Hola a todos, después de mucho tiempo nuevamente me aparezco, con un nuevo capítulo por supuesto. Quiero advertirles que ya llegó el lemon así que si eres de fibras sensibles mejor pasalo y esperate a unos meses a que suba otro capítulo xD.

Este es el capítulo más largo que he escrito, casi 10,500 palabras =O, prácticamente es como si fueran dos capítulos en UNO, y no saben lo que me ha costado hacerlo. Comencé a escribir inmediatamente que subí el otro casi capí dos meses atrás pero no podía con la última parte, me llevó semanas pensar y días escribirlo hasta que más o menos quedé satisfecha, soy una novata con el lemon aún así creo que logré ser lo más realista posible, no quería transmitir fantasias y mostrar actitudes absurdas más que los sentimientos lógicos de los personajes, así que juzgalo tu mismo.

Ahora comencemos...


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Capítulo dieciocho: Errores Voluntarios

— Las cosas no son lo que parece Sakura

— Ah no. Entonces puedes explicarme porque Sasuke no se sabe todos los detalles de lo que pasó – coloco sus manos fuertemente en su cintura, esperando desesperada una respuesta que pudiera aliviar sus síntomas de enfado, o de lo contrario se descontrolaría y arrojaría cualquier cosa, incluso a Naruto por la ventana.

— Eso es porque no se ha presentado la oportunidad de decírselo – intentó justificar, obviamente era una patraña de su parte para quitarse a Sakura de encima, que hipotéticamente le estaba clavando las rodillas en el hígado esa mujer.

— Si como no – inclino más las cejas dirigiéndole una mirada cargada de furia – Claro que lo has visto. Siempre lo hace al regresar de sus viajes

— Escucha Sakura – se puso de pie apresurado detrás de su escritorio – ponte en mi lugar. Si le cuento a Sasuke me puedo meter en líos – sonrió nervioso apretando la pluma con la mano – La verdad es que no quiero a nadie más inmiscuido en este caso, no es porque le tema a Sasuke, bien lo sabes pero creo que él ya tiene muchas obligaciones. Siempre se mantiene ocupado y en asuntos más graves como lo de Momoshinki, no quiero estresarlo más, tú sabes de lo que hablo. Pienso que debería de tener un poco de descanso y que este con su familia.

Sakura cerró los ojos relajándose, cediendo un poco. Si, las intenciones de Naruto no eran malas. La verdad es que Sasuke tenía exceso de trabajo desde hace años más de 12, que no había mes que no saliera a seguir con sus misiones y no era algo que a él le molestaba, en primer lugar por la necesidad de siempre cumplir con sus deber como ninja costará lo que costará así fuera su propia vida, y en segundo lugar porque le gustaba la monotonía de su vida con todo y la adrenalina que le fascinaba.

A veces se preguntó en el pasado Sakura si ese comportamiento obsesivo se debía en que aún se sentía que estaba en deuda con la aldea por todo el daño que le hizo y que por eso se esforzaba por hacer algo a su beneficio para redimirse, o si era que no le gustaba pasar el tiempo con ella por lo que casi nunca lo veía, y no podía evitarlo. Aún con sus casi 36 años había momentos en que le salía la misma inseguridad que tenía de niña sobre los sentimientos de Sasuke, emocionalmente podía ser una debilucha. Era una fortuna que Sarada en eso se pareciera más a su padre, así se evitaría el sufrimiento de querer tanto a alguien cuando no era tan bien correspondida.

— Además no tienes por qué preocuparte tanto. Sabes que Sai se está encargando de esto. Es uno de nuestros mejores rastreadores.

— Bueno... – quiso dejar de sonar tan ruda – y a todo esto. ¿Qué te ha dicho él?

— Nada relevante – caminó hacia la ventana de su oficina con los brazos cruzados por detrás – sigue siguiendo la pistas pero ya sabes no es fácil.

— Pobre Mitsuki – se lamentó por lo que podría estar pasando aquel muchacho – Me gustaría que pronto apareciera

— A mí también – le hizo segunda

— Sarada se ha estado comportando muy decaída. Le preocupa su amigo y por eso se comporta muy retraída.

— Boruto está en las mismas. También se siente mal por no haber podido hacer algo por él, quiere volver a salir de la aldea pero para evitarlo ya dejé a alguien a cargo que lo vigilará a escondidas.

— Entonces…— pensó minuciosamente sobre eso – ya que Sarada salió, eso quiere decir que también tiene un vigilante - supuso astutamente.

— Si...también.

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— Ya poco falta – musitó Sarada corriendo sin detenerse por los árboles del bosque. Media hora más y llegaría hacia su aldea. Lo primero que haría sería descansar y dormir como un oso invernando.

No hacía tanto calor por fortuna estaba nublado, en realidad ya estaban en otoño por eso las lluvias eran últimamente más comunes, pero como ella iba corriendo haciendo ejercicio sentía un calor sofocante.

Cerró los ojos en paz mientras marchaba, para sentir mejor el aire fresco en su cara.

Ese momento de extrema concentración le permitió sin querer escuchar un sonido de algo que raspa una cosa sólida detrás de ella.

Entonces su sentido de alerta despertó y de inmediato abrió los ojos y miro por el rabillo sin necesidad de girar la cabeza hacia atrás.

No vio nada, pero estaba segura de que fue un sonido real y no provocado por el viento ni ningún animal. Alguien andaba por ahí husmeando.

Allá más atrás el sujeto anbu se mantenía agitado del susto. Pues antes de que mirara de rabillo Sarada, se logró ocultar detrás de un grueso tronco de árbol, se quedó completamente paralizado para que ni su pestañeo ocasionara ruidos.

Luego de unos segundos de suspenso se asomó con cuidado y la observó delante ralentizar su paso firme sobre las ramas de los árboles, la chica estaba al pendiente de cualquier otra señal de vida por ahí. Había cometido un grave error y ella había notado una presencia así que estaba al tanto de lo que escuchaba.

¡Pero no fue su culpa! Las ramas de esos árboles estaban muy húmedas por las gotas de lluvia ligera que hace unas horas había comenzado y que se iba disipando poco a poco.

Cuidadosamente había estado siguiendo a la adolescente desde hace tres días y justo hoy cuando estaba a solo unos minutos de terminar su misión su pie resbaló de la rama cuando había brincado de otra.

Debido a ello estaba a punto de perder toda la información que había recabado si lo atrapaban.

Era un ninja bien preparado pese a su juventud y ahora fungía como espía por orden del Nanadaime para evitar que huyera de la aldea.

¿Pero cualquiera puede cometer un error no es así?

Bueno para los ninjas un error es un pecado que les podía costar la vida a ellos y a todos los involucrados.

Pero aunque Sarada no estaba equivocada, empezaba a creer que si tenía delirio de persecución porque solo podía ver por el rabillo las hojas de los árboles mecerse cuando eran arrancadas por el viento de las ramas.

De todas maneras de ahora en adelante estaría precavida.

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Mitsuki permaneció en silencio recargado en el pretil de un viejo puente que debajo de él había una laguna enorme.

Llegó ahí pretendiendo reflexionar algunos asuntos que lo tenían trastabillando sobre una cuerda imaginaria.

Nada de esto estaría pasando si Sarada Uchiha no lo hubiera obligado presionándolo a pensar más sobre su futuro.

Había conseguido ella lo que tanto quería desde que se embarcaron en el largo viaje que venían haciendo desde hace más de dos semanas. Había logrado que pensara más en sí mismo, que comenzará a preocuparse por su persona y por su vida. ¿Hasta dónde había permitido inconscientemente que ella se fuera adentrando más en sus pensamientos hasta poderlo controlar a su antojo como un títere?

Y lo peor de todo es que eso ya no le molestaba tanto como al principio cuando se sentía atacado porque ella pretendía meterse en sus asuntos personales hasta con su padre cuestionando su relación con él. Había terminado acostumbrándose a la idea de que era natural que lo hiciera la Uchiha y dejó de sentir que tenía algo en su contra cuando tocaba esos temas.

Eso era lo curioso. Como fue ablandándose su comportamiento cuando se trataba de ella. Porque estaba seguro que si fuera otro quién se atreviera a criticarlo no le iría nada bien.

¿Había madurado quizás?

Probablemente. Porque no se sentía que se había vuelto débil a raíz de que se fue haciendo más flexible. Fue más como un alivio para su espíritu desahogar sus penas cada vez que gritaba y se enojaba con ella.

Y sé había dado cuenta de cuánto necesitaba eso hasta que ella se atrevió a confrontarlo por la manera en que vivía. Porque era injusto que fuera tan egoísta con él mismo y solo le importarán los demás dejándose hasta lo más bajo en una pirámide de sobrevivencia. No se valoraba en absoluto por eso era fácil influenciarlo para el bien de los demás es decir para su propia conveniencia como ya le había sucedido cuando renegó de la aldea por buscar una identidad y lo quisieron usar y como ya también le había sucedido con su padre.

¿Qué tipo de persona eran ellos dos?

¿Cómo se forjó esa relación tan íntima?

Todos tenían un padre, una familia y él envidiaba en el fondo la familia que la mayoría de sus amigos tenían. Pero no comprendía los problemas que surgían de vez en cuando con ellos, él había sido testigo en primera fila de los problemas de Sarada y Boruto con sus padres pero no podía reconocer los sentimientos que los hacían comportarse furiosos con ellos.

Pero ya que estaba solo en el mundo sin la presión de nadie a cuestas podía darse el tiempo de organizar sus ideas.

¿Qué haría de ahora en adelante?

Vagar por el mundo y ayudar a la gente o convertirse en un simple campesino, o quizás cometer delitos y crímenes si eso le apetecía, si es que eso lo hacía sentir feliz cedería.

Pero siempre viviría en el lado oculto del mundo escondiéndose si alguien con malas intenciones lo buscaba. ¿Pero hasta qué punto Sarada sería aún su aliada? ¿Cuándo se cansaría de seguirlo y protegerlo?

Él no necesitaba un guardaespaldas nunca lo necesitó, era muy independiente. Pero tampoco quería rechazar la compañía de esa dura chica porque ella lo hacía sentir mejor. No podía explicar totalmente la razón, pero estar con ella lo hacía sentirse feliz y como de ahora en adelante había decidido vivir como sea siempre y cuando lo hiciera feliz, entonces disfrutaría hasta donde se pudiera de esa sensación sin importar el qué.

Conforme con la decisión que había tomado exhaló y estiró los brazos en el pretil.

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La situación seguía sintiéndose tensa tanto que hasta podía palparla en el aire.

Una ligera gota de sudor escurrió por su sien y llego a media mejilla donde se detuvo.

Estaba intranquila a decir verdad. Ya no era solo la sensación, era la seguridad de que alguien por ahí andaba porque había odio hace unos minutos un jadeo agitado en el fondo del bosque, delirios no eran.

Entonces para salir de una vez de cualquier atisbo de duda se atrevió a ejecutar un plan sencillo.

Aceleró sus saltos sobre las ramas a la máxima velocidad que pudo para presionar al oponente y lo logró; comenzó a escuchar los gemidos agitados de un individuo de sexo masculino, lo supo por la voz grave de aquel que la seguía desesperadamente a su espalda

No es por presumir pero Sarada era de los ninjas más veloces de su generación.

Cuando alcanzó el punto máximo de su velocidad saltó tan alto que tomó con las manos una de las ramas de un gigantesco árbol dejando su cuerpo flotando en el aire, entonces se dio la vuelta entera quedando ahora ágilmente en cuclillas sobre esa rama permitiéndole ver ya hacia atrás al intruso que iba detrás de ella, quién se delató a si mismo pues no tuvo tiempo de esconderse cuando ella repentinamente rodó sobre la rama.

Al no frenar a tiempo el chico siguió corriendo hasta que en un instante se paralizó en unas ramas más adelante cuando la perdió de vista.

— Así te quería atrapar – empezó ella con un tono que hacía gala a su astucia. Sonrió de medio lado de manera arrogante – ¿quién eres tú y que quieres conmigo? – se levantó de la rama con una postura desafiante.

Pero el individuo no contesto, seguía dándole la espalda.

— ¿Qué? ¿Ahora te comieron la boca los ratones?

Nuevamente no recibió respuesta.

— Muy bien si no quieres soltar la sopa por las buenas te obligare a hacerlo.

El ninja volteó y se puso en posición de combate. Aunque la chica era menor que él era de temerse más que nadie pues era una Uchiha y conocía sus técnicas de hipnotismo, copiar técnicas y provocar Genjutsus o sea técnicas ilusorias. La muchacha se levantó sobre la rama en respuesta a la posición de lucha de ese ninja

¿En qué nivel estaba a pesar de su corta edad?

Sarada se percató de algo interesante en ese momento. La banda del chico de cabello castaño que traía la mitad de la cara cubierta con la máscara, traía en la frente la banda de la aldea de la hoja.

No era un verdadero enemigo en realidad. Estaba espiándola y alguien lo había enviado a hacerlo.

Eso la hizo enfadar mucho y frunció el entrecejo.

El hombre aprovechó su pequeña distracción para lanzar dos kunais contra ella. Pero no eran cualquier kunais se dio cuenta rápido. Estos desaparecieron mucho antes de llegar a Sarada y volvieron a aparecer más cerca, una vez más se desaparecieron ante su vista y otra vez aparecieron mucho más cerca confundiendo la mente de Sarada hasta que estuvieron solo a centímetros de la cara de la Uchiha.

La adolescente cerró los ojos y brincó lo más que pudo hacia arriba esperando por lógica de cálculo que no logrará esquivar las armas. Pero si lo logró increíblemente, más no salió ilesa, la manga blanca de su blusa se rompió por en medio en su intento de escape y por ende su brazo fue desgarrado también de manera grave. Sarada no gritó, pero fue evidente el dolor agonizante en su cara.

Por un momento antes de eso, ella había decidido no lastimar a su rival por ser de la misma aldea, quería atraparlo y someterlo para sacarle información para mantenerlo ileso, pero como las cosas se estaban dando en su contra eso sería ya imposible. Iba a contrarrestar su ataque.

La joven al bajar por fuerza de la gravedad se apoyó de nuevo en la misma rama de cuclillas, su cabello negro y largo cayó hacia el frente tapándole media cara, instintivamente se tocó el brazo derecho que comenzaba a sangrar profusamente y ella respiraba muy agitada del dolor. No había duda que esos kunais tenían un filo muy fino y sus hojas eran tan delgadas que podían cortar profundamente cualquier cosa, incluso si quisiera su dueño y con buena puntería le rebanaría el brazo completamente.

— ¿Con que así estamos no? – musitó la joven irritada.

Su rival permaneció en la misma posición neutra.

— Señorita Sarada — contestó sereno – Ya vio lo peligrosas que son mis armas — advirtió muy confiado el desconocido — Le voy a dar la oportunidad de que se quite de mi camino.

— Así que quieres huir — eso la irritó todavía más. Su cobardía y su arrogancia. ¡Ella todavía no se daba por vencida!

— Ya tengo lo que quería — avisó confirmándole a Sarada su teoría. Si había estado espiándola desde hace mucho tiempo.

— ¿Y necesitabas atacarme para terminar tu misión? ¿Era parte del trato con el Hokage?

— No. Pero usted se atravesó en mi camino.

— O tal vez tú cometiste el error de atravesarte en el mío y vas a pagar por ello muy caro.

Rápido activo furiosa su Sharingan cosa que alertó todos los sentidos del ninja quien de inmediato hizo volver a él los kunais que se habían clavado en un tronco detrás de Sarada, pero también había otra intención con los kunais, estos regresaron pero estuvieron a punto de atropellar de nuevo a Sarada en el camino de regreso solo que las nuevas habilidades de la Uchiha se habían potenciado y aunque estuviera dándole la espaldas a las armas para ella era pan comido sentir su presencia, pues su Sharingan le permitió predecir el movimiento de las armas y además ver qué a ellas las rodeaba el chacra de su dueño, lo que hacía que las manipulara a su antojo. Ese mismo chacra podía volverlas invisibles porque ese era el Jutsu especial de él, la invisibilidad, una técnica muy peculiar y ventajosa.

La pelinegra brincó hacia arriba en el momento correcto y debajo de sus pies pasaron los kunais velozmente. Su dueño los atrapó perfectamente en sus manos y Sarada bajo hasta el suelo húmedo prefiriendo pelear en tierra.

— Un Jutsu de invisibilidad – habló maravillada con su sonrisa torcida – Sino fuera porque puedo ver el chacra en ellas no podría esquivarlas tan fácilmente. No me digas que esto es lo único que tienes – espero arrogante hecha una furia.

— Me advirtieron de lo letal que era…pero esto apenas empieza – susurró lo último el hombre.

Debajo de los pies de Sarada comenzó a moverse la tierra. Creyó que algún monstruo saldría invocado por él pero no, en cambio asombrosamente comenzó a aparecer por arte de magia una plataforma metálica a su alrededor de unos dos metros por tres, había estado invisible todo este tiempo, con razón ella había sentido el suelo muy duro y liso cuando las plantas de sus zapatos habían tocado el suelo que se suponía debía ser irregular por las piedras y la tierra, pero no solo era eso también a su alrededor sobre esa misma Plataforma salían barrotes es decir tubos de metal y la rodeaban hasta el punto de dejarla dentro de una gran jaula.

— No era lo que quería. Pero no me dejó otra opción con su actitud rebelde. Seguramente el Hokage estará muy sorprendido cuando vea el regalo que le traje junto con una noticia que saldrá de su misma boca y avergonzara a toda la aldea.

Hizo mención a lo que acababa de descubrir hace pocos días cuando ella llegó a encontrarse con Mitsuki.

Para Sarada era como la muerte. La misma sensación de pánico antes de morir de manera humillante. Pretendía llevarla como rehén al Nanadaime como se lleva a los prisioneros que atrapan, como tratan a los traidores. ¿Era esto lo que le esperaba a ella en un futuro? ¿La humillación pública?

¡No, no y no! Se negaba a creerlo. Nadie la trataría así.

Pero el ninja le hacía ver otra cosa. No conforme le informó.

— Yo solo tenía la sencilla tarea de vigilar que no pretendiera buscar a su amigo por sus propios medios para no entorpecer los avances en la investigación que ha conseguido en Nanadaime, pero quién hubiera imaginado que usted misma me iba a llevar hasta su amigo, el supuesto perdido. ¿De que se trata todo esto eh? – Cuestionó indignado – Unos amantes que pretenden traicionar a nuestra amada aldea como su padre Sasuke alguna vez lo hizo también.

Sarada se alarmó.

¿Pero cómo se atrevía? Como se atrevía ese extraño, ese ser estúpido a hablar mal de su padre, ¿con qué derecho?

— No me extraña, los Uchiha siempre se han caracterizado por amar u odiar profundamente.

Incluso usted, me odia a mí tanto ahora mismo por decirle sus verdades hasta el punto de querer asesinarme ¿no es cierto?

Sarada apretó y rechino sus blancos dientes arrugando en el proceso su blanca frente producto de la ira, los dedos de sus puños crujieron por la fuerza del agarre y todo se volvió en ella un espíritu violento.

Si el ninja no había notado nunca, es que hacer enojar a alguien tenía sus consecuencias.

De la nada comenzó a sentirse mareado, se tocó la frente sudada y trastabilló hacia atrás, todo le daba vueltas, los árboles, las plantas, el cielo y hasta su captura misma giraba a su alrededor. Supuso que era una descompensación por su falta de alimento y descanso o por su casi nulo chacra que le había sobrado luego de esta técnica grandiosa de invisibilidad.

¡Pues no! Ninguna de las dos explicaciones era la acertada.

Cerró los ojos para relajarse y aparecieron entonces una serie de luces destellantes que aparecían y desaparecían en sus parpados cerrados, las luces de colores nuevamente aparecieron y se agruparon abarcando toda su vista, mas sus colores pronto se volvieron oscuros y fríos.

De pronto una silueta blanca comenzó a delinear la figura de Sarada quien fue acercándose desde lejos hasta quedar frente a él de repente.

— ¿Qué es esto? – Le tembló su voz al ninja que estaba consternado – ¿y qué estás haciendo tú aquí?, estabas atrapada.

Ella entre las sombras con la mirada filosa sonrió con una mueca burlona a su oponente.

— O quizás tú lo estás en mi lugar.

— ¿Qué?

Y abruptamente abrió los ojos asustado, de la nada volvieron los colores agradables del paisaje natural para alivio del ninja, su imaginación le había jugado una mala pasada y había sucumbido pánico sin motivo.

Se acarició la cabeza que empezó a latirle de dolor. Mientras su mente se recuperaba lentamente del mareo de pronto observó hacia el frente y vio a la misma chica inexpresiva tras las rejas de su jaula.

"Fue un sueño de mal gusto" – Pensó calmándose.

Sin embargo Sarada había cambiado su gesto, se veía más relajada a como había estado hace un minuto de furiosa.

Él intentó acercarse hacia ella para terminar de paralizar a la adolescente y llevársela fácilmente de ahí pero cuando estuvo a punto de tocarla algo duro lo detuvo abruptamente, y curioso apoyo sus manos en esa zona.

Sarada seguía esperando pacíficamente.

Poco a poco el ninja noto que el cuerpo de la Kunoichi y a su alrededor se veía libre de cualquier desfile de tubos, y en cambio él estaba rodeado de ellos. La garganta le tembló de miedo una vez más.

— Felicidades novato – musitó ella mirándolo fijamente – Te diste cuenta ya que te atrapé en un Genjutsu.

— Ge...gen…Genjutsu – tartamudeo el hombre anonadado – ¿De...de… desde cuándo?

— Desde que caí al suelo y toqué tu plataforma invisible hice mi próximo movimiento.

— Increíble – exclamó ensimismado.

Ella decía la verdad. Su Genjutsu solo podía surgir luego de activar su inigualable Sharingan por eso continuaba herida de su brazo derecho, pues para ese entonces aún no lo utilizaba. Últimamente se estaba volviendo más ágil a la hora de reaccionar cuando luchaba; de esa manera al tocar el suelo notó una consistencia anormal en la tierra y activó el Sharingan de inmediato para ver el trasfondo así descubrió la trampa. Y es que era un secreto a voces que hace un año había logrado desarrollar su técnica hasta tener dos aspas de un máximo de tres, pero no se terminaba de acostumbrar a su nuevo poder así que no lo dominaba, procuraba solo utilizar el Sharingan para situaciones extremas; como está en donde se vio comprometida su seguridad.

Ƹ̴Ӂ̴Ʒ

"A la sexta por fin salió bien"

"Buscará su propia respuesta en lugar de seguir nuestras elecciones"

"¿De verdad saldrá bien?"

"Espero que no haya una séptima la vez"

"No quiero tener que volver a usar la droga del olvido"

"Un humano artificial que siga su propio camino"

"Ese chico puede iluminar la oscuridad"

"Creo que ustedes nunca podrán ser una luz"

"Al fin y al cabo son mis hijos"

¿No es esto lo que querías cuando organizaste esto"?

"Bueno, puede que ese chico nunca sea luz"

"Pero si encuentra una luz que lo ilumine"

"Podría ser la luna que ilumine la oscuridad"

La conversación que Orochimaru tuvo hace años regresó a su memoria repentinamente.

El Sannin desde la sala de laboratorio entro a otra puerta que se abrió automáticamente pero apenas se abrió y se topó con el otro participante de esa misma vieja charla.

— Mitsuki – dijo sorprendido – ¿qué te trae aquí? Pensé que estabas arreglando todavía tus asuntos.

— Ya terminé de investigar lo que quedó de los humanos sintéticos que aparecieron hace años

— Los amigos de Mitsuki querrás decir. No seas tan arisco – sonrió burlón.

— No seas hipócrita. Ya sé lo que le hiciste a Mitsuki.

— Que rápido vuelan las noticias. Me pregunto quién fue quien te dijo.

— No necesito que nadie me diga nada. Puedo esperar de ti cualquier cosa.

— "Que mal te expresas de tu padre" – se lamentó falsamente, hasta pareció cínico.

— ¿Ahora qué es lo que quieres lograr de él?

— Nada importante. ¿Acaso me crees capaz de hacerle daño a mi propio hijo?

— No creo que lo hagas por eso. Te ha costado tantos años de tu vida encontrar la técnica adecuada para crear seres como nosotros, que te cuesta destruirlo todo de raíz.

En cambio pienso que buscas modificarnos a tu parecer para encontrar nuestras fallas y corregirlas si tenemos remedio. Sino, Simplemente destruirás y perfeccionaras la técnica experimental para el próximo Mitsuki que crees.

— Hm – sonrió burlonamente tomándose el mentón – suena tentador porque me recuerda al viejo yo. Pero desde que puedo borrarle la mente a cualquiera con la "droga del olvido" ya no es tan necesario destruir.

Mitsuki...te advierto que tendremos muy seguido visitas preguntando por Mitsuki. Quiero que les digas que no lo has visto. Aún no es momento de que inicie la persecución masiva. No quiero competencia...por ahora es mío – sentenció maliciosamente.

Ƹ̴Ӂ̴Ʒ

El aludido se apartó del puente en el que pasó horas meditando desde la mañana. Se dispuso a adentrarse nuevamente al bosque para descansar un poco. Ya había caído la noche y las estrellas luminosas habían llenado el cielo azul para ser las únicas que iluminarán esa oscuridad pues no había ese día luna.

Cuando llegó, se sentó frente a un árbol recargándose en él. Mañana quería explorar el área, está era una zona de tránsito libre, no pertenecía a ninguna aldea este espacio.

La mayoría de los ninjas no solían agarrar esta ruta para viajar porque evidentemente era muy larga, y ellos siempre buscaban los atajos. Así que se metían a los bosques pertenecientes a otras aldeas para conseguir también insumos en su ajetreado viaje pues había pueblos aledaños en donde también podían descansar si querían, y por aquí no, todo era bosque y vegetación nada más.

Mitsuki sonrió cálidamente a las estrellas. El cielo le parecía hermoso. La tranquilidad del sitio era inigualable. Si pudiera se quedaría toda la vida ahí. Por fortuna por ahora no podía moverse de ahí ya que tenía un deber con Sarada. Dijo que regresaría en quince días, bueno, pues aprovecharía esos días para conocer a su alrededor seguramente no se aburría.

Feliz estaba admirando el hermoso cielo cuando escuchó que las hojas de unas plantas a su costado que estaban hasta el fondo se movían de un lado a otro no como las demás del bosque que por el viento se agitaban hacia una sola dirección.

Alguien estaba apartándolas de su camino al pasar a su lado, adivinó.

En todo caso se puso alerta por si era un intruso peligroso.

Alcanzó a enderezar su espalda de forma tranquila cuando por fin apareció el culpable de aquel ruido.

— ¿Sarada? – el joven bisbiseó

— Hola de nuevo Mitsuki – saludó despreocupada avanzando hacia él.

— ¿Qué estás haciendo aquí? – Su presencia lo había tomado desprevenido – Se supone que deberías de estar ya en Konoha

— Vine a visitarte de nuevo – declaró campante esperando su reacción de sorpresa – Es broma – corrigió al notarlo muy serio.

— Entonces… ¿Qué te trae por acá? – le interesaba saber todo.

— Me enteré de algo interesante que te incumbe a ti y a mí – señaló con los dedos a él y a ella.

— Habla entonces – urgió observándola atentamente.

Sarada tomo aire antes de empezar a narrar.

— Encontré a un chico que estaba siguiéndome desde hace días.

— ¿Un chico dices? – alzó las cejas con sorpresa.

— Un espía – explicó – Lo enviaron a seguirme. Espero que tú no tengas uno también.

— No lo creo. No he notado nada raro.

— Hm – se puso a dudar.

— ¿Y dónde está él? – pregunto al verla sola

— El espía...lo capturé y lo escondí en un lugar.

— ¿Cómo sabes que no escapara?

— Confía en mí — pidió serena —Mejor cuéntame ¿qué has hecho?

— Espera — la paró Mitsuki de pronto — estás herida del brazo — señaló la extremidad — ¿Te peleaste con alguien?

— Oh – se fijó. Era verdad tenía una herida sería en ese lugar. La sangre ya se había secado. Sin embargo no podía evitar sentir que le latiera esa zona del dolor; pero como en el camino había estado pensando mucho en cómo se había atrevido el Hokage a mandar a seguirla no le había prestado atención a su herida; hasta que Mitsuki le hizo saber su situación.

— No es nada — encogió los brazos denotando desinterés — Una evidencia de batalla como muchas otras.

— Pero se ve muy mal. Se está inflamando.

— ¿Quién eres? ¿Un médico? — contrarrestó molesta. Mitsuki se sorprendió y se quedó mejor callado.

Sarada pronto se dio cuenta de su arranque de furia. No era justo que se enojara con él por culpa del traicionero Hokage. Mesuró su ira.

— Lo siento Mitsuki — desvío la mirada apenada — es solo que...

— Está bien — no le permitió justificarse — mejor en lugar de gritar cura esa herida con tu Jutsu médico — sugirió.

— Si pudiera ya lo habría hecho hace mucho – entrecerró los ojos.

— ¿Porque no puedes?

— Sigo muy agotada tras la batalla aparte de caminar por horas. No voy a utilizar el poco chacra que me queda para curarme algo simple. Mañana tengo que volver a Konoha por eso guardaré lo que me queda de energía.

— Regresaste entonces ¿para qué? – cuestionó extrañado.

— ¡Como que para que tonto! Para avisarte del ninja espía para que estés al pendiente de todo y tengas más cuidado. Que desconsiderado — murmuró lo último cruzando sus brazos indignada. Pero al hacerlo un dolor punzante le recorrió desde el hombro hasta la mano como consecuencia hizo una mueca de desagrado.

— ¿Viniste solo por eso? – el seguía en medio de su pasotismo que no notó que le dolía la herida a la pelinegra.

— ¿Qué? ¿Se te hace poco? — reclamó enojada inclinándose mucho hacia él. Ahora más enfurruñada que nunca.

— No — negó enseguida — Soy un desconsiderado. Lo siento — bajo la mirada avergonzado

Suspiro la chica resignada. Mitsuki seguía siendo en el fondo un muchacho muy noble. Todos los que lo conocían por lo menos un poco podían notar eso inmediatamente, por eso estaba segura que nadie sospechaba el trasfondo de la situación. Aunque Mitsuki ya alguna vez había renegado de la aldea se le perdonó después de que lo interrogaron porque aunque no actuó correctamente uniéndose a los denominados "creados" que eran sus enemigos, en esa ocasión consiguió evitar una tragedia contra la aldea oculta entre las rocas y contra Konoha cuando intervino contra Kū de Iwagakure.

Y mientras se sumergía en esa laguna de reflexiones sintió algo cálido que le tomo la mano del brazo herido y la extendió hacia adelante.

Se quedó pasmada al salir del trance de su pensamiento.

Mitsuki estiraba su extremidad hacía el frente.

— Lo primero que hay que hacer es reducir tu hinchazón.

— ¿Así? — No lo deseó pero la voz le salió muy temblorosa por el contacto, Mitsuki haló a la joven obligándola a caminar — ¿A dónde vamos?

— Aquí cerca hay un lago. El agua fría reduce la inflamación — explicó sonriendo amablemente.

La muchacha se tensó pero se dejó llevar por el joven que gustoso la ayudaba.

No se tardaron nada en llegar hasta el mismo puente donde Mitsuki se pasó más de la mitad del día poniendo orden a sus ideas y relajándose.

Se sentó primero él en la orilla del puente, sus pies colgaban y después la hizo sentarse a su lado derecho sin soltarle la mano.

Hasta que ella obedeció y se puso junto a él la soltó delicadamente.

El puente no era muy alto a decir verdad, casi tocaba el lago. Como los dos estaban en la misma posición las plantas de sus pies podían casi rosar el agua dulce.

Mitsuki se inclinó hacia ella y le tomo el brazo dañado sin su permiso. Pero no era necesario pedirlo ella estaba muy accesible.

Cruzó el cuerpo femenino dicho brazo para acercarlo a él porqué el brazo lastimado estaba del otro lado del cuerpo de Sarada y no pegado a Mitsuki como si estaba el brazo izquierdo de ella.

Para su sorpresa Mitsuki termino rompiendo con cuidado de no lastimar su herida lo que quedaba de su dañada manga. Ella no lo cuestionó por desgarrarla pero si tenía la duda de que es lo que iba a hacer el peliblanco.

Nuevamente él dejó en su lugar el brazo para agacharse hacia el lago y mojar el pedazo de tela blanca.

Sarada observaba ensimismada toda acción.

Levantó la tela totalmente empapada hasta escurrir y la coloco con suma delicadeza alrededor del brazo de la sorprendida pelinegra.

Permanecieron en silencio unos segundos hasta que Mitsuki volvió a desenredar la tela y la volvió a sumergir en el agua helada para otra vez colocarla sobre la hinchazón.

— Tengo que mojarla continuamente para que no pierda la temperatura fría la tela. Pues cuando se pone en contacto con tu piel se calienta.

Ahora comprendía ella. Quería desinflamar la zona.

Era muy atento de su parte. Y no había palabras suficientes para agradecérselo. Eso sin contar que no estaba acostumbrada a hacerlo. Actitud arrogante heredada de su padre.

Como sea. A Mitsuki tampoco le importaba recibir expresiones de agradecimiento. Su prioridad era que Sarada recuperara sin problemas la movilidad de su brazo.

Y así paso media hora. Todo el ambiente había sido bañado por una sensación de paz y las luciérnagas habían hecho su aparición. Ya no se sentía incómoda cómo al principio. Había dudado de las intenciones de Mitsuki cuando la arrastró hasta ahí. Una loca idea se le cruzó por su cabeza porque creyó que se le iba a insinuar, puras tonterías.

Mitsuki continuaba concentrado en su labor. Sarada miraba el paisaje a través del pretil viejo del puente. Reconoció que las estrellas al fondo se veían hermosas por el brillo atractivo que emitían y que se acentuaba más por el color azul oscuro del cielo. El viento que meneaba sus largos mechones negros era fresco gracias a la lluvia que gran parte de la tarde había caído pero sin llegar a ser tormenta. Podía dormir sin problema con ese clima ese día para reanudar su largo viaje mañana. Ya se había atrasado un día.

Era cómodo el silencio que protagonizaban los dos. Ya no era como antes cuando ella le rehuía por desconfianza primero y luego por timidez después de las situaciones comprometedoras que provocó Mitsuki con sus arranques de humor. ¿Echaba de menos sus gestos de curiosidad que iban dirigidos solo a ella y por los que supuestamente había hecho tantas cosas como darle besos para saber qué es lo que él sentía? ¿Realmente era tan desagradable ser su objeto de experimentos para descubrir sus propios sentimientos?

Sinceramente no le gustaba saber que la había utilizado para empezar a conocerse a sí mismo, que vaya le había servido de mucho porque veía en él un gran progreso como ser humano.

¿Quién dijo que los humanos sintéticos eran incapaces de sentir emociones como amor, atracción, amistad, enfado, confusión?

En estos días que llevaban juntos había descubierto en Mitsuki un montón de ellas. Hasta podría documentarlo cuando surgieran nuevos humanos sintéticos que fueran enemigos para descubrir sus puntos débiles.

Mientras pensaba banalidades interrumpió Mitsuki.

— Sarada... ¿Cuánto va a durar esto?

— ¿A durar qué? – respondió desorientada

— ¿Cuándo dejaras de venir a verme?

— Que tipo de preguntas son esas Mitsuki...— renegó bufando— somos amigos antes que nada.

— ¿Para siempre? – albergaba en él una esperanza.

— Claro que para siempre – dijo inmediatamente – Pero me gustaría que Boruto se enterara. Él no va a juzgarte.

— Yo ya lo sé — sonrió complacido — pero temo decepcionarlo.

— Oh vamos — no lo podía creer. Ese chico no tenía cerebro, concluyó.

— No sería la primera vez. No quiero dañar nuestra amistad de nuevo.

— Él confiará en ti pase lo que pase.

— También lo sé. Pero no quiero dañar más mi reputación y llevarme de paso la de Boruto cuando sepan que soy un traidor.

— ¿Tan poco crees en Boruto? ¿Crees que a él le importa más su reputación o lo que puedan hablar de él los demás que su lazo de amistad contigo?

— No puedo seguir siendo egoísta – afirmó – Ya dos veces actúe por egoísmo, primero cuando seguí a los "creados" y después cuando te traicione a ti, la primera vez para complacerme lo hice, para saciar mi curiosidad porque estaba feliz de encontrar a unos seres iguales a mí con los que podía congeniar, la segunda vez actúe para complacer a mi padre. No merezco estar entre ustedes. Prefiero que la gente crea que estoy desaparecido. Aunque tú padre me haya visto.

— Mi padre... – suspiró apacible observando el reflejo de las estrellas brillantes en el lago – si se entera de todo, pueden surgir muchas hipótesis con su testimonio. No tienen por qué especular que eres un traidor.

— Lo harán y realmente no me importa. Ahora por fin se lo que quiero.

— ¿Y qué quieres Mitsuki? – deseó conocer.

— Ser una persona normal para poder conocer el mundo en total calma. Sin preocupaciones o deberes.

— ¿Un campesino? – dedujo rápidamente.

— Un campesino o un simple viajero turista. Eso es lo de menos. Lo importante es que ya tomé una decisión. Siempre me ha costado trabajo tomarlas.

— Pues... – musito dubitativa – te felicito. Yo...no puedo hacer nada más para convencerte a desistir. Si esa es tu voluntad y te hace feliz está bien.

— Y tú continuarás tu vida normal para que sigas esforzándote y un día puedas llegar a ser Hokage — agregó complacido.

La joven se quedó pasmada. Ese comentario le hizo darse cuenta de las consecuencias de la decisión de Mitsuki. No volverían a verse jamás.

— Ah, gracias — mencionó dudosa, sin querer la voz se le escapó temblorosa. Bajó la cabeza avergonzada.

Para su sorpresa Mitsuki de inmediato actuó. Con esa sonrisa eterna en su boca sujetó delicadamente el suave mentón de Sarada y lo levantó para que volviera a ponerse a la altura normal para estar frente a frente girada hacia él y chocando con sus ojos fríos.

— ¿Estás triste? — preguntó pero sin retirar la gélida sonrisa, la manera tan despreocupada en como actuaba el muchacho no coordinaba con lo que decían, ya que los dos estaban tocando un tema delicado.

Se estaban despidiendo.

— No... Yo... ¿Porque tendría?...— se hizo la orgullosa contradiciendo al peliblanco.

Pero Mitsuki no la dejo continuar con su mentira.

— No tienes por qué estarlo. De ahora en adelante nos irá mejor — trató de sonar firme para inspirarle seguridad ya que ella tenía un aura de dudas — Me ha costado años encontrar mi voluntad de fuego...estoy contento por lograrlo.

Y Sarada remordiéndole la conciencia quería objetar, decir urgentemente algo coherente para obligarlo a razonar su elección pero no le salían más que balbuceos mientras lo miraba directamente a los ojos impresionada de que no pudiera articular ni una sola palabra. Es que ¿Qué podía decirle? Ahora la egoísta era ella que no quería que él se fuera para siempre. Pero no tenía derecho a truncarle sus sueños.

— Además quiero ayudar a la gente que me necesite...no usare más mi fuerza para peleas sin sentido...quiero redimirme— añadió gustoso.

¿Ayudar? ¡Ayúdame a mí que no entiendo que es lo que me pasa! —pensó alarmada y agitada mordiéndose los labios y temblándole los ojos. Todo lo que tenía de voluntad lo usaba para resistirse a esquivarle la mirada como una maldita cobarde.

— Seguramente habrá muchos ladrones a los que puedo hacer frente, o realizaré tareas comunitarias como una persona normal y buen...

Mitsuki calló abruptamente, para ceder a la sensación húmeda que yacía sobre los labios quienes estaban siendo tapados por otros más finos, delgados y suaves que los suyos. Unos labios que llegaron sin invitación a cubrir su boca llenándolos de un sentimiento placentero que nunca había poseído con la misma intensidad que ahora. Porque había algo diferente, podía saberlo fácilmente porque no era la primera vez que unían sus labios.

La melancolía de Sarada era incluso hasta palpable, si quisiera podría atraparla en el aire pero no la atraparía sola, porque iba acompañada de otro sentimiento más fuerte, el amor.

Mitsuki se quedó bloqueado sin responder, acción que avergonzó a Sarada sintiéndose humillada por su rechazo; apretó los ojos angustiada, dispuesta a alejarse lo más pronto de ahí pero cuando se estuvo apartando sintió una mano firme en su nuca deteniéndola y volviéndola a su posición anterior, hasta que de inmediato Mitsuki comenzó a mover los labios con lentitud correspondiéndole a Sarada y exigiéndole que siguiera esa danza perpetrada por sus bocas.

Sarada no se hizo de rogar y continuó con el ritmo del ósculo que fue comenzado por ella, incitada por el pensamiento de que se llevaría lo único que podía sacar de él como un lindo recuerdo, un beso.

Pero Mitsuki no pensaba como ella, de hecho no pensaba en nada más que lo que deseaba en ese momento, pero ya no le era suficiente con sentir que el aire se iba consumiendo de sus pulmones, quería más aunque la sensación en sí era satisfactoria, sentir que una parte de tu cuerpo era robado por una persona por medio de los besos no tenía precio.

Pero todo indicaba que no estaría satisfecho hasta saciarse de todo aquello que la chica estuviera dispuesta a ofrecerle a él.

Mitsuki era un alma extranjera deambulando en la Tierra que no conocía muchas cosas. Así que no sentiría peligro por hacer algo que desconocía.

"No puedes sentir miedo cuando no conoces las consecuencias de tus actos", era una frase que le quedaba perfectamente a él. Por lo que se dejó seducir por sus instintos naturales envolviendo a Sarada en ellos.

Separó sus labios masculinos y comenzó a hacer lo mismo que antes en la boca femenina pero arrastrándolos en su cuello, obsequiando cortos besos mientras Sarada continuaba cerrando los ojos para deleitarse con el contacto de esos labios frescos sobre su piel nívea.

Era una experiencia única, la primera en su vida, pero no estaba consciente de lo que estaba sucediendo como tampoco Mitsuki estaba analizando los hechos, solo prosiguió a seguir probando el sabor dulce de la piel suave de la mujer porque era lo que en ese momento estaba otorgándole placer, y no había motivo para cortar una acción que estaba haciéndolos sentir bien a los dos.

Como movidos por los hilos invisibles de un titiritero, Mitsuki tomó con el brazo libre que le quedaba, el derecho, el hombro de Sarada y lo empujó cuidadosamente hacia atrás presionando a la chica para que se acostara en el suelo de madera del puente. En ese momento Sarada sintió que su corazón se le salía del pecho porque fue consciente con ese acto lo que estaba a punto de suceder sino frenaba las cosas.

Por supuesto que Mitsuki no notó el sobresalto de la pelinegra por lo que continuo contorneando suavemente el hombro desnudo de Sarada pues era el brazo herido que traía la manga desgarrada por lo tanto el contacto de los dedos de Mitsuki fue directo sobre ella provocándole un escalofrío recorrerle toda la espina dorsal.

Sarada dudó si decirle a Mitsuki que parara de tocarla pero el miedo la paralizó. No miedo a él, sino miedo al hecho de que estaba disfrutando los roces de ambos cuerpos.

Estaba segura de que si le pedía aunque fuera una sola vez a Mitsuki que se apartara, este sin trastabillar se alejaría y hasta pudiera asustarle las nuevas sensaciones que estaban invadiéndolo una vez que se diera cuenta de lo que estaban haciendo.

Mitsuki arrastraba su mano inquieta, hasta terminar por frenar en la pequeña cintura de la fémina, Sarada se encogió a causa de la corriente eléctrica que sintió con ese toque pero ese auto reflejo provocó que su cadera al alzarse Mitsuki pudiera sentir el volumen de su pecho agitándose imparablemente.

Algo ocurrió, que el muchacho tuvo la necesidad de acercar el suyo con el de ella para que ambos se fundieran.

Y fue como un alivio para él sentir su cuerpo y un escudo protector para ella el suyo, para no pensar que tenía el alma desnuda que permitía al chico leer sus expresiones faciales cuanto quisiera si en un momento dado la volteara a ver.

Porque hasta ahora Mitsuki estaba tan embelesado con cada porción del cuerpo de la mujer que le costaba observar su rostro cuando había detalles en su cuerpo que jamás había notado.

El peliblanco volvió a dirigir sus labios en el cuello comenzando a masajearlo con la lengua por primera vez.

Esta vez Sarada no pudo resistirse a entrecerrar los ojos para deleitarse con ese gesto.

En seguida siguió bajando su recorrido hasta topar con el hombro que si estaba cubierto, naturalmente le obstruía el paso la manga e hizo lo más lógico, apartarlo para continuar su exploración carnal.

Sarada no objetó cuando sintió que con la delicadeza de una flor fue corriendo la tela blanca con bordes rojos junto con el largo chaleco negro con el emblema Uchiha en el pecho izquierdo.

La mujer se medió sentó flexionando su brazo sobre el suelo para que fuera más fácil deslizarlo. Esa parte de la blusa y chaleco quedaron atorados a medio brazo, permitiendo ver la suavidad de su hombro que brillaba por el reflejo de las estrellas que flotaban en ese cielo.

La redondez perfecta de esa porción de su brazo embelesó los sentidos del ninja, que cayó seducido completamente hacía él como un siervo.

Y comenzó a adorarlo con más besos y atención. La morena cedió al impulso y tomo temblorosa de la nuca al muchacho para hacer más íntimo y eterno el contacto.

Mitsuki obtuvo en silencio el permiso para seguir apreciando lo que hasta ahora se revelaba.

Comenzaron a sumergirse en una burbuja de aire donde no había entrada ni salida, estaba totalmente bloqueada.

El brazo izquierdo de Sarada que había tenido el codo apoyado en el suelo, se desplegó y se atrevió a moverse cuidadosamente con dirección a Mitsuki para enredarse en su estrecha cintura envuelta por el kimono mitad azul y blanco de mangas largas, el muchacho no se inmutó y continúo con el camino de ósculos en su hombro hasta llegar a donde había quedado varada la manga y su chaleco.

No tuvo inconvenientes en mover su mano hacia el pecho femenino para tratar de remover un poco más abajo la blusa y así poder descubrir algo más de piel pues se había quedado con la duda de querer conocer otra porción de ella.

Las mejillas se Sarada se tornaron de un color naranja que contrastaban con las pálidas de él pues este siendo inocente desconocía a donde podía llevarlos a ambos continuar con este tipo de trato.

Sarada suspiró en el acto cuando apartó un poco la tela. Mitsuki encontró una fibra de hilos de encaje pertenecientes a su corpiño blanco. Se quedó estático por un tiempo sin saber qué hacer.

En su imaginación creyó que seguiría viendo más piel pero se había topado con otra pieza más de tela que le impedía observar a través de ella.

Sarada deglutió saliva despacio con los ojos cerrados. Se le hizo extraño que pararan las caricias y curiosa por eso abrió los ojos.

Mitsuki tenía una cara de confusión, tal vez se había dado cuenta de que se estaban pasando de confiados y ahora se arrepentía.

Temió Sarada.

Hasta que sintió que Mitsuki estiraba el tirante de su corpiño comprendió un poco lo que sucedía. Quería sacarlo pero no sabía cómo.

Por supuesto que ella sí, pero su timidez no le permitía hacerlo por sí misma. Tampoco tenía tanta voluntad para esto.

Pues detrás de su corpiño ya no había nada más que le obstruyera el paso.

Y la joven estaba tan paralizada como él.

Eran tan novatos los dos...

Mas Mitsuki no se daría por vencido, era más curioso que su gato Mikazuki y estaba dispuesto a saberlo todo.

Un poco ansioso, tocó nuevamente el hombro pero ahora el izquierdo de la muchacha y de la misma forma que el derecho se atrevió a deslizar el tirante de la blusa y el chaleco negro dejándolo a mitad del hombro casi a la altura en que dejó la ropa del otro, pero el cuello angosto de su blusa ahora era quien interfería. Necesitaba abrirlo un poco para poder bajar esas dos piezas de ropa por lo menos hasta el codo; él no daría marcha atrás, por lo tanto haciendo uso de sus manos ásperas tomo con cuidado los bordes que yacían de esquina a esquina sobre ese cuello de tela que tenía celosamente oculta una cremallera por dentro y guiado por el deseo comenzó a bajar el cierre de nylon para ir liberando con paciencia más pedazos de su pecho, hasta poder vislumbrar ahora sí completamente el largo y ancho de su blanco corpiño. Pero para Mitsuki tampoco este le significaría un estorbo que no se pudiera remover. Lo demostró cuando decidió tomar atrevidamente la parte más baja de esa prenda con ambas manos y comenzó a alzarla suavemente, fue en ese momento que apenas Mitsuki se percató de que sus dedos inexplicablemente temblaban y eso lo asustó, más intentó ignorarlo en vano porque era algo peculiar que llamó mucho su atención.

Sarada notó que el muchacho paró y miraba algo con mucha insistencia hacia otra dirección, pero como ella estaba acostada con su brazo izquierdo extendido y el derecho recargado sobre la frente no podía observar el motivo de su distracción.

Se le ocurrió entonces deslizar su mano izquierda para tomar apenas la de Mitsuki y fue cuando se encontró con una mano moviéndose sin control.

La mirada insegura del peliblanco se volvió hacia ella y por lo que pasaba dedujo ella que quería una explicación pero no podía dársela, así que intentó tranquilizarlo, reconfortarlo enrollando su mano con la suya. Y como medicina el temblor inmediatamente cesó.

Mitsuki se sintió más seguro de sí mismo ahora que recuperaba el control de su cuerpo.

Sarada en cambio tenía saturada su mente de tantas sensaciones, y no había escape. Porque en ese momento estaba siendo esclava de los instintos más bajos que un humano pudiera padecer.

Su sentido de alarma estaba desactivado y no emitía rechazo porque no se sentía atacado por las actitudes del muchacho, eso debido a que él no la estaba presionando; pero reconocía que se estaba volviendo vulnerable.

Con cautela el joven retomó su actividad. Subió la tela de algodón hasta los senos. Sarada sintió qué la prenda le rozaba el estómago como una caricia muy fina. Un inaudible gimoteo partió el ambiente de silencio. Sin embargo a Mitsuki no lo alteró, él estaba ensimismado en el ombligo hundido de la mujer, y las sobresalientes curvas de su cintura unidas a su abdomen plano, firme y trabajado por tantos años de ejercicio.

Se dejó seducir por su deseo depositando sobre el su mano para palparlo. La paso suavemente sobre su cuerpo.

Siguió arriba percibiendo lo liso de su abdomen hasta que llegó a una joroba.

Sus pechos eran el realce de toda esa figura, recordó el joven esa vez en que se ocultaron en uno de los muchos escondites de Orochimaru, cuando Sarada necesitó un baño urgente tras quedar llena de lodo en medio de una torrencial lluvia, la única bata decente que encontró se la ofreció y ella la tomó para ponérsela sin percatarse que a pesar del color oscuro de la tela era demasiado delgada y no podía cubrir lo necesario los pezones erectos por el frió.

Fue esa la primera vez que sintió algo palpitar y extenderse debajo de su pantalón. Y esta era la segunda vez porque tras imaginarse lo que encontraría nuevamente unido en el centro en cada uno de esos senos, sintió una presión placentera sobre la prenda y la ansiedad por fin surgió.

Tomó los bordes del corpiño dispuesto a subirlo más hasta que inesperadamente los dedos suaves de Sarada se depositaron sobre el dorso de sus manos.

— Para Mitsuki — musitó avergonzada con los ojos cerrados.

Mitsuki se sorprendió deteniendo inmediatamente sus intenciones.

Sarada se sintió un poco cruel, sabiendo que cualquier cosa que le ordenará la acataría por el temor de hacerle daño.

El muchacho también quiso decir algo pero toda palabra se quedó atorada en su boca, solo balbuceos torpes se liberaron.

También él se sintió mal. Tal vez estaba actuando ventajoso porque ella estaba vulnerable ahora luego de tantos problemas.

Le llegó el remordimiento a la cabeza al adolescente. Hizo lo único que creyó podía reconfortarlo otra vez tal como cuando le temblaban las manos y ella con su toque mágico lo tranquilizó.

Buscó el contacto cálido de Sarada y se recostó sobre ella colocando su cabeza de medio lado en su pecho.

Sarada abrió los ojos y se estremeció, pero de inmediato su mano temblorosa se posó sobre el cabello rebelde del chico y se llenaron de satisfacción.

Mitsuki deglutió saliva pesadamente. Había muchas cosas que lo tenían desconcertado y ya no sabía cómo actuar, que decir, incluso que pensar.

En medio de ese torbellino sintió los dedos delgados de Sarada comenzar a acicalar su cabello, enredándolos con cuidado entre las hebras platinadas.

Comenzó a relajarse. Los latidos de su corazón fueron cediendo a la tranquilidad. No cabía duda de que algo en ella le proporcionaba paz.

Quiso corresponderle tomando despacio también los últimos mechones de su cabello negro mientras ella continuaba acostada peinándole. Pero fue tan ligero el apretón sobre su melena oscura que ni siquiera lo sintió.

Animada por una fuerza llena de nostalgia inexplicable, dejó su cabello y colocó su mano sobre el mentón del muchacho para levantarlo ligeramente, las miradas de ambos jóvenes adolescentes se mezclaron en esa noche fresca.

Se conectaron y correspondieron tan inmediatamente que seducidos por el magnetismo que genera atracción se fundieron en un beso tenue que alivio por un momento el escenario agrio a su alrededor.

Las bocas de los dos se derritieron una sobre la otra, envueltos en una danza de pasión que eliminó la aridez de sus labios con la intervención de sus respectivas salivas.

El sabor fue dulce, tan atractivo que se dieron por vencidos tras la resistencia mental que habían impuesto. Siguieron y siguieron entre besos azucarados, agradables y suaves al tacto.

Inigualables e irreemplazables. Cautelosos pero firmes.

Se habían vuelto prisioneros de sus propios deseos.

Sarada abrazó la cintura de Mitsuki con su brazo izquierdo, el sano, momento en que él aprisionó más su cuerpo volviendo más íntimo el roce de sus caderas.

Un choque eléctrico corrió por ambos cuerpos, fue interpretado por sus cerebros como algo placentero y no como incorrecto; razón por la que Mitsuki volvió a presionar más su cadera con la de ella y nuevamente una electricidad agradable les reafirmó lo anterior.

Sus instintos más bajos les indicaron el camino a seguir para aumentar la intensidad de las sensaciones.

Y que mejor cuando intentarán probarlo sin nada de por medio, quizás eso saciaría aquel espacio vacío en lo más recóndito de sus pechos.

Sarada dirigió su mano hacia el borde del kimono del ninja, parecieran haber pensado en lo mismo porque él también mantenía sus dedos en el elástico del short de la cintura femenina, incrementando la tensión entre los dos.

Mitsuki descendió su mano llevándose el short y el bikini de la Kunoichi hasta dejar a la vista una parte de su glúteo descubierto, pasó la mano sobre este sintiendo la firmeza y lo liso de la superficie carnosa.

Sarada disfrutó suspirando de placer al mismo tiempo que introducía su mano a través del elástico de su pantalón. Un escalofrío extasió al hombre de pies a cabeza en tanto que fue evidente el incremento de la dureza que presionaba su ropa interior.

El muchacho atrapó con su otra mano la esquina opuesta del short de la joven, aquel que aún continuaba acomodado en su sitio mientras que su contrario ya había bajado y permitido el desnudo de aquel muslo trabajado. Dispuesto a bajarlo a la misma altura inició la tarea con cautela hasta abandonarlo debajo de la pelvis.

Continuaron los besos osados que de alguna forma los serenaba y menguaba el miedo mientras iban explorándose el cuerpo.

Sarada apretó con fuerza los glúteos de Mitsuki dentro del pantalón. El muchacho seguía hechizado por los besos adictivos de la chica así que no le importó, solo un mínimo lo alteró.

El hombre tuvo el impulso de descender el mismo su propia prenda, esa que impedía el tacto piel con piel, era una necesidad urgente que nunca había tenido. Algo lo obligaba a revelar su intimidad y cedió.

Deslizo ansioso su ropa hasta medio glúteo como la de ella.

El largo de su kimono cubría la mayor parte de la extensión de su miembro.

Sarada seguía embelesada con los besos cada vez más atrevidos y profundos del hombre, no era consciente de lo que estaba haciendo Mitsuki hasta que sintió de un jalón bajar más su propio short quedando poco arriba de la rodilla, la acción la excitó inmediatamente y le nubló su mente, momento apropiado para que él instintivamente pegará su miembro con la superficie más baja de la pelvis de Sarada. Justo en el sitio exacto donde yacía más terminaciones nerviosas en su cuerpo humano.

La estimulación en su miembro fue intensa, pero quería más y encontró la manera.

Dejó de besarla para poder tomar un respiro fresco proporcionado por el delicioso viento, optando después por ocultar su rostro en el cuello de ella mientras presionaba la superficie de su miembro hacia lo que estaba escondido entre los labios gruesos de la vulva; Sarada se estremeció encogiendo un poco las piernas cuando en eso sintió una textura ovalada y lisa buscando cobijo entre sus pliegues.

Recargo sus manos en los hombros robustos y varoniles, un nuevo suspiro y una presión fuerte en sus párpados cerrados fue su respuesta inmediata, mientras Mitsuki soltaba un discreto gemido placentero.

Inspirado por los acontecimientos positivos hasta ahora impulsó su miembro que fácilmente pasaba lentamente por las paredes lubricadas de aquel camino angosto, Sarada empezó a gemir lastimeramente por cortos lapsos de tiempo coincidiendo siempre cuando introducía Mitsuki más su miembro, hasta que no pudo seguir recorriendo más aquella gruta carnal porque había llegado al límite del viaje.

Sarada no logró impedir que una delgada lágrima cristalina caminara por la comisura de su párpado izquierdo, otorgándole más brillo a su mejilla.

Al fin, él había conseguido la plenitud que buscaba inconscientemente. La impresión de que todo su cuerpo se había llenado y no quedaban huecos vacíos en él.

Los sentidos parecieron haber cobrado fuerza porque se agudizaron pero estos yacían sólo al pendiente de todo lo que pudieran hacer solo los dos, porque todo lo demás que adornaba alrededor de sus cuerpos restaba importancia así que no había nada que apartara su atención.

Cuando comenzó a disminuir la sensación agradable de la presión, orientado por su intuición volvió a sacar su miembro hasta la base para volverlo a introducir suavemente en su interior recuperando así nuevamente el sentimiento de placer, había descubierto la forma sencilla de darse gozo y no lo dejaría porque se había convertido en su vicio favorito. Se llevaba entre la fuerte marea de alborozo a Sarada que al igual que él adoptaba cada vez más la práctica, aunque al principio era una confusión de sentimientos entre dolor y deleite físico que no sabía determinar si era bueno o dañino.

Mitsuki la fue instruyendo en el movimiento y ella obediente y sierva de sus impulsos adquirió de inmediato lo aprendido y lo imitó.

El par de caderas fueron reduciendo la distancia, se rozaban, se tocaban, se fusionaban, se apartaban y luego volvían a unirse; los mechones negros de la Uchiha se derramaban por el suelo con el balanceo constante de sus pelvis inquietas.

Las pestañas espesas de la morena fueron subiendo un poco apenas dejando una hendidura que le permitió ver las estrellas diminutas y brillosas meneándose borrosamente de arriba a abajo, coordinando con sus movimientos. Sintiendo que la arrullaban.

Hasta que se fue nublando más su sentido de visión, agudizándose más el del sonido.

Los jadeos imparables del ninja atrajeron su atención, de repente una presión en un punto ciego la obligó a empezar a gemir a la par de él. El muchacho con los ojos cerrados ocultaba su rostro en el cuello terso de la Kunoichi mientras su aliento tibio calentaba la oreja y mejilla femenina, Sarada apretó el agarre alrededor del cuello del albino siguiendo el mismo vaivén repetitivo.

Una presión ansiosa en la base de su miembro quería liberarse pero necesitaba un estímulo más intenso para escaparse. El peliblanco levantó el mentón, desesperado aceleró el meneo imitando una y otra vez con más fuerza, entrando y saliendo en cortos lapsos de tiempo. Los objetos alrededor de Sarada se distorsionaron, hasta que un escalofrío recorrió la espalda masculina y un fluido caliente que temió el muchacho fuera sangre fue deslizándose por su miembro hasta quedar varado en el conducto estrecho que lo unía a Sarada.

Sarada gimió Sonoramente como último acto, dejando a su paso un jadeo constante, sintiendo mucha humedad en su interior.

La sensación de llenado del hombre se fue disipando rápidamente y un alivio lo colmó totalmente.

Exhausto recargó una vez más su cuerpo flácido y su cabeza entre la de ella y el delgado cuello exhibiendo una ligera capa de sudor la cual engalanó su rostro que al igual que el de ella adquirió brillo que se intensificaba con la oscuridad de la noche.

Se había vuelto inútil, sin voluntad y sin fuerza. Si antes lo sospechaba ahora ya no le cabía la más mínima duda, esa poderosa mujer engatusándolo le estaba robando la energía.

¢σηтιηυαяá...


Y que tal les pareció el capí? corto, bueno, seco, ¿faltó algo? acepto sugerencias siempre y cuando sean con respeto.

Espero poder actualizar en las siguientes semanas antes de empezar mis clases, creó que a partir de aquí se desenvolverán las cosas con más facilidad entre los dos protagonistas, evidentemente no pueden seguir fingiendo indiferencia cuando se atraen desde hace tiempo y lo han demostrado.

¿Que pasara con Mitsuki y Sarada? ¿Los problemas se agravarán?

Tienes que estar al pendiente para descubrirlo!

Nos vemos!