Espero les guste el capítulo de hoy :3!


A lo lejos alcanzó a escuchar una canción, una melodía proviniendo de algún lado de su cuarto, pero no sabía que podía ser.

Sin querer levantarse aún, colocó una almohada sobre su cabeza para bloquear el sonido, teniendo éxito y volviendo a entrar en un sueño semi profundo. Fueron unos minutos hasta que alguien le quitó la almohada y le acarició la cabeza junto con una masa enorme cayendo sobre ella.

- Anna, levántate. Vas a llegar tarde a la escuela y tu celular no deja de sonar con la alarma. – Gerda habló, con ese tono de reproche que tanto conocía mientras Olaf ladraba, como si estuviera de acuerdo con ella.

Se había olvidado por completo de eso, ese día comenzaría con el nuevo semestre en la universidad de Arendelle. Se sentó de mala gana, quejándose cuando sintió ese familiar dolor en sus músculos después de un día intenso de entrenamiento. Pudo escuchar a Gerda reír a lo lejos.

- Te dije que lo tomaras con calma ayer, cabeza hueca.

No pudo evitar que sus emociones estuvieran al límite ayer, no cuando las pesadillas que la asaltaban eran más frecuentes y vividas que nunca. Aprovechando el entrenamiento, y la furia que siempre mantenía en su ser, decidió desquitarse con un costal de boxeo que terminó inservible al final. Por suerte había escogido uno muy usado y el regaño no fue tan severo.

- Ve a ducharte y vienes a desayunar. – fue lo último que le dijo antes de salir de la habitación.

Se levantó, agarrando las cosas necesarias para ir a ducharse. Una vez dentro, reguló el agua lo suficientemente caliente para que sus músculos se relajaran y empezó a bañarse. Se tomó su tiempo, después de todo, siempre ponía su alarma hora y media antes cuando tenía que ir a algún lugar.

Limpió su cuerpo lentamente, deseando disfrutar de ese momento lo mejor que podía, pero la tranquilidad que había creado se vio interrumpida al llegar a un lugar. Si vista viajó al culpable de tal cambio de humor, viendo la deformidad entre sus piernas. No había momento en el día que no sintiera repulsión de sí misma, pero era amplificado cuando tenía que ducharse o usar el baño.

Lo tomó en su mano, maldiciendo a cualquier dios o deidad que la haya castigado con tal atrocidad. No conformándose con el hecho de ponerle un pene, tenía que hacerlo aún peor con el tamaño que le dio; aun cuando estaba normal era de tamaño considerable, siempre debía de tener cuidado con los pantalones que usaba. Si se descuidaba, podía verse el gran bulto y si eran muy apretados, le hacían sentir incomoda.

Inconscientemente, lo acarició un poco soltando un suave gemido con la acción. Podía sentir su cuerpo temblar, pero no era por la excitación o por nervios, la rabia y el asco que siempre tenía presente aumentó con ese simple movimiento.

Con furia, cambió la temperatura del agua de golpe, cerrando la llave del agua caliente y dejando que el agua fría cayera en su lugar. Se quedó ahí, inmóvil, dejando que el agua fría se llevara cualquier sensación que tuviera y solo la dejara con el cuerpo frío.

Media hora después, ya con su ropa del día puesta; su suéter verde favorito, unos jeans ya desgastados de las piernas por el paso del tiempo, sus vans negras y su cabello en sus usuales coletas, se dirigió a la cocina donde el desayuno estaba servido.

Un plato con hotcakes y una taza de chocolate humeante le dieron la bienvenida. Rió un poco al verlo, Gerda sabía que ese era su desayuno favorito.

- ¿Acaso estas tratando de darme ánimos con ese desayuno? – su voz sonaba juguetona, sabiendo la respuesta antes de siquiera escucharla.

- ¿Acaso no puedo consentir a mi querida hija en su primer día de clases con su platillo favorito? – contraatacó, mirándola con una ceja alzada y una media sonrisa.

Anna simplemente meneó la cabeza con una sonrisa, no había forma de que ella gane cuando se pone en ese plan. Lo mejor era agachar la cabeza y aceptar lo que le ofrecen con singular alegría. Sin perder más tiempo, empezó a devorar lo que tenía en su plato, soltando un gemido de felicidad al sentir ese delicioso sabor en su boca.

- No sé cómo le haces, pero siempre te quedan exquisitos. – habló, aún teniendo algo de comida en la boca.

- Traga primero antes de hablar, jovencita. Es de mala educación hablar con la boca llena. – le dio un ligero zape en la cabeza, detestando que hiciera eso.

Se concentró en comer primero, devorando todo como un lobo hambriento. Gerda, por su parte, solo podía menear la cabeza; no entendía cómo es que Anna podía comer tanto y a esa velocidad sin atragantarse con la comida.

Terminando con su desayuno de campeones, Anna llevó sus platos al fregadero lavándolos de una vez. Esa era la rutina en la casa, cada quien hacia algún qué hacer en el día, pero Kai y Anna siempre le ganaban el de lavar los trates y la ropa. Alegando que ya era mucho con que ella se esforzara dándoles deliciosas comidas, que era lo menos que podían hacer por ella.

- ¿Kai no va a desayunar con nosotros? – preguntó, extrañada de que no estuviera con ellas en el momento.

- I am your father, you know? – de nuevo, otro zape fue a parar a su cabeza al tiempo que Kai hacia acto de presencia.

- Es costumbre… – respondió, continuando con lo que estaba haciendo.

- Claro… En fin, solo me estaba asegurando de que todo estuviera en orden en la escuela. – contestó, sentándose en la mesa con una taza de café en la mano. – Todo lo que tienes que hacer es ir a ver al director cuando llegues y después ir a tu salón.

Asintió, dirigiéndose a su cuarto por su mochila que había preparado varios días atrás. Revisó rápidamente su cartera, encontrando solamente un par de billetes dentro, lo suficiente para poder comer algo decente esa semana en la escuela. Suspiró de nuevo, no sobreviviría por mucho tiempo con eso.

Al salir, se encontró a Gerda y Kai en la sala, mirándola con preocupación en los ojos. No le gustaba que la vieran así, no ellos, pero sabía que solamente estaban preocupados por ser nueva en esa escuela.

- ¿No quieres que te lleve? – preguntó Kai, sonando algo indeciso.

- No es necesario, no está muy lejos para ir caminando. – soltó, dirigiéndose hacia las escalera con Olaf detrás. – No, Olaf. No puedes venir conmigo. – Entendiendo el mensaje, se sentó en sus patas traseras con las orejas gachas. Suspiró mientras le acariciaba la cabeza, no sabía que los perros pudieran ser tan manipuladores. – Cuando regrese, saldremos a pasear.

- Pero Anna, ¡Es una caminata de 30 minutos! – Exclamó Gerda, con la preocupación aún más acentuada en sus facciones.

- ¿Tienes dinero para el bus y tu almuerzo?

- Sí, tengo dinero para ambos. No se preocupen, solo iré a la escuela. – despidiéndose con su mano, comenzó a descender las escaleras. – Nos vemos al rato.

Una vez en la calle, no tardó en sacar sus audífonos y poner su música a todo volumen. Eso era lo único que callaba su mente, aparte de entrenar. La música estruendosa era lo suficientemente alta para que su mente no tuviera manera de aparecer y se mantuviera en su lugar. De todas las canciones que tenía su celular, había un grupo en especifico que le encantaba; un grupo alemán de Metal Industrial que la hacía sentir en paz y en calma a pesar de que algunas de sus canciones eran un poco polémicas.

Caminaba a su destino, sin prisa, disfrutando de lo fresco de la mañana mientras la música sonaba en sus audífonos. Se puso la capucha de su suéter, no queriendo tener contacto con nadie ni que se le acercaran demasiado. Y sin darse cuenta, había llegado a la entrada de Arendelle University.

Era la primera vez que iba, asombrándose un poco por el enorme edificio de tres pisos que le dio la bienvenida. Sin detenerse, avanzó hasta llegar a recepción donde una mujer, de quizá unos 50 años, estaba detrás de un escritorio tecleando lentamente en una computadora. Se aclaró la garganta para llamar su atención cuando estuvo enfrente de ella.

- Disculpe, vengo a hablar con el director. Soy de nuevo ingreso. – explicó, procurando que su voz estuviera algo neutral y sonando lo más educado posible.

La mujer, de nombre Ingrid, bajó un poco los lentes para verla bien. Miró de nuevo la computadora, quizá confirmando algo, para después volver a verla con una mirada que solo podría describir como aburrimiento.

- Pasa, el director lo está esperando. Sigue ese pasillo a la derecha, es la primera puerta. – finalizó, volviendo a acomodar sus lentes y su vista de nuevo en la pantalla.

Siguió las instrucciones que le dieron, llegando a una puerta de madera con un nombre grabado en ella.

Director Duke Weaselton.

Con solo el nombre podría darse una idea de cómo sería el director. Tocó la puerta tres veces, esperando a que le dieran el paso.

- Adelante. – respondió una voz detrás de la puerta.

El cuarto no era muy grande; unos cuantos estantes repletos de libros, una pequeña mesa en medio acompañado de tres sillas de madera, un escritorio de madera al fondo y el director sentado detrás del mismo.

Y, tal como lo imaginó; era un hombre algo mayor de pequeña estatura, lentes redondos descansaban en el puente de su nariz, un bigote del siglo pasado sobre su labio superior y vistiendo traje color gris que combinaba perfecto con el muy evidente peluquín que mantenía en su cabeza dando la ilusión de ser su cabello real.

- ¡Oh! Joven Summers, siéntese por favor. – su voz tampoco le hacía ninguna justicia, era chillona y molesta a los oídos.

'Espera… ¿Me dijo "joven"?'

- Como su padre me comentó en la junta que tuvimos hace unos días, te añadimos de último momento para puedas comenzar a la par con los demás. – se dirigió de nuevo a su escritorio, agarrando un folder que tenia encima. – Toma; estos son tus horarios por ahora, un croquis de la escuela y un permiso especial para educación física debido a tu problema de salud.

Le extendió el folder beige, abriéndolo y examinando el contenido del mismo. Primero vio el croquis, sorprendiéndose de nuevo por la magnitud de la escuela; luego siguió su horario, teniendo 6 horas de clases en ese lugar; y por último su supuesto documento de salud, en el que decía que por motivos de asma no podía realizar ejercicios extenuantes.

Estuvo a punto de bufar con la última parte, pero se detuvo en el último momento. Se escucharía sospechoso si lo hacía. Tendría que agradecerle a Kai después por eso, la salvaría de muchos problemas en el futuro.

- Eso sería todo, si tienes alguna duda o problema, mis puertas siempre están abiertas. Ahora, apresúrate que ya vas tarde para tu primera hora. – agregó, mirando el reloj que estaba colgado en la pared.

Anna siguió la trayectoria de su mirada, checando que solo faltaban dos minutos para las siete. Revisó de nuevo su horario, descubriendo que la primera hora era ingles. No sabía el nombre del maestro, y según el croquis, estaba algo retirado y no quería meterse en problemas en el primer día por llegar tarde.

- Disculpe, no sé si llegare a tiempo al aula, y tampoco sé si el profesor me dejara entrar una vez llegue. ¿Será posible que me dé un permiso o algo donde justifique mi tardanza? – pidió, revisando de nuevo el horario junto con el reloj.

- ¿Qué clase te toca ahora? – preguntó, sacando un pedazo de papel de su escritorio y escribiendo algo en él.

- Inglés. – contestó, a lo que el director respondió con una pequeña risa.

- Que bueno que pensaste en esto. La maestra a cargo de esa materia es un poco estricta con las tardanzas. – le extendió el papel junto con su firma y el sello de la escuela. – Ahora sí, puedes ir a tu salón sin problemas.

Agradeció en voz baja saliendo del lugar, comenzando su camino a su salón. Caminó algo rápido, tratando de aparentar su "Problema de salud" con su forma de andar. Después de unos cuantos pasillos y vueltas, llegó al salón que marcaba el croquis, notando que la maestra ya había comenzado la clase.

Sin esperar más, se detuvo en la entrada y tocó la puerta, tratando de llamar la atención de la maestra con eso. Metió sus manos en la bolsa de su suéter, tratando de no sentirse intimidada por la mirada de molestia que le lanzó al verla. Entró, dándole el papel que el director le había hecho.

Leyó rápidamente el papel para después posar su mirada en ella. Sentía sus ojos recorrer su cuerpo, examinando su figura con esos ojos que anteriormente le habían expresado malestar, sintiendo que era juzgada por esa mirada. Dio la vuelta, caminando al fondo del salón y sentándose en el primer lugar vacío que encontró, tratando de alejarse de esa sensación.

La clase continuó después de eso, la maestra explicando la forma que evaluaría y entregándole a cada uno el syllabus del semestre. Anna no puso mucha atención después de eso, centrándose en la hoja que tenía en su mano.

Al parecer, el nombre de la profesora era Elsa Winters. Al alzar su vista y fijarse realmente en ella, notó que realmente le hacía honor a su apellido; su actitud lucía tan fría y distante como el mismo invierno, pero a la vez haciéndolo lucir tan hermoso y magnifico.

Vestía una falta tubo negra, una camisa de manga a los codos color azul, unas zapatillas de tacón un poco alto y su cabello rubio platinado recogido expertamente; sin un solo cabello fuera de lugar y con un flequillo sobre sus ojos. Toda su apariencia gritaba elegancia y finura, como una reina frente a sus súbditos.

Volvió su vista a la hoja de nuevo, leyendo una y otra vez el nombre de la maestra en su mente. Una pequeña risa se escapó de sus labios.

'Que curioso que su apellido y el mío tengan algo que ver con las estaciones.'

Cuando sonó la campana, salió corriendo tratando de ubicar el siguiente salón, teniendo la sensación de que alguien la estaba siguiendo con la mirada. Apenas llegó a su siguiente clase, que resultó ser Química siendo impartida por una maestra de nombre Yzma.

Nada más verla, se asustó un poco; no sabía si tenía 60 años o se había escapado de algún museo con lo esquelética que se veía, su peinado alocado hacia arriba, una bata blanca con guantes negros y unos lentes negros de seguridad.

A pesar de lo excéntrica y rara que podía verse, en realidad sus clases eran muy divertidas y fáciles de aprender. Se podía ver claramente que amaba su materia. Y así fue como siguió su día, saliendo prácticamente corriendo para llegar a tiempo a sus clases.

La última clase del día fue E.F. No teniendo idea de que hacer, se dirigió al coach que se encontraba en la entrada del gimnasio cargando unos balones.

- ¿Coach?

Al escucharla, se dio la vuelta, topándose con unos ojos celestes y una cabellera blanca. No podía ser mayor de 30 años, se veía el atractivo en sus facciones. Vestía como cualquier entrenador; pans negros, playera blanca con un silbato colgado al cuello y unos tenis deportivos.

No era como el típico entrenador de universidad; gordo con la cabeza casi calva y que solo daba órdenes sin mover un solo dedo. No, el tenía buena complexión física, sus piernas se marcaban bien en esos ajustados pans y los brazos parecían a punto de abrir las mangas de la playera

La vio extrañado, claramente no conociéndola de ningún lado. Sacó el documento de salud de su mochila y la depositó en sus manos.

- Acabo de ser ingresada, y no poseo ningún uniforme para la clase. – fue su sencilla explicación.

El entrenador leyó rápido el documento, dándose un golpe suave en su frente cuando comprendió a que se refería.

- Comprendo. Me imaginó que por lo repentino del asunto no te entregaron el uniforme… - habló bajo, quizá para sí mismo, para después volver a verla. – Espera aquí, te daré tu uniforme y así puedas ir a cambiarte.

Con eso, el coach se alejó del gimnasio hacia el pasillo. No tuvo que esperar demasiado, unos minutos después estaba de vuelta con un uniforme doblado en sus manos.

- Toma, ve a cambiarte. Traté de adivinar tu talla pero si no llega a ser tu medida, me avisas.

Y con eso en sus manos, se encaminó al vestuario de chicas. Estaba por entrar cuando escuchó las animadas pláticas de las demás en el lugar. No se atrevería a entrar en ese momento, no en su condición, así que esperó a que todas salieran de ahí.

Pasaron unos buenos diez minutos hasta que la última abandonó el lugar. Entró a toda velocidad, quitándose rápidamente su ropa para ponerse el uniforme correctamente.

Al parecer el coach tenía buen ojo, porque el uniforme le quedó como anillo al dedo. Consistía en una playera polo de color verde esmeralda con las orillas de las mangas y el cuello de color negros; unos pans negros con las franjas a los lados del mismo color de la playera. Le encantó al instante.

Guardó sus cosas en el primer casillero vacío que encontró y corrió de vuelta al gimnasio, donde un aproximado de 30 alumnos estaban sentados en el suelo escuchando lo que sea que el coach estaba diciendo.

Se sentó hasta el final, procurando ocultar lo mejor que podía su entrepierna, y simplemente siguió escuchando. Al parecer se llamaba Jack Frost, y era el responsable de todas las actividades físicas en el campus. Su nombre tenía sentido con su apariencia, su cabello parecía haber sido congelado por lo blanco que era.

Después de eso, los puso a correr alrededor, dejándola a ella a un lado por su "enfermedad". Anna solo observó a la distancia mientras los demás le lanzaban miradas asesinas por no hacer la actividad que les ordenaron, devolviéndoles una sonrisa burlona desde su asiento en una de las bancas.

Cuando terminaron, hizo grupos de seis personas para jugar un partido rápido de volley. Algunos equipos rápidamente se formaron, mientras que otros parecían dudar de si agregar a algunas personas o no.

- ¡Hey chica nueva, entra a jugar! ¡Te hará bien! – exclamó el coach, dándole un suave apretón en el hombro.

- Mi nombre es Anna. – Gruñó entre dientes, quitando en un movimiento rápido la mano que estaba en su persona.

Sin preguntar a quien, se metió en un grupo que le hacía falta un jugador. Vio los gestos de molestia que le lanzaron algunos mientras otros le daban sonrisas amigables; no les tomó importancia a los primeros, pero a los otros les devolvió el saludo asintiendo con la cabeza.

Los equipos pasaban rápidamente, siendo a dos puntos el partido para que todos pudieran jugar. Cuando llegó el turno de su equipo, ella se quedó en la parte de atrás, no queriendo tener mucho movimiento en el frente. Fue algo sencillo, unos cuantos revotes aquí y allá, y cuando menos lo imaginó el partido y las clases habían terminado.

Deliberadamente se tomó su tiempo, fingiendo estar sobando sus manos donde el balón golpeaba y estirando un poco sus extremidades. Al sentir que había pasado el tiempo suficiente, entró silenciosamente al vestuario, verificando que nadie estuviera en el lugar. Confirmando que estaba vacío, se cambió rápido a su ropa normal.

Estaba sacando su mochila del casillero cuando sintió algo vibrar en su bolsillo del pantalón. Sacó su celular, leyendo rápidamente el mensaje que había llegado.

Erick (1:45 p.m.)

Hey Anna, podrías venir hoy al Errante? No vendrá uno de los meseros y me quedare solo.

Suspiró exasperada. Se suponía que no iría hoy a trabajar al restaurante por ser su día libre. Ya le había prometido a Olaf que lo sacaría a pasear.

'¡Maldito Albert! Me las pagará por tener que cubrirlo otra vez.'

Al menos con eso tendría un poco mas de efectivo para la semana. Se colocó de nuevo sus audífonos, volvió a ponerse el gorro de su suéter sobre su cabeza y se colgó la mochila al hombro, emprendiendo su camino hacia la salida de la escuela.

La música la aislaba del mundo, la tranquilizaba de sus problemas. Caminando sin despegar su vista del suelo se dirigió en dirección al restaurante, alejándose de los pocos alumnos que aún permanecían en la escuela, sintiendo de nuevo esa sensación de ser observada por alguien.

Sin darse cuenta que, a la distancia, unos ojos color azul zafiro la veían con incertidumbre y preocupación.