Los gustos del pasado


Como no todo puede ser perfecto y las responsabilidades siempre llaman aunque no se quiera, la noticia de Miroku de necesitar de su ayuda fue mal recibida, pero ya qué. Anunció no podría quedarse con ella para comenzar con la última de las canciones principales del álbum, mientras le entrega sus tostadas de desayuno como ofrenda de paz. Kagome se sintió un poco triste de saber no contaría con su presencia, se desplomó en la silla sin probar su comida, Sesshomaru lo notó, sonrió, se acercó a ella, le besó la frente sacandola de sus tristes pensamientos.

-Será aburrido- dijo -Pero puedes venir conmigo si así lo deseas

Sus ojos azules se iluminaron llenos de ilusión, aceptó sin ocultar su felicidad y corrió al baño para prepararse.

Buyo se acercó, comenzó a maullar y restregar su cuerpo en la pierna de Taisho.

-A ti no te puedo llevar- tomó al regordete animal entre sus brazos, le dejó en su lugar favorito en la ventana -Tendrás que cuidar el fuerte

Buyo le miró acusador, le maullo, saltó para correr a la cama en un claro acto de rebeldía, mascota y ama era iguales.

Se dedicó a desayunar mientras espera por el baño, ¿Alguna vez lo dejaría compartir la ducha con él?, quién sabe, pero necesitaba jugar bien sus cartas porque esa mujer lo estaba volviendo loco, demasiado.

Mordió la tostada haciendo una lista mental de todo lo que debía hacer ése día, de verdad, sería agotador.


Las hojas de los árboles se mecen con fuerza, resisten estoicas aferrándose a la vida ante esos besos violentos. Las nubes juegan en el cielo volando de un lado a otro ocultando de vez en cuando al brillante sol.

El auto se estacionó en la entrada de la casa, el joven bajó, miró la sencilla casa de suburbio, le pareció insólito que una mujer como ella viviera así. Ya qué, ya estaba aquí, a mal paso darle prisa.

A medida se acercaba a la puerta sus fuerzas flaqueban y se preguntaba una y otra vez ¿Por qué aceptó semejante caso?

No era bueno tener sentimientos mezclados en éstas cosas, para cuando llegó a la puerta de entrada su confianza era nula y tenía la garganta seca, ¿Cómo hablaría relajado si tenía la garganta seca?

Tocó dos veces con los nudillos, la espera fue eterna y más eterno verla sonreír, decirlo un...

-¿A quién busca?- con total indiferencia, como si no tuviera idea de quién era.

Eso le rompió el corazón, pero debía tragarse el dolor, recoger los pedazos de su corazón y dedicarse a librar a su madre con mejor memoria que ella a librarse de un puto monstruo, aunque su hija fuera igual de desalmada con los sentimientos humanos, respectivamente con los suyos.

Carraspeo, sacó una tarjeta del bolsillo interior de su saco y se la extendió a la bruta de Rin, tonta fuera mil veces ésa hermosa chica que no podía dejar de querer con el alma.

-Soy el abogado, efectivamente busco a su madre señorita- usó su tono de tiburón de las leyes.

"Hakudoshi Smith"

Rin observó al joven, cabello lavanda, ojos, no sabía porque estaba usando unos lentes oscuros, sonrisa, inexistente, tez pálida, porte elegante, perfil, tan fino como si fuera una estatua de mármol.

El corazón y el cerebro le hicieron Bum al momento en que sus recuerdos más dolorosos regresaron como tren fuera de control, arrugó la tarjeta, iba a decir algo pero su madre llegó a tiempo para detener cualquier acto que fuera a cumplir y que pudiera poner en peligro la integridad física de tipejo ése.

-¡Hakudoshi!- dijo la dama saliendo para abrazarlo -Gracias por venir- sonrió de lado -Estás muy bien recomendado, además recuerdo lo listo que eras de niño- vio a su hija.

Rin torció el gesto, se alejó para dejarlo pasar.

El joven dejaba su maletín en la mesita de centro para sentarse en el sofá frente a la niña mimada de pelo negro mientras su digna madre sirve jugo en unos vasos.

-¿Eres abogado?- preguntó la chica cruzándose de brazos -Pensé querías ser cineasta

Creyó que le había herido el ego, pero solo le hizo abrir más la herida que trataba de ocultar desde que su hermano...

-No es de su incumbencia señorita Taisho- contestó retirándose los lentes.

Rin pestañeó, los ojos de Haku siempre fueron lo más bonito del mundo, pero ahora, en esa cara madura y de estrella de cine eran más bellos. Se sonrojó.

-¿Vas a ayudar a mi madre con su demanda?- dijo para distraer su mente de los ojos lavanda de Smith.

-Ayudar no- contestó medio susurrando, inclinándose sin quitarle los ojos de encima -Voy a aplastar a tu padre gatita- guiñó un ojo.

Rin quedó colorada, quizás por su majadería, quizás por el querer aplasta a su padre y aunque era un pendejo era su padre al fin, quizás fue por ver su lenguaje corporal, su voz masculina, su forma de llamarla o su guiño coqueto. ¡Quién sabe!

Estaba roja hasta el cuello a punto de caerle encima para golpearlo o robarle un besito, lo que pasara primero, pero su madre interrumpió de nuevo.

La dama le entregó la limonada a cada uno, colocó los porta vasos y tomó asiento digna como había olvidado que era.

Se dedicaron la mañana a planear, conversar sobre las opciones, pruebas en caso que Taisho no quisiera firmar el divorcio y debieran llevar el caso a los tribunales, tantas cosas, palabras de aspecto legal y eufenismos que Rin cada vez apretaba más y más la mandíbula, era un puto sabiondo, un sabiondo con ojos preciosos.

Salió de su ensimismamiento cuando su madre y el hombre se pusieron de pie para estrecharse las manos, ¡¿Tan rápido ya se iba?!

-Señora y Señorita, me despido, buena tarde- se fue llevándose su presencia tan fresca y genuina.

Rin fue tras él, le gritó, él volteó.

-¿Cuál es tu juego?- apretó los puños -¿A qué viniste?

-Solo vine por el caso, los conflictos de tu disfuncional familia me tienen sin cuidado- se colocó los lentes de sol -Annyeong gatita- iba a subirse pero Rin lo detuvo de nuevo.

Primero miró sus delicados dedos fijos en su saco Armani, luego el ceño fruncido de la chica junto a las mejillas coloradas, sonrió, le gustaba verla enojada, verla rabiar de molestia, era una leve venganza por haberse olvidado de él cuando más la necesitaba.

-Hakudoshi, ¿En serio podrás ganar?- ella deseaba su madre se desligara de un ser como Taisho, podría ser su padre pero no merecía a una mujer como Irasue.

El albino se safo del agarre, se ajustó el traje, finjio retirar alguna pelusa de su hombro, le vio con superioridad, rió socarrón.

-Tan seguro como que te mueres por mi- le picó la punta de la nariz -El problema es que ya no estoy a tu alcance pimpollo- subió a su Mercedes.

-¿Pimpollo?- pestañeó -¡Oyeme tú!- el auto arrancó y el joven fingió no escucharla, se fue -¡Eres un...!- se mordió la lengua por el coraje.

Soltó una maldición irritada.

Irasue sonrió, lo sabía, lo sabía muy bien, Rin jamás olvidó al pequeño Hakudoshi, era una suerte que fuera tan buen abogado y decidiera trabajar pro bono, se lo recalcaba. Solo esperaba que pudieran estar juntos. Tan felices como antes.

Continuará...

Aquí el capítulo mis chicas bellas

Espero que lo hayan disfrutado

Me encanta la relación de Rin y Haku

¿Que más pasará?

Sepanlo en el siguiente episodio.

Aprovecho para decirles que no he tenido mucho tiempo y por eso no he contestado sus mensajes, me disculpo, pero lo haré porque lo haré. Saben que las quiero y estoy muy agradecida del apoyo.

Dicho esto, las amo a todas y besitos en el cachetito