"La visita a la casa de los Irie"

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No hay tal cosa como lidiar con el temor de que algo malo surja para arruinar todo el crecimiento, del cual ha trabajo arduamente para obtener. Llegar a la posición que tiene como el hijo de Shigeki Irie trabajando en su lugar, no ha sido tarea fácil. Al contrario, ha tenido que postergar sus metas, debido al terrible incidente de su padre; un incidente que no le refería culpa, sino más bien, agradecimiento de que a pesar de que tuvieron que operar a su padre y estuvo convaleciente durante unas pocas semanas en el hospital, le hizo darse cuenta de la inmensa cantidad de estrés que llevaba acumulada por querer abarcar todo él solo.

Incluso seres tan perfectamente diseñados como Naoki, no podían lidiar con todo por su cuenta.

De ahí que Naoki no toleraba el hecho de que lo indujeran a comprometerse con una mujer que ni quería, y más que ni le gustaba en lo más mínimo. Al contrario, Sahoko lo perturbaba y no en el buen sentido, pues el sinsabor y la mala racha de sensaciones que desencadenaba en él, eran agotadoras y atroces.

Sabía que todo esto se debía a la intromisión del Sr. Oizumi, quien es la cabeza de la familia Oizumi y quien dará por consiguiente, la inversión que Pandai necesita para salir del borde de la quiebra.

Si reflexionaba bien la situación, él estaba atado de manos si rechazaba el compromiso a ojos ajenos, en especial de su familia. Lo tenían entre la espada y la pared, entre hacer y no hacer; tal compleja situación no se zafaba con la facilidad que de otras situaciones pudiera zafarse.

Mas lo único que lo tranquilizaba de momento, era saber que Kotoko sabía el problema que él tenía que resolver. Que Kotoko supiera de antemano que su compromiso con Sahoko no era más que una farsa, lograba suscitar en su sistema que ese es el pequeño grano de luz que le hacía falta hasta el momento y agradecía con infinita dicha que dentro de tanta oscuridad, encontrara un pedacito casi insignificante de luz al final del túnel.

Fue bueno de su parte animarse a decir lo que pensaba y conferirle a Kotoko que no estaba enamorado de Sahoko y no pensaba casarse con ella.

Dentro de todo su silencio, hablar no había sido un error.


Después de alistarse para recibir a los Oizumi, bajó al primer piso, topándose con su madre que bufaba cada tanto, mientras terminaba de limpiar los últimos detalles de la sala y revisara que todo estuviera en su lugar.

El padre de Kotoko llegó al cabo de unos minutos antes de que su padre arribara a la casa. Yuuki se paseaba por la sala, husmeando lo que hacía su madre. Kotoko seguía sin bajar, a lo que él asumió que se debía a que ella se arreglaba o acaso, escuchaba música en el estéreo. Cualquiera de las dos posibilidades que se le vinieron a la mente, son posibilidades típicas de Kotoko. De eso no le cabía dudarlo, ni ponerlo en tela de juicio.

—Naoki-kun, hola— Shigeo lo saludó, pasando por la sala con una canasta de color café que despegaba un olor rico y exuberante. Posiblemente tenía comida dentro.

Naoki asintió y correspondió al saludo del padre de Kotoko de manera cortés.

—Y Kotoko-chan, por qué no baja?— Chilló su madre.

—Luego bajará— Repuso Yuuki, haciendo una mueca de consternación ante los chillidos de su madre. —No te preocupes, Oka-san—

—Pero no baja y ya va a ser hora de que llegue tu padre— Siguió su madre, llevándose una mano a su cabello y la otra despotricándola en lo que daba vueltas por los sofás de la sala sin rumbo fijo. —A ver, Yuuki, dile a Kotoko-chan que baje ahora!— Ordenó su madre en tono severo a su hermano.

Naoki rodó los ojos de que no le dijera a él que lo hiciera. En cambio, se lo pidió a su hermano.

Soltó un bufido y se las arregló para no ser tan notorio con su interna frustración de no emitir juicios hasta resolver la problemática.

Optó por sentarse en el sofá, con un aire resignado emanando de sus poros. Cruzó la pierna, entrelazando los dedos sobre su regazo. Su frustración no podía consumirlo tan rápido y de un tirón, pero no profería que la misma frustración lo jalaba del brazo y lo empujaba por la espalda, siendo una extraña alusión de lo que sucedía con él.

Yuuki subió por Kotoko y la cabeza a punto de estallar en cualquier momento.

Shigeo pareció notar esto en él, mas no dijo nada al respecto; quizás para no estresarlo más de lo que ya estaba. Naoki sólo dirigía la vista a un punto desvariado en la sala, bufando cada tanto.

Dentro de lo que cabía, las manecillas de su reloj de mano avanzaba sin detenerse a sus expectativas. A sus deseos egoístas, a sus anhelos idílicos y sus pensamientos.

Conllevó un pesar dentro de él, percibiendo un ruido venir de fuera y su madre emitir un grito de anticipación, que exaltó a Shigeo de su calma.

Los estampidos de las escaleras resonaron a lo lejos y dieron paso a que entrara Yuuki a su zona de visión; y detrás de él, Kotoko apareció.

—Ya llegó Oji-san, papá?— Le dijo a su padre con apuro.

Kotoko vestía de unos overoles cortos, una playera de color rosa claro de manga corta y el cabello recogido en una cola de lado que resaltaba su cabello negro lacio y largo, cayendo despampanantemente de su afinada y perfilada espalda.

Lucía hermosa.

—No, aún no, hija— Respondió su padre en tono casual.

Naoki se ladeó a verla de nuevo, embelesado de su viva presencia en la misma habitación que la suya. Abarcando parte de su espacio, de su tiempo y su disposición. Tan pronto como se apareció ella, fue lo único que sus ojos podían ver. Más bien, lo que sus ojos querían ver.

—Escuché un ruido de afuera— Apuntó ella. —Como un ruido de carro—

—Ruido de carro? Entonces, ha de ser Shigeki— Asumió su padre, poniéndose de pie.

—¡Kotoko-chan ven, apúrate!— Saltó su madre, viendo la ventana. —Ya llegó, ya llegó— Anunció.

—Llegó papá?!— Preguntó Yuuki con ilusión.

—Hay que ver— Indicó Kotoko, tomándolo del brazo y jalándolo hasta la puerta.

—¡Onee-chan, no me jales!— Se quejó Yuuki.

—No chilles— Replicó Kotoko, fingiendo indiferencia. —Vamos Naoki-kun, ya llegó Onii-chan— Le habló ella con emoción.

Por consideración a su familia y a Kotoko, se puso de pie y se unió con el resto en la entrada de su casa.

Ruidos de pasos fueron percibidos por dentro de la casa. La anticipación crecía con cada paso retumbar en la entrada.

La puerta se abrió y la imagen de su padre apareció frente a ellos. Su sonrisa radiante, sus lentes circulares, su panza rebajada y su buen humor acompañaron a Naoki, quien lo recibió con un leve asentimiento y una pequeña sonrisa de lado.

Kotoko, su madre y Yuuki gritaron dándole la bienvenida a su padre, seguido de Shigeo, que también se unió al ambiente de los gritos y los aplausos de felicidad que provenía de Kotoko y contagió las risas de todos en la familia.

En pocos segundos, la casa se tornó en un ambiente cálido y bonito.

—Gracias por la bienvenida— Sonrió su padre, abrazando a Yuuki y a su madre. —Lo aprecio muchísimo viniendo de ustedes—

—Nos da mucho gusto que te dieran de alta en el hospital— Dijo su madre entre lágrimas y risas. —Estaba tan preocupada por ti—

—Descuiden, me siento como nuevo— Aseguró, abrazando a Shigeo con efusividad. —Ai-chan, te ves igual de estupendo como siempre—

—Tu también— Añadió el padre de Kotoko. —Es bueno que ya estés en casa—

—Lo mismo digo— Dijo contento. —Lo mismo digo—

—¡Oji-san!— Kotoko se lanzó a abrazarlo.

—Kotoko-chan— Carcajeó su padre, alegre. —Tan energética como siempre—

—¡Sí!— Exclamó ella en gratitud. —Es un gusto volverlo a ver tan alegre y saludable como siempre, Oji-san. ¡Lo extrañé mucho!—

—Yo también los extrañé a todos— Dijo mientras soltaba a Kotoko del abrazo, mirando a todos. Les dirigió una sonrisa en gratitud. —Les pido una disculpa por hacerlos preocupar tanto por mi condición, pero me he estado cuidando y bajando de peso, lo que me ha dado más energía y juventud que antes— Estiró la panza, mas no se vio la gran panza que antes tenía. Se miraba bien. Saludable. Naoki sonrió orgulloso con el logro de su padre en tan poco tiempo. —Y esto que ocurrió me ha servido para darme cuenta de lo que pude haber prevenido, pero este despertar me ha dado tanta energía y positivismo que ya quiero volver a trabajar— Expresó entusiasmado.

Ver a su padre tan consciente de su peso y la importancia que acarreaba consigo el cuidarse a sí mismo, partiendo desde nivel salud, hasta nivel emocional, es imprescindible para él.

Naoki estaba orgulloso de su padre. Bastante orgulloso. Tanto que por un segundo se le olvidó que irían los Oizumi a visitarlos ese mismo día.

Y como por obra del destino (o de la desgracia) tocaron el timbre. Su familia y los Aihara se paralizaron en un instante. Se miraron con ojos desorbitados, en especial su madre. Kotoko es la que se miraba más tranquila del resto, sobre todo por su cara pausada, pero indiferente lo que los aguardaba afuera.

—Onii-chan— Su madre hizo señas con las manos, susurrando.—Onii-chan abre tu—

Naoki se arredró.

Por qué yo? Se dijo, rodando los ojos en blanco.

—Anda, ve tú— Lo apuntó su madre severamente. Cómo odiaba ser visto de esa manera por su madre. Lo miraba como si toda la responsabilidad cayera en sus hombros sin anticiparle el peso que tendría que llevar cargando a cuestas de su voluntad.

Soltó un bufido, indignado con lo inconsciente que es su madre para estos temas. O cualquier otro tipo de temas. Siempre sería lo mismo con su madre. Lo irracional que puede llegar a ser, es casi hilarante.

Volvió a sonar el timbre y su familia se tensó. Kotoko puso una mueca de incomodidad al ver a su familia ponerse en ese plan sin sentido. La expresión incómoda de Kotoko transmitía la incomodidad que él no podía expresar con su inexpresivo rostro.

Parecía que estaban en la misma página.

Eso fue suficiente para que Naoki se sintiera seguro de ir a abrirles la puerta a los Oizumi.

Tomó un ligero respiro para darse ánimos y se encaminó a la puerta. Colocó pausadamente la mano, apretó la manija y la giró. Salió caminando con la espalda recta, acompañado de movimientos tiesos por parte de sus extremidades.

La tensión que sentía era real. Demasiado para su gusto.

Al ver a los Oizumi en la entrada casi se acaba de arrepentir y regresarse a su casa. No negaría que se tentó de hacerlo. Mas contuvo sus deseos de regresarse y no recibir a la visita.

Pero no, ahí estaba él recibiendo a la visita con sonrisas fingidas y muestras de cortesía de su parte, con tal de no incomodara los Oizumi y así hacerlos pasar, antes de que colapsara en el proceso.

Sahoko venía con un vestido de color rosa pálido con encajes sueltos de flores transparentes. Su cabello rubio suelto, mostrando sus rizos y zapatos formales de tacón bajito.

Naoki dio un paso atrás, evadiendo verla tan formalmente vestida para ir a su casa.

Por otro lado, notó que Sahoko llevaba entre sus manos una canasta pequeña, parecida a una lonchera de viaje. Lo que sea que tuviera dentro la canasta, le ocasionó un mal presentimiento.

Nada bueno podía venir de una canasta pequeña y más si venía de Sahoko.

Vislumbró con el cuerpo tenso, cómo los Oizumi acaparaban la atención de su familia y en parte de los Aihara. Aunque se notara que los Aihara lo hacían solo por educación, no por interés en crear conversación entre ellos.

Naoki miraba el escenario con gran pesar; y se lamentaba que Kotoko tenía que verse forzada a lidiar con un problema que él mismo provocó por su ingenuidad como un adulto de apenas veinte años.

En eso cuando le preguntaron a Sahoko qué tenía en la canasta, ella respondió que eran bocadillos para festejar que dieron de alta a su padre. Claramente el Sr. Oizumi apoyaba la idea de su nieta, lo que no extrañó a Naoki en lo más mínimo.

Sahoko abrió la canasta y compartió sus bocadillos con su familia y con los Aihara, al igual que también comieron de los platillos que trajo el papá de Kotoko, que siempre sabían delicioso en cualquier momento.

—Esto está muy bueno— Elogió Shigeo al probar el primer bocadillo de salmón. Sus ojos se iluminaron. Sahoko se encogió de hombros, ruborizada con el elogio. —Cómo lo hiciste?—

—Usé técnicas de mi madre para preparar los bocadillos— Explicó Sahoko en forma tímida. —Son técnicas anticuadas de cocina—

—Sí he oído de esa manera de preparar los platillos japoneses— Añadió Shigeo. —Cambias un poco los ingredientes y algunas técnicas, no es así?—

Sahoko asintió.

—Utilizaste algo en lugar de aceite?— Interrogó Shigeo.

—Sí, use Sake dulce, en vez de aceite vegetal— Respondió Sahoko. —Me dijeron del problema del corazón del Sr. Irie, por eso sustituí algunos ingredientes en los platillos—

—Pues, la comida está preparada bastante buena— Complementó su padre, educadamente. —Esta genial, Sahoko-san, muchas gracias por traerlo a la casa—

Kotoko asentía sin ninguna razón aparente. Su indiferencia ante la tensa situación le causaba gracia, pero resistiría reírse frente a todos. Se limitaría a mirarla a la distancia (como lo había hecho hasta la fecha), pues ya estaba acostumbrado a hacerlo, porque las cosas no salían como él quería que salieran.

Tarugada tras tarugada surgían en su vida como un intruso entrometiéndose una y otra y otra vez en sus asuntos personales. No había fin.

De pronto, el Sr. Oizumi comenzó a mira a Kotoko. Algo que le disgustó en gran medida. El estómago se le apretujó y supo que todo lo relacionado con su malestar, era referido al Sr. Oizumi.

—Todo bien, Sr, Oizumi?— Preguntó su madre, un tanto incómoda con la actitud del Sr. Oizumi al ver a Kotoko.

El aludido asintió.

—Solo estaba viendo lo linda que es la señorita Aihara— Dijo el Sr. Oizumi desplegando una sonrisa.

Disculpa? Pensó Naoki, atragantándose con la comida.

No hable de Kotoko sin conocerla. Quiso advertirle, pero se contuvo.

Kotoko lo miró, pero después continuó comiendo como si nada la hubiera perturbado. Se acercó a servirse una ración de atún y del salmón que probó su padre.

—Mi hija?— Replicó Shigeo sonsacado. —Bueno, sí lo es—

—Kotoko-chan es bonita— Dijo su madre, mirando a Kotoko, orgullosa. —Pero no solo es bonita, es muy capaz de lograr todo lo que se propone—

—No lo pongo en duda— Dijo el Sr. Oizumi en concordancia.

—No es necesario hablar de mi de esa manera, Oba-sama— Intervino Kotoko, zampándose un bocado enorme de atún en la boca.

—Sí que lo es— Insistió su madre. —Puedo presumirte y de lo que eres capaz de hacer por tu cuenta, Kotoko-chan—

—Kotoko—Irrumpió Sahoko, sobresaltando al resto.

Kotoko alzó la vista con la boca llena.

—Hm—Asintió.

—Podemos hablar afuera?—

Su tono indicaba que hablaba en serio.

Naoki frunció las cejas, sacado de onda con la intención de querer hablar con ella.

De qué quería hablar con Kotoko?

El silencio estupefacto que se hizo en la sala significó que la visita de los Oizumi tenían otra intención.

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P.D. Ya por fin lo pude escribir la continuidad de esta historia.

La visita de los Oizumi fueron como un bombardeo en la casa de los Irie, que tratarán de superar este problema por su cuenta.

Disfruten el capítulo.