umbral de la puerta—. O quizá eran hombres que usaban perfume de mujer, a juzgar por el olor de tu camiseta.
—Espera, ¿estás oliendo mi-?
—¿Que también tienen cabello rubio- oh, mis disculpas, rubio teñido que les llega hasta la mitad de la espalda?
Maldición, ¿encontró un pelo en mi ropa? Una de esas chicas sí que se había metido en mi espacio personal…
—Ya, está bien. Salí con una compañera y amigos suyos, ella me invitó. —Ya sin forma de escapar, me sinceré.
—¿La pasaste bien? ¿Señor Social? —Pude sentir el sarcasmo goteando por su voz.
—No sabría decirlo. No estuve allí demasiado tiempo. Me llamaste luego de una hora y me fui.
—… —Yukinoshita se quedó en silencio y pude oír el sonido de la ropa—. Te he dejado unas pantuflas. Sal en cuanto termines de cambiarte.
Cuando terminé de colocarme la ropa seca, fui llevado por Yukinoshita a la sala de estar, donde escuché a Haruno teniendo una charla ligera con su madre. Dejaron de hablar cuando entré en el cuarto. Había un número limitado de asientos, y Yukinoshita se quedó de pie mientras Haruno hacía que me sentara a su lado.
La hija menor no permaneció inactiva. Se acercó a la mesa y sirvió cuidadosamente cuatro tazas de té. Sus modales eran exquisitos, como si hubiera salido de una de esas pinturas antiguas que se hacían sobre ceremonias de té. Era surreal, casi subliminal. Todo lo que faltaba era una mesa larga con unas cuantas sillas escolares para experimentar plenamente la nostalgia.
Acepté la taza con gratitud. Una emoción que duró poco, ya que Yukinoshita declaró que se iba a preparar algunos bocadillos a la cocina, con Haruno saltando a su lado con entusiasmo para ayudarla.
Dejándome solo en la habitación con Yukinoshita Tomiko.
Comencé a ponerme nervioso. Siempre había tenido problemas tratando con ella. La madre de Yukinoshita era como una fuerza de la naturaleza, un presagio de lo que Yukinoshita sería capaz dentro de unos años. Su presencia era casi apabullante, siendo honesto. Podía ver por qué ella era el eje que mantenía unida a la familia Yukinoshita. Todavía no estaba seguro de cómo mi yo adolescente se las arregló para hablar con ella sobre un tema complicado.
—Lamento que mi marido no haya podido estar aquí para unírsenos —dijo de repente la madre de Yukinoshita, tomándome desprevenido—. Ha estado preocupado por el trabajo últimamente.
—¡N-no! No es un problema. —Recordé un hecho crucial que Haruno me había mencionado hace meses—. Oh, sí, está planeando presentarse para el cargo de Primer Ministro, ¿verdad? Felicidades.
Sus ojos se abrieron de par en par, encantada por la sorpresa—. ¿Estás al tanto? ¿Cómo?
—Oh, eh, Haruno-san me lo contó un día, luego del trabajo. —Sonaba correcto.
—Hablando de eso… ¿es cierto que eres un detective?
—Umm… sí… trabajo para el Departamento de Policía Metropolitana de Tokio.
Mi respuesta fue seguida por un silencio, y nos quedamos así por un momento. Tomé esto como una oportunidad de beber un poco mi té. Era un té verde con un sabor profundo y fuerte, con un toque de amargo. Había un toque de arroz también, evidencia de la alta calidad de las hojas y de cómo había sido magistralmente elaborado.
El silencio fue roto por la madre de Yukinoshita hablando súbitamente—. Gracias.
—¿Q-qué? —¡Vamos, Hachiman! ¡Espabila!
—Nunca pude agradecerte por lo que hiciste. —La madre de Yukinoshita puso sus manos sobre su regazo—. Has ayudado a mi familia de maneras que nunca podré pagar. Protegiste la vida de Haruno. Incluso antes que eso, ayudaste a Yukino y a Haruno a llevarse bien como hermanas una vez más. Hiciste que recuperara mi cercanía con mi hija. Hiciste unida a nuestra familia.
Me miró con los ojos brillosos—. Puedo ver por qué mi marido te aprecia tanto. Debes saber que te guarda mucho respeto. Todas las cosas que haces sin buscar gratitud. Puedo ver por qué te convertiste en un agente de la ley.
Y entonces la matriarca Yukinoshita se inclinó en su asiento, poniéndome nervioso.
—¡N-no! ¡Por favor, levántese! —supliqué—. No hice nada. Sólo… le di un pequeño empujón a Yukinoshita cuando llegó el momento. —No quería reconocimiento, ni lo esperaba. No fue la razón por la que hice todo eso hace tanto tiempo.
—Aun así… gracias.
—Está bien. Además, estamos casi a mano de todas formas, con lo del juicio y todo eso.
Sus ojos adquirieron un brillo intenso—. Sí, Haruno me ha hecho saber de la situación. ¿Cómo está progresando el juicio?
Antes de que pudiera responder, fui interrumpido por el sonido de Yukinoshita y Haruno entrando en la habitación, con una bandeja de plata llena de galletas y otros aperitivos. Haruno se puso con cuidado a lado de su madre, de pie, dejando libre el asiento junto a mí, el cual Yukinoshita tomó sin dudarlo. ¿Significaba esto algo? No, no, no, estás pensándolo demasiado.
—Yukino, justo estaba hablando con Hikigaya-san sobre el juicio, ¿cómo van las cosas, querida? —le preguntó la madre a la hija menor.
Yukinoshita diligentemente describió cómo había ido progresando el caso. El litigio antes del juicio había sido extraño, con la fiscalía presionando para que se celebrara un juicio a pesar de estar en una evidente desventaja en lo que respectaba a pruebas. Hubo un pequeño traspiés durante los testimonios de los testigos. Haruno dio algunos detalles más al respeto, y también fue quien detalló el cómo Yukinoshita había traído al coronel.
—¿Conseguiste a un coronel del ejército? Me preguntaba por qué habías solicitado una audiencia privada con tu padre. Fue un movimiento muy inteligente, Yukino, bien hecho. —La madre asintió con la cabeza, sonriendo.
La espalda de Yukinoshita se enderezó un poco, y pude notar un aura de orgullo y satisfacción viniendo de ella. Me preguntaba cuánto debió haber esperado para recibir un elogio como ese. Su peso en oro debía ser inmenso.
—Me alegro de que hayamos podido serle de ayuda a Hikigaya-san —dijo Tomiko-san—. Con suerte, las cosas terminarán pronto. Los preparativos para la carrera de mi marido hacia el puesto del Primer Ministro ya están en marcha, y necesitaremos la ayuda de toda la familia.
—Me disculpo por monopolizar el tiempo de su hija de esta manera —dije, con algo de culpa deslizándose por mi voz.
—No digas tonterías —contestó Haruno, sonriendo—. Además, las chances de papá han aumentando bastante luego de las últimas noticias. El Partido Conservador se llevó un buen golpe.
—Ah, cierto. —Yukinoshita asintió lentamente—. El representante Shiokawa y su… colorido lenguaje durante la reunión de la Dieta.
—Colorido es decir poco —comenté secamente—, todo el mundo pareció entrar en pánico por ello.
—Como deberían. —Tomiko-san me miró con una sonrisa irónica—. Japón está en un estado de cambio. Tenemos muchos problemas en muchos frentes, y es el momento oportuno para un cambio en la dinastía política. Muchos están compitiendo por el puesto de Primer Ministro. El golpe a la credibilidad del Partido Conservador al ser uno de sus miembros tan tendencioso, sólo ha servido para que el partido de mi marido, el Parido Moderado, se vea más atractivo.
—¿Su esposo es el representante elegido para los moderados? —pregunté.
—Padre ha sido elegido —respondió Yukinoshita—. Su candidatura será anunciada pronto.
—Con Haruno como fiscal del distrito de Tokio, y Yukino trabajando para abrirse camino entre las filas, nuestra presencia aquí se ha solidificado. La larga permanencia de mi marido en el partido le ha conferido popularidad, y muchas de sus políticas son bien consideradas por sus pares.
—Eso es bueno —dije educadamente—, le deseo lo mejor.
—Gracias, Hikigaya-san.
Charlamos durante una hora, más o menos, con los temas de conversación pasando por el juicio a cómo Haruno estaba manejando su cargo como fiscal del distrito de Tokio. Me levanté para irme cuando me trajeron de vuelta mi ropa. Uno podría acostumbrarse a un tratamiento como éste.
—Te llevaré a casa. —Yukinoshita tomó las llaves de su auto de la mesa y comenzó a caminar hacia el garaje antes de que yo pudiera decir nada. Haruno se rió por el intercambio, o más bien la falta de éste.
—Espero que pronto vuelvas a visitarnos, a mi esposo le encantaría hablar contigo, estoy segura —dijo Tomiko-san mientras se despedía de nosotros con un gesto. Sonaba menos como un deseo y más como una orden. Sólo pude asentir con respeto (o más bien temor).
—Bueno… —comencé a decir ya en el interior del auto de Yukinoshita, esta vez de copiloto—. Las cosas parecen haber mejorado… por lo visto.
—Lo han hecho —dijo Yukinoshita, con su voz elevándose ligeramente, como si intentara resistir una sonrisa.
—¿Por qué no tienes una habitación en la casa? —le pregunté, reflexionando sobre las cosas que vi en el interior de su residencia.
—Prefiero vivir sola… pero hay una sensación de seguridad en saber que tengo un hogar en el que soy bienvenida, al que puedo volver.
El interior de auto se quedó en silencio mientras conducíamos por la autopista, el único ruido provenía del sonido de la lluvia golpeando el parabrisas y de los neumáticos rodando contra el asfalto. Realmente tenía que felicitar a Daimler-Benz, se sentía como si estuviéramos completamente aislados de la tormenta, en una burbuja móvil hecha de acero, vidrio y cuero. Probablemente podríamos escuchar hasta nuestros susurros al interior del auto.
Fue por ello que pude escuchar a Yukinoshita llamándome suavemente—. ¿Hikigaya-kun?
—¿Mmm? —Giré la cabeza para mirar a la conductora—. ¿Qué pasa?
—Gracias.
—… de nada.
El resto del camino a casa fue en un cómodo y sereno silencio. No sentimos la necesidad de comunicar nada más. Todo lo que se necesitaba decir ya estaba allí.
Y era agradable.
[1] En Japón, el gobierno otorga medallas de honor a los ciudadanos. Las cintas que se dan tienen diferentes significados; la cinta roja es para aquellos que arriesgan sus vidas para salvar a otros.
[2] Referencia a Mobile Suit Gundam (línea temporal Universal Century), donde el psycommu es un mecanismo de control que se usa para controlar mentalmente las armas y comunicarse.
[3] Referencia a Shin Megami Tensei: Liberation DX2
Nota del traductor:
Supongo que ya lo habrán notado, pero habrá algo de "política" en este fic. Según palabras de SouBU, esto es sólo para hacer worldbuilding, no para dar un discurso político ni nada por el estilo. Hasta ahora ha sido así, así que no veo razón para desconfiar de sus palabras. Obviamente está todo muy sobre-simplificado, tampoco esperen nada muy realista en este sentido (tampoco creo que sea algo tan necesario), sólo hay tres partidos: los Conservadores, los Progresistas, y los Moderados.
Por otra parte, SouBU ya ha subido el capítulo 24. También ha mencionado algo sobre los dos arcos siguientes del fic. Verán, estaba planeado que Unmade consistiera en 3 arcos (con el primero finalizando en el capítulo 30), sin embargo SouBU opina que la historia "se le está saliendo de control" y iba a acabar siendo mucho más larga de lo que pensaba cuando comenzó con todo esto, así que está contemplando el juntar el segundo y el tercer arco en uno solo, uno que tratara los temas que se iban a tratar en aquellos arcos en una trama más cohesiva; para así poder terminar con esto de buena manera y evitar acabar quemado por la historia. Dice que todavía no está decidido, pero que es una posibilidad (muy alta).
Esperemos que todo salga bien.
