Disclaimer: Los personajes de Twilight pertenecen a Stephenie Meyer y esta trama a DH78.


Resultado: el desenlace final de un partido de fútbol, ya sea empate, o la victoria del equipo que marca mayor cantidad de goles.


Capítulo diecinueve

Resultado

—Entonces, ¿cuál es el veredicto? —pregunto, tomando asiento en la oficina de Rose. Todos hablan de lo que hice, incluso aunque la historia oficial me mantuvo anónima.

—Bueno, acabo de hablar por teléfono con mis contactos en el juzgado. James se declaró culpable de todos los cargos, a cambio de indulgencia en su condena y que admita cuál fue la participación de Alec en esto. —Rose suena complacida.

No puedo estar más feliz. Aunque desearía que se pudra en la cárcel por mucho tiempo, no puedo enojarme por el resultado. Al menos Edward se encuentra libre de sospecha.

—¿Has escuchado algo desde Londres?

Poco después del arresto de James, las autoridades de Londres detuvieron a Alec por un cargo completamente diferente: agresión en un bar. Típico.

—Nada nuevo, excepto que ha sido suspendido de la lista oficial de Arsenal y también fue multado. Seguramente la liga lo dejará ir por completo. Se lo merece por imbécil.

La MLS publicó un comunicado oficial denunciando las acciones de James y liberando a Edward de cualquier delito, permitiéndole así regresar al campo para el próximo partido, el cual es hoy.

—Excelente. ¿Supongo que te veré en unas horas? —pregunto, poniéndome de pie para irme.

—Sí. ¡Va a ser muy divertido! —exclama Rose.

Nos despedimos y me dirijo a casa.

Edward se fue bastante temprano esta mañana para poder estar en el campo con el resto del equipo antes del partido. Lo sentí besarme en la frente y suspirar un "te amo" mientras yo le murmuraba un "suerte" medio dormida. Finalmente me levanté de la cama un rato después para tomar una ducha, desayunar y prepararme para mi salida con las chicas.

Un par de horas después, me encuentro vestida de jeans, Converse, y una camiseta de los Red Bull con el nombre de MASEN en la espalda. Sonrío orgullosamente hacia mi reflejo en el espejo.

Tocan a la puerta. Cuando la abro, encuentro a Alice y Rose, ambas ansiosas y vestidas completamente por Red Bull. Cierro la puerta con llave y me dirijo con ellas hacia el coche de Alice; Jasper se encuentra al volante.

—Bueno, hola, mi querida. ¿Lista para ver triunfar a Edward hoy? —dice mientras nos ubicamos en el asiento trasero. Alice toma su lugar al frente.

—¡Sí, señor! Hagamos esto —respondo. Las chicas responden con sus propios mensajes de aliento.

El estadio es electrizante mientras los fans llenan el lugar con charlas, risas, y gritos. Nos dirigimos hacia los ascensores y de repente nos inunda el silencio cuando se cierran las puertas.

—Wow, esto es una locura. ¡No tenía idea de que había muchos fans! —dice Alice mientras se agarra del brazo de Jasper. Él la mira con adoración y una sonrisa gigante que muestra todos sus dientes perfectos. Jamás imaginé que Alice se comportaría como lo hace alrededor de Jasper, todo me parece muy extraño. Ella siempre ha sido orgullosamente independiente, un rasgo que ella y yo compartimos. Pero, extrañamente, me encanta verla así, totalmente enamorada. Me doy cuenta que no soy muy diferente a ella cuando estoy con Edward. No me molesta… ni un poco. El hecho me hace sonreír.

—Te sorprenderías. La gente aquí ha estado esperando a que el estadio estuviera listo por mucho tiempo. Ahora que lo está, las entradas para esta temporada están casi todas vendidas —comenta Jasper con orgullo.

Dice "casi" porque no nos estábamos engañando. El fútbol siempre le cuesta ser tan popular en los Estados como si lo es en el resto del mundo. Pero hablando de audiencia, esta puede que sea la mejor temporada hasta ahora. Quizás en gran parte sea porque el nombre de Edward es primera plana en todas las secciones de deportes del país y la discusión sobre su regreso se habla en todos los programas de deportes. La curiosidad de los fans es igual a asistencia en los partidos, para la felicidad de los dueños y sus bolsillos.

Las puertas del ascensor se abren y revelan un cuarto gigante con aire acondicionado y lleno pantallas planas y lleno de comida en las mesas contra las paredes. Muchas novias, esposas, hijos de los jugadores y personas VIP hablan entre ellos; hay champán, cerveza y bebidas suaves para los presentes. El ambiente es positivo, y me cruzo primero con Félix, que está entusiasmado y contento por lo bien que le está yendo a Edward, y después a los demás invitados.

Todos parecen saber quiénes somos mientras nos dirigimos a nuestros asientos especiales. Después de toda la tensión y la preocupación durante estas semanas, estoy aliviada de poder tomar mi cerveza y disfrutar de la compañía de mis amigos.

Mientras recorro un poco, noto a Carlisle y Esme sentados cerca y prácticamente corro a saludarlos.

—¡Hola, cariño! ¡Qué bueno verte! ¿No es emocionante todo esto? —dice efusivamente mientras me abraza con fuerza. Le devuelvo la emoción antes de apartarme. Carlisle se inclina y besa mi mejilla. Es un hombre de pocas palabras.

—¿Lo vieron hoy? —pregunto.

Carlisle responde, asintiendo.

—Por un momento. Puede que haya usado mi nombre para acceder al vestuario. Algunos médicos del equipo me reconocieron y me dieron la oportunidad de hablar con él por unos minutos. Estaba feliz. Nervioso, pero feliz. Pero, de nuevo, Edward siempre ha sufrido nervios antes de un partido. Cuando era un niño en la liga AYSO*,solía hablar mucho o vomitar en los arbustos antes de salir al campo. Nada ha cambiado. —Ríe.

Mi corazón se contrae al imaginar a un pequeño Edward flaco, pálido, con cabello rojizo y revuelto mientras corría por la cancha. Las promesas de Esme sobre mostrarme las fotos de su infancia y sus comentarios sobre imaginar a nuestros hijos me ponen en pánico por un momento. Pero otra parte de mí, una pequeña parte que quiere salir a la luz, espera que Esme tenga razón. Sonrío como una idiota.

Hablamos un poco antes de tomar asiento cuando el partido está por comenzar.

Unos minutos después, la voz del presentador estalla en los altavoces mientras nombra a cada jugador. Cuando dice el nombre de Edward, la multitud se vuelve loca. Lo veo trotar hacia los laterales, saludando a sus fans con una sonrisa enorme en su rostro. Me duele la cara de sonreír tanto al verlo absorber el amor de sus fans—la suficiente energía para animarlo durante todo este partido, quizás la suficiente para dominar el mundo. Estoy tan orgullosa de él.

Justo antes que el partido comience, Edward da un vistazo a su alrededor. Debe sentir mis ojos observándolo porque gira hacia la sala privada y puedo jurar que me ve. Me emociono y agito mi mano, aunque sea una tonta por siquiera pensar que me puede distinguir desde tan lejos. Aun así, Edward saluda en nuestra dirección y el partido comienza.

Durante el juego, ambos equipos van bastante empatados en términos de habilidad, velocidad y defensa. Los Bulls siempre logran acercarse demasiado, solo para fallar un tiro o ser bloqueado por los defensores del equipo oponente. Edward parece estar algo tenso cuando la defensa comienza a intentar meter goles. Eso es hasta el minuto sesenta y cinco del partido, cuando la furia evidente de Edward lo transforma en un toro al ataque (supongo que el nombre del equipo de repente es apropiado). El delantero del equipo contrario da un cabezazo hacia el arco de los Bulls, quien lo bloquea con sus manos descubiertas. Este rápidamente lanza la pelota hacia el centro de la cancha, donde Edward ya se encuentra posicionado. Tomando control de la pelota, Edward hace su camino hacia el arco, pero la defensa del oponente bloquea su intento. Viendo que no tiene otra alternativa, le patea la pelota a Emmett, que está ubicado hacia la derecha de la defensa, dándole la ventaja suficiente a los Bulls para adentrarse.

Emmett patea la pelota hacia su compañero, un tipo llamado Michelson, que tiene mejor oportunidad de anotar. Toma la pelota, moviéndose rápidamente hacia el arco. Una vez más, el estúpido arquero del equipo contrario bloquea la jugada y terminan dando vueltas en el suelo. Pero, de la nada, Edward se aparece tres pasos atrás, ve el tiro directo y su pierna derecha patea la pelota con fuerza máxima. Esta vez es ¡GOL!

Estoy tan emocionada… y caliente.

Todos en el cuarto enloquecen. Rose, Alice y yo intercambiamos abrazos felices, saltando como niños. Esme aplaude energéticamente y Carlisle abraza a Jasper, cada uno dándose palmadas fuertes en la espalda.

Ningún equipo logra anotar otra vez y los Red Bulls se llevan la victoria 1-0. Todos nos retiramos después que el partido termina y nos dirigimos hacia una de las grandes salas en lo más alto del estadio reservado solo para eventos del club. Ha sido decorado con mesas altas y una barra libre. Después de alrededor de una hora, los jugadores comienzan a entrar, todos ellos duchados y cambiados. Todos se encuentran con sus respectivos invitados y familiares. El ambiente es feliz. La habitación estalla en más gritos y veo una muchedumbre formarse cerca de las puertas. Al principio, tengo curiosidad de saber lo que causa la conmoción y el mismo interés se refleja en los rostros de mis amigos y los padres de Edward. De repente, me doy cuenta por qué.

Edward ha entrado en la sala.

Él es su héroe. Es su estrella. La gente comienza a entrar, rodeando la puerta, y solo puedo ver su notorio cabello broncíneo por sobre el resto de las personas. Debe estar amando esto. No puedo evitar poner los ojos en blanco mientras imagino su ego inflarse en épicas proporciones. Pero me doy cuenta que se lo merece, así que lo dejo pasar. Se merece este momento.

Finalmente, lo veo. La multitud se abre como el Mar Rojo y veo su enorme sonrisa en el rostro tan contagiosa que tengo que sonreír también. Entonces hago algo que solo he visto que hacen en las películas.

Corro.

Corro hacia sus brazos abiertos y casi hago que pierda el equilibrio, pero me aferra fuerte mientras me toma en brazos y me da vueltas.

Sí, amigos. Estamos girando.

A penas registro los "aww" y los flashes de las cámaras porque solo me concentro en la sensación de estar en los brazos de Edward. Eso es todo lo que importa, ¿no?

Gruñe en mi cuello y susurra las palabras solo para mí.

—Dios, te amo. Te amo mucho.

Es emocionante escuchar esas palabras; incluso si ya lo he escuchado decirlas antes, no me canso. Ni un poco. Lo abrazo con fuerza una vez que me encuentro en el suelo de nuevo, echándome un poco para atrás para ver su rostro. Sus ojos verdes brillan, sus esquinas están achinadas mientras sonríe. Lo beso de lleno en la boca, sin importarme quién está a nuestro alrededor, y rápidamente se transforma en algo un poco menos casto antes de escuchar silbidos y groserías por parte del resto de los chicos. Edward sonríe contra mis labios y nos separamos, pero no sin antes susurrar un "más tarde" en mi oído, dejando cosquilleos por toda mi piel.

La recepción es muy divertida, pero mientras la noche avanza, todo lo que quiero hacer es llevar a Edward a casa y hacerle cosas sucias. Verlo jugar hoy me recordó de todas las razones por las que amo el fútbol: piernas musculosas, sudor, y poder. Por supuesto, no nos olvidemos del momento en cuando un equipo gana y se sacan la camiseta y corren por el campo. Sexo puro.

Edward me conoce bastante bien porque en un instante se está despidiendo de todas las personas importantes y me dirige hacia su coche. Su pierna rebota sin parar mientras recorre a gran velocidad por las calles. Intento controlar mi repentido deseo de inclinarme hacia él y mostrarle algo de "apreciación" mientras conduce, pero lo pienso de nuevo y añado eso a mis planes para esta noche. Edward coloca su mano sobre mi pierna y la corriente cálida despierta todos los lugares correctos. No tengo idea si llegaremos a su departamento a tiempo.

Milagrosamente, lo hacemos, y torpemente alternamos entre darnos besos y caminar hacia nuestro destino. Es casi como la primera noche que estuvimos juntos, solo que esta vez hay amor en el medio.

Para cuando estamos adentro de su casa, nos desvestimos rápidamente sin despegar nuestros labios. Es delicioso y perfecto. Mientras damos vueltas por la habitación, dejando la ropa por el suelo, me lleva hacia la cama. Pero una repentina idea entra mis pensamientos cuando veo la terraza monstruosa y recuerdo la conversación que tuvimos. Sonrío lascivamente y me giro para mirar a Edward. Sus ojos me analizan entrecerrados.

—Esa mirada… Conozco esa mirada. ¿Qué estás pensando? —pregunta bruscamente.

—Afuera. Ahora. —Espero que el énfasis en mi voz es suficiente señal de lo que estoy hablando.

Edward mira hacia afuera y rápidamente se da cuenta.

—¿Estás segura? —Suena optimista. Sonrío y asiento mientras tiro de su mano, encaminándolo hacia las puertas de cristal que nos lleva a ese lugar hermoso. He tenido sueños sobre estar aquí afuera con él.

Encuentro un sillón esquinero con bastante lugar y almohadones y me dirijo hacia allí. El aire es algo fresco, pero no lo suficiente frío como para irnos. Edward se me acerca y lentamente me envuelve en sus brazos, la dura evidencia de su entusiasmo hace presión contra mi espalda. Sus labios rozan, besan y succionan mi piel en ese lugar debajo de mi oreja que me vuelve loca, y se mueven hacia ese lugar en mi hombro que también me enloquece.

¿De qué estoy hablando? Todo lo que hace este hombre me vuelve loca.

Los sonidos de la ciudad abajo hacen eco entre nosotros. El sentir que la vida allí abajo es ignorante a nuestro momento aquí crea una burbuja imaginaria. Podría vivir para siempre en esta burbuja, pienso mientras sus manos toman de mis caderas y me embiste contra él. Subo mis brazos y me aferro a la parte trasera de su cuello mientras giro mi cabeza para encontrarme con su boca.

Eventualmente me giro en sus brazos cuando me lleva hacia el sillón, depositándome lenta y suavemente hasta que se encuentra sobre mí. Su mirada me derrite.

Mientras oscurece y las estrellas brillan en la noche clara, hacemos el amor. A veces suave y lento, otras fuerte y rápido. Pero siempre apasionadamente. Nos olvidamos dónde estamos, solo nuestros sonidos hacen eco en la noche. Cada vez que me mira mientras nos corremos, nos envuelve todo el amor del mundo. Y mientras yacemos allí mirando a las estrellas, cubiertos por una manta, finalmente entiendo la necesidad de Edward por estar juntos… todo el tiempo.

Ese anhelo de estar con él todo el tiempo me hace reconsiderar nuestras charlas sobre el futuro. Reflexiono su deseo de mudarnos juntos mientras mi mano suavemente juega con el suave vello de su pecho. Sé que se conformó con mi sugerencia de dividir nuestros tiempos en nuestras casas solo para hacerme feliz. Sus ojos habían mostrado una pizca de decepción que no pude ignorar, pero tuve que dejarlo pasar en ese momento. Pero ahora, después de todo, creo que quizás he complicado las cosas más de lo que necesitan ser.

Él me ama. Yo lo amo. No puedo imaginarme con otra persona por el resto de mi vida, y puedo apostar todo lo que tengo que él siente lo mismo. Entonces, ¿por qué estoy tan reacia a mudarme con él? Esa versión de mí parece tan lejana que ya no la reconozco.

Quiero esto. Quiero un nosotros. Aquí. Juntos.

Cuando mi corazón comienza a latir con fuerza ante mi determinación de hacer que esto pase, levanto mi cabeza para observar a Edward. Sus ojos están cerrados, pero no estoy segura de si está despierto o no así que pruebo besándolo suavemente por debajo de su clavícula. Él suelta un gemido suave y bajo mientras que sus brazos se ajustan a mi alrededor. Está despierto, y sonrío contra él.

—¿Estás bien? —susurra.

—Más que bien.

—De acuerdo. Esto fue una buena idea. Es hermoso aquí afuera.

—Sí, lo es.

Nos quedamos en silencio por unos momentos antes de seguir.

—¿Edward?

—Mmm…

—Estaba pensando…

—Mmm.

Dios. ¿Cómo digo esto?

—¿Quieres…? Quizás… yo… —Diablos. Suspiro, impaciente conmigo misma.

—¿Qué pasa? —Edward gira su cabeza para mirarme.

—Solo estaba pensando… sobre lo que me pediste la otra noche.

—Tendrás que ser más específica, amor.

—Bueno, ¿recuerdas cuando sugeriste…? No, ¿Cuando me pediste que, ya sabes, me mude contigo? —prácticamente susurro la última parte.

Edward se tensa un poco antes de respirar profundamente.

—¿Sí?

—Bueno, solo me estaba preguntando si, quizás… esa opción seguía…

—Sí.

Levanto la mirada hacia él abruptamente.

—¿Sí? —chillo.

—Sí, todavía quiero que vivas conmigo. Sí. —Suena determinado. También hay esperanza brillando en sus ojos. Nos quedamos observándonos el uno al otro antes que Edward vuelva a hablar.

—¿Quieres…? ¿Quieres mudarte conmigo? —pregunta tímidamente.

Sonrío y lo miro directo a los ojos, deseando que sepa que lo digo en serio… que no escondo nada.

—Edward Masen, eres mi hogar. Quiero estar donde sea que estés.

La sonrisa de Edward se ensancha aun más. Me besa, ambos derramando cada gota de sentimiento y promesas en el otro mientras las estrellas brillan sobre nosotros.

Sí.

Estoy en casa.


*AYSO = American Young Soccer Organization. Organización juvenil de fútbol de los Estados Unidos.


Ay, es el fin :)

En estos días subo el epílogo y el outtake futuro.

¡Gracias por leer y por seguir aquí después de haber abandonado esto hace años!