Chuya sintió el aroma del café incluso antes de abrir sus ojos del todo.

Habían pasado la noche juntos, no, no habían tenido sexo, sin embargo, las caricias y palabras dulces no habían sido ausentes, Chuya admitía que le agradaba de vez en cuando sentir la dulzura que podía entregarle Dazai, aunque esta fuese escasa.

Se levantó de la cama para acercarse hacia la cocina, esperando que Dazai se encontrase allí, sin embargo, estaba vacío, la cafetera se encontraba llena y lista para comenzar a beber, miró a su alrededor, esperando encontrar a Dazai, sin embargo, no había señal de él, no al menos hasta que llego a la sala y lo encontró mirando por la ventana, una taza de café en su mano.

Chuya podía afirmar que esa era una de las únicas veces que lo había visto realmente distraído, observando el exterior. Se acercó a pasos lentos, sigilosamente.

- No quería despertarte – dijo repentinamente Dazai, haciendo que terminase el pelirrojo por sobresaltarse

- Fue el aroma del café – contestó Chuya

Chuya se posiciono a un lado de Dazai, ambos mirando por la ventana, abajo, se encontraba el estacionamiento, hacia el horizonte, el mar, la costa, mas edificios alrededor, su departamento no se encontraba realmente cerca del mar, sin embargo, aun así, podía apreciarse desde la ventana.

- Esa es tu motocicleta – afirmaba Dazai, observando el estacionamiento

- Tienes una vista al mar, pero prefieres ver el estacionamiento – comenta divertido Chuya

- Curioso ¿no crees? – dijo Dazai - ¿Cuál es el modelo? – termino por preguntar, Chuya sabia que Dazai en realidad no presentaba real interés por las motocicletas

- Suzuki Hayabusa GSX-1300 – Dazai asintió, como si comprendiese cada palabra de Chuya – es una de los modelos mas veloces del mundo

- Eso explica porque es tu orgullo – comento de vuelta Dazai, Chuya asintió – y también el hecho de que te encuentres enamorado y obsesionado con ella

Ambos rieron, sin embargo, no dijeron mas, disfrutando del silencio, Chuya le quito a Dazai su taza de café y le dio un sorbo, así, terminaron por compartir esta. A ninguno le importaba hacerlo en realidad.

Chuya soltó un suspiro, muchas cosas comenzaban a pasar por su mente, muchos problemas que debía comenzar a intentar solucionar, aunque fuese pronto, sabia que no debía dejar pasar mas tiempo luego de la muerte del anciano, después de todo, los días habían terminado por volar, y ni siquiera se había acercado al lugar que solía ser su trabajo.

Y es que sabia que, con tan solo dar un paso en el interior, lloverían los recuerdos, y eso le haría un tanto de daño. Pero el anciano no tenia a nadie mas que a él, debía encargarse de sus pertenencias, retirar unas cuantas cosas y hablar con el encargado del edificio. Al menos eso pensaba que debía hacer.

Le comento sobre ello a Dazai, no porque este esperase acompañarlo o algo por el estilo, mas bien, esperaba dirigirse hacia ese lugar solo, al menos podría llorar como se le diese en gana. Aprecio bastante el ofrecimiento del otro, sin embargo, termino por rechazar la petición. Por otro lado, ofreció que se encontrasen mas tarde.

Y Dazai había aceptado, pero deseando que Chuya se dirigiese hacia el departamento del castaño.

Chuya acepto, aunque en su pecho sintiese algo extraño nacer, la ultima vez que había ido al departamento de Dazai las cosas no habían terminado del todo bien, para nada. Ambos terminaron por salir del departamento del pelirrojo, juntos y tomados de la mano, Dazai había besado de forma breve a Chuya antes de terminar por subir a su automóvil, se dirigía hacia la universidad, Chuya se ausentaría durante todo ese día.

Y entonces Chuya subió a su motocicleta, se marcharon por caminos diferentes, ambos con una pequeña sonrisa en su rostro, la cual, se borraba mediante la distancia de ellos se hacia mas grande.

.

Chuya llego al edificio donde solía trabajar, miro desde su motocicleta hacia la ventana donde se encontraba la habitación que era del anciano, un sentimiento triste se hizo presente en él. Dudo por un minuto si bajar de la motocicleta o simplemente marcharse e ir a la universidad, sin embargo, no hizo aquello, se forzó a si mismo a bajar y entrar en el edificio, entrar a la recepción y buscar con la vista a la chica que se encontraba a cargo.

Y decidió activar un estado semiconsciente en él, si no quería terminar por dejarse llevar por sus sentimientos al ver las pertenencias del anciano, debía apagar cierta parte de su interior.

Pero en cuanto se acerco a la chica de la recepción y comenzó a explicar un poco el motivo de su visita, terminó por llevarse una sorpresa. El departamento, el que utilizaban como oficina, donde vivía y trabajaba el anciano, se encontraba vacío, hace un tiempo habían terminado por vaciarlo.

Chuya tenia una idea bastante clara de quien era el responsable, sin mas, salió del edificio y tomo su teléfono celular, llamando de inmediato a esa persona. Y el pelirrojo no podía negar que se sentía un tanto molesto, era su responsabilidad encargarse de los asuntos del anciano, después de todo, este le confiaba cada pequeña cosa en su vida, era su trabajo y no había terminado por hacerlo el ultimo encargo de una buena forma.

- Hola Chuya ¿Qué tal? – contesto la voz de Matt a su llamada

- Matt, vine a la oficina del anciano ¿Qué demonios? – pregunto de inmediato Chuya

- Oh mierda, sabia que te molestarías – comenzó a decir Matt, se encontraba en su oficina en la editorial - ¿tienes algo de tiempo? Te explicare todo, ven a la editorial por un momento

Chuya soltó un gruñido, sin embargo, termino la llamada y subió a su motocicleta, quería respuestas, y sinceramente no deseaba enojarse con Matt, después de todo, este había demostrado ser un buen apoyo y amigo, ambos conocían al anciano, Chuya no deseaba perder esa relación.

Antes de darse cuenta realmente, Chuya se había encontrado acelerando considerablemente sobre su motocicleta, hasta verse en el punto de saltarse un semáforo rojo, se percato de sus acciones y tomo aire profundamente, intentando calmarse, no deseaba mas problemas, explotaría con mas. Los automóviles a su alrededor hacían sonar sus bocinas, había conducido de una forma imprudente, podría morir por una estupidez como esa. Comenzó a calmarse y desacelerar. Pero su cuerpo continuaba sintiéndose como si se encontraba en una cuenta regresiva.

Estaciono a las afueras de la editorial. Un gran edificio de color azul, se encontraba en un barrio bastante hermoso, rodeado de arboles por sus alrededores y en las aceras. Chuya siempre había considerado que ese lugar era bastante relajante para encontrarse en el medio de una gran ciudad.

Chuya estaciono su motocicleta, en el estacionamiento bajo el edificio, pocas veces había visitado ese lugar en realidad, solamente con el anciano, nunca se había encontrado allí por si solo. Y hacerlo era extraño para él.

Bajó de su motocicleta y utilizó al ascensor para dirigirse hacia la recepción, ya ni siquiera sabia como debía presentarse allí, ya no era el asistente del anciano, ya no era nadie que trabajase ni siquiera de forma indirecta con la editorial.

Bajo del blanco ascensor y se acerco a la recepción, una chica de cabello castaño y ojos verdes lo saludo de forma educada y respetuosa.

- Soy Nakahara Chuya – comenzó a decir el pelirrojo

- Oh, Nakahara-san, me hablaron de usted, los nuevos escritores suelen tener citas dentro de dos horas, pero puede pasar al decimo piso y esperar

- ¿Qué? – preguntó de inmediato Chuya – yo no – pero entonces su voz fue interrumpida

- Chuya – lo llamaba Matt mientras se acercaba desde el ascensor

- Matt – respondió Chuya, su tono de voz dejaba en claro lo confundido que se encontraba en realidad - ¿Qué demonios? – soltó Chuya, realmente harto de toda la situación, noto como Matt soltaba un suspiro

Matt caminó hacia Chuya y continuó hacia la puerta de la salida, espero allí, abriendo la puerta de vidrio y mirando a Chuya, el pelirrojo se quedo en su lugar, como si dudase sobre seguir a Matt. Termino por seguirlo, sin embargo, continúo dedicándole una mirada desconfiada.

- Me hiere que me mires de esa forma, Chuya, solo te invitare a un café – sin embargo, la mirada del pelirrojo no cambio

- Estas ocultando algo – soltó de forma sincera Chuya

- No lo digas como si tu nunca me ocultases nada – respondió el otro, en comparación con sus palabras, una sonrisa adornaba su rostro, como si tan solo jugase

- No oculto nada – contesto el pelirrojo

- ¿en serio? ¿Cómo esta tu perro, como decías que se llamaba? – Chuya frunció el ceño y desvió la mirada

- ¿desde cuando tenemos el tipo de amistad donde nos debemos explicaciones? – contesto el pelirrojo

- No la tenemos Chuya, no te estoy pidiendo nada mas que solamente bebas un café conmigo y me escuches – Chuya termino por asentir, siguiendo los pasos de Matt por las calles poco transitadas, hasta que se detuvieron en una cafetería cercana a un parque

Chuya se sentó en una de las mesas del exterior del café, espero a que Matt volviese con los pedidos, el pelirrojo en realidad no se encontraba de ánimos para esperar, deseaba respuestas de forma rápida. Y era tanto lo que no entendía, que apenas su mente se sentía del todo clara.

Miro los ojos claros de Matt, sentado frente a él, le regalaba una sonrisa amable, Chuya termino por dar una probaba de su café, siempre pedía lo mismo en realidad, sin embargo, no podía negar que el sabor podía igualmente variar dependiendo del lugar donde se encontraba, y la compañía. El café siempre era un poco mas agridulce cuando se encontraba con Dazai.

- Fui al lugar del anciano y me encontré con que se encontraba vacío y listo para ser utilizado por otra persona, ¿Qué demonios sucedió con todas sus pertenencias?

- Bien, antes de que me golpees, él arreglo todo eso antes de morir – Chuya se estremeció un poco en respuesta a esa palabra – dejo por escrito que deseaba que nos deshiciéramos de algunas cosas, otras serian para donaciones, sabes que él no se apegaba demasiado a las cosas materiales – Chuya asintió – así que cumplimos con sus ordenes, vaciamos el departamento, te dejo algunas cosas – Chuya lo miró de inmediato

- ¿Qué cosas? – pregunto curioso

- Bueno, empezando, te dejo una caja con toda su colección personal de libros

- El anciano sabía que admiraba su gusto en libros – Matt asintió

- Pero no es solo eso

Matt llevo su mano hacia su bolso, busco un poco entre sus cosas, con cada segundo que pasaba, el pelirrojo se sentía cada vez mas curioso sobre lo que dejase el anciano para él, la verdad es que ya no sabría como reaccionar. Ya ni siquiera sabia con certeza que sentía.

Y entonces Matt le dio un libro, lo reconocía, era el ultimo que lanzo el anciano, el libro que apenas le había dejado observa, mucho menos leer, no tenia ni siquiera una remota idea de la trama.

Chuya lo miró como si esperase alguna explicación.

- Él quería que tuvieses este en especial, es inédito y tiene unos cuantos escritos que creo que son muy personales, no te preocupes, solamente existe uno y es este, no tenemos intención de comercializando, básicamente es el mismo que había lanzado antes de morir, pero este es mucho mas especial, es dedicado para ti

- Es una de las razones por las cuales no me permitía ver el manuscrito, tampoco me permitía tener una mínima idea de lo que escribía

- Si, bueno, el anciano llego un día y nos solicito unas cuantas cosas, tenia un plan bastante elaborado, en especial con respecto a ti

- ¿Qué quieres decir?

- Antes de – Matt dudó ante sus palabras – pensábamos contactarte dentro de poco, pero antes de que el anciano se marchase, él nos dejo unos cuantos borradores de poemas – entonces Chuya comenzó a hacerse una idea bastante clara de lo que sucedía

Chuya se tenso en su asiento, el anciano no escribía poemas, su literatura era narrativa, siempre había sido de esa forma, sabia que el anciano admiraba la poesía, la amaba, sin embargo, era algo que el mismo se repetía como un imposible, algo a admirar, pero nunca a probar.

Y también le había pedido a Chuya que recolectase sus poemas antes de que terminase por lanzar su libro y se empeñase en realizar una firma de estos.

- Oye, oye – comenzó a decir Chuya – no me digas que el anciano hizo alguna estupidez

- No creo que se considere una estupidez, digamos que él se esforzó en crearte un espacio en la editorial, recopilo los mejores poemas y nos lo envió, trabajo bastante para que te tomáramos en cuenta, y lo logro, Chuya, puede que él te ayudase y te introdujese en una de las mejores editoriales, pero esos poemas, ese trabajo, sigue siendo merito tuyo – dijo Matt

- Él envió mis poemas – murmuró Chuya – ese anciano tenia muchos secretos, se preparó bastante antes de marcharse

- Es tu decisión, Chuya, las puertas de la editorial están abiertas para ti, hable con mis superiores y desean que te convenza para trabajar con nosotros, quieren publicarte – Chuya comenzaba a sentirse un poco confuso, mareado, y mas que nada, en ese momento, deseaba que su mirada se encontrase con la de Dazai, deseaba verlo a su lado y le diese la seguridad que necesitaba en ese momento

- Yo – comenzó a decir Chuya, pero en realidad no sabia con certeza que debía responder

- No es necesario que respondas ahora, la editorial esta dispuesta a esperarte por un tiempo – dijo Matt – y ahora, hablando como tu amigo, creo que esta oportunidad, esta puerta que se esforzó el anciano por abrir para ti, creo que debes aprovecharla, claro, si nada externo te lo impide

Chuya bebió un poco de su café, sentía la bebida tibia pasar por su garganta, realmente no sabia del todo como responder a ello, era una oportunidad, sin lugar a duda, sin embargo, sus poemas siempre habían sido considerados por si mismo como algo sumamente personal, considerar publicarlos era algo que escapaba de su realidad, era mas bien como un sueño que no creía realmente realizar nunca, el anciano se encargaba constantemente de animarlo a hacerlo. Y hasta ese punto, continuaba haciéndolo.

- Pensare en ello – termino por decir Chuya – aun me molesta que tan solo hayan tomado las cosas del anciano, aunque haya sido lo que él deseaba, simplemente, esperaba entrar en ese lugar y poder estar solo con sus cosas una ultima vez

- Lo siento, Chuya – contesto de inmediato Matt

- Por otro lado – retomo el pelirrojo – sigo en la universidad, aun es pronto para hacer una publicación

- Personalmente creo que eso es irrelevante

- Para mi no lo es, espero pasar desapercibido – sentencio Chuya

- Piénsalo, Chuya, solamente hazlo, tomate unos días, y luego podemos volver a hablar al respecto

- Suenas como un empresario – soltó el pelirrojo, no le gustaba hablar de esa forma con Matt

- Estamos hablando de negocios, después de todo – contesto – pero como amigo, realmente lo siento, solamente obedecimos ordenes del anciano, siempre será importante para la editorial y los que trabajamos allí, pidió ayuda y nos dejo a cargo de algunas cosas, no era nuestra obligación obedecer, pero decidimos hacerlo

- Después de todo, él era casi como uno de los fundadores – comento Chuya

- Exacto

- Ese anciano era un maldito genio

- Exacto

Y ambos decidieron continuar bebiendo de su café, en silencio, sin embargo, la mente de Chuya se encontraba gritando y pensando a toda velocidad, siendo sincero consigo mismo, el pelirrojo no tenia una idea clara de lo que deseaba hacer, para nada.

.

Chuya se dirigió hacia el departamento de Dazai luego de terminar su reunión amistosa y de negocios con Matt. Sintiéndose abatido y confuso, condujo hasta ese departamento, solamente había estado allí una vez, sin embargo, podía recordarlo bastante bien.

Matt le había comentado a Chuya que, los libros dejados por el anciano, podría ir él mismo a dejarlos al departamento de Chuya cuando este quisiese. El pelirrojo no había comentado nada de vuelta, deseaba esos libros, sin embargo, en su mente ya se encontraba un gran numero de pensamientos, siendo sincero, Chuya esperaba que contarle sobre el asunto a Dazai aliviase su presión en su mente, lo ayudase a tomar una decisión, Dazai era una persona analítica, capaz de aplicar el pensamiento frio y estratégico, podría aconsejarlo sin dejarse llevar por la historia y los sentimientos de Chuya. Y el pelirrojo contaba con eso.

Dazai aun no terminaba su ultima clase, por ende, Chuya se vio en la obligación de tan solo entrar en su departamento y esperarlo allí dentro, solo. Dazai le envió un mensaje con la combinación de números que lo dejarían acceder a su departamento. Chuya no pudo evitar sentir que eso era como si le diese una copia de su llave. Los departamentos de Chuya aun utilizaban llaves, los de Dazai, solamente una contraseña de seis números.

El pelirrojo consideró seriamente mudarse.

Y aunque el exterior se encontrase con tecnología y edificio por completo fuese atractivo, el interior no era algo como eso, Chuya siempre pensaba que ese lugar carecía bastante de personalidad, y en ese momento, pensó que también requería algo de orden, no esperaba algo demasiado diferente viniendo de Dazai.

Entro en el departamento y dejo su mochila en el suelo, a un lado del sofá, miro a su alrededor y termino por acomodarse en este, tomando uno de sus borradores y un lápiz, sin mas, comenzó a escribir.

En una primera instancia, era algo simple, como respirar, sin embargo, con el paso de los minutos, los pensamientos de Chuya pasaron por una metamorfosis, y en un momento, comenzó a sentir algo de presión, escribir para si mismo era algo simplemente puro y liviano, comenzar a pensar que estibia para un publico, para la lectura de otras personas, lo hacia dudar de sus versos, y eso era algo que se negaba a dejar que sucediese, sin embargo, no podía controlarse del todo.

La semilla de un pensamiento había sido enterrada en su cerebro, y comenzaba a expandirse.

Chuya froto sus parpados con sus manos, comenzaba a sentirse tenso, deseaba una copa de vino, deseaba dormir un poco, y deseaba que sus pensamientos de callasen por un momento.

La perdida de un ser querido, una relación extraña y difusa con alguien, el posible inicio de su carrera de escritor, sus estudios, buscar un nuevo trabajo, evitar llamar la atención en la universidad. Comenzaba a pensar que todo pesaba demasiado.

Comenzaba a sentirse cansado.

Si aceptaba publicar sus poemas, a menos que se dedicase a escribir como un demente, debería buscar un trabajo nuevo, y tal vez eso era lo que debía hacer, el punto de partida para remediar lo que causaba sus dolores de cabeza.

O tal vez la simple solución a su estrés seria tomar al castaño que se encontraba entrando al departamento, desnudarlo y tener sexo con él.

Chuya miro con atención la forma en que Dazai lo saludaba y comenzaba a relajarse, sacándose su abrigo y desabrochando un poco su camisa.

El pelirrojo pensó que realmente la ultima alternativa podría ser la respuesta.

- Me gusta esa mirada, ovejita

- Me gusta lo que veo – termino por reconocer Chuya en voz alta

Y también le gustaba dejar a Dazai sin palabras, aunque fuese por un tiempo breve, le gustaba esa mirada un tanto desconcertada, de sorpresa, sin embargo, sabia que el castaño disfrutaba de las palabras sugerentes y coquetas del pelirrojo. Ambos disfrutaban de jugar con el otro.

Chuya decidió acercarse a paso lento a Dazai, luego del sexo podría contarle todo lo sucedido durante ese día, en ese momento, tenia pensado liberar un poco de tensión.

Y como si Dazai leyese sus pensamientos, tomo la zona posterior de las piernas de Chuya, elevándolo y dejando que este envolviese sus piernas alrededor de su cintura, compartieron un beso lento y prolongado, sentían que no habían compartido ese tacto desde hace bastante tiempo, aunque no fuese del todo así, para nada. Y Chuya sentía que necesitaba bastante del otro, se sentía emocional, como nunca antes, sabia cual era la razón de todo aquello, no pensaba decirlo en voz alta, pero lo sabía.

Dazai recorría las piernas del pelirrojo, sentía las manos de este en su propia espalda, acariciándolo, un sentimiento ansioso nacía en su interior y ninguno de los dos estaba dispuesto a frenarlo.

Rápidamente Dazai llevo a Chuya hacia la superficie mas cercana, la mesa, si, la misma donde solía comer, en ese momento tenia pensado comer a Chuya, el aroma del otro lo despertaba, al igual que su voz jadeante, sus movimientos contra él, lentos y seductores, su piel suave y cálida. Dazai se sentía arrinconado, a pesar de que en realidad él se encontraba entre las piernas de Chuya, sobre él, presionándolo contra la mesa.

Las piernas de Chuya no tocaban el suelo, sentado sobre la mesa, se dedicaba a enredar estas entra las de Dazai, abría sus piernas y dejaba la erección del otro se frotase contra la propia, sentía besos desesperados, en su cuello. Dazai tomo su sombrero y se lo quitó, con una sonrisa, termino por ponérselo él mismo sobre su cabeza, Chuya lo con atención, su ceño se frunció, sin embargo, no comento nada al respecto.

- Se que no te gusta demasiado que lance tu sombrero a algún lugar olvidado, ¿así esta bien?

- Casi podría preferir que lo lances al suelo – comento Chuya de vuelta, solo con la intención de molestarlo, en realidad, ver a Dazai con su sombrero despertaba algo en su cuerpo, le gustaba

- Que cruel, Chuya – respondió el castaño, pero el pelirrojo no deseo esperar mas, llevo sus manos hacia el pantalón de Dazai, desabrochando este y quitándole rápidamente el cinturón – veo que estas ansioso ¿el sombrero tiene algo que ver? Eso seria extraño – continuo, burlón

- Cállate imbécil – dijo Chuya mientras se lanzaba nuevamente contra los labios de Dazai

Y aunque compartían un beso, Chuya podía sentir y escuchar la risa reprimida entre los labios de Dazai, abrió sus ojos y se encontró con la mirada del castaño, una mirada divertida, una sonrisa en su rostro, el pelirrojo no pudo evitar compartir el sentimiento del otro, esa sonrisa, demasiado sincera, demasiado linda, lo hizo terminar por borrar su ceño fruncido y terminar por sonreír junto a él.

- Tener un fetiche con los sombreros es algo bastante extraño – continuó Dazai

- Tener uno con vendas también lo es

- Eso es cierto – contesto Dazai - ¿accederías a ponerte las vendas y modelarme con ellas? Solo vendas – recalco el otro, Chuya no sabia si el castaño hablaba en serio o continuaba jugando

- Deja de bromear

- Claro, el pequeño pelirrojo se encuentra demasiado excitado como para soportar unas cuantas bromas, realmente me maltratas – soltó Dazai

Entonces Chuya frunció el ceño, enojado, lo soltó, desenvolvió sus piernas de alrededor de la cadera de Dazai y lo libero de todo agarre. El castaño lo miro sorprendido, se quedo quieto y observo cada movimiento de Chuya.

- Bien – comenzó Chuya – si no quieres, entonces simplemente lo hare por mi mismo, no te necesito – sentencio Chuya

- ¿Chuya? – pregunto Dazai, observando algo impresionado las acciones del pelirrojo

Chuya se había desecho de toda su ropa inferior, para esas alturas, no sentía una especial vergüenza al encontrarse de esa forma frente al castaño. Se acomodo mejor sobre la mesa, Chuya admitía que realizar todo aquello, y lo que pensaba hacer, le llevaba un gran trabajo y control, pero realmente quería terminar por hacer callar a ese idiota.

Y entonces continuo.

Sobre la mesa, abrió sus piernas, y lamio sus dedos bajo la atenta mirada del castaño, el cual, se encontraba congelado ante la imagen ante él, miraba fijamente a Chuya, el pelirrojo le devolvió la mirada mientras lamia sus dedos, utilizo su lengua, buscaba provocar a Dazai, y sabia que todo eso funcionaba con ese pervertido.

Llevo su mano hacia su entrada y comenzó a prepararse por si mismo, al mismo tiempo, masajeaba su propia erección, lentamente, dejo de los sonidos placenteros escapasen de su boca de forma descarada, había llegado hasta ese punto, terminaría por hacerlo bien.

Y entonces el placer comenzó a llegar de forma sincera a su cuerpo, Chuya miro a Dazai, este se encontraba a solo unos pasos de él observándolo, su mirada demostraba el deseo de este, sin embargo, luchaba por controlarse, deseaba apreciar hasta que punto llegase Chuya. Y también deseaba tener una cámara.

El pelirrojo soltó un sonoro gemido, oleadas de placer comenzaban a recorrer su cuerpo, termino por abrir mas sus piernas y reposar su espalda contra la madera de la mesa, la presencia de su espectador comenzaba a ser poco relevante en su mente, darse placer ocupaba el primer lugar, y lo estaba disfrutando, se retorció y arqueo su espalda sobre la mesa, gimiendo de forma fuerte. Y de forma casi inconsciente, el nombre de Dazai se filtraba entre sus gemidos.

Chuya pudo escuchar una maldición y entonces sintió a Dazai volver a posicionarse entre las piernas del pelirrojo. Llevo su mano vendada hacia las de Chuya y las alejo de lo que se encontraban haciendo, llevo ambas manos del pelirrojo por sobre la cabeza de este, contra la mesa.

- Deja tus manos allí, ahora yo me encargo – sentencio Dazai

- ¿no deseas burlarte ahora? – soltó Chuya entre gemidos

- No, pero veo que tu venganza fue todo un éxito, tu si que te burlaste de mi ¿no?

- Es un placer – dijo Chuya

Intercambiaron sonrisas, una expresión un tanto juguetona. Dazai se acomodó entre las piernas de Chuya, posicionando su erección en su entrada, sin esperar, sin hacerlo de una forma lenta, comenzó a embestirlo, rápido, certero, Chuya se encontraba húmedo, preparado, los gemidos se hicieron presentes de inmediato, ambos se habían preparado, y en realidad se encontraban al borde del fin.

Pero ambos sabían que realmente, nunca podrían encontrar ni llegar a un grado de placer como el que compartían juntos. Y eso era una realidad que ambos sabían, no aceptaban y de igual forma preocupaba.

Chuya envolvió con sus piernas la cadera de Dazai, se arqueo nuevamente sobre la mesa, en respuesta a sus movimientos, sus manos se movían, buscando un lugar a tomar como punto de apoyo. Dazai dejaba sus manos en la cintura de Chuya, guiando los movimientos, haciendo que ambos cuerpos terminasen por moverse a un ritmo similar.

Y entonces Dazai tomo una de las piernas de Chuya, elevándola y llevando la zona posterior de la rodilla hasta su hombro, de esta forma, llego a un nuevo punto de placer, un punto en el que Chuya termino por perder la cabeza y entregarse por completo.

Entre gemido y palabras incoherentes, ambos culminaron sus movimientos, el sonido de la mesa ante sus movimientos continuaba presente.

Chuya luchó por retomar el aire, sentía su cuerpo completamente relajado, flojo, miró a Dazai, aun dentro del cuerpo del pelirrojo, sus ojos cerrados y una expresión que quedo marcada en la memoria de Chuya, una expresión de placer, satisfacción, el pelirrojo claramente podía sentir como el liquido caliente invadía su interior, su abdomen se encontraba bañado en su propio liquido, continuaba escuchando los gemidos de Dazai, también pudo ver como sus brazos aplicaban fuerza sobre la mesa, algunas vendas se aflojaban, permitiéndole observar con mas detalle la piel de estos, venas marcadas debido a la fuerza y esfuerzo de este.

Y entonces Dazai termino por soltar un suspiro, relajo su cuerpo y dejo salir el nombre de Chuya entre este. El nombrado lo observaba con detalles, el castaño había mantenido sus ojos cerrados, y al abrirlo, se encontró con los ojos de Chuya.

- Wow – soltó Chuya – eso fue

- Sexy – soltó Dazai

- Si, también – acepto Chuya – lindo orgasmo – dijo Chuya, y realmente pensaba que lo había sido

- Ah, Chuya – dijo el otro, de una forma infantil, como si el pelirrojo le jugase nuevamente bromas, el cual, termino por comenzar a reír nuevamente – vas a matarme – dijo Dazai

- Esta entre mis planes hacerlo – dijo Chuya

- Morir juntos suena mejor – termino por decir Dazai, inclinado sobre Chuya, sobre la mesa, y besando sus enrojecidos labios, el pelirrojo soltó un suspiro

- Suena bien

Aunque Chuya no tomase del todo en serio esas palabras, Dazai lo hacia hasta cierto punto, era consciente de que Chuya lo decía como algo que anhelase ante un irremediable final, Dazai lo veía como una constante posibilidad.

El castaño salió del interior de Chuya, se acomodo un poco su ropa y tomo entre sus brazos, no sin antes escuchar las amenazas y quejas de Chuya, a su amante, lo cargo hasta el sofá cercano y lo deposito allí.

- Dazai tengo hambre – soltó el pelirrojo

- ¿algo en especifico?

- Puedes elegir, dormiré un poco

- ¿no deseas tomar un baño primero? Siempre prefieres eso antes de dormir

- Bien

- Iré por algo de comida

Y entonces Dazai se puso en pie, beso de forma breve a Chuya y se marcho del departamento, no sin antes darle unas cuantas indicaciones al pelirrojo sobre las cosas que necesitaría para su baño.

Cuando el pelirrojo escucho la puerta cerrarse, soltó un suspiro y un gemido, se permitió sentirse completamente avergonzado ante sus actos, se puso en pie y se movió de un lado para el otro, inquieto, completamente sonrojado, soltando palabras al aire, ni siquiera él podía creerse del todo lo que había hecho, había actuado de una forma descarada y seductora, había hecho caer a Dazai, lo había tentado y había funcionado, una parte de él se sentía poderoso, satisfecho con los resultados, la otra parte se encontraba escondida bajo una manta, completamente avergonzado.

Pero podría acostumbrarse a algo como eso, se había sentido bien, y sabia que a Dazai también le había gustado, después de todo, esa reacción, esa forma de terminar, había sido única.

Entre refunfuños, Chuya había terminado por dirigirse al baño, comenzaba a sentir como el liquido de Dazai salía y escurría un poco entre sus piernas.

GRACIAS POR LEER.