Capítulo 18 – Worst Mistake
Cada pisada que sonaba de Grayson en el estropeado suelo del salón provocaba en Nick una sensación de agobio indescriptible. El peso del enorme y musculoso tigre provocaba que hiciera mucho más ruido que cuando estuvieron él y los demás fuera.
- Sal, zorrito. ¿Dónde estás? No me hagas perder el tiempo. –El tigre dio un sonoro golpe en la pared, dando la sensación de que la casa pudiera venirse abajo en cualquier momento. –Deja de jugar al escondite, solo quiero charlar contigo y con tu pandillita.
El frívolo tono de Grayson vino acompañado de un par de risas de complicidad. Nick cerró los ojos mientras torcía el gesto.
Me lo temía, no está solo. Pues hasta aquí hemos llegado. He encontrado a Adam para nada.
La frustración del zorro iba en aumento mientras escuchaba como los matones de Pangea peinaban el salón. Era cuestión de tiempo que les encontraran. Tal vez minutos, tal vez segundos.
La pálida luz del móvil de Gabriel iluminaba de forma inquietante la frustración y el miedo en el rostro de todos.
Judy tocó con suavidad el brazo a Nick. Le miró con un gesto serio. –¿Qué podemos hacer? –Dijo la coneja con algo de ansiedad en un tono muy bajo.
El zorro no pudo evitar que una sonrisa nerviosa se le asomara entre los dientes. –Pues nada de nada, estamos atrapados. No sé qué deciros, la verdad. –El grupo le miraba con ansía. Esperaban que tuviera debajo de la manga un plan de escape, pero el rostro del zorro fue claro: Estaban atrapados y condenados.
Claire se echó el cabello hacia atrás con ambas manos tratando de tranquilizarse. Adam tenía los ojos cerrados y su frente húmeda y perlada demostraba que ya había desistido. El miedo se había apoderado de él por completo.
- Pero algo podremos hacer. ¿No? Algo. Lo que sea. Tenéis pistola tú y Judy, joder. –La voz de Gabriel sonó ligera y suave pero con un atisbo de esperanza. –No podemos rendirnos, vejestorio.
Nick escuchó al lobo. Sus pupilas comenzaron a botar de lado a lado.
Tenemos las pistolas, sí. Y yo odiaría tener que usarla... Pero es que el problema es que fijo que ellos llevan rifles de asalto como en la fábrica.
Otro enorme crujido se escuchó tras la estantería. Todo el grupo dio un respingo, acallando y reprimiendo las ganas de gritar.
- Que porquería de casa. –La voz de Grayson sonó disgustada. –Menudo escondite. Tú, trepa por esa escalera destrozada. Mira a ver si nuestros amigos están escondidos por ahí arriba.
Ha mandado a uno arriba. Alguien más debe quedar con él teniendo en cuenta las risas que hemos escuchado. A la que no he oído es a Kate.
Un zumbido se coló por debajo de la rendija, parecía ser un teléfono. Grayson suspiró. –¿Qué quieres? –Sonó con tanta desgana que su hastío se notó desde el escondite de Nick y los demás.
- No, estamos en ello, acabamos de entrar. Menos prisas. –El tigre permaneció callado unos instantes. Gruñó. –Ya lo sé que ella se impacienta, yo también. Pero ya sabes que si me altero, eso no nos beneficia a nadie. –Otro silencio invadió el interior del estudio. –Ya, lo sé. Sé muy bien cómo hacer mi trabajo, no necesito tus consejos. No habrá bajas esta vez. –Un ligero pitido pareció confirmar que Grayson había cortado la llamada. El tigre chistó.
- Que pesada que es. Se cree muy importante, pero no sabe que no es más que un peón como muchos otros. Sí, eso te incluye a ti, mequetrefe. –Dijo dirigiéndose a alguien. Probablemente otro de sus esbirros, pensó Nick. Otro golpe resonó en el cuarto oculto, esta vez pareció sonar muy cerca de la estantería.
"No habrá bajas" Pues no sé qué es peor, si morir aquí o que nos lleven con ellos a donde les dé la gana.
Nick cada vez estaba más desesperado. Se sentía como un reo que va a ser ejecutado en el corredor de la muerte. Antes o después le iba a llegar la hora. Estaba a punto de sentirse completamente desbordado.
Como ratas aquí dentro, sin posibilidad de ver. Nada. Atrapados sin salida. Atrapados… Aunque… Espera un segundo.
Sus ojos se abrieron al máximo. Parpadeó un par de veces y casi le pareció sentir unas enormes ganas de sonreír, aunque prefirió ser cauto y calmarse. Miró a Judy.
- Creo que podemos tener una oportunidad de salir de aquí, aunque va a ser muy arriesgado. –Las palabras de Nick parecieron surtir efecto de inmediato en todos. Por sus miradas estaba claro que ninguno se iba a oponer a nada de lo que propusiera. –Hay algo que parece que se nos ha olvidado. –El zorro señaló el cinturón de Judy, donde tenía el controlador. La coneja tardó dos segundos en reaccionar y su mirada violácea brilló.
- ¡El dron! –Dijo con sorpresa, aunque sin exaltarse. –El dron que dejé en el tejado. –Judy sonrió. –Con eso podremos ver los alrededores de la casa, claro. Magnífico, Nick.
- Menos mal que sigues teniendo a veces buenas ideas, zorro. –Gabriel no pudo evitar sonreír, así como tampoco pudo evitar pellizcar la rechoncha mejilla de Adam, como si lo conociera de toda la vida. –Relájate un poco, chico panda. Todo va a ir bien. –Adam no pudo mostrarse más confundido ante aquello. Claire sonrió ligeramente.
- Bueno, no perdamos tiempo. Es nuestro único cartucho para escapar de aquí. –Antes de que Nick hubiera terminado, Judy ya había encendido el controlador del dron.
- Vamos allá, despegando. –La coneja presionó un botón que mandó a más de veinte metros hacia el cielo al dron de forma rápida y silenciosa. –No tiene toda la batería, obvio. –Ladeó la cabeza ligeramente. –Según el indicador, tenemos entre cinco y diez minutos de autonomía.
Pues no es lo mismo cinco que diez. Tanta tecnología y ese dato tan importante no te lo da con claridad.
- No es mucho. –Dijo Claire con un tono suave pero preocupado. –Judy la miró sonriente. –Bueno, mejor que la preocupación y el miedo que teníamos hasta hace un rato es, sin duda. –La coneja sonrió levemente intentando mostrarse optimista.
En cuestión de segundos la pantalla mostró una imagen clara mediante visión nocturna de la casa y los alrededores. Los ojos de Judy se concentraron en la pantalla mientras que los demás la observaban con impaciencia.
- Mirad, en la puertecilla de entrada a la parcela hay dos individuos. No sé si armados, pero daremos por hecho de que lo están. –Movió ligeramente el dron. –En la puerta de entrada tapiada, la de la propia casa, parece haber otro tipo.
Nick se fijó en la reluciente pantalla del controlador. –Mira, parece que en la parte trasera no hay nadie. Si lográramos llegar hasta ahí sería nuestro ticket dorado para escapar. –El zorro apretó los labios con algo de frustración.
Una voz lejana se coló en la estancia. –Por aquí arriba no parece haber nada, jefe. –Todos prestaron atención. Grayson se impacientó. –Registra todo bien. Tienen que estar aquí, en los planos de la casa no había sótano.
Mierda, mierda… Nos falta entre cero y nada para que ese capullo empiece a atar cabos. O a tirar paredes.
Judy suspiró y agitó inconscientemente su nariz.
- Son unos cuantos, pero si pudiéramos llegar de alguna forma al jardín trasero, solo tendríamos que saltar la valla y salir por la puerta de entrada de esa parcela en busca de la carretera. De ahí hasta el mirador llegaríamos en nada. –Dijo la coneja bastante segura de sí misma, aunque supiera que sonaba todo más fácil de lo que era en realidad sin poder saber con seguridad si habían muchos tipos de Pangea o no.
- Nuestro mayor problema es Grayson y los tíos que hay dentro, que supongo que serán dos. El que ha subido arriba y al que antes ha llamado mequetrefe. –Miró a Nick. –Solo tenemos que hacer que Grayson salga de la casa y nos de pista libre para huir por detrás.
"Solo"
Nick miró hacia el techo entrecerrando los ojos. Se rascó la barbilla. –Una distracción, eso es lo que necesitamos.
- Vamos a morir. –Dijo Adam con un claro tono de derrotismo. Claire y Gabriel le miraron a la vez.
- Tu lo del optimismo como que no, ¿eh, pandita? –Le dijo el lobo con algo de resignación. Adam no contestó.
- Tranquilízate Adam, tenemos que pensar en positivo. Podemos conseguirlo. Créeme cuando te digo que Nick es una caja de sorpresas. –La voz de Claire sonó esperanzadora. Le acarició el hombro. Adam la miró a sus ojos celestes y pensó en cómo era posible que la hija de Cornelius pudiera haber sobrellevado toda la situación tan bien. La admiró, aunque ese sentimiento no era nuevo para él. Su corazón ya hacía tiempo que la admiraba, aunque ella no tuviera ni idea.
Judy dio unos suaves golpecitos con sus dedos en el lateral del controlador. –¿Qué propones, Nick?
El zorro se mostró dubitativo. –Déjame el mando un segundo. –Judy se lo ofreció y Nick observó la pantalla. Vio la silueta de la casa y cómo estaba distribuida la zona. Se habituó a los controles de navegación y movió el dron con suavidad.
Observó el extremo de la urbanización donde se encontraban. Lo recorrió con la mirada y se fijó en un pequeño edificio pegado en la enorme valla que separaba las casas del árido desierto. De su fachada salían multitud de cables gruesos hacia postes y de ahí a las casas. Se quedó pensativo durante unos instantes. Sonrió.
- Creo que tengo la distracción. –Dijo Nick con satisfacción. Judy pareció sorprenderse.
- ¿Qué diantres vas a hacer? –Inquirió ella.
- Mira y observa. –Fue lo único que dijo Nick y en unos instantes quedó clara cuál iba a ser la distracción. –Espero que no le tengas mucho cariño al dron.
Judy alzó su ceja derecha, miró a la pantalla y entonces lo comprendió. –¡No irás a…!
El zorro lo hizo sin dudar. Movió a gran velocidad el dron contra el tendido eléctrico de aquel pequeño edificio. Se trataba del transformador que proporcionaba electricidad a toda la zona. En un instante ocurrió lo que había deseado.
Al estrellarse contra los cables el dron se sobrecargó, provocando una pequeña explosión que hizo que toda la urbanización se quedara a oscuras de golpe.
-¡Premio! –Dijo el zorro ante la asombrada mirada de Judy.
La profunda voz de Grayson resonó en el salón. –¿Qué coño ha sido eso? Tú, gilipollas, baja de ahí arriba. –Ordenó al esbirro que seguía inspeccionando el piso superior. Sonó un poco de estática. Agarró con firmeza su walkie. –¿Qué ha pasado? ¡Informadme, joder! –Sonó otro golpe que retumbó en toda la casa. Golpeó con tanta fuerza la mesa del salón que se partió. No se distinguía nada pero se podía escuchar cómo le hablaban a través del aparato. –¿Cómo que "pequeña explosión"? ¿Y a qué esperáis para ir al origen? ¡Seréis inútiles! ¡Id hacia la zona!
- Ya estoy aquí, jefe. Nada por arriba. –La voz de aquel tipo enmudeció rápido.
- Cállate la boca, anormal. Espera fuera en la entrada de la casa, voy a ir a comprobar que ha pasado. –Gruñó. –Y tú, conmigo.
Dios mío, quiero dar saltos de alegría. Uno a la entrada y otro se lo lleva. Venga, venga marchaos hijos de puta.
Las enormes pisadas de Grayson se fueron alejando con rapidez, provocando un alivio irremediable en los cinco. Aun estando fuera de la casa pudieron escucharle desde el estudio, aunque con mucha más dificultad.
- ¡Qué parte de "con discreción" no habéis entendido, capullos! –Pareció bramar al aire.
Gabriel no pudo evitar abrazar a Nick por detrás. –Joder zorro, a veces tengo que reconocer que eres un crack.
Nick sonrió aunque rápidamente se le borró la sonrisa del rostro al ver a Judy zarandeando ligeramente a Adam. –Vamos, Adam. Abre la estantería. Vámonos de aquí pitando. Es ahora o nunca.
El panda parecía seguir en estado de shock, pero no tardó en pulsar un interruptor en la parte superior derecha del marco de la entrada. La estantería se abrió con suavidad.
Que no haya nadie en el salón. Que no haya nadie en el salón.
Las plegarias de Nick fueron atendidas y todos comprobaron que, en efecto, no había nadie allí dentro.
- Tened cuidado, que en la parte delantera fijo que están los matones organizándose, no hagáis mucho ruido. Tenemos que ser rápidos y discretos. –Nick miró las caras de sus compañeros con decisión en la mirada.
- Vamos, vamos, vamos. –Dijo Judy con brío moviendo su mano derecha en dirección a la cocina. –Coge lo que creas que vayas a necesitar, Adam.
El panda asintió con nerviosismo y cogió del suelo una mochila que ya había dejado a mano días atrás, por si acaso. Metió en el interior de la misma la caja que contenía el misterioso orbe.
- Tonto el último. –Dijo Gabriel de forma algo despreocupada dirigiéndose hacia la puerta de salida de la cocina. Sin hacer mucho ruido pero sin detenerse.
Nick se fijó en la entrada principal de la casa con algo de tensión en sus manos. A través de los tablones de madera de las ventanas le pareció escuchar a dos tipos hablando, aunque no quiso atender su conversación. Solo quería dejar atrás la "casa pequeña" y lo consiguió.
El grupo al completo salió de la casa, siendo el último en salir el zorro. El frescor de la noche rápidamente se acomodó entre los pelajes de todos. Nick sintió como si esa fuera la primera vez que respiraba. Todo estaba en penumbra, ni una sola luz artificial a la vista. La enorme luna era el único foco del que disponían.
- Vamos, todos a la valla de madera. –Señaló a la parte más alejada del jardín. Miró hacia Judy. –Siento lo del dron... –Dudó. –Zanahorias. –Le guiñó un ojo.
- Creo que es la primera vez que no me importa lo más mínimo uno de tus destrozos, la verdad. –La coneja le sonrió.
- Joder, ¿os vais a poner ahora a ligotear? –Dijo con un claro enfado Gabriel intentando no alzar la voz. –¡Vamos, vamos! –Agitó su mano. El lobo se impulsó desde el suelo y llegó a la parte superior de la valla con facilidad. Era alta, pero no inalcanzable. Estaba algo desvencijada pero soportó su peso sin problemas. –Vamos, se puede bajar bien. –Dijo desde la parte superior. El lobo bajó al suelo con gracilidad.
Será un capullín pero está claro que está en forma. No me olvido aún de cómo me hizo correr el desgraciado el otro día.
Nick aligeró el paso y se detuvo en la valla. Observó a Claire. –¿Estás bien? –Le dijo de forma amable. La leona asintió. –Sí, todo bien. Algo asustada aún, pero bien. Bien.
El zorro asintió. –Normal, vamos. Salta. –La leona subió también sin problemas. Nick se fijó en Adam. –Vamos, chaval, ¿podrás saltar?
Está un poco gordito, pero no creo que esto sea un gran obstáculo para él. Se nota que ha sacado el físico de su padre.
El panda parecía seguir aún más ausente que presente, pero logró asentir. –Creo… Creo que sí. –Miró a la valla y tragó saliva.
Se encaramó a la parte superior y con un impulso logró subir su pierna izquierda. Le costó un poco más que a Gabriel y a Claire pero logró encaramarse y llegar al otro lado.
Judy no perdió el tiempo y dio un brinco hasta un tablón pequeño suelto y se apoyó en él para subir. Bajó con delicadeza.
Nick fue el último en cruzar. Con un ligero quejido, subió y saltó al suelo sin pensárselo.
El zorro miró la valla que acababan de saltar para comprobar que no se viera nada a través. Ya se había fijado de antemano en que era totalmente opaca, pero no dudó en asegurarse.
La última vez que estuve corriendo perseguido por estos cabrones casi me da algo… ¿Cómo habrán llegado hasta aquí? ¿Cómo nos han podido encontrar? Pangea, ¿eh? Espero que el culpable de que hayan aparecido no sea cierto conejo pedante…
Nick se perdió en sus pensamientos hasta que notó que alguien le dio una palmada en el hombro. Era Gabriel, tenía la nariz ligeramente arrugada.
- Oye viejete, ¿ya te has quedado en la parra? –Le mostró una ligera sonrisa. –¿Pensando en quedarte a ver como usan tu cuerpo de piñata?
El zorro quiso sonreír pero sabía que no era el momento ni el lugar. Se dirigió a los cinco. –Vamos, bordeemos esta casa y salgamos por el otro extremo de la urbanización. No hagáis mucho ruido.
Claire y Adam comenzaron a caminar con presteza, seguidos de Gabriel. Nick miró a Judy y se sorprendió al verla algo fatigada.
- ¿Estás bien, Judy? –Le preguntó con preocupación. Señaló hacia atrás mientras caminaba a su lado. –Si has saltado vallas diez veces más grandes que esta, mujer. –Añadió con algo de humor.
Ella le miró con una media sonrisa mientras se frotaba ligeramente el pecho. –Sí, sí. Estoy bien. –Miró hacia la valla y luego a él directamente a los ojos. –Demasiadas cosas en la cabeza. –Suspiró. –Demasiada tensión en un momento. No me explico cómo nos han podido seguir. Nunca noté nada raro en la carretera.
Su rostro tenía dibujado una enorme sombra de duda. Nick entrecerró ligeramente su mirada.
No sé si debería…
- Bueno… –Empezó a decir. –Tal vez tu querido Max haya tenido algo que ver. –El zorro siguió caminando. La coneja se detuvo.
- ¿Así que es eso, no? –Dijo Judy con claro tono de enfado. –Aprovechas que no lo tragas para soltar que esto ha sido culpa suya.
Nick se detuvo. Suspiró, se giró y la miró. –No lo sé Judy, ¿quién si no? –Hizo una pausa alzando ligeramente ambas manos. –Ya sabíamos que estos tipos, Pangea, tenían contacto con la Policía. Acuérdate de McCuerno. –Movió de una pierna a otra su peso. –Max podría estar engañándote pero bien. Solo él sabía nuestros planes. Nadie más.
Judy agachó la cabeza, algo indignada. –No, yo conozco bien a Max. –Se cruzó de brazos. –Ya has oído a Adam, dice que controlan todo. De algún modo lo habrán sabido. –Negó con la cabeza. –No, él jamás nos vendería. Imposible. Yo… –Su voz se quebró. –Yo le quiero, Nick.
El zorro se quedó en silencio mirando a los ojos violáceos de su compañera. Podía dudar de mil cosas esa noche, pero tenía claro que ella le estaba diciendo la pura verdad. De corazón.
Puedes quererle con locura y que él te esté utilizando de algún modo, no tiene nada que ver zanahorias…
- Bueno, y a mí eso no me parece mal. –El zorro se rascó la nuca, esquivando la mirada de su ex compañera. –Eres libre de querer a quien tú quieras. Pero ya sabes, siempre es mejor pensar con la mente, no con el corazón.
Judy le observó. Apretó suavemente sus labios. –Sí, recuerdo bien esas palabras tuyas. –Dijo con un tono de voz algo seco.
Gabriel se acercó hasta ellos con paso rápido y un claro gesto de enfado en la cara. –Oíd, parejita. Ex parejita. Lo que sea. Que si vosotros queréis quedaros a que ese pedazo de animal y sus amiguitos os peguen un tiro, yo encantado. –Sonrío con acidez. –Pero vámonos de aquí, ya. Ahora.
Ambos asintieron. Con cuidado y en silencio salieron de aquella parcela. Llegaron a la senda de la urbanización por donde se podía acceder a todas las casas. Silencio y luces apagadas. La tranquilidad de la noche seguía estando patente, envolviéndoles, únicamente entorpecida por sus pisadas.
No sería prudente salir por la puerta principal de la urbanización, puede que la estén vigilando.
El zorro se fijó en una de las casas más próximas a donde estaban, su parcela parecía colindar con la verja que separaba a la urbanización del desierto.
- Chicos, parad un segundo. –Todos le miraron. –Deberíamos evitar la puerta principal. Una vez ya en el desierto podemos cruzar la carretera por uno de los extremos con cuidado y llegar hasta donde está la furgoneta.
Espero que no la hayan encontrado.
- De acuerdo, pues vamos allá. –Dijo Judy con decisión dirigiéndose a la zona vallada de la parcela de esa casa. Nick se fijó en los alrededores.
No hay moros en la costa.
- Yo… Yo no voy. –Dijo Adam de forma súbita y para sorpresa de todos. Nick le observó, al igual que el resto del grupo.
- ¿Cómo que tú no vienes? –Dijo el zorro con bastante sorpresa en su tono de voz. –Adam, aquí corres peligro. Tenemos que irnos ya.
- Es que aunque nos vayamos nos van a encontrar. Tenemos que escondernos de ellos. Es un error irnos. –El panda parecía tener un nivel de ansiedad por las nubes. Claire se acercó hasta él y le cogió de la mano con firmeza. Él la miró a los ojos.
- Adam, por favor. Por mi padre, que me consta que tú le respetabas muchísimo. Debemos irnos. Estaremos más seguros todos juntos. –La leona le sonrió. Usó su otra mano para acariciarle el antebrazo. –Tenemos que escondernos, sí. Pero lejos de aquí. –El panda parpadeó algo confuso. Nick asintió involuntariamente ante las palabras de la leona.
- Pero… Pero señorita Claire. Yo… –La voz de Adam resbaló a duras penas de su boca. Ella negó ligeramente con la cabeza.
- Nada de peros. Confía en mí. –Miró al zorro. –Confía en Nick. –Las palabras de Claire sonaron muy convincentes. Nick sonrió levemente. –Además, tu padre contrató a Nick para encontrarte. –Dijo mirando al zorro.
- Eso es cierto. –Añadió Nick. –Así que venga, por favor. No puedo fallar un encargo. –Le guiñó un ojo. –No nos entretengamos más. Salgamos de aquí.
El grupo se acercó hasta la valla en silencio y la saltó sin mayor esfuerzo. Era un poco más elevada que la que separaba las parcelas entre sí, pero no mucho más. Al igual que en la anterior, a Adam le costó un poco más, pero Gabriel se quedó esta vez a su lado para darle algo de impulso.
Ya en el otro lado Nick observó de nuevo a Judy y volvió a notar en ella leves síntomas de fatiga. Esta vez decidió no decirle nada.
Qué raro. Será que la edad nos acaba pesando a todos. O que el día está siendo demasiado completito.
El grupo se agazapó al lado de unos arbustos que quedaban en uno de los laterales de la urbanización. La luna iluminaba el desgastado asfalto frente a ellos. El viento fresco les envolvió. Podían ver claramente delante, en lo alto, el mirador de la zona donde habían dejado la furgoneta.
- No pasa nadie por la carretera. –Dijo Gabriel mirando de lado a lado.
- Normal, con las horas que son… –Añadió Judy. Alzó la cabeza ligeramente. –Fijaos. Allí. En la entrada parece que hay una furgoneta negra que antes no estaba aparcada. ¿Será la de esos tíos?
Nick fijó su mirada en el vehículo en cuestión y no tenía nada sospechoso o cantoso. Y eso precisamente fue lo que le llamó la atención.
- Seguro que sí, tiene sentido. –Alzó el mentón hacia el mirador. –Tenemos que llegar allí sin que nos vean. Con un poco de suerte no habrán subido. –El tono de su voz dejó un ligero regusto de súplica en el ambiente.
- Controlan todo, ya os lo digo. No me arriesgaría. –La voz de Adam sonó trastabillada una vez más. Nick intentaba entenderle y sabía que había pasado por una mala situación pero su pesimismo empezaba a hacer mella en él.
- No te preocupes, Adam. Iremos con cautela. –Le agarró el hombro. –Diez ojos son más que suficientes para ir con cuidado. –Le sonrió. Adam no le sonrió de vuelta.
Gabriel apoyó su rodilla derecha en el suelo. –Bueno, la escalera de subida al mirador frente a la urbanización parece despejada. –Observó a la derecha. Señaló. –Pero yo opto por subir por la ladera, no está muy empinada y no estaremos tan a la vista.
Judy sonrió. –Buena idea, Gabriel. –Le levantó su pulgar. Nick asintió.
- Al final vas a ser algo más que un salido sin remedio, ¿eh? –Añadió de forma ácida el zorro. El lobo le guiñó un ojo, sonriente.
- Puedo ser muchas cosas, zorrete. –Dijo levantándose del suelo pero manteniéndose agazapado. –Venga, vámonos ya de aquí.
Los cinco cruzaron la silenciosa carretera y se colocaron en la falda de la montaña, a unos treinta o cuarenta metros de distancia de la escalera que subía directamente al mirador.
Comenzaron a subir por la ladera con cuidado de no resbalarse. Todos subían sin ningún tipo de problema a excepción de Adam, que en un par de ocasiones le tuvo que ayudar Gabriel una vez más.
- Venga Adam, que tú puedes. –Dijo con simpatía el lobo. –Arriba con ese culito gordito tuyo tan mono. –Le dio una ligera palmada en un cachete.
Claire sonrió ante aquello aunque a Adam no le pareció hacer mucha gracia, pero no dijo nada.
- Venga, que ya estamos llegando. –Dijo Nick con ánimo hacia el grupo.
Tras unos cuántos minutos de suave escalada todos llegaron a la cima. Ligeramente polvorientos y unos más exhaustos que otros, pero ya tenían a la vista la furgoneta.
- Agachaos. –Dijo Nick con cautela. Los cinco se refugiaron tras un contenedor de basura.
El lugar parecía tranquilo y no se escuchaba nada en absoluto. La luna iluminaba toda la zona con relativa claridad. El zorro asomó su cabeza y oteó el terreno. A unos treinta metros estaba la furgoneta de Judy. A lo lejos se veía una columna de humo, seguramente del incidente con el dron, pensó. Alrededor no parecía haber nada raro. Estaba todo exactamente igual que como cuándo habían llegado. Apretó ligeramente los dientes.
Esto pinta bien. Pero no nos confiemos.
- Vamos. –Dijo Nick en un tono de voz muy bajito. Todos anduvieron detrás de él hasta llegar a la furgoneta.
Cada vez estaban más cerca. Sus pisadas resonaban a su alrededor. Su corazón cada vez latía más deprisa.
Vamos, que ya casi estamos…
Pero el corazón le dio un vuelco y se sobresaltó. Cerró con fuerza sus manos.
La puerta trasera de la furgoneta se abrió de golpe provocando una desagradable sorpresa en el grupo. Kate salió con gracilidad y una sonrisa en sus labios.
No puede ser. Kate…
Tras ella salieron un par de matones de Pangea, apuntando con sus ametralladoras al grupo. Sus dedos reposaban con firmeza en los gatillos.
Rápidamente, Judy sacó su pistola, encañonándola hacia ella. Nick no pudo reaccionar.
- Calma conejita, yo que tú guardaría eso, a no ser que quieras que acabemos todos muertos. –Kate le echó un vistazo a su tableta, sonriente. Judy bajó lentamente el arma. La guepardo miró hacia Nick. –Vaya, vaya. Mira tú quién se ha dejado caer por aquí. –Sus labios mostraron una pérfida sonrisa.
- Tranqui, tranqui colega. –Soltó de forma algo abrupta Gabriel mientras se quedaba paralizado en su sitio.
Mierda…
- Las manos donde pueda verlas, chico lobo. –Ordenó Kate. Se fijó en los cinco, de uno en uno. –Qué bien acompañado te veo, zorro. –La chica observó al panda. –En el fondo me parece casi adorable que pensarais que ibais a poder escapar de nosotros. –Fijó sus ojos en la tableta que sostenía en su mano de nuevo mientras se colocaba un mechón de pelo tras la oreja. Alzó la mirada. –Pero este es el fin del camino.
Un escalofrío recorrió la espalda de Nick. Miró a su alrededor y pudo ver las caras de sus compañeros. Miedo, rabia, pánico.
Somos idiotas… Estaba claro que esto iba a pasar.
Kate metió su mano en el bolsillo y sacó un pequeño dispositivo del mismo. Comenzó a hablar mientras tenía su mirada fija en Nick. –Grayson, ya los tenemos. Ven aquí de inmediato.
