DISCLAIMER: Los personajes que aparecen en esta historia NO ME PERTENECEN. Son propiedad de JK Rowling.
CAPÍTULO DIECISIETE - SCORPIUS
Desde afuera el lugar parecía estar deshabitado, pero sabía que no era así. La casa que el Círculo utilizaba como centro de reuniones de los jefes estaba a las afueras del distrito, alejada del bullicio del centro y en conservada en perfecto estado. Principalmente porque todos ellos gustaban de los lujos en exceso.
El vigilante apostado cerca de la puerta me dedicó una mirada cuando me acerqué pero no me impidió pasar. Después de todo Mason estaba esperándome. El tipo dio unos golpes a la puerta y unos segundos después una mujer menuda que utilizaba un uniforme de sirvienta abrió la puerta.
-Llévalo a ver a Rosier.
La mujer asintió obedientemente y me guio por un amplio pasadizo con puertas a ambos lados. Había estado aquí solo un par de veces y recordaba que la de Mason era la última. Y efectivamente fue allí donde nos detuvimos.
Abrí la puerta sintiendo una especie de jalón en el estómago. Nunca me había dado miedo ni me causaba nervios encarar a Mason… aunque nunca había discutido algo así de serio con él.
-¡AH! ¡Ahí está mi chico! – dijo él cuando me vio entrar – Ven, ven, acércate
Mason Rosier estaba sentado tras un enorme escritorio revisando algo en un ordenador. Se puso de pie cuando me acerqué y me envolvió en un abrazo. Me tensé pero permití que lo hiciera.
-Entonces ¿qué puedo hacer por ti Scorpius? – preguntó soltándome y caminando hacia la barra que se encontraba cerca para servir whiskey en dos vasos - ¿Necesitas dinero? ¿Trabajo? Porque te lo he dicho, puedes renunciar a ese taller cuando quieras… Avery y yo estaríamos más que felices de conseguirte algo que se ajuste mejor a tus habilidades
Él me sonrió maliciosamente y me entregó uno de los vasos. Lo tomé pero no lo acerqué a mis labios, lo cual no pasó desapercibido para él.
-Más o menos de eso quería hablarte – empecé. Mason dio un sorbo a su vaso de whiskey y me miró a los ojos – Quiero salir. Quiero dejar el Círculo.
La expresión de Mason se mantuvo inalterable aunque el agarre en su vaso se apretó.
-¿Esto es por esa chica? – quiso saber – Porque sería muy decepcionante si así fuera
-No la metas en esto – repliqué con voz dura
Mason soltó una risotada y terminó su bebida.
-Eres un miembro muy valioso para nosotros Scorpius ¿acaso no te estamos recompensando lo suficientemente bien?
-No tiene nada que ver con eso
-¿Entonces con qué? Le debes mucho al Círculo ¿recuerdas eso?
-Voy a darles el dinero que les debo – apreté la mandíbula y lo miré a los ojos – Y sé que me han hecho favores más de una vez. Soy consciente de lo que les debo pero estoy harto. Quiero salir de la pandilla.
Mason asintió, meditando mis palabras y luego volvió a mirar en su ordenador.
-Siete mil libras – él me miró – Tu deuda con el Círculo son siete mil libras
-¿Siete mil? – la ira hirvió en mi sangre y tuve que controlarme para no gritar y tirar el vaso de whiskey – No me prestaron más de dos mil para pagar por lo que Astoria rompió durante su última crisis. ¿Cómo demonios pueden ser cinco mil?
-Debemos considerar los intereses, claro – él sonrió – No lo haríamos si siguieras en el Círculo pero considerando que deseas salir…
Podía notar la burla en la voz de quien alguna vez consideré mi amigo, pero me obligué a pesar en Rose para no partirle la cara de un golpe. Además ya me esperaba algo así. Sabía que no iban a dejarme salir tan fácilmente.
-Entonces les daré las siete mil libras – escupí – Y eso es todo.
-Eso es una parte - Mason volvió a ponerse de pie y se sirvió un whiskey – Aun debo hablar con Avery para determinar mmm… lo que podríamos llamar el último favor que debes hacernos.
-Último favor – solté una risita sin gracia - ¿Así le llaman al hecho de que van a intentar matarme a golpes? Ya lo he visto antes Rosier
-Scorpius… no haríamos eso contigo. Sabes que Avery te considera como un hijo
-Un hijo, ya – bufé
-Debo atender algunas cosas ahora. Te haré saber cuando lo decidamos.
Mason no dijo más pero su tono cortante fue suficiente para hacerme saber que era mejor salir que continuar con el tema. Abandoné la habitación y me dirigí hacia la puerta principal sin esperar que nadie me guiara. El vigilante me siguió con la mirada hasta que doblé la calle y entré a mi auto.
Exhalé con fuerza una vez que estuve a solas y conduje hasta casa. La sensación de alivio que había esperado tener no estaba allí. ¿Qué sería que lo que iban a pedirme hacer? Nada agradable, de eso estaba seguro.
Estacioné el auto en el edificio y luego me dirigí al departamento. Todo estaba en silencio así que imaginé que Astoria estaba durmiendo pues tendría turno todavía más tarde. Fui a su habitación para comprobarla y la encontré acurrucada sobre su cama y temblando por el frío. Todavía estaba usando el corto vestido con el que a veces iba a la tienda y, probablemente por haberse quedado desmayada tras emborracharse, no se había colocado un pijama.
Suspiré con pena y frustración y la cubrí con un par de cobijas. Ella pareció sentir el cambio de temperatura pues dejó de tiritar y pareció más tranquila. La observé una vez más antes de dirigirme a la cocina para preparar algo de comer porque estaba seguro que tendría hambre al levantarse.
Cuando terminé con eso fui hacia mi habitación y cerré con seguro la puerta. Mi armario tenía unas tablas de madera flojas en las cuales guardaba una caja con dinero que había ahorrado para emergencias. Saqué con cuidado la caja y conté el efectivo. Cuatro mil. Era más de la mitad de lo que le debía dar al Círculo… y eran todo lo que tenía en la vida. Cerré la caja con furia y estuve tentado a tirarla hacia el otro lado de mi habitación pero me contuve. No servía de nada molestarme. Debía pensar.
¿Qué opciones tenía? Tal vez Theo me prestaría algún dinero y luego podía pedirle al Jefe del taller que me ayudara… él siempre había detestado que estuviera involucrado en la pandilla y solía decirme que me ayudaría si lo necesitaba. Quizá así podría completar el dinero y hasta guardar un poco en caso de que Astoria ocasionara algo más.
Encendí un cigarrillo para calmarme. Abrí la ventana para sentir también el gélido viento de diciembre. Los restos de la nevada de la noche anterior se derretían dejando charcos sucios y las casas mostraban adornos navideños. No solía ser una buena fecha para mí, sin embargo había cambiado los últimos años, desde que acepté acompañar a los Nott a sus cenas navideñas.
Apagué el cigarrillo y subí por la escalera de incendios hacia la habitación de Theo. Abrí sin problemas la ventana y entré. Pero no fue a Theo a quien encontré si no a Cassandra. Ella me sonrió antes de rodar los ojos y continuar aspirando.
-¿Le estás limpiando la habitación a tu hermano? – pregunté con burla mientras me sentaba en el sofá
-Buenas tardes Scorpius, me encuentro muy bien – ella apagó la aspiradora y enrolló el cable en el mango – Tenemos una puerta ¿sabes?
-Me gusta más subir por aquí – me encogí de hombros – Entonces ¿qué haces?
-Theo va a pagarme por limpiar – ella imitó mi acción y empezó a ordenar ropa del armario de Theo – Mamá ha estado molestándolo mucho los últimos días por el estado de su habitación así que ofrecí mis servicios.
Reí por su comentario y saqué otro cigarrillo. Le ofrecí uno a Cass aunque ya conocía la respuesta. Ella negó con la cabeza y siguió con lo suyo.
-Una libra por tus pensamientos – dijo de pronto
-¿Qué?
-Pues eso – ella suspiró – Pareces muy distraído y quería saber en qué pensabas.
-Ah, no es nada. Solo lo usual, con Astoria
-Mmm, ya – ella asintió, nada convencida – Si fuera algo del Círculo me lo contarías ¿cierto?
-Por supuesto. Eres mi mejor amiga – "pero también eres la mejor amiga de Rose", pensé para mis adentros, así que no iba a decirle nada de mi conversación con Mason - ¡Ah! ¡Ahí está Teddy!
Theo, quien acababa de entrar por la puerta de su habitación, se dejó caer en su cama con un ruido sordo.
-¡Oye! Son sábanas limpias – se quejó su hermana
-No me importa Cassandra – él gruñó – Demonios, juro que renunciaré al equipo un día de estos. El entrenador cree que puede tratarnos como animales solo porque no debemos centrarnos en los deberes por las vacaciones de invierno
Me reí y él me mostró el dedo medio. Sabía que sus amenazas de renunciar eran en vano. Theo amaba el básquet y tenía la esperanza de conseguir una beca, aunque no hablaba en voz alta de eso.
-Deja a tu hermana hacer su trabajo y mueve tu trasero. Debo hablar contigo.
Mi tono de voz debió llamar su atención porque se puso en alerta de inmediato mientras se ponía de pie.
Seguí a Theo por la sala, la cual estaba enteramente decorada con hermosos motivos navideños, hasta la puerta principal. Salimos al corredor y entramos a un pequeño cuarto que funcionaba como depósito. Allí nadie iba a escucharnos.
-¿Hablaste con Rosier? – preguntó
-Llegué hace poco de allí – asentí – Van a cobrarme la deuda monetaria que tengo con ellos. Siete mil libras.
-¿Siete? – jadeó – Pero no fueron más de…
-Dos, lo sé – asentí – Sabía que me cobrarían intereses pero no esperaba que fuera tantos así.
-¿Qué haremos entonces?
-Tengo cuatro y… esperaba que pudieras prestarme algo – me avergoncé un poco y ladeé la mirada pero luego lo encaré – Sé que es dinero que ahorras para la Universidad y no te lo pediría por nada que no fuera así de grave.
-Sé eso Scorpius, no tienes que justificarte conmigo – él me sonrió y asintió – Tengo cerca de dos mil porque afortunadamente aún no he gastado el bono que me dieron por ganar el campeonato regional la temporada pasada. Te los daré.
-Gracias hermano – le di una palmada en el hombro y él me fundió en un rápido abrazo antes de apartarse – Te los devolveré lo más rápido posible. Lo juro.
-No te preocupes por eso. Voy a conseguir esa maldita beca, ya lo verás – él sonrió con confianza - ¿Qué harás para conseguir el resto?
-Le pediré al jefe, espero me ayude
Theo asintió y luego me miró con gravedad.
-Espera ¿Rosier solo pidió que cancelaras tu deuda? ¿No vas a pasar por el ritual de salida?
-No, parece que no. Según Mason, soy como un hijo para Avery y él nunca me haría eso – gruñí – Aunque no es todo.
-¿Qué pedirán? – quiso saber
-No lo sé aún. Quedaron en avisarme sobre el último favor que voy a hacerles. Seguro será alguna mierda ilegal.
-Eso tenlo por seguro – Theo suspiró – Entonces ¿sólo queda esperar?
-Solo eso – asentí
Theo sacó un cigarrillo y me extendió uno. Salimos del cuartito y fumamos en el silencioso pasillo sin decir nada.
-Será mejor que entremos – dijo Theo – Debo darme un baño antes de ir al restaurante. Papá quiere que ayude ahora que estoy de vacaciones.
-No iba a mencionar nada ¿sabes? Pero realmente apestas – comenté
Mi mejor amigo soltó una risotada antes de darme un suave golpe en el hombro.
-Juro que acabarán conmigo a este paso – suspiró mientras íbamos a su casa.
Almorcé junto a Theo y Cassandra y luego ellos fueron hacia el restaurante. Yo pasé primero por casa y tomé un baño. Astoria aún estaba dormida así que solo le dejé unos billetes sobre su mesa de noche pues me había mencionado que se estaba quedando sin efectivo.
Me coloqué un abrigo negro y subí al auto para ir hacia el restaurante. Sabía que el turno de Rose ya había empezado así que me senté en una de las mesas y disfruté con su rostro sorprendido al verme allí.
No pudo acercarse sin embargo porque había muchísimos clientes, así que la esperé hasta que tuvo un momento de descanso.
-Hola pelirroja – saludé con una sonrisa. Sabía que no le gustaba que fuera más emotivo en su trabajo
-Hola rubio – ella me sonrió también antes de suspirar – Estoy agotada
-Te he visto ir de aquí para allá sin parar – asentí - ¿Quieres que ahuyente a algunos clientes?
-No gracias, quiero mantener mi trabajo – ella soltó una risita - ¿Te quedarás hasta que termine mi turno?
-Sabes que lo haré
Rose me sonrió y luego regresó a su trabajo. Me entretuve hablando con Theo en la caja hasta que el turno de Rose acabó y fue hora de llevarla a casa.
Una vez que estuvimos fuera del restaurante aproveché para besarla y abrazarla como quería. Ella correspondió con efusividad y estuvimos un buen rato así, hasta que el frío nos obligó a entrar al auto.
-¡Ah! ¡Calor al fin! – dijo Rose colocando sus manos cerca del radiador del auto
Le sonreí antes de ponerme en marcha.
-Entonces – ella me miró – La señora Daphne no abrirá el restaurante hasta después de Navidad y mañana será mi último turno hasta el 26.
-Eso es bueno, puedes aprovechar para descansar
-Sí, sí – ella suspiró – Pero Dominique no me dejará salir mucho. También ella tiene vacaciones e insiste en que los 3 estemos juntos todo el tiempo. Quiere ambientar la casa antes de que sea Navidad y quiere que vayamos a escoger un árbol y todo eso
-Pensé que te gustaba la Navidad - comenté confundido
-Me encanta – aceptó ella – Pero ya estamos a día 22. Mañana el mercado y los centros comerciales serán un caos. Y además Dominique solo hace esto para seguir fastidiándome.
-Mmm ¿no crees que tal vez estés siendo injusta con ella?
-No – ella bufó – Minnie quiere que le cuente lo que de verdad sucedió en el Baile… pero si lo hago se pondrá como loca y es capaz de cambiarnos de ciudad.
Solté una risita y ella correspondió mi gesto. Aparqué el auto en su edificio y la atraje hacia mi pecho.
-Ya encontraremos un momento para estar juntos– le dije – Además aprovecharé ese tiempo para trabajar en el taller. Siempre hay mucho que hacer por esta época. La nieve da muchos problemas.
Rose asintió y me besó.
-Debo contarte algo – dije separándome un poco
-¿Qué es?
-Hablé hoy con… los jefes del Trisquel – pude notar que Rose se tensó y me miró con seriedad – Aceptaron que salga de la pandilla. Dijeron que solo debía pagar un dinero que les debo y eso es todo.
-¿De verdad? – jadeó ella entre aliviada y asombrada – Creí que pondrían más pretextos o… no sé
-Sí bueno… ellos dijeron que hace mucho tiempo que no ayudaba en nada que realmente los favoreciera así que me dejaron ir
-¡Eso es genial! ¡Ay Scorpius, me alegra mucho! – chilló ella abrazándome con fuerza
Su aroma a vainilla me inundó y su rostro alegre consiguió que me sintiera mal por no ser totalmente sincero con ella, pero lo hacía por una buena razón. No quería que se angustiara ni que se preocupara por cosas sobre las que nada podía hacer. Y sobre todo no la quería metida en asuntos de pandilla, nunca más.
-Sí, también a mí – le sonreí y la besé – Al fin podremos salir sin problemas y pasear en cualquier parte de la ciudad
-¡Eso es todo lo que deseo! - ella suspiró y se acostó en mi pecho
Mi respiración se acompasó a la suya y acaricié su cabello acunándola. Estaba haciendo lo correcto. La estaba protegiendo y eso es todo lo que importaba.
N/A: Entonces ¿qué piensan que le pedirán hacer a Scorpius? Me encantaría leerlos ¡deja un comentario por favor! ;)
