Personajes de Naoko Takeuchi.

*Este capítulo incluye LEMONS.


Tenía que ver a Serena para aclararle que yo no había sido quien había ido a la policía. Tenía que hacerle saber que yo no quería lastimarla y mucho menos arruinarle la vida. Quería ofrecerle mi ayuda para que la policía no atrapara a Darien, pues lo que menos quería en la vida era ver a Serena sufriendo. Me dirigí al restaurante Kenji temprano. Sabía que todavía no estaría abierto, pero podía encontrarla ahí. Tenía que hablar con ella tarde o temprano y tenía que hacerla entender.

Cuando llegué al restaurante, encontré a Lita y Serena platicando y revisando algunos papeles en el jardín. Ninguna de las dos se percató de mi presencia hasta que estuve frente a ellas. Las dos me miraron extrañadas y luego Lita miró a Serena, quien no me quitaba la vista de encima.

-Yo… creo que tengo que irme.-dijo Lita poniéndose de pie.

-No, no tienes por qué irte.-dijo Serena.- Estoy segura que lo que Seiya tiene que decir lo puedes escuchar.

-Serena… necesito que me escuches.

-Bueno, de cualquier forma tengo otros asuntos pendientes.-dijo Lita.- Y no te preocupes, Serena, tengo todo bajo control. Y Seiya… si necesitas algo… puedes buscarme.

-Gracias.-respondí.

Cuando por fin nos quedamos solos, pude notar el enojo de Serena en su mirada. Ella se puso de pie y me dio la espalda.

-Creo que ayer fui muy clara contigo, Seiya, por favor, vete de aquí.

-Serena, escúchame. Yo no fui. Te juro que yo no fui a la policía.-dije acercándome a ella.

-No te creo. Tú eres el único que quisiera ver a Darien encerrado, ¡fuiste tú!

La tomé de los hombros y la obligué a girarse para poderla mirar a los ojos. En sus ojos había rencor, pero también tristeza y eso me partió el corazón.

-No, no es así. Tú me conoces, ¿no?-respondí.- Sabes que nunca haría algo así para perjudicarte.

-¿Recuerdas cuando hablamos por teléfono aquella vez antes de irme de aquí? ¿Lo recuerdas? Me dijiste: "Qué bueno que encontraron a tu padre". Nunca voy a olvidar esas palabras.

-Sé muy bien lo que dije.-respondí sin soltarla.- Y no sabes cuánto me arrepiento de ello, yo nunca quise decirte eso, estaba muy enojado… y no entendía por qué te habías ido. Te pedí perdón por haber sido un idiota.

-Tú le dijiste a la policía todo.-dijo mirándome.- Ellos encontraron a mi padre gracias a ti, y lo mataron.

-No fue así.-dije soltándola.- Ellos me golpearon, me torturaron durante horas. ¿No te importa eso? Mientras yo estaba aquí, siendo golpeado en algún sótano, tú estabas nadando con Darien Chiba.

Serena me dio una cachetada y cerré los ojos.

-Serena.-logré decir.- Te juro que yo no fui con la policía. Tienes que creerme. A pesar de todo yo… te sigo queriendo. Muchísimo. Te quiero con todo mi corazón, y lo último que quiero es verte así. Incluso yo… puedo ayudarte. Puedo ayudarle a Darien si es necesario, estoy dispuesto a eso.

-¿Entonces quién fue?-preguntó limpiándose algunas lágrimas de los ojos.

Agaché la mirada y guardé silencio por unos instantes.

-¿Ves cómo sí fuiste tú?

-No.-respondí.- No fui yo. Fue… fue Rei…

-¿Piensas que voy a creer eso?-dijo cruzándose de brazos.

De nuevo me acerqué a ella y la abracé sin siquiera pensarlo. La estreché fuertemente entre mis brazos y le besé la frente.

-Tienes que creerme. Yo te quiero.

Serena me empujó y me miró confundida.

-Por favor, vete de aquí y ya no me busques.

Ella me dio la espalda y se metió al restaurante. Me quedé ahí un rato más hasta que tomé las fuerzas necesarias para irme. No soportaba la idea de saber que Serena me odiaba y que no quería saber nada de mí.


¿Por qué Seiya tenía que buscarla? ¿Por qué tenía que abrazarla justo frente a mí? Lo había visto besarla en la frente, como nunca me había besado a mí. Odiaba la idea de verlo junto a Serena de nuevo, no podía soportar esa imagen en mi cabeza. Cada día que pasaba me sentía peor, y no podía aceptar que Seiya ya no quisiera estar conmigo. ¿Acaso nunca me había querido? ¿Lo nuestro había sido una vil mentira? ¿Por qué ella tenía que quedárselo todo?

Tenía que terminar con este sentimiento que me invadía, y pronto. Ni siquiera me había atrevido a ir al trabajo porque no podía soportar que los demás me vieran en el estado en el que me encontraba. Cuando al fin Seiya y Serena se separaron, vi cómo ella entraba al restaurante y cómo Seiya se retiraba del lugar. Definitivamente iba a terminar con todo aquello. Me quedé esperando a que Serena saliera del restaurante y la seguí con cuidado.


Me sentía tranquila porque ya había dejado todas las instrucciones necesarias para el restaurante. Sabía que podía confiar en mi equipo y también sabía que podía confiar en Lita para proteger mis cosas. Todavía no tenía oportunidad de renunciar a la universidad, sabía que era demasiado trámite y sabía que tarde o temprano se darían cuenta de mi ausencia. Me decidí a escribirle una carta al coordinador de profesores, explicándole que tenía que ausentarme por motivos personales y que no estaba segura de que si regresaría.

Cuando llegué al departamento, Darien se encontraba terminando de preparar nuestras maletas. Me di cuenta de que eran maletas pequeñas, con pocas cosas, y al entrar a la habitación me sonrió. Me acerqué a él para darle un beso en los labios y luego me abrazó.

-¿Todo bien?-preguntó cuando nos separamos.

-Sí, todo bien. Ya está listo todo.-respondí recogiendo mi cabello en una coleta.- Si ya está todo listo… podemos irnos cuando quieras.

-¿Le avisaste a las chicas?

-Solamente Lita sabe todo. Ella se encargará de decirles cuando estemos lejos.

-Pero… ¿de verdad no quieres despedirte de ellas? La última vez…

-Lo sé.-lo interrumpí.- Pero… es muy difícil para mí despedirme. Además, les dejé una carta con Lita. Sé que ellas van a entender…

Darien caminó hasta mí y me tomó entre sus brazos.

-De verdad quiero que me disculpes por alejarte así de las personas que quieres. Me gustaría…

-Basta.-dije sonriendo.- Créeme que prefiero mil veces irme contigo que quedarme aquí viviendo una "vida normal" sin ti. Eso nunca.

-Bien.-dijo.- ¿Estás lista? Quiero pasar unos días contigo en la playa antes de desaparecer.

-Entonces vámonos ya.-sonreí.

Darien y yo tomamos nuestras cosas, cerramos bien el departamento después de asegurarnos que no quedaba nada conectado y bajamos por el elevador hasta el estacionamiento. Afortunadamente, teníamos un auto que nadie más conocía excepto nosotros. Nadie sospecharía que iríamos en ese auto, pero de igual forma tratamos de ser muy discretos para que nadie nos notara. Darien se incorporó a la calle y emprendimos nuestro camino.


No estaba muy segura de lo que estaba haciendo, pero ya era demasiado tarde para echarme hacia atrás. Antes de llegar al edificio donde vivía Serena, había alcanzado a ir al restaurante de Seiya. Él no se encontraba ahí, pero le había dejado un recado. Solamente quería despedirme de él, porque ya no había nada que pudiera salvar entre los dos. Lo había perdido y me había costado demasiado entenderlo.

Sin embargo, mi corazón no dejaba de doler. Mi alma seguía mortificándose y sintiéndose inferior. Tenía que dejar ir a Seiya, pero no podía olvidar. No podía olvidar todo lo que sentía por él, y los momentos que habíamos pasado juntos. Habíamos tenido una relación larga y hermosa, éramos felices juntos y ahora… todo se había ido al carajo. Ya había perdido a Hiromi una vez, él que había sido la persona más importante en mi vida, y ahora tenía que perder a Seiya, la persona que me había enseñado que podía seguir adelante con mi vida. La persona que me había enseñado que la soledad no era la única salida.

Pero esa soledad… esa soledad se apoderaba nuevamente de mí. Y yo no podía soportarla. No podía engañarme, sabía perfectamente que no podría olvidar a Seiya, sabía que ningún otro hombre podría ocupar ese lugar que solo había pertenecido a Hiromi y a él. Me limpié las lágrimas y seguí manejando discretamente tras Serena y Darien.


El viaje hacia la playa transcurrió tranquilamente. Darien había elegido la Playa Kurasaki porque era una playa alejada a la que casi nunca iba nadie. Habíamos rentado una pequeña casita que se encontraba a unos cuantos pasos del mar. A decir verdad, me sentía bastante tranquila a diferencia de la última vez que habíamos decidido huir. Ya no me daba miedo. No sentía miedo porque estaba con Darien y lo amaba, y sabía que a su lado todo iba a estar bien. No importaba si tenía que aprender un idioma nuevo, no importaba si tenía que empezar mi vida desde cero otra vez, no importaba nada de eso porque estaba con él.

El interior de la casita era muy bonito. Todo era muy sencillo, pero parecía una casa de verdad. Moría por ponerme el traje de baño y sentir el agua del mar. Darien me había enseñado a amar el agua tanto como lo amaba a él. Él mismo me había enseñado a nadar, y me había mostrado lo bueno que era nadar todos los días. Pero el agua siempre se sentía diferente en el mar. La sensación de estar ahí dentro era muchísimo más relajante, como si en cualquier momento pudieras desaparecer ahí dentro.

-¿Te parece si nadamos un rato antes de cenar?-dijo Darien una vez que nos instalamos.- Nos van a traer la comida más tarde.

-Veo que pensaste en todo.-respondí sonriendo.- ¡Vamos a nadar!

Después de cambiarnos, salimos al exterior tomados de la mano y comenzamos a caminar por los alrededores. El mar estaba bastante calmado y la arena bajo nuestros pies se sentía muy bien. El sol comenzaba a meterse, por lo que pudimos observar una hermosa puesta de sol frente a nuestros ojos. Casi no había nadie, logramos visualizar una familia a lo lejos, pero ellos parecían estar ensimismados en su viaje. Fuera de eso, teníamos todo el lugar para nosotros solos.

Poco a poco nos fuimos adentrando al mar. El agua estaba ligeramente helada, pero podía aguantarse bastante bien. El agua fue subiendo por nuestros cuerpos hasta que nos cubría todo excepto la cabeza. Darien me aventó agua al rostro y me entró una buena cantidad a la boca, pude sentir la sal inundando mi interior y tosí un poco. Traté de vengarme persiguiendo a Darien y estuvimos nadando y jugando durante un buen rato. Hacía tanto tiempo que no reíamos de esa manera que incluso ya me dolían los músculos del abdomen de tanto reír.

Sin darnos cuenta, el sol ya se había ocultado por completo y la luna brillaba frente a nosotros. Esa noche había luna llena, por lo cual el mar se iluminaba casi a la perfección frente a nuestros ojos. Darien se me acercó y me abrazó por la cintura mientras aun seguíamos dentro del agua. Me dio algunos besos en el cuello y sonreí en silencio.

-Me gustaría detener en el tiempo justo ahora.-dije en voz baja.

Había demasiado silencio. Solamente se escuchaba el sonido del agua moviéndose y las cigarras en algún lugar.

-A mí también.-respondió Darien cerca de mi oído.

Me obligó a girarme y mirarlo a los ojos. Me tenía fuertemente agarrada de la cintura y me apretaba contra sí. Yo enredé mis brazos alrededor de su cuello y lo miré.

-Gracias.-dijo Darien con seriedad.

-¿Por qué?

-Por haberte enamorado de mí.

-Pero… eso no lo tienes por qué agradecer.-sonreí.- Además, no fue algo que planee, simplemente pasó.

-Lo sé.-sonrió.- Pero… aun así, quiero agradecerte por hacerme feliz. Ojalá pudiera mostrarme lo que pienso realmente, para que pudieras sentir lo que verdaderamente siento. Las palabras no son suficientes para mí…

-Darien…

-Durante toda mi vida creí que yo no merecía que nadie me amara. Solía creer que mi vida era solo vivir en las sombras, ya sabes… pero… ahora no me importa nada de eso. Sé que siempre voy a tener que vivir en las sombras, pero ahora hay algo que ilumina mi oscuridad, y eso eres tú. Ya no me importa si tengo que vivir escondido siempre, porque ahora estás conmigo.

Sentí que las lágrimas rodaban por mis mejillas y se mezclaban con el agua del mar.

-¿Por qué siempre encuentras las palabras exactas para decirme?-logré decir.- Siempre me dejas sin habla…

-Porque es lo que siento.

-Quiero que sepas que no estoy arrepentida de nada. Quiero que sepas que contigo he sido la mujer más feliz, y que contigo he aprendido lo que es amar, no solo a otra persona, sino también a mí misma. Y como dices… no importa que tengamos que vivir en la oscuridad, porque nos tenemos el uno al otro, y eso hace que toda oscuridad desaparezca.

-Te amo.-dijo acercando sus labios a los míos.

-Y yo a ti, con toda mi alma.

Darien me besó suavemente en los labios. Cuando separó su rostro del mío, noté que tenía algunas lágrimas en los ojos.

-¿Podemos ir a cenar ahora?-dije rompiendo el silencio.

-Serena Tsukino.-dijo Darien riendo.- Nunca vas a cambiar.

Darien y yo salimos del mar y caminamos completamente empapados hasta la casita. Cuando llegamos, el hombre que tenía nuestra comida lista ya nos estaba esperando. Darien lo saludó y mientras tanto yo entré a la casa. Nos dimos un baño caliente, nos pusimos el pijama y cenamos tranquilamente. La comida estaba deliciosa. Era ramen casero, mi favorito, takoyakis, yakiniku y edamames. Yo tenía demasiada hambre, así que devoré toda la comida sin contemplaciones. Al terminar de cenar, apagamos las luces y nos acostamos en la cama. Darien me abrazó, como todas las noches, y yo caí dormida de inmediato.


Eran casi las 11 de la noche cuando miré el reloj. Tenía demasiada hambre, pero no había nada cerca que pudiera comprar. Estaba en medio de la nada, dentro de mi auto y muriendo también de frío. Tenía un poco de sueño, pero tenía que vigilar a Serena. Me di cuenta que las luces de la casa se habían apagado, pero sabía que todavía no era el momento. Mi auto se encontraba bien oculto. Desde donde me encontraba, podía ver perfectamente la casa, y no era tan fácil que alguien me viera a mí. Al poco rato, sentí que mis ojos comenzaban a cerrarse involuntariamente.


Cuando bajé al restaurante esa mañana, Yoshi me saludó a lo lejos y me pidió que me acercara. Saludé a los demás y me acerqué a Yoshi. Él se encontraba picando algunas verduras, por lo que dejó de hacer su trabajo y se lavó las manos. Al terminar, sacó un papel doblado por la mitad de su mandil y me lo entregó.

-No le di este recado ayer porque ya no me tocó verlo llegar, es de la señorita Rei.

-¿De Rei?-dije tomando el papel.- ¿Te dijo algo más?

-No, solo me pidió que le entregara esto, aunque…

-¿Aunque qué?

-Se veía algo… extraña.

-¿A qué te refieres?

-No lo sé… o sea… se veía algo alterada…

-Bien… gracias…-dije.- Estaré en mi oficina, no me molesten.

Me encerré en la oficina y abrí la nota. No me gustaba para nada lo que Yoshi acababa de decirme sobre Rei, me sentía algo consternado y un tanto preocupado. Desdoblé el papel y comencé a leer.

Seiya, amor…

Primero que nada, quiero pedirte perdón por todo. Perdóname por no haber sido suficiente para ti, por no haber sido la mujer que tú querías y que necesitabas. Quiero que sepas que te amo, tanto como alguna vez amé a Hiromi. Tú y él siempre van a ser los grandes amores de mi vida, y es por eso que ya no puedo seguir con esto.

No creo que pueda volver a enamorarme, no creo que pueda volver a tener una vida normal. Tampoco quiero hacerlo. No quiero conocer a nadie, porque para mí no existe nadie más que tú. Gracias por haberme dado estos años a tu lado, fui muy feliz, y me hiciste creer en el amor otra vez… Aunque quizá fue mentira de tu parte, quiero que sepas que de mi lado todo fue real.

Ya no puedo más. Me voy a terminar con esto, porque ya no puedo seguir viviendo en el mismo mundo donde exista Serena Tsukino y donde te pueda apartar de mí…

Te amo…

Cuando terminé de leer la nota sentí un nudo en la garganta y un fuerte dolor en el estómago. "Ya no puedo seguir viviendo en el mismo mundo donde exista Serena Tsukino", decía la carta. ¿Eso qué significaba? Releí la carta muchas veces y por más que lo pensaba no lograba descifrar su mensaje. Me puse de pie y comencé a dar vueltas por la oficina. Entre más pensaba en sus palabras, más preocupado me sentía y de pronto todo encajó… Salí de la oficina y me dirigí a mi auto sin decir nada.

Manejé a toda velocidad hasta casa de Rei, pero cuando llegué nadie me abría. Tuve que forzar la puerta para poder entrar y como lo sospechaba, ella no se encontraba ahí, y tampoco su auto. Regresé al exterior y manejé a toda velocidad hasta donde vivía Serena. Le marqué muchas veces, pero no respondía su teléfono. Comencé a desesperarme. Como lo sospechaba, Serena y Darien tampoco estaban en su departamento. No sabía qué hacer, no tenía idea de dónde podían estar ninguno de los tres. Tenía que encontrar a Rei antes de que cometiera alguna estupidez.

Le marqué a Lita por teléfono mientras iba manejando y afortunadamente ella sí me contestó.

-¿Seiya?-respondió confundida.- ¿Qué sucede?

-Lita.-dije.- No hay mucho tiempo para explicar, pero necesito que me digas dónde está Serena.

-No lo sé, ¿sucede algo?

-Por favor, te lo ruego que me digas.

-Te juro que no lo sé, Seiya, pero dime qué pasa y te puedo ayudar.

-Mira… Rei me dejó una carta muy extraña en donde básicamente dice que tiene intenciones de hacerle daño a Serena, y no encuentro a ninguna de las dos en ningún lado. Necesito saber dónde está ella para encontrar a Rei. Por favor, te lo ruego.

-Seiya… no… no sé dónde están. Lo único que sé es que Serena y Darien se iban a ir de aquí, para siempre. Si Rei los siguió… ¿iba en su auto?

-Sí.

-Necesito que me pases todos los datos que sepas de su auto, voy a tratar de localizarlo. Hazlo lo más pronto posible.

Me detuve en la primera calle que vi y me puse a tratar de recordar los datos del auto de Rei. Le envié a Lita un mensaje con todo lo que recordaba y me quedé esperando a que me regresara la llamada. Me sentía completamente desesperado. No podía permitir que Rei le hiciera daño a Serena, y tampoco podía permitir que se arruinara así la vida. Sin darme cuenta comencé a llorar al recordar la carta. No podía creer que se sintiera de tal forma, y no podía creer que yo había sido el causante de sus sentimientos. No soportaba la idea de saber que sufría de esa manera.

Sentí mi teléfono vibrar al cabo de unos veinte minutos y respondí inmediatamente.

-Registraron las placas del auto de Rei el día de ayer en la caseta de la carretera hacia la Prefectura de Kurasaki.

-¿Kurasaki? ¿Desde ayer?

-Sí…-dijo Lita.- Y sabes algo, yo conozco un poco esa zona, no hay muchos lugares hacia donde ir.

-Tengo que ir hacia allá en este momento.-dije encendiendo el auto.

-Pero, Seiya… ni siquiera sabes a dónde ir.

-Dime los lugares a los que se puede llegar, yo la encontraré.

Después de escuchar algunas instrucciones de Lita, emprendí mi camino hacia Kurasaki. Tenía que encontrar a Rei, tenía que evitar que hiciera una estupidez. Le rogué al cielo porque pudiera llegar a tiempo.


Cuando abrí los ojos, me di cuenta de que Darien no se encontraba en la cama. Me estiré un poco antes de levantarme y escuché la voz de Darien afuera. Eran casi las diez de la mañana, ni siquiera me había dado cuenta de lo mucho que había dormido. Al poco rato, Darien entró de nuevo a la casa y noté que traía la comida del desayuno.

-Buenos días, dormilona.-dijo Darien cuando me vio.- Me imagino que debes estar muriendo de hambre.

-Te imaginas bien.-sonreí.

Me acerqué a él y le di un beso de buenos días. Desayunamos juntos mientras veíamos la televisión, y una vez que terminamos nos cambiamos de ropa y salimos a dar un paseo. El clima estaba espectacular y recorrimos la zona a pie durante un buen rato. Tomamos algunas fotografías y hasta nadamos un rato. Al salir del agua, decidimos recostarnos un rato sobre la arena. Darien extendió las toallas y ambos nos recostamos. Yo coloqué mi cabeza en su pecho y él pasó uno de sus brazos por mi cintura.

-¿Cuántos hijos te gustaría que tuviéramos?-dijo Darien rompiendo el silencio.

Me sonrojé al escuchar su pregunta y me quedé pensando en silencio. Escuché la risa de Darien y lo miré.

-¿De qué te ríes?-pregunté.

-¿Te pusiste nerviosa o ya no quieres tener hijos?

-¡Tonto!-sonreí.- Solamente me quedé pensando… en cuántos hijos quisiera tener. Nunca antes me había planteado esa idea.

-¿Ah, no?

-No.-le di un beso en la boca.- Pero… ¿qué tal cinco?-dije bromeando.

-¿Cinco? Me parecen muy pocos, mejor siete.

-¡Estás loco!

Darien sonrió y me apretó contra sí.

-Bueno, yo solo digo que los que sean serán perfectos.

-Darien… ¿cómo le haremos para escapar? Es decir, la última vez fuimos a Corea, que está cerca, pero… yo quiero ir muy lejos. Del otro lado del mundo.

-No olvides que yo puedo hacer cualquier cosa, tú no te preocupes.

-Sabes… a pesar de todo no me molesta empezar de nuevo.-dije mirando el cielo.- No me importaría escapar contigo mil veces más.

-Lo sé.-respondió.- Pero tratemos de que esta sea la última vez, te lo prometo.

-Fue muy buena idea venir a la playa antes de irnos, necesitaba relajarme.

-Dime algo.-dijo Darien acariciando mi cabello.- ¿Qué es lo que más te gusta de mí?

La pregunta de Darien me tomó por sorpresa, ya que nunca solía hacer esa clase de preguntas.

-Bueno… en realidad me gustan muchas cosas de ti.-dije acariciando su pecho.- Me gusta que seas tan comprensivo, que seas leal, que sepas escuchar, que entiendas todo tan a la perfección, que nunca te enojas, que eres muy maduro, inteligente. Me gusta cómo me haces el amor… sabes perfectamente cómo y dónde tocarme… me gusta cómo me besas, y cómo me abrazas por las noches. Me gusta que eres increíblemente guapo.-sonreí.- Me gusta que siempre haces que me sienta mejor, haces lo posible porque me supere a mí misma, en fin… tienes muchas cosas que me gustan.

Me acomodé para poder mirar a Darien y luego besarlo. Le acaricié el rostro sin dejar de mirarlo y el me abrazó por la cintura.

-Entonces sí te gustan muchas cosas de mí.-sonrió.

-¡Obviamente!-reí.- ¿Creías que estaba contigo por aburrimiento?

-No.-me besó.- Solo quería escucharlo de tu propia boca.

-Ya vamos a…

-Comer.-dijo Darien terminando mi oración.

Ambos nos reímos y nos pusimos de pie. Recogimos las toallas y nos dirigimos a la casa. La comida ya nos estaba esperando cuando llegamos, así que después de darnos un baño para eliminar toda la arena nos dispusimos a comer. Al terminar, vimos un par de películas en la televisión y al anochecer, Darien comenzó a besarme el cuello. Sentí cómo mi piel se erizaba y me sonrojé.

-Esta noche quiero tomarme mi tiempo para hacerte el amor.-me dijo Darien al oído.

Darien se incorporó y me quitó con cuidado la ropa que llevaba puesta. Primero me quitó el short de mezclilla y luego me desabotonó la blusa. Me quedé en ropa interior y él me miró de arriba abajo sin contemplaciones. Luego fue él quien se quitó la ropa. Se quedó completamente desnudo y pude ver perfectamente cómo su miembro se endurecía. Acarició mis piernas lentamente y luego tomó una de ellas para besarla. Fue besándola empezando por mis pies hasta llegar a mi muslo. Comenzaba a sentirme acalorada y sin darme cuenta comencé a jadear.

Darien colocó su cabeza entre mis piernas y comenzó a mover la lengua en mi entrepierna por encima de la tela de mis bragas. Solté un gemido y Darien apretó mis muslos mientras me seguía acariciando con la lengua. Un rato después, me arrancó las bragas y mi entrepierna quedó expuesta. Me encontraba completamente mojada y Darien nuevamente comenzó a mover su lengua de un lado a otro. Sin darme cuenta llevé mis manos hasta su cabeza y le jalé el cabello. Darien no dejaba de lamer y succionar, yo estaba a punto de explotar por dentro, pero en el último momento él se separó de mí y me miró. Yo me encontraba completamente sonrojada y jadeando. Se acercó a mí y me quitó el sostén de un solo tirón.

Me acarició los senos y luego los beso y los lamió de la misma manera. Se recostó junto a mí y comenzó a acariciarme la entrepierna con una de sus manos, para luego introducir sus dedos lentamente. Ahogó uno de mis gemidos con un beso y mientras nuestros labios se movían al mismo tiempo, él jugaba con sus dedos en mi entrepierna. De pronto sus movimientos se detuvieron y luego volvió a besarme. Se colocó nuevamente entre mis piernas y poco a poco introdujo su miembro dentro de mí.

Comenzó a moverse lentamente dentro de mí, mientras me acariciaba los senos, y yo solo dejé que me hiciera lo que quisiera. Después, Darien empezó a moverse más rápido. Pude sentir su miembro adentrarse en mí cada vez con más fuerza, y era casi imposible resistirme a jadear. De pronto se detuvo y me obligó a girarme. Me quedé de espaldas completamente acostada en la cama y sentí cómo se introducía en mí nuevamente. Esa posición siempre me hacía sentir demasiado que apenas podía controlarlo.

Cuando se separó para mí para tomar un respiro, aproveché para obligarlo a recostarse. Una vez que estuvo boca arriba, tomé su miembro con mis manos y comencé a lamerlo con cuidado. Escuché los jadeos de Darien y lo hice con más fuerza que anteriormente. Pude sentir su sabor en mi boca y cuando supe que Darien ya no podía más, me aparté de él y lo miré. Me acomodé encima de él y yo misma introduje su miembro nuevamente dentro de mí. Comencé a moverme de arriba abajo y sentí cómo Darien me tomaba fuertemente de las caderas. Podía sentir que en cualquier momento iba a terminar, pero quería aguantar un poco más.

Darien se incorporó y nuestros rostros quedaron el uno frente al otro. Mientras nos besamos, pude sentir los movimientos de Darien hacerse más rápidos. Ya no podía más. Miré a Darien y ambos supimos que era el momento. Terminamos al mismo tiempo y nos besamos mientras eso sucedía. Nos tumbamos sobre las sábanas abrazados y sonreímos mientras nos miramos. Darien acarició mi mejilla y luego mi cabello.

-Te amo.-dijo entre susurros y jadeos.- Te amo más que a mi propia vida.

-Y yo te amo a ti.-respondí.- Como no te imaginas.

Después de besarnos, caímos rendidos ante el sueño y nos quedamos dormidos desnudos y abrazados. Amaba a Darien y no quería perderlo nunca. Quería tenerlo a mi lado para siempre. Estaba lista para empezar una nueva vida con él.


Serena dormía plácidamente en la cama. Eran cerca de las dos de la mañana y yo me había despertado hace poco. Sentía un ligero dolor de cabeza. Fuera la oscuridad reinaba y nada más que la luz de la luna iluminaba un poco el mar. Tenía mucho sueño, pero también quería observar a Serena dormir un rato. Quería grabar esa imagen en mi cabeza para siempre. La amaba más que a mi propia vida, y no quería separarme de ella. Pero no podía dejar de sentir esa preocupación en el pecho. Saqué la libreta que llevaba conmigo, una pluma y me senté en la mesa a escribir. Me entretuve un buen rato escribiendo, y cuando terminé, cerré la libreta y regresé a la cama junto a Serena. La abracé con cuidado de no despertarla y caí dormido rápidamente.