Y nuevo capítulo! ya casi lleva un año este fic... pero ya casi termina T.T en serio, lo juro esta vez.

Turuk era un pueblo de mercaderes en Duren, uno bastante concurrido y muy animado incluso para las jornadas nocturnas, se podría decir que casi estaba la luna dando la mitad de la noche, eso no impedía que el comercio se detuviera, todo lo contrario, las tabernas, locales de comida y posadas estaban más abiertas incluso que durante el día. Callum y Rayla dieron con un pequeño negocio de comidas y bebidas que era ambientado con el dulce furor de la música folclore de aquellas tierras. A pesar del buen ambiente, el mago todavía se sentía algo preocupado de que la presencia de aquel extraño sujeto estuviera siguiéndolos por todo el lugar, miraba hacia todos lados antes de redoblar una esquina o en el mismo lugar donde se encontraban, esperando quizás no volver a verlo en toda su vida.

En efecto Rayla tenía razón, se trataba de alguien que usaba la magia oscura o al menos parecía comprenderla. Hizo un hechizo que hasta al propio Callum le costó descubrir, si no hubiera actuado rápidamente cuando ocurrió todo eso en este momento su elfa podría estar presa o peor aún, perseguida por los lugareños por haber herido a ese tonto. Quería centrarse en su comida, de verdad que trataba, pero aquellos pensamientos no dejaban de llegarle a la cabeza.

-Callum, no le des más vueltas al asunto – Rayla le hizo aterrizar – Termina tu comida y nos largamos de aquí – Le dio una sonrisa que él de inmediato le devolvió y continuo más animado devorando su carne.

Bueno, en parte era cierto, no podía dejar que aquello le siguiera atormentando. Hasta donde él sabe hay muchos humanos con capacidades para usar la magia oscura, no es nada del otro mundo, lo raro sería encontrar uno que esté conectado a una fuente primaria como él y algunos de sus maestros puesto que no todos eran hombres.

Aunque hablaban plácidamente como siempre, llegó a ellos un invitado que no había sido convocado, portaba tres jarras de pinta llenas de cerveza y se sentó en la misma mesa que la pareja interracial. Era el idiota al que Rayla casi hace que mate, se veía tan despreocupado y tan contento:

-Vaya! Pero si son Callum y Rayla – Se dejó una jarra para él mientras las otras dos las pasaba a sus nuevos acompañantes – Salud! – Alzó su bebida y esperaba que los otros dos hicieran lo mismo pero ni siquiera tocaron aquello, el hombre dio un gran trago hasta dejar la pinta casi a la mitad, soltó un eructo desagradable y se limpió algo del líquido que había quedado impregnada en su barba – Ah! Está rica! No van a probar?

Tanto la elfa como el mago le miraban de forma poco amistosa, de verdad que no querían tener que volverse a encontrar con ese tipo. El hombre en cuestión hizo algo que alerto los sentidos de Callum, pues tenía una sonrisa algo depravada mientras sacaba algo del bolsillo de su abrigo, estaba preparado para lanzar un hechizo y enviarlo lejos de allí pero de entre sus manos dejo ver una pipa que relleno con extremo cuidado con unas yerbas extrañas ya secas y las deposito en el tambor para luego coger una vela que había en la mesa y empezar a inhalar de aquel humo por su boca y después soltarlo frente a la pareja por su nariz.

-Así que… son los que lograron la paz entre humanos y elfos, no? – Jugueteaba con su pipa un poco entre los dedos – La gente de aquí es muy idiota para recordarlos, pero sé quiénes son… un príncipe real y una elfa asesina.

-Qué quieres? Quieres que te mate enserio? – Le dijo la albina de forma amenazante a lo que el hombre solo soltó una carcajada.

-Oh! No, para nada! – No quitaba esa perversa sonrisa de su rostro – Me agrada estar vivo, pero lo tendré en cuenta cuando quiera morir de verdad.

-Eres un hechicero – Hablo esta vez Callum – Dime ahora mismo qué es lo que quieres…

-Bueno, supuse que un mago real conectado a las fuentes primarias no sería capaz de ver mi magia oscura – Contaba tranquilamente – Pero veo que me equivoque… en todo caso, por qué tanta hostilidad? No somos del mismo bando, Callum?

-No, tú matas criaturas para hacer magia…

-De verdad? Y ese pedazo de cordero que te estas comiendo crees que murió de forma amigable para que pudiera estar en tu plato? – En ese aspecto le había cerrado la boca al pelicastaño, ese sujeto parecía ser como el resto de hechiceros con los que se ha llegado a topar, pero es un tanto más… ¿Extraño? – Es supervivencia, lo sé… tú no aceptas mi magia por esa razón, es comprensible… pero lo hago por sobrevivir – Callum seguía sin estar convencido de las palabras de aquel tipo, tanto que estaba por marcharse de la mesa – Pero que modales los míos, mi nombre es Sotiris, un placer conocerlos.

-Ojalá pudiéramos decir lo mismo – Contesto Rayla – Callum, mejor nos vamos…

Antes de que se levantaran para ir a pagar y largarse fue que Sotiris dijo algo que llamo de inmediato la razón de la albina:

-Cargan con magia oscura, lo saben? – Dio otro enorme trago a su jarra, casi listo para terminarlo – Algún hechizo o algo así? – Decía sin despegar la vista de la pareja que ya casi se iba.

Rayla detuvo su andar en ese instante ¿Cómo lo sabe? Quería darse media vuelta y preguntarle si sabía algo acerca de eso, pero la mirada de Callum y una negación pequeña que hizo con su cabeza le advirtieron que era mejor dejar la cosa así. Sin despedirse del joven y sin consumir lo que les había llevado en señal de buenas intenciones partieron del local. Si el mago optaba mejor por no preguntar más era porque lo creía pertinente, casi paga con su vida el hecho de no prestarle atención cuando más se lo pedía.

Como ambos tenían tanta suerte y cargaban con buen botín parecía que nada pudiera salir mal de ahora en adelante, buscarían un cómodo árbol para hacer una fogata y dormirían hasta el amanecer. Pero al igual que la fortuna a veces les sonreía también parecía que les jugaba una mala pasada de vez en cuando, porque justo antes de salir del pueblo escucharon a lo lejos unas nubes lo bastante densas que se cernían a lo lejos, de pronto, un rayo se escuchó caer a la tierra y predijeron entonces la pareja que pronto iba a llover y no sería cualquier tipo de chapuzón ligero, no, para nada, iba a ser una tormenta de las fuertes.

Lo mejor sería pasar el resto de la noche en alguna posada y evitar tentar a la suerte con esa tormenta que viene encima. Luego de dejar sus caballos en un lugar seguro y del cual no podrían robarlos fácilmente como en Neolandia, fueron hasta una pequeña cabaña que daba hogar a los viajeros sin rumbo mientras las pequeñas gotas comenzaban a aflojar desde el cielo y sentían como caían en la coronilla de sus cabezas.

Una vez entraron, se hizo más fuerte para dar paso a un tremendo aguacero que mojaba cualquier cosa que no estuviera bien resguardada. Solo había una habitación disponible, eso era lo único que necesitaban, el casero les sugirió que si necesitaban algo podría bajar hasta el despacho y hablarle pero no lo creían tan necesario entonces. Cuando entraron a su cuarto no se encontraron con nada lujoso realmente; un par de cortinas azules que daban a la ventana, un pequeño cajón para guardar sus cosas, dos candelabros puestos en una de las repisas para dar una iluminación exactamente agradable por todo el lugar y una cama para dos personas, justo lo que necesitaban.

Callum agarro una silla y se sentó al lado de la ventana para ver el agua caer o eso era lo que creía la elfa, puesto que el mago no paraba de ver a la calle con cierta mirada de preocupación en su rostro. Seguramente todavía estaba pensando en aquel hechicero y no estaba muy lejos de la realidad, la mente del joven no se detenía de indagar sobre este curioso personaje que encontraron al azar, como atento, tenso por la situación. A Rayla no le gustaba verlo así, por lo general cuando lo hace siempre busca el modo de sacarlo de su propia cabecita para que regrese a la realidad nuevamente. Fue hasta él y de forma ágil y cuidadosa se sentó en sus piernas dando su rostro con el del pelicastaño y entrelazando sus brazos por detrás del cuello de este:

-Supongo que no te he dicho que te ves poco atractivo cuando piensas tanto, verdad? – Le dio un pequeño beso en la punta de la nariz a lo que Callum le correspondió con una sonrisa y sus esmeraldas iris a los violetas de ella – Déjalo así, no nos hizo nada de todas formas.

El mago pasó sus brazos a los costados del abdomen de Rayla para abrazarla con cuidado de no lastimarla y acércala más a su cuerpo:

-Sí, tienes razón… es mejor no pensar en eso… oye, supongo que ya estás lista para hablarme de tus padres, no? – El tema era obvio que necesitaba llegar en algún punto, supuso que ahora que los "recupero" puede hablar tranquilamente sobre ellos.

-Oh! Está bien… - Se acomodó de forma en que pudiera sacar las monedas de su bolsillo y contarles un poco sobre ellos – Él es Lain, mi papá – Le paso la moneda que contenía al elfo de cabello corto en su mano y Callum empezó a examinarle – Es un gran guerrero, lo suficiente como para hacer parte de la guardia dragón – Guiño el ojo sonriendo orgullosa de ellos ahora que más o menos conocía la verdad – No es muy temperamental, de hecho hasta donde lo recuerdo siempre ha sido muy calmado y cariñoso, supongo que es muy opuesto a Runaan… no es tan extremista.

-Es bueno saberlo, al menos parece que me llevare bien con él – Decía observando la moneda que contenía al elfo, ojalá tuviera alguna forma para regresarlo de inmediato, eso sería de mucha alegría para Rayla – Supongo que quizás le gustaría que le dijera suegro, no?

-Creo que cuando los liberemos será mejor que hable primero con ellos, está bien? – Comento y aunque ambos soltaron una risilla era lo más adecuado a hacer una vez que estén libres – No creo que lo primero que quieran ver después de tanto tiempo sea a su única hija al lado de un humano – Callum le pasó la moneda y ella se dispuso a entregarle la otra – Y esta es… Tiadrin, mi mamá… - La miraba con tanto cariño, a pesar de que está encerrada continua teniendo una expresión tan serena y calmada… - No te dejes engañar, de verdad tiene un temperamento fuerte…

-En serio? – Preguntaba curioso.

-Sí! Es decir, creo que aprendió algunas palabras humanas raras que usaba cuando se enojaba con mi papá y él no pudiera entenderle que era lo que decía – Reía de los pequeños recuerdos que tenía de las peleas pequeñas que tenían sus padres y que luego resolvían de la nada.

-Cómo cuáles?

-Callum! – Reía la elfa – No voy a decirlas… - El mago esperaba que se soltara un poco ante aquello – Bien, está bien, como: Diablos, demonios, carajo, mierda – Ambos dieron una enorme carcajada cuando Rayla termino de decir esas obscenidades – Ya ves, es de temperamento fuerte…

-Creo que será muy mala idea decirle suegra, no?

-Déjame hablo con ella primero y después te comento…

La lluvia continuaba cayendo a cantaros en aquel pueblo de Turuk, desde aquella ventana no se veía ni una sola alma transitando por las calles, a pesar de esto, continuaban los establecimientos iluminados y llenos de personas. Callum decidió mejor ocultar su presencia y la de su pareja tras cerrar por completo las cortinas. Dicho después de esto, acerco sus labios de a poco para besar los de Rayla, hacía días no la besaba como era debido, puesto que al encontrarse tan herida después de su encuentro con el hechicero no creyó pertinente molestarla mientras se recuperaba, pero tenía que ceder ante los deseos que se ha estado conteniendo durante tanto tiempo. Los segundos pasaban y tanto la elfa como el humano se devoraban a besos, sin ton ni son, sin nadie que los molestara en ese entonces. Finalmente después de tanto tiempo podían demostrarse cuanto se amaban sin el molesto pasto en sus espaldas o el frío de la jornada nocturna.

Después de varios segundos en esa pequeña danza que daban sus labios, Callum tomo a la guerrera de forma suave para levantarla. Esto la asusto un poco, pues no se lo esperaba, se agarró del cuello del mago entrelazando sus dedos en la parte posterior. El joven sonreía de verla así, pero no dejaba de pasar en las inconmensurables cosas que pasaban por su mente en ese momento. Lentamente y mientras iban de camino hacía la cama fue que continuaron besándose sin detenerse. El pelicastaño soltó suavemente a su amante sobre el suave colchón, desde su vista Rayla se veía tan hermosa, aquel cabello blanco, esos ojos violetas, esos pequeños labios rosados, todo de ella le encantaba. Le dirigía una mirada con lujuria, como invitándole a que no se detuviera en lo que estaba haciendo, pues tanto él como ella lo estaban disfrutando.

Con mucha cautela se postro encima de ella, claro sin llegar a lastimarla ni que su cuerpo hiciera un contacto muy fuerte. Sus dos manos yacían puestas a los lados de la cabeza de Rayla, para darle el contrapeso necesario para volver a acercarse a sus labios y continuar besándola como si no hubiera un mañana. La guerrera por su parte se apegaba más a él con sus brazos, subiéndole un poco su rostro para que fuera más fogoso y cargado con más pasión aquellos besos. De a poco la elfa fue acostumbrándose al cuerpo de Callum encima de ella, trataba en lo más mínimo de no llegarle a fastidiar sus heridas, pero era lógico que sus deseos por ella eran todavía más grandes. Tanto así, que despego su mano derecha del colchón para acompañar la muestra de amor que hacían sus bocas con leves caricias en su cuerpo, bajo lentamente hasta el pecho de la albina donde jugueteaba con sus senos por encima de la ropa, cosa que de inmediato le hizo sacar un pequeño gemido que fue interrumpido con la lengua del mago.

Se separaron unos instantes para retomar aire y se veían a los ojos mutuamente; Rayla, encantada de ver esos iris esmeralda que tanto le derretían por dentro, se sentía afortunada de tener a tal humano tan bello solamente para ella. Lo curioso de este momento era que no se miraban con lujuria, como el deseo mundano de tener el uno con el otro, sino con amor, con tanta dulzura que empalagaba hasta el más seco de las personas. No pudo evitar llevar su mano hasta la mejilla del muchacho para acariciarla mientras este no detenía la suya en los pechos de esta.

-Qué habré hecho para merecerte? – Susurro roncamente.

-Enamorarme…

Luego de estas dulces palabras, la elfa llevo sus manos de forma complicada hasta su pecho y empezó a desabrochar las correíllas que sostenían las prendas superiores. Lentamente de a una, iba viéndose como el abdomen de Rayla se desnudaba frente a sus ojos. A pesar de tener unas cuantas vendas por debajo de sus senos, seguía viéndose de forma sensual para él, tanto así, que le dedico una sonrisa picarona para volver a besarla nuevamente, le dio un pequeño mordisco en su labio inferior, no para lastimarla, sino para juguetear con ella un rato. No tardo mucho allí, pues sus labios querían explorar el cuerpo de la albina una vez más. Bajo de a poco por su barbilla, no sin antes darle tiernos besos, continuaba con esta pequeña danza por su fino y delgado cuello, hasta arriba de los pezones para llegar finalmente a donde quería.

Llevo sus labios hasta su seno derecho y empezó a relamer el pezón con lujuria, Rayla, quién ya estaba entrando en un completo éxtasis llevo uno de sus dedos hasta su boca para morderlo y evitar hacer mucho ruido por los gemidos de placer llevados a cabo por su amante. Una y otra vez jugaba con ellos; los tocaba, manoseaba, besaba, lamia y mordía, todo en sus instantes que la excitaban como no pueden darse cuenta. Agarro entonces el cabello del mago, entrelazo sus dedos en las hebras de este para apretarlo cuando sintiera la completa sensación de un escalofrió en su espalda que le hacían erizar por completo el cuerpo.

¿Sus padres aprobarían esto? No lo sabía con certeza todavía, si bien han sido más empáticos en no opinar mucho sobre los humanos no creía que recibieran la noticia de que estas cosas sucedían cuando dos personas se quieren y no pueden ocultarlo más. Pero no era momento de pensar en eso, no, para nada, toda su atención estaban con el mago y la forma como le demostraba que la amaba y que la quería para él solo. De entre beso y beso, lamidas y mordidas, Rayla finalmente se sentía preparada para llevar a cabo aquel ritual que los uniría por el resto de sus vidas, y no hablo de precisamente matrimonio.

Sin que lo esperaba, Rayla separo un poco a Callum de su cuerpo, para después llevar la mano hasta sus pantalones y desabrochar la correa que los mantenía en su lugar. Lentamente fue bajándolos mientras mostraba no solo su parte íntima sino también la forma de sus muslos. El mago se sorprendió un poco ¿De verdad quería volver a intentarlo? La última vez no resulto exactamente bien, pero las condiciones se estaban dando para que al menos fuera algo especial.

-Rayla… no lo sé…

-Vamos, sé que quieres… - Le hablaba entre lentos susurros – Y yo también…

-Y si te lastimo?

-No creo que sea peor a que te rompan una costilla…

Una pequeña risilla resalió de los labios del mago y se dispuso a hacer también lo mismo. Llevo sus manos hasta los botones de su pantalón y lentamente los fue bajando con ropa interior y todo, su erección era más que obvia, puesto que una vez fue liberado salto como cual niño pequeño esperando su regalo. Rayla miraba su miembro con bastante sonrojo en sus mejillas, fue tanta aquello para la elfa que poso su antebrazo izquierdo entre sus ojos esperando el momento de la primera embestida en su parte intima. Callum tomo su miembro entonces y lo dirigió directo a la vagina de la guerrera, no sin antes ir hasta sus labios nuevamente y darle pequeño beso. Abrió ambas piernas de ella para sentirse más a gusto y lentamente fue yendo entre los labios vaginales de su amada.

La elfa mordió sus propios labios al sentir el primer contacto de su miembro con ella, poco a poco fue introduciéndolo de manera en que no fuera a lastimarla como la vez anterior y una vez que toda la cabeza estuvo en su interior soltó un gemido tan fuerte que creyó que los de la habitación de al lado les habían escuchado. Lo curioso de esta vez era que no dolía, todo lo contrario, era distinto, era como si miles de rayos le golpearan en su cuerpo y le erizaban de tal manera que las sabanas eran las que llevaban la peor parte por el fuerte agarre que esta daba con su mano derecha. El mago por su lado, estaba excelso de placer, las paredes vaginales de Rayla eran tan estrechas que su pene era imbuido de forma estrepitosa por ellas, tanto así, que lograba el efecto de jalón de todo la piel alrededor de su miembro.

No iba a detenerse ahí, después de que la elfa le dejara penetrarle por primera vez en serio fue que saco un poco su virilidad para volver a embestirla pero esta vez de forma más lenta y pausada, una y otra vez, sin detenerse. Entre cada movimiento de cadera por parte de Callum, la albina cada vez más se le iba nublando los pensamientos por el placer. Aunque en aquella ocasión que lo intentaron fue muy doloroso para ella esta vez era completamente distinto, cada vaivén del pelicastaño le hacían sacar un gemido sin querer que escuchaba su pareja y que sentía que era como música para sus oídos, estaba completamente llena de placer igual a él.

De vez en cuando, sin parar con lo que hacían sus partes íntimas, el mago iba hasta la boca de su pareja para inundarla de besos que eran acompañados con una pelea entre sus lenguas, se entrelazaban entre sí como si se tratara de una batalla entre los dos, una de placer y lujuria que trataban de disfrutar al máximo. El calor de la habitación sin que lo notaran iba subiendo, la temperatura estaba llegando a tales estribos que Callum detuvo un momento su ritual para quitarse el camisón que llevaba lleno de sudor y arrojarlo lejos. Ambos completamente desnudos sentían el calor de la piel con el otro. El mago llevaba sus juguetonas manos para acariciar las piernas de la elfa que al estar en esa posición casi cercanas a su rostro no pudo evitar no besarlas y lamerlas.

Paraban de a momentos para recobrar aire, la elfa sentía como unas finas gotas caían en su rostro, creyó que eran lagrimas por un momento pero tal fue su sorpresa que se trataba del cabello de su amante destilando sudor por el calor. Era como si estuvieran en un sauna, tanto así que Callum hizo un chiste sobre aquello en el cual ambos rieron y continuaron explorando el cuerpo del otro. De a poco el mago iba subiendo la velocidad de su cuerpo y sin querer también su fuerza, puesto que cada embestida que hacía era todavía más violenta que la anterior. Hubo un breve instante en que el abdomen de la albina parecía estarse quejando por tanto movimiento, pero omitió esto en su cuerpo por el placer que estaba sintiendo ¿Así que esto era hacer "Sandiwchs"? Si eso se trataba pudieron haberlo hecho hacía mucho tiempo ya, pero no se sentía tan segura en ese entonces, no como ahora.

El tiempo parecía haberse detenido para ambos en ese pequeño cuarto, ya no sabían cuánto llevaban así ni les interesaba, de hecho no querían parar para nada. Los suspiros y gemidos se hacían cada vez más pesados, la respiración agitada no hacía esperar y sus corazones palpitaban como locos ante este tipo de contactos. Si bien Callum ya ha experimentado estas sensaciones anteriormente se podría decir que en esta ocasión era una de las más placenteras. De pronto, sin quererlo, Rayla sintió una sensación como ninguna otra, tal así, que todo su cuerpo empezó a tensionarse, haciéndola arquear su abdomen de manera involuntaria para soltar un pequeño grito, había llegado a su primer éxtasis, su primer orgasmo como vulgarmente se le llama y era algo que la hacía sentir tan bien en ese instante. El mago noto aquello, sabía que ella ya había logrado lo que estaba esperando, pero a él todavía le faltaba un poco, continuó el vaivén de sus caderas sin parar.

Aunque Rayla ya se encontraba plena, Callum continuaba embistiéndola como todo un semental, por minutos se le olvidaba que estaba herida, pero al parecer a ella no le importaba para nada. Pero de pronto, sintió como un shock eléctrico surcaba su espalda hasta dar con la médula, era más poderoso que su propio "Fulminis" sus manos se pusieron en la parte posterior de la elfa para apretarla a su cuerpo lo más que pudiera y en un increíble gemido cerca a las puntiagudas orejas de ella fue que descargo toda su semilla dentro de esta.

Se quedaron estáticos unos segundos, intentando recobrar el aire que les faltaba. Aquella habitación era testigo de lo que había acontecido que para ambos fue una experiencia inigualable. Callum saco finalmente el pene del interior de su amada, para luego recostarse a su lado y mirarla mientras esta esbozaba una sonrisa enorme con sus mejillas coloradas:

-Eso fue…

-Genial, no? – Dijo Callum mientras removía algunos mechones blancos sudados del rostro de Rayla.

-Diferente… al menos fue mejor que la vez pasada – Rieron por lo bajo de aquel chiste.

Las sabanas estaban sudadas y hasta cierto punto algo incomodas ya para sus pieles.

-Deberíamos quitar las sabanas? – Propuso el pelicastaño.

-Sí… - Suspiro hondamente la albina – Creo que este ejercicio fue muy agotador…

-Pero te gustó, no?

-… - Rayla no decía nada, obviamente le gustó pero quería tomarle el pelo un rato, no paso mucho tiempo hasta que este empezara a poner un rostro de decepción a ella – Obvio sí! Como te digo, fue diferente… hay que repetirlo!

-De inmediato! Pero… dame unos minutos, sí?

Y así pasaron otros minutos en los cuales reanudaron con su pequeño e íntimo ritual, pero después de un buen rato les había ganado el cansancio, tanto así que sin quererlo ambos se habían quedado dormidos uno encima del otro completamente desnudos. Era normal estar en esas condiciones, no había nadie que les reprochara o molestara, si estuvieran en el bosque otro sería el cantar, pero en completa intimidad no parecía ser tan problemático. ¿Acaban de hacerlo frente a sus padres? Bueno, están encerrados y creen que no podían oírlos, bueno, eso deseaban pensar, se llevarían un buen susto si sus padres hubieran escuchado todo…

La noche transcurría sin ningún problema por el pueblo, nada acontecía fuera de lo norma. En aquella habitación, yacían dormidos en una cama completamente como los Dioses los trajeron al mundo una inusual pareja de un humano y una elfa. Pero, por debajo de la puerta que les separaba con el pasillo, una extraña y pequeña nube de color oscuro se deslizaba por allí lentamente. Al estar tan sumidos en el trance ninguno de los dos pudo sentir aquello, y de la nada aquel humo iba erigiéndose entre la mitad de la alcoba mostrando una figura humanoide que de un momento a otro pasó a verse a un hombre, más concretamente a uno que los amantes habían conocido unas horas atrás: Sotiris.

Al ver la imagen de esos dos sintió un poco de incomodidad ¿A este punto ha llegado la paz entre los reinos? Bueno, él notaba cierta química sexual entre ambos cuando los conoció, pero realmente no esperaba que un humano se cogiera enserio a una elfa. Pero cada quién hace como su miembro y su trasero lo que le diera la gana. Él estaba allí por otra razón, cuando los vio por primera vez en el pueblo pudo notar que de ellos emanaba una extraña sensación de magia oscura, no pensaba que un mago de las fuentes primarias pudiera hacer aquello y la albina tampoco se veía como alguien que no jugara con aquellas artes, pero lo sentía, era un hechizo muy potente que llamo su completa atención y que no iba a dejar pasar.

Busco de entre sus cosas con cuidado de no hacer ruido, sintiendo más el poder que emanaba el hechizo pero sin dar frutos. Se fijó entonces en la ropa tirada en el suelo de aquellos amantes, fue hasta ellas y empezó a esculcar en todos los bolsillos, hasta que llego a la prenda superior de la albina y dio con las monedas que con tanto recelo ha estado custodiando.

-Vaya… que tenemos aquí… - Se fijó entonces en los elfos que estaban atrapados y esbozo una sonrisa completamente macabra – Creo que ustedes y yo vamos a conocernos muy pronto…

Guardo aquellas monedas en su bolsillo y así como entro desapareció sin dejar rastro de su estancia allí, esperaba que los dos no fueran lo suficientemente tontos como para buscarlo.

-o-

Solveg veía una última vez el amanecer de Katolis, a diferencia de su bosque no tenía la dicha de contar con tan bellos colores que adornaban las primeras horas de la mañana. La noche anterior había dado la orden de partir a Xadia a todos los elfos que desearan marcharse de las tierras de Ezran y muchos aceptaron de inmediato, estaban cansados de tantas fiestas y parrandas sin saber que bajo cuerda ocurría algo mucho más preocupante de lo que creían. ¿Cómo iba a decirle a su gente que les ha ocultado la muerte del rey Niilo por tanto tiempo? Necesitaba una cuartada para salir de esa situación como fuera para no recibir un castigo tan severo. Ojalá y Rayla viajara lo más pronto posible al bosque plateado para ayudarle a solucionar esta situación.

Escucho unos pasos provenir desde el fondo del pasillo, una vez se giró se encontró con la figura de Ethari quién portaba en sus brazos unas flechas singulares que en la punta traían una figura draconica y que variaban de colores entre rojo y azul. Lo había logrado finalmente, esperaba que funcionara lo de enviarle un mensaje a la madre del príncipe dragón para que acuda a los reinos humanos a ayudarles enfrentar esa vieja amenaza que siempre ha existido pero que ahora está más latente que nunca.

Ethari entonces empuño un arco y la flecha de color azul primero y casi cuando estaba por lanzarla hacía el cielo pronuncio las palabras correctas para que la magia fluyera en ella y que en medio del aire se convirtiera en una hermosa águila de Xadia con dirección al hogar de Zubeia. Después tomo la roja e hizo el mismo ritual con la intención de liberar al príncipe de Katolis y a Rayla de su castigo e igual que la anterior esta se alzó en una bella aver que llevaba la noticia de que su misión ha terminado.

-Supongo que no nos vas a acompañar… - Dijo Solveg mientras veía ambas aves mágicas surcar los cielos.

-No, lo lamento, pero debo esperar a Rayla y Runaan aquí…

-Tienes suerte de que el rey Ezran intercediera por tu esposo, Ethari – Espetó un poco molesto – Puede que haya sido manipulado, pero su mano sigue siendo la culpable de la muerte de nuestro rey.

-Lo sé… y espero que se le haga un juicio justo en el bosque plateado – Hablo con voz neutral, no sentía plenamente que su esposo estuviera tampoco seguro en Katolis.

Le dio una última mirada al elfo de piel morena y no dijo nada, solo dio media vuelta para partir hacía su carruaje y esperaba llegar a salvo a Xadia al menos una vez más. Tendría que volver a Katolis una vez las cosas estén resueltas en sus tierras, debe informar en Lux Aurea el deceso de Niilo y por ende las precauciones que deben tomar por si Aaravos decide atacar sus hogares. ¿Extrañaría a ese grupo de humanos? No… no lo creía, fueron ineficientes en casi todo lo que se propusieron… pero si en algo resaltaban era en la perseverancia que tenían en alcanzar algo. Mientras caminaba por el patio ya casi alcanzando su transporte fue que escucho la voz de un joven llamándolo por las espaldas, se volteo antes de subir y se dio cuenta que se trataba de la general Amaya siendo acompañada por su traductor de cabello rojo y el joven Soren.

-Te ibas a ir sin despedirte? – Le alcanzaron y fue el rubio quién le hablo.

-Oh! Lo lamento, en serio… - Estiro su mano hasta la del joven para recibir un fuerte apretón por parte de este.

-Que te vaya bien en el viaje, Solveg.

-Cuídense mucho, todos ustedes – Fue el pelirrojo quién hablo por la pelinegra – Esperamos volver a verte pronto.

El elfo solo asintió con su cabeza antes de subirse a su carruaje para luego partir con sus congéneres de nuevo a sus amadas tierras.

-Vaya tipo… no? – Le preguntó el rubio a la pelinegra quién entonces solo negó con la cabeza de forma divertida.

-Soren, tengo que hablarte sobre algo… - El semblante de la general volvió a cambiar a su seriedad característica – Tu hermana bajo a la celda donde tenían encerrado a tu padre durante la noche…

El rubio arqueo una ceja un poco confundido ¿Por qué Claudia querría ir hacía allá? Era raro, ella misma dijo que quería desconectarse por completo de él.

-Deberías ver que es lo que trae entre manos…

Soren no perdió el tiempo y fue directo a buscar a su hermana menor. Si de algo estaba seguro es que cuando a Claudia se le mete algo en la cabeza no hay poder sobre la tierra que se lo quite y eso a veces era muy exasperante para él. Quería pensar que estaba buscando algo que pudiera dar con el paradero de su padre. Busco por todo el castillo a la oji esmeralda pero no la encontraba por ningún lugar… fue entonces que opto por subir hasta donde era la vieja habitación de Viren, el mero hecho de ir a ese lugar le espantaba como no pueden darse cuenta. Una vez llegó a la puerta y al abrirla se encontró con su hermanita urgando entre las cosas de aquel hombre.

-Qué haces? – La pregunto agarro por sorpresa a su hermana quién dio un pequeño brinco del susto.

-Soren! Qué haces aquí?! – Le cuestiono nerviosa mientras organizaba su cabello.

-Lo mismo te pregunto – Se cruzó de brazos y frunció el ceño – Qué es lo que buscas aquí, Claudia?

Claudia trataba de ocultar algo a sus espaldas pero de inmediato fue pillada por el rubio al ver que no era buena en disimular lo que trataba.

-Claudia… Qué tienes en la espalda? – Le hablo de forma seria. Ella no podía ocultarle nada a su hermano mayor, no era capaz de ninguna forma. Le enseño entonces que se trataba de su viejo libro de hechizos oscuros en la mano derecha y en la izquierda una pequeña bolsa de color negro – Por qué tienes ese libro estúpido otra vez? – Aquello le molesto, recordaba lo mucho que él le decía que la magia oscura era mala y ahora parece que está volviendo a tener interés en ella.

-Soren… yo… - Agacho su rostro un poco apenada de ser descubierta de esta manera.

-Mira la magia oscura a lo que nos ha llevado… y quieres volver a retomarla? – Le reprendía y estaba en su derecho, no quería que su hermanita volviera por esos caminos de oscuridad a la que Viren le estaba arrastrando.

-Es por una buena causa, Soren – Se acercó a él de a poco – Ezran me dio autorización de usar los medios que sean necesarios para dar con nuestro padre – Levanto la bolsita hasta el rostro de su hermano – Sabes lo que hay aquí?

-No y en serio no quiero saberlo…

-Cabello y cuero de Viren. Me escabullí durante la noche a su celda para buscar algo muy personal de él – Le lanzo una mirada determinada – Con esto podemos dar con él, así como dimos con los chicos aquella vez en el nexo de luna, lo recuerdas?

-Ni me lo recuerdes… - Rodo sus ojos y luego poso su mano en el hombro de su hermana – Clauds, tú mejor que nadie sabes lo dañino que es hacer ese tipo de magia… no quiero volver a verte sufrir de esa manera…

Soren estaba en su derecho de preocuparse, no desea volver a verla así nunca más.

-Lo sé, pero… - Dio un profundo suspiro – Siento que es nuestro deber detenerlo, Soren… Hicimos un juramento a Ezran y Katolis que siempre íbamos a servir y proteger… y no encuentro otra manera de encontrarlo que no sea esta…

-No lo sé, Claudia – Le dio la espalda luego de escucharla – Por qué al menos no me lo dijiste?

-Porque ibas a negarte… - Su voz comenzaba a sonar un poco decaída – Sé que no quieres involucrarte de ninguna manera con la magia oscura… pero deja que haga esto, deja que lo atrape, se lo debo a Ezran, se lo debo a Katolis y también a ti por lo que te hizo…

Si tenía permiso del rey él no iba a oponerse, después de todo Ezran confía ciegamente en ella. Dio un gran suspiro y nuevamente se giró para verla a los ojos, no pudo evitar no sentir ternura por ella, después de todo es su hermanita y juro que siempre iba a protegerla. Le dio entonces un suave abrazo para reconfortarla.

-Trata de que no te afecte esta vez, vale?

-Lo prometo, Sor-oso – Extrañaba ese jueguito de palabras – No iré muy lejos tampoco, la torre más alta me servirá para hacerlo.

-Bueno, al menos no te vas a apartar.

-Solo para buscar ingredientes – Se separó de él entonces – Otra cosa… Sabes lo de los elfos que se quieren quedar?

-Lo sé – Respondió.

-Deberías tenerlos bajo tu protección todo el tiempo – Le aconsejo – Puede que su estancia aquí… sea peligrosa.

-Peligrosa? – Soren reía ante aquello – Esos cuernudos no saben sino cantar y bailar, no son una amenaza.

-No lo digo por ellos, Soren… - La mirada de la pelinegra se sentía un poco más preocupante en ese momento.

-Hablare con Ezran entonces… y ten cuidado con eso – Señalo por última vez el libro y salió de aquella habitación para ir con su rey.

-o-

Algo estaba mal en Turuk, más concretamente en la habitación donde cierta elfa de luna y mago se habían hospedado. Una vez despertaron y empezaron a recoger su desorden, más específicamente su ropa fue que notaron que algo les estaba haciendo falta: Las prisiones en forma de moneda que Rayla guardaba. Creyeron que las habían mezclado con el dinero ganado el día anterior y después de examinar exhaustivamente cada moneda se dieron cuenta que no estaban allí. Buscaron por cada rincón del lugar pero no daban con ellas ¿Entraron a robarles cuando estaban dormidos? No, los agudos sentidos de la albina habrían sentido algo, era imposible ¿Y por qué robar eso y no el oro que tenían encima? ¡No tenía sentido! Fue entonces que recordaron que cierto hechicero que conocieron hace poco mostro un especial interés en lo que cargaban con magia oscura.

-Como pudo entrar sin que nos diéramos cuenta?! – Molesta decía mientras daba vueltas y vueltas en la habitación mientras masajeaba la cabeza.

-Es un hechicero! – Grito Callum saliendo por debajo de la cama – Debió usar algún hechizo para mantenernos dormidos y no sentir nada!

-Eso es tonto, Callum – Se sentó entonces mientras masajeaba el puente de su nariz muy estresada – De qué le pueden servir unos elfos de luna de todas formas?! – Cuestionaba sin cambiar su rostro lleno de molestia – Lo peor fue que nos vio desnudos!

-Alguien tuvo que haberlo visto, Rayla… o al menos saber dónde vive…

No perdieron el tiempo buscando más allí y salieron en busca de pistas de donde podría estar aquel tipo. Preguntaron a cada aldeano por él, desde su nombre hasta las características pero daban con la mala suerte de que muchos les respondían de que jamás habían visto a tal sujeto rondando por el pueblo. Fueron al bar donde lo conocieron en persona y el dueño afirmo lo mismo que los demás; no lo conocían. Parecía una especie de fantasma que se hubiera evaporado de la faz de la tierra. Lo peor era que estaban empezando a ganar la atención de los guardias y eso sí que sería algo malo, pues encerrados por hacer algarabías no les daría la oportunidad de recuperarlos.

Las horas pasaban y no daba nadie ninguna pista de Sotiris, es imposible que nadie lo conozca ¿Acaso realmente no vive en ese pueblo? No pueden darse por vencidos, su boleto de regreso a Katolis y los padres de Rayla estaban con él, no puede caber ninguna duda. Se sentaron un momento en la plaza para descansar, tenían que encontrarlo, fuera como fuera, no había otra opción. Mientras discutían sobre las posibilidades de búsqueda fue que algo increíble sucedió; los listones que tenían en sus muñecas se iban desprendiendo de a poco. Aquello sorprendió bastante a la elfa, alzo la mirada y en efecto vio como un ave mágica de Xadia surcaba los cielos dejando un destello de color rojo tras de sí informando que su misión ha sido completada.

-Al menos no vamos a perder nuestras manos – Dijo finalmente tranquilo el mago.

-Es raro… - La elfa empezó a masajear la muñeca donde antes había una unión de vida peligrosa – Crees qué…

-Los llevo a Katolis? No, no lo creo… - El mago comenzó a masajear su barbilla pensando en los posibles lugares donde podría estar – Sabes, si eres un hechicero y no quieres tener contacto con nadie a donde podrías haber ido…

Ambos se miraron fijamente después de aquella frase y en unísono respondieron:

-Una cueva!

El tiempo apremia, más en este tipo de situaciones. Tomaron sus monturas y salieron del pueblo hacía la montaña más cercana que parecía dar con Turuk. Esperanzados se dirigían allí con la posible seguridad de que Sotiris estuviera allí haciendo quién sabe qué cosas con sus padres, es un hechicero después de todo, mostro un extraño interés en ellos cuando descubrió lo que llevaban encima. Callum hasta donde esa clase de personas son muy obsesionadas con su magia, tanto así que pueden llegar a extremos incalculables por querer aprender más y más… y eso puede ser peligroso. Las experiencias con la misma, con Viren y Claudia eran muy perjudiciales para cualquiera.

No tardaron mucho en llegar y en explorar la zona. Parece ser que dieron con el lugar correcto, pues Callum sentía un mal presentimiento mientras veían con cuidado por doquier. Él notaba que había un flujo extraño por allí, tanto así que se dejaba guiar por sus instintos hasta dar con unas extrañas plantas que se distorsionaban con el resto del paisaje de la montaña. Ambos se miraron fijamente y empezaron a remover rama por rama para dar con una pequeña puertecilla hecha de madera. Iban por buen camino… pero no sabían realmente que habría allí, podrían encontrarse con alguna trampa en el mero hecho de entrar. El mago trago saliva y lentamente fue abriendo aquel pedazo de madera y en su interior no se veía absolutamente nada, solo un pasadizo estrecho que daba hacía el interior.

De paso en paso fueron entrando, sin saber que les esperaría. Podría haber una trampa mortal para matar a cualquier curioso que se entrañara en ese lugar, pero hasta el momento a parte de no ver nada lo único que sentían eran las frías paredes de piedra. De repente, todo comenzó a moverse de forma brusca, era como una especie de terremoto. Callum tomo a Rayla en sus brazos y ambos cerraron los ojos esperando que algo les cayera de encima, ya se estaba preparando con su fuente primaria de la tierra para hacer aguante y no terminar atrapados o heridos en ese lugar. Pero de un momento a otro se detuvo, menos mal, después de calmarse un poco continuaron con su camino.

Rayla empezó entonces a escuchar una voz que provenía del fondo del pasillo, sus orejas no le mentían, realmente había alguien allí haciendo magia. Casi llegando al final, notaron una tenue luz provenir de hacía más adentro, ambos se miraron y después de asentir mutuamente corrieron deprisa por el estrecho pasadizo hasta dar con una cámara central muy extraña. La elfa de inmediato desenvaino ambas espadas y salto hacia lo desconocido de aquel lugar, no había mucho salvo unas cuantas velas puestas sobre unas rocas para dar buena iluminación, al fondo del gran salón encontró a la figura de un hombre a espaldas que mantenía los brazos extendidos de forma horizontal y hablando en un extraño idioma muy similar al de aquel hechicero que casi la encierra en días posteriores en esas monedas. La montaña volvió a temblar con fuerza, pero eso no detuvo el avance de la guerrera hasta la posición de aquel extraño que al sentir como escuchaba los pasos de Rayla fue que giro su rostro para casi recibir un ataque a traición.

-Espera! Espera! – El hombre le repetía a la albina que se detuviera, pues a duras penas trataba de esquivarla.

Delante de él, había una especie de altar pequeño hecho de piedra, del mismo material de la montaña donde encima estaban las monedas de sus padres y de Runaan. Esto enfurecio de sobremanera a Rayla, tanto que a pesar de que el hombre se encontraba en sentido opuesto a ella, esta salto hábilmente hacía su lugar para tratar de darle otro ataque. Esta vez tuvo más suerte, pues rasgo un poco de su prenda superior y piel provocando que de la herida comenzara a salir sangre.

-Ah! – Mascullo adolorido el hechicero mientras tocaba su herida y la palma de su mano era envuelta en su propia sangre – Detente! Elfa!

El mago llegó después para ver la contienda desde lejos y opto por ayudar a su pareja:

-Fulminis! – Lanzo su hechizo y este casi golpea la cabeza del ladrón.

Sotiris se encontraba contra la espada y la pared, no podía esquivar de manera efectiva a la albina y tampoco deseaba hacerle daño con su magia. Y para rematar, tenía un mago a lo lejos mandándole rayos que evitaba como podía. Cansado de la situación decidió opto por usar un viejo hechizo que conocía bien y luego de unas palabras que hacían eco con el lugar, desde las velas que iluminaban la cámara fue que comenzaron a subir de intensidad a tal punto que lograron encerrar en un aro de fuego tanto a Callum como a Rayla. No podían moverse de forma que pudieran salir ilesos y todavía sabiendo que se está enfrentando a un hombre que puede dominar la fuente de sol sabía que no tenía mucho tiempo con aquellas prisiones mágicas.

Rápidamente fue hasta el altar y continúo con el hechizo sobre estas monedas. Rayla le miraba asustada sin saber que era lo que pretendía aquel sujeto. Callum por su parte disipo aquel hechizo oscuro con su magia y fue corriendo hasta Sotiris para detenerlo. La montaña volvía a temblar con una fuerza asombrosa, tanto que por poco hace caer al pelicastaño y a escazos metros de llegar fue que sucedió algo sorprendente: Una poderosa luz de color purpura se alzó por encima del altar que en el acto provoco una onda lo suficientemente arrolladora para golpear al mago y retirándolo de su proximidad con el hechicero, lo mismo sucedió con la albina, pues el aro de fuego que la encerraba se desvaneció y la lanzo lejos casi hasta la misma posición de su pareja.

Veían perplejos aquello, sin saber que era lo que ocurría. Aquella luz era tan enceguecedora que ambos tuvieron que tapar su visión con el antebrazo para no perjudicarse de aquello. De la nada, unas extrañas siluetas oscuras se alzaban por encima del altar, uniformes en su momento pero que de a poco mostraban unas sombras que parecían ser humanoides. El hechizo entonces hizo una fuerza tan grande que la montaña parecía desmoronarse, pero de repente todo se detuvo y de encima del altar cayeron unas personas al suelo golpeándose con fuerza. Callum y Rayla miraban esto estupefactos, tanto que tenían que cerciorarse de que lo que sus ojos les mostraban no era falso para nada.

La albina no apartaba su vista de esas personas, desde su puesto alcanzaba a ver unas cabelleras blancas igual a la de ella tumbadas en el suelo. Poco a poco se iban moviendo de forma como si no lo hubieran hecho en mucho tiempo, tanto así que una de ellos, más concretamente una mujer que tenía unas astas igual de largas a las de Rayla, ojos de color azul que bajo estos eran adornados con las características marcas de su raza, un cabello de igual color al de la guerrera pero más corto y para rematar llevaba puesta una armadura de la guardia dragón; una armadura que llevaba por hombreras un tono morado adornado en los bordes con algún metal proveniente de Xadia, un peto del mismo material que portaba el emblema de la reina Zubeia con tonalidades que iban con la primera descripción de su uniforme y algunos oscuros…

-Lain?! Lain?! – Escuchó la voz de esa mujer a lo lejos y Rayla de inmediato puso un color en su rostro como si estuviera totalmente aterrada – Lain! – Se acercó al cuerpo que yacía a su lado, era de un varón, uno de su especie que llevaba el mismo uniforme pero su peinado era totalmente diferente; siendo corto en la parte trasera de su cabeza y en el frente llevándolo en un largo copete y una pequeña trenza similar a la que nuestra protagonista llevaba, ojos de color naranjas algo inusuales y bajo estos unas marcas de color azul de forma horizontal – Oh! Ahí estás! – Le agarro para ayudarle a sentarse mientras este tosía y trataba de recuperar el aire – Estás bien? – Le preguntó preocupada.

-No, no lo estoy, Tiadrin… - Respondió con sinceridad – Qué pasó? Estábamos en el nido de la reina Zubeia y… - Se encontraba tan impactado con lo que sucedía a su alrededor que de inmediato noto que no estaba en su puesto de guardia – Donde estamos? – Estaban en una cueva eso dedujo y al fijar su vista hacia al frente noto como otra de su especie estaba también allí acompañada por lo que parecía ser un humano.

Ambos se tensaron en ese momento ¿Qué demonios estaba pasando? Rayla continuaba tumbada en el suelo sin mostrar ningún movimiento de lo que veía. Callum al parecer noto que se trataban de las dos personas que más su pareja ha estado tratando de reencontrar.

-Oye! Tú! La elfa de luna! – Le gritó la mujer desde su puesto – Quién eres? – Parecía hablarle de forma amenazante.

Rayla trataba de contener el llanto, pero no le era posible dada la situación en la que se encuentra. Trato de levantarse como pudo, temblaba como no podían imaginarlo, por poco se cae de rostro al suelo pero aguanto la fuerza suficiente para no hacerlo. Lentamente fue hasta donde se encontraba la pareja de elfos, no podía creer lo que veía para nada, tanto así que sello su boca con su mano derecha asombrada de este milagro. Sus congéneres todavía no podían reconocerla bien, pues se movía muy lento, si no estuvieran tan débiles tal vez podrían agarrarla y sacarle información. Pero mientras más se acercaba, Lain, entrecerró los ojos para ver mejor a aquella extraña; vio esos iris violetas llorando sin parar y de inmediato su corazón dio un vuelco de ciento ochenta grados:

-Ray… Ray… - Quería llamarla por su nombre, Tiadrin en cambio al verla también comenzó a sentir su corazón palpitar a mil. Se separó de su esposo y al mismo paso que la albina fue hacía ella.

Una vez estuvieron frente a frente ambas se inspeccionaban de pies a cabezas con sus ojos sin tener contacto. Se quedaron así por varios segundos hasta que fue la mayor quién decidió romper el hielo y llevar las yemas de sus dedos hasta la mejilla de Rayla para acariciarla.

-Rayla… - Dijo en un susurro para luego abalanzarse sobre ella y abrazarla con toda la fuerza que tenía. Era el momento que la guerrera tanto había esperado, sin querer comenzó a llorar con más fuerza y le devolvió de la misma forma el gesto, apretándola de la manera para que jamás pudiera volver a soltarla. Ambas sollozaban en el hombro de la otra. Lain se levantó de su lugar para dirigirse hacia las dos féminas y al notar que se trataba de su hija no pudo evitar entrar en el ambiente y las abrazo con mucha más fuerza de la que parecía tener.

Finalmente, después de más de cinco años de ausencia y separación, la familia volvía a estar reunida. Parecían estáticos, como si se hubieran vuelto estatuas pues no se movían en lo más mínimo, aquella escena provoco que el mago esbozara una sonrisa de oreja a oreja alegre de ver por fin a los padres de Rayla reunidos con ella. Volteo su mirada hacía el hechicero quién parecía estarse curando como podía la herida provocada con anterioridad por la elfa. Parece que aquel sujeto no tenía malas intenciones ¿Pero por qué los libero? No es que lo conocieran como para que hiciera aquel favor ¿Pero por qué lo hizo? ¿Qué lo llevo a tal acto de altruismo con un par de desconocidos? Habían muchas dudas en su mente, pero ahora debía estar enfocado en su pareja y sus seres amados.

-Mírate! – La mujer se separó un poco sin soltarle los hombros a Rayla – Pero si has crecido bastante! – La ex – asesina sollozo nuevamente para abrazar con fuerza a su madre – Ya, ya… - Le tocaba la cabeza suavemente pasando los dedos por su cabello – Ya estamos aquí, cariño - Tiadrin entonces alzo un poco la mirada para ver al fondo a un humano, entrecerró un poco los ojos y giro su rostro para encontrarse con otro que yacía sentado sobre un altar vendando lo que parecía ser una herida – Lain, humanos… - Resoplo un poco molesta.

Ambos elfos se separaron de su hija para resguardarla y tomaron posición de pelea de inmediato. Callum se asustó un poco ante aquel acto y Sotiris ni se inmuto, solo los miraba confundido de aquello.

-Creo que puedo con el del fondo! – Añadió Lain – Encárgate del que está en el altar!

Rayla al escucharlos tuvo que detenerlos de inmediato:

-No, no, no! – Les chillaba – No son malos! O bueno, no estos dos! - La pareja se miró confundidos, no esperaban que su hija fuera a defenderlos – Callum! Ven! – Le llamaba con su mano invitándole a que les conociera. El mago trataba de acomodarse bien su cabello y quitar algo de polvo de la ropa. Caminaba lo más erguido posible y como si se tratara de una marcha militar, estaba muy nervioso de finalmente conocer a los padres de su elfa – Papá, mamá, él es Callum.

Los presento de forma educada mientras el pelicastaño los miraba aterrado para luego reverenciarles lo que provoco un pequeño salto de susto por parte de Tiadrin.

-Mucho gusto! Padres de Rayla!

Sus padres continuaban estupefactos ¿Desde cuándo su hija hace amistades con humanos? ¡Son el enemigo! ¿Acaso es una traidora? No, no podía ser, Rayla era cien por ciento fiel a Xadia…

-Y ese de allá – Señalo entonces al hechicero – Es… - Trataba de recordar su nombre, pero no era buena con ello.

-Mi nombre es Sotiris, orejudos – Dijo – Y deberían enseñarle algo de modales a su hija, casi me corta el brazo! – Espetó de forma molesta, lo suficiente como para que la mayor no dejara pasar tal falta de respeto.

-Cómo te atreves a hablarle así a mí hija! – Casi va Tiadrin a darle una buena paliza a aquel insolente pero nuevamente la albina le detuvo.

-No, no, mamá… él fue quién los libero…

¿Liberar? ¡Claro! Ya empezaban a recordarlo todo, un hechicero al parecer fue quién los ha tenido presos por un tiempo. Pero no tenían idea de cuánto, ni siquiera notaron cuando fueron encerrados, ni una memoria de su estancia en donde se encontraban.

-Oigan… - Les llamo la atención Sotiris – Y ese de allá no lo quieren o qué? – Señalo hacía donde estaba el otro elfo.

Fijaron sus miradas hacía donde yacía Runaan todavía en el suelo. Lain al reconocerlo de inmediato fue en su ayuda para levantarlo del suelo mientras este tosía ante el contacto. Una vez recupero bien la visión se asustó bastante de ver aquel rostro familiar, esos ojos color naranjas solo podían pertenecer a alguien:

-Lain?

-El mismo, viejo amigo – Su camarada le inspecciono y noto de inmediato que una extremidad le faltaba ¿Qué es lo que ha estado sucediendo? – Qué te paso?

-Creo que lo mismo que a ti… - Sonreía al verle y de inmediato el padre de Rayla le abrazo, hacía muchos años que no sabía nada de él, pero le daba un poco de pena en el estado en el que se encontraba. Fijo sus ojos entonces a su pupila, esta no paraba de verlo con la mirada que le ha estado dando desde días atrás y cruzada de brazos – Supongo que tú hiciste esto, no?

-No, no fui yo y si por mí fuera te hubiera dejado encerrado! – Le contesto de forma molesta, lo cual preocupo a los elfos presentes. Rayla quería mucho a Runaan hasta donde sabían, era raro que no estuviera contenta por verlo.

-Rayla! – Le regaño su madre – Es Runaan!

El mentor de la albina tenía mucho que contarles a sus viejos amigos, tanto así que agacho la cabeza pues sabía que las acciones que ha hecho no son las más adecuadas hacía esa familia.

-Hey! Elfos! Si quieren pelear por allá hay una sala donde pueden hacerlo con más privacidad – Les propuso Sotiris ofreciéndoles una recamara más adecuada para su conversación, tenían mucho de qué hablar – Y tú, mago! – Llamo a Callum – Puedes hacer que esta herida deje de sangrar?

Callum y Sotiris decidieron quedarse en la cámara principal. El mago hacía lo posible por ayudar al hechicero, pero estaba un poco escéptico todavía ¿Por qué hizo eso? Al menos le ahorro el favor a Claudia, pero no tiene ningún sentido lo que ha hecho. Ha estado dándole vueltas a la situación pensando quizás que no se trata de alguien malo, pero es tan difícil no tacharlo de esa forma después de lo que ha conocido sobre la magia oscura. Desde su lugar escuchaban los gritos de los elfos discutir, tenían un poco de temor los dos de que fueran a pelearse; el pelicastaño que de pronto lo que ha sucedido con Runaan pueda fracturar toda relación entre ellos y el otro de que fueran a destruir sus cosas.

Después de un buen rato al parecer se habían calmado, ya no gritaban ni se insultaban sino que parecían llevar las cosas con más calma. Escucho llamar a su madre hablar sobre traición al juntarse su hija con los humanos, pero Rayla le explicaba la situación como estaba actualmente y esto parecía menguar su ira. Callum por su parte quería esclarecer las intenciones de Sotiris, necesitaba saber porque hizo lo que hizo.

-Por qué los liberaste?

-Estaban encerrados, nadie merece estar en prisión… bueno, los tipos malos tal vez - ¿Se burlaba de él? – Por qué no los liberaste tú si sabias que eran los padres de la elfa?

-Es magia oscura, yo…

-No la usas porque es "mala" – Hizo comillas con sus dedos ante la última palabra – Por qué usamos las fuentes de otras criaturas para hacerla? Que poca visión tienes, amigo…

-No trataba de insultarte – Explicaba avergonzado de que él se sintiera así – Es solo que no veo la razón de lo que hiciste.

-Así hubieran sido humanos lo habría hecho – Comentaba – Solo necesitaba esas prisiones, me servirán para más adelante… - Callum ni pregunto para que las usaría, debía ser para atrapar a sus enemigos o quién sabe – Además, me gusta ayudar.

¿En serio no se estaba burlando? ¡Ningún hechicero actúa de esa manera!

-Lo lamento, Sotiris… pero me cuesta trabajo creerte – Le hablo con sinceridad.

-Lo sé, no te preocupes… supongo que la magia oscura te ha hecho daño en algún momento y tienes esa impresión – Era cierto lo que decía, sus experiencias no han sido gratas con aquello – Hace años conocí a una mujer en Del Bar, era muy hermosa - ¿Acaso él se está abriendo? – Venía de tu reino, Katolis – Reía de forma melancólica al recordarla – Pertenecía a una familia acomodada y yo bueno… parezco un vagabundo.

-Supongo que en eso concordamos – Le acompañaba en la risa – Parece que los que practican magia suelen ser muy descuidados con su imagen.

-Algo así. Al final logré conquistarla, no fue fácil… Pero te digo que fueron los mejores días de mi vida – Era interesante este sujeto a los ojos de Callum, no parecía ser un hechicero despiadado como Viren, de hecho era más cercano a Claudia en sus años de adolescencia – Jamás le mostré que era un hechicero, hablaba de forma muy horrible sobre los que practican magia oscura. Creo que su esposo era uno y un día, unos sujetos trataron de asaltarnos y bueno… me defendí y la protegí…

Detuvo su relato en ese momento mirando a la nada.

-Y qué paso? – El mago parecía estar algo curioso sobre su historia.

-Se dio cuenta que usaba magia oscura… - Su voz comenzó a sonar un poco más decaída – Se empezó a alejar cada vez más de mí, hasta un punto en el que ya parecía que no le interesaba. Le explique de miles de formas que no usaba la magia oscura para mi beneficio, la usaba para ayudar a los otros – Callum agacho un poco la cabeza ante sus palabras, ese hombre le hablaba con mucha sinceridad – Jamás me creyó y lo mejor era irme de Del Bar… me instale en este pueblo pordiosero en ese entonces y le ayude a crecer desde las sombras… - Sotiris estaba siendo muy sincero en ese momento, era increíble, al parecer ha estado juzgándolo mal todo este tiempo – No volví a saber de ella, me hubiera gustado haber conocido a sus hijos, hablaba mucho de ellos… supongo que me recuerdas a ella, quizás sea por tu renuencia a aceptar que también hay algo bueno en lo que dicen que es "malo"

El mago comprendía, él tampoco es que haya usado su magia para ayudar mucho a la gente, de hecho, puede contar con los dedos de su mano las veces que ha hecho el bien a los demás por encima de él. Tenía mucho que aprender aún y esperaba entender después de esa charla la naturaleza de los hechiceros; como hay magos buenos como su persona también hay malos como el supuesto Aaravos… como hay hechiceros malos como Viren también hay buenos como Sotiris…

Pasaban las horas sin saber de los elfos, estaban muy calmados al parecer. Callum para matar el tiempo empezó a dibujar en el libro de Rayla la imagen que tenía en su cabeza de cuando se estaban abrazando. Supuso que le gustara una vez lo vea. Sus padres no parecían estar muy contentos con ella cuando la vieron rodeada de humanos, esperaba que pudiera explicarles que no era una amenaza ni para ellos ni para su hija. Se empezó a poner nervioso del mero hecho que ella les contara sobre su relación ¿Lo aceptarían? Bueno, al menos tenía la esperanza de que el elfo más alto no fuera a cortarle la cabeza por salir con la albina, parecían ser el tipo de padres que él tuvo en su tiempo. Claro, ella también ha estado separada de ellos por mucho tiempo debido a sus tareas, pero suponía que la protegían y la amaban con todo el corazón.

-Tienes talento, amigo – Dijo Sotiris al ver el dibujo – Puedes hacer uno para mí? – Le pedía.

-Un dibujo?

-Sí, haz uno genial! Montando un dragón que escupe fuego y yo lanzando hechizos desde el lomo!

Ese tipo realmente era una caja de sorpresas, no esperaba que tuviera una mente tan fantasiosa realmente a pesar de vivir en un mundo rodeado de pura magia. No le tomo mucho tiempo dibujarlo como él pedía, de hecho hasta fue divertida la actividad. Una vez lo termino, Sotiris no paraba de alabar que había quedado justo como él lo imaginaba y mientras este lo felicitaba fue que sin notarlo a sus espaldas yacía alguien muy especial para el mago. Se giró para ver a Rayla con una enorme sonrisa en su rostro, cosa que lo calmo, al menos las cosas parecían ir en buena dirección:

-Listo para conocer bien a mis padres? – Canturreaba feliz la albina.

-Me van a cortar la cabeza? – Bromeaba el pelicastaño mientras con las puntas de sus dedos tocaba su garganta.

-Mi mamá si estaba pensándolo… tuve que aclararle muchas cosas…

-Le dijiste que somos…

-Vamos! No los hagas esperar!

Lo fue arrastrando hasta donde estaban sus progenitores, estaba aterrado, no sabía cómo hablar con esos elfos sin insultarlos o hacerlos sentir incomodo, pero confiaba en que Rayla hubiera calmado las cosas para que todo saliera bien. Una vez llegó; encontró a la madre de la elfa sentada en una silla mirando a su dirección mientras su padre no paraba de ver con malos ojos a Runaan ¿Les diría todo? Parece que sí, pues se notaba una cierta tensión entre todos, más con el maestro de la albina.

¿Cómo debía saludarlos? La primera vez no fue muy educada que digamos, de hecho tenía la lengua muy pesada, le estaba impidiendo hablarles y esto se estaba poniendo cada vez más incómodo. Tiadrin se levantó entonces y lentamente se fue acercando a los jóvenes, Callum temblaba, esa mujer no parecía venir con intenciones muy buenas. Se paró a escasos centímetros de él y empezó a echarle una mirada para inspeccionarlo de pies a cabezas. A su primera vista parecía un humano como cualquier otro, pero ahora que lo veía mejor no era tampoco tan mal parecido, de hecho, soltaba cierto encanto y bondad en sus ojos esmeraldas.

Le estiro la mano en señal de saludo y este le correspondió, pero no espero a que la elfa lo halara hacía ella para abrazarlo con fuerza:

-Gracias! – Le dijo – Muchas gracias – Repetía – Haz hecho mucho por mi hija y por nosotros… No tenemos forma para pagarte todo lo que has hecho por ella.

-Eh! – Se tensó ante el contacto con la madre de Rayla, este se giró para ver a su elfa y ella solo sonreía – No ha sido nada, en serio… ella – Se refería a su albina – Es muy especial para mí…

-Lo sé – Se separó de él un poco y la miraba con un rostro un poco decaído – Estamos apenas aceptando la idea de que tú y mi hija tienen algo así como una relación – Suspiro, pero de pronto le mostraba una pequeña sonrisa – Pero veo que no tienes malicia en tu corazón – Volvió a exhalar de forma algo fuerte esta vez – Aun así nos parece muy raro… Qué opinas tú, Lain?

-Yo? – Llevo su mirada apenas fue llamado por su esposa – Bueno, solo no la trates mal, sí? – Le pedía amablemente – Es lo más valioso que tenemos, Callum.

-Entiendo, no se preocupen – Reverencio, al parecer las cosas iban bien, el ambiente estaba cambiando a uno mejor – Creo que deberíamos regresar a Katolis, nos esperan con Runaan…

El susodicho elfo no les miraba, estaba en una esquina desde las sombras escuchando todo lo que decían sobre él con la cabeza agachada.

-Este traidor? – Lain hablo molesto de él – Es increíble lo que ha hecho… Rayla tiene razón, el hechicero debió dejarlo encerrado mejor.

-Cariño, ya lo hablamos – Hablo su esposa – Volveremos con él a Katolis para que responda por sus actos.

-No puedo creer que mataste al rey, era mi padre y casi matas a mi hija, imbécil! – Le gritaba enojado, bueno, el ambiente hostil estaba regresando – Como demonios no pensamos en que estabas tan mal de la cabeza!

-Ha estado influenciado por un tal Viren – Rayla le interrumpió – En parte no fue su culpa, solo quería volver a ver a Ethari.

Mascullo molesto su padre y el ambiente volvía a ponerse pesado. Runaan no inmutaba palabra alguna, no quería defenderse pues sus acciones han atentado a esa familia tanto que no lo habían querido creer en el principio. Tanto Tiadrin como Lian ya no lo veían con buenos ojos, era como si lo estuvieran tratando como una criatura desagradable que les robaba oxígeno en aquella recamara.

-Bueno, estaría mal si los llamo suegros? - ¿En serio Callum les pregunto eso? Quizás lo hacía para bajar los humos y que se sintieran incomodos. Pero la incómoda era ella, puesto que de la vergüenza no pudo evitar darse un fuerte golpe en la frente con la palma de su mano – Digo, para llevarnos con más confianza…

Los esposos se vieron los rostros un poco estupefactos al escuchar aquello, aquel muchacho tenía un par de lo que cuelgan los hombres muy grandes para pedirles eso.

-Y si nos dejas asimilar todo esto primero? – Le pidió en forma de favor Tiadrin – Y luego veremos cómo nos llamas – Le guiño un ojo de forma juguetona – Creo que deberíamos irnos ya.

Todos empezaron a salir de la recamara de a uno, no sin antes darle un merecido reconocimiento a Sotiris por lo que hizo. Callum sentía que debía llevarse esas prisiones con él, pero supuso que era un trato justo por liberar a los padres de Rayla. Iba a confiar de que no usaría aquello con malas intenciones, si era así tendría que regresar para darle cara si se daba cuenta de que usa su magia al final con un propósito peor.

-Yo, lamento haberte herido, Sotiris – Se disculpaba Rayla una vez que solo estaban el mago y el hechicero en la cámara – Muchas gracias por lo que hiciste…

-No hay de qué, orejona – Se burlaba de sus rasgos de manera amable – Si te empiezan a exasperar me envías una carta y corro para encerrarlos de nuevo – La elfa le golpeo el hombro herido de forma juguetona y antes de que pudiera salir junto al mago fue que este hablo – Oye, Callum… puedo hablarte un momento antes de que te vayas?

El mago asintió con la cabeza y la elfa supuso que debía tratarse de algo sobre magia, no quería entrometerse con ellos, tenía ahora a tres elfos muy disgustados que tenía que atender de inmediato y mejor los dejo solos. Una vez que se percataron que ya no estuviera cerca fue que Sotiris cambio su semblante tranquilo a uno muy preocupado y serio:

-Callum, hace días sentí un flujo de magia oscura anormal lejos de aquí – Contaba seriamente – Alguien trata desesperadamente de hacer algo pero no sé qué pueda ser… - El pelicastaño relaciono aquello con que quizás se debía tratar de Viren… quizás, usando su cubo de runas para malas cosas – Deberías estar preparado por si algo muy malo puede pasar…

-Qué me aconsejas? – Preguntó.

-No tienes más amigos magos de fuentes primarias? – El joven príncipe asintió – Avísales que protejan sus hogares por si todo se va al demonio… al parecer la paz no va a perdurar mucho, mi amigo.

-Y qué harás tú?

-Me voy a reunir con los míos o bueno, con los que quedan - ¿Hay más hechiceros? Parecía que sí, ojalá y todos fueran como él – Si hay alguien tratando de destruir el equilibrio de las cosas entonces lo mejor será reunirnos todos y tomar medidas extremas… esta amenaza puede ser peligrosa para todos.

-Entiendo… gracias por el consejo, Sotiris…

Tras una rápida despedida de manos, Callum salió de la cueva un poco pensativo todavía sobre las palabras de aquel hechicero. No le parecía muy común que alguien como él estuviera tan preocupado sobre anomalías de su propio arte, pero si hasta Sotiris sentía que algo estaba amenazando su hogar no podría dejar pasar por alto aquello. Muy en su mente, cree en la posibilidad de que Viren este tras todo esto, y peor aún, piensa que lo más probable es que el mito sobre el tal Aaravos que le conto Rayla días atrás pudiera no ser tan alejado de la realidad y eso si podría ser un verdadero problema no solamente para él o para los que practican magia tanto de fuentes primarias como oscura… sino para todo el mundo.