Capítulo diecinueve: Políticamente incorrecto
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"La política es el arte de engañar"
-Nicolás Maquiavelo.
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Había creado una pista falsa en Xochimilco, Taxco fue saqueada pero ellos dos lograron escabullirse con facilidad de los espías y rastreadores.
-Vaya, vaya… -rió Lucio mientras se colocaba su sombrero veraniego de mimbre sobre sus cabellos anaranjados- Lo ha hecho, te encontró sin problemas.
Ella dejó a un lado su libro y observó en la misma dirección que el cambia formas de Europa, el halcón macho de buen tamaño y forma reposaba sobre la rama de un árbol a unos veinte metros de su residencia. Dobló la esquina de la página en la que se había quedado y se dirigió a las escaleras, su invitado había encontrado el camino.
-¿Quieres que te acompañe, querida? -se ofreció él.
-Innecesario. -negó en la inmediatez- No hay peligro alguno, Lucio.
-Hn. -lo oyó gruñir por lo bajo- Si tú lo dices, Micah querida.
Bajó a la planta principal y se dirigió al porche, el halcón bajó de su árbol y voló hasta detenerse en su cerca blanca desvencijada. Ella lo observó y él a ella, lo había esperado durante diecisiete días; creyó que se habría arrepentido y abandonado su oferta.
-Puedes entrar. -dijo ella, las palabras mágicas que desactivaron las defensas de la casa para él.
Él dudó, ella esperó con paciencia y él finalmente saltó hacia su propiedad; las barreras volvieron a reforzarse. Ella bajó del porche y esperó a que él revelara su identidad humana, no podría entender sus palabras de otra forma.
-¿Has considerado mi alianza, acaso?
Él… asintió. Con algo parecido a la vergüenza y la pena, pero asintió.
Micah sonrió.
…
Cuarenta y ocho horas pasaron, una estrella fugaz cruzó el firmamento y les abrió las puertas a los invitados a aquella reunión especial que se llevaba a cabo allí donde el sol nunca terminaba de nacer y la oscuridad de la noche jamás teñía la luz del día. Las puertas de Central estaban cerradas, el director Paz esperaba ansioso en el inicio de las escaleras a sus invitados.
Evan fue el primero en llegar, silencioso y con ojos turquesas brillantes visibles únicamente por los orificios de su máscara. Su capucha en alto, su capa cubriendo su cuerpo.
Tomoyo fue la segunda en abordar, su cabello recogido en una coleta alta y sus piernas enfundadas en unos pantalones negros ajustados de combate, un cinturón negro y una camisa blanca; en su espalda una simple pluma lavanda bordada. Detrás de ella tropezaron Amads y Eriol, ambos con marcas de sol en su rostro y cuello.
-Director. -saludó por educación, su tono seco y sus ojos sin revelar nada.
-Bienvenidos otra vez. -asintió, sonriente.
La próxima en cruzar la puerta fue Sakura, su cabello largo y suelto caía alrededor de su rostro resaltando el esmeralda de sus ojos. Una falda ajustada y una chamarra de cuero arremangada hasta sus codos, su guardián descansaba sobre su hombro derecho con la misma actitud de negocios que su ama.
-Joven Kinomoto. -saludó Paz con animosidad, la bruja entrecerró los ojos en su dirección y fue todo lo que hizo- Cada vez falta menos para movernos a la sala de conferencias.
-Cada vez somos más… -murmuró Evan- Una sala más grande, espero.
Paz asintió, siguieron esperando en silencio.
Tomoyo observó a su prima, ésta le dedicó una mirada de soslayo breve para luego volver a mirar al frente.
-¡La fiesta ha empezado, sí! -exclamó Kamuy y todos se volvieron para observar al par recién llegado del Zoológico- Y nosotros trajimos el champagne, por supuesto. -aplaudió y se frotó las manos mientras se instalaban junto a Evan, a la espera.
-Espero no importe, pero traje compañía. -comentó la bruja con indiferencia mientras observaba a Paz y luego al resto- Creo que no.
-Todos son bienvenidos, haremos una excepción por ésta ocasión. -dijo el hombre- La ocasión lo amerita.
-¿Y qué ocasión es esa, director Paz? -inquirió Luciana mientras hacía su entrada, Joel a su diestra y Fuuma entre sus brazos, como un gato doméstico- Siento curiosidad al respecto. -siseó mientras se acomodaba junto a Sakura.
Paz llevó una mano hacia su espalda y sonrió, Luciana frunció el ceño y ladeó el rostro a un lado.
-Esperemos al resto, podremos hablar más cómodamente en la sala. -se limitó a responder.
-Yo me siento a gusto aquí y ahora. -señaló Sakura.
-Yo igual. -apoyó la rubia.
-Podemos… esperar. -contrarió Evan y ambas mujeres observaron en su dirección, el Pilar no se inmutó.
-Lamento el retraso. -se disculpó Li mientras se posicionaba junto a Camille y Kamuy- ¿Soy el último en llegar? -inquirió mientras observaba al resto de los allí reunidos, todos rostros familiares.
-…esperamos por alguien más, les ruego un poco más de su tiempo.
Alguien más, todos comenzaron a observarse entre ellos con duda. ¿Quién más hacía falta en la cumbre de la nueva mesa?
Un minuto pasó, Shaoran y Eriol se observaron entre sí con incertidumbre.
Dos minutos, Fuuma comenzó a bostezar y Luciana a perder la paciencia.
Tres minutos, Paz frunció el ceño.
Para el cuarto minuto se escucharon pasos en el primer piso, Johnson bajó las escaleras y le susurró algo al director.
Debemos cerrar la puerta, varios de ellos lograron oír con sus sentidos desarrollados. Paz tomó unos segundos en asentir y el líder masculino de Estrella volvió a perderse en el primer piso, Paz les sonrió con disculpas y les pidió que lo acompañaran. Como mencionó Evan, la sala de juntas era una distinta a la habitual, una más amplia y equipada con asientos suficientes para todos. Incluso había una silla extra que quedaría desocupada, aquello no pasó desapercibido para nadie. El Pilar del Infierno ocupó la cabecera más alejada, su caballero a su derecha y la bruja de las cartas su izquierda. Junto a Joel tomó asiento Eriol, luego Tomoyo y por último Amads; junto a Sakura siguieron Kamuy, Camille y Evan. Shaoran ocupó el último lugar junto al árabe, la silla vacía quedó frente a él y Paz tomó la cabecera restante. Por primera vez, ninguno de sus estudiantes tomó su espalda. Ni uno solo lo acompañó en la sala, aquello llamó la atención de todos.
-¿Corto de personal, director?
Fue Sakura quien realizó la pregunta con seriedad, sus ojos esmeraldas sobre los oscuros ojos del hombre.
-Antes que nada, -tomó la palabra, ignorando la pregunta de Sakura. No habitual en él esta acción, sólo logró despertar más la incertidumbre entre sus invitados- Quiero darles a todos una cordial bienvenida y pedirles perdón por el retraso de esta cumbre. -dijo- No es lo habitual y tampoco se hará una costumbre, mis más sinceras disculpas.
Nadie acotó nada al respecto, Luciana colocó sus codos sobre la mesa, entrelazó sus dedos y se inclinó cómodamente hacia adelante.
-En segundo, agradecerles por aceptar la invitación de todas formas y presentarse aquí hoy. -asintió, un gesto de agradecimiento.
-Creo que- comenzó a decir Kamuy, pero Luciana lo silenció levantando su palma y pidiendo su silencio sin verbalizarlo.
-Al grano. -pidió la rubia- Sé directo y ve al grano. -casi ordenó, firme y sin titubear.
Camille tragó saliva, Sakura apretó sus manos en puños y Tomoyo frunció el ceño; se podía sentir la pesadez en la atmósfera, se venían malas noticias.
-Bueno. -sonrió él y no fue una sonrisa buena- Sólo porque lo pidió tan amablemente, joven Daidouji.
-No estamos aquí para ser amables. -mencionó Shaoran, representante del Concilio- Estamos aquí para ser políticos, para hacer política como seres racionales, ordenados y con un objetivo en vista. -les recordó- Tan simple y complicado como ello.
-Política. -repitió Evan.
-Políticamente correctos, déjame agregar. -habló Tomoyo- No aceptaré corrupción ni suciedad, si es que alguien asocia estos conceptos a la definición de política, yo no. -dijo- Ni los permitiré.
-Está bien conmigo. -asintió Sakura, una pequeña sonrisa ladeada en sus labios- Lo digo porque tal vez mencionaste aquello por mí. -agregó- No es así, aclaro.
-Yo juego rudo, pero juego limpio. -aclaró la rubia- El que tenga problema con ello es su problema, no mío ni de mi representado. -mencionó sin mirar a nadie en específico- ¿Necesitamos dejar en claro algo más o podemos seguir con esto?
-Sí, una cosa más. -asintió Paz- Agreguemos sinceridad a la definición de políticamente correctos. -amplió su sonrisa- No gusta que me vean, o a mi Instituto, la cara de… ¿Cómo se dice? ¿La cara de idiotas?
Evan ladeó la cabeza, Eriol enarcó una ceja y Amads frunció el ceño mientras observaba al resto de la mesa. Sakura se apartó el cabello del rostro y Luciana permaneció inmutable, Camille observó de Luciana a Sakura y de Sakura a Kamuy. El lobo del Sur observaba de un lado al otro, no estaba errado cuando afirmó que la invitación a esta cumbre parecía la de una catástrofe.
-Adelante. -concedió Luciana- Haz tu purga, Paz.
Entrecerró sus ojos, hizo un paneo general de cada uno allí sentado y asintió a nadie en específico; más de uno sudó la gota gorda.
El director del Instituto abrió la boca.
-Pero antes, -se adelantó Luciana- permíteme realizar un informe algo atrasado. -descruzó sus dedos y se levantó de su asiento, Fuuma saltó a la mesa y se sentó sobre sus cuartos traseros frente al Pilar- Los osos del Norte son ahora refugiados del Infierno, han buscado asilo y les hemos concedido un… perdón político. -dijo ella- Ahora mismo se encuentran en sus antiguos dominios en el Bosque Blanco; en el Zoológico, por supuesto.
-…traidora. -murmuró Evan por lo bajo y Camille frunció el ceño.
-La cumbre se retrasó, no pude informar con antelación. -se excusó, más no se disculpó de manera alguna.
Todos observaron a Camille, la bruja se vio en la necesidad de afirmar aquella confesión.
-Ya no son un peligro para la alianza, Klaus admitió la derrota y aceptó una cláusula donde, en pocas palabras, acepta el cese de armas y abandona el mando de Pía. -confirmó observando directamente al director- El Zoológico es una tumba, nadie sale ni entra sin pasar antes por mí.
Un poco de verdad es mejor que nada, pensó la bruja francesa con cuidado. Reconocía la táctica de su antigua reina, estaba quitando algo de presión para demorar la gran explosión de la tapa. Algo de tiempo, probó el pensamiento en su interior. Algo más de tiempo, hasta tener más respuestas.
Paz permaneció en silencio, Sakura levantó el brazo con la mano abierta.
-Si sirve de algo, eliminé tantos de esos osos como pude y doy fe de que sus números ya no son una amenaza. -señaló como si nada, como si estuviera hablando del cielo y sus nubes sin forma alguna- Es más, fui por los machos más jóvenes, sólo quedan hembras jóvenes y ancianos de guerra.
-…presumida… -murmuró con algo parecido a la burla, la castaña le sonrió a la rubia y volvió a tomar asiento.
-Política. -mencionó Li- Táctica y estrategia, podemos manejarlo siempre y cuando podamos informar de ellas a los demás aquí presentes.
Evan frunció el ceño, Eriol sonrió y Tomoyo se mantuvo seria.
-¿Algo que expiar, director? -preguntó el Puente- Ahora que estamos aclarando las zonas oscuras.
Luciana negó divertida ante la soltura y franqueza de su prima, Camille observó al director con sospecha y ansiedad. Sakura se acomodó hacia atrás, sobre el cómodo respaldo de su silla, con su guardián descansando en su regazo. Shaoran observó sus manos sobre la mesa y Eriol acomodó sus gafas sobre el puente de su nariz, Amads observó a Tomoyo con sorpresa al igual que Kamuy.
-El Aviario ha caído, pero supongo que todos han oído sobre ello. -mencionó sin inmutarse- El Amazonas sigue ardiendo, nadie ha podido calmar el fuego, las gotas de sol no se extinguen con agua ordinaria.
-Fuego de sol. -repitió Camille- El mar de bella donna en Bella Rosa ayudaría. -informó en voz alta, aunque varios de los allí presentes estaban al tanto- Ayudaría bastante.
-Déjeme adivinar. -volvió a hablar Luciana- ¿Corto de personal para llevar a cabo el despliegue?
-No. -negó Sakura- No quiere extinguir el fuego. -rió- Una jaula de fuego. -enarcó una ceja- Divertido.
Las luces se apagaron y el proyector descendió del techo, las imágenes no tardaron en proyectarse sobre la mesa.
-Habían cerca de trescientas aves cuando mis alumnos ingresaron. -mencionó- Deben quedar poco más de la mitad merodeando el Amazonas, eludiendo los incendios y la ayuda humanitaria.
Todos habían visto las imágenes en las noticias, el fuego ardiendo con fuerza y acabando con todo a su paso. Llamas que intentaban alcanzar el cielo, que se extendían kilómetros y kilómetros y se tragaban la vida. Aves, estas huían y buscaban un nuevo refugio temporal, hasta que las llamas volvieran a encontrarlos y obligarlos a huir otra vez. Habían cuervos, halcones, águilas, buitres, gavilanes y búhos; todas bestias fuera de su hábitat natural: el Aviario. O el Zoológico, en todo caso.
-¿Está dispuesto a sacrificar el mayor pulmón del planeta Tierra para acabar con las aves del Aviario? -inquirió Eriol con tono incrédulo, la acusación transmitiéndose en sus ojos azules.
-Política. -repitió Evan, tono mordaz pero cabeza gacha.
El director recobró la palabra, el proyector pasó a la siguiente imagen.
-No han llegado refuerzos, las aves están por su cuenta.
-Están bajo el ala de Hancock. -corrigió Sakura sin lugar a dudas- No están por su cuenta, créame. -señaló y su guardián asintió.
-Están por su cuenta. -repitió Paz, una sonrisa pequeña en su rostro- Hancock jamás estuvo en el Aviario bajo el ataque, tampoco ha acudido en el transcurso de los días.
Como si le estuviera tomando el pelo en su cara, Sakura se inclinó hacia adelante en la mesa con el ceño fruncido y los labios crispados, a punto de reñir con el director; pero, nuevamente, Luciana fue más rápida que ningún otro.
-¿Cómo que Hancock no está? -inquirió en medio de una risa incrédula- No, imposible. -negó ella- Ni siquiera deja el Aviario para cazar, jamás ha salido de allí. -les explicó a todos en la mesa- No, tiene que estar mal. Hancock tiene que estar allí.
Paz permaneció calmado, imperdurable y con el temple centrado. El resto de la mesa observaba al Pilar y la bruja firmes en su afirmación, sin posibilidad a retroceder.
-Porque…. -comenzó a hablar Evan- Si Hancock no está en el Aviario… no está con las aves… -observó a ambas con ojos turquesas brillantes, la pregunta que ninguna quería formular en la punta de su lengua- ¿Dónde… con quién está él?
Obsidiana oscura y rubí carmesí le devolvieron la mirada, el nombre de un innombrable flotando tensamente a su alrededor.
…
La estaban drogando.
La estaban drogando y no eran sedantes en esta ocasión, la estaban drogando y era en pequeñas dosis, la estaban drogando y ella reconocía los síntomas. En las calles, en la esquina, en el barrio, sus vecinos de toda la vida y sus compañeros de la secundaria; paco, coca, meta y maría. Ella era inteligente, ella tenía calle y no era ninguna tarada.
La estaban drogando, lo habían hecho desde un principio, quizás.
El café con poca azúcar, la sopa agria y la carne dura; le habían suministrado dosis en sus alimentos y la habían viciado. Lo sabía porque estaba sufriendo síntomas de adicción. La consumición diaria hizo su cuerpo adicto y necesitaba una nueva dosis.
La noche pasada, en medio de una rabieta, arrojó la charola con comida por la ventana y esa mañana los retorcijones le hicieron vomitar su leche con cereales. Se había puesto en una situación de desintoxicación sin darse cuenta siquiera, ignorante de los hechos.
Secó el sudor frío de sus sienes, apretó sus dientes con fuerza y se cubrió con su manta más estrechamente. ¿La Casa de las Risas drogaba a las ovejas descarriadas de Paz para hacerlas drogo-dependientes? ¿Trabajo a cambio de otra dosis? ¿De una línea? ¿Una inyección? ¿Un toque, un perico? Drogas y trabajo de campo no se veían bien juntas para ella, ¿tal vez pequeñas dosis? Hacerlos adictos a una droga más potente y mantenerlos andando con una droga similar con menos repercusiones. Una droga más controlada, que permitiese sobriedad suficiente para manejar armas, ser buenos espías y seducir sin problemas.
Escuchó los pasos pesados de Mirna del otro lado de la puerta, al final del pasillo, y ella cerró los ojos con fuerza.
…
-Creo, -mencionó ella, ganándose la miradas de todos sobre sí misma- Creo que es muy pronto para tocar ese tema, incluso para el Pilar del Cielo.
Cruzando los brazos sobre su pecho, Camille le envió una mirada dura a Evan.
-Ni siquiera ha pasado un año. -habló su compañero- La subestimaron siempre, pero Ángel no era una mujer débil. Ella nos dio más tiempo que sólo un puñado de meses, Aaron será un tema a tratar más adelante. -sus palabras también dirigida al actual Pilar de ojos turquesas- ¿A alguno le cabe la menor duda?
Nadie objetó las palabras del heredero del clan del Sur.
-Pero si el líder del Aviario no está en el Aviario, y tampoco con Aaron, ¿dónde? -inquirió Shaoran.
Fue el turno de Joel de hablar con su característico tono barítono y plano, desinteresado en cualquier cosa ajena.
-¿Cuál es la hipótesis del Instituto? -inquirió- ¿Dónde está Hancock, líder de la parvada del Aviario?
Paz asintió, parecía esperar una entrada para volver a su papel de hoster. El proyector titiló y la imagen cambió, lo que quedaba del infame Aviario no eran más que ruinas y caos, una vorágine de tierra y grandes árboles. Un desastre, sólo algunas piezas aún lo suficientemente grandes para hospedar a una pequeña bandada de aves bestiales. Todo el mundo observó la ruina, los valles y las planicies que alguna vez fueron erigidos por el rey de los señores demonios para sus mejores armas.
-El sistema de emergencia fue activado luego del enfrentamiento, el Aviario colisionó con el Amazonas y desprendió una gran parte de su masa para resguardar la parte que se salvó de las llamas. -les informó- Éstos son los restos desechados: el campo de batalla y los alrededores que llegó a dañar el fuego. -señaló- También habían algunos cursos de agua, ríos y lagos artificiales que proporcionan sustento dentro de Aviario.
-El Aviario no es autosuficiente. -le recordó Sakura- Fue pensado para ofrecer lo mínimo para la supervivencia, las aves debían abandonarlo para cazar su sustento. -frunció el ceño- ¿Han reportado desaparecidos en los pueblos cercanos al Amazonas ya?
-No será necesario. -fue Eriol quien habló- La ayuda humanitaria, las organizaciones y autoridades locales que intentan detener el avance del incendio son bastas. -entrecerró sus ojos en la imagen- Serán dadas por perdidas por el fuego, igual que la fauna nativa.
-El pez grande se come al pez más pequeño. -murmuró el árabe- Eso debe ser un festín de sangre ahora mismo.
El proyector cambió a una nueva imagen, la sangre de Kamuy bajó diez grados.
-En Brasil, Sean ha ordenado establecer un perímetro. -comenzó a informar Paz- Pero la noticia tiene reconocimiento mundial y no puede detener la ayuda sin llamar la atención.
Una cabellera chocolate con reflejos cobrizos, la mantenía corta pero no al ras. Peinada hacia atrás y mantenida estática con gomina en gel. Dos finos mechones enmarcaban su rostro y realzaban el tono pálido de su piel, el gris pizarra de sus ojos y sus grandes pestañas. Sean era hermoso, como todo señor demonio habido. Esbelto, alto y con extremidades largas, músculos presentes pero sin ser exuberantes. La fotografía había sido robada, él estaba saliendo de un auto mientras una joven igual de hermosa sujetaba su brazo.
-Ruelle y él se han internado en el bosque bajo falsas identidades, aprovechando las numerosas organizaciones ofreciendo ayuda para apagar el incendio. -siguió hablando- Creemos que buscan cuidar a las aves.
-O cuidar al mundo de ellas. -ofreció Shaoran- ¿No es aquella joven hermana tuya, Kamuy? -inquirió Shaoran.
Todos los ojos, excepto los oscuros de Camille, estaban sobre el aludido. Sin embargo, él seguía observando la imagen del proyector. No había visto a su hermana en treinta años, ni siquiera una imagen suya. El cabello rubio ceniza más largo que antes, incluso amarrado en aquella intrincada trenza adornada con aros metálicos comprendía una longitud molesta. Sus ojos, los mismos ojos verde aceituna que él mismo poseía. Su piel bronceada, más bronceada que la última vez que hablaron. Se veía radiante sostenida del brazo de Sean, feliz, sonriente y libre; su hermana se veía libre como nunca antes y le partió el corazón en mil pedazos.
-¿Qué clase de información maneja el Concilio? -inquirió la bruja francesa con curiosidad- Si incluso desconocían de la protección de la mesa hasta hace poco tiempo.
Sin inmutarse, él respondió.
-Aprendemos rápido, te sorprendería lo mucho que se logra cuando la sociedad se ve acorralada. -explicó.
-Eso parece. -masculló ella y su compañero apretó su agarre para calmarla.
-Ruelle es una exiliada, libre para escoger el bando que más le convenga. -explicó en pocas palabras- Obviamente ese no es la alianza.
Sakura asintió en silencio, de acuerdo.
-La rivalidad entre Sean y Pía es legendaria. -comentó la rubia, volviendo al tema principal y quitándole el foco a sus ex caballeros- No confundir su acción con protección nos distingue de los ignorantes, así que no lo hagamos. -pidió con seriedad.
-Así como removió cielo y tierra en busca de la manada de Felis, no me extrañaría que movilice tropas hacia los restos del Aviario. -compartió Tomoyo.
-Deberíamos hacer lo mismo. -propuso el árabe y todos lo observaron con curiosidad.
-Paz acaba de deshacerse de la mitad de ellos y a su plano, ¿recuerdas? -inquirió divertida la castaña.
-Sin contar que es el primer ejército de Aaron, la lealtad en carne, huesos y plumas hecha. -dijo Joel y Fuuma arrulló, de acuerdo con él.
La mesa comenzó a enumerar más argumentos en contra, ninguno quería al Aviario de su lado, jamás podrían confiar en ellos para la causa, para oponerse a Aaron. Mientras los representantes que conformaban la mesas seguían argumentando y discutiendo, Johnson se coló en la sala de reuniones y le entregó a Paz un pedazo de papel; este lo leyó con rapidez y observó a su alumno con extrañeza, el ex Luna le devolvió una mirada en blanco y sin expresión. El hombre tomó un bolígrafo de su saco y garabateó unas palabras en el mismo pedazo de papel, lo entregó y Johnson se retiró sin una segunda mirada hacia atrás.
El proyector se mantenía en la misma imagen, el señor de Brasil y la Loba del Desierto, la dupla que lideraba la oposición al mando de Pía dentro de la señoría demoníaca.
-Podríamos organizar una redada y acabar con lo que resta del Aviario. -propuso el director, todo el mundo llamó al silencio y se volvió hacia él- Son menos de doscientas aves, con un-
-No.
No fue llamativa la negativa, ni que la negativa fuera contra una propuesta de Paz; fue el que Evan verbalizara la rotunda negativa el que sorprendió a todos. Evan, Pilar del Cielo, el aliado más cercano a Paz -o al menos todos pensaban eso.
-Ir contra el Aviario… fue una mala idea. -dijo él- Con o sin Hancock, fue una mala estrategia.
Las cuatro mujeres oyeron con atención, todas ellas centradas en las palabras del representante del Cielo. Shaoran, más astuto, observó al hombre de cabellos caoba y leyó sus expresiones faciales, su postura y sus ojos.
-El Instituto desplegó su mejor arsenal y actuó con la mejor estrategia. -expuso con orgullo- La misión era acabar con el mayor número de enemigos potenciales y eso fue lo que hicimos.
-¿Y cuántas vidas le costó? -inquirió- El recibidor huele a blanqueador y lejía aún, la sangre… ¿cuánta fue la sangre derramada por tus estudiantes? -ladeó la cabeza, sus ojos siempre brillantes- Hancock fue… de las bestias más temibles y despiadadas del Bestiario… fue una suerte que siga el Instituto de pie.
Paz mantuvo el silencio por unos segundos, sus ojos avellanas y los ojos turquesas de Evan imantados en todo momento. Amads observó a Tomoyo con algo parecido a la espera, ésta le hizo un gesto y él se mordió los labios. Sakura y Luciana se observaron de reojo por un milisegundo, la conexión silenciosas de ambas estaba en su cenit en aquella ocasión. Eriol observó a Shaoran, observó a través de él y pareció ver sus neuronas haciendo sinapsis. Los representantes del Zoológico permanecieron inmóviles, neutros en la discusión, aunque tal vez atentos al posible enfrentamientos.
-Es curioso ver que ninguno de sus estudiantes, a excepción de Johnson, se encuentran en Central. -comentó Eriol con suavidad- Ni siquiera sus guardaespaldas, director Paz.
Tomoyo se sumó al hilo de su amado, fluyendo en la misma sintonía.
-Y, en contexto con el reciente encuentro con el Aviario, nos preocupa. -dijo ella, solemne- ¿El Instituto de encuentra en problemas? ¿Está atravesando un momento poco favorable, director?
Y, como la cereza del pastel, Amads fue el siguiente en hablar.
-Sabemos que arriesgó mucho por este golpe. Que jugó todas sus cartas debajo de la manga. -comentó con voz demasiado preocupada, de forma exagerada. Se llevó una mano hacia el pecho, una de sus comisuras traicionándolo y delatando una sonrisa ladina- ¿Necesita… ayuda?
"Sabemos lo que hiciste", las palabras implícitas que delataban la jugada escondida de Paz. El director leyó entre líneas y reconoció el rencor del trío, lo creyó acertado aunque no le agradó. El resto de la mesa esperó por su respuesta.
-La situación amerita una mejor educación y todos mis alumnos se encuentran ocupados transmitiendo su conociendo a la siguiente generación. -fue su respuesta- No creí necesario llamarlos para que me acompañen en esta reunión, ¿o a caso debería? -inquirió, curioso.
Sakura sonrió y no lo intentó disimular, Kamuy negó con diversión y Shaoran frunció el ceño.
-Sus alumnos están heridos. -afirmó Evan, seguro de ello- La sangre en sus paredes lo confirman.
-La decadencia, -se sumó la rubia- el sufrimiento y la sangre no se escapa de nuestros ojos. -señaló mientras los suyos titilaban- Exijo un informe. -demandó.
-Yo secundo la moción. -habló Camille.
-Yo también. -se sumó Sakura, dando vueltas en su silla giratoria.
-Me parece un pedido acertado. -comentó Shaoran con voz grave- Políticamente correcto, de hecho.
Paz frunció el ceño, las cartas en su contra. Se reclinó hacia atrás en su silla, ambas manos entrelazadas y debajo de su mentón mientras sus codos descansaban sobre los apoyabrazos. Observó a los presentes, sus labios apretados en una fuerte línea.
-Creo que es lo justo. -señaló Tomoyo- Creo que es lo que debe hacer. -cruzó una pierna sobre su rodilla y sujetó los lados de su silla- Somos una alianza, somos seis partes que conforman un todo por una misma causa.
-Somos más como una sociedad. -opinó Paz- Con distintos grados de porcentaje sobre una empresa. -entrecerró los ojos- Ha sido el Instituto el socio mayoritario, quien ha hecho la mayor inversión y quien reclutó a todos los socios hoy presentes en esta cumbre. -dijo con algo de molestia- Desconfiar del Instituto ahora es muy atrevido de su parte, me atrevería a decir que hasta desagradecido, joven Daidouji.
Con las mejillas rojas y los ojos brillantes, con la valentía ardiendo, Tomoyo volvió a hablar.
-Me parece muy maleducado de su parte haber engañado a uno de los miembros de ésta sociedad para sacarle información para así poder llevar a cabo su bien organizada estrategia, director Paz. -dijo ella con fuerza en su voz, pero sin elevar el tono- Hasta desubicado, me atrevería a decir. -utilizó sus mismas palabras.
La sonrisa en el rostro de Sakura se desvaneció con lentitud cuando sintió la mirada de Tomoyo, Eriol y Amads sobre ella. La bruja observó a Luciana, quien le devolvía la mirada confundida. Luego, observó a Shaoran; él negó dos veces y procedió a observar al director, ella lo imitó. Su guardián saltó hacia la mesa, de pie, y ella se levantó de su asiento con cuidado.
-¿No que no debía desconfiar? -siseó entre dientes en la dirección de él- ¿De qué está hablando Tomoyo? ¿Qué tengo que ver yo con esto?
Paz se limitó a observarla en silencio.
-¿Le diste la ubicación? -se apresuró a inquirir la rubia.
-¡Fue el trato! -rugió- Me dio la información a cambio y eso fue todo. Nada más. -entonces se volvió hacia Tomoyo- ¿Qué más sucedió?
Tomoyo observó a su prima, a su compañera, pero, sobre todo, observó a su amiga de siempre. De soslayo observó a Paz, él también la observó de refilón y sus labios permanecieron sellados; sería ella la que tendría que hablar, al parecer.
-La última vez que asististe a una cumbre, luego de tu retirada, te encontraste con una joven. -dijo ella- ¿No es verdad?
-Sí. -asintió mientras observó de refilón a Luciana- Estaba huyendo, llorando y me pidió ayuda. -observó a Paz.
-Valentina te dijo que alguien había intentado atacarla detrás del edificio. -fue Amads el que habló- Todos lo signos apuntaban a un taque sexual, aunque ella no lo especificó con palabras. La ropa rasgada, la saliva en su cuello y el golpe en su pómulo… -Sakura lo observaba con atención, con ojos oscuros y aterradores- Fue un señuelo específicamente diseñado para ti.
-Suficiente. -habló al fin- Me atribuyen demasiada-
-¿Demasiada qué? -lo interrumpió la bruja- ¿Demasiada maldad, demasiada saña o demasiada hipocresía? -las venas alrededor de sus ojos sobresalían, su respiración agitada
-Valentina puede acceder a tus memorias con sólo su tacto, debía lucir frágil y vulnerable para que el contacto físico fuera prolongado y ella pudiera encontrar la información del Aviario. -continuó Eriol.
-Y así no llegar a ciegas a la batalla, claro. -asintió Luciana, comprendiendo todo- Política. -dijo, una sonrisa irónica en su rostro- Y se suponía que usted era el bueno. -se levantó de su asiento y dio tres aplausos pausados, más irónicos que su sonrisa- Lo aplaudo de pie.
Sakura, menos diplomática, golpeó la mesa con sus dos manos y sus ojos oscuros. Su guardián volando sobre ella, atento. La puerta se abrió, Johnson entró apuntándola con una pistola mientras se acomodaba junto a Paz, todo el mundo intentó mantener la calma.
-Sentada. -ordenó el alumno del director mientras mantenía su arma apuntada en su dirección- Un ataque, uno solo, y tu alianza con el Instituto se acaba. -informó- No tendré compasión.
Inesperadamente, Tomoyo iluminó sus ojos y movió su muñeca; el arma salió disparada de las manos de Johnson y se deslizó por la mesa hasta acabar frente a Luciana, quien la tomó y la desarmó en seis segundos. El metal benigno cayó sobre la mesa con un ruido sordo.
-¿Decías? -se burló la castaña- La víctima aquí soy yo. -bramó- ¿No es así, director Paz?
Abrochando los botones de su saco, el hombre se levantó de su asiento y todo el mundo lo observó.
-Suficiente. -dijo él- Momentos como éstos requieren medidas drásticas, métodos poco ortodoxos.
Camille arqueó una ceja, pero no discutió ello.
-Sakura Kinomoto no forma parte de la alianza, es simplemente una invitada. -habló Johnson- Y como tal, también es objeto de estudio.
-¿Objeto de estudio? -inquirió Shaoran, curioso- Define objeto de estudio, por favor. -pidió formalmente.
El joven de ojos plata líquida no tuvo problemas en cumplir su pedido.
-Se requería información. -dijo- Sakura Kinomoto poseía aquella información. -frunció el ceño- Tomamos la información.
-Bien. -Camille se levantó de su asiento y, confundido, su compañero la imitó- He oído suficiente, me cansé de todo esto. -confesó- El Zoológico se retira de la alianza, quedan todos informados de ello.
El rostro de sorpresa de Kamuy, además de cómico, reflejaba la sorpresa de todos los presentes. Luego de esta noticia, la bruja se volvió y le habló directamente al director.
-No crea, ni por un solo segundo, que el Zoológico necesitó de usted. -dijo con calma, firme, como un líder- Todo lo contrario, usted necesitó de nosotros. -bramó- Los juegos mentales y la manipulaciones, no va a tomar por tontos a las bestias, a los clanes.
-Creo que esa es una decisión que deberían tomar los clanes, señorita de Featt. -habló Paz- Usted sólo es una vocera.
-Yo soy más que una vocera, tenga cuidado con el tono despectivo con el que se dirige hacia mí. -dijo, mentón arriba- No quiera hacerse con un enemigo como el Zoológico.
Aunque habían perdido la cualidad de brillar, los ojos de Kamuy no lucían menos amenazadores, menos bestiales mientras observaba al director. Sus colmillos se alargaron y sobresalieron, listos para el ataque.
-No quiera descubrir quién de los dos sobrevivirá, la ley que nos rige nos empodera. -comenzó a caminar hacia la salida- Nos hace temibles. -comentó al paso.
Kamuy detuvo la puerta para ella y cubrió su espalda, la mirada que le dedicó a Paz y su estudiante fue mortal.
…
Abrió la puerta, arrojó las llaves sobre la mesa junto a su abrigo en dirección al perchero, éste cayó al suelo y Yukito lo tomó y colocó correctamente. La sala había sido despojada de sus muebles, el sofá y la mesa de café habían sido guardadas en el garaje de momento.
-Rápido. -pidió el moreno- Quedan menos de tres minutos para que el atardecer comience.
El peligris asintió y se deshizo de su calzado y su abrigo, Toya se había quitado la camisa ya y los trazos de tinta que él cuidadosamente había dibujado anoche aún seguían allí. El círculo de sal sobre el suelo de madera, la alfombra removida también. El mayor de los hermanos Kinomoto llevaba entre sus manos el último objeto que requerían para dejar atrás el plano carnal y ascender, necesitaba ascender para conectar con Sakura y, al fin, comunicarse con ella.
Toya se ubicó en medio el círculo, el tarro con tierra del cementerio entre sus manos y seis velas blancas alrededor suyo. Yukito se apresuró a encenderlas, la hora en la que la barrera natural, el velo místico caía y dejaba el paso libre estaba casi ahí.
-Cuerpo y alma hacen uno, el cuerpo mortal y el alma trascendental. -comenzó a recitar el hechizo que Skull le dejó en aquel cuaderno- Vuelo lejos de uno para liberar al otro. -arrojó el tarro de vidrio contra el suelo, la tierra se levantó en nubes de polvo y el fuego de las velas le sacó chispas azules- ¡Cruzo el velo de la noche, vuelo libre en el horizonte!
Yukito se encontraba en el umbral de la cocina, la lámpara de luz titiló durante diez segundos antes de apagarse totalmente. No habían más luces encendidas en la casa, el atardecer ya había comenzado y el sol había dejado de brillar sobre Tomoeda. Las velas comenzaron a apagarse.
Una
por
una.
-¿…Toya? -inquirió en un susurro.
Con la última vela, el cuerpo de Toya cayó al suelo en posición fetal y él contuvo la respiración.
Había funcionado.
…
Jugueteó con el cargador, con su dedo índice lo hizo dar vueltas sobre la mesa mientras todo el mundo comenzó a perder la calma y la paciencia.
-¡Hemos perdido al Zoológico! -le reprochó Tomoyo- ¿Ha visto? La metodología que ha utilizado no ha sido para nada la propuesta al inicio de ésta alianza. -acusó, su dedo señalado contra Paz- ¡No hemos logrado nada! -culminó, con ojos brillantes y manos cerradas en puños.
Sinceramente, ella no estaba interesada en metas y métodos del Instituto.
-El Concilio no verá con buenos ojos la partida del Zoológico. -advirtió Shaoran, revolviendo sus cabellos- ¡Las bestias eran los mejores soldados de esta alianza! -gruñó- ¿Sabe cuánta es la pérdida? ¿Cuánto nos costará esto cuando se desate lo peor?
Evan fue el siguiente en tomar asiento y retirarse.
-¿Y tú a dónde vas? -quiso saber Amads.
-El Cielo querrá saber… -dijo- Necesitamos rever nuestra participación en esta alianza.
Y se marchó, Paz lo observó partir junto con Johnson. Ella dejó de jugar con las partes dispersas del arma y volvió a cargar a Fuuma en sus brazos, el pequeño zorro demonio de dos colas arrulló de felicidad y Joel la imitó en silencio. Sakura y Tomoyo la observaron.
-¿Nos vamos? -inquirió, aburrida- Ya no queda nada más aquí.
Se apartó el cabello detrás de su hombro y desfiló hacia la salida, no necesitó observar hacia atrás para saber que Sakura estaba detrás de sus pasos. Tomoyo y Shaoran quizás abordarían al Instituto con más acusaciones y reclamos, ella tenía suficiente. No iba a asistir, había prevenido el desastre desde un inicio pero órdenes era órdenes; ella no podía desobedécelos. No sin correr riesgos.
-¿Volvemos a Venezuela? -inquirió Joel, se habían mantenido allí incluso luego de concluir su misión y recoger toda la información.
-No. -aunque ella quisiera, necesitaba dar cuentas al Infierno y recibir nuevas órdenes- Descenderemos, acabaremos con esto ahora mismo.
Dieron vuelta la esquina y descendieron las escaleras hasta el recibidor, no le sorprendió encontrarlos a ambos allí, esperando por ella. Joel tomó su derecha y Sakura se detuvo a su izquierda, Fuuma saltó de sus brazos y gruñó al par.
-Necesitamos hablar. -fue Camille la valiente, la sensata.
-Ya hablé mucho hoy. -dijo ella, renuente a ésto- Además, creí que dejé las cosas en claro.
Kamuy dio un paso adelante, el fuego en sus ojos no le agradó.
-Tu ritmo cardíaco aumentó cuando la imagen de Ruelle se mostró en pantalla. -dijo- La reconociste. -acusó.
No encontró razones para afirmar aquello, así que calló. Era mejor que hablar sin nada que decir.
-Tú y ella se encontraron hace dos años en Mar Bella, cuando yo aún era tu caballero.
Sintió a Joel inquietarse, no quería más curiosos allí.
-¿Nos recuerdas? -gruñó, disgustado- ¿Nos recuerdas y aún nos ignoras, Luciana?
Dio un paso al frente, ambos se congelaron en sus lugares y ella frunció el ceño. Ella hizo brillar sus ojos, pasó su lengua por sus dientes perlados y luego hizo crecer las garras en sus manos. Kamuy se posicionó delante de Camille y ella dejó caer la farsa mientras tomaba la mano de Sakura y rasgaba su muñeca con la uña de su pulgar.
-¡Auch! -se quejó, desprevenida.
Se llevó el pulgar manchado con sangre a los labios y lamió con lentitud mientras continuaba su marcha hacia el portal, ningún pelirrojo volvió a interferirse en su paso. Era mejor así, cada uno por su parte. Lejos de ella, fuera de peligro y de una realidad desdibujada.
-Si estorban el paso, serán presas. -fue la mentira que le impuso, una defensa blindada.
Es mejor así, se auto convenció. Sin cargas, sin lazos, sin pasado que retrase. De por sí, ya presentía que su camino recién comenzaba. Años, le quedaban varios años que purgar para el Infierno antes de poder ser libre para derramar sangre a gusto y sin consecuencias.
…
Cuando la nueva señora de los señores demonios se presentó frente a sus puertas, Colette no titubeó en abrírselas. Había visto las noticias, habían trascendido en todo el mundo el norte de Francia no había sido la excepción. Dejó su cuchilla sobre la mesa de la cocina, tomó un repasador y secó sus manos; la olla sobre la estufa desprendía un fuerte olor agrio, la mesada llena de tarros con especias y cuencos con objetos extraños. Sobre la mesa se hallaba una jaula de cristal, una hermosa serpiente con escamas de obsidiana esperaba dentro por la bruja Pratt.
Cerró la puerta de su hogar y Pía ya había atravesado el trayecto desde el filtro hasta su hogar, nadie la acompañaba. La dama de Alemania llevaba un traje morado, guantes en sus manos y zapatos de tacón. Su largo cabello verde musgo recogido en un moño cuidado, uñas largas y con barniz negro brillante. Pestañas largas y brumosas, cejas finas y labios rellenos y con un color negro mate. Ojos oscuros, ojos venosos y como obsidianas.
-La nueva reina, debo suponer. -habló la bruja- ¿Debo temer por mi vida? -inquirió sin gracia, con ojos duros y brazos cruzados sobre su pecho.
Pía sonrió, sus ojos se cerraron y sus dientes se pudieron ver detrás de sus labios oscuros. Llevaba una maleta negra con hebillas doradas, se la tendió a la menor de las hermanas Pratt y ésta la tomó sin dudarlo. Abrió los seguros, contó los fajos de billetes y volvió a cerrarlo.
-¿Cómo se encuentran el señor Aaron? -preguntó Collette- ¿Qué puedo hacer por él?
La señora la observó, su sonrisa se mantuvo y la bruja entrecerró los ojos.
-El Aviario sufrió algunos… inconvenientes. -habló ella.
-Hn.
-Contamos con el linaje Pratt para repararlo. -no fue una pregunta, Collette no negó aquello- Sólo necesito saber los suministros que requiere, con gusto puedo facilitárselos en el corto plazo para… apresurar el proceso.
Tiempo, Collette Pratt sabía que Pía y el Aviario no tenían tiempo, el maletín en su mano y la mujer demonio frente a su hogar confirmaban su teoría. Cinco años atrás, el rey de la Corte de los demonios acudió a ella; el linaje Pratt era un linaje fiel a las artes oscuras además de uno de los primeros clanes de brujas sobre la faz de la tierra. Los clanes originales descendieron de la santa madre, el espíritu que adoptó el nombre Gia. Gia poseyó el cuerpo de una humana y concibió ocho hijas; los ocho clanes originales. Una de esas hijas fue Idette Pratt. Aaron buscaba replicar la acción de la santa madre, pero para ello necesitaba un cuerpo que pudiera resistir toda su energía. Si bien el señor demonio practicaba la posesión con maestría, su semilla era infértil y no lograba crear un linaje apropiado. Collette trabajó dos arduos años hasta que consiguió hallar el modo de fertilizar la semilla del señor, el problema ahora era lograr estabilizar el vientre de la madre del vástago.
"Gracias por tus servicios", había dicho él. "Pero, a partir de ahora, me encargo yo de lo que resta", ella recibió su última paga y volvió a su hogar. En aquel momento el rey se encontraba jugando con el Pilar del Infierno y Collette creyó que el vientre de un Pilar soportaría cargar semejante heredero. Sin embargo, la noticia de un heredero jamás se esparció y ella siempre guardó aquella duda para sí misma: ¿Quién sería la elegida?
-El Aviario fue recreado a imagen y semejanza del Zoológico, voy a necesitar ingresar al Zoológico y recoger algo de tierra, agua y algunas plantas y rocas. -comenzó a enumerar- Una hembra y un macho de cada especie de ave que habite el Aviario, pero deben ser habitantes del reino de las bestias.
La sonrisa de Pía titubeó en las esquinas y Collette supo por qué, su hija seguía teniendo la sangre de linaje Pratt y no podía pasar desapercibida, estaba al tanto de su alianza con el Zoológico como representante del Infierno. Dos bestias exiliadas habían ido hasta su puerta para pedir su ayuda para entrar al Zoológico, ella les explicó el precio y ninguna de las dos logró pasar de la mitad del monto. Le tomó un mes, tuvo que admitir que su hija trabajó duro en ello, pero ella le había enseñado todo lo que sabía.
-El precio cubre una entrada y una salida para el Zoológico. -dijo ella y los ojos de Pía se abrieron con sorpresa- Tiene que ser una entrada y una salida rápida, van a detectarlo rápido.
-¿Cómo…- preguntó, pero se detuvo a la mitad- Claro. Tu reputación te precede, no debí extrañarme de que tú entre todas la brujas pudieras penetrar el Zoológico. -rió, divertida- Enviaré a mi mejor asesino, al más rápido.
-Necesitaré sangre de ángel para restaurar las guardas, el fuego de sol dañó las anteriores y las dejó inútiles. -siguió enumerando- Necesito todo eso.
La señora asintió en silencio, pensativa. Nada sería imposible de conseguir, los recursos que disponía Aaron eran bastos y diversos, la bruja no dudaba de que estuvieran entregándolos en su puerta al amanecer siguiente.
-Muy bien, haré los arreglos pertinentes. -respondió- Una vez con todos los objetos, ¿cuánto tiempo tardará el hechizo en realizarse? ¿En cuánto tiempo puede volver al cielo el Aviario? -quiso saber con ansias, Collette lo vio en sus ojos, en sus dedos inquietos y labios estirados.
Fue sincera.
-Cuando tenga todo, necesitaré acercarme a los restos del Aviario. -dijo.
-El Amazonas seguirá ardiendo hasta que el Aviario se alce. -frunció el ceño- No puedo dejar a las aves al descubierto.
-Yo puedo cubrirme del fuego, si es así. -dijo- Un viaje breve a Bella Rosa puede solucionarlo.
Pía asintió y la bruja continuó hablando.
-Tres días y tres noches. -respondió- Si no hay interrupciones, sólo tomará eso. -dijo.
Observó a la señora estudiar su respuesta, no parecía tener inconvenientes, pero la duda seguía en la esquina de su sonrisa floja.
-Entendido. -asintió finalmente- Estaremos en contacto a la brevedad. -asintió a modo de saludo y se dio la vuelta.
Collette la observó perderse colina abajo, ni una sola vez su tacón se derrumbó bajo la tierra fértil. Tatareó un sonido neutral mientras volvía al interior de su casa, dejó el dinero en la caja fuerte y volvió a la cocina. De todas formas iba a ir aquella noche a Bella Rosa, molesto hubiese sido si Pía demorara un día más y tuviese que repetir el viaje en un periodo de tiempo tan breve. Tenía suficiente nitrato de plata para dos cápsulas, el hechizo de transporte tomaría un par de horas en almacenarse, estaría listo para mañana a la mañana.
Hacía tiempo que no veía a su hija, a Camille. Éste año debería cumplir los veinticuatro años, una bruja en la plenitud de su vida. ¿Podría mantenerse fuerte frente a lo que se avecinaba? De todas formas, sería otra prueba para afrontar y demostrar su valía como bruja Pratt; aún debía continuar con la línea y dejar sangre joven para que el legado Pratt no muriese.
…
Cruzó el portal y saltó de nuevo dentro del departamento que alquilaban ambos en Perú, a Teófilo. Habían acordado que ella saltaría allí y Shaoran desde el lugar que utilizaban para entrenar. Ella había preparado un hechizo anti rastreo en cada lugar. Como los hackers, una dirección falsa. Si Paz intentaba seguir su huella, el hechizo los enviaría a postas falsas aleatorias.
-¿Puedes creer que-
Un segundo, se detuvo en medio de su oración. Caminó fuera del círculo de sangre y cenizas, podía sentir que algo estaba a punto de-
-Sakura.
Se dio la vuelta tan rápido que casi se cae por el fuerte impulso, no podía creerlo.
-Her-hermano. -balbuceó, incrédula.
Pero era él, era Toya. Vaqueros oscuros y pies descalzos, su torso expuesto portaba marcas extrañas que ella no reconoció. Sin embargo, de lo que sí se percató era de lo extraña y antinatural que se sentía su presencia.
-…proyección astral. -balbuceó mientras se acercaba a él, todo lo demás olvidado- ¿Qué sucedió? ¡¿Dónde está papá?! -temió lo peor. Gente de Gia vigilaba su casa, protegía a su familia mientras ella se encontraba lejos. Ella no tenía amigos tan confiables para encargarles aquella tarea, el dinero compraba la clase de fidelidad que se rompía con más dinero; confiar en Gia, de alguna forma, resultaba más tranquilizador para ella.
-No tengo mucho tiempo, Sakura. -él informó. Claro, la proyección astral era peligrosa- Sucedió algo. -dijo él y ella se asustó- Skull, Skull se contactó conmigo hace algunos días.
Ni en sus más extraños sueños creyó que su hermano dijera aquello.
-¿Qué? -balbuceó- ¿Skull? -repitió para asegurarse.
Skull había desaparecido sin dejar rastro y, por lo que había oído, Heimbald también. Matt no los había vuelto a ver, se habían marchado sin aviso ni rastro, como fantasmas. Y eso no era bueno, pero, dentro de todo lo que estaba sucediendo, era lo menos preocupante. Sin sonar desagradecida, claro.
-Quería ayuda. -dijo él- Pero la conexión se rompió demasiado rápido y no pude… -lo observó fruncir el ceño- No pude sacarle nada. No pude ayudarla.
Ahora se sentía como un monstruo, se sujetó de un mueble para no caer sobre su trasero ante la sorpresa de aquella noticia.
-Meses atrás, antes de la batalla, Skull vino a mi oficina y tuvo una visión. -le comentó con rapidez, intentando gastar bien su tiempo- Nunca me dijo lo que vio, pero creo que era importante. -su hermano le enseñó una de sus manos, una canica en ella- Tan importante para arriesgarse a contactarse conmigo para compartirla varios meses después
Una visión, una visión de la diosa del futuro. Sakura observó la canica con fascinación, una memoria extraída. La original o una copia para compartir, ella no podría saberlo jamás. ¿Dónde estaba Skull? ¿Qué diablos había sucedido?
-Sakura. -volvió a llamarla- Necesitas verla.
La canica cayó al suelo, la imagen de Toya se desvaneció justo cuando Shaoran abría la puerta de la entrada. Su guardián se apresuró a tomar la canica y voló a toda marcha hacia su habitación, ella no pudo moverse de su lugar. Podía sentir los ojos de Sharan sobre ella, la curiosidad y la tensión en su cuerpo.
-Y-yo. -tartamudeó ella, aún sin poder reaccionar adecuadamente.
-¿Qué? -inquirió él, instándola a continuar.
-Yo… yo… -pasó una mano por su rostro y se volvió hacia su cuarto- Yo necesito estar sola ahora.
-¿Qué? -él comenzó a seguirla- ¡Debemos reunirnos con Gia! -le recordó- ¡Debemos hacerlo ahora! ¿Cómo-
Desde el umbral de su habitación, lo encaró con el ceño fruncido y los labios crispados, él también mostraba señales de enojo en su semblante. Ninguno estaba allí por gusto, debían colaborar obligadamente y, si querían acabar lo antes posible, debían comenzar a llevarse mejor.
-¡A mí me importa una mierda lo que quiera o no quiera Gia! -exclamó ella.
-No me importa. -respondió él mientras sujetaba con uno de sus brazos la puerta, evitando que ella pudiera cerrarla en medio de su conversación- Tenemos órdenes, así que será mejor que dejes a un lado tu egoísmo y-
-¿Egoísmo? -lo interrumpió- ¿Mí egoísmo? -inquirió, extrañada.
-¡Sí, Kinomoto! -escupió- ¡No me digas que has olvidado cómo seguir órdenes, si tú eres la mejor en ello!
Ella levantó el brazo para abofetearlo, él detuvo su brazo a medio camino y un enorme león dorado rugió desde detrás de la bruja. Esmeralda y chocolate soltaban chispas, ninguno daba el brazo a torcer, ninguno quería perder.
-Junta tu mierda personal y guárdala para después. -ordenó él- Tenemos trabajo, ¿recuerdas? -entrecerró los ojos en su dirección- Tú me arrastraste a esto, no intentes salirte ahora.
-¿Yo te arrastré? -masculló a centímetros de su rostro- Intenté sacarte y te negaste, me ignoraste. -se deshizo de su agarre y retrocedió cinco pasos, él se quedó en el umbral y su guardián se colocó a un lado suyo- Para no querer tener que ver nada conmigo, tus acciones dejan mucho que desear, Li. -escupió su apellido- Busca un espejo, mira al verdadero egoísta en él.
Las ventanas detrás suyo se abrieron, ella saltó a través de ellas y el enorme león se transformó en un pequeño peluche volador que la siguió de inmediato. Ella volvía a irse y él se quedaba atrás, quizás eso era lo suyo.
Corrió a toda velocidad y sin mirar atrás, las necesidades de Gia no eran lo que más le importaban en ese momento. No había llamado a Toya y su padre, no en todo el tiempo que estuvo en Perú, ellos tampoco tenían un número al cuál marcar ante cualquier emergencia. Ella creaba una cuenta de correo nueva para cada videollamada, modificaba el IP para que no pudieran rastrearla y omitía revelar información sobre su ubicación, también evitaba estar junto a una ventana y utilizar Silencio para insonorizar la habitación. Si Toya no sabía nada, no era objeto de interés para llegar a ella.
Skull se había mantenido con Ángel, Matt y Jonás desde que volvió desde el mundo de los dioses, ¿y desaparecía sin avisarles? Nunca profundizó demasiado en aquellos pensamientos, tal vez era hora de hacerlo.
-Kero. -llamó, deteniéndose a las afueras del pueblo, en una colina que le otorgaba una maravillosa vista.
-Aquí. -ofreció él, a sabiendas.
Había manipulado contenedores de recuerdos en el pasado, cuando llevaba a cabo misiones para Aaron. Recolectaba información, pero también la extracción de recuerdos limpiaba las huellas de que estuviste allí. No en todas sus misiones, jamás con alguien más poderoso que ella. La extracción de recuerdos era posible siempre que tú tuvieras el control de tu víctima, bajo tu merced.
Colocó la canica en la palma de su mano, la cubrió con la otra y su círculo mágico se activó debajo de ella. Cerró los ojos, el recuerdo se reprodujo en su mente como una escena de su propia vida.
.
Estaba en el suelo, podía sentir el duro y frío suelo bajo su mejilla, a través de su ropa y su pierna desnuda. Su ojo derecho tenía cero visibilidad, una herida en su sien dejaba que emanara sangre libremente y su ojo izquierdo captaba muy poco aparte del suelo gris.
Había alguien allí, alguien de pie en medio del caos y la ruina.
-Ahora, todo está a punto de cambiar.
La mano de aquella mujer comenzó a acariciar su vientre plano con cariño mientras se alejaba de las llamas y la sangre, de la destrucción.
Skull vio sus piernas, sus pies descalzos salpicados de sangre fresca.
Vio su ropa rasgada, producto de la lucha anterior.
Vio la mano que no acariciaba su vientre descansar junto a su cadera, sus dedos rojos producto de la sangre seca.
Vio aquél vientre ahora ya no vacío.
Vio su cuello, firme. Su cabello recogido, no logró observar su color ya que se desvaneció del cansancio.
.
Lo miró, lo observó con enojo e ira contenida.
-Esto jamás hubiese sucedido si no fuera un hombre ciego y codicioso. -reprochó ella- Se apresuró.
-Vimos una oportunidad. -contrarió él.
-¿Por qué se apresuró? -lo ignoró, estaba muy enfada con él- ¡Derribar al Aviario juntos hubiera sido un símbolo para la alianza! -dio un paso en su dirección, Johnson también y Amads le gruñó mientras las chispas de Eriol se hicieron oír en advertencia- ¡Lo hubiéramos hecho juntos, pero usted no quiso-
Él levantó un brazo, silenciándola en el acto.
-Llegará un momento en que tenga mi edad y mi sabiduría, joven Tomoyo. -dijo él- Será entonces que comprenderá el por qué de mi accionar. -suspiró- Hasta entonces, observe con atención y aprenda, no cometa errores que pueden remediarse a tiempo. -recomendó mientras se marchaba de la sala, Johnson resguardando su espalda.
El trío era el único que permaneció allí al final, Shaoran se había marchado luego de espetar algunas palabras en protesta y advertir sobre el futuro enfado del Concilio sobre su accionar, se despidió de ellos y marchó con prisa.
-¿Puedes sentirla? -inquirió ella mediante la seguridad de su conexión, no dudaba de la presencia de micrófonos o cámaras allí vigilándolos- Esto parece abandonado.
La joven lideró la marcha hacia la salida en perfecto silencio, flanqueada por ambos hombres en todo momento. Sus ojos brillaron, no eran los mismos ojos que los de los Pilares, pero ella tenía lo suyo. Desde la cima de la escalera que conectaba la planta principal y el primer piso de Central, tenía un excelente vista del suelo. Podía verlo, como luces de navidad en la oscuridad.
Uno, dos, nueve, trece, veinte. Algunas estaban muy juntas, no podía contar con claridad. Podía sentir algo de su dolor, el ardor de sus heridas y el cansancio. Uno de sus pies falló, casi tropieza y cae si no fuese por el firme agarre de Eriol en su brazo.
-¿Qué es? -quiso saber Amads.
-Evan tenía razón, están aquí abajo. -dijo, sorprendida- Los heridos, están aquí abajo. Muy abajo.
Exhaló con fuerza, su aliento removió algunos de los cabellos de su coronilla.
-No reconozco a ninguno. -siguió informando, ya estaban en la planta baja- Ella no está allí. Deben ser Oro.
No había querido hacerlo, pero ellos no le dieron opción y cruzaron con ella de todos modos. No pudo evitarlo, no cuando ambos estaban tan obstinados en acompañarla. Amads quería saber de Valentina, aún llevaba aquél rosario con la imagen de la Virgen en él; ella sabía que Sakura no lo tomaría contra la niña, ella mejor que nadie sabía lo que era seguir órdenes sin opción alguna.
-Ella no está aquí. -le dijo Tomoyo- Abajo hay sólo Oro, Plata no está aquí. -observó puerta que los conduciría fuera de Central, ellos ya estaban frente al portal- Taurus no está, sólo Moira.
Él bufó, ella recordaba que Moira lo había arrojado sobre su trasero la vez que intentó entrar a Central a la fuerza. Si cruzaban, no podrían volver hasta la próxima cumbre y, por lo que había sucedido hoy, dudaba sobre el próximo encuentro. Si no cruzaban e intentaban iniciar una búsqueda por el Instituto, serían considerados enemigos y confrontados.
-¿Amads? -inquirió ella, delante del portal, sin moverse.
Él dudó, Eriol lo observó en busca de una respuesta al igual que ella.
-…vamos a casa. -dijo el árabe finalmente, los tres volvieron a Arabia.
…
