Al terminar las clases fui caminando junto a mis cuatro amigas mientras hablábamos del examen de historia.
Seguía yéndome con ellas por el camino largo aunque ya no coincidíamos con Shaoran.
Acompañé a Tomoyo hasta la parada de autobús cerca de su urbanización y nos despedimos.
Los martes y jueves por la tarde tenía la costumbre de ir a la biblioteca de la facultad de Shaoran para verlo y estudiar con él.
Él siempre me escribía después de comer para explicarme en qué zona estaba sentado pero ese día no lo hizo.
Suspiré pensando en que estaría celoso otra vez.
A las cuatro salí camino de la facultad, aunque no me hubiera escrito iba a ir... y me tocaría buscarlo por toda la biblioteca.
Entré en el campus y caminé hasta llegar al edificio, tenía forma de cubo y era enorme.
Entré por una de las puertas principales y observé a mi alrededor.
El ambiente universitario que se respiraba era increíble, había estudiantes por todas partes.
En la planta baja estaba el comedor, la fotocopiadora y un par de salas de exposiciones.
Justo en el centro del edificio había un gran agujero protegido por una baranda del que colgaba un péndulo gigante que siempre estaba en movimiento.
Me asomé por la baranda para mirar hacia arriba, el cable del péndulo empezaba en el cuarto piso y llegaba hasta donde estaba yo.
Shaoran me había contado una historia que circulaba por allí sobre un estudiante que, al estar desesperado por no poder terminar la carrera, se lanzó a ese agujero desde el cuarto piso para suicidarse.
En su opinión solo era un cuento que alguien había inventado por diversión morbosa y no se creía ni una palabra.
Me dirigí a uno de los ascensores para subir a la segunda planta, toda ella era la biblioteca.
Entré por una de las dos puertas y empecé a dar la vuelta a la biblioteca buscando a Shaoran.
Todo estaba lleno de estantes con libros y de mesas donde había mucha gente estudiando o leyendo.
Ya había recorrido dos de los lados del edificio sin verlo, suspiré y seguí andando por el tercero.
Al fondo del todo en la última mesa reconocí unos cabellos color chocolate algo alborotados.
Me acerqué y sonreí al ver que me había guardado un sitio a su lado.
Al sentarme Shaoran me miró, sus ojos seguían estando fríos.
Dejé mi mochila, saqué mis libros y los puse en la mesa.
-¿puedes salir fuera un momento que hablemos?-.
Allí no estaba permitido hablar y no quería discutir con él susurrando.
Él negó con la cabeza.
-venga, no seas cabezota- le dije tirando de su brazo.
Shaoran se levantó y se alejó sin mirarme.
Seguí sus pasos hasta que salimos de la biblioteca y estuvimos en la sala del centro donde estaba el péndulo gigante.
Se apoyó en la baranda y yo me puse a su lado.
-dime qué te pasa-.
-nada, me encanta ver a mi novia en una moto abrazando a otro- dijo sin mirarme.
Resoplé y me crucé de brazos.
-no puedes seguir poniéndote celoso de Eriol-.
Shaoran se volvió para mirarme con ojos furiosos.
-¿de dónde veníais tan temprano?¿de su casa, verdad?-.
Asentí y Shaoran apretó los puños.
-ayer me mentiste-.
Intenté tocar su brazo pero él se apartó.
-lo hice porque sabía que te ibas a enfadar-.
Entrecerró los ojos y apartó la mirada dirigiéndola al péndulo.
-¿no entiendes cómo me siento? me mientes y además con él si te puedes quedar a dormir pero conmigo no-.
Suspiré y lo abracé, él no se movió.
-te prometo que la próxima vez que estés solo conseguiré quedarme contigo-.
Shaoran seguía sin responder mi abrazo, me separé un poco para mirarlo.
Sus ojos aún me miraban con frialdad.
-¿habéis dormido juntos?-.
Aparté la vista, no quería mentirle de nuevo aunque eso me iba a traer más problemas.
Frunció el ceño al ver que no le contestaba.
-responde-.
Lo miré y sus ojos rabiosos me taladraron sin piedad.
-nos quedamos dormidos en la misma cama sin darnos cuenta y nos hemos despertado esta mañana-.
Shaoran intentó liberarse de mi abrazo pero no lo dejé.
-no te pongas así, ¿es que no confías en mí?- le pregunté.
Dejó de intentar escapar y suspiró.
-si me ocultas cosas no sé si podré-.
-no volveré a hacerlo, te diré las cosas aunque sepa que te van a molestar-.
Él perdió su mirada en el infinito.
-entonces sí confiaré en ti-.
Puse mis manos en su rostro y nos miramos a los ojos.
-sabes que entre él y yo no ha pasado nada y nunca pasará, yo te quiero a ti-.
La expresión de Shaoran se relajó y subió sus brazos hasta mi espalda.
-no me gusta que durmáis juntos, eso deberías hacerlo solo conmigo-.
-ya te he dicho que ha sido sin darnos cuenta- respondí acercándome a sus labios.
Sus ojos se cerraron unos segundos y al abrirlos ya no había rastro de rabia en ellos.
-tienes que dejar de sentir celos, no tiene sentido- susurré besando su mejilla.
-no puedo evitarlo, él es tan importante para ti que me pongo muy celoso-.
Besé sus labios un par de segundos.
-siempre va a estar en mi vida, tienes que acostumbrarte y pensar en él como si fuera parte de mi familia-.
Shaoran puso los ojos en blanco lo que me hizo mucha gracia.
-lo intentaré pero no va a ser fácil-.
Sonreí y le dije -gracias-.
Él me apretó más entre sus brazos y susurró -te quiero solo para mí- en mi oreja.
Un escalofrío me recorrió el cuerpo.
-no seas posesivo- respondí en voz baja.
Shaoran me besó dejándome sin respiración y provocando algunas miradas en nuestra dirección.
-no lo soy, solo digo que no pienso compartirte con otro-.
-¿desde cuándo yo quiero estar con otro? tengo más que suficiente contigo-.
Los dos nos reímos y nos separamos para volver a la biblioteca.
Antes de entrar, Shaoran me apretó la mano y dijo -no vuelvas a mentirme-.
-no lo haré-.
Unas semanas después me encontraba sentada en uno de los columpios del parque esperando a Shaoran.
Él tenía un examen importante esa tarde y habíamos quedado en vernos después ahí.
Miré la hora, seguramente ya habría terminado el examen y llegaría pronto, su facultad estaba bastante cerca.
Ya no quedaba ningún niño en el parque, todos se habían marchado a casa a cenar.
Estaba distraída escuchando música pero pude sentir pasos detrás de mí.
Me levanté diciendo -no volverás a asustarme- pero al girarme me sorprendí.
No era Shaoran.
Tenía delante a una chica que reconocí enseguida, era una antigua compañera de clase de Shaoran. Esa chica rubia que siempre veía revoloteando a su alrededor.
Y junto a ella estaban tres chicos que me miraban con desprecio.
-que sorpresa encontrarte aquí, Sakura... y además sola- dijo ella sonriendo.
Me dio un escalofrío, esa sonrisa no podía ser más falsa.
-¿quién eres?- pregunté.
Ella se apartó el pelo con desdén y me miró con frialdad.
-soy Kloe, tú y yo tenemos una cuenta pendiente-.
-no tenemos nada pendiente, no te conozco- respondí dando un paso atrás.
-sí me conoces, estoy segura de que me viste muchas veces con Shaoran-.
Asentí y ella volvió a sonreír.
-después de meses intentando seducirlo no me gustó que una niñata como tú me lo quitara ¿sabes?-.
Me crucé de brazos sin apartar la mirada.
-¿qué es lo que quieres?-.
Ella soltó una risita y sus tres amigos apretaron los puños.
-quiero destrozar ese cuerpo tan bonito que tienes, a ver si así Shaoran sigue interesado en ti-.
Puse los ojos en blanco y miré a los tres chicos.
-¿quiénes son ellos, tus matones?-.
-algo así... entre todos vamos a arreglarte esa cara de zorra, Sakurita. prepárate-.
Los cuatro empezaron a avanzar hacia mí con los puños levantados.
Sonreí pensando en que ellos no tenían ni idea de que Shaoran me había enseñado muchos movimientos de Xing Yin Quan y que, gracias a sus entrenamientos, era mucho más fuerte que antes.
Pero aun así no me veía capaz de luchar contra cuatro personas a la vez.
Kloe y uno de los chicos empezaron a sujetarme mientras los otros dos se preparaban para golpearme.
Con un movimiento rápido me deshice de su agarre y di un par de volteretas hacia atrás.
Los cuatro me miraban algo sorprendidos.
-vaya, así que la niñata sabe defenderse- dijo Kloe con mirada asesina.
Dos de los chicos corrieron hacia mí, uno consiguió golpearme en la barriga pero al otro de un golpe le tiré al suelo y giré la pierna en el aire dando una patada en la cara del primero.
Me llevé la mano a la barriga, ese puñetazo me había hecho daño.
-somos muchos más que tú, no tienes nada que hacer- dijo el chico que estaba en el suelo levantándose.
Me coloqué en posición de ataque y esperé a que se acercaran de nuevo.
Me dieron varios golpes en la cara y en la espalda, pero ellos recibieron muchos más de mi parte.
Cuando consiguieron sujetarme la nariz de Kloe sangraba y uno de sus amigos no podía levantarse del suelo después del golpe que le había dado en la cabeza.
-pagarás por esto, zorra- dijo Kloe al verme atrapada.
Cerré los ojos al notar un nuevo golpe en las tripas, pero escuché un grito de dolor y las manos que me sujetaban desaparecieron.
Al abrirlos vi a Shaoran pateando a uno de los chicos en el pecho y lanzándolo por los aires.
Aproveché la confusión para darle un golpe seco a Kloe en la espalda y hacerla caer.
Los cuatro acabaron tirados en el suelo, algunos se sujetaban los brazos con muecas de dolor y Kloe intentaba contener la sangre que salía de su nariz.
Shaoran se acercó a mí, sus ojos estaban ardiendo con furia.
Señaló al chico que había visto golpeándome y le dijo -agradece que no tengo mi espada porque te habría matado sin dudarlo-.
Después miró a Kloe con una mueca de asco.
-¡no te vuelvas a acercar a ella o telas verás conmigo!- gritó y me sujetó del brazo alejándome de allí.
-¿cómo te encuentras?- me dijo al salir del parque tocando la mejilla donde me estaba saliendo un moretón.
-me duele un poco la pierna y la barriga pero por lo demás estoy bien-.
-son unos cobardes atacando cuatro personas a una sola- dijo con ojos furiosos.
-lo sé, pero al menos pude defenderme-.
Shaoran sonrió.
-mucho más que eso, seguro que no esperaban que alguien como tú fuera capaz de patearles el culo-.
Empecé a reírme pero el dolor que sentí me obligó a parar.
-vamos a mi piso a curar tus heridas- dijo tirando de mi mano.
-pero... ¿y tus padres?- pregunté nerviosa.
-no pasa nada, saben que somos amigos- respondió encogiéndose de hombros.
Sus hermanas se sorprendieron al verme así, les conté lo que había pasado mientras Shaoran traía el botiquín.
-ponte esta crema donde te duela, es muy buena y mañana te sentirás mejor- dijo dándome un bote.
Vi cómo los padres de Shaoran me observaban desde una esquina del salón sin decir nada.
El efecto frío de la crema me calmó mucho el dolor.
-espero que no vuelvan a acercarse a ti esos desgraciados- me dijo Feimei con rostro serio.
-no creo que se atrevan, se han llevado una buena paliza- respondí con una sonrisa.
Shaoran también sonrió y se levantó caminando hacia sus padres.
-la acompañaré a casa, en un rato vuelvo-.
Vi a su madre asentir y su padre me miró con mala cara mientras salíamos por la puerta.
-creo que tus padres sospechan algo- dije en voz baja cuando salimos del edificio.
-no creo, saben que si veo a alguien sufriendo un ataque le ayudaría y más si es la mejor amiga de mi prima-.
-eso soy para ti, ¿eh?- respondí fingiendo enfado.
Shaoran sonrió y pasó su brazo por mi cintura.
-eres mucho más pero prefiero que ellos no lo sepan-.
