En una de las habitaciónes de una modesta posada, dos jóvenes novios que se habían reencontrado el día anterior, desayunaban en la cama, como dos auténticos salvajes.
-Esto esta muy rico...- devoraba una tostada y la empujaba por su garganta con una taza de té -Tenía mucha hambre-
Habló con la boca llena a su novio, que tenía el torso descubierto, él comía igual o peor que ella.
-Yo también- contestó atragantado -El reencuentro de anoche, fue muy salvaje- ella asintió de acuerdo sonriendo pícara y él, le guiñó un ojo. Fue su prima noche juntos, como algo más que amigos -Me es tan extraño verte con este color de cabello- tomó un mechón y lo miró -Es increíble y además, tampoco puedo llamarte por el nombre que tienes ahora...- la miró a los ojos, que no habían cambiado nada -Siento como si estuviera engañandote-
Ella rió y escupió su té encima de él, como era su costumbre.
-Lo sé, pero intenta hacerlo... Aunque sea, mientras estemos con los demás- sus ojos cambiaron y toco su cabeza, estaba teniendo una visión -No puede ser...- susurró blanca como un papel.
-Amor...- la miró a los ojos para traerla de nuevo -¿Qué viste?- preguntó preocupado.
-El tipo que se acercó a mi...En la cantina ayer, quiso abusar de Eyra- froto sus ojos. Su novio, estaba estático -Björn la salvo- movía su cabeza de un lado a otro -Él vino a este lugar...para salvarla...- la visión era muy fuerte.
-¿Estás bien?- ella asintió -No se suponía, qué no podías tener visiones aquí-
La tomó del rostro.
-No había tenido ninguna desde que llegamos aquí... Pero algo debe haber cambiado- pensó por un momento -No será, ¿Por qué nos reencontrarnos?-
-No lo sé, ¿Por qué no hablas con Aren sobre esto?-
-No, mejor voy a hablar con Ivette...- la miró confuso -Me refiero a la Ivette de aquí, la hechicera de la luna- bebió de nuevo su té -Quizás ella tenga una respuesta-
Esa misma mañana, en el barco cuyo nombre era El Dragón Negro, comandado por el capitán Ciro, ningún integrante de la tripulación tuvo un buen despertar. Los golpes histéricos de una iracunda guerrera, en la puerta de uno de los camarotes, no dejaron dormir a nadie.
-¡Ya no lo soporto mas!- exclamó indignada, saliendo del camarote de su novio con él detrás, hacía la procedencia de los gritos -¡Apártate!-
Exigió al capitán que obstaculizaba la puerta.
-Es mi nave y yo decido quién se queda y quién se va- respondió indiferente, mirando a esa pequeña cazadora, que vestía una simple franela -Y tu no eres bienvenida aquí-
-Cállate, que a mi no me interesa saber quién eres tu- respondió sin más -Deja ir a mi amiga- advirtió -O yo la sacaré-
-Quiero ver que lo intentes... Pigmea-
Desenfundo su espada y ella, tiró del dije de su cuello, materializando a tokijin en su mano. Los dos hombres, la miraron en shock y más el capitán, que nunca había visto algo así.
-¡Ya basta!- se interpuso entre ambos -Hermano, por favor... Déjala ir- pidió bajando la espada de su novia -Esto es un secuestro-
Él suspiró y abrió la puerta de su camarote. Leire salió de allí y lo abofeteo.
-¡Vete al demonio!- le gritó a la cara y luego, abrazó a su amiga -Gracias-
La besó en la mejilla y caminó furiosa, dispuesta a desembarcar. El capitán, la siguió por detrás, pidiendo disculpas y siendo totalmente ignorado por ella.
-Esto es extraño- el joven pirata, miró su mano que lanzaba chispas -Vístete, vamos a buscar a los chicos-
Ella asintió e ingresaron juntos al camarote.
Una hora después, cerca del bosque de la ciudad, una hechicera ingresaba a la casa que compartía con sus amigas y su hermana, en un ambiente un tanto perturbador. Podía sentirse en el aire.
Su hermana, se encontraba abrazada a Amaia con un vaso de agua entre sus manos, mientras que Leire, la otra integrante del grupo, caminaba de un lado a otro con la cabeza gacha. Los hombres que las acompañaban, se mantenían al margen, en un silencio sepulcral.
-¿Qué está pasando aquí?- preguntó a todos los presentes, que voltearon a verla y quedaron atónitos, por las fachas que llevaba -Hermanita, ¿Qué te paso?- se acercó a ella que estaba golpeada y con la ropa destrozada -Sabía que algo había pasado contigo- se arrodilló delante.
-Ivi...- tragó saliva -Hoy... Intentaron abusar de mi... De nuevo- los ojos ella, se abrieron de par en par y luego, se volvieron sombríos -Esa persona... Fue la misma de la otra vez-
-¿Quién es ese maldito?- Preguntó con voz seca -¡Hace un año huyó cuando te defendí de él y no pudimos ver su rostro!- indicó en el mismo tono -Eyra, ¿Dime quién es?- pidió una vez más.
-¡Roy!- exclamó la mayor de ellas, furica -¡Ese maldito no sólo se burló de ti, Ivette!- sus ojos eran como dos esperas de fuego azul -¡También intento abusar de tu hermana dos veces!-
Estaba estática, iba a matarlo y no solamente a él sino, a cualquiera que se interpusiera en su camino.
-¡Tranquilízate, Leire!- reclamó su hermana -¡Por suerte Björn estaba allí y eso, no pasó! ¡Ahora que sabemos quién es, podemos hacer algo!-
-¡No me tranquilizó un comino!- el capitán intentó acercarse a ella, pero lo detuvo -¡No te me acerques!- lo apuntó con su dedo -¡Vete de aquí! ¡No quiero verte!-
-No voy a irme... Me quedaré- respondió tranquilo -No voy a permitir que hagas una locura-
-No voy a hacer ninguna locura- respiró profundo buscando paz -No lo diré de nuevo... Vete- se sentó junto a Eyra, sin siquiera mirarlo -¿Qué haremos ahora?- preguntó a todas ellas.
-No lo sé...- contestó su hermana -Nadie quiere ayudar a una bruja blanca- apoyó su cabeza en el hombro de su amiga -Eso fue lo que nos dijeron la última vez las autoridades-
-Esto no se quedará así...- habló la hechicera con su voz cargada de odio y su mirada en el suelo - Alguien morirá hoy y puedo asegurar, que no será mi hermana esta vez-
Levantó sus ojos y estos estaban completamente rojos. Era una muestra del gran poder que ella poseía. Aren intentó acercarse, pero Leire, negó con la cabeza para detenerlo.
-¡Ivi! ¡No!- su hermana la sostuvo de los hombros -¡Yo no morí! ¿De qué estas hablando?-
-Tu no moriste, es cierto, pero la Eyra que habitaba en ti... Sí- contestó triste -Por eso, quisiste quitarte la vida... Después-
-Dijimos que no íbamos a volver a hablar de eso- dirigió una breve mirada al cazador que estaba estático y pálido -Las tres me lo prometieron-
-¡Nunca vamos a olvidar lo que hiciste, Eyra!- su mejor amiga se separó de ella y la miró enojada -¡Si yo no hubiera llegado a tiempo, ahora...Estarías muerta!- su voz de quebró -¡Fuiste una cobarde ese día!-
-¡Basta!-
Gritó perturbada tapando sus oídos, para no escucharla y sus ojos, cambiaron. La casa vibró por completo y los muchachos presentes, miraron a su alrededor con asombro. Ella había hecho eso.
-Eyra- su otra amiga le tomó las muñecas y le apartó las manos de los oídos -Linda, lo que hiciste, no estuvo bien y lo sabes...- ella asintió - Fue muy difícil sacar la cicuta de tu sistema- le apartó el cabello del rostro con ternura -Él nunca más se acercará a ti, después de lo que Björn le hizo- tomó las manos entre las suyas -Ya es hora de superarlo y continuar, ¿No crees? No estas sola y nunca lo estuviste, para no intentarlo-
Ella asintió, limpiando una pequeña lágrima de su mejilla. Esa muchacha, a pesar de su mal carácter, era muy dulce y comprensiva con sus amigas. Eran las únicas que podían acceder a esa parte de ella, eran muy afortunadas.
-Si, voy a intentarlo- la abrazó -Lo juro... Volveré a ser la misma de antes- su mejor amiga, también compartió el abrazó -¿Ivi?-
Miró a su hermana que la observaba sería y con los ojos más fríos que hubiera visto jamás. Estaba furiosa y nadie iba a detenerla, acabaría con ese maldito.
Todos estaban estáticos, nadie decía una sola palabra, no querían desatar la irá de esa mujer sobre ninguno de ellos.
-Sucedió en el bosque, ¿No es así?- mencionó con la voz distorsionada y sus ojos cambiantes. Todo era silencio -Nunca le perdonaré lo que te hizo y tendrá que pagar por eso- cerró sus ojos -Conocerá el poder de la Dama del Caos-
Después de decir eso, desapareció en el aire.
-¡Ivette!- gritó su hermana llena de pánico -¡Chicas! ¡El día llegó!-
Las tres, corrieron a la habitación y se encerraron allí. Algo iba a pasar y los hombres, lo ignoraban por completo.
-¿Qué paso aquí?, No entiendo nada-
Preguntó Tristán estático y mirando a todos.
-No lo sé- contestó el capitán y miró en dirección a la habitación -Pero creo que tiene que ver con la hechicera- rascó su nuca, sin respuestas.
Los otros dos sujetos, se miraron el uno al otro. Eran los únicos que habían comprendido todo.
-¡Al bosque!- dijo Aren y abrió la puerta con violencia -¡Rápido!-
Salió corriendo de la casa y el cazador lo siguió.
-Yo te guiare- mencionó al alcanzarlo -Soy Björn-
-Aren... Un placer-
-Cuando todo esto termine...- habló agitado -Iremos por un tragó-
Él asintió y siguieron corriendo.
En la posada del pueblo, cuatro amigos se sentían un tanto perdidos y perturbados por todo lo que pasaba a su alrededor.
-Y así fue, como puedo usar a tokijin ahora- estaban conversando sentados en el suelo de la habitación de la posada -Y Seth, puede usar magia-
-Esto es muy extraño...- pensó su prima por unos instantes -Seguramente, puedo volver a usar el rompecabezas del milenio de Aren-
-Es una posibilidad- respondió su amigo -Dante, ¿Intentaste usar la alquimia?-
-Sinceramente, no- miró alrededor buscando algo para escribir -Esta época es un asco... No hay nada para escribir aquí y todavía, no inventaron la pluma fuente- mencionó frustrado -Yo no lo haré-
-Tomá esto- su novia saco una pequeña daga del dispositivo que llevaba en la muñeca -Intenta dibujar con eso-
-Gracias, amor-
Comenzó a dibujar un pequeño círculo de transmutación en el suelo.
-Yo quiero algo como esto- se acercó a su prima y examinó el dispositivo que portaba -Es muy práctico-
-Si, pero este, te gustará más- quito un dispositivo similar al anterior, pero de su otra muñeca y se lo colocó a ella -Pruébalo-
Apretó unos botones debajo y una pequeña ballesta, se desplegó del artefacto.
-¡Vaya! ¡Es increíble!- apretó otro botón y comenzó a lanzar flechas -¡Me encanta! ¡Gracias!- la abrazó con entusiasmo.
-Bien- frotó sus manos y las apoyó sobre el círculo. Una daga se materializó en su centro -Si, puedo...- tomó el arma y la escondió en su bota -Gracias, hermosa- le devolvió la otra a su dueña.
-Bien, ¿Y ahora que?-
Preguntó el hechicero, mirando entretenido a su novia, que jugaba con su nueva arma. Era como una niña disfrutando de un juguete.
-¡Tenemos que ir al bosque! ¡Ahora!- estaba teniendo otra visión -¡Tenemos que impedir que se desate el caos!-
Abrió la puerta de la habitación y todos corrieron en dirección al bosque.
-Ahí estas- murmuró con veneno en su voz al ver al leñador incorporándose del suelo -Ahora...Pagarás todo lo que nos hiciste-
Levantó su brazo y apuntó hacía su objetivo, pero una mano detuvo su posible ataque.
-No lo hagas- pronunció, tranquilo -Todo se irá al diablo si lo haces-
No lo miraba, sus ojos estaban empañados por el odio y la venganza.
-Vete de aquí, Aren- mencionó en el mismo tono anterior -Este no es tu problema-
-Todo lo que tenga que ver contigo... Es mi problema-
Seguía sin querer entrar el razón. Lo único que hacía, era mirar a ese hombre, que sostenía su cabeza con sus manos.
-Por favor, Ivi... Piensa en tu hermana. Ella ya ha sufrido demasiado- habló Björn, mirándola -No le hagas esto- un repentino dolor de cabeza había llegado a él -No puede ser-
Murmuró, mirando al sujeto que reía como maniático, después de ponerse de pie.
-No puedo creer que estén aquí- volteó a ver a los tres -Tu eres la Hechicera de la Luna- apuntó a la joven con su mano -Mi amo, estará feliz de que te haya encontrado-
-¿Qué está pasando?-
Preguntó a nadie en particular. No entendió sus palabras.
-¡Maldito leñador!- exclamó él, frustrado -Para no morir... Vendió su alma a un mazuco- bajó la cabeza negando, abrumado -¡Estúpido!- desenfundo sus espadas.
-Ni modo- suspiró el otro hombre y colocó a la chica detrás de él -Vamos a tener que matarlo, amigo- Mencionó, palmeando su espalda -Antes que llame a los suyos-
Eyra junto con sus amigas guerreras, Ciro el capitán pirata y Tristán el ladrón, llegaron a ellos, después de que las tres chicas, cambiarán sus ropas.
-¡Hermanita!- la abrazó con fuerza -Estas bien-
-¡Llegamos a tiempo!- respiró tranquila la mayor de ellas -No hizo ningún locura-
Llevaba una espada en la mano.
-Por suerte- su hermana portaba un par de dagas en cada mano -Ahora, ¿Qué esta pasando aquí?-
Volteó a ver al leñador, que los miraba malévolo y con una diabólica sonrisa.
-Se convirtió en un mazuco- respondio y su hermana, la cubrió con un saco -Gracias- sonrío -Ahora, tenemos que matarlo-
-Al fin llegas... Alquimista del sol-
Dijo el demonio, señalandola y la joven, lo miró sin comprender nada.
-¿Qué?-
El cazador se posicionó frente a ella.
-Tu eres mío...-
Lo apuntó con su espada y dió un paso hacía él, pero la voz de un muchacho en otra parte del bosque, lo interrumpió.
-¡Adelante! ¡Espada de la luz!-
Una gigantesca onda de energía envuelta en llamas, impactó de lleno en el cuerpo del demonio, provocando, una gran explosión. Cuando el polvo se disipó, los espectadores, pudieron apreciar que su enemigo aún seguía de pie a pesar de estar herido.
Estaban estáticos, alguien había atacando a esa criatura y no podían percibir de donde. Intentaron avanzar otra vez, ya que pretendía atacarlos, pero otra voz los interrumpió, ahora era la de una joven.
-Princesa del caos-
Una fuerza invisible, mantuvo al demonio en su lugar, impidiendo cualquier movimiento en él. En ese mismo momento, la pequeña y veloz figura de una cazadora, apareció en escena y lo atacó por la espalda, hiriéndolo, gravemente. Ella se posicionó frente a él y lo miró con sorna, al escucharlo gritar de dolor con su espada apoyada sobre su hombro.
-Nos veremos en el infierno... Demonio-
Clavó su espada en el pecho de su oponente, justo en el centro, donde se encontraba su corazón. Esté grito de agonía, por última vez y desapareció, en una gran nube de humo negro. Lo había aniquilado.
Sus amigos se acercaron a ella, felicitandose los unos a los otros. Por otro lado, el otro grupo de personas que también se encontraba allí, miraban a esos cuatro muchachos, impactados y sin decir nada. Ese pequeño equipo, había acabado con un mazuco, en cuestión de minutos.
-¡Primita!- la abrazó saltando de emoción -¡Eres grandiosa!-
-¡Lo sé!- indicó con su pecho hinchado de orgullo -¡Ustedes también lo son!-
Asintieron dándole la razón.
-Bueno, ya sabemos que todos somos grandiosos- interrumpió Seth a sus compañeras -Pero tenemos que terminar algo aquí-
Señaló el cuerpo de un hombre junto a ellos. Su hermano Ciro seguía en shock, su pequeño hermanito era un hechicero y él no lo sabía.
-Su pulso es débil- indicó Dante dejando la muñeca del hombre en el suelo -Esta muriendo...- se puso de pie. Su primo ladrón, lo observaba con mil y un preguntas en su cabeza -No hay nada que podamos hacer, las heridas en su cuerpo son muy grandes...- se acercó a su novia y la tomó de los hombros -Sabes lo que tienes que hacer, ¿Verdad?- Ella asintió.
-Si, purificarlo-
-Hazlo, Eyra- la había llamado por su antiguo nombre sin darse cuenta -Aunque en esta vida, fue un mal hombre...- miró a su prima -Su alma merece descansar en paz-
-Lo sé...- contestó cansada, alejándose de ellos, para acercase a su hermano que la miraba consternado -Hola, hermanito...- mencionó dulce -Necesito esto...- quitó despacio el rompecabezas del milenio del cuello de él -Luego te lo explicaré todo, ¿Esta bien?-
Él asintió y ella, volvió con su grupo.
-Démosle espacio, chicos- apartó a su novia y a su amigo unos metros hacía atrás -Hazlo- asintió -Ivi, ¿Estas bien?-
-No, Björn va a matarme...- miró de reojo en su dirección. Parecía molesto -No comprenderá que no soy parte de este mundo-
Desvió la mirada. Realmente, le tenía miedo. Aunque sabía que él la adoraba, le era inevitable. Esos ojos, eran los de su padre.
La vidente, miró el cuerpo agonizante del leñador bajo sus pies. Respiraba agitado y adolorido. Se acercó a él y le cerró los ojos.
-Bien...- respiró profundo para concentrase -Que todo el dolor que habita en tu alma...- pronunció y el rompecabezas del milenio, comenzó a brillar -Sea al fin purificado...-
Una gran estrella astral, rodeó por completo el cuerpo del leñador, envolviéndolo en una brillante luz blanca que cegó a todos por unos instantes. Cuando todo término, el cuerpo del sujeto ya no estaba, había sido transportado a otro plano, lejos del mundo. Había sido purificado.
