Tiempo Actual.

(Mal)

No podía dejar de mirar el diminuto cristal que el Sr. Gold sostenía en la mano, esos chicos no podrían regresar a su hogar sin olvidar algún detalle de su vida, la Varita Mágica no los podría ayudar.

—Sabemos que hay Cristales de la Memoria en el mundo de esos chicos, hay que ir a buscar en la Sabana el cristal para que Ben recupere su memoria— digo mirando a Henry y a Gold.

—Mal, entiende que ir a la Sabana es un gran peligro, ese territorio es propiedad del Reino Animal y se prohíbe la presencia de humanos allí, además, está demasiado cercano a Notre Dame, crear un portal a la cercanía de ese ciudad puede ser un gran riesgo para todo Storybrooke.

—Sr. Gold, usted dijo que haría un portal con la Varita del Hechicero y que nos daría una Habichuela Mágica para regresar, y además ¿Qué hay de peligroso en Notre Dame?

Gold se quedó callado, parecía que había algo en ese lugar, algo a lo que le temía.

—Hay alguien en ese lugar, el Padre Frollo— conocía bien ese nombre, Asesino de Gitanos es como lo llamo en la Isla de los Perdidos.

—Conozco ese nombre.

—Tú conoces la versión de tu tierra, Auradon, pero en el Bosque Encantado, es uno de los brujos más oscuros que hay en la historia.

—¿Por qué, abuelo? Parece que le temes.

—Todo Tenebroso siente cierto temor hacia él, es el creador del Aquelarre de los Once Brujos, un culto secreto de magia negra que usaba hechizos diversos como tortura para asesinar gitanos. Frollo decía que era para el bien del mundo entero, pero el Consejo de Magia no aceptaba las formas de conducta de los Seguidores de Frollo, por lo que empezaron a cazarlos, aunque no pudieron encarcelar Frollo, debido a sus altos conocimientos en las Artes Oscuras.

—Tenemos que llegar al Bosque Encantado, abuelo, el tiempo está en nuestra contra— dijo Henry—. Mientras sigan aquí, habrá mayor peligro de que Narissa robe la Varita Mágica del Hada Madrina.

—Necesito la Varita del Hechicero para poder abrir el portal.

—La conseguiré mañana, nos vemos en tu tienda antes de que amanezca.

Flashback, antes de la primera maldición.

(Gold)

Necesito encontrar rápido una manera de viajar a un Reino Sin Magia, ahí es donde sin duda estara mi hijo, pero para que Regina esté lista para lanzar la Maldición Oscura falta mucho tiempo y fui un tonto al no notar los Zapatos Plateados de Zelena, se los hubiera robado cuando tuve la oportunidad.

Soy el Tenebroso y no puedo crear un solo maldito portal que me lleve a mi hijo, no tengo el suficiente poder ni para liberarme de la Daga, es horrible, la única forma de obtener mayor poder es mediante el Sombrero del Mago, pero ningún Ser Oscuro ha logrado obtenerlo, no tengo ninguna forma para poder irme a ese reino.

—Quien diría que un Tenebroso este desesperado por hacer un hechizo mágico— una voz a mis espaldas me hace girarme.

—Pero si es Frollo, con razón el olor a azufre y sufrimiento— digo girándome al hombre horrible que está delante de mí.

—No te sientas mal, Rumplestilsking, después de todo, la magia de un Tenebroso no es muy fuerte.

—Tengo la suficiente magia como para reducirte a cenizas.

—Pero no tienes esto— me muestra un pequeño frasco con polvo dentro.

—De nada me servirá un poco de Polvillo de Hada.

—No es simple Polvillo de Hada, es Magia Oscura, una magia que le pertenecía a mi grupo de monjes.

—El Aquelarre de los Once— dije con fastidio.

—La palabra "aquelarre" es demasiado, veíamos lo mejor para la humanidad.

—Asesinando gitanos de forma masiva, rompiendo las Leyes de la Magia y la Naturaleza.

—Tú también has roto esas leyes.

—Esas leyes no aplican conmigo, te recuerdo que junto con el Espíritu del Bosque, no estoy aligado a las Leyes de la Magia.

—Pero sí a las de la Naturaleza.

—Con una pequeña diferencia, yo no asesino sin razón alguna, en cambio tu Aquelarre...

—¿Vas a querer mi ayuda o no?

—Me estás ofreciendo un frasco de Magia Oscura cuando soy el Tenebroso, literalmente poseo toda la...

—No toda, veras, al igual que todo poder, el tuyo tiene límites, pero esta magia, es tan, tan oscura, que no sigue ninguna ley, lo cual hace que pueda romper la ley de la Separación de Mundos, y puedas reunirte con Belfire.

—¿Qué es lo que quieres?

—Algo simple, busco a un hombre— se paseó por mi lado—. Mejor dicho, un Jorobado, su nombre es Quasimodo, él, junto con una gitana, Esmeralda y su esposo Febo, huyeron de Notre Dame hace tiempo, el jorobado era un hijo de una gitana que asesine hace años, no lo mate por consejo del arcediano de la Catedral, ese jorobado ha sido un martirio y ha impuesto una rebelión en mi contra, no puedo matarlo porque juré cuidarlo ante los Ojos Divinos, así que te propongo esto. Encuentra a Quasimodo, asesínalo, tráelo a Notre Dame y te daré tu recompensa, poder reunirte con tu hijo.

Lo pensé por un momento, asentí con la cabeza.

—Es un trato.

Tiempo Actual.

(Mal)

—¿Cómo le quitaremos la Varita del Hechicero a Zelena?— pregunto mientras Henry y yo caminamos hacia la casa de Regina.

—Necesitamos encontrarla primero, tal vez la Varita del Hada Madrina nos ayude, pero necesitamos asegurarnos de que no haya nadie en la casa.

Entramos al número 108, encontrándonos con mis amigos.

—¿Ocurrió algo?— pregunta Evie preocupada.

Henry y yo nos miramos, le conté todo lo que paso a mis amigos, la llegada de School of Rock y como no olvidaron nada cuando cruzaron la Falla debido a los Cristales de la Memoria.

—La única manera de hacer que Ben recupere su memoria, es ir al Bosque Encantado y encontrar esos cristales.

—Iremos— dicen mis amigos decididos.

—Chicos, me encantaría que fueran, pero Gold dice que es peligroso ir en masa, y lo más conveniente es que se queden aquí y cuiden de la Varita del Hada Madrina, con Narissa aquí no podemos correr ningún riesgo.

Mis amigos se miran entre sí, pero al final asienten con la cabeza.

—De acuerdo.

Henry se acerca a nosotros.

—¿No han venido mi madre o mi tía?— pregunta el chico.

—No, tu mamá y su hermana se fueron al cementerio, y tus abuelos patrullan la ciudad, por si Narissa aparece.

—Bien, Mal, saca la varita— me dice Henry en tono amable.

Miro a Evie, Jay y Carlos.

—¿Qué paso con Arthur?— pregunto a mis amigos.

—Sigue arriba— me responde Carlos—. No ha bajado y ni hemos querido hablar con él.

—Es extraño ver a Ben de esa forma— me dice Jay—. Ya sabes, estaba acostumbrado a verlo como el Niño Bueno.

—Ahora es un villano total— responde Evie.

—No por mucho— digo y levanto la varita plateada— ¡Bíbbidi, Bábbidi, Bú!

Chispas blancas salieron de la punta, empezaron a crear una bola de magia que salió disparada hacia la planta alta, Henry corrió y yo lo seguí, llegamos a una habitación grande con una cama decorada con sábanas verdes y una cuna, llegamos hasta el armario y justo debajo de la ropa hay una caja alargada de madera.

—Aquí esta— digo y trato de tomar la caja, pero esta es envuelta por una luz y me quema la mano haciendo que retroseda.

—Un Sello de Sangre— dice Henry—. Mi madre debió haberlo puesto ahí.

—Genial, solo ella lo podrá abrir— digo con sarcasmo.

—No lo creo, Emma debió haberlo puesto, esa luz era blanca, justo como su magia, ahora...— Henry acerca sus manos, el brillo vuelve aparecer pero sus manos lo traspasan con facilidad, el brillo se extingue. Henry abre la caja y ahí está, una varita de madera envuelta por una especie de tallo.

—¿Es esa?— pregunto.

—Sí, esta es la Varita del Hechicero, mejor vámonos, creo que haremos este viaje antes de tiempo, antes de que mi madre note que el sello está abierto.

—Bueno, vamos con Gold.

—¡Henry! ¡Ya llegamos!— grita Regina desde la planta baja.

—No puede ser— dice el chico entre dientes.

—Vámonos— le digo caminando a la puerta.

—No podemos salir por la entrada principal y mostrarles que tenemos la varita.

—¿Entonces qué hacemos?

Evie, Jay y Carlos entran al cuarto, Henry los mira y luego a mí.

—Mal, dale la Varita Mágica a tus amigos, y que nos transporten a la tienda de mi abuelo con ella.

No es mala idea, saco la Varita Mágica del Hada Madrina y se la entregó a Evie, quien la toma con manos temblorosas.

—Ya sabes que hacer— le digo y ella asiente no muy convencida—. Cuiden a Arthur, y asegúrense de cuidar la varita, es nuestro boleto de salida.

—Claro que lo haremos — me asegura Jay.

Escucho pasos subiendo las escaleras.

Evie me mira, levanta la varita y dice:

—¡Bíbbidi, Bábbidi, Bú!

Un arco de luz salió de la punta y se abalanzó hacia nosotros, sentí como mis pies dejaron de tocar el piso y como una ráfaga de viento me golpeaba la cara, veía solo un montón de colores borrosos hasta que sentí el piso y las imágenes se aclararon, dejando ver la tienda del Sr. Gold. Henry entra con la Varita del Hechicero en mano, Gold se encuentra en el mostrador, su nieto se acerca y le da la varita.

—Cambio de planes, tenemos que irnos ya— le dice Henry.

Flashback, antes de la primera maldición.

(Gold)

La belleza de la que era característica Notre Dame se ha desintegrado por completo, no hay personas en la calle, las casas tienen un aspecto gris y abandonado y el cielo azul en cada rincón del Bosque Encantado es gris y tormentoso.

El Campanario está a poca distancia, el bulto cubierto por sábanas continua flotando detrás de mí, las puertas del Campanario se abren cuando me acerco, entro al tenebroso espacio y las puertas se cierran, con la única iluminación de unas velas vacías.

—Pensé que no llegarías— el tenebroso rostro del Padre Frollo aparece de entre las sombras.

—Quisiste hacer un trato con el Tenebroso.

—Muéstramelo.

Hago que el cuerpo inerte flote hacia Frollo, lo dejo caer a sus pies y él lo descubre, revelando el desfigurado rostro del Jorobado Quasimodo.

—Solo a Quasimodo.

—Nunca dijiste que también a Esmeralda o Febo.

—Hasta que vea sus cadáveres no te daré lo prometido.

—Si así lo quieres.

Levanto una mano y lanzó a Frollo hasta el otro lado de la habitación, el trata de atacarme pero soy más rápido y le ato las manos con la soga de la que cuelga el candelabro, lo dejo caer y el cuerpo del brujo es alzado hasta el lugar donde se encontraba la decoración de velas.

—¿En serio creíste que manipularías al Ser Oscuro?

Desaparezco el falso cuerpo de Quasimodo.

—¡Era una ilusión!— exclama Frollo.

—Claro que lo era. En todos mis años como el Tenebroso he aprendido muchas cosas, dos de ellas son, nunca confíes en un brujo y menos si es el líder de un aquelarre, y la otra es que suelen ser muy mentirosos y embusteros. La Magia Oscura — muevo mi mano y hago aparecer el frasco que me había ofrecido anteriormente— no es capaz de romper la Ley de la Separación de Mundos, ninguna magia es capaz, eso lo sé, la supuesta magia del Aquelarre de los Once es muy oscura, pero no es capaz de romper ninguna Ley Mágica. Así que si no era cierto lo que me dijiste, el trato no tiene validez, por lo que no perdería mi tiempo buscando a un jorobado y una gitana para matarlos, como te dije antes, a diferencia de ti, no mato por placer.

—¡Eres un embustero!— exclama con enojo.

—Bueno, supongo que es lo único que tenemos en común.

Y sin más, desaparezco de ese lugar con el frasco de Magia Oscura en mi mano.

Tiempo Actual.

(Mal)

—Ten— dice el Sr. Gold dándonos una habichuela blanca que parece de cristal —. Cuídenla bien, y traten de abrir el portal lo más alejado de Notre Dame.

—De acuerdo abuelo.

—El Cristal de la Memoria debe de estar en las Sombras de la Sabana, en un Cementerio de Elefantes, donde los rayos del sol no llegan, tengan cuidado, esas son Tierras Prohibidas y regidas por las hienas.

—Tendremos cuidado— le digo con seriedad.

—Mal, sé que tienes poderes mágicos y que eres parte del Linaje del Dragón, si es necesario, usa tus poderes.

—Pero yo no...

—Sabrás usarlos cuando sea necesario.

—Bueno, abuelo, abra el portal.

—Espera, no podemos hacerlo aquí, mi tienda será arrastrada por el portal, conozco el lugar perfecto.

Agita su mano, somos envueltos en un torbellino rojo y aparecemos en el bosque, hay una linda cabaña a un lado de nosotros.

—Entren, adentro encontraran ropa y camas para que descansen y comida suficiente.

Entramos a la casa, es linda, muebles y dos camas en habitaciones separadas.

Veo a Gold tomar con fuerza la varita, esta es envuelta con un brillo de color rojo, el cielo se nubla y una fuerte ráfaga de viento golpea los vidrios, en la ventana solo veo nubes color verde, siento como la casa es levantada de golpe y empieza a dar vueltas de forma rápida, de repente siento el golpe de la casa en suelo firme y varias cosas caen al suelo.

Me levanto con pesar y abro la puerta.

Más allá de los árboles ya no veo la ciudad, tierra verde con un par de árboles, antílopes corriendo con libertad y miles de animales pastando en un territorio que se abarca más allá de donde alcanza la vista.

—La Sabana— dice Henry.