Un pequeño robot estaba fielmente al lado de su amo, mirándolo con una expresión ingenua e indecisa, tratando de adivinar qué es lo que debería hacer o cómo tenía que actuar, ante esta situación. Ya había transcurrido alrededor de una hora, cuando su maestro llegó de sus intachables y laboriosas obligaciones humanas, a lo que al solo poner un pie en su base, se recostó inmediatamente en el pequeño sofá de la sala principal, quedándose profundamente dormido. El sirviente robot hizo caso omiso, a la presencia del irken, a lo que abandonó desinteresadamente esa habitación, para ir a destruir e incendiar la cocina, claro, solo para matar el tiempo, pero esto lamentablemente quedó en segundo plano, cuando empezó a transmitirse su programa favorito "El mono enojado".
Aun con todos esos lloriqueos desesperados y carcajadas escandalosas, su amo en ningún momento hablo, grito o regaño, básicamente ni siquiera se inmuto, esto fue sumamente extraño para su asistente metálico, ya que se esperaba su cotidiano chillido o gritos para que apagara esa infernal máquina televisiva, pero no fue así, no cabía la menor duda, su maestro estaba en un claro estado de letargo. Totalmente aburrido por la falta de atención del ex-invasor, el pequeño robot decidió simplemente marcharse de la base, no si antes, robarle de su muñeca, el pequeño artefacto de camuflaje que utilizaba diariamente su amo, usándolo torpemente para sí mismo.
No tardó demasiado en hacer efecto, dándole la perfecta apariencia de un pequeño niño, la ilusión se basaba en un infante de cabello color negro, algo despeinado junto a unos grandes visores en su cabeza, sus ojos ligeramente similares a un lavanda, vistiendo unas ropas coloridas, pero bien llamativas, simplemente imitando a la perfección, a un idiota, hiperactivo y patético niño humano.
Gratamente feliz y contento, soltó una ruidosa carcajada, para luego, azotar con fuerza la puerta, trayendo como consecuencia, que finalmente el irken despertara. Algo atontado por el repentino sonido, movió con cuidado su cabeza, sintiendo algo de pesadez por la ruptura del sueño, a la vez que abría con dificultad sus ojos, acostumbrándose con lentitud a la luz del lugar, cayendo en cuenta de su propia realidad, se había quedado profundamente dormido, luego de una salida con el humano, que al parecer, se extendió un poco más de lo provisto. Su cuerpo se lo agradeció, sintiéndose mejor y más reconfortado, por lo que abandonó su actual pero cómoda posición, para sentarse firmemente en su sitio, miró a su alrededor, notando su única presencia en la sala, por lo que decidió estirarse un poco.
Totalmente pensativo, se hundió en su mente, aún tenía varias cosas por hacer, pero la más urgente, era comunicarse con su amigo vortiano, para así poder conversar y perdonarlo, después de todo seguía vivo gracias a él, eso sin duda era un logro pero a la vez un castigo, que sin importar por donde se mire, ya era lo suficientemente malo. Finalmente se levantó del sofá, dando unos cuantos pasos al interior del cuarto, para encaminarse directamente hasta su laboratorio, sin embargo, esto fue interrumpido por unos fuertes y desesperados toquidos en la entrada principal, por lo que solo se dio media vuelta, volviendo entre sus pasos, con el objetivo de encarar a cualquier persona que estuviera detrás de la puerta, molestando.
No tardó demasiado en girar la perilla, y abrir por fin la puerta, descubriendo anonadado de quien se trataba, al ver con sus propios ojos magenta a ese humano cabezón que tanto aborrecía, lo detestaba casi con su propia vida.
- ¿Dib?
El amante de lo paranormal no contesto, solo se limito a ver por unos breves segundos a su antiguo némesis, para acto seguido, empujarlo hacia dentro de la propiedad, entrando el mismo de manera forzada justo detrás de él, esto molestó bastante al irken, que se repuso rápidamente de la sorpresiva visita, en unos pocos instantes, se abalanzó contra el terrícola, para así iniciar una pequeña pelea, lo que provocó que ambos cayeran con dureza al piso, empujándose y golpeándose mutuamente, mientras que rodaban tontamente por toda la sala de estar. Simplemente era algo cómico e irónico de ver, estaban imitándose a sí mismos, pero de niños, como en los inicios de sus patéticas e infantiles peleas, recreando viejas escenas de cuando eran unos simples "enemigos", con su mutua e absurda rivalidad, sobre quién haría su vida peor o mas miserable.
Viejos pero añorados tiempos, que ahora solo reflejaban: dolor, arrepentimiento, odio y una necesidad inconsciente de perdón.
- ¡Suéltame, Dib! -ordena alzando su voz- ¡SUELTA A ZIM!
- ¿Acaso eres un maldito imbécil? -gritó con enojo- ¡¿Quieres que los demás te descubran?! -insistió apresando con su cuerpo al irken.
- ¿Como te atreves hablarme de ese modo, humano? -sentenció dándole una fuerte patada al contrario- No eres absolutamente nadie para venir a molestar la tranquilidad del maravilloso Zim. -expreso alejándose varios metros.
- Auch.. -se agarró el estómago- Eso dolió, lagartija espacial. -bufo con una expresión de dolor.
- Tsk. -chasqueo su lengua con molestia- Lárgate de una vez, asquerosa bola de carne. -ordenó mirándolo con odio.
- ¿Por que no tienes puesto tu "increíble" disfraz? -se burló con sarcasmo.
- ¿Que? -se miró a sí mismo, notando la ausencia de su reloj- "Ugh.. Gir.." -pensó cerrando sus ojos con fastidio.
- ¿¡Y bien?! -insistió con euforia- ¿¡Acaso no puedes hacer algo tan sencillo como eso?!
- ¡Silencio repulsivo e insolente, cabezón! -grito poniéndose de pie- Zim te dejo bien en claro que no quiere volver a verte.
- Necesito discutir algo importante contigo. -hablo enojado, recuperándose ligeramente del golpe.
- Pff.. Hahaha.. -comenzó a reír- ¿Cuando fue que tu enorme y vacía cabeza dejo de funcionar? -pregunto entre carcajadas- ¿Que te hace creer que voy querer escucharte?
- Zim. -lo nombró con seriedad- Se muy bien que no hemos tenido la mejor relación de este mundo. -empezó devolviendo la mirada al invasor- Desde prácticamente toda mi vida me he dedicado a perseguirte, acosarte, pelear hasta incluso intentar matarte. -explicó con cierta dificultad.
- Estas repitiendo lo que todo esté sucio planeta sabe, gusano. -bufó cruzándose de brazos- No dispongo tiempo para esto.
- ¡Déjame continuar, enano! -interrumpe molesto- Hemos pasado demasiado tiempo juntos, por lo que a estas alturas deberías entender que tengo un buen motivo, para estar aquí tratando de razonar contigo. -informo con severidad- Solo pido que me escuches, tan solo cinco minutos.
El pequeño extraterrestre analizo con cautela, aquella mirada llena de determinación que le brindaba el de gabardina negra, sus ojos parecían muy seguros y tan profundos, como muy pocas veces lo había visto, eran contadas las ocasiones en las que su antiguo rival, se enfrentaba de forma tan seria y singular, hacia el. No mentiría, le daba cierta curiosidad, sobre las palabras que emitiría, su expresión tan decidida, acompañada de una postura autoritaria, indicaban que no se marcharía hasta lograr su cometido. Este minúsculo detalle lo hizo sonreír, para sus adentros, trayendo nuevamente a sus memorias, esas viejas ocasiones en donde sus peleas eran divertidas, atestiguando como el chico gótico siempre se impuso ante sus absurdos y patéticos ideales, claro no estaba de acuerdo, pero no impedía que admirara ese bien escondido sentimiento de superación y arrogancia.
Sin embargo, las circunstancias ahora eran completamente distintas, ya no eran simples niños, ni siquiera rivales o enemigos, un odio más profundo fue el predominante en su inexistente relación, la duda estaba pesando en sus hombros, no quería escuchar o interactuar con el terrícola, solo esperaba que se marchara, para que las viejas heridas no pudieran abrirse de nuevo... La idea de usar la fuerza para lanzarlo por los aires, era demasiado tentadora, incluso podía activar la seguridad de su base, para que huyera despavorido temiendo por su vida pero...
No, estaba cansado de evadir al de lentes, sumamente fastidiado de suministrarle un derecho para lastimarlo cada vez que él lo deseara.. ¡Por dios! ¡El era Zim! ¿Cuando se volvió tan sensible y empático con alguien que repudiaba? Absolutamente no, ya venía siendo hora de enfrentarse frente a frente con el repulsivo humano, debía aclarar todo y poner un alto a esto.
- Habla de una vez. -ordenó de manera tajante- Solo grábate en tu desquiciado y minúsculo cerebro que solo escuchare, y luego te retirarás como la escoria humana que eres. -amenazó con severidad.
- ¿Realmente me odias, eh? -balbuceo desganado, deprimido.
- Me diste buenos y serios motivos para hacerlo. -contestó con simpleza- ¿O me equivoco, sucio saco de órganos?
- No.. no lo haces. -asintió agachando su cabeza- De hecho si estuviera en tu mismo lugar, también me odiaría. -murmuró sintiendo un fuerte dolor en su pecho- Jamás podré remediar o enmendar mis acciones pero solo quiero decirte que yo lo lame..-
- Silencio. -hablo mirándolo a los ojos- Detén todo eso. -ordenó reprimiendo su enojo.
- Escucha Zim.. ¡Realmente yo..-
- No has venido a buscar a Zim para esto.. ¿No es cierto? -interrumpió con falsa tranquilidad, haciendo un puño con sus manos- Por tu propia seguridad es mejor que comienzas a hablar, sino quieres salir volando hasta la estratosfera.
- Tienes razón. -suspiro con pesadez- Mi propósito para estar aquí contigo es solo para advertirte. -hablo poniéndose de pie, sacudiendo su gabardina- Tu verdadera identidad está en peligro.
- ¿Que? -susurro con sorpresa- ¿De que estas hablando, humano?
- Louie. -nombró ganándose la atención del alíen- Solo es cuestión de tiempo para que descubra que eres un irken, necesitas estar preparado para cuando ese momento llegue. -explica mirándolo con pena- Zim yo..
- ¡Mientes! -alzó con fuerza su voz- ¡MIENTES! ¡ZIM NO PUEDE CREER ESO! -grito desplomándose en el piso.
- ¡Reacciona, Zim! -grito frustrado- ¡Es la verdad! -afirmó moviendo sus manos- Te estoy avisando para que evites el peligro, realmente tu no lo conoces, ni sabes absolutamente nada sobre el. -informo acercándose al contrario- Si descubre la verdad, no sabrás como el podría reaccionar.
- No, no, no. -negó aun sentado en el piso- ¡No voy a creer tus sucias mentiras, humano insolente! -se puso de pie, alejándose del de lentes- ¡Son puras calumnias!
- No lo entiendes. -insistió acortando más las distancias- Yo mismo pude escucharlo desde su propio cuarto, está dispuesto a investigar la existencia de vida alienígena, con archivos de nuestras antiguas peleas o tus reiterados intentos de conquista. -informa acorralando al contrario- Louie no es ningún tonto, no tardará demasiado en descubrir la verdad.
- I-Imposible.. -susurra chocando de espaldas a la pared- ¿Cómo podría saberlo a menos.. ? -mira con rabia al de gabardina- ¡¿Fuiste tu no es cierto?! ¡¿NO ES CIERTO?! -
- ¡NO! -negó alzando su voz- No fue mi culpa. -aseguro con prisa- ¡Lo juro!
- ¿Por qué debería creer en tus palabras? -preguntó con ironía- Despreciable larva, tu única intención ahora es lastimarme e inducirme al dolor con todo esto.. ¿Verdad? -menciona con una mueca de disgusto.
- ¡No! -niega moviendo su cabeza- Escúchame.. solo..
- ¿Es divertido? -insiste enfrentándose al contrario- ¿Tanto extrañas provocarme miseria? -sonrió de lado- ¿Ser derrotado e humillado por ti? -agarra con fuerza el cuello de su gabardina- ¿O acaso quieres regocijarte con mi propio sufrimiento?
- Te equivocas en cada maldita frase, Zim. -forcejea tomando del mentón al de ojos magenta- Solo busco protegerte.
Sorpresivamente, no se dio cuenta cuando fue exactamente, que los suaves y gruesos labios del amante de lo paranormal, estaban siendo unidos bruscamente con los suyos, en un forzado, pero muy necesario beso. Un acto impulsivo que más adelante, tendría serias consecuencias.
