Perdonen la demora, chicas! Muchísimas gracias a LilyTonks2, AreOvilla, Caro2728, Ali TroubleMaker, NikitaMercury, Danie y Margo por sus hermosos reviews.

Espero que les guste este nuevo capítulo. No es perfecto, pero fue hecho con cariño para todas las seguidoras de esta historia :)


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Capítulo 15: Invierno entre tus brazos…

Bajo el primer albor del cielo matutino, la nieve se había acumulado en todos los vidrios de la ventana. Sin hacer mayor esfuerzo, Hermione se acercó sutilmente a sus labios y dejó un suave beso sobre su cálida boca.

Ella dejó salir un suspiró, mientras pensaba en lo maravillosa que había sido la noche anterior al lado de aquel chico que dormía plácidamente a su costado. Parecía que nada, ni nadie pudiera perturbar su sueño. Su expresión era serena y sus cabellos rubios caían desordenadamente por su rostro.

Antes de que Hermione pudiera separarse de él, sintió que Draco la rodeó con sus brazos, y aún con los ojos cerrados, unió sus labios a los de ella en un beso completamente apasionado.

Era la primera noche que pasaban juntos, la primera noche sin necesidad de salir de la sala de menesteres a mitad de la madrugada, sin temor a ser descubiertos, y sin sentir ese vacío que quedaba en sus corazones cada vez que se despedían.

Sus labios continuaron unidos en aquel beso que los llevó a la más profunda excitación. Apenas había amanecido, y no debían ser más de las seis, pero Draco sentía que la noche anterior no había sido suficiente para saciar la sed de lujuria que sentía por ella.

-Mmmh, buenos días…-susurró Hermione contra sus labios, mientras acariciaba su cabello y se detenía a observarlo.

-Sí que sabes cómo despertarme.-le respondió él colocando una mano en su cintura y perdiéndose en su mirada miel.-Buenos días, preciosa...-le dijo sin poder evitarlo.

Hermione esbozó una sonrisa de lado y se abrigó con una de las sabana de su cama.

-No, no te cubras.-le pidió él provocativamente mientras se apoyaba sobre sus codos.-Déjame ver ese maravilloso cuerpo.

-Muero de frío, pervertido.-respondió ella riendo y volviendo a acariciar el rostro del rubio con sutileza.

Draco se echó a reír.

-¿Cómo puedes llamarme pervertido cuando estas completamente desnuda frente a mí? Eres mía, Hermione y si desearte significa que soy un pervertido, entonces que así sea…-dijo volviéndola a besar con la misma excitación de segundos atrás.

Eso era exactamente lo que ella quería, que él volviera a tomarla entre sus brazos y se deleitara con sus labios. No tenía ni idea de cuan feliz la había hecho la noche anterior con la propuesta de noviazgo, y ahora, sentía que nada podía ser más perfecto que este momento.

-Mmmh, Draco… Me haces tan feliz.-dejó salir Hermione entre besos y sintiendo que su corazón empezaba a latir con vehemencia.-Soy tan feliz.-repitió.

Draco sonrió para sus adentros y no pudo dejar de pensar en las hermosas palabras que ella acababa de decir. Nunca, ni siquiera en sus mejores sueños, pensó que alguien, ni mucho menos Hermione, podría decirle cosas tan profundas como esas. ¿Por qué había tenido tanta suerte, a pesar de todo?

No lo sabía, sólo pensaba en el maravilloso futuro que le esperaba junto a ella, su novia.

Recordaba la noche anterior, aquella propuesta que él nunca pensó que podría salir de sus labios, y de sólo pensar en eso, sentía que su corazón latía más rápido.

Rodeó su perfecto cuerpo y acarició cada parte de Hermione, explorándola y asegurándose de conocer absolutamente todo. Su piel era tan suave, y sentía la necesidad de hacerla suya una vez más.

Se volvieron a besar con la misma pasión que caracterizaba a cada uno de sus encuentros, y antes de que Draco pudiera decir algo coherente, sintió que la mano de Hermione había descendido hasta su erección. Ella la tomó con sutileza y empezó a masajearla de arriba hacia abajo, preparándolo para lo que estaban por hacer.

De inmediato, la excitación de Draco se incrementó a toda prisa, y sin poder separarse de sus labios, el rubio se dejó llevar por el placentero toque que la castaña le proporcionaba.

Hermione adoraba la forma en que él iba reaccionando ante cada estímulo que ella le daba. Ambos se necesitaban y se complementaban de una manera única.

Su erección ya estaba completamente dura y lista para penetrarla. Ella se separó brevemente de él y sonrió de lado.

-Joder, Hermione…-susurró Draco y ahogó un placentero gemido cuando sintió que la castaña se había sentado sobre sus caderas.

Hermione entreabrió los labios y acomodó el duro miembro de Draco dentro de ella. Luego, empezó a mecerse un poco mientras sentía que una excitante oleada de placer invadía su cuerpo.

-Se siente increíble…-murmuró entre gemidos mirando al atractivo rubio, y comenzando a moverse rítmicamente sobre él.

-¿Increíble...?-preguntó Draco, mientras ponía ambas manos en las perfecta caderas de Hermione y aumentaba sus embestidas.-Esto es más que eso. Literalmente, estoy en el jodido paraíso, ahora mismo…-exclamó embriagándose en el maravilloso calor que emanaba el interior de la castaña.-Oh, demonios, Hermione…

Draco no podía deleitarse con mejor vista que con la que tenía encima suyo en ese momento. Podía ver los perfectos senos de Hermione moverse de arriba hacia abajo gracias a ese increíble vaivén de sus caderas. No pudo evitarlo y llevó ambas manos a sus pechos, masajeándolos y presionándolos, sumido en el completo placer que ella le generaba.

-Oh, Draco…-dejó escapar la castaña, mientras sentía que cada embestida era más profunda que la anterior. Él se había hecho dueño de todo su cuerpo. Le pertenecía.

Arqueó la espalda embriagada del éxtasis y de todas esas increíbles sensaciones que sólo él le provocaba. Su cabello castaño caía desordenadamente sobre sus hombros y espalda, mientras los gemidos se hacían más continuos.

Aquellos fascinantes gemidos, eran la melodía más maravillosa y ardiente que Draco hubiera escuchado en toda su vida, y quería más. La adoraba, no había duda, adoraba cada movimiento, cada emoción, cada palabra que salía de sus labios. No quería desperdiciar el tiempo perdido, había prometido que la haría suya en cada oportunidad que tuviera y así sería.

Sus pensamientos comenzaron a nublarse, no pudo seguir pensando con claridad, toda su atención estaba puesta en ella y en la maravillosa forma en la que estaban haciendo el amor.

De pronto, el vaivén de sus caderas aumentó, extasiándolos a ambos en ese gozoso y adictivo placer que adoraban. Draco sentía que se estaba acercando al orgasmo, no podía evitarlo más, tenía que correrse dentro de ella.

Profundizó cada penetración dentro de ese esbelto cuerpo que lo volvía loco, y en pocos segundos, sintió que las paredes de la cálida vagina de Hermione se contrajeron contra su miembro, liberando el orgasmo acumulado.

Draco echó la cabeza hacía atrás, mientras sentía que su corazón latía descontroladamente. No había nada mejor que coger por las mañanas, de eso estaba seguro, pero no había nada más increíble que hacer el amor con ella, con Hermione.

-Demonios, Granger…-dejó salir como en las viejas épocas, mientras se levantaba y la rodeaba con sus brazos.-Nunca tendré suficiente de ti.-susurró contra su cuello, en donde había una marca roja. Un pequeño recordatorio de la ardiente noche anterior.

Al igual que Draco, la respiración de Hermione y los latidos de su corazón latían con frenesí.

-Ni yo de ti.-repitió ella sonriendo y tomando el rostro del rubio entre sus manos.-Quiero que todas mis mañanas sean así, despertar a tu lado y que estés ahí.-susurró contra sus labios.

Draco se detuvo a mirar fijamente sus ojos miel, mientras sentía la felicidad en primera persona.

-¿En serio quieres eso, Hermione?-le preguntó sintiendo que era demasiado bueno para ser verdad.

Hermione volvió a sonreír, pensando en cómo podía preguntarle algo así.

-Por supuesto que sí.-le dijo riendo sutilmente.-Es lo que más quiero. ¿Qué hay de ti?-preguntó dejando un pequeño beso sobre su nariz.

Draco esbozó una sonrisa mientras rodeaba su estrecha cintura con ambos brazos. Amaba esos pequeños detalles y muestras de cariño que ella tenía con él.

-Sabes que sí. Siempre diré que sí, Hermione.-respondió contra su dulce boca.-Sería el paraíso en la tierra.

La castaña volvió a reír y luego plasmó un suave beso sobre sus labios.

-Feliz Navidad, Draco.-susurró ella.

-Feliz Navidad, preciosa.-repitió el rubio perdido en su esencia y su aroma. Habían estado tan ocupados, que Draco había olvidado que tenía una pequeña sorpresa para ella.-Por cierto, tengo algo para ti.-murmuró de pronto.

Hermione frunció el ceño confundida.

-¿A qué te refieres?-le preguntó con curiosidad.

Draco esbozó una sonrisa y luego se separó de ella. Se puso de pie y fue en busca de la chaqueta negra que había traído puesta la noche anterior.

Por unos breves segundos, Hermione se deleitó con la maravillosa vista y el cuerpo de su novio.

-¿Y me llamas pervertido a mí?-le cuestionó Draco echándose a reír.

Ella también rió.

-No puedo evitarlo cuando se trata de ti.-contestó mientras el rubio venía en su encuentro.

Draco se sentó frente a ella, y de inmediato, le entregó una pequeña caja de color negro. Hermione no tuvo que tardar en deducir que se trataba de un regalo por Navidad.

-Draco, no debiste.-insistió ella un tanto reticente, aunque por dentro estaba emocionada de saber que él se había tomado el tiempo de buscar un obsequio para ella.

-Por supuesto que debo hacerlo, Hermione. Es Navidad. ¿Acaso creíste que no iba a darle un regalo a mi novia?-inquirió al mismo tiempo que la castaña sentía que un leve rubor aparecía en sus mejillas.

El hecho de que Draco mencionara e hiciera énfasis en que ella era su novia, tenía más significado que cualquier otro regalo que él pudiera darle. Hermione dejó salir un suspiro y quiso pellizcarse a sí misma, esperando que esto no se tratase de sólo un sueño.

Se apresuró en deshacer el lazo rosado que envolvía a la pequeña caja que Draco le había entregado, y cuando la abrió, encontró un collar dorado del que colgaba una piedra de color rojo.

Hermione no sabía mucho de piedras preciosas, pero por su apariencia y por el peso, podía decir que se trataba de una gema importante.

-Es un zafiro.-sentenció Draco como si fuera la más natural del mundo, y esperando que a ella le gustara.-Y antes de que digas algo, Hermione. Nunca te he dado nada en todos estos meses y un zafiro es lo mínimo que te mereces. Por favor, dime que te gusta.-le pidió mirándola a los ojos.

La castaña se quedó sin palabras por unos segundos, y luego asintió sorprendida de que él se atreviera a hacerle un regalo tan costoso como ese. Pero entendía que Draco sólo quería demostrarle cuanto le importaba.

-Es muy precioso, Draco.-murmuró Hermione esbozando una sonrisa que avivó al corazón del rubio.-Me encanta. Este regalo es maravilloso, y no tienes ni idea de lo feliz que me has hecho...-hizo una pausa mientras observaba su rostro.-Pero tú ya me has dado el obsequio más valioso, Draco, y no es este zafiro.-sentenció colocando una mano en el pecho del rubio, justo encima de su corazón.

Draco no dijo nada por unos segundos y entendió a lo que ella se refería. Nada era más valioso que eso, y él estaba seguro de que hacía bastante tiempo le había entregado su corazón.

Hermione se alzó el cabello rápidamente y se apresuró en ponerse aquel costoso collar alrededor de su cuello, mientras él esbozaba una sonrisa complacido.

-Yo también tengo un regalo para ti.-insistió ella animadamente.

Él alzó una ceja, ciertamente no se lo esperaba.

-¿Un regalo?-preguntó fingiendo confusión.-Pero si tú eres mi regalo, preciosa.-le dijo sonriendo.

Hermione sintió que su corazón se aceleró. Podía parecer estúpido, pero hasta ese momento no tenía ni idea de cuan enamorada estaba de él.

-Planeaba dártelo cuando volviéramos a Hogwarts, pero parece que el destino cambió el rumbo de las cosas.-le dijo mientras estiraba una mano y buscaba algo en la pequeña mesita al lado de su cama.

Hermione sacó una pequeña caja que se había encargado de forrar con papel verde plateado, no había tenido tiempo de escribir algo en la pequeña tarjeta que colgaba del obsequio, pero no importaba. Lo importante era que Draco estaba ahí.

El rubio sonrió con cierta emoción y se entusiasmó al saber que ella le había comprado algo a él también. Sinceramente, a Draco no le importaba lo material, pero saber que ella sería la primera persona que le obsequiaría algo por Navidad, significaba mucho para él.

Sin más demora, le quitó el papel verde al regalo que la castaña le había entregado y abrió la caja. A primera vista parecía ser un relicario de plata, pero cuando lo abrió y vio el interior, se dio cuenta que se trataba de un reloj de bolsillo. De esos que se abrían y que tenían un aspecto que iba acorde con su personalidad.

-¿Dónde lo conseguiste? Es perfecto, Hermione.-le dijo sonriendo y recordando que su padre tenía uno como ese, también era de plata y se abría mostrando el reloj en un compartimiento y la fotografía de su madre en el otro.-Pero creo que le hace falta una fotografía tuya.

Hermione sonrió de lado.

Ella podía ver el brillo en sus ojos grises, podía ver la ilusión del rubio por el regalo, y eso fue más que suficiente para ella.

-Gracias, preciosa.-murmuró el rubio echándole otro vistazo al reloj.

-Gracias, Draco.-respondió ella sin dejar de sonreír.

Él alzó la mirada.

-Esta es la mejor Navidad que he tenido, Hermione.-admitió mientras pensaba en lo mucho que su vida había cambiado desde que el año había empezado.

A veces, Draco se preguntaba qué demonios habría sucedido si él jamás se hubiera propuesto tener a Hermione, si él jamás hubiera arriesgado hasta su propio ego por tenerla.

La respuesta y el simple hecho de pensar que ahora mismo Weasley podía estar en su lugar, le aterraba. Le aterraba perderla, le aterraba perder a esa chica que se había vuelto el centro de su universo.

-Me alegra haber cumplido mi objetivo.-respondió Hermione sintiendo que esa Navidad también sería inolvidable para ella.

El mundo seguía girando a su alrededor, pero para ellos era como si el tiempo se hubiera detenido por unos breves minutos en los que sólo existían los dos.

-Eres increíble, Hermione.-sentenció Draco acercándose a ella.

Una sonrisa se dibujó en sus labios.

-Tú también, Draco. Eres increíble.-susurró mirándolo a los ojos y contemplando su bella mirada, mientras depositaba un cándido beso contra su boca. Pero aquel beso no duró mucho.

Hermione se separó de él y luego se dirigió a su escritorio en busca de algo.

-Vamos, ese no puede ser un beso.-protestó el rubio.

-Sólo un momento, dragón.-respondió la castaña sonriendo, pero sin poder evitarlo, se echó a reír por el sobrenombre.

-¿Dragón?-preguntó Draco confundido.

Ella volvió con él.

-¿Qué?-se quejó Hermione.-¿Es demasiado tonto?

Draco rodó los ojos.

-No, claro que no.-mintió, y sin poder mantener una expresión seria, no pudo evitar reír también.-Tú, Hermione Granger, puedes llamarme como quieras.-concluyó mientras ella regresaba a su lado.

-Pues me parece justo.-sentenció ella con una pequeña botellita entre sus manos.-Si tu me llamas "preciosa", entonces tú serás mi "dragón".-susurró volviendo a reír.

Draco esbozó una sonrisa complacido, al mismo tiempo que reconocía el contenido de aquel frasco que la castaña no tardó en beber.

Hermione se tomó todo el contenido de la poción anticonceptiva, mientras sentía que Draco rodeaba su cintura con ambos brazos y la traía de vuelta a su lado.

-Vamos a dormir, preciosa.-le pidió susurrando las palabras contra su cuello.-Apenas son las siete…Y tú, me has dejado exhausto.

Hermione se acomodó entre sus brazos, sintiéndose plenamente feliz y como si estuviera disfrutando un poco de lo que sería su vida en el futuro. Se sentía tranquila, sin preocupaciones y como si el resto del mundo hubiera desaparecido.

Por unos segundos, se preguntó si algo podría llegar a interrumpir aquella perfecta felicidad que ambos estaban viviendo.

No quiso saber la respuesta, porque sentía que estaba en el verdadero paraíso en esos momentos, pero no pudo evitar sentir una leve corazonada que le hizo desear que ambos jamás tuvieran que dejar su habitación.


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El fuego crujía en la obscura sala, pero aun así se seguía sintiendo aquel gélido aire que siempre envolvía a la enorme mansión.

Narcissa Malfoy se sentó sobre el elegante sillón frente a la chimenea y se hundió en sus propios pensamientos.

Esa mañana había recibido numerosas cartas de la familia Greengrass, unas cartas en las que le exigían saber qué había sucedido con el compromiso que ambas familias habían acordado hacía meses entre sus hijos, y muchas otras interrogantes.

No había necesidad de negarlo, Narcissa se sentía desesperada, sentía que nuevamente sus esperanzas por una reputación mejor, desaparecían por completo. Había intentado de todo, y sabía que ese matrimonio era lo único que podía servir para limpiar su status y el de su familia, pero Draco, repentinamente él había decidido rebelarse, y hacer que todo vuelva a caer en la más absoluta desolación.

No sabía qué hacer para que su hijo entrara en razón. No lo reconocía.

-No lo entiendo, Narcissa. No sé qué sucede con Draco.-le espetó Lucius apareciéndose de pronto, y haciendo uso de aquel hechizo ilegal que había estado utilizando los últimos meses.-Sólo tengo unos minutos, pero necesitamos arreglar esta lamentable situación.

Sí, ciertamente, esto era una penosa situación que llenaba a Narcissa de vergüenza y de angustia. Había llevado tanto tiempo planeando aquel compromiso con la chica Greengrass, que ahora le parecía increíble, creer que su propio hijo hubiera echado todo a perder.

-Lo sé, Lucius.-respondió la mujer tomando un sorbo de la pequeña taza de té que siempre bebía todas las tardes.-Los Greengrass están decepcionados, no dejan de mandarme cartas y no sé cómo justificar a Draco.-le explicó rápidamente a su marido.

El hombre se llevó una mano a la cabeza y luego hizo un ademán de desespero.

-Es que no hay forma de justificarlo, Narcissa.-le dejó en claro.- Su conducta es reprochable y vergonzosa.-continuó mientras se tomaba unos segundos para pensar en el problema.- No sé por qué ha cambiado tanto. ¿Qué sucedió en estos meses, Narcissa?-le preguntó a su esposa.-Se suponía que tú debías vigilarlo.

Narcissa giró a verlo con cierto rencor en la mirada. Sabía que en cierta parte, el culpable de todo esto, era Lucius. Draco se lo había dicho, pero en un intento por salvaguardar el honor de su esposo, se había negado a creerlo.

-¿Qué quieres decir con eso, Lucius?-le preguntó escandalizada.-He hecho todo por él, le he dado lo mejor y siempre le hemos recalcado lo importante que es nuestro apellido y nuestra posición en la sociedad.

El hombre no dijo nada por unos segundos, probablemente, reconociendo que esto no era culpa de su esposa.

-No permitiré que siga ensuciando nuestro apellido, Narcissa.-sentenció de pronto y recordando el verdadero problema.-Nos está haciendo quedar en ridículo frente a los Greengrass.

Ambos sabían que su reputación ya estaba por los suelos. Lucius estaba en Azkaban y eso era lo más bajo que podía haberles sucedido. Al igual que el resto de las familias sangre puras que habían apoyado a Voldemort en aquella fatídica guerra, lo único que podían hacer, era casar a su hijo con un buen prospecto, y quizá con el tiempo recuperarían el status perdido.

-Debemos descubrir quién es esa chica con la que Draco se ha enredado.-murmuró Narcissa de pronto y negándose a dejar que su hijo se saliera con la suya. Ella no lo iba a permitir.-Quien es y qué demonios se trae entre manos. Ella le ha lavado el cerebro, Lucius. Estoy segura.-dijo con desesperación.

Lucius entendió que debían empezar por ahí, si querían llegar a una solución.

-Pues debemos averiguarlo cuanto antes. No permitiré que esa relación o lo que sea que Draco tenga, continúe.-apoyó a su esposa y luego dejó salir:-Sólo espero que se trate de una sangre limpia.-masculló por lo bajo.

Narcissa dejó caer la taza de porcelana china que tenía entre sus manos y miró a su esposo con una mirada asesina.

-¡Lucius!-gritó la mujer horrorizada ante la idea de que su hijo estuviera acostándose con una chica que no fuera sangre limpia.-¡¿Cómo puedes decir algo así?! ¿¡Dudar de tu propio hijo?!

El hombre se sintió culpable por haber insinuado algo tan impropio, algo que ni siquiera su propio hijo haría, pero aún así, no estaba del todo seguro.

-Lo siento, Narcissa, no quería alterarte.-le dijo esperando que su esposa se calmara e intentó cambiar de tema.-Debemos ser más severos con Draco y poner más disciplina en su vida.-sugirió de inmediato.- Míralo, Narcissa, ¿Dónde demonios se ha metido? No sabemos nada de él desde hace varios días. Ha huido como un maldito muggle.

La mujer se calmó un poco y luego miró fijamente a su marido. Era cierto, no sabían nada de Draco desde hacía cuatro días, pero no era difícil adivinar dónde estaría.

-Podría apostar que esta con ella.-sentenció al mismo tiempo que se acercaba a su esposo.-Siento que se trata de la chica Parkinson.-masculló esperando estar en lo correcto.-Tengo entendido que siempre estuvo detrás de Draco y...

-¿Acaso Parkinson no está comprometida con el hijo de Zabinni?-le interrumpió Lucius sabiendo que aquel compromiso se había hecho público tiempo después que el de Draco.

Narcissa asintió de inmediato.

-Sí, así es, Lucius, pero tal vez eso no los haya detenido. Son jóvenes e inmaduros.-murmuró pensativa y dejándose llevar por sus propias ideas.-Sólo espero tener la razón y que se trate de ella.-se dijo a sí misma mientras pensaba en la manera de poder llegar a la chica.

Pero Lucius seguía sin estar convencido. No quiso decirle nada a su esposa para no alterarla más, pero el hombre tenía un mal presentimiento con todo esto. La actitud defensiva de Draco era muy sospechosa, y aunque se tratara de su propio hijo, Lucius sabía que el chico estaba fuera de control y actuaba de una manera irreconocible. A estas alturas, podía esperar cualquier cosa de él.

-Te prometo que averiguaré quién es, Lucius.-sentenció Narcissa mientras lo miraba una última vez antes de que el hombre desapareciera.-No importa lo que tenga qué hacer, pero Draco se casará con Astoria y todo volverá a ser cómo antes.-concluyó.

El hombre no dijo nada más, simplemente asintió en silencio y luego se desapareció de la mansión con una amarga sensación.


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Las frías calles de Hamstead estaban completamente cubiertas de nieve. La despiadada tormenta de los días anteriores, había sepultado todo a su paso y había nieve en cada rincón del suburbio.

-En verano este lugar se ve increíble.-susurró Hermione mientras caminaban por un pequeño parque cercano a su casa.

El frío imperaba, pero eso no importaba.

-Puedo imaginarlo.-contestó Draco mientras le echaba una mirada a la castaña y luego veía el lago congelado que tenían frente a ellos.

Habían pasado tres días desde Navidad y esta era la segunda vez que salían a pasear por el pequeño suburbio muggle.

Haberse levantado todos esos días a su lado, sin la necesidad de separarse de ella, besarla cuando quisiera y hacerla suya en cualquier momento del día, había sido la experiencia más maravillosa de su vida. Y si Draco pensaba que ya estaba completamente rendido ante ella, ahora sentía que lo estaba mucho más.

-¿Qué sucede?-le preguntó Hermione echándole un vistazo.

Draco negó con la cabeza y luego esbozó una sonrisa.

-No es nada. Sólo pensaba en la suerte que tengo.-le confesó mientras se atrevía a tomar su mano entre la suya para continuar con la caminata.

Hermione sintió una punzada en su corazón. Él siempre encontraba las palabras perfectas y el momento ideal para decirlas.

-Creo que no eres el único que piensa en eso, Draco.-sentenció ella esbozando una sonrisa mientras se detenía.

Se fijó en aquellos ojos grises, en esa mirada que al inicio había parecido tan fría, pero que ahora le inspiraba tanta confianza y una calidez que no había logrado encontrar en ningún otro lado.

En verdad, el destino actuaba de una manera misteriosa, y aunque ambos habían sido tan opuestos al principio, ahora era como si tuvieran más cosas en común que diferencias entre si.

-Ven…-le dijo la castaña jalando de su mano y saliéndose del camino hasta llegar a una parte en donde la nieve abundaba.-No hago esto desde que era una niña.-le aseguró.

Draco alzó una ceja con curiosidad, siempre se veía interesado en cada cosa que la castaña hacía, y sabía que en esta ocasión, no sería la excepción.

De pronto, Hermione se echó sutilmente sobre la nieve, y moviendo sus brazos y piernas, empezó a formar una pequeña figura debajo de ella.

Él pareció adivinar lo que hacía y esbozó una sonrisa.

-Draco, soy un ángel.-le dijo la castaña riendo, mientras notaba que su ropa había quedado húmeda y con pequeños rastros de nieve por todos lados.

Él también rió. Hermione lograba sorprenderlo hasta con los más mínimos detalles. Draco no podía evitar verse tan atraído por ese espíritu y esa aura tan especial que la castaña poseía.

-Sí, en verdad lo eres.-respondió el rubio acercándose a ella y quitándole un poco de nieve sobre su hombro.

-Vamos, haz uno también.-le pidió Hermione un tanto entusiasmada. Quería que él también se divirtiera y dejara salir su niño interior. Podían volver a ser adultos, después.

Draco negó de inmediato.

-¿Y quedar hecho un desastre?-preguntó con ironía y esperando no caer en su juego.- Además puedo hacer uno con mi varita.-continuó mientras intentaba rebuscar en su bolsillo.

Pero Hermione, esbozando una sonrisa se lo impidió.

-¿Y dónde está la diversión en eso?-le preguntó divertidamente.-Vamos, Draco, hazlo por mi...-insistió.

El rubio miró a ambos lados un tanto dubitativo, y luego miró a Hermione, vio esa emoción en aquellos ojos miel que parecían transmitirle paz, y finalmente cedió ante sus deseos.

Parecía que no podía negarle nada, y Draco sabía perfectamente lo que eso significaba.

-Las cosas que hago por ti, Granger.-le dijo al mismo tiempo que caía sobre la nieve e imitaba los movimientos que Hermione había hecho con sus brazos y piernas, minutos atrás.

Podía sentir la humedad bajo su ropa, la nieve caer sobre su rostro, pero eso no importaba. Su corazón se había acelerado al mismo tiempo que veía a Hermione reír mientras él hacia el ángel de nieve.

Eso no tenía precio.

No era algo que él acostumbraba hacer, ni siquiera cuando era niño, pero lo hizo por ella y únicamente por ella.

-No pensé que en verdad lo harías.-sentenció Hermione, sin imaginar que algún día lo vería haciendo ángeles de nieve.

-Ni yo.-admitió Draco mientras esbozaba una sonrisa y se ponía de pie.

Tal vez no era su estilo, ni algo que se le hubiera cruzado por la mente, pero lo cierto era que el rubio lo había disfrutado. Había disfrutado poder ser el mismo, hacer idioteces, y hacer esas cosas que sólo las parejas hacían cuando estaban enamoradas.

-Son perfectos.-le dijo Hermione mientras notaba que el ángel de Draco era mucho más grande que el suyo.

Él no podía estar más de acuerdo con sus palabras.

-Gracias, Draco…-susurró ella antes de besar suavemente su fría mejilla.-Sé que es estúpido, pero significa mucho para mí.-le dijo separándose para ver su mirada.

El rubio giró su rostro hacia ella y entrelazó una mano con la suya.

-No es estúpido.-le dijo sonriendo de lado.-Todo lo que hagamos juntos, siempre será increíble.-sentenció mirándola a los ojos.-Y la próxima vez, que el beso sea en mis labios.-concluyó mientras se hacía dueño de su dulce boca y le proporcionaba la calidez que a ambos les hacía falta por el inclemente frío.

Hermione movió sus labios contra los suyos y se dejó llevar por la maravillosa sensación que él le generaba. Pasaron unos segundos que parecieron ser eternos y se separaron cuando sintieron que les hacía falta el oxígeno.

Draco se quedó mirando fijamente el aspecto que la nieve le daba al rostro de Hermione. El frío la hacía ver más pálida y sus labios lucían más rojos que de costumbre.

Eres verdaderamente hermosa, pensó sonriendo otra vez.

De inmediato, Hermione frunció el ceño confundida.

-¿Qué?-inquirió preocupada.- ¿Tengo algo en la cara?-preguntó tocándose la mejilla.

Draco rió de inmediato y negó tan pronto como pudo.

-No.-le dijo mientras rodeaba sus hombros con uno de sus brazos, y volvían al pequeño sendero, dejando atrás a los ángeles de nieve.-Sólo veía lo hermosa que te ves con esta nieve.-sentenció como si fuera lo más natural del mundo.

Ella se quedó sin expresión alguna, hasta que sin poder evitarlo, una sonrisa se dibujó en sus labios, sintiendo que nuevamente aparecía esa punzada de felicidad en su corazón.

El camino de regreso a casa, se hizo un tanto largo y Hermione encontró gracioso, el hecho de que Draco le preguntara sobre cada objeto muggle que resultara nuevo para él, y que veían en el camino.

-Por cierto, tus padres son muy simpáticos.-murmuró el rubio sin soltar su mano.-Son lo que cualquier hijo quisiera tener.-continuó evitando pensar en sus propios progenitores.

Ella dejó salir un suspiro. En todos esos días, sus padres habían invitado a Draco a pasar el día entero con ellos y todo había salido mejor de lo esperado.

-Sí, lo sé.-respondió Hermione animadamente.-Ellos siempre han sido así. Se entusiasman con cada cosa que sucede a mi alrededor.-le comentó mientras se acomodaba su bufanda.- Y aunque soy hija única, no me han sobreprotegido y me han dado mucha independencia... Además, ya tengo diecinueve años.

Draco frunció el ceño, y se vio interesado en lo que la castaña acababa de revelarle.

-¿Eres mayor que yo?-preguntó un tanto divertido.

Ella asintió de inmediato.

-Sí, eso creo.-murmuró sacando cuentas.-Por casi un año. Mi carta de Hogwarts llegó semanas antes de cumplir doce.-le comentó sin más.

Draco alzó una ceja.

-Vaya, que interesante.-sentenció acercándose a ella y colocando un brazo alrededor de su cintura.-Nunca pensé salir con una chica mayor que yo.-le confesó sonriendo de lado.-Eso es tan excitante.

Ella rodó los ojos.

-No empieces, Draco.-le dijo riendo.-Sólo soy mayor que tú por unos meses.-protestó enviándole una mirada asesina.

Él se rió y prefirió no seguir tomándole el pelo a su novia. No quería tentar su suerte.

Continuaron bromeando y hablando sobre otras cosas, hasta que llegaron a la casa de la castaña.

Sus padres no estaban. Habían salido temprano a visitar a unos parientes en Londres, y no volverían hasta más tarde, por lo que tenían la casa sólo para ellos dos.

Hermione se acercó a la mesa que había en el comedor, y notó que había unas cartas encima. Probablemente, el correo había llegado temprano y su madre las había dejado ahí antes de irse.

De inmediato, leyó el remitente de una de los sobres, y esbozó una sonrisa cuando notó que se trataba de Luna.

-¿Draco puedes hacer algo de café?-le preguntó mientras se apresuraba en revisar la otra carta y averiguar de quien se trataba.

El rubio asintió, mientras se quitaba la gabardina de encima, y por unos breves segundos, se imaginó si así sería todo, cuando ambos se graduaran de Hogwarts.

Draco esbozó una sonrisa para sus adentros.

Si de algo estaba seguro, era que al terminar la escuela, se conseguiría un lugar para él mismo en Londres, y aunque sonaba un poco arriesgado tenía planeado proponerle vivir juntos a Hermione.

El mundo daba muchas vueltas, y jamás imaginó que esto llegaría a sucederle. Pero todo cambiaba y sentía que nunca antes había estado tan entusiasmado por el futuro.

Hizo sus pensamientos a un lado, y el rubio se apresuró en preparar aquel café muggle, que a su parecer, era el mejor que había probado en toda su vida.

De pronto, la castaña se asomó por el arco de la puerta de la cocina y le extendió una carta.

-Parece que el correo ha llegado.-le dijo esbozando una sonrisa con cierto entusiasmo.-Y esta carta es para ti.-concluyó mientras se la daba.

El rubio alzó una ceja confundido y dirigió una mirada al remitente.

-Es de Theodore.-murmuró sonriendo.-¿Cómo demonios lo averiguó?-preguntó.

Hermione se encogió de hombros.

-No lo sé.-respondió mientras le quitaba la cafetera al rubio y hacía el café por él.-Siéntate a leerla, yo me encargaré de esto.

Draco no dijo nada más, y caminó en dirección a la sala. Se sentó en uno de los sillones y se apresuró en abrir el elegante sobre.

Sin más demora, empezó a leer la breve carta que su amigo le había enviado, contándole sobre sus navidades en la casa de los Lovegood y lo bien que la había pasado. Parecía que Draco no había sido el único en tener unas vacaciones inolvidables.

Casi al final de la carta, y en la última oración, había una peculiar nota que llamó su atención. Al parecer, Theodore lo invitaba a él y a Hermione, a pasar juntos el año nuevo en Londres muggle.

-Hermione...-llamó Draco poniéndose de pie.

La castaña se apareció con una taza de café entre sus manos.

-Lo sé.-le respondió ella entregándole la taza y esbozando una sonrisa.-¿No te parece interesante? Pasar año nuevo con Luna y Theo.

Draco analizó la idea por unos segundos y luego asintió sonriendo.

-Sí, sé que será muy interesante, porque tú estarás conmigo.-concluyó al mismo tiempo que hacia la taza de café a un lado y rodeaba a Hermione por la cintura.

No tenía ni idea de qué planes tenía Theo para la víspera de año nuevo, nunca antes lo había celebrado y siempre le había restado importancia, pero ahora, estaba completamente seguro de que sería otra encantadora experiencia al lado de Hermione.

Crear memorias a su lado, se había vuelto uno de sus pasatiempos favoritos.


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Gracias por leer el capítulo, chicas. Espero que les haya gustado. Recuerden que por ahora, estos dos están viviendo su luna de miel y disfrutando de su noviazgo, antes de que venga la tormenta hahaha.

Estoy súper agradecida por todos los reviews, los favoritos y los followers que tiene esta historia, inclusive a mis lectoras fantasmitas, las amo porque sus leidas son muy valiosas para hacer crecer este fic.

Nos vemos en el próximo capítulo: Año nuevo con Luna y Theo :)