Un poco aturdido por lo que le confesó Leo de forma tan repentina, miró nuevamente al chico llamado Guang Hong Li que definitivamente debía ser asiático por sus rasgos finos y por su nombre tan raro como difícil para su lengua. Guang era unos centímetros más bajito que él, era esbelto casi tanto como él mismo y su cabello corto pero con unos mechones rebeldes en su frente era café oscuro al igual que sus ojos. Poseía varias pecas claras en sus mejillas junto a su pequeña nariz y su expresión era tímida que sinceramente Yuri volvió a pensar de qué se trataba de un niño de primaria.
—¿Yuri? —la voz de Leo lo llamó después de unos segundos. El nombrado volvió a ver al mayor teniendo en su rostro una mueca extraña ya que no sabía que decir al respecto. Seguía impactado—. Hum… ¿Pasa algo? —preguntó mostrándose levemente preocupado.
—No… —soltó Yuri acomodando mejor su mochila que por alguna razón la comenzó a sentir pesada.
Sus ojos volvieron a posarse en Guang el cual se sonrojó más mirando el suelo mostrándose un poco incómodo.
—Eh… —Leo se quedó viendo a ambos al parecer sin saber que decir como los restantes. Realmente entre ellos se había formado un silencio algo incómodo, pero que por sorpresa y fortuna fue roto por el menos esperado, por Guang.
—Leo, debo ir a clase ahora —dijo el pequeño llevando sus ojos cafés al mayor, el cual asintió con una sonrisa tierna que Yuri jamás había visto en él antes.
—Bien, cuídate. Nos vemos en casa —respondió Leo cariñosamente haciendo que Yuri desviara sus ojos a otro lado, ante la muestra de cariño ajena él siempre se sentía incómodo.
—Bien, fue un gusto, Yuri —se despidió Guang haciendo una pequeña reverencia la cual Yuri solamente respondió con un gesto de mano pues todavía no era capaz de pronunciar algo—. Nos vemos, Leo —se dirigió a Leo dándole la impresión a Yuri de que iban a besarse, pero para su alivio Guang también le hizo una pequeña reverencia a Leo y luego se marchó dirigiéndose a las escaleras del lugar y así desaparecer con la gente que subía.
Se quedaron solos en un nuevo silencio que era algo impropio de ellos, pues a pesar de lo poco compartido siempre que estaba juntos Leo le hablaba de cualquier cosa y a Yuri no le quedaba más que responder, pero ahora parecía que ninguno de los dos sabía que decir.
Por primera vez en la vida Yuri sintió que debía ser él mismo el que dijera algo para romper la situación incomoda.
—De-Deberíamos ir al club —dijo con la voz agravada, le había salido más tosca de lo que pretendía.
—Sí, tienes razón —afirmó Leo y comenzó a caminar como guía para Yuri, debían hacer una combinación de línea para subirse a otro tren.
Entre toda la gente que había a esa hora y las majestuosas estaciones de metro que parecían transportar a las personas a otra época, Yuri permaneció al lado de Leo para no perderse. En todo ese pequeño trayecto no habían dicho ninguna palabra pues se veía que ambos debían cavilar en sus pensamientos, sin embargo cuando subieron al nuevo tren se quedaron de pie uno frente al otro y esa situación los estaba invitando a conversar sin poder evitarlo o definitivamente el viaje terminaría siendo una travesía demasiada incomoda.
—Yuri… —comenzó Leo por suerte, su rostro estaba algo fruncido dejando ver su inquietud—, ¿No te moleta, verdad?
—¿Qué cosa? —preguntó un poco distraído ya que sentía el metro muy lleno y la gente comenzaba a invadir su espacio personal.
—Ya sabes, por lo de Guang y yo… la relación —explicó Leo con voz bajita que llegó a oídos del menor.
Su cara al escuchar la pregunta volvió a adquirir una mueca extraña. Se repitió las palabras de Leo otra vez en la mente pensándolas con detenimiento. ¿Le molestaba?... No creía que lo hiciera.
—No… ¿por qué debería? —inquirió mirando fijamente a Leo. El moreno con esas palabras pareció muy aliviado, no obstante la preocupación aún se notaba en su semblante.
—Bueno, ya sabes… estamos en Rusia y aquí casi todos…
—No te atrevas a compararme con los demás…—soltó Yuri elevando un poco su voz, sin embargo de inmediato se controló para no llamar la atención—, por mí no hay problema, supongo que todos tienen su propios gusto. Um aunque si me tomaste desprevenido, no me lo esperaba… yo creía que te gustaban las chicas… bueno tampoco es como si hubiese pensado eso, pero fue algo extraño saberlo así tan repentino.
Leo asintió borrando de su rostro la tensión para suspirar y sonreír como siempre, en eso Yuri supo que eligió bien las palabras trasmitidas.
—Me alegro de que no te moleste, gracias por comprender y perdón por lo repentino —dijo Leo viéndose aliviado.
Permanecieron en silencio cuando el tren se detenía en una estación. Yuri esperanzado miró a la gente deseando que se bajaran para así tener más espacio, pero los infelices cercanos a él no se movieron ningún centímetro. Sacándose su mochila para llevarla en su mano izquierda mientras con la diestra se sujetaba, miró a Leo de reojo y decidió hablar cuando el tren volvió a ponerse en marcha.
—A todo esto, ¿Por qué me lo has dicho? —preguntó siguiendo la conversación de minutos atrás. Leo no necesitó explicación ya que captó de inmediato a que se refería.
—Bueno, porque ustedes dos algún día iban a conocerse, ya que Guang algunas veces va al club de visita; también decidí decírtelo sin rodeos porque te tengo confianza y sabía que lo comprenderías —confesó Leo dejando a Yuri nuevamente aturdido.
—¿Me tienes confianza? —inquirió subiendo sus cejas sin creérselo.
—Sí, eres una buena persona, Yuri.
Las palabras despreocupadas de Leo hicieron que se pusiera un poco nervioso, tampoco se había esperado eso.
—Hum, pero si apenas nos conocemos… No deberías decir eso tan seguro.
—Oh, estoy segurísimo. Eres amigo de Ota y por eso sé que eres alguien que vale la pena. Verás, Otabek no es muy sociable y realmente habla con pocas personas, pero con las pocas con las que habla y crea lazos son buenas, y tú estás entre ellas —explicó el moreno sonrojando levemente a Yuri por esas palabras—. Además me caes súper bien, eres un buen amigo.
—¿Amigo, dices? —al preguntar apretó más su agarre al fierro del cual estaba agarrado.
—¡Por supuesto! —afirmó el mayor provocando que Yuri sintiera una calidez en su pecho—. Oh, en la siguiente estación nos bajamos para luego caminar solo unos minutos —observó el moreno.
—Bien… —murmuró desviando la mirada al suelo tratando de oprimir la sonrisa que quería aparecer en su rostro. ¿Leo también lo consideraba su amigo? Aquello sonaba agradable para sus oídos.
No lo iba a admitir pero estaba algo feliz.
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Cuando llegaron al club se fueron a cambiar rápidamente la ropa. Yuri se sintió algo extraño al no tener a Otabek a su lado para entrenar, sin embargo trató de eliminar ese sentir para poder concentrarse en el entrenamiento que le tenía Leo. Se preguntó qué tan distinto iba a ser al de Otabek, si sería más duro o más suave con él, si llegaría a poderse su cuerpo después de entrenar o no. Estaba algo preocupado ya que no quería pasarse una nueva semana entera sin ser capaz de moverse como pretendía por el desgaste físico.
—¿Por qué me vas a entrenar tú? —dijo Yuri en el instante que se colocaron en su lugar de trabajo.
Esa pregunta la tenía en su mente desde la mañana. No entendía por qué Leo perdía su tiempo con él si no tenía la obligación, pues era obvio que podía dedicarse a hacer mejores cosas en el club en vez de entrenar a un chico escuálido.
—¿Eh? —Leo, el cual se amarraba su cabello, lo miró—. Bueno, es una buena oportunidad para conocernos mejor —dijo sonriente.
Yuri lo vio un poco extrañado, todavía no podía acostumbrarse a su ligereza al expresarse ante todo. Era como si Leo no se preocupara por nada.
—Vamos no pongas esa cara. Hay que conocerse más ¿No? Después de todos nos veremos casi todos los días aquí, y quien sabe, quizás cuando regrese Ota podamos salir a algún lugar divertido.
—¿Otabek te lo pidió, verdad? —preguntó Yuri sacando conclusiones al recordar que su amigo no quería marcharse por descuidar su entrenamiento prometido.
Leo soltó una risita suave que lo delataba.
—Hum, Bien… Sí me lo pidió —confesó—. Aunque no pienses que estoy aquí por obligación. Yo acepte de inmediato sin problemas, después de todo es bueno alejarse un poco de los golpes diarios. Como verás estos chicos de aquí sí que pegan muy fuerte.
—Entiendo —dijo sin querer darle más vueltas al asunto.
Se pusieron a calentar tal como lo había hecho la semana pasada con Otabek, eran los mismos tiempos y los mismos ejercidos que hicieron que Yuri odiara nuevamente el ejercicio y deseara con todas sus desgatadas fuerzas lanzarse a una cama por la eternidad y no salir más de ahí bajo ninguna circunstancia.
Al acabar todos los ejercicios, Yuri se sorprendió al ver que Leo le traía vendas para las manos. No se esperaba comenzar a golpear algo tan pronto, pero sus ilusiones de desvanecieron cuando el mayor le informó que solamente debía aprender a ponérselas por su cuenta, que la hora de golpear algo aún estaba algo lejana ya que debía aprender muchas cosas antes de llegar a ese punto.
Después de infinitos minutos para Yuri donde luchaba con las vendas que no querían acomodarse a sus manos, bufó molesto y se tiró al suelo rendido. Leo lo miró desde su altura y sonrió para luego sentarse a su lado.
—No te estreses, podemos seguir intentándolo mañana, ya verás que no es tan difícil, lo lograras, solo que el cansancio ahora te juega en contra.
—¡Hey, chicos!
Ambos miraron a la dirección donde la voz había resonado. Yuri al ver el rostro sonriente de Emil lo imaginó como si se tratará de un ser tenebroso de otro mundo que iba por su alma, por eso sintió un escalofrió y se paró de inmediato tomando una buena posición para poder golpearlo si se le acercaba demasiado.
—¿Qué tal Emil? —preguntó relajado Leo. El nombrado respondió de forma afirmativa dando a entender que todo iba a la perfección para luego posar sus ojos risueños en Yuri, tensando a este último por completo.
—Vaya, Otabek no vendrá por un tiempo… Sera solitario por aquí —dijo Emil llevando sus manos tras su cabeza—. ¡Cualquier cosas que necesites me lo puedes decir, Yuri!
Ante la propuesta tan amigable de Emil solo le quedó escogerse de hombros y tratar de seguir vendado su mano, pero como se había desconcentrado por la llegada de Nekola, se le olvido como proseguir y soltó un bufido por eso, llamando la atención de los presentes.
—Debes darle dos vueltas a tu pulgar ahora —observó Emil mirándole la mano, Yuri frunció un poco sus cejas por el consejo, pero al darse cuenta que tenía razón asintió y prosiguió hasta llegar al final y lograr unir el velcro de la venda para así quedar perfecta.
—¡Lo logré! —soló emocionado levantando su mano por su triunfo, sin embargo al percatarse de su emoción tan repentina la bajó de inmediato sonrojándose, se había mostrado como un niño pequeño emocionado por sus logros.
—¡Muy bien, Yuri! —lo alentó Leo sonriendo—. Has aprendido más rápido que yo.
—Por supuesto que sí lo ha hecho, este chico se ve que es brillante —aseveró Emil entusiasmado, causando un fuerte sonrojo en el joven ruso, pues se sintió bien al recibir esas palabras, no obstante, no logró decir nada ya que no sabía cómo enfrentar los elogios hacia su persona.
Ya dando por terminado el día de entrenamiento Yuri se fue hasta los vestidores para poder irse de una vez y así llegar a descansar a su casa. El ejercicio con Leo resultó ser un poco más suave que el de Otabek por lo que resistió bien, sin embargo no podía cantar victoria pues recién era lunes y su cuerpo también había terminado adolorido.
Al entrar al lugar respiró tranquilo al no ver nadie, podía cambiarse tranquilo sin embargo prefirió apurarse. Se colocó sus pantalones y luego su remera con su chaleco rojo junto a su bufanda, tenía calor y por él saldría solamente con eso afuera, empero, tenía presente que no podría hacerlo o enfermaría por le terrorífico frío que aun azotaba la ciudad; por lo que tomó su chaqueta de escuela para abrigarse a pesar de mantener las mejillas coloradas por el calor. En el momento que se dispuso a ponerse sus zapatos entraron al lugar Leo junto a Emil y para sus pesar Jean, al cual le guardaba demasiado rencor por el mal entendido ocurrido días atrás que lo hizo sentir demasiado mal.
Gracias al cielo había sido solo un mal entendido, porque si hubiese resultado verdad Yuri no hubiera sabido que hacer o como reaccionar.
—¿Ya te iras, Yuri? Espérame unos minutos, te acompañaré hasta la estación —habló Leo acercándose a su casillero que estaba ubicado al lado derecho del casillero de Otabek.
—No es necesario. Ya me sé el camino —respondió Yuri atándose los cordones y evitando a toda costa mirar al desagradable de Jean que estaba parado a unos metros a su derecha.
—¿Seguro? A mí no me molesta.
—Seguro —ratificó pasando a su otro zapato para después dedicarse a su ropa usada y comenzar a guardarla.
Escuchó como los demás comenzaban con una conversación sobre unas peleas que se iban a hacer en unas semanas más, sobre sus estados físicos y algunos movimientos que varios debían practicar. Cuando Yuri terminó de alistarse cerró el cierre de su mochila y se la colgó en los hombros dejando todo lo necesario en los bolsillos de sus pantalones. Poniéndose sus fieles audífonos para hacer más corto el viaje en compañía de música, se giró para irse y en eso se encontró con Jean sonriendo de oreja a oreja mientras hacía con sus manos una pose extraña donde dibujaba dos J con sus dedos, Yuri pensó que veía un payaso muy ridículo. Al verlo rodó los ojos y pasó por el medio de ellos deteniéndose unos segundos frente a Jean para mirar los pies de él.
—Oye, se te cayó —indicó el suelo. JJ, el cual hasta ahora lo veía a los ojos sin mover su pose, observó a la dirección que le indicaba el menor sin comprender.
—¿Qué cosa? —inquirió perdido.
En eso Yuri sonrió con malicia mientras se cruzaba de brazos.
—Tu puta dignidad —soltó con maldad provocando que Leo soltara una pequeña risa que la tapó con su mano y que Jean lo mirara sorprendido.
Sin dejar que le dijera nada continuó con su marcha para salir del lugar haciéndole un gesto de despedida a los dos restantes que permanecían conteniendo la risa.
Salió del club sintiendo una gran satisfacción en su interior que lo hacia sonreír alegremente. Tomó su móvil para encender la música y eligiendo Wasted Years de Iron Maiden comenzó su vuelta a casa mientras tarareaba la canción con entusiasmo.
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Después de una hora de viaje al fin llegó a su casa y cruzó el umbral de la puerta escuchando Mein Herz Brennt de Rammstein. Estando por la mitad de la canción apagó su reproductor y retirándose su abrigo fue hasta el salón por su abuelo, al no verlo ahí fue a la cocina y al encontrarlo lo saludó con una sonrisa.
—Yuratchka, ¿Cómo te fue? —preguntó su abuelo a la vez que dejaba un vaso con agua en la encimera.
Yuri se encogió de hombros.
—Normal, eso sí llegue más tarde por el puto transporte… ¡Estaba llenísimo! —se quejó dejando ver su molestia.
—Cuida tus palabras, Yuratchka, sabes que no me gusta que hables así —lo regañó su abuelo.
—Lo siento —Yuri se llevó una mano a su cabeza algo avergonzado, pero es que cuando se enojaba no podía controlar su boca, pero por su abuelo haría el esfuerzo de mejorar su vocabulario—. ¿Y Potya?
—Creo que esta en tu habitación, al parecer se pasó casi todo el día allí.
—Abuelo, ¿Lo dejaste encerrado? —preguntó Yuri extrañado ya que su felino normalmente iba de allá para acá jugando con lo que se encontrara, para ese gato el mundo era su patio de juegos.
Nikolai soltó una risa divertida.
—Por supuesto, lo deje prisionero en tu habitación sin agua ni comida —bromeó tomando nuevamente el vaso con agua—. ¿Qué tan malo me consideras?
—¡El peor de la historia! —expresó Yuri de broma para rápidamente salir corriendo de ahí antes de que su abuelo lo alcanzara y comenzara con sus ataques de cosquillas contra él.
—¡Ya verás pequeño, Pirozhki!
Riendo como un niño Yuri subió las escaleras aguantándose el dolor del cuerpo y así se liberó del mayor.
—Ay, ya estoy viejo para estos trotes —suspiró Nikolai a los pies de la escalera—. Ve a ducharse y luego baja a cenar.
—¡A la orden, señor! —respondió Yuri subiendo los últimos peldaños sin dejar de sonreír. Bromear con su abuelo siempre era algo agradable para él que lo ponían de inmediato de buen humor.
Entró a su habitación tirando su mochila a una esquina y buscó a su mascota con la mirada pero no encontró nada, ni un pelaje blanco, ni siquiera un maullido se le presentó y eso lo intranquilizo, Potya siempre lo recibía o le maullaba a la distancia cuando llegaba, sin embargo ahora no había rastros de él.
—Potya —lo llamó entrándose más en el lugar preocupado—. Hey, Puma Tiger Scorpion —uso su nombre completo y solo en ese instante escuchó un pequeño maullido que le hizo apaciguar un poco su corazón.
Miró a los pies de su cama y vio un pequeño bultito redondo bajo una de sus prendas ya usadas. Curioso caminó hasta el lugar y lentamente levantó le remera dejando ver su adorado gato que hasta ahora dormía plácidamente, pero que con su presencia había despertado y miraba a Yuri con sus grandes ojos.
—Oye, ¿Qué haces aquí? —inquirió Yuri sentándose en la cama dejando la prenda de vestir en sus piernas.
Potya se levantó maullando felizmente y se frotó en el brazo de Yuri levantando elegantemente la cola para terminar parado sobre sus piernas maltratadas.
—Ay, lo siento, pero ahora no te puedo tomar —agarró a su felino y lo dejó en la cama con suavidad, pero Potya de manera insistente volvió a subirse en sus piernas y comenzó a escarbar en su remera sucia—. Vaya… estás muy regalón hoy. Ven aquí —Yuri tomó a Potya entre sus brazos sacando la remera de sus piernas para acomodarlo mejor en su cuerpo, pero para su sorpresa Potya se zafó y fue tras la prenda de ropa.
El gato se metió bajo la remera y maulló. Yuri pestañeó varias veces sin comprender el comportamiento de su gato.
—Hey, ¿Qué pasa? Es como si no quisieras separarte de esta remera vieja… —Yuri volvió a adueñarse de su ropa y un recuerdo instantáneo llegó a su mente al tenerla en sus manos y observarla detenidamente.
Esa era la ropa que tenía puesta cuando se quedó dormido en los brazos de Otabek.
—Espera… no me digas… —sintiéndose un poco nervioso se llevó la prenda a su nariz para inspirar el aroma y con eso se sorprendió al notar el perfume de Otabek pegado en ella—. Potya, tú… —sonrojándose por ese descubrimiento se llevó nuevamente la remera a su nariz y cerró los ojos para verificar si era verdad el agradable olor o solo estaba alucinando.
Sintió el aroma de Potya junto al olor del kazajo. Abrió sus ojos con el corazón acelerado y miró a su gato que le devolvía la mirada expectante a sus movimientos.
—¿Acaso tú también lo extrañas? —preguntó Yuri con voz bajita acercando la prenda a su gato, el cual se envolvió de inmediato en ella y luego lanzó un mullido en respuesta.
Yuri conmocionado por eso sonrió levemente y luego se acostó abrazando a Potya y a la prenda de vestir.
—Yo también lo extraño… Hoy fue un día raro sin él —le confesó a su gato cerrando los ojos para relajarse con el perfume de Otabek.
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Cuando los rayos de luz desparecieron avisando que el día había acabado, Yuri después de bañarse y cenar con su abuelo donde conversaron mucho, subió a su habitación junto a Potya en brazos y ambos se tiraron a la cama completamente rendidos.
Yuri mirando el techo de su habitación se preguntó en que debía estar Otabek, quizás se estaba preparando para trabajar o algo por el estilo. Rodó en la cama tomando su móvil para ver sus mensajes mientras que Potya se acurrucaba en la remera anterior que aún llevaba el olor al kazajo.
Buscó el contacto de su amigo y verificó su conexión, por culpa de todas las cosas en el día no habían podido hablar y deseaba saber algo de él antes de ir a dormir.
Como si el destino estuviera de su lado, Otabek le escribió en el mismo instante en que Yuri se metía a ver la conversación. Feliz por ello, aunque debía admitir que también se encontraba un poco sorprendido por la casualidad, le respondió moviendo rápidamente sus dedos por la pantalla. Sentía que debía aprovechar cada segundo de conexión, pues tenía presente que Otabek luego tendría que ir al trabajo.
«Yura, ¿podemos hacer una video llamada?, tengo que mostrarte algo»
Yuri ante ese mensaje se sentó de inmediato en la cama haciendo caso omiso a su dolor muscular y sonrió para levantarse tecleando de forma rápida.
«Sí… Espera un poco, me conectaré en la computadora ya que mi móvil no tiene una buena cámara»
Mandó el mensaje recibiendo la aprobación de Otabek de inmediato y de manera rápida fue hasta su escritorio para sacar de ahí su vieja laptop que su abuelo le había dado un par de años atrás para su cumpleaños. Se tiró nuevamente a la cama con el objeto y lo prendió encontrando que todo avanzaba muy lento y con eso comenzaba a impacientarse. Después de unos larguísimos tres minutos su computadora por fin arrancó y se metió a su red social para hacer contacto con Otabek por medio de video. Activó la cámara y llamó teniendo el corazón muy agitado. Era la primera vez que hablaría así con alguien, por eso se sentía un tanto emocionado.
Después de varios tonos la llamada fue contestada y Yuri sonrió con las mejillas sonrojadas al ver al kazajo tras la pantalla, su amigo estaba con un gorro en la cabeza que lo hacía ver muy cool. Otabek al verlo también le sonrió para luego saludarlo con su mano libre.
—Yura, es bueno verte —dijo Otabek enfocándose muy bien el rostro.
—Lo mismo digo, ¿Dónde estás? Esta algo oscuro el lugar —Yuri achicó un poco sus ojos para tratar de ver el sitio donde se encontraba su amigo, pero no logró distinguir nada más que el rostro del mayor.
—Ya verás —dijo Otabek comenzando a caminar a la oscuridad por lo que Yuri se mantuvo expectante.
En ese momento Potya salió de su escondite improvisado y se acercó a él para pasarse a sus brazos. Yuri sin despegar los ojos de la pantalla oscurecida lo recibió y lo acurrucó en sus brazos.
—Mira, este es el lugar donde me presentaré hoy —habló después de largos segundos el kazajo mostrando a través de la cámara trasera de su móvil un lugar desde la altura donde se encontraba muy amplio e iluminado donde caían fácilmente unas dos mil personas de pie.
Yuri se sorprendió tanto al ver tan grande lugar que no pudo evitar soltar un "¡Wow!" que hizo que Potya lo mirara y se alzará para poner una de sus patitas en su mejilla derecha.
—¡Beka! Ese lugar es enorme… ¿De verdad tocaras ahí? Está increíble —dijo Yuri sin dejar de apreciar lo que le mostraba el mayor mientras bajaba la patita de Potya para acomodarlo nuevamente.
—Sí, este lugar será mío por dos horas —escuchó la respuesta de Otabek que ahora le mostraba la mesa de DJ que se veía poderosa pero sin dudas se vería mucho mejor con Otabek domándola por completo.
—¿Y a qué hora tocas tú?
—Seré el último, antes de mi vienen dos Dj, pero por poco tiempo. Este lugar se llenara muy pronto.
—Así que serás el que cierra la noche, como siempre dicen: Lo mejor va a lo último —comentó Yuri acariciando la cabeza de Potya.
Otabek le mostró por última vez el recinto para luego cambiar la cámara y volver a enfocarse el rostro.
—Me tienes mucha fe.
—¡Claro que sí! No te he visto en vivo… ya que no me dejas —miró con algo de resentimiento a Otabek—, pero estoy seguro de que lo haces genial —agregó sonriendo nuevamente.
—Algún día podrás hacerlo.
—Ya, pero para eso… —Yuri no pudo terminar ya que repentinamente Puma Tiger Scorpion se abalanzó contra la computadora llegando a pisar las teclas para luego maullar—. ¡Espera. Potya! —Yuri se apresuró en agarrarlo para que no hiciera nada, sin embargo se quedó conmocionado cuando su gato miró la pantalla para tocar con una de sus patitas delanteras el rostro de Otabek varias veces con delicadeza—… Potya.
—¿Qué le sucede?
Yuri tomó a su gato para que no siguiera tocando las teclas y lo atrajo a su cuerpo escuchando su ronroneo.
—Pasa que te ha visto y se abalanzó contra la pantalla para tocarte —contestó Yuri dándole besitos a su gato para calmarlo. Un maullido se escuchó y ambos hombres sonrieron—. Al parecer te extraña —otro maullido decoró la habitación.
Otabek los quedó viendo con una leve sonrisa que Yuri no captó por estar mimando a Potya que veía insistentemente la pantalla.
—También se le extraña —ante la palabras de Otabek asintió escondiendo parte de su cara tras el cuerpo de su gato—. ¿Cómo te fue hoy en el entrenamiento?
Yuri ya manteniendo un poco a Potya volvió a ver la pantalla recordando todo lo acontecido con el nombrado.
—Bien —puso un gesto para nada convencedor en el rostro.
—¿Pasó algo verdad?
Yuri apretando sus labios suspiró al darse cuenta que le era imposible mentirle a él, parecía que Otabek sabia sus pensamientos con solo verlo.
—Bueno… el entrenamiento estuvo normal, hum… pero… —se enmudeció tratando de pensar en las palabras correctas, no obstante sin encontrar nada muy claro, solo habló—, ¿Sabías que Leo es gay?
Otabek lo quedó viendo algo sorprendido, pero después de segundos habló aclarando su voz.
—Eh, sí. Lo supe hace un tiempo, ¿Por qué? ¿Te lo ha dicho él?
—Sí… esta tarde cuando nos juntamos en el metro para ir al club, lo encontré con un chico llamado, huh… ¿Cómo era?... ¿Gon? No Gun…
—¿Guang? —ayudó Otabek.
—¡Eso! —afirmó Yuri—. Y bueno, me presentó a ese chico como su novio… —terminó, sintiéndose nuevamente algo tenso.
—Ya veo. Leo te lo dijo porque confía en ti.
—Sí… eso dijo —bajó su mirada a Potya que seguía viendo a Otabek mientras ronroneaba.
—¿Yura? ¿Qué pasa?, ¿Te ha molestado que Leo te confesara eso?
—¿Qué? ¡No! —se apresuró en aclarar—. No es eso… es que todo fue tan repentino… Ya sabes, no me esperaba algo así, Leo no se veía como si le atrajeran… huh, lo chicos… es algo raro, pero no me molesta.
—Entiendo —Otabek volvió a caminar en el lugar sin dejar se enfocarse—. Quizás, sí te lo confesó de forma repentina es entendible que este así, pero no por esto vayas a cambiar tu forma de pensar hacia él. Que le guste un chico o una chica no te impide ser su amigo.
—Eso lo sé… No estoy discriminando a nadie, ya te dije que solo me fue muy repentino que aún no logro tragarme la noticia, pero esto no cambia nada las cosas —afirmó mostrándose más seguro, se sentía más aliviado en haber hablado eso con Otabek pues sabía que él siempre lo escuchaba atentamente.
—Me alegro por eso. Leo es un muy buen sujeto y su novio también —Otabek llegó a un lugar con luz y se vio como miró la hora en su reloj de muñeca—.Bueno, Yura, te tengo que dejar por ahora. Ya vamos a comenzar por aquí y debo preparar unas cosas.
Yuri asintió tratando de no mostrar su decepción pues él deseaba seguir hablando más con su amigo.
—Buenas noches, Yura. Saluda a al señor Nikolai —se despidió Otabek—. Adiós, Potya.
—Buenas noche… Davai —dijo Yuri sonriéndole suavemente tapando su clara tristeza.
—Gracias —Otabek elevó el pulgar de su mano libre para después colgar.
Yuri al ver a pantalla en negro soltó un suspiro y liberó a Potya, el cual caminó nuevamente por las teclas para terminar frotándose por la pantalla sacándole una sonrisa a Yuri.
—Lo siento, Potya. Él ya se fue.
Sintiéndose rendido pero más tranquilo por haber conversado con Otabek, dejó su computador en el escritorio y después se acostó junto a su gato, quien seguía ronroneando entre sus brazos.
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Al siguiente día Yuri acabó la jornada escolar con los ánimos por los suelos. Se notaba muy cansado y con solo pensar que debía tomar el metro por largos minutos hasta el club hacia que odiara todo el puto mundo y su existencia. Como extrañaba a Otabek y la moto de este que lo transportaba de un lugar a otro sin problemas.
Tomando sus cosas de forma pesada salió del salón junto a Katsuki que le hablaba de un nuevo juego que se había comparado y que le gustaba mucho con cuantiosa emoción. Yuri solo lo escuchaba sin ánimos de hablar nada mientras avanzaba por los pasillos hasta llegar a la entrada de la escuela donde ambos se detuvieron para despedirse hasta el siguiente día.
—Nos vemos mañana, Yuri, le preguntaré a mamá su puedes venir a casa un día a jugar —dijo Katsuki sonrojado por la emoción.
Yuri solo rodó los ojos y se encogió de hombros, ahora debía ir al club a maltratar su cuerpo. Ese pensar hacia que sus fuerzas decayeran mucho más.
—Como sea, adiós Kat… —no logró terminar su calurosa despedida ya que una voz fémina, desconocida para él, lo interrumpió.
—¡Yuuri! —una chica con ojos risueños y expresión alegre se acercó a ellos para abrazar a Katsuki.
Yuri miró la escena sorprendido al igual que Katsuki, hasta que se fijó mejor en la chica y se sintió algo paralizado.
—¿Yu-Yuko? —inquirió Yuuri después del abrazo enfrentando a la muchacha.
—¡Claro! Viene a buscarte —dijo la chica llamada Yuko sonriendo carismáticamente para después ver a Yuri, el cual sintió un leve vértigo en su estómago al verla detalladamente.
"Es muy linda" Pensó apretando las correas de su mochila a la vez que su corazón comenzaba a latir un poco más rápido de lo normal.
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Un beso a todos. Nuevamente gracias por su linda compañía y apoyo.
Besitos.
Bye!
