Hola, gente, volví.
Espero les guste el capítulo.
XIX
When the lights turned down, they don't know what they heard. Strike the match, play it loud, giving love to the world –Ellie Goulding
BURN
Tres días luego de aquella conversación –si se le podía decir así– con Sakamoto, Momoko se dio cuenta de que el chico la estaba evitando. No era necesario preguntar por qué, pero se sentía con el derecho de exigir ciertas explicaciones, ya que esa conversación había quedado demasiado inconclusa, y eso la dejaba con mucha intranquilidad, a tal punto de no saber qué hacer ahora. Es decir, fue un gran paso aclarar la situación, pero ¿de verdad se aclaró? ¡Por supuesto que no! ¡Simplemente le hizo saber a Sakamoto que no está interesada en él!
–¡¿Y cómo es que él sabe que me gusta Brick?! ¡Maldita sea! –gritó contra su almohada en la soledad de su habitación.
Luego de que dejó salir sus gritos, abrazó la almohada y se quedó observando el poster de Galacticman que tenía pegado en el techo de su habitación, sin ningún otro particular más que lograr distraerse de sus pensamientos. Pero era difícil, llevaba esa frustración consigo misma solo le dejaba una sensación inquietante, y no había forma en que ello la dejase tranquila, había intentado ver algún capítulo de Galacticman, escuchó música, intentó hacer ejercicio, ¡hasta hizo sus deberes escolares! Y la desagradable sensación de culpa seguía ahí.
¿Por qué debería sentirse culpable? No le debía nada, tampoco le había dicho que serían novios o algo por el estilo, ¿no? Y aunque hubiera sido así, ella está en todo derecho de cambiar de opinión, después de todo están en pleno proceso de maduración, están conociéndose a sí mismos, está descubriendo lo que quiere y lo que no. Si antes le gustaba Sakamoto, está bien, y si ya no gusta de él, ¡también está bien! ¡Por el amor de Dios! Se frustraba al pensar de esa manera, y es que podría estar en lo correcto, pero a los ojos de un resto, sería catalogada como una "maldita", o bien "una perra", porque "¡pobre Sakamoto! ¡Maldita Akatsutsumi por haberle hecho eso!" El solo imaginarse el chisme se que produciría en su clase, o en su grado, le sabía mal, demasiado mal. Suspiró, se sentó en la cama y sobó su rostro con ambas manos.
–A la mierda –susurró–, ¡a la mierda, Momoko! ¡Que se joda Sakamoto y todo el que te pueda criticar!
Y al día siguiente, cuando llegó a la escuela, lo primero que hizo fue botar la cáscara del plátano que iba comiendo, como se había vuelto una costumbre, se despertó tarde y con suerte pudo comer un poco del desayuno que había preparado su madre, así que se llevó una fruta para poder tener un poco más de energía a la hora de iniciar la jornada escolar. Cuando se estuvo encaminando por los pasillos antes de dirigirse a su división de primer año, vio que Brick salía del baño de los hombres que estaba junto a las escaleras. Todavía quedaba un par de minutos antes de que sonase la campana, así que, bueno ¿qué podía importar llegar unos pocos minutos tarde? Total, tendría clases de arte y la profesora no tenía reparos con el horario.
–¡Brick! –gritó–. ¡Espera un poco!
El chico se sobresaltó, giró un poco su rostro, pero cuando ya se dio cuenta, Momoko estaba frente a él, con el ceño fruncido y haciendo una especie de puchero, de tal modo se le notaban sus infladas mejillas. Miró a su alrededor, nadie les prestaba atención en realidad, así que se dejó guiar por la chica hacia las escaleras, quedando en la división donde cambiaba el sentido de la subida. Momoko le soltó la mano, bufó un poco, mientras que Brick se cruzaba de brazos y sonreía con ese ápice de superioridad, que no hacía más que poner más nerviosa a la chica.
–¿Y bien? –preguntó él–. ¿Qué sucede? Te recuerdo que va a sonar la campana, y no me puedo permitir fallar en mis clases ni tampoco ser impuntual.
–¿Qué fue lo que pasó con Sakamoto? –soltó–. Él parece molesto, de hecho…
–Ah, ¿ya te habló? Bueno, pensé que se iba a tardar un poco más, más bien, pensé que no me iba a creer.
–Entonces sí le dijiste algo –pronunció en voz baja–. ¡¿Qué fue?!
–Él empezó a decir babosadas –intentó restarle importancia–, como que el chocolate de amistad que le diste a él era especial –arqueó una ceja y se fijó en la expresión ruborizada de la chica–. Claro, después le dije que –se acercó un poco más a ella, haciendo que Momoko diera un tropiezo ligero hacia atrás– a mí no me habías dado un simple chocolate de amigos, más bien, le insinué que le diste un chocolate de interés amoroso al "idiota de la gorra". No hay que ser un genio para saber que me refería a mí mismo, o sea, lo encontré entre mis cosas.
–Ah… Sí, bueno, la idea era que lo encontraras –intentó no perder su postura rígida, pero se estaba poniendo nerviosa.
Y aunque no lo demostrase, Brick también estaba nervioso; no era para menos, estaba hablando con la chica que le gustaba luego de haber tenido un altercado con quien se suponía era su rival en el amor, y, bueno, también había recibido una declaración de amor por parte de ella, aunque no dicho por su misma boca; era obvio que también estaría nervioso encontrándose en esa situación.
–Lo hice, lo hice –asintió–, y fue de lo mejor que pude recibir en el día de San Valentín.
La campana sonó, ambos miraron hacia arriba como estuvieran viéndola. Brick fue el primero en mirarla, le sonrió y se acercó a ella para poder depositar un pequeño beso en su suave mejilla. Ella, instintivamente, se alejó, incluso si, acto seguido, pensó que no debió haberlo hecho. Brick esbozó esa radiante sonrisa y se encaminó hacia las escaleras, debía bajarlas para poder dirigirse a su salón. Momoko seguía ahí, semi estupefacta, pero trataba de no dejar notar su nerviosismo y emoción, esa enorme emoción que estaba sintiendo debía ocultarla y así no verse vulnerable frente a ese chico.
–¿No te irás a clases? –le preguntó.
–Sí –respondió ella acomodando su mochila.
–Entonces, ¿podemos vernos después de clases?
–¿Algún motivo en especial? –quiso sonar burlesca mientras se dirigía hacia las escaleras para subir.
–Quiero pasar tiempo con la chica que me gusta, es todo. Creo que puedo disfrutar tiempo de calidad contigo antes de que seamos novios –se encogió de hombros–. No lo sé, es una sugerencia. Nos vemos.
No le alcanzó a responder, Brick bajó las escaleras rápidamente y así, dejándola algo impresionada y sin palabras. Momoko suspiró pesadamente y subió las escaleras, alcanzó a entrar a su salón antes que la profesora, cubría su boca y, sin decirle palabra alguna a sus amigas, tomó asiento, se hizo la somnolienta y evitó participar de la conversación que mantenían sus amigas, se recostó sobre el pupitre, cabeza abajo, y sonrió, sin problemas, porque nadie la estaba viendo.
"Novios", pensó. "Seremos novios… ¿verdad?"
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–Gotokuji –la chica paró en seco–, ¿tienes un minuto? Necesito hablar contigo, a menos que su alteza tenga muy poco tiempo que dedicarme.
Miyako suspiró pesado, no fue difícil reconocer la voz, tampoco darse cuenta de que el tono con el que Takaaki le había hablado era bastante tosco, irónico y con una pisca de burla que, en opinión de la chica, era tan desagradable como dolorosa. Nunca pensó que el chico que tanto le había gustado en su momento le hablaría de esa forma.
–Claro, dime –respondió con un tono de voz muy bajo.
–Ahora que estás libre –sonrió burlesco–, supongo que no tendrás problemas en ir tras los brazos de Boomer, ¿no?
–¿De qué estás hablando?
–No te hadas la desentendida. Todos –alzó la voz– sabemos que andas de babosa por ese tipo, y esa es la razón por la que terminamos.
–No digas esas cosas… –se estaba empezando a poner nerviosa, el pulso de sus latidos se aceleraba, su ansiedad crecía más con todas las miradas sobre ella–. No es necesario que alces la voz. Tú y yo no congeniamos –dijo con apenas un hilo de voz, acortó un poco la distancia con él–, esa es la razón por la que…
–¡No mientas! ¡Deja de mentir! ¡Y deja de poner esa patética cara! ¿Crees que vas a conmover a alguien?
Los estudiantes que iban pasando se percataban de la situación, pero ninguno intervenía, se colocaban los auriculares, cuchicheaban entre ellos o bien, ni siquiera los miraban; se daban cuenta, era obvio, sin embargo, ninguno parecía querer detener los gritos de Takaaki. Miyako era consciente de que estaba siendo observada y juzgada, al mismo tiempo, porque todavía había gente que le gustaba armar chismes de asuntos que no les incumben en lo absoluto.
–¿Puedes bajar la voz? –pidió ella–. Si quieres que hablemos, está bien, lo haremos, pero creo que no es necesario armar tanto escándalo. Te recuerdo que seguimos en la escuela.
Takaaki se zafó del agarre de la chica y la miró con puro y sincero asco.
–No tengo nada de qué hablar contigo.
–¿Entonces para qué detuviste mi camino? –preguntó Miyako frunciendo levemente el ceño–. Dijiste que querías hablar conmigo.
–Pues ya lo hice, ya hablamos.
–¿Te estás escuchando? –se extrañó ella–. ¿Acaso tu definición de hablar es insultarme?
–Es que no te mereces un mejor trato.
–Entonces, ¿me puedo ir? ¿Ya terminaste?
–¿Quieres seguir escuchando?
–No, no quiere.
Ambos miraron tras de Miyako, la figura de un Boomer con el cabello desordenado y el ceño fruncido hacía aparición. Su cara se estaba tornando roja, ella pudo notar que estaba bastante enojado. Takaaki pareció enfurecerse más, pero cuando Boomer posó una mano sobre el hombro de Miyako, los miró con burla, sintiéndose superior, se cruzó de brazos y le habló a la chica.
–Mira nada más, ahora el bastardo delincuente te viene a defender, ¿eso es lo que siempre quisiste? Te conformas con tan poco, Gotokuji, que llegas hasta a dar asco.
–¿Terminaste de insultarla? –preguntó Boomer–. Porque si es así, retírate. Ya escuchó suficiente de ti.
–Me parece tan… ¡Es increíble! –exclamó Takaaki–. Apenas supiste que Miyako y yo terminamos nuestra relación y vienes, como la plaga que eres, a apoderarte de ella, ¿no?
–¿Y si eso fuera así? –dijo desafiante–. ¿Qué problema habría?
–Ah, ¿tienes cara para admitirlo?
–¿Qué problema habría? –insistió Boomer–. Gotokuji ya no es tu novia, y si ahora ella quisiese empezar una relación con alguien más es problema de ella. Y si a mí me dan ganas de acercarme a ella, es mi puto problema –dio un par de pasos hacia Takaaki, tratando de ocultar a una ansiosa Miyako tras de él–. Está bien que tomemos nuestras propias decisiones a partir de ahora, y esas decisiones no te incumben a ti, así que mejor la dejas en paz si no quieres que me rebaje a tu nivel y nos liemos a los golpes.
–No –murmuró Miyako, agarrando la camisa de Boomer–, golpes no.
Boomer estiró una mano hacia atrás, tocó el brazo de Miyako e intentó transmitirle seguridad en ese momento. Takaaki masculló en voz baja, pero como Boomer dio un paso hacia él, decidió pasar de ambos, no les dirigió la mirada, los rodeó y se dirigió a la salida de la escuela. La chica lo miró hasta que el choclón del resto de estudiantes le impidió la vista. Boomer se volteó para quedar frente a ella, a pesar de que no lo estaba mirando, el solo saber que la tenía así de cerca de él, que no era un sueño, lo ayudó a tranquilizarse.
–Gotokuji –le dijo–, todo lo que gritó ese, ¿es cierto?
Miyako se volvió hacia él, lo miró a los ojos durante un segundo, pero bajó inmediatamente la mirada, incapaz de mantener el contacto por mucho. Ya no lo sujetaba, estaban a dos pasos de distancia de él. Empezaba a calmarse, los gritos de Takaaki le habían sentado muy mal, más todavía porque los estudiantes ya empezarían con el chisme, pero estaba tan agradecida de la aparición de Boomer que tenía unas desmedidas ganas de colgarse de su cuello mientras se echaba a llorar, porque eso es lo que más quería… llorar.
–¿Gotokuji? –la voz de Boomer la hizo reaccionar, sacudió un poco su cabeza y miró al chico–. ¿Estás bien?
–Sí –respondió ella–, gracias…
–Vamos –empezó a caminar–, te acompaño a tu casa.
–¡N-No es necesario! –se giró sobre sus talones.
–Ese tipo sabe dónde vives, ¿no? –giró un poco su cabeza hacia ella, pero sin dejar de caminar, y alzó un poco más la voz–. Será mejor que te acompañe, así no te pilla desprevenida. Vamos.
–¿Estás seguro? –preguntó.
Boomer detuvo su caminar, se giró completamente hacia ella y le sonrió de una manera muy amigable.
–Muy seguro –le extendió la mano–. ¿Vamos?
Ella, dudosa, extendió su mano, pero no sostuvo la de Boomer, no se sentía cómoda haciéndolo. Recién había terminado su relación y a raíz de eso, había estado por sufrir un ataque de ansiedad. Boomer dejó de extender la mano, sonrió cálidamente y emprendió camino acompañando a Miyako. La distancia que los separaba era corta, pero no lo suficiente como para que sus manos se rozaran, así que no hubo problemas con un tacto sorpresivo.
Caminaron en silencio, no estaban incómodos, pero ambos estaban convencidos de que, el no hablar, significaba una molestia para el otro. No obstante, ninguno sabía qué decir, pero sí sabían qué querían decirle al otro. Boomer quería preguntarle si estaba bien, si necesitaba algo como un poco agua, algo dulce, alguna cosa; Miyako quería darle las gracias por haber aparecido antes de que ella no supiera cómo manejar sus nervios y la sensación de debilidad, además de, ahora, estar acompañándola hasta su hogar. Pero ninguno hablaba. Las paradas en los semáforos en rojo, cada uno se aseguraba de mirar al otro, sin ser evidente, y cuando coincidían con la mirada, se sonreían, pero apartaban la mirada más que rápido.
–Hasta acá está bien –dijo Miyako cuando estaba por entrar a la calle de su hogar.
–No me molestaría llevarte hasta la puerta –respondió Boomer dando un par de pasos, pero ella lo sostuvo del brazo y lo detuvo–. ¿Qué pasa?
–Insisto, hasta acá es más que suficiente. Si mi abuela te ve, empezará a interrogar y no quiero estar dando explicaciones innecesarias.
–Okay, entiendo –dijo él.
Guardaron silencio, simplemente se miraron y compartieron una sonrisa nerviosa, incluso Boomer soltó una risa algo floja. Él rascó su nuca, agachó su mirada y ella miró hacia el cielo. Miyako suspiró pesado, no podía quedarse ahí, menos en silencio, iba a agradecerle, pero cuando bajó la mirada para encontrarse con la de su salvador, él ya había dado un paso hacia atrás y estaba a punto de girar sobre sus talones.
–Nos vemos, Gotokuji –se despidió.
Miyako no tuvo oportunidad para pedirle que aguardara un momento, porque la verdad es que el paso con el que caminaba Boomer era bastante acelerado, pero siendo sinceros, ella tenía miedo de ir tras él solo para darle las gracias, porque debió hacerlo antes, de camino a su hogar, al menos eso era lo que pensaba. Bajó la mirada y dio los pasos restantes que le quedaban para llegar a la entrada de su hogar con su abuela. Quizás una ducha y un buen té verde lograrían relajarla y darle alguna de idea para agradecerle a Boomer la atención que le había brindado.
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Butch estaba mirándola mientras ella se dirigía al gimnasio. No le importaba estar castigado, al final del salón y arrinconado en la ventana, no daría el pequeño dictado de japonés por haber hecho el ridículo cuando el profesor se encontraba explicando. Sinceramente, tampoco le importaba, tenía buenas notas en esos dictados que, una calificación baja, no le afectaría en nada. Pero ahora que se encontraba en esas circunstancias, podía ver a Kaoru Matsubara, riendo en compañía de Momoko, yendo al gimnasio, o a los camarines, puesto que su clase ya había terminado.
La misma pregunta, en busca de una respuesta coherente y posible, rondaba por su cabeza cada vez que se quedaba mirando a la chica: ¿Cómo puedo acercarme a ella?
Si a Butch le dieran una moneda por cada vez que la plantea, estaría camino a comprarse el menú más caro de la pizzería que tanto deseaba visitar. Y es que, no podía creerlo. Durante mucho tiempo fue el que pensó en mil y una formas para molestar a Mojo, y en travesuras para jugarle a la gente de la ciudad, ¿y ahora no se le ocurre nada? Algo anda mal ahí, y es que, ahora, necesitaba pensar de verdad, no podía dejarse llevar por la primera idea superficial que pasaba por su cabeza.
La hora del receso llegó y se excusó con sus hermanos y con Dai diciendo que iría por algo a la cafetería, pero en realidad quería ver, aunque sea a lo lejos, a esa chica que no quería dejar su cabeza en paz. Podría conformarse con mirarla a lo lejos, eso es cierto, en tanto ideaba alguna manera de empezar a acercarse. Ambos habían quedado de acuerdo con que necesitaban tiempo, sin embargo, no se hablaban, con suerte se saludaban a la distancia y hacían contacto visual.
Sabía que se gustaban, y no, no era una calentura, porque de verdad sentía que las sensaciones que le provocaba Kaoru eran reales, de esas que con solo pensar en ella sentía cosquillas en el estómago y una enorme urgencia de verla. Eran conscientes de sus sentimientos, solo quedaba ir dando los pasos para formalizar. Oh, de tan solo pensar en formalizar una relación con Kaoru, Butch se cubrió la cara para que nadie lo viera sonrosado.
A la distancia, camino a la biblioteca, Butch fue capaz de distinguir una cabellera negra, en compañía de una colorina y una rubia. No cabía duda, esa era Kaoru, porque su forma de caminar era inigualable. Estuvo estático en el pasillo que conducía a la cafetería, mirando a Kaoru hasta que desapareció de su vista. La parecía algo digno de un pervertido el seguir ahí, de pie, sonriendo como el idiota que es, solo con haber visto a la muchacha, así que cuando volvió en sí, dio media vuelta y pensó en ir con sus amigos, pero la figura indiscutida de Rukiah le cerró el paso, la chica le dedicaba una pequeña sonrisa, estaba cruzada de brazos y expectante por alguna respuesta. Habría que ser muy idiota como para no darse cuenta de que ella había entendido lo que Butch estaba haciendo.
–Tú sabes cómo hablar, ¿no? –le dijo ella.
–Sí –respondió confundido.
–Entonces ¿por qué no lo haces con Matsubara?
–¿Te refieres a Dai?
–No, idiota –bufó y su sonrisa se borró–. Hablo de Kaoru, Kaoru Matsubara.
–Ah –rascó su nuca–, entiendo. Digamos que en eso estoy.
–Estabas observándola de lejos, Butch, eso es algo muy bajo.
–¿Te diste cuenta? Por supuesto que te diste cuenta –suspiró–. ¿Seré muy obvio?
–Algo así –dejó de cruzar los brazos–, cualquiera que viniera por el mismo camino que yo, se hubiera dado cuenta de que observabas a alguien. Yo me pude dar cuenta de quién se trataba porque… –decidió callar–. Eso no importa ya.
–Ah –rio nervioso–, entiendo. ¡Ah! Pero yo me voy, o sea, me reuniré con mis hermanos, así que… Permiso.
–¡Espera un momento! –pidió Rukiah cuando Butch intentaba alejarse de ella–. Creo que –agachó la cabeza– debo decirte algo.
–¿Ah? ¿Qué cosa?
Butch metió ambas manos a su bolsillo, relamió sus labios y esperó a que la nerviosa chica alzara su mirada. Pudo darse cuenta de que ella se veía incómoda, pensó en sugerirle que se fueran a un lugar más alejado, pero quizás eso sería peor, porque no estaba incómoda por la gente que los rodeaba –quienes no les prestaban atención–, sino que era su presencia. Rukiah, finalmente, lo miró a los ojos y le sonrió, como si de una obligación se tratase.
–Me porté como una bruja contigo, quiero pedirte disculpas por ello.
–¿Eh? ¿De qué hablas? –inclinó la cabeza hacia a un lado.
–Eso, Butch, estuve diciendo estupideces desde que tú y yo terminamos, como una maldita resentida –rio floja–. No actué bien, y por eso, te pido mis más sinceras disculpas.
–Oh, no hay cuidado. Está todo bien, de verdad –se acercó para tocarle el brazo–. Yo debería pedirte disculpas por haberte…
–Eso no es necesario –interrumpió ella–. Yo sabía de tus sentimientos desde un principio, y aun así decidí seguir con lo nuestro, consciente de que no era bilateral, al menos no de la misma manera.
–Rukiah, está bien, no te culpes de nada. Ya pasó, ¿no te lo había dicho antes?
–¿En serio?
–En serio.
–Okay –suspiró y le sonrió sinceramente–. Necesitaba escucharlo de tu boca.
–Entonces, estamos en buenos términos –dijo con un tono de pregunta.
–Sí –dijo ella–, eso espero.
Se quedaron un momento en silencio, mirándose mientras se sonreían. Hasta que Rukiah se encogió de hombros y fue la que rompió el hielo en esa situación.
–¿Por qué es que no se hablan en la escuela?
–¿Perdón?
–Eso –miró hacia un lado–. No quiero sonar como una acosadora, pero me fue inevitable. Me di cuenta de inmediato que ambos se miran cuando el otro no lo hace, pero no se hablan. ¿Por qué pasa eso?
–Ah –sonrió nerviosa–, porque, quizás, no sabemos cómo acercarnos el uno al otro.
–¿A qué te refieres?
–No sé cómo decirle "oye, Kaoru, almorcemos juntos".
–Pues de ese mismo modo, idiota –frunció el ceño, luego se rio–. ¿Por qué pensar tanto? Butch, tienes que ser directo, así se dará cuenta de tus sentimientos.
–Ya los sabe.
–¿Eh?
–Ya lo hablamos… –relamió sus labios, algo penoso–. Es mutuo.
Rukiah frunció levemente el ceño, Butch pensó que no fue tan buena idea haberlo dicho y que, quizás, la chica ahora tomaría algún tipo de actitud distante, o sería agresiva. Sin embargo, Rukiah bufó y pasó una mano por su cabello.
–Es que eres bien idiota –dijo–. ¿No crees que, entonces, es más fácil acercarte a ella?
–¿Por qué?
–¡Porque ya saben que se gustan! –exclamó–. ¡No tienes que hacerte el amigable! ¡Dile que un día pase un receso contigo! ¡O llévala hasta su casa! ¡Se gustan y lo saben!
Butch quedó mirando el horizonte, algo perdido, Rukiah pasó una mano por su rostro y volvió a bufar, pero luego sonrió y rio levemente, negando con la cabeza por lo que increíble que le estaba pareciendo la situación.
–No lo habías pensado, ¿cierto, Butch?
–Cierto.
–Santo Dios…
–¿Se te ocurre alguna manera? –aquella pregunta sacó a la chica de sus pensamientos–. Oh, bueno, quizás no sería bueno pedirle ayuda…
–Nada de eso –interrumpió ella y lo tomó del brazo–. Siempre es bueno dar consejos, independiente de lo que haya pasado –empezaron a caminar–. Estoy segura de que podré ayudarte. Escucha con atención, ¿vale?
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Dai entraba al baño de los hombres a lavarse las manos. El espacio estaba dividido por los lavaderos, dando así dos hileras. Quería sacarse el resto de pintura roja con la que se manchó en clases. Escuchó que alguien más entró al baño, pero siguió con lo suyo, no tenía intenciones de prestar atención a la conversación, hasta que escuchó el nombre de Boomer dentro de ese tópico de conversación.
–Boomer es la nueva presa de esa –se dio cuenta del tono despectivo.
–¿El de tercero? –preguntó la otra voz.
–Sí, ese mismo. Takaaki dijo que se enfrentaron a golpes, y claro que Takaaki le ganó.
–Pero yo los vi ayer discutir, Takaaki le gritaba a Gotokuji, Boomer llegó y él se fue.
–Sí, pero según lo que dijo Takaaki, se encontraron después y se agarraron a los golpes.
–Oh, eso no lo sabía. ¿Y todo por Gotokuji?
–Claro –rio, Dai pudo escuchar que el agua que había dado ya no escurría. Miró sus manos y decidió seguir con lo suyo–. Boomer quería defenderla, pero Takaaki lo hizo entrar en razón con respecto a esa mujer.
–¿Por qué la defendería?
–Seguramente le gusta. Lo que ese tipo de tercero no entiende, es que Gotokuji es de lo más fácil. No más terminó con Takaaki y ya anda de resbalosa con Boomer.
Ambos salieron del baño, Dai seguía sacando el resto de manchas rojas de sus dedos, y quiso darse prisa. Debía contarle a Boomer los rumores que se estaban esparciendo de él, además de preguntar la veracidad de los mismos. Creía a Boomer capaz de defender a Miyako, pero no creía eso de agarrarse a los golpes con Takaaki y dar a este último como ganador, tal y como lo sugirieron esos dos que entraron a chismosear al baño. Sacó un poco de toalla de baño y salió del baño, raudo hasta el salón de clases, rogando por que ahí estuviera alguno de los chicos.
Efectivamente, Brick y Boomer seguían en el salón, había otros compañeros, pero metidos en sus asuntos. Ambos, al notar a un agitado Dai, se preocuparon, Boomer alejó el cartón de leche de su boca y Brick dejó de masticar el chicle.
–Suéltalo –le dijo Boomer–, ¿qué te pasó?
–¿Es verdad –tomó una gran bocanada de aire– que ayer defendiste a Gotokuji?
Boomer se quedó en silencio y miró a Brick de reojo, quien se había girado completamente hacia él y lo observaba con incredulidad.
–¿En serio? ¿Por eso tardaste más en llegar a casa? –preguntó el pelirrojo.
–Sí –dijo Boomer, luego miró a Dai–, ¿por qué?
–¿Y es verdad que te agarraste a golpes con Takaaki? –dijo Dai, ignorando por completo lo que le preguntó el rubio.
–¿Qué? –dijo Brick y rápidamente miró al perplejo Boomer–. ¿Te agarraste a golpes?
–No –Boomer negó con la cabeza–, no, para nada. Sí me enfrenté a él porque estaba gritoneando a Miyako, no iba a permitirlo, pero nunca nos golpeamos, porque él se fue y yo encaminé a Miyako a su casa.
–¿Estás seguro? –preguntó Dai.
–Por supuesto que estoy seguro –dijo el rubio–. ¿De dónde sacaste eso?
–Se lo escuché a unos tipos en los baños. Ellos afirmaron que tú y Takaaki se enfrascaron a golpes, y que él salió victorioso –afirmó Dai.
–Mentiroso de mierda –murmuró Boomer y golpeó la mesa–. ¿Qué clases tendrá ahora el segundo año?
–¿Qué piensas hacer, Boomer? –preguntó Brick agarrando a su hermano del brazo.
–Si ese chico afirmó que él y yo nos agarramos a los golpes –se había puesto de pie, tenía una implacable expresión seria en el rostro–, pues voy a darle lo que quiere.
–¡Boomer, no! –exclamó Dai.
Boomer se había zafado del agarre de Brick, empujó unos pupitres y salió raudo de la sala de clases, sin escuchar razones de su amigo y su hermano. Dai se puso rápidamente de pie, al igual que Brick. No era necesario que se hablaran, ya sabían lo que debían hacer, importándole una mierda si se arriesgaban a un tipo de sanción por llegar tarde a clases. Preferían eso a que Boomer se arriesgara a una suspensión y le brindara una paliza a Takaaki y que este tuviera que volver al hospital. Intentaron seguirle el paso, chocaron con un par de estudiantes, pidieron disculpas, pero siguieron con su paso rápido hacia Boomer.
El rubio corría, hecho una furia, por los pasillos, bajó las escaleras a saltos y se dirigió hacia la cancha olímpica, donde se estaría reuniendo la clase de segundo año, pero no lo encontró por ahí. Igual todavía faltaban un par de minutos para que sonara la campana, miró hacia todos lados y vio a un par de chicos, aparentemente novios, que lo miraban confundidos. Boomer se acercó a ellos, pero la chica instintivamente trató de ocultarse tras el chico.
–¿Son compañeros de Takaaki? –preguntó Boomer.
–¿T-Takaaki Ayagai? –dijo el menor.
–Sí, ese, ¿son compañeros? –ambos asintieron–. ¿Saben dónde está?
–En el gimnasio –respondió tímidamente la chica–. Él juega baloncesto.
–Gracias.
Sin más, corrió hasta el gimnasio. De camino, alcanzó a ver a Brick y a Dai corriendo hacia él, pero los ignoró por completo, tenía solo un cometido en mente: encontrar a Takaaki y partirle la madre, nada más. La adrenalina le estaba subiendo y llegó a un punto cúlmine cuando vio a Takaaki, que le estaba dando la espalda y se encontraba lanzando al aro en compañía de otros estudiantes. Estaba con el uniforme de gimnasia, unos shorts, camiseta blanca y las zapatillas ideales para practicar el deporte, tenía sus manos en su cintura, en posición de descanso, hasta que uno de sus compañeros reparó en la presencia de Boomer, le advirtió a Takaaki y este se dio vuelta. Lamentablemente no pudo darse cuenta de quién se trataba hasta que estuvo en el piso, sobando su mejilla a raíz del puñetazo que le había propinado Boomer.
–Así que le dijiste a todo el mundo que ayer nos agarramos a los golpes –dijo el mayor, se agachó y tomó a Takaaki del cuello de la camiseta–, ¿se puede saber qué más fue lo que dijiste?
–¡Boomer! –gritó Brick–. ¡Déjalo!
–¡Acérquense y los golpeo! –les advirtió a Brick y a Dai, luego volvió a mirar al asustado Takaaki–. Ahora responde, sabandija, ¿qué más fue lo que dijiste?
–Suéltame –pidió el chico en voz baja.
–¿Que te suelte? ¡Primero responde! ¿Estuviste hablando mal de Miyako también? Porque si es así ¡te juro que conocerás mi verdadera fuerza!
–¡Ya suéltame! –gritó el chico–. ¡Yo no sé de lo que estás hablando!
–Ah, ¿no? –intervino Dai–. Pues eso no es lo que comentan, niño, anda, di la verdad.
Brick le dio un jalón a Dai mientras negaba con la cabeza. De todos modos, se encontraba mirando la escena un tanto expectante por la respuesta del chico de curso menor. Boomer seguía jalándolo del cuello de la camisa, los compañeros de Takaaki se miraban confundidos, puesto que, se suponía que Boomer tendría que tener alguna marca, alguna herida, para hacer de la historia de Takaaki algo realista y con sentido.
–¿Vas a responder o no? –dijo Boomer, Takaaki lo miraba a los ojos, pero decidió desviarla, así que decidió zamarrearlo un poco–. ¡Habla! ¿O prefieres que nos liemos a golpes de verdad?
–Déjame –murmuró el chico.
–Ayer estabas de lo más agresivo, le gritabas a Miyako haciéndote el gran macho, y ahora, estás callado y asustado, no dejas de temblar –hablaba Boomer–. ¿Por qué? Estás rodeado de tus compañeros. ¿Ya no eres tan valiente? ¿Tienes miedo de lo que te puedo llegar a hacer con tan solo otro puñetazo?
–¡Déjame, Him! –exclamó el muchacho.
–¿Puedes decir, entonces, que no nos peleamos ayer y que no me ganaste en ningún enfrentamiento a golpes? –Takaaki no respondió–. Ayer andabas de lo más bien gritoneando, esparciste ese ridículo rumor, ¿ahora no eres capaz de hacerle frente a la situación?
–Boomer, ya, vamos, llegarán los profesores –dijo Brick acercándose a su hermano.
–No des un paso más –pidió Boomer sin apartar la mirada de Takaaki–. ¿Vas a responder o no? Pequeña mierda.
–Está bien –dijo el menor–, no es verdad que nos agarramos a los golpes. No sé en qué estaba pensando cuando dije eso, como si pelear por esa puta valiera la pena.
Y Boomer volvió a golpear a Takaaki, pero esta vez este último respondió con otro golpe. Brick, Dai y el resto de los compañeros intervinieron para separarlos, pero Boomer estaba con la sangre hirviendo, le gritaba a Takaaki que "Miyako no es ninguna puta", mientras le repartía puñetazos y lo tironeaba de la camiseta. Ambos implicados estaban aplicando fuerza, se hacían daño, pero Boomer era el más ofuscado y el que más golpes propinaba. Brick tiraba de un brazo, Dai de otro, asimismo unos compañeros a Takaaki, pero los chicos eran fuertes y querían seguir peleando. Un griterío se había formado, el que fue detenido con el silbato del profesor de gimnasia.
–¿Qué es lo que está pasando acá, caballeros? –dijo el hombre alto y calvo.
Pero ninguno respondió, sino que se miraron entre ellos, salvo Boomer, que miraba con sumo odio a Takaaki, a quien le sangraba la nariz. El mayor de los implicados tenía el labio sangrando y sentía un punzante dolor en la sien. Brick agarraba a su hermano mientras que Dai era el que estaba mirando de frente al profesor.
–Eh… –dijo Matsubara, pero el profesor lo mandó a callar con solo mostrarle la palma de su mano.
–Vengan conmigo, ustedes, los de tercero, y Ayagai, tú también ven –dijo el profesor.
Brick y Dai ayudaron a Boomer a ponerse de pie, y empezaron a caminar, cabeza gacha, tras el profesor, mientras que Takaaki caminaba tras ellos, a paso más lento. Boomer empezaba a marearse por los golpes recibidos, le costaba caminar y eso Brick y Dai lo sentían. Este último miró hacia atrás, hacia Takaaki, y se dio cuenta de que estaba igual.
–Matsubara –dijo el profesor–, ayuda a Ayagai a caminar.
Sin decir nada, hizo caso rápidamente, tomó a Takaaki del brazo y lo pasó por sobre sus hombros, dirigiendo el paso lento. Por un momento pensó que los estaban conduciendo a la oficina del director, pero la verdad es que iban camino a la enfermería. El profesor abrió la puerta y le dijo, en palabras sencillas, a la enfermera que había dos accidentados, que necesitaban atención y una llamada urgente a sus apoderados.
–Brick y Matsubara, los acompañaré hasta su clase para justificar su retraso –les indicó la salida de la enfermería, así que hicieron caso, dedicándole una última mirada a Boomer, quien se había recostado en la camilla y mantenía los ojos cerrados–. En cuanto a ustedes dos, tendré que hacer valer el protocolo de convivencia. Quedarán suspendidos por el resto de la semana y esto quedará como una observación a su hoja de vida.
Ninguno de los dos respondió, estaban mareados, y la enfermera estaba pendiente de limpiar la sangre que tenía cada uno en su rostro. El profesor se despidió de la enfermera y salió del lugar, luego condujo a los otros dos estudiantes hasta su salón, justificó con la profesora de biología lo ocurrido, quien entendió y les permitió la entrada. Una vez ubicados en sus puestos, Butch quiso saber el chisme completo.
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Kaoru miraba a Miyako pintar con sumo cuidado el dibujo del Pegaso que habían hecho, el que parecía tener vida delante de ese paisaje de nubes que la rubia estaba dimensionando con las acuarelas. El trabajo era en conjunto, así que Matsubara no lo pensó dos veces y optó por trabajar con Miyako, quien era la más diestra a la hora de pintar.
–¿Te parece que le ponga algo de violeta? –preguntó la rubia.
–Resaltaría de mejor manera el rosa y el naranjo –afirmó Kaoru–. Me agrada, apruebo la idea.
–Vale –sonrió la rubia y cambió el pincel para aplicar el color–, sigue supervisando.
–Tranquila, en eso soy la mejor.
Kaoru tenía su móvil en mano, estaba revisando sus redes sociales, pero ya se había aburrido de estar dándole like a publicaciones sobre deportes. Miró a sus amigas, todas estaban en lo suyo, Momoko hacía la mezcla de las acuarelas, Kristen terminaba de dibujar y Destiny se encargaba de dividir los pinceles que utilizarían. Bostezó un poco, tenía sueño y solo esperaba la hora de la comida para poder echarse una siesta, pero un mensaje la distrajo. Era de Butch, lo leyó rápido y su primer impulso fue golpetear el hombro de su amiga. Miyako la miró confundida, pero notó que le estaba enseñando la pantalla del móvil y entreabrió la boca.
Butch – 11:24am
"Boomer se puso a pelear con el ex de tu amiga… Dile a Gotokuji que el tal Takaaki le andaba diciendo puta, y que al escuchar eso, Boomer le brindó puñetazos. Si no me crees, pregúntale a tu hermano, él presenció todo"
–Sí que es un chismoso –dijo Kaoru–, ¿no lo crees?
–¿Boomer hizo eso? –se asombró, dejó el pincel sobre el mesón y tomó el celular de su amiga.
–Takaaki era una mierda, aquí lo terminamos de confirmar. Y Boomer le dio puñetazos… Dios, le debería pedir que me enseñe a darlos, de seguro los dio en los lugares idóneos –suspiró Kaoru.
–Ayer me defendió… –murmuró la chica.
–¿Takaaki?
–No, Boomer lo hizo. Como terminé con Takaaki, me agarró bronca y me empezó a insultar, pero Boomer intervino y me acompañó a casa.
–Espera, ¿eso pasó ayer?
–Sí –Miyako no alejaba la mirada del teléfono, lo había leído unas siete veces, y lo seguiría leyendo hasta convencerse de que esto era real–, no lo comenté porque, ¡ay! No lo sé.
Le devolvió el celular a su amiga, quien la miró con curiosidad. Kaoru acercó su silla a la de su amiga, le extendió la paleta de las acuarelas y el estuche de los pinceles. Miyako retomó el pincel que estaba ocupando, lo acercó al lienzo, pero no fue capaz de trazar ninguna línea.
–¿Será verdad? –le preguntó a Kaoru.
–Lo sabrás en la tarde, cuando Kristen o Destiny lo comenten –le murmuró su amiga–. De todos modos, ¿significa que te ha salvado dos veces?
–No lo creo, no he estado en peligro.
–Me refiero a que defendió tu integridad de alguna manera. No soportó que hablaran mal de ti. Algún otro dejaría que las malas lenguas hablaran, pero él no lo toleró –Kaoru relamió sus labios antes de seguir hablando–. Podría decirse que… le importa mucho lo que digan de ti.
Miyako no dijo más, quiso dar por finalizado el tema, pero la verdad es que tenía ganas de salir de su clase, ir hasta la de él, o a la enfermería y poder hablar directamente con Boomer. Quería saber sus razones, y aunque tenía un par de ideas flotando por su cabeza, quería oírlo de la boca de él.
–Lo siento, Kaoru, ¿puedes seguir tú?
Le extendió el pincel a Matsubara, ella lo recibió mientras le sonreía sugerentemente. Se sentó en el pupitre que estaba ocupando su amiga y se detuvo a observar cómo es que ella terminaba de aplicar la pintura violeta al lienzo. Quería sonreír, pero a la vez no, porque la violencia le sentaba muy mal, no podía negar que seguía teniendo cariño por Takaaki y quería saber si se encontraba bien. No obstante, tenía unas inmensas ganas de ver a Boomer, hablarle y preguntarle por qué lo había hecho, además de darle las gracias…
Dios, quería verlo y agradecerle por haberla salvado dos veces.
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Lala: ¡Gracias! Y gracias por tu constante apoyo.
ADELANTO: "Just be mine", de Cher Lloyd.
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