Disclaimer: Los personajes son de J.K. Rowling y de la Warner y yo no obtengo beneficio económico de esto.
Bueno, a ver si hoy no la lío publicando. Menos mal que es más pronto y no tengo la cabeza nublada. Como siempre, muchas muchas gracias por leer y comentar. Ya queda poquito poquito :(. Me da hasta penica, porque cuando puse el último punto en la historia, seguí corrigiendo y corrigiendo. Hoy mismo he vuelto a revisar el capítulo (aunque no lo creáis cuando veáis las faltas que se me hayan escapado xD), así que no tuve ese sentimiento de "fin".
Como curiosidad, con más de 6200 palabras este es el capítulo más largo de toda la historia y... fue uno de los primeros que escribí xD. Luego me dio muchos dolores de cabeza porque inicialmente estaba en otra posición y pasaban algunas cosas de otra manera y tuve que reescribirlo dos veces. Y encima no es el que más satisfecho me dejó, pero ya ha llegado el momento de publicarlo y no puedo hacerle más cambios.
TW: Escenas de sexo explícitas con prácticas que algunas personas podrían considerar poco convencionales.
CAPÍTULO DIECISIETE
Harry se volvió hacia él mordiéndose el labio. Draco notaba que estaba nervioso y expectante.
—Bueno… Has sobrevivido.
—No ha sido difícil, Potter —dijo Draco con media sonrisa—. Tienes una familia muy bonita, Harry. Me han caído bien.
Era verdad. En el pasado los juzgaba desde una perspectiva de superioridad debido a su posición económica. O quizá porque le repateaba esos aires de nobleza que se gastaban en los pasillos de Hogwarts. Claro que él tampoco había sido un santo.
Pero le habían acogido como uno más. Sí, a petición del Weasley de Granger, que les había escrito chivándoselo, pero lo habían acogido. Había intercedido porque quería hacer el favor a Harry, claro, pero una cosa no quitaba la otra. De hecho, él se había emocionado tanto como Harry cuando George había dicho aquello de que eran familia. Una familia más humilde y también más dicharachera, muy diferente a la suya propia.
Y si George Weasley podía tragarse su opinión sobre un Malfoy exmortífago y exconvicto y aceptarle en su mesa, él también podía hacer feliz a Harry siendo amable. No iba a permitir que un puñado de pelirrojos consintiese más a Harry que él.
—Además, te recuerdo que no lo he hecho gratis —añadió con lo que esperaba que fuese una sonrisa sugerente.
—¿Y quieres cobrártelo ya?
—No dejes para más tarde la poción que puedes hacer ahora, Harry.
Acercándose a él, le sostuvo la barbilla con la mano, inclinó la cabeza y le besó suavemente en los labios. Harry le respondió al beso suavemente, poniendo las manos sobre sus caderas. Con tranquilidad, se besaron durante un rato, disfrutando de la simple sensación del beso, sin ir más allá.
Al cabo de un rato se separó, mirando a Harry, observando sus ojos verdes brillando, sus labios rojos del beso.
—Besas muy bien. Y eres muy guapo.
—Usted también es muy guapo, caballero —bromeó Harry.
—No te atrevas a reírte de mí, Potter —le amenazó Draco.
—No me río de ti, tontorrón. Es verdad que eres muy guapo —Draco enarcó una ceja, escéptico y Harry añadió—: Te lo juro.
—Deberías dejar de hacer promesas y juramentos, Harry. Hoy estás acumulando unas cuantas.
—Pues entonces habrá que empezar a cumplirlas, ¿no? —preguntó Harry dirigiendo su mano hacia la entrepierna de Draco, que jadeó.
Volvieron a besarse, mientras Harry le desabrochaba el pantalón lo justo para poder meter la mano entre este y el calzoncillo, comenzando a frotar su erección. Draco gimió agradecido contra la boca de Harry.
Un ruido estridente sonó en toda la casa y Harry saltó hacia atrás. El sonido volvió a sentirse, como un soniquete impaciente.
—¿Qué es eso?
—El portero automático. —Draco le miró interrogante y Harry explicó—: Permite abrir la puerta de abajo desde aquí.
Se acercó a un artilugio blanco similar a los que había visto en las cajas rojas que había diseminadas por Londres. Las conocía bien, alguna vez había dormido en ellas, los muggles las usaban para hablar entre ellos.
—¿Quién es? —Harry escuchó la respuesta y apretó un botón, colgando aquello de vuelta—. Lo siento, Draco. Es Silvia.
—Silvia… Me suena…
—Mi compañera del hospital —le aclaró Harry—, la conociste el día que…
—La doctora Rodríguez, sí —le cortó con una afirmación de la cabeza—. La recuerdo.
—Va a subir —le dijo Harry señalándole los vaqueros. Draco recordó lo que habían estado haciendo unos segundos antes y se apresuró a abrochárselos y acomodarse.
Harry abrió la puerta en cuanto oyeron el ascensor abrir sus puertas al llegar a su piso. Silvia apareció en el umbral, sonriendo.
—¡Hola Harry!
—Hola, Silvia —contestó Harry cautelosamente—. No te esperaba.
—Es lógico, porque no podías saber que venía. El viernes te dejaste el teléfono en el trabajo. Vine ayer para traértelo, pero no estabas en casa —fijó su mirada en Draco y, entrando en la casa, le tendió la mano—. Vaya, tiene usted un aspecto magnífico. ¿Malfoy, verdad?
—Sí —asintió estrechándole la mano con recelo—. Trátame de tú, por favor. Tengo la misma edad que Harry.
—De acuerdo —contestó alegremente.
—Pues… Gracias por venir dos veces hasta aquí para traerme el teléfono —intervino Harry, claramente impaciente porque Silvia se marchara.
—No hay de qué —respondió Silvia entregándoselo—. Te habría dejado una nota ayer, pero no llevaba papel. Y supuse que estarías preocupado buscándolo.
Draco intercambió una mirada con Harry. Ni siquiera había mencionado el teléfono ese y creía que nunca le había visto utilizarlo allí en casa. No le había visto preocupado, ni buscar nada. Tampoco había mencionado que hubiese perdido algo.
—Lo cierto… es que lo utilizo tan poco que ni siquiera me había percatado de que no lo tenía en casa.
—El viernes cuando te fuiste estuvo sonando, por eso pensé que debía traértelo cuanto antes.
—Te lo agradezco, Silvia. — Harry abrió la tapadera del dispositivo y lo miró, frunciendo el ceño—. No parece una llamada urgente, pero muchas gracias por traérmelo cuanto antes aunque no lo fuese.
—Bueno, no podía saberlo. ¿Y qué tal te encuentras, Malfoy? —Moviéndose ligeramente para salir del campo visual de Silvia, Harry le hizo un gesto que Draco no supo muy bien cómo interpretar, salvo que la pregunta le había puesto nervioso—. Cualquiera que te hubiese visto hace una semana en aquel box no habría apostado por una recuperación tan rápida. Si pareces hasta más joven, virgen santa.
Claro… Silvia era muggle. Potter le había dicho que algunas de las enfermedades que había tenido eran tratables en el mundo muggle, pero que a ellos les costaba bastante más tiempo y dinero recuperarse.
—Bueno, realmente solo estaba muy cansado y muy sucio. Nada que no se arreglase durmiendo y con una buena ducha.
—¿Y has estado durmiendo aquí? ¡Harry, pensaba que sólo tenías una habitación!
—Yo he estado durmiendo en el sofá —aclaró Harry, mirándole nervioso. Draco le intentó transmitir sosiego con la mirada. Entendía que no quisiese dar detalles a una compañera de trabajo, por bien que se llevasen—. Él necesitaba la cama más que yo.
—¡Oh! —«¿Había sonado decepcionada?»— Como me contaste que erais viejos compañeros de colegio, pensé…
Harry carraspeó. Silvia se volvió hacia él y comenzó a despedirse. Agitó una mano en dirección a Draco, quien le correspondió con un asentimiento.
—No molesto más, me voy —dijo saliendo por la puerta, guiñando un ojo a Harry, que se sonrojó.
—De acuerdo —asintió Harry aliviado—. Lamento no invitarte a un café como agradecimiento, pero es que nos has pillado en mal momento.
«Error», pensó Draco. Efectivamente, la sonrisa de Silvia se ensanchó.
—No pasa nada —aceptó Silvia—. Mañana invitas tú en la hora de descanso. ¡Adiós, Malfoy! Hasta mañana, Harry.
—Hasta mañana, Silvia —se despidió Harry cerrando la puerta tras ella.
Ambos se quedaron inmóviles y en silencio mientras escuchaban cómo llamaba al ascensor. Cuando oyeron cerrarse las puertas de este y el motor descendiendo, Harry dejó escapar el aire que estaba conteniendo.
—Me cae bien tu compañera —dijo Draco, conteniendo la risa.
—No lo parecía el día que apareciste por el hospital.
—Porque no quería estar allí —repuso Draco—. Pero ella fue muy educada y respetuosa. Más que otros sanadores con los que he tenido la desgracia de toparme.
—Es una gran profesional, sí. Su único defecto es estar obsesionada en encontrarme pareja. Aunque tengo la sensación que después de hoy va a poner algo menos de empeño.
—Lo cierto es que si es mínimamente inteligente, se ha ido sabiendo lo que va a pasar aquí en unos segundos —rio Draco.
—Me temo que sí. Y creo que no me importa —confirmó Harry acercándose a él y abrazándole de nuevo—. ¿Por dónde íbamos? —preguntó antes de besarle otra vez.
Volvieron a besarse con languidez, justo como habían comenzado. A Draco le gustó aquello. Harry estaba dispuesto a ir despacio y a volver a empezar todas las veces que fuese necesario, y eso le dio seguridad.
Cuando la mano de Harry volvió a deslizarse hacia abajo y desabrochó el botón, Draco volvía a estar como una piedra. Correspondiéndole, se encontró con que la situación dentro del pantalón de Harry era claramente similar.
—Draco —jadeó Harry—. Es hora de empezar a cumplir promesas. Tú. En mi cama. Desnudo. Ya.
Las palabras de Harry fueron directas a su pene, que dio un saltito en respuesta a sus órdenes.
—Eres un poco marimandón, ¿sabías? —dijo con la voz ronca de excitación.
—Sí —confirmó Harry entrecerrando los ojos—. Así que deja de discutir, y tira.
—Con mucho gusto.
Ambos entraron en el dormitorio, quitándose la ropa. Draco pensó que quizá en algún momento tendría que tomarse el tiempo de desvestir a Harry despacio, descubriendo su piel poco a poco. Pero después de haber anticipado ese momento durante tantas horas, no se sentía con ánimos de alargarlo más.
Harry no parecía ser de la misma opinión. Cuando ambos estuvieron desnudos, este le empujó suavemente sobre la cama, besándole con calma otra vez.
—Prepárate para disfrutar, porque te dije que esta tarde iba a ser inolvidable para ti —ronroneó Harry en su oído.
Draco se estremeció solo con la expectativa de esa promesa. Deslizándose sobre su cuerpo, Harry le dio un par de lametones en la oreja izquierda que le hicieron gemir. «Merlín, aquello era muy bueno». Apenas acababa de comenzar y ya estaba a punto de correrse solo de pensar en lo que iba a ocurrir.
Harry fue bajando, repartiendo algunos lametones aparentemente al azar en distintos lugares de su cuerpo. Primero le lamió la carótida en el cuello. Después la línea de la clavícula. Draco alzó las manos para enterrarlas en el cabello de Harry, algo que le encantaba, y este aprovechó el hueco para darle otro lametón en la axila derecha, empapando su vello.
Draco se quedó paralizado por un segundo, porque era algo que no esperaba y por un momento le preocupó el olor o sabor a sudor. Al fin y al cabo era un sitio… sucio. Claro que él mismo se había considerado sucio y eso no había impedido a Harry masajearle, tocarle, besarle o chuparle. ¿Por qué iba a ser menos ese lugar? Se estremeció de placer ante la intimidad que le produjo el lametón.
Harry continuó, ignorante de sus pensamientos y sin parecer molesto por el olor o sabor, dando sendas lamidas a ambos pezones y haciendo círculos con la punta de la lengua en su ombligo. Siguió la línea del músculo del abdomen con la lengua y pasó a la parte interior del muslo, donde en lugar de lamerle, le dio un par de besos a cada lado.
Continuó bajando ignorando la erección de Draco, que se alzaba demandante y había comenzado a gotear. Un lametón detrás de la rodilla y continuó sin separar la punta de la lengua por toda la pantorrilla, alzándola con las manos para llegar sin tener que separarse de él. Poniendo el pie de Draco contra el pecho, bajó la cabeza y metiéndose el dedo grueso en la boca, lo succionó.
"Circe bendita", pensó Draco. Estaba realmente lamiendo todo su cuerpo. Harry siguió con el siguiente dedo, tomándoselo con calma, y uno por uno, se introdujo cada uno de ellos en la boca, lamiéndolos suavemente cuando los tenía dentro de ella. Cuando terminó con el pequeño, volvió a empezar con el otro pie. En unos minutos, Draco era un amasijo palpitante de placer encima de la cama.
Harry sonrió y, masajeándole la planta del pie con los dedos pulgares, la recorrió con la punta de su lengua despertándole un cosquilleo en las ingles que nada tenía que ver con las inocentes cosquillas infantiles.
—Ahora tienes que darte la vuelta —dijo Harry con la voz ronca.
Draco le obedeció como si Harry hubiese utilizado una Imperius contra él. Se tumbó bocabajo, acomodando el duro miembro contra el colchón, sintiendo como se clavaba contra su ingle. Harry volvió a deslizarse sobre su cuerpo, lamiéndole en esta ocasión la oreja derecha. Draco soltó un gemido de placer.
Bajando como antes, le lamió la vena cava del cuello, llegando hasta su nuca. Con delicadeza, le hizo subir los brazos hacia la almohada donde estaba enterrada su cara y lamió su axila izquierda. Besó el espacio entre los omóplatos y fue depositando más besos por toda su columna vertebral hasta llegar a la parte inferior de la espalda, justo donde se alzaban sus nalgas.
Harry chupó la nalga derecha en una lamida larga que llevó desde el pliegue de la pierna hasta la espalda. Después, repitió con la derecha. Sintió cómo las manos de Harry separaban las cachas, exponiendo su culo. Notó como, con suavidad, Harry soplaba justo encima, produciéndole más cosquillas. "Oh, Merlin, va a lamer ahí también", pensó alarmado. Las axilas y los pies eran una cosa, pero eso era el culo. No podía ser agradable.
Alzó la cabeza para decirle a Harry que ni se le ocurriera hacer eso cuando este pasó la lengua desde el punto donde su escroto se unía al cuerpo hasta la espalda en un lametón largo y lento. Draco se derrumbó de nuevo sobre la almohada, sollozando de placer. Harry repitió el movimiento, provocando de nuevo un estremecimiento en Draco.
Sintió como Harry, sujetando aun sus nalgas con las manos, pegaba su cara a su culo y empezaba a lamer, besar, chupar y succionar su ano. Draco no había sentido tanto placer en su vida. Si unos segundos antes no había querido que Harry lamiese justo ahí, ahora no quería que dejase de hacerlo. Notaba cómo estaba besando el agujero de su culo con la misma fruición y pasión con que lo besaba a él. Lo lamía, con los labios pegados alrededor de él. Incluso notaba su lengua punteando la entrada.
Harry tensó la lengua y empezó a introducirla dentro. Draco sintió cómo su ano se ensanchaba al paso de esta y volvía a cerrarse cuando salía. Se dio cuenta que estaba apoyado encima de su pecho y rodillas, alzando el culo hacia arriba, buscando la lengua de Harry con la misma intensidad con la que este intentaba meterla dentro de él.
Harry siguió lamiendo y chupando como si su culo fuese la cosa más deliciosa del mundo. Cuando metió la mano por el hueco que había abierto al subir para permitirle un mejor acceso a su lengua, y agarró su polla, apretando firmemente la base, Draco gimió de placer en un grito que ahogó la almohada.
—¡Oh, Merlín, Harry! Eso es… Es…
—No te corras todavía, Draco —le pidió con voz ronca—. Si ves que vas a hacerlo, avísame para que baje la intensidad.
Draco no le contestó. Apenas le quedaban fuerzas para intentar controlar su eyaculación, no quería gastarlas en responderle. Harry movió suavemente la mano con la que sujetaba su erección, recogiendo el líquido que estaba saliendo en espesas gotas de él, usándolo para humedecer su glande.
Con la boca, siguió follándole el culo, consiguiendo que este cediese poco a poco, dejando entrar cada vez más porción de su lengua. Cuando Draco gimió largamente, separó su cara y soltó su polla. Draco estaba a punto de levantar la cabeza para averiguar por qué había parado, cuando notó una sensación fría en el culo. «Estaba extendiéndole lubricante», comprendió.
Notó como Harry introducía un dedo con suavidad. Estaba tan relajado gracias a la lengua de este, que apenas notó una pequeña incomodidad cuando apretó inconscientemente. Harry lo notó y con la otra mano le hizo una suave caricia en la nalga, indicándole que se relajara. Draco lo hizo, recordando que empujar hacia afuera ayudaría. Harry rotó el dedo dentro de él, mientras notaba como daba cortas caricias con su yema.
Un latigazo de placer le obligó a poner los ojos en blanco y volver a gemir.
—¡Ah, ahí estás! —oyó que Harry decía—. Voy a meter otro, ¿de acuerdo, Draco?
Draco farfulló un asentimiento. El placer había sido tan bueno, que estaba dispuesto a dejarle meter cuantos dedos quisiera si eso se repetía. El dedo de Harry se retiró y volvió acompañado del segundo. Esta vez su culo protestó más por la invasión y sintió como se apretaba alrededor de los dedos, como queriendo cortarlos. Harry volvió a agarrarle la polla, iniciando de nuevo las suaves caricias de antes.
Pronto, Draco se había olvidado de que eran dos los dedos que tenía dentro y estaba moviendo la cadera, follándose él mismo contra la mano de Harry, que había comenzado a separar los dedos dentro de su culo, obligándolo a estirarse. Cuando sintió que estaba listo para alcanzar el punto de no retorno, intentó encontrar su voz para avisarle. Harry debió entenderlo, porque retiró despacio los dedos.
El culo de Draco se cerró y abrió en protesta por la falta de esa invasión tan placentera. Los dedos de Harry volvieron, otra vez fríos por el lubricante que había añadido. Lentamente, volvió a meter los dedos, que sintió más gruesos esta vez. "Tres", entendió Draco. Harry tenía tres dedos dentro de su culo, cuando hacía una hora no habría apostado a que hubiese podido entrar siquiera un pelo.
Lentamente, Harry se fue abriendo paso. Draco se sentía lleno, como cuando tenía ganas de ir al baño. Se asustó.
—Harry, para. ¡Para! —Harry se detuvo inmediatamente. Draco le miró y este le devolvió la mirada asustado.
—¿Te duele? Debería ser incómodo porque es tu primera vez, y tienes que acostumbrarte a la sensación, pero he ido despacio, no debería dolerte.
—No, no, es que necesito ir al baño. Y rápido.
Harry lo miró, como si no entendiese qué ocurría. Un gesto de comprensión cruzó por su cara.
—No te preocupes, Draco. Es normal. Crees eso porque tu cerebro te dice que es lo que siente cuando esta parte de tu cuerpo está… llena. Créeme, no hay nada aquí, tengo mis dedos metidos, si hubiese algo ya lo habría tocado. Relájate y la sensación pasará.
Harry lo estaba mirando con confianza y parecía seguro de sí mismo. Tenía razón, tal y como tenía los dedos metidos ahí dentro, podría notar cualquier urgencia que pudiera tener. Respiró hondo y asintió a Harry.
Este sacó y metió los dedos un par de veces más, mientras volvía a prestar atención a su polla, que curiosamente, a pesar de la incomodidad y los dedos, seguía estando dura como una piedra. Con cuidado, sacó los dedos y el culo de Draco volvió a protestarle por quedarse vacío.
—Harry… —suplicó.
—Ya voy —le confirmó este—. Dime si te duele e iré más despacio, ¿vale?
Draco asintió, preparándose mentalmente. Harry se arrodilló entre sus piernas y, poniendo la punta de su miembro en la entrada de Draco, empujó ligeramente. Centímetro a centímetro, se abrió paso. Draco apretó los dientes a mitad del proceso, porque su culo había empezado a protestar por la invasión. La incomodidad había dado paso a un dolor de intensidad media que parecía atravesar su culo e ir directo a su columna vertebral.
No se quejó, pero Harry debió notarlo, porque se quedó sumamente quieto mientras le acariciaba la espalda. Draco intentó respirar hondo y empujar, como Harry había dicho. Unos segundos después el dolor había desaparecido.
—Sigue —le indicó a Harry jadeando.
Este volvió a empujarse poco a poco. Esta vez ya continuó hasta el final y Draco pudo notar cómo sus huevos le rozaban el culo. Jadeó, sorprendido por lo placentero e íntimo que se sentía aquello. El día anterior se había preguntado cómo había podido Harry correrse con su polla dentro de su culo y aunque Harry le había explicado sobre la próstata, ahora entendía que no era necesaria, que solo estar así con él podría catapultarle hasta el cielo.
Cuando Harry vio que estaba bien, empezó a moverse. Primero deslizó la polla hacia fuera, sacándola casi completamente, y volviendo a empujar hacia adentro. Mantuvo la cadencia durante unos minutos, dando tiempo a Draco a habituarse a la sensación. Cuando Harry aumentó el ritmo, la incomodidad ya había pasado. Cuando el pene de Harry golpeó por primera vez en ese punto que Harry había tocado cuando había metido el primer dedo, Draco se quedó sin aliento.
Harry aumentó la velocidad de sus embestidas, haciéndolas más cortas para cerciorarse de que golpeaba ese punto cada vez que la volvía a introducir. Draco empezó a sollozar de placer otra vez, gimiendo largamente y notando como esas oleadas de placer que partían desde su culo llegaban hasta su polla, endureciéndola más todavía y provocándole unas ganas de correrse terribles.
Harry siguió aumentando el ritmo gradualmente. Draco creyó que iba a derretirse de placer o a estallar si no se corría ya. Un golpe en su próstata, dos, tres y sin poder más, se corrió en el orgasmo más largo de su vida mientras los chorros de semen bañaban las sábanas, salpicando su pecho y barbilla. Harry empezó a gemir y sus embestidas pasaron a ser erráticas. Draco se dio cuenta que era debido a que al correrse había apretado el culo.
Consciente de ello, todavía con los restos del orgasmo desvaneciéndose en su ingle, apretó el culo lo más fuerte que pudo, sintiendo como Harry metía y sacaba su polla. Este empezó a jadear y gemir más fuerte, dando varios golpes erráticos que ya no acertaron en su próstata, y Draco sintió cómo empezaba a llenarse con la corrida de Harry.
Agotado, se dejó caer en la cama, sintiendo como Harry caía encima de él, con el pene aun dentro y soltando los últimos chorros de esperma. Despacio, salió de él y se tumbó a su lado.
—¿Te ha gustado? —le preguntó Harry con una mirada de cariño en el rostro.
—Ha sido mejor incluso que lo de ayer —admitió Draco jadeando.
—¿Me crees ahora cuando te digo que me gusta tanto ir arriba como abajo?
—Te creo. —Draco sintió un líquido tibio escurrirse entre sus nalgas—. Merlín, no…
—¿Qué pasa?
—Creo que estoy…
—Espera, espera —le dijo Harry mientras con la mano le obligaba a permanecer tumbado—. No puede ser, he tenido mucho cuidado.
Sintió como Harry volvía a situarse entre sus piernas y, con las manos, le separaba las nalgas como antes. Le oyó soltar una risita antes de notar cómo, con la lengua, lamía el líquido que se le escurría. Después volvió a lamer a lo largo de la división entre las nalgas, retozando unos segundos en su ano.
—¿Qué haces? —le preguntó ligeramente enfadado.
—No estás sangrando, Draco. Es mío.
—¿Y por qué lo chupas? Ha estado dentro…
—No seas mojigato, Draco. Eso ha salido de mi cuerpo. Y ha estado en el mismo sitio donde he estado yo. ¿No te ha gustado?
—Claro que sí, pero no quiero que hagas cosas desagradables solo porque me gusten.
—¿Ha sido desagradable para ti? —dijo volviendo a tumbarse junto a Draco
—No, pero tú…
—Entonces, no presupongas que ha sido desagradable para mí —le cortó Harry sonriendo—. Ha sido tan agradable que si no te estoy comiendo el culo todavía es porque has empezado a quejarte.
—Lo siento. Es que pensé que quizá el olor… o el sabor…
—Olías a jabón y sabías a ti. Estás delicioso. Me ha encantado hacerlo, y salvo que tú no quieras, me gustaría volver a repetirlo muchas veces.
—Esto es como lo de ir abajo, ¿verdad? Estás riéndote de mí en tu cabeza porque sabes que es algo muy placentero y yo estoy hablando desde la ignorancia, ¿a que sí?
—Sí —admitió Harry—, así es. Me ha gustado muchísimo chuparte y lamerte entero.
—A mí me ha gustado que me lo hagas. Y creo… creo que también quiero hacértelo yo a ti. Solo hablaba desde el prejuicio.
—Me alegro. ¿Podemos dejar de hablar ya y besarnos?
—Tu lengua ha estado en mi culo, cochino —le contestó Draco con una sonrisa antes de besarle con todas sus ganas.
Aunque era temprano y se había levantado tarde, Draco no tenía ganas de moverse. Se quedaron así, agradablemente tumbados el uno junto al otro, dándose caricias menos eróticas, pero muy cariñosas y agradables.
Cuando la vejiga empezó a molestarle, se levantó al baño, aprovechando para ducharse. Cuando salió, Harry había preparado una cena frugal, lo cual agradeció, pues aun sentía el estómago lleno de la comida de la señora Weasley.
Cuando terminaron y se lavaron los dientes, se asearon y volvieron a la cama. Tumbados de nuevo, empezaron a compartir besos y caricias que no tenían como objetivo encenderlos, sino relajarlos. Mirando los ojos verdes de Harry, vio reflejado el intenso cariño que este le tenía. Estaba seguro que en su mirada Harry podía ver una expresión similar. Y así, sin decirse nada y casi sin darse cuenta, se quedó dormido.
Cuando se despertó a la mañana siguiente, la cama estaba vacía. El sitio de Harry estaba tibio, por lo que no podía hacer mucho tiempo que se había levantado. Escuchó atentamente, pero no se oía ningún ruido, y el olor a café recién hecho, aunque persistía, se estaba desvaneciendo. Pensándolo, era consciente de haberse medio despertado cuando Harry se había marchado a trabajar y se había despedido de él con un beso.
Se levantó al cuarto de baño, duchándose para despejarse. Luego fue a la cocina esquivando a Lady, que se empeñaba en entrometerse entre sus piernas cuando caminaba para frotarse contra ellas. Rindiéndose, Draco se agachó y jugó un rato con ella. Cuando se sentó en el taburete a desayunar, notó por primera vez el pinchazo. Intentó acomodarse, pero volvió a sentirlo.
Al parecer, su culo se acordaba igual de bien que él de lo que había pasado la noche anterior. Harry no le había avisado de esa consecuencia en particular.
—Quizá se refería a esto cuando dijo que iba a ser una tarde inolvidable —comentó jocosamente a Lady. Esta, sentada muy formal a sus pies, le miraba penetrantemente—. Oye, no me mires así, seguro que los gatos también hacéis esas cosas.
Volvió a acomodarse y, aunque sintió otro pinchazo, decidió que no era desagradable. No dejaba de ser un testimonio de algo muy placentero y seguramente a Harry le habría pasado lo mismo el día anterior y no había dicho nada.
Había terminado de desayunar y estaba sirviéndose un vaso de agua cuando oyó los golpes en la ventana. Al principio no le dio importancia, miró a Lady y comprobó que seguía sentada, aunque sus orejas estaban alerta y miraba en dirección a la ventana.
Se encogió de hombros y siguió a lo suyo. El golpeteo volvió a sonar. Lady se había subido al sofá, donde tenía una buena vista de la ventana y estaba agazapada moviendo el rabo en posición de caza. Con el ceño fruncido salió de la barra, se acercó a la ventana y a medio camino paró cuando vio la lechuza que estaba provocando los instintos cazadores de Lady.
Notó un peso en el estómago. Se quedó clavado en el sitio de puro terror. Su frente estaba perlada de sudor y notaba cómo su cuello palpitaba a toda velocidad. Cerró los puños de las manos, fríos como témpanos de hielo. Una puta lechuza. Llevaba una semana allí metido y Harry no había recibido una sola lechuza. De hecho, había comentado expresamente que no usaba el correo lechuza para hablar con sus amigos.
La lechuza volvió a golpear la ventana, impaciente. Lady estaba a punto de saltar sobre ella, probablemente ignorando que lo más probable era que se estamparía contra el cristal. ¿Debía abrir la ventana?
—El corazón me dice que no son buenas noticias, Lady —parafraseó acercándose al sofá para tranquilizar a Lady, que había empezado a bufar—. Pero no leer una mala noticia no la hacía desaparecer, ¿verdad?
Con la mano temblando, apartó a Lady, que protestó al verse distraída de su cometido, se acercó a la ventana y abrió ligeramente la hoja. La lechuza entró, ululando indignada y montando un escándalo. Volando hasta la barra, dejó caer un sobre y se posó. Lady, ante una presa tan ruidosa y atrevida, se había escondido debajo del sofá, desde donde seguía bufando.
—Lo siento, pero… aquí no tenemos golosinas para lechuzas —musitó Draco sin saber muy bien cómo reaccionar. La lechuza ululó indignada un par de veces más y salió volando por la ventana de nuevo.
Draco suspiró aliviado cuando la vio marchar. Con las rodillas temblando, cerró la ventana y se sentó en el sofá para tranquilizarse.
—Quizá… a lo mejor es una carta de los Weasley, Lady —dijo tratando de convencerse—. ¿Ha recibido tu humano carta de los Weasley por lechuza? Dudo que en esa casucha de Ottery St. Catchpole tengan portátil.
La acidez de la pulla no le hizo sentir más seguro. Y Lady seguía escondida bajo el sofá, lo cual era un indicador de que no era una situación frecuente. Bueno, esperaría a que Harry llegase a casa para que abriese la carta y saliese de dudas. Seguramente estaría haciendo un drama de aquello y Harry se reiría explicándole que era una carta normal y corriente.
Iban a ser unas horas muy largas, pensó deseando que Harry estuviese ya allí. Lo mejor sería empezar por tranquilizar a Lady. Se agachó junto al sofá para tender una mano a Lady. Sabía que los gatos confiaban en los olores conocidos y seguramente le diese confianza poder oler su mano. Si no, usaría comida, la comida siempre funcionaba.
El golpeteo volvió a sonar. Giró la cabeza tan rápidamente que Nick Casi Decapitado estuvo a punto de tener un competidor serio. En la ventana había otra lechuza, más grande que la anterior y con otro sobre aferrado en el pico.
—Merlín bendito —murmuró. Una lechuza podía entrar dentro de lo normal por primera vez en varios días, pero dos lechuzas en cinco minutos en una casa muggle no podían ser buena señal—. ¡Es verdad! ¡Es una casa muggle!
Esta vez se levantó a abrir rápidamente. Lo que faltaba era que encima los vecinos de Harry empezasen a preguntarse qué hacían dos lechuzas en pleno Londres golpeando una ventana a primera hora de la mañana y entrando y saliendo de un edificio de apartamentos.
La lechuza entró volando. Lady, superada por la situación, salió de debajo del sofá con el rabo entre las piernas y las orejas pegadas a la cabeza y salió corriendo hacia el dormitorio, en busca de un refugio más seguro. La desazón de Draco creció más, como si fuese un augurio de mala suerte. La lechuza, esta vez volando hasta la mesa auxiliar frente al sofá, dejó caer el sobre y se fue volando rápidamente, sin esperar recompensa alguna.
Draco cerró la ventana con un portazo más fuerte del que pretendía. Seguía tenso y notaba todo su cuerpo sudoroso. No era médico, pero apostaba a que estaba teniendo un ataque de ansiedad como el que tuvo Harry, aunque menos potente e incapacitante.
Decidió que lo prioritario era consolar a Lady y sacarla de donde fuese que se había escondido, así que dio un par de pasos para cruzar la habitación cuando, mirando a la mesa de refilón, vio su nombre escrito en el sobre. Frenó en seco y se acercó a la carta sin tocarla:
A/A de Draco Lucius Malfoy
16 Denman St, Soho,
London W1D 7DY, Reino Unido
La estilizada caligrafía en tinta violeta parecía apuñalar el papel. En la esquina superior, los escudos del Departamento de Aurores y del Ministerio de Magia. Entonces se fijó: la carta había sido depositada junto a su varita, la de espino. Se acercó a la barra y vio que la otra había sido dejada al lado de la varita de acebo de Harry. Con un vistazo comprobó que el sobre exactamente igual. Sólo variaba el nombre del destinatario.
Lo sabía. Sabía que no podía ser bueno que se presentasen dos lechuzas allí. El Ministerio sabía que Harry y él estaban viviendo juntos y había escrito a ambos a la vez. Nada de lo que hubiera escrito allí dentro iba a reportarles ningún beneficio a ninguno de los dos.
Con un jadeo, cayó en la cuenta. El Ministerio sabía dónde estaba. Dónde estaban ambos. Los habían estado siguiendo. Ambas cosas tenían que estar relacionadas. Con las rodillas temblando, se sentó en el sofá. Tocó el sobre. La tinta estaba fresca: quien lo hubiese enviado estaba cerca de allí.
Con las manos temblándole, cogió la carta y rompió el lacre.
A la atención del señor Malfoy:
Se le cita a una comparecencia ante la Junta Permanente del Wizengamot
Fecha: a las 12:00h del tercer día a partir de la recepción de esta misiva.
Lugar: Sala número 5 del Wizengamot
Motivo: Tenencia de varita y realización de hechizos contraviniendo sentencia dictada por el Wizengamot.
Acusación: Departamento de Seguridad Mágica.
Tiene derecho a consultar y comparecer asesorado por un abogado.
La no comparecencia se entenderá como rebelión manifiesta y ejecutará las cláusulas de desobediencia y rebeldía de su sentencia.
Atentamente,
Jefe de Aurores Augustus Fern
Departamento de Aurores
Ministerio de Magia
Hijos de puta. No le iban a dejar en paz. Ahora estaba completamente seguro de que esto estaba relacionado con quien sea que les siguiese.
—Me querían muerto. Me tiraron a la calle porque sabían que iba a morir. Y que Harry me haya recogido les ha jodido los planes —entendió—. Y les ha dado la excusa.
La lechuza había enviado la misiva junto a su varita y él la había abierto. Si había un medio para detectar los hechizos realizados por Harry en su entorno, lo tendrían para saber que él había abierto su carta. Y eso implicaba estar junto a la varita.
—Merlín, estoy perdido —gimió.
Sopesó sus opciones. La carta de Harry estaba escrita en la misma tinta violeta y llevaba los mismos sellos, así que tenía todo el aspecto de ser otra citación judicial.
—Esos hijos de puta van a aprovechar esto para ir a por él —comprendió—. Le acusarán de lo que sea.
Una opción era comparecer, llevar su varita y que comprobaran que no había realizado hechizo alguno. No podía saber si Harry había utilizado la varita en algún momento, en cuyo caso, daría igual porque no podría demostrar nada. «Qué coño, daba igual de todas formas, presentarse con la varita era asumir el delito de tenencia de varita. Y ejecutarían las cláusulas de rebelión y desobediencia. Que le llevarían al agujero de Azkaban, en el caso más optimista», comprendió.
—Harry testificaría a mi favor. Ya lo hizo una vez. Y dijo que Granger me ayudaría si era necesario —se intentó convencer a sí mismo—. No, no funcionaría. Granger ni siquiera está en el país y Harry tiene problemas suficientes sin cargar conmigo.
Y su testimonio no valdría de nada, sabiendo cómo estaban de mal las cosas para él en el mundo mágico.
Nervioso, se levantó y paseó por la sala. Estaba en un callejón sin salida. Daba igual dónde moviese el rey, estaría en jaque: ahogado. Se detuvo cuando vio a Lady sentada en la puerta del dormitorio, cautelosa y lista para salir corriendo de nuevo.
—Recapitulemos qué es lo que sabemos, Lady —dijo hablando con una voz melosa que no se correspondía con las palabras que estaba pronunciando. Sorprendentemente, hacerlo le tranquilizó a pesar de que primordialmente lo hacía por la gata—. Dos citaciones, la mía para acusarme de hacer magia y tener varita, no hay nada que pueda hacer para probar lo contrario.
"Y eso suponiendo que fuese un juicio justo", pensó amargamente.
—Otra para Harry. Nos han estado siguiendo e intentando leer la mente. Saben que vivo aquí con él. Juntos.
Lady maulló y entró en la habitación. Poniéndose en cuclillas, Draco le tendió la mano, que ella aceptó frotando el lomo contra ella.
—Buena chica. Menudo susto, ¿eh? —la animó acariciándola—. A Harry esos hijos de la grandísima puta le registraron cuando fue a por mis pociones. Dijo que le daba miedo no poder venir a traérmelos. Van a juzgarlo por ayudarme, joder. Por darme una varita o por curarme.
"Joder, joder, joder".
Tenía que hacer algo. Pero no sabía el qué. Probablemente Harry podría salir de la ciudad o del país. Tenía varita y podía desaparecerse. Pero no con él encima. Tenía un puñetero Detector, cada vez que Harry hiciese magia cerca de él, estaría delatando su posición. No podía quedarse junto a Harry si quería que al menos él tuviese una oportunidad.
—Es el Detector lo que les ha traído hasta mí. Lo que les ha alertado de que hay magia a mi alrededor. —Entendió la implicación de sus conclusiones—. Tengo que irme, Lady.
No podía salir por la puerta sin más. Si a Harry le iba a costar entender que se fuese, no le perdonaría que lo hiciese sin explicárselo. Se agachó frente al portátil y lo abrió. En cuanto ejecutó un programa que le permitía escribir, le explicó en letras mayúsculas que se iba y por qué.
Tenía que prepararse. Corrió a la habitación, sacó parte de su ropa y cogiendo una mochila de las que Harry usaba para ir al trabajo, embutió lo que le cupo en ella. En la entrada, donde había visto que Harry depositaba el dinero muggle al entrar, cogió todo lo que había.
Saqueó también algunos paquetes de galletas y unas pocas latas de conservas. Fue hacia la entrada y abrió la puerta. Echó un vistazo, antes de irse. Lady le miraba fijamente, de pie y alerta en medio de la sala.
—Lo siento. Cuida de Harry, ¿vale? —Salió y cerró la puerta.
