Ampliando la familia

(este fanfic sería la continuación del número 4: "Una petición poco usual". De todas formas, por si no te apetece leerlo, he incluido un pequeño resumen)

De seis personas, dos habían quedado fuera de la ecuación:

Taichi vivía con Hikari, que era su hermana. Ellos eran amigos de Sora y Mimi. Taichi conoció a Koji y Kouichi, dos hermanos que iban a su misma clase en el instituto. Cuando Taichi empezó a salir con Sora, Mimi se enrolló con Kouichi, mientras Hikari conocía a Koji. Finalmente Taichi y Sora se casaron, mientras que Mimi y Hikari, más modernas, se fueron a vivir en concubinato concupiscente con sus respectivos novios.

Pero pese a ser más modernas, su reloj biológico seguía la línea tradicional. Las dos querían ser madres. Pero sus novios no estaban por la labor ya que eran muy modernos como para reproducirse. Y tras una conversación bastante moderna, Hikari y Mimi habían acordado que si ellos no querían, se quedarían encintas por otra persona. Y cuando la idea fue que Taichi las embarazase, se sintieron más modernas todavía.

Sora no era tan moderna y se escandalizó cuando le propusieron ese despropósito. Pero tras la promesa de que sería cuestión de una sola tarde, había probado a ser un poco más moderna y consintió que ambas tuvieran relaciones con su marido al tiempo que ella, y se habían conseguido quedar embarazadas.

Pero Kouichi y Koji no eran tan modernos como para aceptar el hecho de que sus novias habían quedado encintas por otro hombre. Y por supuesto, Kari y Mimi no eran tan tontas como para decirles quién era el padre de esas criaturas. Después de varios meses de embarazo intentando convivir, ambos hermanos habían coincidido en un pensamiento: no podían estar con ellas, lo que había provocado que ambas optasen por hacer las maletas e irse de sus casas. Y el único refugio posible existía con esas maravillosas personas que eran Taichi y Sora. Ambos las habían acogido de buena gana.

Y ahora…

Entrando en el último mes de embarazo, Sora abrió los ojos a la hora de siempre. No madrugaba desde hacía mucho tiempo. Los primeros meses de gestación había seguido trabajando a media jornada en la floristería, hasta que la dueña (su propia madre) había insistido en que no era necesario. Se estiró con cuidado y de pronto, dos cabecitas se asomaron para darle los buenos días.

—Princesa Sora, buenos días —saludaron a la vez Hikari y Mimi.

—¿Has dormido bien?

—De maravilla —respondió la pelirroja.

Muchas veces se daba cuenta de lo mucho que había cambiado con aquella situación. La primera vez que se habían visto en la misma cama, los celos la estaban matando. Pero según pasaron las horas, estos fueron desapareciendo. No le había importado "compartir" puesto que tenía el mejor marido del mundo. Sus amigas habían quedado muy satisfechas… tanto como para pedirles repetir hacía un mes.

Por eso el paso natural para ellas había sido irse a vivir con ellos al verse sin techo. De cara al mundo, Mimi estaba de visita en casa de su amiga, e Hikari en casa de su hermano. Aunque esa relación ya no era tal realmente. La vida sexual de Sora y Taichi nunca había sido aburrida, pero había mejorado muchísimo teniendo a esas nuevas compañeras de juegos en casa. Tanto era así que ahora la pelirroja no se podía ni levantar de la cama sin un beso de cada una de ellas. Sus amigas lo sabían y dieron a Sora un beso suave en los labios. Con cuidado, se incorporaron.

—¿Preparamos el desayuno? —propuso Sora mientras se ponía en pie.

Por supuesto, a sus amigas les pareció bien aquella idea. Allá que fueron, moviéndose con calma, hasta llegar a la cocina. Pero se llevaron una grata sorpresa. Taichi, que se había ido a la oficina antes de que ellas despertasen, ya les había dejado el desayuno preparado: la cafetera aún humeaba, y unos croissants tapados con un plato para evitar que perdiesen el calor estaban posados en la mesa de la cocina, con una nota del chico que decía: "Nos vemos por la tarde. Tened cuidado".

Sonrieron. Para Sora, era el marido más maravilloso del mundo. Y Mimi e Hikari estaban muy próximas a tener ese sentimiento, pero no osaban expresarlo en voz alta. Podían estropearlo todo con su amiga.

De modo que después de desayunar, empezaron a recoger un poco la casa. Cierto era que no hacía muchas tareas pendientes, pero a él le agradaba que su mujer tuviera compañía esos días. Haciendo las cosas entre las tres se reducía el esfuerzo. En otras circunstancias, Mimi estaría también trabajando (en la empresa de su familia), y Hikari estaba de entrevistas de trabajo cuando se quedó encinta. Un hándicap para encontrar trabajo, pero en ese momento, dinero no les faltaba.

—No sé qué haría sin vosotras —comentó Sora mientras terminaba de limpiar los platos. Mimi se había ocupado del salón, mientras Hikari hacía las camas. Habían unido dos colchones de matrimonio al empezar la convivencia.

—Seguro que te apañarías, pero… te aburrirías más —bromeó Mimi. Sora asintió y le dio un suave beso.

—Oye, que me pongo celosa —rió Hikari. La pelirroja la besó también y luego se besaron entre ellas. Sora les dio un abrazo con cuidado. Sus barriguitas estaban en contacto—. Lo de anoche fue maravilloso, por cierto… No me puedo creer que estemos aquí con vosotros.

—Yo tampoco me lo creo. En el buen sentido —aclaró Sora—. Y sí, anoche fue genial. ¿Qué opinas? —preguntó a Mimi.

—Que os quiero muchísimo.

Besó nuevamente a Sora mientras acariciaba la cintura de Hikari. Se había desarrollado esa confianza entre ellas. Taichi era un pilar fundamental en su relación, pero ellas tres mantenían una conexión especial también.

—Escuchad… aún faltan horas para que vuelva Taichi —les recordó Hikari en un susurro—. Podríamos darnos un baño entre las tres y ver qué tal es la nueva bañera…

La nueva situación les había llevado a hacer una pequeña reforma en el baño. Sacrificando parte del segundo dormitorio, pero daba igual. Al fin y al cabo, dormían los cuatro juntos. La reducción de la habitación la había convertido en un gran armario, y ahora el baño era espacioso y disponían de una bañera para los cuatro, aunque no habían podido estrenarla aún.

Pero a Sora y Mimi les pareció una gran idea la propuesta de su joven amiga. Fueron al baño y mientras la bañera se llenaba (a una temperatura bien calculada para el estado en que estaban) se empezaron a quitar la ropa. La dejaron bien doblada y se metieron en el gran recipiente, primero Sora ayudada por las otras dos, y desde ahí pudo ayudar a entrar a Mimi e Hikari. Se sentaron las tres disfrutando del agua acariciando sus cuerpos.

—¿Por dónde íbamos? —preguntó Mimi, pero Hikari se le había adelantado y se estaba besando con Sora mientras le acariciaba el cuerpo. Con cuidado se movió al lado de ellas reclamando un poquito de atención que ambas le dieron encantadas.

—Por aquí —respondió Sora y fundió sus labios con los de ella en un beso. Acarició a su amiga mientras seguía recibiendo las caricias de Hikari—. ¿Te gusta?

—Sí… eres muy afortunada, amiga —dijo Mimi.

—Lo sé. Os tengo a vosotras y tengo…

—A Taichi. Hay días que pienso que no debería habértelo dejado.

Su confesión había sido natural, pero llevaba mucho tiempo con ese pensamiento en la cabeza. Sora la miró perpleja. ¿Qué acababa de decir?

—¿Cómo que habértelo quedado?

—Bueno, al fin y al cabo si Taichi y tú os casásteis no fue precisamente porque os atreviérais a dar el paso, ¿verdad? —le recordó Mimi—. Sin ofender, Sora. Pero aquí Hikari y yo os dimos el empujuncito que os faltaba.

—Eso es cierto, Sora —comentó Hikari—. Vosotros siempre estábais que si estar juntos, que si no… y al final vuestra primera cita la tuvisteis por idea nuestra.

—Pero, ¿por qué lo hicisteis? Mimi, si de verdad querías a Taichi… —dijo Sora, sin entenderlo.

—Ese es el punto. Si de verdad le quería. La verdad, me sentía atraída por él. Es obvio el por qué. Es guapo, alto, deportista… Tiene muchas cosas que me gustaban, pero creo que no llegué a tener ese punto de conexión que tenías tú con él —narró Mimi—. Era algo físico, primitivo, animal… Y tú estabas enamorada de él. No sería justo quitártelo por… bueno, por un par de polvos. Por eso te dije que te lanzaras y os arreglé la cita. Pero me alegro mucho de haber podido contar con tu aprobación para que él me… —sin acabar la frase se acarició el vientre—. Soy muy feliz por ello.

—Si puedo intervenir —intervino Hikari—, yo tenía más claros mis sentimientos por Taichi. Siempre me había cuidado y tratado con cariño y yo… Estaba enamorada de él. Yo. De mi propio hermano. Qué triste —comentó—. Era imposible, completamente imposible intentar hacer nada con él. Incluso si no hubieras estado tú, Sora… o Mimi. Por nuestro vínculo de sangre yo nunca sería una opción. Y sabía que le amabas. Era mejor empujarle a estar contigo y buscarme otro novio. Aunque al final… bueno, ha ocurrido algo en lo que había pensado alguna vez. Sé que suena muy raro oírlo, pero estar embarazada de él es un sueño.

Sora no dijo nada por un momento. Aquella información era nueva para ella. Joder. Ambas habían sacrificado mucho por ella. Cierto era que siempre había tenido alguna ligera sospecha, especialmente en lo que respectaba a Hikari. Y ahora que sabía que había tenido razón solo podía hacer una cosa. Giró con cuidado y dio a Mimi un beso. No del tipo juguetón como se los solía dar. Un beso lento, pausado, con sentimiento, intentando transmitirle lo mucho que se lo agradecía. Por supuesto que ella se dejó hacer. Hacía mucho que nadie la besaba así. Mientras se recuperaba de aquel agradable contacto labial, la pelirroja besó también a la joven Yagami, con el mismo sentimiento y tacto.

—Guau… eso ha sido… espectacular —reconoció Hikari cuando sus labios se separaron. ¿Por qué se sentía de pronto tan vacía? Quería más de aquellos labios.

—Sora… ¿estás bien? —preguntó Mimi. La pelirroja había empezado a acariciarlas a ambas en las piernas. Se sentía bien, pero normalmente no se animaba a tocar tanto cuando no estaban en la cama los cuatro. Solo estaban ellas.

—Estoy mejor que bien —respondió ella. Muchas gracias a las dos, sois increíbles.

—No es para tanto…

—Lo es para mi. ¿U os creéis que hubiera permitido esto si no me pareciera bien?

—¿A qué te refieres? —preguntó Hikari. La mano de Sora estaba peligrosamente cerca de su sexo.

—Hemos vivido mucho todo este tiempo. Desde aquella maravillosa tarde en que nos quedamos encintas a la vez. Han pasado cosas que hace un año no me hubiera esperado, pero quiero que sepáis que no me arrepiento de nada de lo que he hemos hecho. Que os quiero muchísimo. Que esto no podría salir bien sin vosotras. Y que quiero que llevemos nuestra relación un paso más allá.

—¿Qué significa eso? —Hikari no entendía.

—Taichi y yo somos un matrimonio. Quiero que seáis no nuestras amigas, sino parte de ese matrimonio. Los cuatro juntos para siempre. Una verdadera relación.

Hikari y Mimi cruzaron las miradas. La pelirroja no podía hablar en serio. Pero por otro lado parecía más cariñosa que de costumbre. Si eso esa verdad…

—¿Lo dices en serio? —preguntaron las dos a la vez.

—Totalmente en serio —respondió Sora y sonrió tímidamente—. ¿Que decís a eso… cariños?

—Aceptamos —respondieron en el acto, henchidas de felicidad.

—¡Hola! —saludó entonces una voz desde la puerta del baño, y entró sin llamar—. Sois chicas malas, no me habéis esperado para estrenarla —bromeó Taichi—. ¿Cómo estáis? —preguntó y dio un tierno beso a Sora. Por costumbre, también besó a Hikari y Mimi.

—Muy bien, mi amor. Mejor que nunca —respondió Sora—. Has llegado pronto.

—Me han reducido la jornada por la paternidad. Mi jefe que es así —dijo este mientras se sentaba en el borde de la bañera. La imagen de las tres mujeres con sus barriguitas dentro del agua era excitante—. ¿Qué habéis aceptado, Mimi, Hikari? —preguntó.

—Luego te lo contamos —dijo Sora—, sé que te va a gustar. Pero ahora… tienes a tres princesas que llevan mucho rato esperándote —insinuó—. ¿Probamos si hay sitio para uno más?

El castaño estaba encantado con la idea. Se despojó de la ropa rápidamente, ansioso por unirse a ellas. Se fijó en sus miradas de deseo. "Eres un tipo afortunado, Taichi, no metas la pata", pensó mientras se desabrochaba el pantalón. La sonrisa de las tres mujeres se ensanchó al percibir que el hombre ya estaba "listo para la acción", lo cual se notaba incluso con el boxer aún puesto. Sintió que tres manos ávidas tiraban de la prenda hacia abajo liberando la presa.

Con cuidado se metió en la bañera, y su primera impresión fue que si hubiera estado solo se podría hacer unos largos. Pero no, estaba en compañía. En la mejor de las compañías. Las tres se acercaron a él, y se apoyaron suavemente sobre su torso para darle un beso lento. El sabor de los labios de Mimi, lo fino de los labios de Sora, y lo tiernos que eran los de Hikari. Las tres les miraban con ojos brillantes.

Taichi pensaba que la primera en subir sobre su cuerpo sería su esposa, como habitualmente, pero se apartaron un momento las tres, tapando sus bocas para que no les oyera. Las tres sonrieron satisfechas y fue Hikari la primera en sentarse a horcajada sobre él. Suavemente se dejó caer sobre la erección de Taichi, suspirando cuando sentía que se hundía dentro de ella. Siempre le gustaba la primera sensación del día.

Con la situación del embarazo habían tomado ciertas medidas para tener sexo. Ellas solían ponerse encima, aunque si se cansaban se echaban sobre la cama sin que Taichi echara el cuerpo para adelante. Y por supuesto, no se quitaban el sujetador para hacerlo desde que habían empezado la lactancia. Estaban extremadamente sensibles.

Pero en aquella ocasión especial, no había ropa. Taichi sentía un fuerte deseo por probar aquellos senos. No debía, lo sabía, pero Hikari se los alzó levemente.

—Puedes hacerlo por hoy, si quieres —susurró sin romper el momento, sin detener su movimiento hacia arriba y abajo.

—Hazlo, mi amor… vas a poder probarnos a las tres —le dijo Sora, que se acomodaba sobre el hombro de Taichi. Mimi hacía lo mismo a su otro lado—. Sé que te mueres de ganas.

La situación era demasiado tentadora como para negase a un deseo por cumplir. Taichi atacó con los labios los senos de su hermana. Ella gimió con fuerza. Estaba extremadamente sensible en aquellos puntos, pero el castaño no iba a excederse con ella. Solo tenía curiosidad por probarlo, y el sabor le gustó mucho. Movío sus caderas bajo el cuerpo de Hikari. Las primeras veces había sentido culpa, pero en ese momento no era así. Disfrutaba de las relaciones con la joven.

—Hikari… estoy a punto… —anunció entre gemidos.

—Yo también —jadeó ella—. Sigue… por favor… te quiero…

Taichi se alarmó por aquellas palabras. De toda la situación en la que podía convivir en paz (y disfrutarlo), su único miedo era un ataque de celos de Sora. Aquello supondría el fin inmediato de aquella extraña relación entre los cuatro. Sin embargo, su esposa no parecía preocupada (¿acaso lo habría oído?) y le besó con ternura por el hombro y el cuello mientras Mimi jugaba igual en paralelo. Sintió su orgasmo derramarse.

Aunque Sora solía reservarse para el final, Mimi le insistió en que tomase el lugar de Hikari, quien en ese momento se relamía del tremendo placer que había recibido. Así que la pelirroja se sentó con cuidado encima de su marido, y suavemente le recibió en su interior. Se movieron en sincronía, como sabían hacerlo.

—Sabes que yo también te quiero, ¿verdad? —le preguntó al oído. A Taichi se le heló la sangre pero Sora no hacía más que sonreír, y desde ahí lo tenía muy fácil para robarle un beso a Mimi y otro a Hikari que ya había recuperado el ritmo normal de la respiración—. ¿No vas a probarlas?

Taichi cató el sabor de los senos de Sora, y pensó que se podía volver adicto a tan exquisito sabor. Sintió su clímax próximo y logró liberarlo mientras se deleitaba con los labios de Sora. Su esposa era la mejor, sin duda alguna.

Mimi ayudó a Sora a volver a acomodarse en la amplia bañera antes de tomarle el relevo y disfrutar de su momento con Taichi. El momento en que se unían en uno era siempre delicioso, y el camino que recorrían hasta que llegaban al final también lo era. Un dulce camino… aderezado por el castaño probando el sabor de sus pezones. Gimió muy fuerte.

—Ay, sí, cariño… —un nuevo escalofrío en la espalda de Taichi al escucharla—. Me gusta m-mucho —tembló la chica… eres increíble…

¿De verdad Sora no iba a enfadarse por aquellas palabras? Eso parecía, ya que la pelirroja recorrió con los labios desde el hombro de Taichi, bajando por su torso y subiendo por el cuerpo de Mimi hasta su cuello… En medio de ellos dos se dio un beso con Hikari, y el chico aceleró el ritmo de las embestidas hasta que logró culminar por fin.

Cansados, pero no por ello con ganas de menos, salieron de la bañera pues empezaban a notar el agua fría. En el calor del colchón podían seguir tanto como les apatecieran. Taichi se volvió loco aquella noche de jadeos, gemidos y susurros de su nombre, acompañados de sonoros "te amo", no solo de Sora sino de Hikari y Mimi también. Tras culminar una vez con cada una de ellas, los tres quedaron dormidos, demasiado cansados como para seguir.

Cuando Taichi se quiso despertar ya era casi medianoche. Miró a su alrededor. Mimi e Hikari estaban hechas un ovillo al lado de Sora. Él mismo dormitaba abrazado a su hermanita. Se incorporó con cuidado, y llamó a Sora.

—Amor… tenemos que hablar —susurró. La chica se desperezó y con cuidado de no despertar a las otras dos, se incorporó. Con los pies se movió al borde de la cama. Taichi pensó si debía ayudarla pero ella fue capaz de levantarse. Se movieron al salón—. Sora… sobre lo de hoy…

—¿Qué ha pasado hoy?

—Lo del sexo…

—Bueno, como todos los días, ¿no? —bromeó ella—. ¿O es que mi hombretón se está cansando?

—No es eso, de verdad. Es que… no se si las has escuchado…

—¿Que te han dicho que te aman? Yo también te amo —dijo ella—. Sé que estamos casados, pero tener una vida así… no es compatible con impedir que los vínculos crezcan. Y no me enfado —aseguró—. Es más. Les pedí que formasen parte de nuestro matrimonio. Entre iguales.

—… Eso parece una locura aún mayor que lo de embarazarlas y tener sexo los cuatro a diario.

—¿Eso va a frenarte?

—No, si tú también aceptas.

—Lo he propuesto. Claro que lo acepto.

Y Taichi sonrió. En aquel momento, no le daba mucha importancia a que la poligamia no estuviera permitida. Podían firmar cualquier papel entre los cuatro e invitar a sus amigos a celebrar su amor. Cuando fuera el momento. Hikari era un punto delicado en aquella unión, pero no podía excluirla. No después de tanto.

Cuatro meses después

Sin duda, las primeras semanas tras el parto habían sido los más duros. Lo bueno (o lo malo) había sido que las tres habían roto aguas casi al mismo tiempo. Sora había sido la primera, un lunes por la mañana. A la hora de comer, Mimi había empezado las contracciones, y esa misma noche, acompañando a sus amigas en el hospital, Hikari se había puesto también de parto.

Si en el hospital la plantilla de médicos y enfermeros pensaban mal de Taichi por el hecho de estar en el hospital con las tres chicas encintas reconociéndose como padre en los tres casos, no era algo que a él le afectara (pero lo sabía porque les había escuchado charlas por los pasillos). Solo se había sentido molesto en el trayecto de regreso a la habitación, donde las tres habían reafirmado su amor por él. Eso era todo lo que le importaba.

Volver a casa había sido una odisea, y por supuesto, empezó a haber falta de sueño por parte de los cuatro. Se organizaron como podían entre los cuatro, estando habitualmente dos de ellos "de guardia" con los bebés, permitiendo a las otras dos personas recuperarse. Y por supuesto, teniendo cuidado de pasar todos los mismos ratos con todos, fortaleciendo más su vínculo.

Taichi entró en la habitación de los pequeños. Su primera hija (por cuestión de apenas minutos), fruto de su relación con Sora estaba en sus brazos, perfectamente dormida. Se agachó sobre la cuna, y la dejó suavemente descansando. Volvió al salón y tomó a su hijo varón, dado a luz por Mimi y repitió la misma operación. Por último, levantó a su segunda hija (la que había concebido con Hikari) e hizo lo mismo. Le parecía una imagen tan bonita ahí los tres dormidos… Y por supuesto, pese a la diferencia entre unos y otros, él era "papá" y las tres chicas eran "mamá", indiscriminadamente. Verificó que el comunicador del cuarto estaba operativo y salió de allí en silencio. Cerró la puerta.

—Bueno, creo que es la primera semana que logramos que descansen a la primera… —comentó el castaño— y… no sé con quién estoy hablando.

El salón estaba vacío. Claro que la casa no era muy grande, pero aún así recibió un mensaje en el móvil en ese momento. "Estamos en el dormitorio", de modo que se dirigió hacia allí. Abrió la puerta y se encontró a las tres mujeres esperándole: Sora con un picardías rojo, Mimi con uno de color negro e Hikari con uno de color blanco. Estaban las tres tremendas,

—Bueno, bueno, bueno… ¿qué se celebra hoy?

—Se celebra que estamos volviendo a la normalidad —empezó Sora.

—… que hemos recuperado horas de sueño… —continuó Mimi.

—… y que somos felices contigo —concluyó Hikari—. Creo que son grandes cosas para celebrar.

—Y no hemos tenido sexo desde hace un montón —le recordó Sora—. Teníamos nuestra dosis de placer a diario hasta que, bueno. Hasta que nuestras tres bendiciones llegaron al mundo.

—Pero están ahora dormidos, y tenemos muchas ganas —declaró Mimi—. Así que… no queremos obligarte, claro —dijo mientras se acariciaba el cuerpo sin ninguna sutileza.

—No es que quiera negarme —respondió el chico—. ¿Habéis comprado preservativos?

—No —dijo Hikari—. Hemos empezado a tomar la píldora. Podemos hacerlo tanto como queramos… y sin riesgo.

Aquello era demasiado tentador para Taichi como para reprimirse. Se lanzó hacia adelante, dispuesto a arrancarle a Sora la ropa a bocados. A su espalda, Mimi e Hikari empezaron a desnudarle. Sabían esperar, pero no hacerlo sin jugar entretanto. La pelirroja se dejó hacer, rodando desnuda sobre el colchón mientras Taichi gateaba a por ella. Ahí estaba, su húmeda cavidad al alcance de su lengua.

—¡Taichi! —gimió al sentir la húmeda jugando con ella.

Pero este no iba a darles un momento de respiro. Atrás quedaban por fin los tiempos en los que debían ser cautos por los embarazos. Ahora eran libres y podían jugar dando más rienda suelta a sus cuerpos. Y aprovechando el momento en que Hikari y Mimi subieron a besar a Sora, sus rápidos dedos empezaron a acariciar sus respectivos sexos. Sonriendo al encontrárselos bien mojaditos (probablemente por las ganas que tenían acumuladas) los deslizó suavemente en su interior, estimulándolas.

Las dos gimieron por aquel repentino pero gratificante ataque. De ese modo el chico pudo jugar con las tres a la vez, pero su viva lengua hizo terminar primero a la pelirroja. Sin tomarse un descanso, atacó el sexo de su hermana, aumentando el ritmo de su mano con Mimi, quien se veía incapaz de moverse por el placer que recibía. Hikari estaba muy excitada y no tardó en por fin alcanzar su clímax, lo que permitió al castaño dedicarse con cariño a Mimi, hasta lograr su clímax.

—Sin duda alguna, eres el mejor —jadeó Mimi.

—Y aún no he terminado —dijo, tirando suavemente de ella—. Siempre te reservas para el final… pero voy a empezar por aquí… —añadió con tono travieso.

Ella asintió, dispuesta a recibirle. La penetración fue lenta, pausada, permitiéndose adaptarse mutuamente. Pero de pronto el ritmo aumentó, no gradualmente. Taichi se desataba, y Mimi solo podía gemir, sometida al placer al que no pensaba rechazar. Sora e Hikari miraban la escena completamente embobadas, pocas veces habían visto así de fogoso al chico… y eso las excitaba.

—Taichi… te quiero —gimió Mimi—, hazme acabar… por favor… cariño…

—Estoy a punto —anunció este.

Sin soltar las caderas de Mimi aumentó aún más el ritmo de sus acometidas y finalmente llegaron al clímas al mismo tiempo. Taichi suspiró. Había sido intenso. Y ahora, por las caras de las otras dos chicas, debía mantener el ritmo.

Hikari se ofreció, situándose a cuatro sobre el colchón. Sonrió al sentir los labios de Taichi recorriéndole desde la nalgas hasta el cuello pasando por toda la columna. Cerró los ojos, y la familiar sensación que tanto añoraba volvió a producirse. Delicioso sexo. Igual que con si amiga, al principio había sido suave y pronto se vio sometida a una intensa sesión de agotador placer. Era maravilloso. Miró hacia atrás y se topó con los labios de su hermano, fundiéndose en un beso hasta que lograron alcanzar el final.

Taichi se retiró con cuidado hacia atrás y en ese momento cayó contra el colchón. Sora había tirado de él y ahora estaba encima. Se miraron con complicidad y ella se dejó caer en el punto justo. Para sorpresa del castaño, ella también se movió con rapidez. Diablos, jamás lo habían hecho así pero le gustaba muchísimo. Le gustaba que se moviera así de rápido. Se besaron también, trotando juntos hasta el orgasmo.

—Os quiero mucho —jadearon los cuatro. Se miraron y sonrieron. Eran muy felices.


¡Hola a todo el mundo! Sí, últimamente actualizo con bastante frecuencia, pero con el teletrabajo, sin perder el tiempo en el transporte público y todo el día en casa, tengo más tiempo para desarrollar los fics. Algo bueno tenía que tener el confinamiento :/

Esta petición llevaba mucho tiempo pendiente y por fin he tenido la inspiración para desarrollarla. Espero que os haya gustado, sobre todo a quien la pidió :)

Guest: De vez en cuando está bien publicar cosas más tiernas ;) Y sí, me les imaginaba avanzando poco a poco pero sin detenerse. Y sí, las cosas se toman con tiempo. Pero también aprovecho los momentos de inspiración. Nene y Yuu, me lo anoto, aunque no conozco mucho de ellos (buscaré datos de sus personalidades). De Tamers ya hay uno con todos, pero de Frontier no. Podría animarme ;) Saludos!

honter11: Tampoco había mucho margen para dejarlos, ya que muchas peticiones les implican xD Por eso he tenido que retomarles para este. Y si no, cuando uno "libra" el otro tendrá que "trabajar" xD (ni que manejase actores).

DIGI-FANTASMA-TAIKARI: Creo que Ikuto con el paso de los años habría aprendido a dejar su "salvajismo" del mundo Digimon y ser una persona más "normativa" xD Y que Chika querría tema con él, por supuesto. Data Squad fue una buena sorpresa, la vi hace relativamente poco, aunque Frontier la guardo con el recuerdo de la infancia. Saludos.

Poco más que decir por aquí. Cuidaros del coronavirus y nos leemos por estos lares. Lemmon rules!