Cuando Sakura se despertó, todavía estaba en los brazos de Syaoran.
Suspiró con alivio y lo abrazó.
-¿Creías que me habría marchado?- preguntó él con voz divertida.
-No, pero a lo mejor había sido un sueño y no habías vuelto- respondió ella, bostezando.
El chico se incorporó y salió de la cama, tapando mejor a Sakura con la sábana.
-Debo ir a hablar con Terada antes de que salga el sol. Nos vemos en el atardecer- susurró, dejando un beso en sus labios.
Sakura lo agarró de la camiseta para prolongar el beso.
Al apartarse de ella, Syaoran estaba sonriendo.
-Disfruta de tu último día entrenando en la escuela, mañana nos toca guerra- murmuró antes de salir de la habitación.
Sakura sonrió al escuchar un ruido en las escaleras del edificio, sabía lo que Syaoran estaba haciendo.
Lo vio volver a entrar con una puerta sujeta bajo su brazo, con la otra mano quitó lo que quedaba de la destrozada puerta de entrada y en pocos segundos colocó la nueva en su lugar.
Comprobó que estaba bien sujeta y sonrió a Sakura una última vez antes de cerrarla y marcharse.
Ella se quedó media hora remoloneando en la cama, que olía a Syaoran.
Con mucha pereza se levantó y se dio una ducha rápida antes de ir al colegio.
Sakura aprovechó que era un día lluvioso y bastante frío para ponerse uno de los jerseys más grandes que tenía, que había sido de su madre y lo había tejido su abuela.
Mientras entraba al colegio reconstruido pensó en que ese día se suponía que le iba a contar a Touya su secreto.
Pero no le apetecía nada ver como él y Syaoran se enfrentaban, nunca se habían llevado bien y con esto todo iba a empeorar.
Se olvidó del tema y se concentró en las flechas, ese día era lo único que iba a practicar con sus alumnos.
Les enseñó a tallar una rama con un cuchillo para fabricar una flecha de madera, y después estuvieron disparando a las dianas en movimiento.
Era un poco pesado repetir todos los días lo mismo con los diferentes grupos de alumnos, pero debían entrenarse por igual y desde que eran muy pequeños.
A la hora de comer, fue al apartamento de Touya como le había prometido.
Se aseguró de sentarse de forma que su barriga no se notara y esperó a que su hermano le trajera las verduras que iban a comer.
-Me han dicho que Syaoran volvió ayer- dijo él nada más sentarse enfrente de su hermana.
Sakura asintió en silencio, empezando a comer.
-¿Nunca vas a contarme por qué se fue?-.
Ella levantó la vista y vio que los ojos oscuros de su hermano estaban clavados en ella.
A veces le daba la impresión de que Touya le podía leer la mente, tenía esa sensación desde siempre.
-Te lo diré mañana, cuando Chiharu y todos sus amiguitos hayan muerto- murmuró, volviendo a bajar la vista a su plato.
-Sé que no quieres decírmelo porque es algo malo... ese Syaoran va a tener que vigilar su espalda, tal vez en medio de la confusión de la batalla una de mis flechas se desvíe- gruñó Touya con voz grave.
-No te atrevas a intentar hacerle daño, Touya- le advirtió Sakura.
Touya murmuró una maldición en voz baja y empezó a comer sin apartar los ojos de su hermana pequeña.
Sakura sintió un par de punzadas bastante dolorosas en el vientre pero disimuló delante de su hermano.
Fue al baño un momento para mirarse en el espejo antes de marcharse y al subirse el jersey tuvo que reprimir un grito.
En el bulto de su barriga se estaban formando dos moretones enormes.
-¡Joder!- murmuró entre dientes.
Volvió a bajarse la ropa y se despidió de su hermano, volviendo al colegio para la sesión de tarde.
A las siete estaban todos convocados en una plaza cercana para repasar cómo iban a actuar cuando llegaran los vampiros asesinos.
Sakura estaba medio desesperada cuando por fin salió de la escuela, a las seis y media.
Había tenido que quedarse media hora más con una niña de siete años a la que le daba miedo disparar flechas.
Después de tranquilizarla y razonar con ella había conseguido que disparara un par de veces, pero todavía estaba asustada cuando le dijo que seguirían al día siguiente.
Al salir a la calle, estaba empezando a caer una pequeña llovizna.
Justo frente a ella apoyado en lo que quedaba de una antigua farola estaba Syaoran, esperándola.
Sakura no pudo evitar suspirar al verlo ahí, con su chaqueta de cuero negra sin mangas y los brazos cruzados.
La miraba fijamente con una sonrisa torcida en los labios y tenía el pelo un poco mojado.
Ella se acercó a él con el corazón acelerado.
Syaoran la abrazó y la besó profundamente unos segundos, aumentando todavía más el deseo que estaba sintiendo Sakura.
Cuando se separaron él seguía sonriendo.
-Ten, ponte esto- dijo, desatándose una sudadera que llevaba a la cintura.
Sakura ni se había dado cuenta de que llevaba eso, se había distraído mucho mirando sus brazos.
Se puso la sudadera y Syaoran le colocó bien la capucha.
-¿Tú también vas a mimarme?- preguntó ella, sonriendo.
-Pues claro, además tengo que compensarte por todo lo que intenté hacerte y por haberme ido- respondió él.
La levantó con sus brazos unos treinta centímetros hasta que sus rostros estuvieron a la misma altura y volvió a besarla.
Sakura rodeó su cintura con las piernas y se abrazó más fuerte a él, no quería que ese beso se terminara.
Syaoran se rió y se apartó de Sakura cuando se escucharon unos silbidos.
Había un grupo de vampiros muy cerca, eran los que estaban silbando.
-Id a follar al bosque y dejadnos en paz- les dijo Syaoran, entre risas.
Dos de las vampiras alzaron las cejas.
-A follar deberíais ir vosotros, que lo estáis deseando- respondió una de ellas.
Syaoran puso los ojos en blanco y empezó a caminar en dirección a la plaza, sin soltar a Sakura.
-La verdad es que tienen razón... yo me muero de ganas- susurró Sakura.
Syaoran sonrió y la besó en la mejilla.
-No es buena idea- se limitó a responder mientras seguía andando.
-Entiendo... ya no me deseas- murmuró Sakura con voz triste.
Los ojos de Syaoran se volvieron rojos.
-Te deseo más que a nada, no digas tonterías- gruñó.
-¿Te doy asco por mi barriga?- preguntó ella.
Syaoran resopló.
-No, nunca podrías darme asco. Deja de decir esas cosas-.
Sakura iba a seguir hablando pero Syaoran le puso un dedo en los labios.
-Ahora vamos a la reunión, luego si quieres seguimos con esta conversación- dijo él mientras sus ojos volvían a ser de color ámbar.
Cuando llegaron a la gran plaza, ya había bastante gente allí.
Syaoran se apoyó en una roca con Sakura en brazos.
-Déjame en el suelo- pidió ella.
El chico levantó una ceja.
-¿Por qué? ¿Estás incómoda?-.
-No, pero me están mirando. Es raro que me tengas así cogida- murmuró Sakura en voz baja.
Syaoran le dedicó una sonrisa traviesa.
-Que miren, todos saben que estamos juntos y si quiero llevarte abrazada lo haré-.
Sakura resopló y escondió el rostro en su pecho, escuchando una risa suave de Syaoran.
El chico metió las manos por debajo de toda su ropa y le acarició la espalda mientras la plaza se llenaba.
Meiling y Tomoyo llegaron hasta ellos.
-Veo que ya os lo habéis perdonado todo- murmuró la vampira con burla.
Sakura levantó la cabeza para mirarla, estaba un poco sonrojada.
-Syaoran... me da vergüenza-.
Él se encogió de hombros.
-A mí no-.
Sakura resopló, Meiling y Tomoyo se rieron.
Syaoran dejó de mirar a Sakura porque sintió una mirada sobre él.
Aunque estaba a más de veinte metros, los ojos de Touya le estaban taladrando.
Los veinticinco miembros del consejo llegaron hasta el centro de la plaza y todos guardaron silencio.
Durante una hora, explicaron donde debía colocarse cada grupo y quienes debían activar las trampas que necesitaban ser activadas para funcionar.
Las casi 7000 personas (humanos y vampiros) que vivían en Tokio escucharon todo hasta el final.
Después de una larga ronda de preguntas todos volvieron a sus casas y algunos vampiros corrieron hacia las afueras de la ciudad, para informar del plan a los centinelas.
Sakura y Syaoran se despidieron de las dos chicas y volvieron a su apartamento.
Syaoran le preparó algo de cena a Sakura mientras ella tallaba algunas estacas nuevas.
Cuando ella estaba cenando, el chico subió a la azotea para observar el horizonte.
Syaoran regresó a los pocos minutos, Sakura ya lo había recogido todo y le estaba esperando tumbada en la cama.
Ella levantó una ceja y se mordió el labio observando como él se acercaba y se acostaba a su lado.
-¿Estás intentando provocarme?- preguntó Syaoran con una sonrisa.
-Sí. A lo mejor mañana morimos y esta noche quiero que disfrutemos- susurró ella, tirándose sobre él para besarlo.
-Sakura... no puedo- dijo él entre beso y beso.
-¿Por qué no?-.
Syaoran puso una mano sobre su vientre.
-Si algo hace que se sienta incómodo, se removerá y te hará daño. Y por lo que veo ya es bastante grande, está creciendo más rápido que Meiling y yo- murmuró mientras palpaba la barriga con suavidad.
-Podemos hacerlo despacio y suave, como si fuera nuestra primera vez- susurró ella en su oído.
Syaoran soltó una risita.
-Nunca lo hemos hecho así- contestó mirándola a los ojos.
-Pues hoy haremos una excepción- respondió ella volviendo a besar sus labios.
Syaoran suspiró y empezó a bajar lentamente los pantalones de Sakura.
Ella sonrió al ver que había conseguido convencerlo y abrió la cremallera de su chaqueta negra, tirándola al suelo.
Cuando Syaoran empezó a levantar la camiseta que Sakura llevaba puesta ella lo detuvo.
-No- dijo en voz baja.
Syaoran la miró, extrañado.
-¿Por qué?-.
-No te gusta mi barriga, es mejor que no la veas-.
-Claro que me gusta, me gustas de todas las formas- respondió él.
Ella negó con la cabeza.
-No quiero que me la quites-.
Syaoran frunció el ceño pero decidió no discutir más.
Volvió a besarla y a acariciarla por todas partes lentamente, hasta que notó que el corazón de Sakura palpitaba a toda velocidad y que la temperatura de su cuerpo había subido.
Ella también paseó las manos por todo el cuerpo de Syaoran, deteniéndose en los lugares donde sabía que el vampiro era más sensible.
Cuando notó que Sakura se estaba controlando para no hacer ruido, Syaoran giró para ponerse encima y entró en ella muy despacio.
Ella ahogó un gemido, eso de hacerlo lento también era una tortura.
Siguieron besándose y rozándose durante un buen rato, con las manos entrelazadas.
Cuando la sirena sonó, Sakura estaba totalmente dormida.
Se estiró y abrazó a Syaoran, que estaba tumbado a su lado todavía desnudo.
-Ojala mi primera vez hubiera sido así- murmuró ella.
Syaoran la besó unos segundos y sonrió.
-¿Cómo fue tu primera vez?- preguntó el vampiro con curiosidad.
Sakura hizo una mueca de desagrado.
-Fue un desastre- gruñó ella.
-¿Con Kero?-.
Sakura negó con la cabeza.
-Con él habría sido mucho peor-.
Los dos se rieron.
-Debemos prepararnos, por si acaso llegan antes de lo esperado- murmuró Syaoran besándola mientras metía sus manos bajo la camiseta de Sakura.
La chica se tensó y él se dio cuenta.
-¿Por qué te pones así cada vez que te levanto un poco la camiseta?¿Estás ocultando algo?- preguntó con una ceja levantada.
Sakura apretó los labios e intentó levantarse de la cama.
Syaoran se lo impidió y agarró su camiseta con las dos manos, haciéndola pedazos.
Miró fijamente las marcas moradas que Sakura tenía en la barriga y frunció el ceño.
-Ya ha empezado a hacerte daño...-
Sakura se revolvió para librarse de su agarre y se levantó, empezando a vestirse.
-Estoy bien, no pasa nada-.
Syaoran la siguió mirando con mala cara.
Ella suspiró.
-Hoy no quiero peleas, Syaoran-.
El chico se puso frente a ella de un salto.
-Tienes razón... hoy no-.
La besó un momento y se convirtió en una sombra negra que daba vueltas alrededor del cuarto.
En menos de cinco segundos ya estaba vestido.
Cogió a Sakura en brazos y bajó los 30 pisos a toda velocidad, saliendo a la calle que ya estaba llena de gente preparándose para la batalla.
