Disclaimer: los personajes de Twilight le pertenece a Stephenie Meyer y esta historia a JAnnMcCole. Yo solo traduzco.

Capítulo catorce

"No sentir no es un reemplazo para la realidad. Tus problemas de hoy seguirán siendo tus problemas mañana." ~Larry Michael Dredla

EDWARD

Entrando a nuestro cuarto, de inmediato me tropecé con un zapato de Bella. Me reincorporé y tomé el tacón rojo, fulminándolo con la mirada antes de lanzarlo a un rincón.

—Tus zapatos casi me mataron —grité hacia el baño, donde salía el vapor por debajo de la puerta.

Encendí el televisor y me quité la corbata antes de quitarme los zapatos.

"Buenas noches, soy Andrea Salvia y esta noche les traeremos más sobre la investigación en curso con respecto al reciente fiasco del FBI. En solo un mes, cinco agentes federales han sido asesinados o detenidos de algún delito. Mientras tanto, el director del FBI, Ian Rood, se codea con los ricos de D.C. en una Ópera."

—Parece que el público al fin se dio cuenta —grité, poniéndome de pie para quitarme la camisa, pero me detuve cuando no escuché un grito en respuesta. Ella siempre gritaba, nueve de diez veces era con una invitación a unirme a ella.

—¿Bella? —Me acerqué a la puerta.

Ella todavía no me respondió.

—Bella. —Abrí la puerta rápidamente, pero me petrifiqué ni bien la vi. Ella estaba de pie en la ducha, completamente vestida mientras el agua caía sobre ella. Corrí hacia ella, apagué la ducha, agradeciendo a Dios que no estuviera hirviendo, y ella seguía allí, sin moverse.

—¡Bella! —chillé en su rostro, sacudiéndola.

Ella parpadeó un par de veces, apartando el agua de su rostro antes de mirarme con confusión.

—¿Qué estás haciendo? —preguntó.

—¿Qué hago? —Intenté no gritar—. ¿Qué diablos haces tú? Estás totalmente vestida en la ducha.

Ella se observó, quitándose el vestido negro y luego su ropa interior antes de moverse a mi alrededor. Tomó una de las toallas grandes para su cuerpo y una pequeña para su cabello, sin decir una palabra. Simplemente salió del baño.

—Estoy bien, Edward —dijo cuando la seguí.

—No mientras. ¿Qué te pasó?

No dijo nada mientras seguía secándose el cabello.

—Isabella.

—¡¿Puedes dejar de decir mi nombre como si fuera una niña?!

—Lo haré cuando que dejes de actuar como una.

—¡Dije que estaba bien! —gritó.

—¡Y yo digo que es mentira! —vociferé, queriendo tocarla, pero ella se apartó—. Alguien que está bien no se queda de pie embobado en la ducha y completamente vestido.

—Sigue gritando, Edward, toda la puta ciudad no te ha escuchado todavía —espetó, moviéndose hacia su armario antes de cerrar la puerta de un golpe detrás de ella.

Suspirando, me moví hacia la puerta, descansando contra esta. Moví el picaporte, intentando abrirla, pero debía estar apoyada contra la puerta.

—Esposa, abre la puerta, déjame entrar. Este no es el tipo de pelea que me gusta tener contigo —susurré.

—Edward, estoy bien.

—Cada vez que dices que estás bien, enfurezco porque sé que mientes. Pensé que habíamos superado esto. Pensé que éramos compañeros, que es lo que…

Ella abrió la puerta y me fulminó con la mirada.

—No intentes hacerme sentir culpable.

—Intento ser honesto contigo.

—Edward —suspiró profundamente, apartándose de mí pero manteniendo la puerta abierta mientras tomaba ropa interior nueva—. Tuve un momento.

—¿Un momento? —pregunté lentamente, esperando a que continuara.

—¡Sí, Edward, un momento! Han pasado muchas cosas y no podía respirar, ¿de acuerdo? A veces me siento como si… —Se detuvo antes de girarse hacia mí. Vestida en solo su ropa interior, sus manos encontraron sus caderas, pero se negaba a mirarme a los ojos. En cambio, observaba a un foco, mordiéndose el labio inferior.

—¿A veces te sientes como qué? —susurré, dando un paso hacia adelante.

—Como si siguiera huyendo por Europa, luchando por mi vida. A veces me despierto y tengo que mantenerme unida. Hay otras veces que recuerdo cosas y mi piel arde, mis venas se sienten en llamas y tengo que enfriarme —confesó y me quedé sin palabras.

¿Cómo diablos no me di cuenta de eso? ¿Ella seguía sufriendo? Santo cielo.

—Bella…

—No me mires así, lo estoy controlando. Simplemente necesito tiempo, ¿está bien? No me has atrapado antes y ya no son tan frecuentes. Solo ocurre cuando estoy estresada…

Envolviendo mis brazos a su alrededor, la mantuve cerca.

—No necesito un abrazo.

—Bella, cállate y solo quédate aquí conmigo.

—Edward…

—Sigues hablando.

Suspirando, se quedó allí de pie y enojada, pero su cuerpo se relajó y apoyó su cabeza contra mi pecho. Unos momentos después, ella envolvió sus brazos a mi alrededor.

—Deberías habérmelo dicho, Bella.

—No había nada que pudieras haber hecho —susurró.

—Puedo estar aquí. ¿Por qué te es difícil dejar que alguien esté allí para ti? —Siempre volvíamos al mismo tema.

—Lo estoy intentando, Edward. No tienes idea de lo difícil que es esto para mí. Siempre he sido yo, va a tomarme tiempo, pero no puedes tratarme diferente o tenerme lástima. —Se apartó de mí—. Puedo seguir haciendo mi trabajo y eso incluye ver a nuestro hijo antes de irnos.

La solté y ella tomó un par de pantalones y una de mis camisetas viejas.

—¿Qué estamos planeando?

—Vamos a acosar a Orlando esta noche. —Se colocó sus botas antes de sacar no una, sino dos pistolas y lanzarlas hacia mí.

—¿Acosarlo o matarlo? —Estaba de acuerdo con cualquiera de las dos.

—Por ahora, acosarlo. Mañana iremos a la Casa Blanca y estoy segura que intentará matarnos de nuevo. Cámbiate de zapatos, puede que corramos —demandó.

—¿No tenemos hombres para esto?

—¿No preferirías asegurarte que esté hecho apropiadamente? ¿O ya te crees mejor que esto, Sr. Cullen?

Puse los ojos en blanco y chequeé el tambor de la pistola.

—¿Recuerdas cuando solo solíamos lidiar con drogas? Extraño eso.

—Podemos volver a eso ni bien matemos a mi querido abuelo. Pero hasta entonces, hacemos lo que sea necesario, incluso si significa saltar sobre los edificios.

—¿Por qué diablos vamos a saltar sobre edificios?

Ella sonrió.

—Solo piensa en ello como mi versión de cita romántica.

—¿Disfrutas de esto? —¿Qué diablos?

—Solía hacer esto para mi padre. ¿Cómo crees que robé ese diamante rojo cuando tenía dieciocho?

Mi cerebro trabajó horas extra para seguir su lógica.

—Así que lo que dices que es, si nuestras citas fueran más como Misión Imposible y menos a la luz de las velas ¿no te quejarías mucho conmigo?

Sus cejas temblaron.

—Iré a ver a Ethan ahora, prepárate.

—Sí, señora, ¿te gustaría que gire por el suelo también? —Comenzaba a disfrutar de hacerla enojar.

—¿Perché non basta giocare morti, imbécil? —espetó.

—¿Por qué no me hago el muerto? Ora che non é cosa piacevole dolce.

Ella me miró completamente sorprendida y sonreí.

—Cinco meses en la jaula. Tuve tiempo suficiente para aprender tu idioma.

—Primero —dijo un poco seductoramente de más—. No digas la jaula. Segundo, dijiste "ahora, eso no es una cosa buena dulce", pero buen intento.

Guiñó el ojo antes de salir.

Mierda, la amo.

Eran momentos como este que compensaban por todo lo demás.

BELLA

Tomé aire profundo al salir de nuestro cuarto. Estaba indecisa entre sonreír ante el esfuerzo que él irradiaba y abofetearme por permitir que se preocupara. Jamás quise que me viera así. No sabía qué me había pasado, en un momento estaba bien, chequeaba mis planes para esta noche y, al siguiente, estaba bajo la ducha. No le mentí, en las últimas semanas estos momentos habían casi desaparecido. Solo necesitaba estar con él y con Ethan. Cuando lo estaba, el resto del mundo se esfumaba… Me sentía para nada como yo y me gustaba. Caminé por el pasillo y hacia la puerta trasera, Esme había llevado a Ethan afuera para sentarse debajo de las estrellas. Todo el patio trasero estaba cercado, pero mi instinto me decía que tuviera en cuenta a los francotiradores. Todas las prendas de Ethan, incluido sus gorros, estaban hechas a medida con kevlar. Si pudiera, metería a Ethan en un cuarto seguro hasta que todo esto terminara.

Cuando esto termine, necesito pasar más tiempo con él.

Llegando a la parte trasera de la casa, me detuve frente a las puertas de vidrio donde se encontraba Rosalie. Estaba de brazos cruzados y su rostro no transmitía expresión alguna mientras observaba a Ethan en los brazos de Esme. Ella estaba vestida elegantemente, tenía puesto un vestido rojo largo y con una abertura hasta su muslo y zapatos rojos. Ella ni siquiera parecía respirar. Era inquietante, en forma extraña.

—¿Puedo ayudarte con algo? —pregunté, acercándome a su lado. Ella no dijo nada por un momento antes de secarse una lágrima.

Qué triste.

—Fui buena con él —susurré, aun sin mirarme—. Mientras no estuviste, me aseguré que no le faltara nada. Me senté a su lado, le leí, lloré con él cuando tuvo su infección de oído. Estuve allí cuando volviste e hiciste lo que siempre haces. Me tratas como la mierda. ¿Por qué?

Finalmente, se giró hacia mí y preguntó de nuevo:

—¿Por qué me odias tanto?

—Porque eres una mentirosa, Rosalie. —Di un paso hacia adelante—. Quieres cosas que no son tuyas. Eres como una niña malcriada. Al principio, pensé que el problema era tu moral. Repites una y otra vez lo horrible que Edward y yo somos. Lo horrible que es esta familia. Casi te creía que no querías esta vida. Si ese fuera el caso, creo que podría haber llegado a respetarte con el tiempo. Pero, lamentablemente, no lo es.

Otra vez, di un paso hacia ella y ella se sobresaltó, pero no se movió.

—En cambio, Rosalie, cada vez que me decías lo horrible que era, intentabas convencerte que no querías ser yo. Por alguna razón, puedes aceptar que los hombres tengan el control, pero tienes que ser mejor que todas las mujeres en tu vida. Es por eso que mantuviste a Alice debajo de ti, por que te hiciste amiga de Esme. Supongo que es la violación, ellos te quebraron y tú elegiste no arreglarte. En vez de eso, te casaste en una familia poderosa y te escondiste detrás de Emmett. Pensabas que eso era fuerza. Pero yo entré a tu vida e hice pedazos tu pequeño y patético mundo. Intenté hacerte más fuerte, te ayudé a obtener venganza, pero me resientes, no por que no te haya gustado, sino porque yo te di ese poder. Yo tengo el bebé, yo tengo la familia, yo tengo el poder. Mi odio por ti es una consecuencia directa de tu lujuria por lo que es mío, incluso esos zapatos. Comenzaste una guerra, no llores porque estás perdiendo.

—Estás demente. —Sacudió su cabeza y sus labios rosados temblaron.

—Rosalie. Dulce, Rosalie. —Coloqué una mano en su mejilla—. No has visto nada todavía.

Apartándome de ella, salí hacia el patio. Ethan me vio y comenzó a reír, intentando llegar a mí. Acercándome por detrás de Esme, lo tomé de sus brazos y le di unas vueltas.

—¡Ethan! —Solté su nombre con una risa y me uní a él, riéndome mientras lo llevaba hacia mi pecho. Besé su rostro mientras él golpeaba el mío.

—Vagamente recuerdo a una mujer una vez decirme que no sabía cómo ser una madre. —Rio Esme, cruzándose de brazos mientras me estudiaba.

Miré a Ethan, quien felizmente succionaba su chupete mientras observaba mi rostro.

—No tengo idea de lo que ella habla.

—Por supuesto que no —dijo Esme por él. Sus ojos se suavizaron al vernos—. Me recuerdas a cuando tuve a Emmett.

—¿Eso es algo bueno? —Conociendo a Emmett, eso podía ser tomado de dos formas.

—Sí, lo es, ¿van a salir?

Asentí, no quería soltar a Ethan.

—Esto terminará pronto y te podré arropar —susurré en su oído. Edward salía mientras yo hablaba, vestido medio casual y con mejores zapatos. Se acercó a nosotros y Ethan giró en mis brazos, intentando agarrar a su papi.

—Bueno, puedo ver quién es tu favorito. —Fruncí el ceño, dándoselo a Edward. Ni un segundo después, Ethan estaba tirando del cabello de Ethan.

—Lindo verte también. —Edward hizo una mueca, intentando quitar las pequeñas manos de Ethan de su cabello.

—¿Los dos saldrán con Emmett y Rose? —Se acercó Carlisle a nosotros.

—No estaba al tanto que ellos fueran a salir —comenté, mirando a Edward, quien asintió, ahora lidiando con los golpes que Ethan les daba a sus labios.

—Aparentemente tendrán una cita—me informó Edward.

—¿Una cita?

—No siempre puede ser sangre y gore. Ni bien termine todo esto, Carlisle y yo volveremos a Irlanda por un tiempo. —Esme sonrió y Carlisle besó su mejilla.

—Un largo tiempo —añadió él.

—Antes de cantar victoria, vayamos a ganar la guerra —respondió Edward, colocando a Ethan en los brazos de ellos. Él intentó llegar a nosotros otra vez y besé sus pequeñas manos en despedida.

—Cuídense. —Sonrió Esme.

Asintiendo, los dejamos y nos encaminamos hacia el garaje. Edward tenía un viejo Ford Mustang 1963 esperándonos. Lucía en el lugar equivocado al estar estacionado detrás de la mansión.

—Esto es nuevo —le dije, pasando mis manos por la pintura azul oscura.

—Lo es —respondió, ubicándose detrás del volante. Cuando entré, no esperó a que me colocara el cinturón antes de salir.

—¿Qué pasa? —pregunté, echándome hacia atrás.

Sacó su teléfono.

—Escúchalo.

Lo tomé y escuché.

"¿Hola, Emmett?"

"Alice…"

"Emmett, ¿qué pasa?"

"Todo, A."

No estaba segura si quería reírme o lanzar el teléfono por la maldita ventana. Mirando a Edward, su mandíbula estaba tensa mientras aferraba el volante tan fuerte que sus nudillos estaban blancos.

—Tá mo dheartháir a bheith ar an amadán is mó Bhuail mé riamh* —espetó con furia.

—Ha elegido ser leal —añadí y él bufó.

—¿De qué me sirve la lealtad cuando es un hijo de puta débil, desconsiderado y un dolor en mi culo? Estoy tratando de entender cómo pensó que sería mejor idea usar nuestro aniversario como una prueba para Rose. Su estupidez otra vez casi nos costó nuestras putas vidas. Y Alice, ¿quién le dio el derecho a no contarnos esto? ¿Desde cuándo ellos tienen el derecho de pensar en ellos mismos? Ellos esperan nuestras indicaciones y luego actúan por nuestra voluntad, no las suyas. ¡Es como si fueran niños!

Se detuvo en un semáforo, pellizcándose el puente de la nariz antes de tomar aire profundo.

—¿Estás furioso de que haya actuado por su cuenta o porque arruinó nuestro aniversario? —pregunté.

Me miró y frunció el ceño.

—¿Cuánto tiempo crees que me llevó planear todo?

—Entonces es el aniversario.

—¿Por qué no estás más furiosa con esto? —Frunció el ceño en mi dirección.

—Porque si dejas de ladrar por un momento, podrás ver que esto funciona a nuestro favor. Emmett, a pesar de ser estúpido, eligió a esta familia en vez de a Rosalie. Ahora sabemos con certeza que Rosalie está en nuestra contra, aunque no era difícil de negarlo antes. Si permitimos que Emmett nos de más, ahora tendremos la habilidad de joder con Orlando.

—¿Realmente crees que él puede hacer eso? —murmuró—. Rosalie ha estado sosteniendo sus pelotas por años.

—Solo el tiempo lo dirá, pero ahora lo sabemos. Y con respecto a Alice, me sorprendió.

Soltó una risita, sacudiendo su cabeza.

—¿Alguien sorprendió a Bella Sangrienta?

Poniendo los ojos en blanco, llevé mis pies al salpicadero.

—Sí, puede que tenga un plan para ella luego.

—¿Puedo saberlo?

—No. Ahora, ¿sabes a dónde vamos? —le pregunté, mirando por la ventana. Era como si estuviera conduciendo por conducir.

Me fulminó con la mirada. Esperé, sacando mi teléfono antes de abrir la aplicación del GPS.

EDWARD

Habían pasado tres horas y solo me había calmado un poco. Quería tomar a Emmett del cuello y romperle su puto rostro. Tenía dieciocho años cuando mi padre me dijo que iba a hacerme cargo después de él, no Emmett y cuando le pregunté por qué, me dijo que algún día lo entendería. Pensé que era porque yo era su favorito, pero ahora lo entendía. Emmett literalmente era incompetente. Podía verme pasando el resto de mi vida limpiando sus estupideces. Parte de mí casi deseaba que me hubiera traicionado así podía matarlo y deshacerme de él… solo una parte de mí.

Pero él eligió a la familia. Es leal.

Eso compensaba mucho.

—Cuento seis agentes —susurró Bella, observando por la mira del fusil.

Estábamos a una milla de uno de los penthouses de Orlando. Desde el rascacielos al que nos habíamos metido, podíamos ver su casa de estilo italiano. Todo el penthouse está cubierto de ventanales. Era como si nos estuviera desafiando a que lo intentáramos.

—El vidrio es de siete milímetros de espesor y sin dudas es a prueba de balas —añadió, encorvada y con el dedo sobre el gatillo… Hasta donde sabía, no íbamos a matar a nadie esta noche, pero ella insistió en tomarnos nuestro tiempo haciendo esto.

Cuando no dije nada, ella me miró, estudiándome con cuidado.

—Crees que esto es una pérdida de tiempo.

—Si no vamos a matarlo, no veo el sentido de mirarlo resolver sus crucigramas toda la noche. —Eso era todo lo que el hombre hacía, se sentaba en su bata de seda y terminaba los crucigramas de periódicos viejos. Cada pocas horas, caminaba hacia la ventana para fumar un cigarro y luego se movía hacia el siguiente puto crucigrama. Si intentaba volverme loco, estaba funcionando.

Ella soltó el rifle, parecía como si intentaba encontrar una forma amable de quejarse.

—Edward —dijo suavemente y quise reír pero, en vez de eso, sonreí engreídamente, sentado contra la pared al lado de la ventana.

—No intentes ser la esposa dulce conmigo ahora, adelante, puedo soportarlo —dije.

Sus cejas temblaron.

—Estoy intentando fuertemente en ser más buena contigo, pero a veces eres un puto dolor en mi cullo, Cullen. ¿Por qué te es jodidamente difícil sentarte, callarte y simplemente…?

—Allí está mi Bella. Pensé que te habías ahogado en un tanque de arcoíris y polvo de duendes.

La expresión en su rostro, así como su mano que ahora temblaba hacia su pistola, me hizo sonreír. Como si no tuviera suficientes cicatrices de balas de su parte.

—¿Disfrutas de hacerme enojar?

—Al principio, tus cambios de humor me volvían loco, ahora lo encuentro algo atractivo. —Eso lo hizo. Ella sacó su arma y me apuntó a la cabeza.

Sonreí.

—Guarda eso antes de que te lastimes, esposa.

Sus manos se empuñaron y esperé, pero se detuvo y guardó su arma, sacudiendo su cabeza en mi dirección.

—Hijo de puta. Intentas entretenerte porque estás aburrido. Si peleamos, terminarás follándome en el suelo.

—Definitivamente, no estoy tan desesperado —mentí y ella lo sabía.

Suspiró fuertemente.

—Él ha estado observándonos por años, Edward. Sabe cuándo dormimos, cuándo comemos, nos ha visto pelear y solo Dios sabe qué más. El hombre básicamente ha estado viviendo con nosotros y no lo vimos. Sí, sé que esto no es tu fuerte y si quieres puedo hacer esto sola. Pero cuando dije que estaba harta de este hijo de puta, lo dije en serio. Seré mejor en su juego. Él se metió en mi cabeza, pero yo voy a meterme en su alma. Quiero saber lo que hace y cuándo lo hace, incluso si eso significa que estaré aquí toda la noche. Voy a ser su maldita sombra. Él no podrá dormir tranquilo toda la noche. Jodió con nuestra familia y yo voy a joder con su legado, con su vida.

Ella volvió a ver por la mira y lo observó de nuevo. Poniéndome de pie, miré por la ventana hacia el hombre que una vez más estaba fumando un cigarro. El humo salía de su boca en círculos. Parecía sumido en pensamiento y quizás así era cómo se le ocurrían sus retorcidas ideas de cómo matarnos. Un agente se ubicó frente a Orlando, pero en el balcón, observando los alrededores de todos los ángulos mientras usaba un chaleco antibalas.

Me pregunto si ellos sabían el tipo de hombre que protegían.

Al menos con nuestros hombres, ellos sabían quiénes éramos o lo que hacíamos. Orlando es un tipo diferente de monstruo.

—Mata al agente —demandé.

—Sabrá que…

—Quiero que lo sepa. Quiero que nos sienta arrinconarlo. Mata al agente.

Ella jaló del gatillo, dándole al agente en el medio de los ojos. El hombre cayó, golpeando el vidrio lleno de sangre antes de deslizarse por este. Orlando soltó otra nube de humo antes de mirar a su alrededor, escaneando los edificios. No parecía sorprendido por la muerte de su agente, pero a su alrededor los demás comenzaban a dar vueltas.

Bella desarmó su rifle en segundos.

—Esa es nuestra señal para irnos. Les doy una hora antes de que comiencen a chequear estos edificios.

—El disparo se escuchó por todo el mundo —dije, mirando hacia el hogar de Orlando—. Quiero saber dónde ira luego.

—Mira quién se unió a la fiesta —dijo Bella desde la puerta, esperando a que siguiera. No podía esperar a estrechar la mano de Orlando mañana cuando volviéramos a la Casa Blanca.


*Tá mo dheartháir a bheith ar an amadán is mó Bhuail mé riamh. = Mi hermano tiene que ser el idiota más grande que he conocido.