–¿Cuántas posibilidades hay de que llegues a tercera base?

–Creo que hay un 70% de posibilidades de que yo llegué a tercera base...

–Ambar... ¿Por qué crees que es un 70% y no algo más... pequeño?

–Porque una vez... casi llego...

–Genial, no quiero saber, pero a la vez creo ya saber...

–A ti Saguru ya te conté lo que ocurrió... así que ya lo sabes...

–Ya me aburrí...

–Entonces cantemos, haré una lista de canciones...

–Traeré un micrófono... ya vuelvo...

...

–¡I'm a Barbie girl, in a Barbie world, life in plastic, it's fantastic, you can brush my hair, undress me everywhere, imagination, life is your creation...!

–Come on Barbie, let's go party, come on Barbie, let's go party, come on Barbie, let's go party, come on Barbie, let's go party...

–¡Make me walk, make me talk, do whatever you please, I can act like a star, I can beg on my knees, come jump in, bimbo friend, let us do it again, hit the town, fool around, let's go party... you can touch

you can play, if you say: "I'm always yours"!...

–¡SAGURU! –Grité molesta –¡Nos cambiaste la música! ...

–No fue mi culpa, el parlante se apagó, y no me sorprende que lo haya hecho con semejantes gritos... mejor hagan otra cosa...

–Bueno, entonces pondré en mi teléfono las canciones que seguían... –Dije sacando mi teléfono.

–¿Cuál seguía? –Me preguntó Heiji.

–A Esa de Pimpinela, después Valiente, Criminal de Britney Spears, Talk Dirty... de no sé quién, y My Boy de Billie, ¿Por qué?, porque me recuerda a mi situación...

POV Kaito ◇

–¿Pero qué rayos está pasando aquí? –Pregunté sin poder creer lo que veía, adiós al plan de pasar desapercibido. Esto era un desastre total.

–Pero, ¿Quién?... oh... es la maldita escoria... –Habló Ambar volteando a verme –De seguro se confundió de casa... ¿Crees que se haya dado cuenta?

–No lo sé Ambar, pregúntale... –Habló Hattori, mirándome sin interés.

–¡Hey!, Sí, tú... ¡Esta no es la casa de Ran por si la vienes a ver!, ¡Esta es la casa del novio de Ran!... ¡No te confundas!

–Vengo a verte a ti, ella no importa –Hablé acercándome a su lado –Preciosa... preciosa, Ambar, no me ignores...

–¿Disculpa?, ¿Me estás hablando a mí? –Preguntó señalándose a sí misma.

–¿A quién más le podría estar hablando? –Pregunté sintiéndome un poco incomodo por la fuerte mirada de Hattori.

–Heiji... ¿Oíste que alguien habló?, parece que hay una mosca...

–Yo no soy una mosca, Ambar... –Hablé, pero ella no volteó –Te estoy hablando, preciosa –La agarré del hombro dispuesto a girarla, pero me llegó un golpe. Debo de decirle que no lo haga, tiene la mano fuerte. He recibido demasiados golpes en la cara esta última semana.

–Aléjate de mí, no me toques... –Dijo parándose del lado de Hattori –Eres sólo una maldita rata, como la canción... rata inmunda, animal rastrero, escoria de la vida, adefesio mal hecho...

–Ambar... ese olor, huele como a.… alcohol... preciosa, ¿Estuviste bebiendo? –Pregunté acercándome.

–¡No me llames así!, ¡Vete de aquí maldita escoria! –Me gritó tambaleándose, cuando noté que se iba a caer, me acerqué en un rápido movimiento y la levanté en brazos –Suéltame... no necesito tu ayuda...

–Preciosa, hueles a alcohol –Susurré olfateándole el cuello ahora que estaba más cerca –Estás pasada a alcohol... estuviste bebiendo.

–Sí... estuve bebiendo, ¿Y qué? –Me preguntó con burla –Ni siquiera te preocupas por mí, me cambias por otra... no finjas interés ahora.

–Siempre estuve interesado en ti, lo sigo estando, y no te cambié, nunca lo haría. Además, estoy aquí porque me preocupa nuestra relación.

–¡Mentira!... ¡Eres un mentiroso! –Exclamó comenzando a golpearme –Te odio... –Susurró.

–Y yo te amo... –Susurré besando su mejilla a lo que ella se quejó –Y porque te amo, ahora te mandaré a bañarte para que te quites el olor a alcohol que tienes impregnado en tu cuerpo...

–¡No! –Gritó removiéndose de entre mis brazos –No quiero bañarme... me bañé en la mañana, además, no estoy ebria...

–Claro que lo estás, pero no lo quieres reconocer –Hablé empezando a caminar con ella en brazos.

–¡Usen condón! –Gritó Hattori, pero no le hice caso.

Caminé hacia el baño, me costó encontrarlo al no conocer la casa del todo bien, pero cuando por fin lo encontré, simplemente metí a Ambar a la bañera, ella no había parado de insultarme en todo el tiempo, sé que algunas de las palabras que decía eran por culpa del alcohol, pero eso no impedía que algunas me doliesen o que me afectasen.

–¡IMBÉCIL! –Me gritó cuando yo abrí la llave del agua –¡Está fría! –Se quejó abrazándose a sí misma.

–Oops... llave incorrecta –Dije cerrando la llave que había abierto y abriendo la otra, también me aseguré de ponerle el tapón a la bañera –¿Qué tal ahora? –Pregunté, pero ella no me respondió –¿Preciosa?

Suspiré sabiendo de que no me respondería, incluso si se estaba congelando o si se estaba quemando, ella no me lo diría, y se notaba que tampoco estaba dispuesta a bañarse. Me quité el sombrero, la chaqueta, la capa y los guantes, y los dejé a un lado, luego me arremangué las mangas y me encargué de regular la temperatura del agua.

–Ambar, preciosa, ¿No quieres quitarte la ropa? –Pregunté apoyándome en la orilla de la bañera –Tu ropa está mojada, puedo ponerla a secar si me la das ahora...

–E‐Está bien... –Me sorprendí ante sus palabras, y aún más cuando vi cómo se empezaba a desvestir, empezando por la camisa blanca que traía.

–P‐Preciosa, ¡E‐Espera...! –Exclamé alarmado cuando vi que se había desabrochado el sujetador también.

–¿Acaso... no quieres ver?, ¿Acaso esa no era tu idea desde el principio? –Me preguntó agachando la cabeza, dejando que simplemente el agua escurriera por su cuerpo, había logrado desabrochar su sujetador, pero no se lo había quitado –S‐Si no te gusto, puedes d‐decirlo y ya...

–Ambar, mi amor... –Susurré poniéndome detrás de ella, Ambar me estaba dando la espalda –No sé exactamente lo que piensas de mí ahora, pero aseguro que nada de lo que crees, es verdad. Sé que me equivoqué al hacer lo que hice, no debí de hacerlo, tampoco debí de decirte sobre el detective, pero a pesar de todo, aún quiero arreglar las cosas contigo, y no me voy a cansar de decirte y recordarte lo mucho que te amo, lo que te adoro, lo preciosa que eres así como eres, no necesitas cambiar, no pienses que estás mal o que no me gustas, porque no es así...

Me sentí mal al ver que no me respondía, y yo no quise seguir hablando, tal vez era el alcohol quien estaba actuando por ella, tal vez mañana no recordaría nada de lo que ahora está pasando, no recordaría mis palabras, no recordaría lo que hizo o lo que intentó hacer.

Agarré su camisa blanca y su short que recién se había terminado de quitar, intenté quitarle el agua estrujando su ropa y luego la colgué en unos ganchitos que habían en la pared para que escurriera el agua restante. Cuando volví a mirar a Ambar, noté que se había abrochado el sujetador de nuevo, mientras que ella se abrazaba a sí misma.

–Preciosa, no es que no quiera mirar, de hecho, amaría ver tu cuerpo totalmente desnudo, sin nada estorbando de por medio, pero esta no es la forma ni la situación en la que debería de suceder aquello, tú no estás siendo racional... –Hablé cerca de su oído, sin importarme si me estaba mojando levemente.

Agarré una botella de shampoo de un pequeño mueble que había, el shampoo era de granada, fue a lo único a lo que le presté atención antes de cerrar la llave del agua, para luego echar shampoo en la cabeza de Ambar y otro poco en mis manos. Ella había parado de quejarse o de moverse, ahora simplemente se mantenía en silencio mientras que yo me encontraba lavándole el cabello.

Nunca pensé en estar en una situación así con ella, bueno, en teoría sí, pero así en este contexto no, mi mente había volado mucho más allá que un simple baño.

–Listo... terminamos –Hablé dándole una pequeña sonrisa a Ambar, he terminado de bañarla, le lavé el cabello, le lavé los brazos, la espalda y parte de las piernas, lo que más me gustó fue notar que aún se le notaban las marcas de los chupones, estaban ligeramente rojizos, casi desapareciendo –Ven aquí... –Susurré tomando una toalla grande de color blanca.

Reí enternecido cuando Ambar se levantó saliendo de la bañera con sumo cuidado yendo hacia mí, la envolví en la toalla cuando se paró al frente mío. Hice que se sentará en la orilla de la bañera y agarré una peineta para comenzar a peinar su cabello.

Sonreí como un idiota, olvidándome por un momento de la situación, sólo éramos ella y yo. Ambar, ahora parecía un bebé, tan frágil, delicada, y adorable, pero que en cualquier momento podía explotar si yo hacía un mal movimiento. Suspiré al pensar en ella... acostada en la cama, conmigo a su lado... simplemente con una camisa o con ropa interior... pero decidí dejar los pensamientos de lado cuando acabé con mi labor.

–¿Qué me pondré? –Me preguntó volteando a verme, por alguna razón, sus mejillas estaban teñidas de un tono rojizo –Mi ropa esta mojada por tu culpa, yo no me quería bañar. Y ahora no tengo ropa que ponerme...

–Viniste a quedarte aquí, de seguro traías ropa de cambio, dudo de que hayas venido en camisa y short –Hablé tocando su ropa que antes había colgado, seguía igual de húmeda.

–Sí... pero es ropa de verano, no tengo nada abrigador, y ahora tengo mucho frio... –Susurró parándose y acercándose a mí –Me estoy congelando... ¿Por qué no me ayudas a entrar en calor? –Oí que murmuró –Te aseguro que no te arrepentirás...

–A‐Ambar, preciosa, y‐yo... y‐yo –Tartamudeé al sentir sus manos tocar mi abdomen por encima de la camisa, ella había soltado la toalla, y ahora sólo había quedado en la ropa interior negra que le dije que no se quitara.

–Siéntete en la libertad de tocar...

–N‐No, aléjate... Ambar, preciosa, obviamente me voy a arrepentir si hago algo que después ni siquiera vas a recordar...

–Eres libre de tocar donde quieras... –Dijo con un tono coqueto, yo no podía moverme, estaba embobado con esta faceta que ella me estaba mostrando –¿Acaso no me quieres? –Preguntó agarrando mis manos, ella dirigió mi mano izquierda a su cintura que estaba desnuda y la otra, la dirigió hacia su pecho.

–Preciosa... n‐no... no debes de... ¡Por dios!, ¡¿Qué fue lo que tomaste?! –Exclamé abrazándola contra mi cuerpo cuando vi que se quitó el sujetador, no debo de mirar...

–Mmm... fue una botella de Whisky, otra de Ron, ¿O fueron dos de Ron?... no lo recuerdo, también tomamos Vodka... ¡Oh!, ¡Y Heiji mezclo una de las bebidas con jengibre y me hizo probar!, al final me lo dio todo a mí... pero no me quejo, estaba muy bueno... sabía bien.

–Espera, ¡¿Qué?! –Exclamé sorprendido –¿Por qué le aceptaste el trago, Ambar?... ¿Sabes lo que hace el jengibre mezclado con alcohol? –Pregunté y ella negó con la cabeza –El jengibre es una especie muy utilizada al cocinar, es un afrodisiaco natural, pero mezclado con alcohol... sólo hace que el efecto del afrodisiaco aumente, hace que tu cuerpo q‐quiera... quiera, bueno, ya sabes... eso.

–¿Qué es "eso"?, no lo entiendo Kaito... –Me congelé al oír mi nombre, ¿Ella me llamó así por ladrón o por Kaito de mi nombre?, bueno, yo andaba descubierto y teníamos la luz encendida –¿Me quieres enseñar que es "eso"?

–M‐Me encantaría, pero este no es el momento ni el lugar adecuado... además, n‐no soy Kaito, yo soy Kid... no te confundas... –Hablé sin saber que hacer, podía sentir sus pechos chocar con mi cuerpo –Ambar...

–Eres Kaito... no mientas... –Dijo subiendo sus manos hasta mi rostro.

–No soy Kaito, preciosa... soy Kid... –Dije cuando ella se empezó a acercar a mi rostro –Ambar... –Susurré cuando nuestras respiraciones se mezclaron, ella todavía olía a alcohol, y eso no me importó para poder juntar nuestros labios en un beso, pero reaccioné en unos cuantos segundos.

–¿K‐Kaito...? –Dijo cuando yo la empujé, si seguíamos así... sé que nada bueno hubiera sucedido.

–P‐Ponte esto... te vas a enfermar si sigues así... –Hablé agarrando mi chaqueta que antes había dejado en el piso y poniéndosela a Ambar rápidamente –¡No te la quites! –Exclamé cuando vi su intención de quitársela –No dejes que las hormonas actúen por ti...

–Siempre he dejado que mis hormonas actúen por mí, cuando hiciste chupones en mi cuerpo la otra noche... me gustó lo que hiciste, nunca lo quise admitir, pero... –Ella se acercó a mí y me susurró –Amé sentir tu boca en mi cuerpo, cuando lamías y cuando besabas... era grandioso... pero te alejé porque me dio miedo para dónde estaba yendo la situación... pero ahora...

–A–Ambar... –Solté un jadeo –¡Cuida para dónde van tus manos! –Exclamé cuando sentí como sus manos agarraban algo que no debían, ella había agarrado justo eso... –L-Levanta las manos... quiero verlas arriba...

–Mmm... ¿Cambio de papeles?, bueno... entonces yo seré la criminal, y tú serás el policía que me esposará y que me arrestará –Habló juntando sus brazos y mirándome como un pequeño cachorrito –Estoy a tu disposición... haré todo lo que me pidas, y no te preocupes por ser rudo... intentaré soportarlo...

–¡Ambar!, ¡¿Por lo menos sabes lo que estás diciendo?! –Pregunté con el rostro rojo, la situación... la situación podía conmigo –¿Harás todo lo que te pida? –Pregunté intentando no mirarla, ella se había inclinado levemente hacia delante haciendo que la chaqueta se le levantara...

–Todo lo que pidas... Amo Kaito... –Habló sonriendo inocentemente.

–Entonces q‐quédate aquí y no hagas nada, me iré un momento, volveré en un segundo, ¿Sí? –Hablé volteándome.

–¡Claro!... te esperaré aquí... pero...

–Pero, ¿Qué? –Pregunté girándome para poder verla, ella se había parado correctamente y tenía uno de sus dedos en sus labios, como si estuviera pensando. Se veía tan... sexy...

–Kaito... –Habló acercándose un poco a mí –¿Debo de estar en alguna posición en especial para cuando vuelvas?... –Respiré profundamente al escucharla y pensé en algo para poder... mantenerla ahí un momento más.

–Sólo quédate ahí y no te muevas, no quiero ninguna posición, sólo quédate parada así como estás hasta que yo vuelva... y no te quites la chaqueta, ni lo que te queda te ropa... y por favor, ponte el bendito sujetador –Pedí suplicándole con la mirada.

–¡Pero Kaito...!, la ropa estorba para lo que vamos a hacer después... –Habló acercándose más, yo cerré los ojos un momento y me acaricié la sien.

–Escúchame atentamente –Hablé abriendo mis ojos y mirandola fijamente –Acabas de decir que harás todo lo que te pida...

–Pero Kaito... e‐eso va... ¡Ah!

–Estoy hablando, no me interrumpas cuando lo hago –Hablé mientras que la estampaba contra la pared haciendo que ella soltara un pequeño ruido de dolor –Ambar, mi preciosa Ambar... dijiste que harías todo lo que te pidiera, y ahora mismo... te estoy diciendo que te quedes aquí, que te pongas el sujetador y que no te quites la poca ropa que te queda.

–Estorba... y‐yo quiero...

–¿Acaso no me escuchaste? –Pregunté presionándola con un poco de fuerza, puse una de mis piernas entre medio de las suyas y levanté su mentón con una de mis manos –Quiero que te quedes ahí, quieta, sin moverte, es una orden... –Hablé comenzando a dejar pequeños besos en su cuello –Si me desobedeces... me enojaré contigo, y me veré en la obligación de tener que castigarte y tú no quieres que eso ocurra, ¿Verdad?... –Al ver que no me respondía, decidí morder con fuerza parte de su clavícula.

–¡D‐Duele!... K‐Kaito ~ –Chilló acompañado de un gemido, cerrando sus ojos mientras que comenzaba a temblar.

–Respóndeme cuando te hablo, Ambar... además, ¿Esto no era lo que tanto querías? –Pregunté lamiendo su cuello hasta su mejilla, ahí dejé un beso y lo mismo hice con sus labios, ella abrió su boca un poco y yo comencé a delinear sus labios con mi lengua, después la besé –Deliciosa... pero ya tengo que irme, supongo que no tengo que volver a repetir lo que te dije, ¿O sí?

–N‐No... –Susurró y yo me reí al ver que pude controlarla.

–Espero que te haya quedado claro, sólo quédate quieta... –Susurré en su oído y luego apreté su trasero con fuerza haciendo que soltara un pequeño gemido –No me hagas tener que castigarte, juro que si me obligas a hacerlo, haré que te arrepientas de haberlo hecho... –Me alejé caminando hacia la puerta y antes de salir, le guiñé un ojo a Ambar –Ya lo sabes... no te conviene...

Salí dejando a Ambar dentro, y luego, sólo me puse a respirar profundamente pensando en lo que recién hice... mierda... soy hombre, y no soy de piedra... ella se veía tan... sumisa, sexy, deseable... la verdad es que sólo tenía ganas de... piensa en pescado...

–¡AAGH! –Exclamé revolviéndome el cabello –Soy de piedra, soy de piedra, soy de piedra, soy de piedra, soy de piedra, soy de piedra, soy de piedra, soy de piedra, soy de piedra, soy de piedra, soy de piedra, soy de piedra, soy de piedra, soy de piedra, soy de piedra, soy de piedra, soy de piedra, soy de piedra, soy de piedra... s‐soy de piedra...

Me golpee las mejillas para intentar distraerme, y luego pensé en lo que iba a hacer, se me había olvidado con todo esto. Fui a la habitación en donde estaban los tres críticos, uno en estado más lamentable que el otro. Y decidí buscar la mochila que ella debió de traer consigo al venir, pero luego de un rato, no pude encontrarla. Cuando estaba a punto de irme, me fijé en los tres críticos;

Hattori estaba dormido, estaba sentado en el piso con su espalda apoyada en la cama mientras abrazaba una botella, estaba maquillado y traía puesta una falda de color rosa junto a una blusa. Tenía delineado y un fuerte rubor en sus mejillas, creo, no se notaba bien. No sé de dónde habrán sacado ese tipo de ropa, dudo demasiado que Ambar la haya traído.

Hakuba no estaba maquillado, ni vestido de forma rara, lo que me molestó fue que solamente estaba en bóxer con una camisa, ¿Ambar lo habrá visto así?, estaba acostado en el piso en posición fetal, mientras se abrazaba a sí mismo, me acerqué a él y me agaché a su lado, le revise los ojos y no evite preocuparme un poco, por dios, ¿Cuánto había bebido?, si yo creí que Ambar estaba mal, fue porque no vi a los demás...

Le tomé el pulso a Hakuba y suspiré con alivio al ver que aún tenía... lo moví de posición haciendo que estirara sus brazos y piernas, después puse mi mano en su estomago para notar como era su grado de respiración... Hakuba... estaba en un coma etílico, no es como si él me importara, pero esto era grave. Igual me despreocupé cuando noté que estaba sudando a pesar del frío que hacía, esa era una buena señal, significaba que su cuerpo estaba expulsando el alcohol a través del sudor.

Me levanté yéndome del lado de Hakuba para ir a ver al enano, también dormía en el piso, la diferencia era de que tenía una "semi‐cama", habían varias almohadas a su alrededor y él estaba abrazando una, estaba temblando... y también, el pequeño enano traía puesto un vestido azul con un lazo rojo... que humillación.

Se supone que yo había venido aquí con la intención de ver que hacían y de paso ver si me podía disculpar con Ambar, no de encontrarla así como lo hice, con no sé cuanto alcohol en su cuerpo. Junto a tres imbéciles detectives que estaban igual o peor que ella.

Según yo, el enano y Hattori eran los que mejores estaban, tal vez no físicamente, pero su cuerpo estaba bien, o al menos eso aparentaban. Después venía Ambar, de la cual acabo de descubrir su faceta borracha, no sé si era por culpa del jengibre que ella se hubiera puesto así, o si fue solamente por el alcohol que consumió, de cualquier forma, no sé con exactitud si me gustó o sino. Y por último, estaba Hakuba en estado de coma etílico, yo podía ver perfectamente que mañana estaría como muerto andante.

Fui hacia la habitación por la que entré, que era la del enano, su verdadera habitación, era bastante pequeña comparada con el tamaño de las otras, tenía una cama en medio con sabanas blancas, y las paredes eran del mismo color, blancas. Había algunos libros tirados, un armario y un escritorio con algunas cosas, una de esas cosas era una foto del enano cuando no era enano, con su chica en Tropical Land.

Agarré la pequeña bolsa que traje conmigo al venir, saqué la foto que le traje al enano, y se la dejé en el escritorio, era la foto que nos sacamos la vez que ocurrió el secuestro en el dirigible, con las cabras.

Después saqué la rosa blanca que le traje a mi preciosa chica, la dejé en el velador que estaba al lado de la cama. Y por último, saqué los bombones que le había traído, dudo que se los coma cuando los vea, mientras yo esté a su lado, no voy a dejar que se los coma, sólo va a terminar vomitando por la mala combinación.

Dejé los chocolates al lado de la rosa, y abrí la cama, después fui al armario del enano y vi lo que tenía de ropa, saqué un pijama azul, calcetines, y un bóxer que tenía. Dejé la ropa encima de la cama, y después, me dispuse a buscar mantas, primero tres y luego una.

Me encargué "como–la–buena–persona–que–considero–que–soy" de tapar a los tres imbéciles que se encontraban durmiendo en el piso, tapé a Hakuba, acosté a Hattori en el piso quitándole la botella que tenía en los brazos y tapándolo, y por último, acomodé al enano entre todas las almohadas que tenía y lo arropé al igual que con los demás.

–Ambar –Dije entrando al baño con la ropa en mis manos.

–¡Kaitoo! –Exclamó felizmente mientras se paraba del piso –Perdóname, pero me dio frio y me senté en el piso, me moví...

–¿Qué haces con mi ropa? –Pregunté al verla con mi sombrero de copa y con los guantes puestos –Traje ropa para ti.

–Me dio frio, y mi ropa está mojada, tu chaqueta está calientita, pero no alcanza para todo mi cuerpo, y lo único que quedaba era el sombrero y los guantes, ahora dime, ¿Cómo haces para que el sombrero nunca se te caiga a pesar de todas las actividades que haces? –Me preguntó quitándose el sombrero –Kaito, ¿Cómo se supone que sacas conejos de aquí?

–¿Conejos?, yo no trabajo con conejos, trabajo con palomas... ¿Y por qué me llamas Kaito?, no soy Kaito –Hablé acercándome a ella –Toma, vístete... –Le extendí la ropa.

–Mmm... K‐Kaito... me duele...

–Ambar, ¿Qué sucede? –Pregunté al ver como se limpiaba un ojo con su puño –¿Tienes sueño? –Ya era hora.

–Me duele la cabeza... cada vez es más fuerte, y me estoy mareando.

–¿Por qué hablas conmigo tan normalmente? –Pregunté pasándole la ropa, para luego agarrar a Ambar en mis brazos –Hace menos de un día me echaste de tu casa a gritos, y hace menos de una hora me golpeaste, me insultaste, me volviste a insultar y me volviste a golpear, y hace menos de veinte minutos, empezaste a comportarte de una forma muy... ¿Caliente?

–¿D‐De verdad te traté tan mal?, no lo recuerdo... perdóname –Dijo agarrándose de mi cuello –Kaito...

–¿Qué pasa? –Pregunté caminando hacia la habitación del enano, ya no me importaba que me viera el rostro o que me llamara por mi nombre, sé que estaba bajo los efectos del alcohol, sé que cuando despertará no recordará nada de esto.

–Te amo, Kaito.

–Yo también lo hago, pero no me sirve que me lo digas ahora, en tu sistema sanguíneo tiene que haber por lo menos 10% de alcohol... y me sorprende que recién te duela la cabeza, después, me volverás a tratar como siempre, y yo seguiré luchando también.

–¿Luchar para qué?

–Luchar para que me perdones –Hablé entrando a la habitación del enano y dejando a Ambar sentada en la cama.

–Para... ¿Que te perdone?, ¿Qué hiciste?

–Si te lo recuerdo, me vas a volver a echar –Dije prendiendo la lamparita que estaba en el velador

–Yo quiero saber, no puede ser tan malo, ¿O sí?... ¿Qué hiciste? –Preguntó.

–Algo... es mejor que no lo sepas... o que no lo recuerdes, no lo sé. Déjame disfrutar este tiempo a tu lado sin golpes o insultos de por medio... –Dije dispuesto a agarrar la polera del pijama, pero Ambar no me lo permitió –¿Qué haces?

–Dime qué fue lo que hiciste, juro que no te golpearé, tampoco te insultaré –Dijo parándose para agarrar mis dos manos con las suyas, luego ella me hizo entrelazar nuestros dedos –Por favor, ¿Qué podrías haber hecho para que yo no quiera verte, para insultarte y g‐golpearte cuando vienes…?

–Y‐Yo... –Intenté desviar la mirada, pero ella soltó mis manos y me agarró de las mejillas obligándome a mirarla.

–No te preocupes, no te angusties amor... solamente suéltalo, aseguro que no es tan malo, no tengas miedo en decírmelo –Sonreí triste al escucharla hablar, ella empezó a dejar caricias en mi mejilla y yo disfruté de aquello –Kaito...

–Preciosa, tú me viste besarme con otra chica –Susurré, mi corazón dolió al ver la mueca que hizo –No... Ambar, te prometo que no fue nada, fue un simple error, una estupidez, porqué a la única a la que amo es a ti –Dije agarrando sus manos y besándolas dulcemente.

–D‐Demuéstralo... aquí –Me sonrojé al ver como señalaba sus labios, tenía los ojos cerrados y estaba abultando los labios –Bésame... quiero tus labios aquí.

–Ven aquí, mi amor –Susurré acercándome a su rostro y depositando un pequeño beso en sus labios.

–Otro... –Dejé otro beso esta vez más largo, sus labios seguían abultados –¿M‐Me amas? –Preguntó abrazándome y apoyando su cabeza en mi pecho.

–Obviamente te amo, Ambar –Hablé besando su frente –Ahora siéntate, te pondré el pijama –Dije, pero ella no se movió –Vamos, hazme caso, preciosa –Empecé a dejar repetidos besos en su cabeza, frente y mejillas para que me hiciera caso, sonreí cuando la oí reír en medio de mis besos –Ya, suficiente.

–No... me gusta estar así contigo –La obligué a que se sentara en la cama de nuevo, pero no me quería soltar –Kaito...

–Suéltame, no me voy a ir –Hablé dándole otro beso que ella aceptó sin rechistar –Hazme caso, suéltame, vamos Ambar, sólo será un momento, después seré todo tuyo –Dije besando su mejilla, y luego de un rato, ella me soltó –Muy bien, ahora quítate la chaqueta.

–¿Ahora si lo harás conmigo?...

–No, ya hablamos sobre esto... –Dije un poco cansado –Se supone que soy yo quien hace bromas sobre eso, no tú, soy yo quien a veces se te insinúa de manera descarada... es mi trabajo –Hablé agarrando la polera de manga larga del pijama –Quítate la chaqueta.

–¿Por qué no lo quieres hacer conmigo? –Preguntó sacándose la chaqueta y tapándose su parte con un brazo –¿Acaso mi cuerpo no es de tu agrado?, si es así, puedes decirlo y dejaré de insistir, no importa.

–Ambar, mi amor, no es que no lo quiera hacer contigo, eres preciosa, me encanta tu cuerpo, pero esta situación no –Hablé poniéndole la polera de manga larga –Estás ebria, aseguro que ni siquiera recuerdas lo que hiciste hace dos horas, tus pupilas dicen el grado de alcohol que consumiste, no estás siendo racional, después volverás a odiarme.

–Yo nunca podría odiarte Kaito, te amo...

–No sé si creerlo o no... –Puse la manta encima de las piernas de Ambar para taparla, y luego pase mis manos por debajo para quitarle la ropa interior que traía, la deslicé por sus piernas hasta quitarla, no pude evitar sonrojarme por la situación, agarré el bóxer y lo deslicé por sus piernas esta vez hacia arriba hasta ponérselo correctamente –Pareces un bebé.

–Si soy tu bebé, no me molestaría serlo, y... según tú, dices que estoy ebria, la verdad es que no lo recuerdo, sólo sé que ahora quiero estar contigo, pero tú no quieres, los ebrios siempre dicen la verdad, y yo digo que te amo.

–Los ebrios siempre dicen lo que creen que es la verdad, se pueden estar engañando a sí mismos creyendo que aquello es la verdad, cuando no lo es –Le quité la manta dejándola a un lado, y me agaché para ponerle los calcetines.

–No sé que está pasando, pero deseo estar a tu lado –La oí susurrar para luego bostezar, yo no pude evitar sonreí ante sus palabras.

–Yo también deseo estar a tu lado, pero dejemos que el tiempo arregle todo, pensé que venir sería una buena oportunidad para conversar contigo, pero terminé haciendo de todo... –Hablé colocándole el pantalón de pijama.

–No hiciste el amor conmigo, te negaste todo el tiempo.

–Preciosa, no es el momento, además... no t‐tienes r‐resistencia...

–No entiendo...

–Acuéstate, es hora de dormir –Dije sentándome en la cama cuando Ambar se metió –Me refiero a que eres muy sensible, me encanta que seas así la verdad... mira –Susurré acostándome con ella, pase dos de mis dedos por su cuello y ella se estremeció, luego baje los mismos dedos hasta su trasero y la piñizqué con poca fuerza, ella chilló a pesar de no haber sido fuerte –¿Ves?

–S–Sí... –Susurró apegándose a mí –Kaito, quédate conmigo, dijiste que después serías sólo mío...

–Me quedaré hasta que te duermas, preciosa –Susurré acariciando su cabeza, yo no me esforcé en mantener mis ojos abiertos, estoy cansado, increíblemente, ella logró hacer que me canse.

–Quédate la noche... duérmete conmigo –Habló agarrándome de la camisa.

–Shh... intenta dormir, no pienses... tal vez así te deje de doler la cabeza –Susurré, de repente sentí como ella se subió arriba mío –Espera, Ambar... ya, da igual –Hablé pasando mis brazos por su cintura, ella estaba acostada encima mío, con una de sus piernas estirada y con la otra doblada arriba mío, sus brazos agarraban mi camisa y su cabeza descansaba en la curvatura de mi cuello.

–Te amo, Kaito...

–¿Sabes qué?, tal vez darte alcohol no sea tan mala idea, porque te comportas muy dulce, como un bebé... tan tierna, sumisa, simplemente preciosa...

–Kaito... si soy un bebé, no me importaría tener que tragar toda tu leche... Kaito ~... ¿P‐Por qué hiciste e‐eso?

–Eso suena horrible, y acabo de golpear tu trasero... deja de decir vulgaridades como esas y duérmete, yo aún tengo cosas que hacer... si mañana llegas a recordar lo que sucedió hoy, te vas a querer morir de las cosas que hiciste y dijiste...